PRÓLOGO
Hace ya muchos años que se siente la necesidad de una obra que
instruya á nuestra juventud en la historia antigua de Nueva
Granada. Para llenar este vacío me propuse reimprimir alguno de los
autores antiguos que tratan la materia, pero leyendo detenidamente
cuanto poseemos impreso ó manuscrito respecto del antiguo
virreinato del nuevo reino de Granada, observé que las narraciones
de los cronistas, además de ser incompletas, se hallan recargadas
de fábulas y de declamaciones que ocultan y ahogan, por decirlo
así, los hechos esenciales. El lenguaje mismo antiguo, grande
atractivo para el que ha adquirido el hábito de leer aquellos
escritos, es un obstáculo al común de los lectores á quienes su
profesión y ocupaciones no permiten consagrar el tiempo necesario
pan sacar el jugo á memorias añejas y separar en ellas el grano de
la paja.
Valiéndome de estas crónicas y de otros documentos, traté
entonces de componer una narración completa y exacta, aunque
compendiosa, reproduciendo las impresiones que había recibido con
la lectura de aquellas obras, conservándoles su interés y supliendo
las unas con las otras. Esta es Va que me atrevo á dar á luz,
esperando que sea de alguna utilidad, mientras una pluma más
diestra se haga cargo de la empresa.
He sido parco en juicios, deducciones y apreciaciones
filosóficas de los acontecimientos, porque esto exige talentos que
no poseo, y porque pienso que los hechos presentados con claridad y
dispuestos en el orden conveniente, deben sugerir por si
|
mismos las reflexiones al lector. Por no interrumpir el curso de la
narración, he evitado en el texto toda discusión sobre la verdad de
los hechos y sobre el mayor o menor crédito que merecen los
diversos testimonios, porque ti me hubiera dejado llevar del deseo
de justificar en todas ocasiones la confianza acordada á tal
|circunstancia, á un documento más bien que á otro, habría
compuesto una historia crítica eh que aparecerían, es verdad, los
resultados de 'un trabajo de muchos' años, pero en la cual el
fastidio de la lectura no compensaría su 'utilidad para la
generalidad de los lectores. Al mismo tiempo he resistido
cuidadosamente á la tendencia natural á adoptar el aspecto más
interesante y más dramático, porque he creído que la verdad de los
hechos tiene suficiente atractivo para obrar sobre la imaginación,
principalmente cuándo el país que sirve de teatro á los
acontecimientos ostenta todas las maravillas de 'la creación, y que
en él la naturaleza se complace en mostrarnos una prodigiosa
variedad de climas, de producciones y de aspectos
físicos.
He tenido la fortuna de recorrer mucha parte de Nueva Granada y
de los lugares en dónde ocurrieron los sucesos más importantes de
aquel descubrimiento. En 1834 hice una excursión desde el valle del
Socorro al del Magdalena, con el distinguido y malogrado botánico
doctor Céspedes. Allí vimos las selvas vírgenes, las raíces
seculares entreveradas y los despeñaderos que opusieron tantos
obstáculos a Gonzalo Jiménez de Quesada, después á jerónimo Lebrón
y más tarde á Lugo, hasta qué se abandonó esta ruta. Tan inculta
región se halla actualmente en el mismo estado que en 1538
|,
y es la única de lo interior de la República en dónde hay todavía
indígenas no reducidos o
independientes.
|
|
Mandando un cuerpo de tropas he pasado en 1841 de Antioquia á
Anserma, siguiendo las huellas del licenciado Vadillo desde
Caramanta, y verificando las relaciones de los cronistas. A fines
del mismo año me encomendó el General en Jefe del ejército del Sur
el mando de una columna de operaciones
|
para sujetar los
indios Paeces, cuya lengua; costumbres, maniobras y ardides han
variado tan poco desde la época del descubrimiento, cómo el aspecto
de las faldas del Huila ó la naturaleza de los desfiladeros y pasos
difíciles que forma él río Páez en su torrentoso
curso.
He vivido en pueblos en donde la raza pura de los Chibchas se
mantiene aun, y he recogido las pá1abras que todavía conservan de
antiguo idioma, algunas de las cuales se han convertido en términos
provinciales. También he visitado, aunque bien joven, siendo
subteniente del ejercito de Colombia, las tribus dé los indios
Cunas, que habitan en las orillas del golfo del Darién.
Después de haber reunido todos los materiales que pude en el
país, para lo cual fui auxiliado con todá deferencia por los
Reverendos Prelados de los conventos de San Francisco, Santo
Domingo; Agustinos calzados y descalzos de Bogotá, hice un viaje á
España, visité los archivos de Indias, en donde
|se hallan
reunidos todos los documentos de los antiguos dominios ultramarinos
Españoles, y me persuadí de que la colección hecha por don Juan
Bautista Muñoz; encargado en 1779 de escribir la historia de
América, es la más completa y contiene todos los documentos
esenciales sobre el descubrimiento, pues cuantos me llamaron la
atención en Sevilla, sea propios de aquel archivo ó trasladados del
de Simancas,
|
tenían la nota de haber sido copiados para
Muñoz. He disfrutado de esta colección, de que existe, una Copia,
la de D. Antonio Uguina, en la biblioteca de Mr. Ternaux Compans,
quien generosamente me ha permitido usar de ella como amigo de las
letras que desea que los tesoros manuscritos no permanezcan
sepultados y ocultos. Quisiera poder decir otro tanto del
ex-Ministro español Martínez de la Rosa, pero este sujeto creyó que
debía negar á un americano- español el permiso de visitar los
archivos, que no se había rehusado á ningún extranjero hasta
entonces. Si yo pude examinar el archivo de Indias en Sevilla, lo
debo á que existen, á Dios gracias, todavía en España personas que
comprenden de otro modo que aquel
distinguido literato los intereses de la humanidad y los deberes de
la hospitalidad
|
|(1)
.
Si mi animo estuviera en la disposición en que se hallaba
durante la guerra con España por la Independencia, confieso
francamente que no me habría creído con la suficiente
imparcialidad para escribir esta relación; mas al leer los sucesos
de la época a que me refiero, he visto, por las impresiones de
alma, que no carecía de los sentimientos de justicia para hacerla
al valor sufrimiento y heroicas calidades de los intrépidos
castellanos que descubrieron el Nuevo Mundo y se establecieron en
él, y que las simpatías por los indígenas de aquel Continente que
tanta compasión deben inspirar á un corazón humano, no serian parte
para extraviar la pluma dirigida por una mano de origen
español.
Cuando tenía ya bien adelantado el trabajó, llago a mis manos la
historia de la conquista del Perú, escrita por, el señor Guillermo
|
Prescott, á quien el mundo literario reconoce como el mejor
historiador contemporáneo de las cosas de América. En el prólogo de
esta obra alude á un trabajo histórico en que se ocupa, análogo á
los anteriores; y habiendo ya escrito la historia de Méjico y la
del Perú, era de suponerse que se proponía, colmar el vacío que
existe respecto del asiento del tercer centro de civilización
americana, que comprende el dominio de los Chibchas ó Muiscas; y me
aplaudí de que pluma tan hábil realizara al fin mis deseos, en cuyo
caso no me quedaba sino la misión de traductor, más proporcionada á
mis
|fuerzas. Escribí, pues, al señor Prescott ofreciéndole
mis materiales, libros, apuntamientos y el mapa que tengo trazado
de la Nueva Granada. de la época del descubrimiento, y
congratulándome de que nuestra historia hubiera caído en tan buenas
manos. El señor Ptescott me desengaño anunciándome que su nuevo
trabajo es la historia de Felipe II, que hará juego con la del
reinado de D. Fernando y D.a Isabel, como la historia de México con
la historia del Perú, y dejará así este insigne historiador
erigidos cuatro monumentos históricos de la época más brillante dé
la monarquía española.
Y como cada día crecía mi convencimiento de la necesidad de
familiarizar á nuestros jóvenes con la situación social en que
Europa halló las diversas regiones de América en la era del
descubrimiento, y que tanto contribuyó á modificar el giro de la
|conquista, la forma primitiva y la índole futura de los
primeros establecimientos, que tanta influencia ejercen todavía
sobre el carácter que conservan los diversos estados independientes
del nuevo continente, y que tan presentes deben tenerse en las
discusiones políticas y sociales actuales, me decidí por fin á
vencer la desconfianza natural en mis cortas luces, y á dar la
última mano á este compendio.
La primera parte de mi trabajo, que ahora publico, comprende lo
acaecido desde el descubrimiento de Nueva Granada hasta mediados
del siglo XVI. He adoptado el orden cronológico, que aunque
perjudica al interés dramático , que depende de la unidad de
acción, por ser preciso interrumpir la narración de los sucesos de
un conquistador para pasar á los de otro, es más conforme al fin
que me he propuesto, que es el de componer un libro
elemental.
Quizás podría tacharse de minuciosa y trivial la narración de
algunos hechos que son en realidad de poca importancia general para
la historia, si no se advirtiera que este compendio ha de servir,
también para explicar en muchos lugares de Nueva Granada algunos
nombres y tradiciones comunes cuyo origen generalmente se ignora, y
si se recuerda que no es solamente dar una idea general de los
sucesos de la conquista lo que me he propuesto, sino acumular el
mayor número de circunstancias y detalles compatibles con el
pequeño volumen á que he deseado reducir el libro, á fin de
generalizar y popularizar estos conocimientos.
En el apéndice menciono los historiadores que me han servido de
guía; y recopilo cuantas noticias he podido reunir sobre cada uno
de ellos. Este trabajo simplificará y servirá de base á los futuros
escritores de la historia antigua de Nueva Granada. También publico
algunos documentos inéditos originales muy interesantes, y un
bosquejo de mapa de Nueva Granada en la época del descubrimiento,
en el cual podrá seguirse la marcha de cada uno de los
conquistadores.
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(1)
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Quiero referir aquí lo que me aconteció en un caso análogo en
Madrid, porque puede servir de lección a los americanos que viajen
por la Península. Deseaba, visitar el Museo de Historia Natural,
esperando encontrar en él algunos restos de las colecciones de la
Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada; y cómo en aquella
sazón (1845) estaba vedada publico la entrada del establecimiento,
me dirigí al señor Isturitz (que después fue jefe del Gabinete que
gobernaba en España cuando se hicieron los preparativos de la
expedición reconquistadora de América, bajo la dirección del
General Florez), pidiéndole me consiguiera un billete de entrada.
Este caballero tuvo la bondad de pasar á mi posada para advertirme
que, a pesar de sus esfuerzos cerca de las autoridades no había
podido obtener el permiso que solicitaba. El dueño de la casa, que
recibió el recado, me tachó de novicio en recurrir á la influencia
de altos personajes, ofreciéndome a llevarme al día siguiente á
visitar el Museo, como en efecto lo verificó sin dificultas alguna,
valiéndose para ello de los sirvientes y porteros. Entre tanto el
señor Isturitz quedó lamentándose de que las formalidades legales
fueran tan inexorables que le hubieran privado del gusto de hacer a
un americano del Sur, que le habia sido recomendado por un amigo
antiguo, el obsequio de una boleta de admisión para ver las
muestras minerales y los monstruosos granos de oro y de platina de
las minas del Chocó, que
|con tan laudable y estricta
vigilancia se conservan en aquel real establecimiento. Puede
comprarse España a una antigua plaza fuerte desmantelada, cuyas
puertas, guarnecidas de artillería y de puentes levadizos, niegan
la entrada, mientras que los habitantes, mas sensatos que los que
gobiernan, se manejan, entran y salen por las brechas que el tiempo
y la necesidad han hecho en la muralla. (Regresar
a 1)
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