“Los hombres más curiosos y sabios que han penetrado sus
secretos, su estilo gobierno antiguo, muy de otra muerte lo juzgan,
maravillándose de que hubiese tanto orden y razón entre ellos. Más
como sin saber nada de esto, entramos por la espada, sin oírles ni
entenderles, no nos parece que merecen reputación las cosas de los
indios, sino como de caza habida en el monte y traída para nuestro
servicio y antojo.’’ACOSTA,
|historia moral de las
Indias, libro 6,
|página 396,
|1.a edición de
Sevilla en el año de 1590.
|
El país de los Chibchas comprendía las planicies de
Bogotá y Tunja, los valles de Fusagasugá, Pacho, Cáqueza y Tenza,
todo el territorio de los cantones de Ubaté, Chiquinquirá,
Móniquirá, Leiva, y después por Santa Rosa, y Sogamoso hasta lo más
alto de la cordillera, desde donde se divisan los llanos de
Casanare. El punto más extremo al norte vendría á ser Serinza, por
los 6o de latitud, y al sur Sumapaz, por los 4o. Mas como la
dirección del eje más largo de esta elipse no es exactamente en el
sentido del meridiano, puede calcularse su longitud en cerca de
cuarenta y cinco leguas de veinte al grado, y su anchura media de
doce á quince leguas, con una superficie de poco más de seiscientas
leguas cuadradas, y con una población aproximada de dos mil
habitantes por cada legua cuadrada, tan considerable como la de
cualquiera de los países cultos de Europa. Esta población así
acumulada, la mayor parte en tierra fría, sin ganados que le
procurasen alimentos nutritivos, ó que la auxiliasen en las faenas
de la agricultura, necesitaba para vivir ser con extremo sobria y
laboriosa, y con efecto lo era, pues no sólo se mantenía en la
abundancia, sino que conducía sus sobrantes á los mercados de los
países circunvecinos, en donde los cambiaba por oro, pescado y
algunos frutos de las tierras calientes. ¡Singular configuración la
de un suelo como el de Nueva Granada que desde los tiempos
primitivos está indicando á sus habitantes que deben unirse con los
vínculos más estrechos para consultar la satisfacción de sus
necesidades y vivir felices; y aviso claro de que contra lo que
está marcado con el sello de la naturaleza encallarán siempre las
tentativas de los legisladores inexpertos, que no consulten en sus
obras ni las lecciones de la historia ni las leyes eternas que
rigen á las sociedades desde su cuna!
Lindaban los Chibchas por el occidente con los Muzos, Colimas y
Panches, tribus guerreras y feroces, con quienes vivían en perpetua
hostilidad. Por el norte con los Laches, los Agatáes y Guanes, y
por el oriente con las tribus poco numerosas que habitaban hacia
los llanos, el declive de la cordillera oriental.
Tres jefes principales dominaban con absoluto imperio y eran
obedecidos ciegamente en los pueblos Chibchas. El Zipa, tenía su
asiento en Muequetá (hoy Funza), lugar rodeado entonces de lagunas
y de brazos del rió principal que riega la hermosa llanura, cuyo
medio ocupaba la población. El Zaque, que originariamente habitaba
en Ramiriquí, y que posteriormente se trasladó á Hunsa ó Tunja.
Últimamente, el jefe de Iraca, que participaba del carácter
religioso como sucesor designado por Nemterequeteba, civilizador de
estas regiones, el cual llegó á ellas, según la tradición
universal, por la vía de oriente del lado de Pasca, y desapareció
en Suamós, que hoy decimos Sogamoso, de cuyo punto hacia los llanos
habían construido los habitantes una ancha calzada, de la cual se
veían todavía restos á fines del siglo XVII.
Los usaques ó señores de los pueblos de Ebaque, Guasca,
Guatavita, Zipaquirá, Fusagasugá y Ebaté, habían dejado de ser
independientes no hacía muchos años. El Zipa los sujetó, aunque
conservándoles su jurisdicción y la sucesión en sus familias del
cacicazgo, á que él se reservaba nombrar sólo por falta de
heredero, en cuyo caso escogía casi siempre de entre los Guechas ó
jefes militares de las tropas, que siempre mantenía en las
fronteras de los Panches, á fin de defender sus dominios de las
irrupciones, sorpresas y pillajes de estos vecinos inquietos y
belicosos, en cuyo territorio solía entrar para vengar estas
hostilidades.
El Zaque de Hunza tenía también algunos jefes tributarios, pero
el Zipa ensanchaba cada día sus dominios á expensas de su vecino
del norte, por que sus tropas estaban más aguerridas por el
continuo lidiar con los infatigables Panches, tan difíciles de
sujetar á causa de la aspereza del terreno que habitaban, y de cuyo
conocimiento sabían aprovecharse perfectamente. Sin la llegada de
los españoles, es probable que el Zipa
de Bogotá se habría apoderado de todo el territorio de los
Chibchas,
|
|
(1)
si hemos de
juzgar por los progresos rápidos que sus conquistas habían hecho en
los últimos sesenta años, de los cuales tenemos alguna noticia,
según resulta de la enumeración
siguiente.
El más antiguo Zipa de que se tiene noticia, fue Saguanmachica,
que se calcula comenzó á reinar en 1470 de nuestra era. Este sujetó
á los Sutagaos, venciendo en batalla campal á su jefe Usathama,
que, auxiliado por el cacique Tibacuy, se presentó á defender el
valle de Fusagasugá cerca de Pasca en el principio de las tierras
limpias. La resistencia de los Sutagaos fue
|
insignificante
desde que se vieron atacados por dos puntos, y herido Tibacuy, el
cual aconsejó á Usatharna se sometiera al Zipa para evitar la
devastación de sus estados después de la derrota. Saguanmachica
bajó con su ejército por el páramo y monte de Fusungá á Pasca, que
era entonces el camino más trillado para el valle del Magdalena,
recorrió los campos amenos del valle de Fusagasugá, y volvió á la
planicie de Bogotá por la montaña de Subya, por sendas difíciles y
trabajosas que lo detuvieron algunos
días.
Envanecido con esta ventaja el Zipa, se preparó á extender sus
dominios al oriente y al norte, tuvo varios combates con el cacique
Ebaque (sangre de madero), hoy Ubaque, al cual obedecían todos los
pueblos del valle de Cáqueza, desde Une hasta las fronteras del
Guatavita. Luego siguió hacia Chocontá, en donde lo esperaba
Michua, Zaque de Hunsa con su numerosa hueste, El combate fue tan
reñido, que murieron ambos jefes y se separaron los dos ejércitos á
celebrar los funerales con prolongadas borracheras, pues tal era
siempre el término de los duelos como de los regocijos. Mientras
más sobria y regular era esta raza en las circunstancias ordinarias
de la vida más disipada y extravagante se mostraba en las
ocasiones en que sus ritos y religión le permitían la
relajación.
A Saguanmachica, que reinó veinte años, sucedió Nemeque. (hueso
de león), que se propuso continuar la obra de su antecesor, y así
envió a su sobrino y heredero Thisquezuza á castigar á los
Sutagaos, que se habían rebelado, para lo cual se hizo un ancho
camino por la montaña de Subya, del cual se han conservado
vestigios por muchos años.
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|
Para sujetar al cacique Guatavita (remate de sierra) se valió
Nemequene no solo de la fuerza, sino también de la astucia, y
aprovechándose de un mandato del Guatavita que prescribía que
ninguno de sus vasallos celebrados por su industria y habilidad en
labrar el oro en joyas y diversas figuras, se ausentara para país
vecino sin que el cacique de este le enviara dos reemplazantes que
le sirvieran y pagaran los tributos, llenó el pueblo de sus
confidentes el Zipa, ganó luego con dádivas y promesas al cacique
Guasca, y una noche acercándose silenciosamente por las alturas
vecinas, á la señal dada con cierto número de candeladas
sorprendieron los bogotáes al cacique descuidado,. y le mataron con
sus mejores soldados, acometiendo al mismo tiempo las tropas de
Nemequene por el exterior, con que quedó definitivamente agregado
Guatavita a los dominios del Zipa.
Sometido Guatavita, dirigió sus armas Nemequene contra el
Ubaque, que dominaba todo el valle templado y desigual situado
detrás de las montañas al oriente de Bogotá, que hoy decimos de
Cáqueza. En su conquista gastó algunos meses, por la dificultad de
apoderarse con gente del llano de las fuertes posiciones que por
donde quiera ofrece aquel áspero terreno.
Pasó luego á Zipaquirá y se preparó á entrar en el territorio
del Ebaté (sangre derramada), así llamado por sangrientos combates
de que se conservaba la tradición en el país. Aunque este cacique
era el más poderoso, no dominaba ni en Susa (paja blanca) ni en
Simijaca (pico de lechuza). Los jefes de estos pueblos juntaron sus
fuerzas con las del Ebaté (hoy Ubaté), y se prepararon á defenderse
en una garganta estrecha que hace la cordillera en su descenso al
valle, que hoy se llama boquerón de Tausa, posición fácil de sostener, si aquellos tres
jefes hubieran podido ponerse de acuerdo,
|
|
(2)
pero que fue tomada por los bógotáes
á consecuencia de su discordia. Estos no hallaron después obstáculo alguno de consideración, y
sujetaron todos aquellos pueblos hasta Savoyá.
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|(3)
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|
Creyendo el Zipa que ya podía vengar agravios antiguos, se
resolvió á marchar sobre Hunsa ó Tunja con más de cuarenta mil
hombres. El Zaque, auxiliado por el de Suamoz, salió á encontrarle
hasta las inmediaciones de Chocontá, y dicen los cronistas que le
propuso librar á un combate singular el suceso, sin derramar la
sangre de sus súbditos, lo que sus oficiales no quisieron permitir
que el Zipa aceptase, haciéndole creer que era contrarío á su
dignidad medirse con un personaje tan inferior. Trabóse pues una
reñida batalla cerca del arroyo de las Vueltas, que duró un día
entero. Los combatientes eran cien mil por ambos lados, y aunque
las armas no eran del mejor temple, pues se reducían á macanas,
dardos y tiraderas de carrizo y hondas, no dejó por esto de ser
sangrienta. El Zipa, gravemente herido, fue sacado por sus súbditos
del campo de batalla, quedando Hunsa victorioso, pero sin deseo de
emplearse en la persecución, lo que raramente hacían estos
indígenas por entregarse á los regocijos y borracheras que seguían
á la victoria.
Nemequene, trasladado en su andar con extraordinaria rapidez,
por el número considerable de cargueros que se remudaban á cortas
distancias, espiró el quinto día de llegado á Muequetá, dejando
por sucesor á Thisquezuza, que fue el que hallaron los españoles
mandando en el país. Thisquezuza, después de rehacer sus tropas,
sujetó á los caciques de Cucunubá, Tibirita y Garagoa, y aún estaba
á punto de venir á las manos con el Zaque de Hunsa, sin la
intervención de Nompaneme de Suamoz, que les hizo concluir una
tregua de veinte lunas, valiéndose de la influencia
religiosa.
Tal es en resumen la serie de los sucesos del medio siglo que
precedió á la entrada de los españoles, y sobre los cuales, sin
embargo, la tradición es confusa y dudosa. No así respecto de su
mitología, usos y costumbres, en cuyo apoyo se encuentra el
testimonio conteste de diferentes autores que no pudieron copiarse.
Sin embargo, antes de pasar en revista sumaria lo que se nos ha
trasmitido respecto de los usos, costumbres, ritos, etc., de los
Chibchas, debo decir algo de los dos jefes principales que
dominaban en el norte, y al primero de los cuales, el Zaque de
Hunsa, según creen algunos, estuvo en otro tiempo sujeto todo el
territorio chibcha, cuando para evitar las guerras intestinas
nombró el Pontífice de Itaca, que era venerado de todos, á Hunsahua
por jefe superior, á quien sucedieron sus descendientes hasta
Thomagata, gran hechicero conocido con el nombre de
|Cacique
rabón, porque arrastraba cierta cola bajó los vestidos, y decía
que tenía poder para convertir los hombres en animales. Thomagata
no tuvo hijos, y le sucedió un hermano llamado Tutasua. Poco á poco
fueron perdiendo sus sucesores el dominio en el territorio del
norte hasta verse amenazados bajo el último Zaque Quemunchatocha de
ser incorporados en las tierras del Zipa de Bogotá. Al tiempo de la
entrada de los españoles se extendía la jurisdicción de Hunsa ó
Tunja por el oriente hasta la cordillera; al occidente hasta
Sachica y Tinjacá, al sur á Turmequé y al norte el cacique Tundama,
que era independiente, y las tierras santas de Itaca ó Sugamuxi (el
desaparecido). Era este último jefe y sacerdote, elegido
alternativamente de entre los naturales de los pueblos de Tobaza y
Firabitoba, y por los cuatro caciques vecinos, Gámeza, Busbanza,
Pesca y Toca, que así lo dejó establecido políticamente
Nemterequeteba ó Idacanzas, el instructor de los Chibchas, á su
muerte a cual probablemente ocultó sólo para dejar á su palabra una
sanción religiosa, como en efecto se conservó por siglos, pues en
cierta ocasión en que un cacique audaz de Firabitoba quiso usurpar
el sacerdocio, fue abandonado por los suyos y pereció
miserablemente sin conseguir su objeto, continuando la elección y
la regla constitucional establecidas por
Indacanzas.
|
|Cielo de los Chibchas y sus tradiciones
mitológicas
|.—Al principio del mundo la luz
estaba encerrada en una cosa grande que no saben describir, y que
llaman Chiminigagua ó el Creador; lo primero que salió de allí
fueron unas aves negras que, volando por todo el mundo, lanzaban
por los picos un aire resplandeciente con que se iluminó la tierra.
Después de Chiminigagua los seres más venerados eran el sol y la
luna como su compañera. El mundo se pobló de la manera siguiente .
Poco después que amaneció el primer día, salió de la laguna de
Iguaque, á cuatro leguas al norte de Tunja una mujer hermosa
llamada Bachue ó
|
Fuzachogua, que quiere decir
|mujer
buena, con un niño de tres años. Bajaron luego á lo llano, en
donde vivieron hasta que, ya adulto el niño, casó con la Bachue, y
en ellos comenzó el género humano, que se propagó con
extraordinaria rapidez. Pasados muchos años, viendo la tierra
poblada, volvieron á la misma laguna, y convirtiéndose en
serpientes, desaparecieron en sus aguas. Los chibchas veneraban á
la Bachue, y se veían estatuas pequeñas de oro y de madera,
representándola con el niño en diversas edades. Creían estos
indígenas que las almas salen de los cuerpos de los que mueren y
bajan al centro de la tierra por unos caminos y barrancas de tierra
amarilla y negra, pasando primero un gran río en unas balsas
fabricadas de telas de arañas, por cuyo motivo no era permitido
matar estos insectos. En el otro mundo tiene cada provincia sus
términos y lugares señalados, en donde encuentran sus labranzas,
porque la idea de ocio no estaba ligada en ellos con la de la
bienaventuranza. Adoraban á Bochica como dios bienhechor, y á
Chibcha cum como dios encargado particularmente de la nación
Chibcha y con especialidad de ayudar á los labradores, mercaderes y
plateros, porque el Bochica era también dios particular de los
Ubsaques y capitanes y de sus familias. Nencatacoa era el dios de
los pintores de mantas, tejedores, y presidía á las borracheras y á
las rastras de maderos que bajaban de los bosques. Lo
representaban en figura de oso cubierto con una manta y
arrastrando la cola. A este no le presentaban ofrendas de oro,
cuentas ni otros dijes como á los otros, porque decían que le
bastaba hartarse de chicha con ellos. Este Baco chibcha era el dios
de la torpeza, no le guardaban consideración alguna, y decían que
bailaba y cantaba con ellos. Llamabánle también Fo ó Sorra. El dios
que tenía á su cargo los linderos de las sementeras y los puestos
en las procesiones y fiestas, se llamaba Chaquen, y le ofrecían las
plumas y diademas con se adornaban en los combates y en las
fiestas. La diosa Bachue, origen del género humano, tenía también á
su cargo las sementeras de legumbres, y quemaban en su honor moque
y otras resinas.
Adoraban también al arco iris bajo el nombre dé Cuchavira., y
era especialidad para los enfermos de calentura. Solían invocarle
las mujeres de parto. Las ofrendas que se le hacían eran
esmeraldillas pequeñas, granitos de oro bajo y cuentas de colores
que venían desde el mar por cambios. Este culto se fundaba sobre la
tradición más general que hallaron los españoles, tradición vulgar
hoy en Nueva Granada. Indignado Chibchacum decían los indígenas, á
causa de los excesos de los habitantes de la planicie de Bogotá,
resolvió castigarlos, anegando sus tierras, para lo cual lanzó
repentinamente sobre la llanura los dos ríos Sopó y Tibitó,
afluentes principales del Funza, que antes corrían hacia otras
regiones, los cuales la trasformaron en un vasto lago. Refugiados
los chibchas en las alturas, y en vísperas de perecer de hambre,
dirigieron sus ruegos al Bochica, el cual se apareció una tarde al
ponerse el sol en lo arco iris, convocó la nación y le ofreció
remediar sus males, no suprimiendo los ríos que podrían serles útiles en tiempos secos para
regar sus tierras, sino dándoles salida.
|
|
(4)
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|
Arrojando entonces la vara de oro que tenía en las manos, abrió
esta la brecha suficiente en las rocas de Tequendama, por donde se
precipitaron las aguas, dejando la llanura enjuta y más fértil con
el limo acumulado. Ni se limitó á esto el justiciero Bochica, sino
que para castigar á Chibchacum de haber afligido á los hombres, le
obligó á cargar la tierra, que antes estaba sostenida por firmes
estantillos de guayacán, Desgraciadamente esta medida no ha dejado
de traer sus inconvenientes, pues desde entonces suele haber
grandes terremotos, los que explican los indios diciendo que
provienen de que, cansado Chibchacum, traslada la carga de un
hombro á otro, y según el mayor ó
menor cuidado con que lo verifica, los vaivenes son más ó menos
fuertes.
|
|
|(5)
|
Todo hace creer hoy que en la serie de los tiempos la cordillera
de los Andes es una de las últimas protuberancias que se han
formado en nuestro planeta, y al mismo tiempo en pocas tradiciones
se halla tan transparente la explicación geológica de un
cataclismo, como en la de los Chibchas.
|
|Adoratorios y sacerdotes
|.—Los
|
templos de esta nación no eran, por lo general, suntuosos,
porque preferían hacer sus ofrendas al aire libre y en lugares
señalados, como en lagunas, cascadas, rocas elevadas. En los
templos, que eran casas grandes cerca de las cuales vivían los
jeques ó sacerdotes, ó, como los llamaron los españoles, xeques,
había vasos de diferentes formas para recibir las ofrendas, ó
figuras de barro, con un agujero en la parte superior, ó simples
tinajas que se enterraban, excepto la boca, que quedaba abierta
hasta que se llenaba de cuentas, tejuelos de oro y figuritas del
mismo metal, representando muchas
especies de animales y de cuanto tenían, en más aprecio
|
|
(6)
, las que ofrecían con sus
necesidades, preparándose antes con un severo ayuno y abstinencia
de muchos días, así los devotos como el xeque.
Tenían estos una especie de seminarios llamados
|Cuca, en
donde entraban muy niños los que se dedicaban al ministerio
sacerdotal, y eran sometidos por diez ó doce años á una dieta
rigurosa, sin permitirles comer sino una vez al día, y eso una
reducida porción de harina de maíz mezclada con agua y rara vez un
pececillo (guapucha). Durante este tiempo se les enseñaban las
ceremonias, el cómputo del tiempo, cuya tradición, como todas las
demás, se conservaba entre los xeques, que eran los depositarios de
todo el saber abstracto de los Chibchas, el cual se extinguió con
ellos inmediatamente después de la conquista, pues esta clase fue
necesariamente la más perseguida por falta de hombres bastante
instruidos entre los españoles para hacer la distinción entre lo
que tocaba á la idolatría, que convenía extirpar, y lo que decía
relación con materias útiles al conocimiento de su historia y
antigüedades. Después veremos, sin embargo, que no carecían de
templos de celebridad y riqueza; tal era el de Suamoz, que
incendiaron los españoles la noche que tomaron el
pueblo.
|
|Culto del sol
|.—Esta era la única
divinidad á quien se ofrecían bárbaros sacrificios de sangre
humana, matando los prisioneros jóvenes, y salpicando con su sangre
las piedras en que daban los primeros rayos del sol naciente. Estos
sacrificios, las procesiones y danzas solemnes que se hacían por
las sunas ó calzadas, que desde las puertas de las casas de los
caciques se dirigían hacia un lugar notable,. generalmente una
altura ó colina vecina, y últimamente el cuidado con que se educaba
el Guesa, víctima á la cual se arrancaba el corazón, con la mayor
pompa, cada quince años, todo tenía una relación directa y
simbólica con la división del tiempo, el calendario y las
ingeniosas intercalaciones necesarias para hacer coincidir
exactamente el curso de los dos astros, que dirigían las
operaciones de sus sementeras y cosechas. Lo sangriento y
dramático de los sacrificios estaba calculado por el legislador de
los Chibchas para llamar la atención de los pueblos, de modo que
nunca perdieran la memoria de lo que tanto les interesaba conocer,
y eran un sustituto de los quipos peruanos y de las pinturas de los
Aztecas.
Los principales, adoratorios de los Chibchas eran, como llevamos
referido, las lagunas en donde podían hacer las ofrendas de cosas
preciosas, sin temor de que otros se aprovechasen de ellas, pues
aunque tenían confianza en sus sacerdotes, y sabían que estos las
sepultaban cuidadosamente en las vasijas destinadas al efecto,
naturalmente quedaban más seguros arrojándolas en lagos y ríos
profundos. La laguna de Guatavita era el más célebre de todos estos
santuarios, y cada pueblo tenía una senda trillada para bajar á
ofrecer sus sacrificios; cruzaban para ello dos cuerdas de modo que
formasen ángulos iguales, y á la intersección de ellas iba la balsa
con los jeques de la laguna y los devotos. Allí invocaban la cacica
milagrosa y su hija que decían vivían en el fondo de un lugar
delicioso con todas las comodidades, desde que en un momento de
despecho, por discordias con un cacique, su antiguo marido, se
había arrojado á esta laguna, y allí se hacían las ofrendas. Cada
laguna tenía su tradición, y
las peregrinaciones á estos santuarios eran muy comunes entre los
Chibchas
|
|
(7)
.
En tiempo en que el cacique de Guatavita era jefe independiente,
hacía cada año un sacrificio solemne, que por su singularidad
contribuyó á dar celebridad á esta laguna, aún en los países más
lejanos, y que fue el origen de la creencia del Dorado, en cuya
solicitud se emplearon tantos años y caudales. El día señalado se
untaba el cuerpo de trementina, y luego se revolcaba en oro en
polvo. Así, dorado y resplandeciente, entraba en las balsas,
rodeado de los xeques, y en medio de la música y cantos de la
inmensa multitud de gentes que cubrían las laderas que rodean la
laguna, en forma de anfiteatro. Llegado al centro, depositaba el
cacique las ofrendas de oro, esmeraldas y diversos objetos
preciosos, y él mismo se arrojaba á las aguas para bañarse. En este
momento, sobre todo, resonaban las montañas vecinas con los
aplausos del pueblo. Terminada la ceremonia, religiosa, comenzaban
las danzas, cantos y borracheras. En estos cantos, monótonos y
acompasados, se repetía siempre la historia antigua del país y
cuanto sabían de sus dioses, de sus héroes, batallas y otros
acaecimientos memorables, que se transmitían así de generación en
generación. En las puertas de los cercados de los caciques, que
siempre presidían á las fiestas, como á todas las funciones
públicas, se mantenían, mientras que ellas duraban, dos indios
viejos desnudos, uno de cada lado, tocando chirimía, que es un
instrumento de viento, triste y desapacible, y cubiertos solamente
con una red de pescar ó atarraya, que entre estos indios era el
símbolo de la muerte, porque decían que no debía perderse esta de
vista, sobre todo en tiempo de fiestas y regocijos. Había, además,
carreras y apuestas entre los
jóvenes, premiando el cacique á los más ágiles y ligeros
|
|
(8)
.
|
(1)
|
|Chibcha parece ser la verdadera denominación que se
daban los habitantes de esta región, de donde habían llamado á su
divinidad especial
|Chibchacum o apoyo y báculo de los
Chibchas. Pocos ignoran en Nueva Granada que, en el idioma de
éstos, muísca quiere decir gente ó persona, de donde nació el error
adoptado por los españoles de llamarlos muiscas ó moscas, palabra
que lea cuadró además por el número considerable de indígenas que
vieron en la época del descubrimiento.
He debido averiguar el origen de la palabra Cundinamarca,
desentonada desde los primeros albores de nuestra Independencia en
1811, para designar un estado soberano en lo interior de Nueva
Granada, y al cual dio lustro uno de los hombres más distinguidos
que ha producido la América española, el General Antonio
Nariño.
No he hallado hasta hoy más fundamento que lo que refiere
Herrera en el libro 7., década. 5. de su historia de las Indias
occidentales, hablando de la ocupación de Quito por Sebastián de
Belalcázar. En la Tacunga (en 1535) tomó Luis Daza un indio
extranjero, que dijo ser de una gran provincia llamada
|Cundi
|na
|marca, sujeta á un poderoso señor, que
tuvo los años pasados una gran batalla con ciertos vecinos suyos
muy valientes llamados los
|Chicas, que por haberle puesto
en mucho aprieto, había enviado á este y á otros mensajeros á pedir
ayuda á Atahualpa, que los hizo seguir en su campo á tiempo que
iban á dar la batalla á Huáscar Inca, de que solo uno escapó de
Cajamarca, el que volvió á Quito con Irruminavi, y preguntándole
muchas cosas de las decía la mucha riqueza de oro que en ella había
y otras grandezas que han sido causa de haber emprendido aquel
descubrimiento del Dorado que ahora parece todo encantamiento.
Pedro de Añasco fue por orden de Belalcázar con el indio, que
afirmaba estar aquella región á doce jornadas no más, y con gran
deseo de la riqueza pasaron, por Guallabamba y caminaron entre los
pueblos de los Quillacingas y atravesaron por ásperos caminos y
montes cerrados y temerosos, y no hallaron nada de lo que
buscaban.” Difícil es suponer que los zipas tuvieran la menor
idea de Atahualpa, separados como estaban de los dominios del Inca
por tanto número de tribus independientes y hostiles las unas a las
otras; pero todavía lo es más que enviaran á tanta distancia á
solicitar auxilio. Por tanto nos inclinamos á creer que la comarca
á que se refiere la tradición vaga que hemos expuesto, no tiene
nada de común con la que habitaban los pueblos Chibchas, y que si
con tal nombre hubiera sido conocida, habría llegado a los oídos de
los españoles que subieron de Santa Marta con Quesada y de los
llanos de oriente con Fredemán. Sin embargo, como Belalcázar venía
del sur con esta idea, y al nombre de Cundirumarca estaban
asociados los sueños mas dorados, si este Capitán hubiera sido el
único descubridor de estas regiones, no habrían tomado otro nombre
los países del virreinato, y el de Granada se hubiera conservado
solo á la americana vega que en España inmortalizaron con sus
leyendas los moros y decoraron con los más fantásticos y elegantes
monumentos.(Regresar a 1)
|
|
(2)
|
Apoderado de Ebaté, dice el señor
Piedrahita, pasó á Susa con celeridad, vencida alguna oposición que
su cacique le hizo en Fúquene. No corrió menos áspera fortuna el
Simijaca, y confesaron los tres caciques debajo de un yugo, que á
los que divide un vano pundonor, los une muy de ordinario una
infame esclavitud.’’(Regresar a
2)
|
|
(3)
|
Merece consignarse aquí la
descripción del valle de Ebaté hecha con mucha exactitud y
concisión por el señor Piedrahita. ’’Es lo más bella
tierra llana, en que media solamente el pueblo de Fuquene situado
en una colina entre las grandes poblaciones de Ebaté y Susa :
cíñenla por una parte páramos fuertes y ásperos montes que la
dividen de los Muzos, y por la otra la gran laguna de Fúquene, que
la resguardaba de las invasiones del cacique Tinjacá, y otros
señores comprendidos en las provincias que hoy se llaman Tunja. Su
|
longitud será de más de cuarenta millas italianas, y su
latitud angosta e incierta de medir por el retorcido giro que
forman los elevados montes del páramo á cuyas faldas se
extiende.” (Regresar a
3)
|
|
(4)
|
A la vuelta de estas patrañas de
desaguar ríos, se sorbía el demonio autor de ellas, los ríos
enteros de almas, como lo dijo Job.—F. P. Simón, 4.o nota., 2o
p. (Regresar a
4)
|
|
(5)
|
No es muy seguro que la popularidad
de que ha gozado San Cristóbal entre los Indios chibchas, no
dependa en parte del modo con que lo representan cargado con la
Tierra, con que naturalmente les recordara la antigua
divinidad.(Regresar a
5)
|
|
(6)
|
Era tal el fervor de su devoción, que
aun después de la conquista tenían sus adoratorios secretos los
indios, en donde ofrecían como holocausto a sus antiguas
divinidades, todo aquello de que veían hacer más estimación á los
españoles. El Padre Fray P. Simón refiere que en una ocasión se
hallaron en Zipaquirá en uno de estos, entre otras ofrendas á sus
ídolos, un rosario, una capilla de fraile Franciscano, un bonete de
clérigo y un libro de casos de conciencia, y en otra vez, entrando
cierto religioso á la casa de un indígena de Cogua, á quien estaban
ayudando á bien morir con una cruz de ramo bendito, la tomó en sus
manos y halló que estaba oculta en su interior la imagen de oro del
Bochica, aunque bien pudiera haber sido por esconderla de la
rapacidad de los encomenderos. (Regresar a
6)
|
|
(7)
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El Reverendo Padre Moya, religioso
ilustrado, cura de Chipaque. erigió una capilla en su pueblo, á
principios de este siglo, y colocó la imagen de Nuestra Señora de
Chiquinquirá, tratando de persuadir á los indios que para
encomendarse á la reina de los cielos, no necesitaban de hacer un
viaje tan largo y dispendioso para familias pobres, como el de
Chiquinquirá que dista como veinte leguas de Chipaque. Ellos
respondían “Es cierto, mi amo Cura, más siempre iremos, de
cuando en cuando, a Chiquinquirá, porque estamos acostumbrado desde
tiempo de nuestros padres a ir bien lejos a nuestras
devociones.” (Regresar a
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Desde el tiempo del descubrimiento se comenzaron á hacer
ensayos para desaguar la laguna de Guatavita, y sacar los tesoros
que ella encierra. El primer empresario fue el Capitán Lázaro
Ponte, que llegó con el General Quesada; luego un negociante rico,
llamado Antonio Sepúlveda, que construyó un bote, y consiguió
desaguar una parte de la laguna y sacar algunas piezas de oro de
valor de cinco á seis mil ducados. En nuestro. días se han hecho
otras tentativas, aunque jamás se ha conseguido reconocer el fondo
hacia el medio, que en tiempo de Sepulveda. hace 200 años, tenía 25
brazas de hondo, y hoy ha de haber disminuido notablemente, á causa
de los desmontes. (Regresar a 8)
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