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CAPÍTULO XL
Toda historia tiene páginas amenas y
tiene arideces., como los largos caminos. Los que cruzan a veces bellas comarcas, alegres
praderas y florestas fecundas, conducen también a llanuras monótonas y a tierras pobres.
El l.° de enero de 1812 hubo en Santafé
fiestas públicas, máscaras a pie y a caballo y popular corrida de toros. La
Municipalidad eligió Alcalde a don Juan Tobar. Circuló ese día el almanaque de las
Provincias Unidas del Nuevo Reino dé Granada para el año de 1812, calculado por Caldas,
semejante al que había publicado el año anterior, tarea que continuaron en tiempos
posteriores don José García de la Guardia, quien falleció en 1815, y el bogotano don
Benedicto Domínguez. Los militares ofrecieron flores al Presidente, y en sus disfraces
ridiculizaron los vestidos de los Oidores y de otros funcionarios del antiguo régimen.
El 10 de enero llegó el Coronel Antonio
Baraya a la ciudad, rodeado de los vencedores en Palacé, y fue recibido triunfalmente.
Las milicias, de muchas de las poblaciones de la Sabana acompañaban la comitiva. Se
solemnizaron los honores de la victoria con salvas de artillería y vivas a los
vencedores.
A mediados del mes salió de Bogotá una
expedición militar, mandada por el Coronel Joaquín Ricaurte Torrijos y por el Capitán
Ignacio Salcedo, con el objeto de cortar las disensiones políticas que se habían
suscitado entre los habitantes de las ciudades del Socorro, San Gil y Vélez.
La expedición de Ricaurte tuvo combate
con las fuerzas del Socorro, mandadas por Anuario José Arenas y José Vicente Uribe, en
los cerros del Gaque y Matar redonda. Ricaurte fue el vencedor en este hecho de armas, muy
notable por ser el primero en nuestras guerras civiles.
A la sazón, el 23 de enero, se creaba en
España una , Regencia, compuesta por el Duque del Infantado; Joaquín Mosquera y
Figueroa, payanés; el conocido Juez de Nariño en 1794, Juan María Villavicencio;
Ignacio Rodríguez y el Conde Labisbal.
Esta corporación pretendía gobernar en
España y en las Indias, y reemplazó a la Regencia de Cádiz, de la cual era Presidente
el bogotano don Pedro Agar, y Regentes los Generales Blake y Císcar.
Agar, benemérito marino, había nacido
en Bogotá el 19 de junio de 1763, como consta en su partida de bautismo que se halla en
el libro XXII de la parroquia de la Catedral. Desde 1810 había sido electo por las Cortes
generales de la Monarquía, miembro del Consejo de Regencia, en asocio de don Joaquín
Blake y don Gabriel de Císcar. De don Pedro Agar y Bustillo hablaremos luego con
detención, en más de un capítulo, al tratar de los bogotanos ilustres.
Recordaremos que la Regencia presidida
por Agar dio decretos en favor de los americanos, y dispuso en enero de 1812 que los
dueños de bosques .y plantíos en América estaban facultados para hacer toda clase de
cultivos. También se ordenó al Gobierno de Santafé, por esa Regencia, que prohibiera el
incremento de la masonería y que castigara a las personas manchadas con este delito. Por
demás está decir que dichas órdenes no se cumplieron, pues Santafé había desconocido
la jurisdicción de la Regencia.
En esos días escribió don Manuel Pombo
la célebre carta dirigida a José María Blanco White, impugnando las opiniones de éste,
publicadas en El Español de Londres, sobre independencia de América. Allí demostró
Pombo la justicia y necesidad de la insurrección de las colonias españolas.
El pobre caserío de Chapinero, hoy ameno
barrio de Bogotá, era en 1812 una miserable aldea, situada cinco kilómetros al norte de
la vieja Santafé. Componían la unas pocas casas cubiertas con paja, donde los
santafereños hacían frecuentes paseos campestres. En aquel año don Ignacio Forero
levantó una bonita capilla, para lo cual recogió limosnas. Allí se tributaba culto
especial a la Virgen de Chiquinquirá. Fue esa capilla de pobre, arquitectura, aunque
cubierta con teja, y se construyó en área cedida por don Primo Groot para el oratorio de
la Concepción. Ignacio Forero era hombre de escasos recursos y habitaba en la hacienda de
El Tintal, en vecindario de Fontibón, dedicado a trabajos de agricultura. La musa popular
fue autora en aquel tiempo del siguiente cuarteto que no carece de ironía:
Del Tintal a Chapinero;
De Chapinero al Tintal,
Pasa la vida Forero
Sin conseguir medio real.
A fines de enero de 1813 se hicieron
pomposas procesiones al oratorio, y en junio de 1815 se construyó un nuevo edificio,
destinado para capilla de Chapinero, que aun existe y que nos muestra la infeliz
arquitectura de aquellos tiempos.
Para fines de febrero de 1812 la
política era ardiente. Nariño hizo renuncia de la Presidencia ante el Colegio Electoral,
y no le fue aceptada, aunque el Presidente insistió en ella el 4 de marzo.
El socarrón poeta Caro, realista de
corazón, retirado en su hogar, cultivaba las letras. Entre sus producciones se encuentran
unas donosas décimas en las cuales con demasiada libertad de expresión y con atrevidas
frases pinta a los más distinguidos servidores de la revolución. Las siluetas tienen
verdadero chiste, y los personajes están esbozados con sarcasmo y con rasgos dignos de la
pluma de Moratín.
Vamos a hacer conocer algunas de esas
décimas, en sus partes menos crudas, a medida que figuren los personajes que retrata el
autor. En la Nueva Relación y Curioso Romance, título que dio Francisco Javier Caro a su
trabajo, se encuentran en los principios las dos décimas que van en seguida:
-
Nariño que es Presidente
-
Y tiene el mando y el palo,
-
Sobre si es bueno o si es malo
-
Dividida está la gente.
-
Mas cualquier hombre prudente
-
Que su conducta haya visto,
-
Y quiera hacerse bien quisto
-
Sin discrepar del nivel,
-
Lo mismo ha de decir de él
-
Que de Herodes Jesucristo.
-
Unos dicen que es villano,
-
Otros que es usurpador,
-
Aquéllos que es un traidor,
-
Estos que es un mal cristiano;
-
Ya dicen que es un tirano
-
Y ya que es un francmasón ;
-
Pero entre tanta opinión
-
Nos ha dicho don Juan Niño Que don
Antonio Nariño
-
Es un puro Napoleón.
A principios de marzo de 1812 salió con
dirección á las Provincias del Norte, a órdenes de Antonio Baraya y de José Ayala, una
expedición militar con la misión aparente de defender de los realistas los valles de
Cúcuta, pero con el objeto real de detenerse en Tunja y procurar por todos los medios
posibles la desorganización de aquel Gobierno y la anexión de esa Provincia a
Cundinamarca.
Las decepciones políticas de Caro
guiaron su pluma, para pintar con injusticia al bogotano vencedor en Palacé, en los
siguientes versos:
-
Baraya es un botarate
-
Y un cobarde mequetrefe,
-
Que quiso meterse a Jefe
-
Siendo un pobre zaragate,
-
Este militar-petate
-
Con su cara de chorote
-
Y su nariz de virote
-
Queriendo enderezar tuertos,
-
Hace entre vivos y muertos
-
El papel de don Quijote.
El español don Benito Pérez .y
Valdelomar fue nombrado Virrey del Nuevo Reino, título que agregó al de Mariscal de
Campo del Ejército español. Tomó posesión de su cargo en la ciudad de Panamá el 21 de
marzo de 1812. Allí reorganizó la Audiencia, que la revolución del 20 de julio había
cerrado en Bogotá. Su Gobierno no se sintió en el interior del país, y sólo fue
obedecido en Panamá y en Santa Marta, territorios dominados por los realistas. Pérez
renunció el Virreinato y se separó del mando el 18 de junio de 1813. En la ciudad de
Panamá murió en el mes de noviembre siguiente.
Para reemplazar a don Benito fue
designado, con los títulos de Gobernador y Capitán General, don Francisco de Momtalvo y
Ambulodi, Arriola, Casaabante, Ruiz de Alarcón y Valdespino. Este Gobernador era natural
de La Habana. Llegó a las costas de Riohacha en mayo de 1813; a Santa Marta el 30 del
mismo mes; y ascendido a Virrey, el 28 de abril de 1816 tomó posesión del alto cargo en
Cartagena, el 6 de noviembre. Terminó su Gobierno el señor Montalvo el 9 de marzo de
1818, y falleció en La Habana en 1822. Su nombre quedó unido con estela de sangre a los
mártires sacrificados en la histórica ciudad de Cartagena, en los tristes días de la
reconquista.
El cronista Caballero nos cuenta que el
26 de marzo de 1812, jueves santo, tembló la tierra a las dos y media de la tarde. Este
movimiento sísmico destruyó la ciudad de Caracas y otras importantes poblaciones de
Venezuela.
Cabe bien aquí el recuerdo de un
realista sobre la catástrofe, por tener relación con el Libertador, que a la. sazón
iniciaba la gloriosa lucha por la independencia de Venezuela y Nueva Granada.
En lo más elevado (de las ruinas)
encontré a don Simón de Bolívar que en mangas de camisa trepaba por ellas. En su
semblante estaba pintado el sumo terror, o la suma desesperación. Me vio y me dirigió
estas impías y extravagantes palabras: `Si se opone la naturaleza, gritó, lucharemos
contra ella y la haremos que nos obedezca. Ese temblor, el cual arrebató innúmeras
vidas, se sintió fuertemente en Cúcuta, Pamplona, Tunja y Santafé y en otras
poblaciones menos importantes del Nuevo Reino, y el suceso favoreció, como es sabido, la
causa realista en Venezuela.
La Constitución de 1811, que ya
estudiamos, fue reemplazada por la qué expidió el Colegio Electoral de Cundinamarca el
17 de abril de 1812. Este Cuerpo, como ya dijimos, se había instalado el 23 de diciembre
anterior, y había elegido Presidente a don Pedro Croot; Vicepresidente, al fraile
agustino Diego Padilla, y Secretarios, a don, . Joaquín Vargas Vesga y a don José
Agustín Baraona. El proyecto de nueva Constitución lo redactaron el Presidente Groot,
don Luis Eduardo de Azuola y don Miguel de Tobar.
El nuevo Código Político dio el nombre
de República de Cundinamarca al territorio en donde iba a regir, y prescindió en
absoluto de España y de los pretendidos derechos de Fernando VII; no hizo alusión alguna
a las formas monárquica s, y proclamó la soberana del pueblo. En el preámbulo llamó al
país Estado de Cundinamarca.
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Escudo de Cundinamarca
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Por estos tiempos se acentuaban las
desavenencias entre Nariño v sus antiguos Tenientes Baraya y, Ricaurte. El Congreso, por
discordia con Nariño, se reunió en Ibagué, y de allí pasó a la Villa de Leiva.
Mediaron entonces algunos patriotas, y el 18 de mayo se firmó un tratado por los señores
Fruto Joaquín Gutiérrez y José María del Castillo, como mandatarios del Congreso, y
por el mismo Nariño y sus Consejeros Manuel Benito de Castro y José Diago. En este
tratado se reconoció a Cundinamarca con las anexiones de las Provincias de Mariquita,
Neiva, Socorro y algunos pueblos de la Provincia de Tunja.
Este convenio no alcanzó a calmar los
odios y rivalidades, que eran vivas y ardientes. Baraya y Ricaurte adoptaron con sus
fuerzas al partido del Congreso. Al recibirse en Santafé esta noticia, renunció el
Presidente; pero el Colegio Electoral, en vez de aceptar la renuncia, eligió a Nariño
Dictador, en todo lo relativo a la defensa y seguridad de la capital. El Presidente
Dictador pidió que se nombrara un Consejo que coadyuvara a su Gobierno, disipando así
los temores de una dictadura fuerte; y autorizado para elegir el Cuerpo de Consejeros,
designó a los patriotas Marqués de San Jorge, José Gregorio Gutiérrez, Moreno, Domingo
Caicedo, Primo Groot y Felipe de Vergara.
El 25 de mayo decepcionaron Baraya y sus
Oficiales. Joaquín Ricaurte, que había acusado a Nariño y había sido suspendido por
éste, se unió entonces a Baraya. Desligados éstos Jefes del Gobierno de Cundinamarca,
fueron ascendidos por el Congreso. Reorganizaron sus tropas y se dirigieron en son de
guerra hacia el Socorro, que defendía en nombre de Nariño el viejo militar José Miguel
Pey, quien fue sitiado y vencido en el campo de Paloblanco, cerca de San Gil, el 19 de
julio. Pey quedó prisionero con su fuerza.
La socarronería santafereña publicó en
un periódico llamado El Carraco, papelucho satírico y gracioso, el ofrecimiento de que
se preparaba un poema heroico, en alabanza de las glorias de José Miguel Pey, que se
llamaría La Peyda, para imitar los versos dé Virgilio, cuando cantó los hechos de
Eneas.
También se repitió entonces la décima
que la pluma picaresca de Caro consagró al prision Pro de Paloblanco:
El tremendo Miguel Pey,
Que por su mucho poder
En el comer y el beber
Todos le llaman El Buey,
No tiene más Rey ni ley
Que andar siempre con peones,
Beber chicha en bodegones
Cortejar a las.. .. pichonas
Y hartarse en sus comilonas
De mondongo p chicharrones.
Estas apreciaciones violentas y
chistosas, comunes en Bogotá desde los tiempos de la Colonia, pues siempre ha existido
agilidad y rara aptitud para la sátira acerada y nerviosa en el alma popular, esta vez
eran injustas, tratándose del buen patriota que había empuñado por primera vez el
bastón de mando en la revolución de julio.
El Gobernador de Tunja, Juan Nepomuceno
Niño, improbó los tratados del 18 de mayo e impidió a comisionados de Nariño que
llegaran a Tunja, agriando la discordia que a la sazón se reflejaba hasta en la modesta e
inofensiva tertulia de familia.
El 4 de junio publicó Nariño un
manifiesto; en él explicaba su conducta política y las razones en que la apoyaba . A1
día siguiente; por bando, autorizó a la Representación Nacional para que tomara las
medidas convenientes a la salud de la Provincia, y llamó a las armas a todos los
ciudadanos hábiles para servir en el ejército, sin distinción de clases sociales ni de
peruanos. Estos actos oficiales produjeron entusiasmo en el partido nariñista, y todos
concurrieron al alistamiento. Don Manuel B. Alvarez, Representante por Cundinamarca, ya
setentón, espontáneamente pidió el vestido de soldado. Yo no puedo decía mirar a mi
ancianidad como un privilegio que me exima de padecer y aun de morir entre mis
conciudadanos Más singular fue el ofrecimiento de Manuel del Socorro Rodríguez, también
anciano, quien pretendió abandonar la Biblioteca y servir en la custodia militar de la
ciudad:
Para este efecto -escribió- hago
presente a Vuestra
Excelencia que no teniendo más que mi ordinaria espada
de ceremonia, y siendo ésta insuficiente para un servicio
activo de tanta consideración, necesito estar prevenido y
forniturado con fusil cartuchera p sable, de munición, y
al mismo tiempo, recibido en clase de soldado raso.
Y continuaba su bélica solicitud
pidiendo que se le colocara en los lugares más peligrosos, hasta rendir la vida, con tal
de que fuera dentro de la ciudad, para poder vigilar la Biblioteca. Nuestros lectores ya
conocen a este sujeto, y por ello pueden tomarle gusto a. esta original representación de
ejemplar patriotismo.
Y mientras los hermanos se armaban contra
los hermanos, un Gobernador de Pamplona, el patriota José Gabriel Peña, combatía a
orillas del Táchira contra los realistas, con bisoño ejército, el cual fue vencido.
Entonces exclamaba el Padre Diego
Padilla, en periódico que él creó y llamó El Sabatino:
cielos santos, no somos aún libres y ya
nos despedazamos! Tenemos sobre nuestras cabezas un enemigo que nos ha devorado por tres
siglos, y en vez de atender a él, empleamos el hierro fratricida contra nosotros mismos..
.. Paz, hermanos míos, hagamos la paz y con ella apareceremos grandes a los ojos de
nuestros tiranos.
Estas voces de cordura no fueron
atendidas. El alarma en Santafé era grande. El Gobierno organizó una fuerte División,
la que puso a órdenes del General José Ramón de Leiva, porque el Presidente no podía
mandar las tropas personalmente, por prohibición constitucional; sin embargo, como
Nariño tenía facultades omnímodas, fue él el Jefe real de esos militares.
A 23 salió la expedición para Tunja, de
1,000 hombres en número, muy lucida y bien puesta, con todos los aparatos de guerra; iban
tres capellanes, médico y cirujano. Salió a la frente de dicha expedición el señor
Presidente, don Antonio Nariño, asociado de los individuos de las actuales corporaciones,
muy enjaezados y decentes. Lo acompañaron hasta el río del Arzobispo.
Acompañaban a Leiva como Jefes militares
Lorenzo Ley, Justo Castro y Luis de Ayala. Los centralistas repitieron entonces las
décimas o ensaladilla en las cuales se quiso retratar a estos Jefes, por el realista
Caro:
-
Secretario militar
-
Fue Leiva, y mamó la teta
-
De Ezpeleta y Mendinueta,
-
Y mucho más la de Amar:
-
Supo el tiempo aprovechar,
-
Pues mamando a dos carrillos,
-
Rellenó bien sus bolsillos.
-
Y al fin, con infame nota,
-
Se quedó aquí esta pelota
-
A multiplicar chiquillos.
-
El camastrón Luis de Ayala
-
Que siempre come de gorra,
-
Si oye decir cachiporra
-
Pregunta si es cosa mala:
-
De mojigato hace gala;
-
Pero es muy tosco y chocante:
-
Quiere hacer el vergonzante
-
Y fingiéndose el bobito,
-
Hace ascos de un mosquito
-
Y se traga un elefante.
-
El tragón Justo de Castro
-
Es otro tal que bien baila,
-
Pues no le basta una paila
-
Llena de patas de rastro;
-
Aquí le llaman hijastro
-
Del gigante Fierabrás ;
-
Es tramposo hasta no más,
-
Y como huyen de su vista,
-
Este pobre petardista
-
Está dado a Barrabás.
Hería así a beneméritos patriotas una
pluma española; y esas heridas eran bien aceptadas por otros patriotas, los cuales
pertenecían al bando federalista.
Conocemos ya los honrosos empleos que
había desempeñado José Ramón de Leiva, antiguo militar de la infantería española. El
prestó largos servicios en Argel y en Buenos Aires, antes de ocupar la Secretaría de los
Virreyes del Nuevo Reino. Su inteligencia, su valor y su probidad los había puesto en el
campe de la revolución. Don José Ayala era natural de Bogotá, y miembro de familia
distinguida; ya vimos su actuación en los motines de julio de 1810. Don Justo Castro,
también bogotano, mandaba como Comandante una fuerza que debía unirse a la. de Pey, pero
en Charalá fue detenido por las mujeres, y allí se entregó sin hacer un tiro, por
delicadeza y consideración al bello sexo. Antes había hecho parte de la Comisión de
Policía y Gobierno, creada por el régimen republicano.
También servían como militares o
órdenes de Nariño los hermanos Francisco y Bernardo Pardo, Oficiales distinguidos, hijos
de Bogotá. El último era segundo de Pey, y con él cayó prisionero. Francisco, nacido
en 1797, se afilió a la revolución desde el 20 de julio. De estos dos jóvenes decía la
ensaladilla:
-
Pardo el tuerto en sus miradas
-
Mestizas de tigre y gato,
-
Parece que mira al plato
-
Y no es sino a las tajadas:
-
El mete su cuarto a espadas
-
Levantando testimonios
-
Por tiendas y por telonios.
-
Y mas bulla esta carroña
-
Mete con su carantoña
-
Que una legión de demonios.
-
Su hermano, según escucho ,
-
Llamado Bernardo Pardo,
-
Nada tiene de Bernardo
-
Y de pardo tiene mucho.
-
Es un militar muy ducho
-
En el estrado y la mesa:
-
Con la labia que profesa
-
Engañara a cualquier noble,
-
Y así para espía doble
-
Vale más de lo que pesa.
Se comprende que estas composiciones
satíricas, décimas que por entonces circularon anónimas y manuscritas, que el vulgo
apellidaba ensaladilla, eran en realidad libelo infamatorio contra varones eminentes que
habían tomado parte en la revolución; unos nativos de la tierra y otros nacidos en
España. Perdonables serían las injurias y la maledicencia en lo relativo a la vida
pública de esos varones, pero jamás en lo que se refiere a su personalidad privada.
Nosotros las reproducimos por primera vez, sin dañada intención, en lejano tiempo y
sólo con el objeto de hacer conocer mejor los personajes de esa época. Aceptamos como
verdadera la teoría de Plutarco en la Vida de Alejandro, cuando dice:
Muchas veces un hecho del momento, un
dicho agudo y una,' niñería sirven más para probar las costumbres, que batallas en que
mueren millares de hombres, numerosos ejércitos y sitios de ciudades. Por tanto, así
como los pintores toman para retratar las semejanzas del rostro y aquellas facciones en
que más se manifiesta la índole y el carácter, cuidándose poco de todo lo demás, de
la misma manera debe a nosotros concedérsenos el que atendamos más a los indicios del
ánimo, y que por ellos dibujemos la vida de cada uno.
No es otro nuestro propósito que el de
revivir en estas crónicas el colorido característico de aquella sociedad ya muera.
Cuando Nariño salió de la ciudad, dejó
encargados del mando al doctor Manuel Benito de Castro y a don Luis de Ayala, en calidad
de primeros Consejeros (25 de junio de 1812).
Don Manuel Benito había sido novicio de
los jesuitas, por lo cual se le llamaba comúnmente El Padre Manuel. Más tarde estudió
medicina en la atrasada Escuela de antaño, y largos años ejerció 5u profesión. Era
hombre de costumbres egóticas.
Vestía -dice el historiador Groot- en
1812 como en 1767: casaca redonda; chaleco largo; calzón corto de terciopelo con
charreteras; media blanca; zapato puntiagudo de oreja y grandes hebillas de plata; capa
larga de grana colorada, con aleta galoneada; sombrero de tres picos con escarapela
colorada.
Su figura era distinguida y siempre
aseada, no obstante los polvos carmelitas del rapé sevillano que caían sobre su rizada
gola. En cambio se veían los polvos blancos de almidón en el peinado de coleta y los
bucles que caían sobre las sienes. En cuarto a lo moral, era hombre de costumbres
austeras, de pocas palabras, habitaba en un cuarto de un viejo caserón situado frente al
Palacio arzobispal, y en ese cuarto tenía la mesa de comedor, donde tomaba chocolate en
pocillo de plata a horas determinadas y fijas. Nadie se explicaba qué móviles tuviera
Nariño para encargar el Poder Ejecutivo al Padre Manuel en circunstancias tan difíciles.
Ya vimos cómo pintaba la ensaladilla al militar Justo de Castro.
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Don Manuel Benito de Castro.
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Del galeno decía:
-
Pero su hermano Manuel,
-
Que es alumno de Esculapio,
-
nunca come más que apio
-
Y albóndigas de laurel:
-
De este médico doncel
-
No hay quien los empleos cuente;
-
Es protector, intendente,
-
Consejero de lisonjas,
-
Calificador de monjas
-
Y de beatas asistente.
El periódico EL Carraco, órgano
político de los federalistas, hería constantemente a los partidarios de Nariño y
llamaba por mofa a José Miguel Pey y a Justo de Castro, Murat y Soult. El ardiente
centralista José María Carbonell arrebató de un corrillo un número de este periódico,
y con vehementes bravatas lo despedazó y pisoteó, en sitio central de la ciudad. Este
hecho dio la etimología de los nombres que recibieron los .dos bandos contendores:
pateadores y carracos.
Modifica la versión que trae el
historiador Groot un folleto intitulado: El sobrino Matías /; a su amado tío Tomás de
Montalván y / Fonseca / Impreso en Bogotá en la Imprenta patriótica de don Nicolás
Calvo, el 20 de febrero de 1812. Allí refiere el autor anónimo, que escribe como testigo
presencial, que el domingo anterior, 19 del citado mes, vio en la esquina de la Plaza, es
decir, al pié de la torre norte de la Catedral, arder una candelada y a su rededor muchos
hombres, unos soplando y atizando el fuego, otros arrojando papeles dentro de ella y a
otros dos rompiéndolos y pateándolos. Cuenta también que luego colgaron ese papel a la
cola de un borrico al que llevaron en procesión por las calles principales, con este
pregón: Esta es la justicia que la serenísima señora Bagatela manda hacer de esta
carta, por haberse atrevido a estampar proposiciones injuriosas contra su alteza
serenísima.
Parece que las escenas violentas de
quemar papeles públicos en las calles, fueron múltiples en aquellos días. En la ciudad
reinaba la anarquía.' El Canónigo Baltasar Miñano y el clérigo don Francisco Javier
Gómez (alias Panela) habían conmovido al populacho en contra de los federalistas. Para
el mes de julio el pueblo soberano obtuvo que el Senado nombrara Personero Público al
Canónigo, y con ese carácter pidió la prisión de muchas personas respetables. A la
cárcel fueron llevados don José Santamaría, don Francisco J. Cuevas, don Miguel Pombo,
don Pedro Ricaurte y otros muchos federalistas. A1 Personero prestaba mano fuerte el
Alcaide don Juan Tobar
El Presidente Castro dictó un bando de
buen Gobierno, el 29 de julio, y el mismo día escribió a Nariño, refiriéndole la
agitación que había en la capital. Probablemente esta noticia decidió a Nariño a
firmar el tratado de Santa Rosa, no muy favorable a sus pretensiones, el cual quedó
concluido el 30 de julio, y con él terminada la primera guerra civil.
Al pie del pacto figuran, como
plenipotenciarios dei Gobierno, Domingo Caicedo, Tiburcio Echeverría y José Miguel
Montalvo; y en nombre del Congreso, el Gobernador Niño y cinco Senadores, centralistas.
Terminadas las desavenencias y urgido
Nariño por los tumultos de la capital, se trasladó a su palacio en veintinueve horas, y
llegó el 5 de agosto. A1 día siguiente reunió la Representación Nacional, ante la cual
renunció las facultades extraordinarias de que estaba investido, y su Alteza Serenísima,
aceptada la renuncia, declaró de nuevo vigente el orden constitucional y ordenó por
bando que se pusiera en libertad a todos los presos políticos.
El Presidente disolvió el Cuerpo militar
de Pateadores, y entonces la musa popular de los carracos imprimió en hoja volante unos
versos, de los cuales insertamos a continuación fragmentos:
-
Se dice que ya murió
-
El Cuerpo de Pateadores
-
De una muerte repentina:
-
Pónganse luto señores.
-
-
GLOSA
-
-
Ese Cuerpo tan robusto,
-
Tan esforzado y valiente,
-
Tan famoso y tan caliente,
-
Que a todos causaba susto,
-
No sé si de algún disgusto
-
O mal aire que le dio,
-
Después que tanto lució Con valor y
bizarría,
-
De una fuerte apoplejía, Se dice que ya
murió.
Para estos tiempos llegaron numerosos
emigrados de Venezuela, en verdadera indigencia, y encontraron generoso apoyo en el
Gobierno de Cundinamarca.
Los partidos no habían desaparecido. La
exagerada concepción de autonomismo lugareño, explotada por caciques regionales,
impedía que se desenvolviera un verdadero espíritu nacional. Y no obstante el epitafio
en verso que hemos visto, existían los bandos de jaleadores y carracos, pues el incendio
no había sido bien apagado.
Nariño, con verdadero patriotismo,
renunció entonces la Presidencia el día 20 de agosto, y de nuevo entre a desempeñarla
don Manuel Benito de Castro.
El Gobierno de Castro carecía de
energía, y en esas circunstancias circuló la noticia de que los enemigos de la
Independencia preparaban una contrarrevolución para reconocer la Cortes de Cádiz.
Entonces llegó un oficio de Baraya en el cual ofrecía las fuerzas que comandaba, para
impedirla. En el pueblo se extendió el rumor de que Baraya marchaba ya sobre Santafé, de
acuerdo con el Presidente Castro. El 10 de septiembre hubo tumultos. El populacho y
algunos militares exigieron al Ejecutivo que Nariño fuese restituido al ejercicio del
Poder, aunque éste se excusaba de venir a la ciudad, mientras no lo llamara el Senado,
pues prefería la tranquilidad de la vida del campo, en el retiro de su quinta de Fucha.
En momentos en que se reunía el Senado,
los amotinados se habían trasladado a :a mencionada quinta y traían' al célebre
caudillo a la ciudad en medio de vivas y aclamaciones.
Sea éste el lugar de consignar algunos
recuerdos sobre la casa de campo que a la sazón pertenecía a Nariño, a la cual fuimos
con nuestros lectores cuando el predio rural se llamaba La Milagrosa, en tiempos en que se
fundó la iglesia ,de La Tercera; con el Virrey Cerda y su esposa, cuando allí hubo
novilladas, carreras de caballos y comedias (página 343 del primer volumen), y con otros
gobernantes coloniales. A este viejo caserón volveremos con el General domingo Caicedo,
con Bolívar en sus días de desgracia y con otros militares en nuestras guerras civiles.
En ese casón de antaño, en tiempos de
Nariño tenían lugar veladas literarias en las cuales se hacían agradables lecturas, se
conversaba sobre los grandes acontecimientos de la política. exterior y Nariño mismo
escribía en ella su célebre periódico La Bagatela.
Esa vieja casa, de aspecto pintoresco y
anticuado, quedó olvidada por los bogotanos durante mucho tiempo, y al correr de los
años se convirtió en ruinas, cuando ya era conocida con el nombre de quinta de Ramos,
que recibió de un acaudalado propietario.
Así, de su apacible retiro en las
márgenes del Fucha, y desde su tranquilo gabinete y librería, donde sólo se alcanzaba a
percibir el murmullo de la corriente, el rumor del viento entre los coposos árboles y el
mugir de una que otra vaca que pacía en el vecino prado; pasó súbitamente al estruendo
de cornetas y tambores con que, en fuerza de la antigua costumbre, le hacían los honores
militares, y a las ruidosas exclamaciones de la muchedumbre que lo llevaba en brazos al
antiguo Palacio de los Virreyes, para sentarlo de nuevo bajo el dosel de damasco, 5~
ceñirle la espada con que algún tiempo después había de triunfar en las afueras de la
capital del numeroso ejército que por el norte venía a invadiría.
En la quinta histórica existía una
amplia sala de un solo piso y de pobrísima arquitectura, antigua capilla de la casa
señorial, donde oraron las Virreinas. En el mismo sitio en que estaba edificado el
caserón colonial, se ha construido una alquería de gusto moderno; y la prolongación do
las calles de la ciudad hacia el sur, corta los antiguos prados que pertenecieron a La
Milagrosa.
Nariño quedó plenamente autorizado para
ejercer el Poder Ejecutivo y acordar medidas para la seguridad del Estado; y don Manuel
Benito de Castro, con su capa colorada, volvió a la tranquilidad del hogar, aliviado de
la pesada carga del Gobierno.
Por medio de bando se hizo saber el día
12 que los empleados debían jurar el nuevo Gobierno, que los hombres útiles debían
alistarse en el Ejército y que los que apoyaran la Regencia española sufrirían pena
capital.
Un patriota, don José Gregorio
Gutiérrez Moreno, escribía lo siguiente el día 17, líneas en que, condensó la
situación política:
Se le concedieron (a Nariño) las
facultades de un sultán sin otra ley a qué sujetarse que su voluntad y capricho.
Desapareció el Senado, que mejor hubiera sido que jamás lo hubiese, habido el pie en que
estaba. Murió mi segunda Cámara, y me tienes con mucho gusto mío de ex-Presidenta. Se
acabó también el Poder Judicial ....
No es fácil darse cuenta de cómo
aquellos patricios, tan amigos de la libertad civil y que gozaban de vida independiente,
profesaran tal devoción a una dictadura sin límites, que provocaba la guerra civil.
El Dictador era una mezcla de travesura y
de seriedad: grave en las ocupaciones de Gobierno, cuya responsabilidad aceptaba, asumía
en el hogar y en la sociedad el carácter festivo y alegre, tan común en la juventud
bogotana: Y la suavidad insinuante de su trato social y su distinción en los salones
explican en parte el influjo que ejerció sobre los hombres de su tiempo.
El Dictador disminuyó los sueldos, creó
un Tribunal de Seguridad Pública, expidió bandos y proclamas y atendió a la
organización militar para combatir con los federalistas.
Los Senadores don Joaquín Malo y don
Cayetano Vásquez recibieron la comisión de percibir donativos y empréstitos.
Conmovieron la sociedad en esos días el
suicidio del Ayudante de artillería Domingo Ardila, y las dificultades que se presentaron
para sepultarlo en el templo de San Carlos, como entonces se usaba; dijeron que por
ceremonia y que después lo sacaron y lo tiraron al camposanto dice el cronista. También
ocurrió entonces la muerte del médico Honorato Vila, el 6 de octubre de 1812. Este
español, de quien ya hablamos, había llegado a Santafé en 1784, y desde entonces
ejerció su profesión y el cargo de Visitador de boticas. En varios períodos fue el
único esculapio para una población de 20,000 habitantes. A1 principiar el siglo XIX
casó con doña Isabel Rojas, y con ella vivía lleno de comodidades. La sal bogotana
recordó que en el Libro de los Proverbios se lee: Honora médium propter necessitatem, y
con zumba cambió esas palabras por este latinajo: Honoratus est medicus propter
necessitatem. Es curioso consignar que este Hipócrates se levantaba antes del alba, oía
misa a las cinco de la mañana; ya en su casa, tomaba unas copas de viejo vino español,
él mismo ensillaba una mula que lo conducía a sus visitas profesionales, y se sabía en
la ciudad cuál era su método: visita hecha, visita pagada: cuatro reales en mano, ni
más ni menos, lo mismo al pobre que al rico.
La correspondencia entre Nariño y Baraya
se agriaba diariamente, hasta llegar a un incidente curioso que vamos a citar. El Jefe de
los federalistas dictó órdenes terminantes para que no se dejaran transitar pasajeros
por los caminos del Norte, sin registrarlos e interrogarlos; y a la vez ordenó que en
manera alguna se dejara llegar a los cuarteles revolucionarios a las vivanderas que
salían de Santafé, por ser éste el conducto de que se había valido el pícaro de
Nariño para seducirle los soldados.
El 4 de octubre de 1812 se reunió en la
Villa de Leiva el Congreso de las Provincias Unidas, al cual concurrieron don Manuel
Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, por la Provincia de Cundinamarca. El Congreso
eligió a Camilo Torres Presidente de las Provincias Unidas. Mientras que en el sur de
Colombia y en las costas de Venezuela perdían terreno los patriotas, en Leiva y en
Bogotá se agitaban en estériles contiendas centralistas y federalistas, y eran vejados
en el Congreso los Representantes de Cundinamarca. Nariño rehusó sujetarse a las
condiciones que le imponía el Congreso, conminado con declaratoria de guerra, y proclamó
a Cundinamarca libre del pacto federal y, por consiguiente, emancipada del Congreso, de
acuerdo con la Representación Nacional y con la opinión de una Asamblea popular que él
mismo había convocado para deliberar sobre estos gravísimos sucesos. Además, supo
Nariño que Baraya y Ricaurte habían apresado a los Diputados de Cundinamarca, con
aquiescencia del Congreso, y que éste había expedido decreto en el cual lo declaraba
traidor, usurpador y tirano, Justamente irritado se aprestó a la defensa, v se puso a la
cabeza de una expedición militar numerosa.
E16 de octubre Nariño publicó bando en
que hacía sabe r que las tropas del Congreso marchaban sobre Santafé, y fortificó la
ciudad con la artillería. Nos cuenta el cronista que en estas graves circunstancias
también hubo revolución en un convento. En la misma noche del día 6 se levantaron los
frailes de San Juan de Dios contra su Provincial, el médico fraile Juan José Merchán,
realista entusiasta, y en son de guerra hicieron pedazos su retrato.
EL boletín de Noticias del mismo día 6
avisaba que Baraya había llamado a los socorranos para que vinieran con él a invadir a
Santafé; que les había ofrecido la Salina de Zipaquirá y tres días de saqueo en la
capital, con lo cual quedaría destruida. En el boletín del día ? se dijo que la
separación de Mariquita no tendría ya lugar, merced a los buenos oficios del
Subpresidente Antonio Viana.
Se había organizado una conspiración
para matar al Dictador. Uno de los comprometidos, miembro de familia patricia, debía
solicitar una audiencia reservada para darle muerte. Enterado Nariño, con pormenores, de
estos sucesos, guardó silencio. Una tarde llegó a Palacio el conspirador; solicitó la
audiencia, que le fue inmediatamente concedida, y los dos solos entraron en una sala. El
Presidente, con serenidad, cerró con su propia mano las puertas, recogió las llaves y
las puso en manos del presunto asesino. Lleno éste de asombro, preguntó al Dictador el
motivo de su conducta.
Favorecer la fuga del que me va a matar,
contestó el Presidente. No quiero que usted vaya a sufrir por mi causa. Y dicho esto,
tomó un asiento tranquilamente.
Al momento el conspirador, que estaba
ofuscado por la pasión política, le manifestó a Nariño que creía que venía a matar a
un tirano y que hallaba a un gobernante generoso y caballero. Puso las llaves y un puñal
sobre la mesa, y los dos actores de esta extraña escena departieron por largo rato como
buenos amigos.
Apenas reunido el Congreso de Leiva,
creó una Comisión militar. Fue su presidente el General Antonio Baraya, y miembros los
Coroneles Dionisio Tejada y Jorge Tadeo Lozano, algunos ingenieros y otros oficiales de
menor graduación. El Congreso pidió también al Gobierno de Bogotá la imprenta que
pertenecía a Francisco José de Caldas, quien la había cedido al mismo Congreso,
aceptando éste la responsabilidad de los créditos con .que pudiera estar gravada a favor
del Gobierno.
Antes anotamos el hecho de que cuando
fundaron el Diario Público Caldas y Camacho, en 1810, la Junta Suprema les confió una
cantidad de dinero, a la cual hace referencia lo resuelto por el Congreso de Leiva.
Para entonces la correspondencia que
venía del Cuerpo Soberano era dirigida al Gobierno de la Provincia de Cundinamarca, con
presidencia del nombre y títulos del Dictador.
Este había desterrado al Canónigo
Rafael Lasos de la Vega, natural de Panamá y conocido partidario del Gobierno español;
tal medida no asustó a las gentes piadosas, cuyas simpatías se había sabido granjear
Nariño, no obstante sus opiniones emitidas en La Bagatela contra el clero y las beatas, y
aun era felicitado por los conventos de monjas. La Abadesa de Santa Inés se congratulaba
por su elección, le daba plácemes y enhorabuenas, y hablando por la comunidad, le
decía: nos ofrecemos de nuevo a su disposición para que nos mande Y la Abadesa de la
Concepción repetía los ardientes votos, en oficio especial.
Nariño, hábil político y conocedor del
pueblo que gobernaba, dictó medidas para ganarse al clero, y aprovechó una
manifestación de los padres de familia, que dormía en su mesa de despacho hacía meses,
en la cual se quejaban de la ausencia de Prelado, para resolverla favorablemente. Atendía
con esta resolución, idéntica solicitud hecha por el apoderado del Cabildo
eclesiástico. Dispuso que no oponiéndose el Arzobispo Sacristán, que se hallaba
detenido en La Habana, a reconocer la transformación política,, ordenaba se le diese
pasaporte y si le suministraran las cantidades necesarias para su viaje.
Existen documentos en los archivos del
Gobierno civil . , anexos a la Biblioteca Nacional, volumen XXI, relacionados con la causa
que se seguía a la sazón con motivo de la separación de los Gobiernos de Bogotá y
Tunja, confiada a don Ignacio Ricaurte; también están allí los documentos contra los
vecinos de Guatavita, por conservarse neutrales en la contienda entre centralistas y
federalistas.
El 26 de noviembre publicó Nariño un
manifiesto en que exponía la necesidad que tenía de separarse del Gobierno y de crear
una Junta formada por cinco individuos de conocidos patriotismo, probidad y luces.
En este concepto, he nombrado a don
Felipe de Vergara, actual Secretario de Estado y Guerra, que será e1 Presidente de ella;
a don Juan Dionisio Gamba, Secretario de Hacienda; .a don José Ignacio Sanmiguel, que lo
es de Gracia y Justicia; a don Manuel Camacho Quesada, y a don José María Arrubla.
Don Felipe Vergara y Caicedo, bogotano
nacido en 1745 e hijo del Colegio del Rosario, abogado, ex-Contador del Tribunal de
Cuentas; había servido durante la República los cargos de Alcalde de barrio y de
Representante al Congreso.
A don Juan Dionisio Gamba, también
antiguo Alcalde de barrio y miembro del Consejo de gobierno, lo retrataba así la pluma
satírica de Caro, el español:
-
Gamba si usara muletas
-
No hay duda que lo acertara,
-
Y con eso se excusara
-
De andar haciendo gambetas:
-
Este viudo cuyas tretas
-
Son chismear en secreto,
-
Este uncionado esqueleto
-
descarnado y asqueroso,
-
Sobre baboso y gangoso
-
Es alcahuete completo.
Don José Ignacio Sanmiguel, de quien ya
hemos hablado en el volumen II de esta obra, fue el abogado defensor de José Antonio
Ricaurte en agosto de 1795, miembro de la Sociedad Patriótica de Amigos del .País,
Alcalde que le tributó honores al Virrey Amar y· a su esposa, y, Corregidor de Neiva,
puesto de que fue destituido por el mismo
Amar. Como Síndico Procurador General en
1801 apoyó la creación de cátedras de Química y Mineralogía en el Colegio del
Rosario. La poesía realista le castiga sus servicios a la Patria, así:
-
Sanmiguel, por lo que veo,
-
A todos les echa el gallo
-
Con su cara de caballo
-
Y entrañas de fariseo;
-
Esté astuto corifeo
-
Tan marrajo y camastrón,
-
A aquel pérfido Simón
-
Que inventó aquella tramoya
-
Para el incendio de Troya;
-
Le pudiera dar lección.
Don Manuel Camacho y Quesada, hijo del
Colegio de San Bartolomé, doctor en Derecho, profesor de latinidad, signatario de la.
Constitución de 1811 y miembro del Gobierno plural, pertenecía a distinguida familia.
Don José María Arrubla, nacido en la
ciudad de Antioquia en 1780, también. hijo del Colegio de San Bartolomé y patriota
distinguido desde 1810, completaba la Junta de Gobierno de Cundinamarca.
El 23 de septiembre salió la expedición
militar de Santafé a órdenes del Brigadier don José Ramón de Leiva. Marchó como
Cuartel Maestre de ella el Teniente Coronel don Francisco García Olano, cuyo nombre
figura con honor en los anales de Zipaquirá. Para Caro este patriota era personalidad
insignificante:
-
Del Escribano García
-
El más ruin de los patojos,
-
Con más niguas y piojos
-
Que hay moros en Berbería,
-
Quién pensara, quién diría
-
Que este vil traga tajadas
-
Con manos excomulgadas
-
Y el más traidor desacato,
-
De nuestro Rey al retrato
-
Le diera de puñaladas?
Iba como Mayor General el Teniente
Coronel José María Berrueco, y entre los Ayudantes del General se contaban Bernardo y
Francisco Pardo y Antonio Ricaurte. Desempeñaba la Auditoría de Guerra el doctor Miguel
Tobar. Marchó en calidad de Ingeniero el Capitán Pío Domínguez, bogotano, pintor
distinguido y comógrafo. Lo fustigó la misma musa con la siguiente décima:
-
Los Domínguez que han quedado
-
Porque sus padres murieron,
-
Menos la ley que tuvieron
-
Lo demás lo han heredado.
-
Esta ley es. bien mirado,
-
La ley del amor y unión
-
A la española nación;
-
Y no la ley de insurgentes,
-
Traidores, desobedientes,
-
Como los más de ellos son:
Al astrónomo del mismo apellido, don
Benedicto, que había acompañado a Caldas, lo castigó con la siguiente injusta
invectiva:
-
El simplón de Benedicto.
-
Aunque es un Juan de buen alma,
-
No parece que está en calma
-
Con su cara de conflicto;
-
Es calculador, adicto
-
A la cantidad sonora
-
Y con Caldas se asesora,
-
Calculando entre los dos
-
Cuántos cuartos da el relox
-
Antes de tocar la hora.
El cronista Caballero refiere que la
primera tropa de esta expedición salió de Bogotá el 9 de noviembre; el mismo cronista
marchó como Sargento 1° en un Cuerpo de milicias de infantería a órdenes del
Comandante don Francisco Javier González (alias Gonzalón), patriota distinguido, hijo de
esta ciudad. La sátira poética dice de él:
-
Mucho asco da Gonzalón,
-
Más negro que un cordobán,
-
Verlo andar de Capitán
-
Con sombrero de galón.
-
Este que en su batallón
-
Ninguno lo puede ver,
-
Por su indigno proceder,
-
Cree que ya no es perendengue
-
Y pretende este mutenque
-
Que lo llaman don Javier.
Saltando incidentes de esta campaña,
anotaremos que el 25 de noviembre el Capitán don Tadeo Vergara combatió con ventaja en
Hatoviejo contra las avanzadas de las fuerzas de Baraya y Ricaurte. En Bogotá se habían
organizado los españoles con anuencia del Gobierno, para mantener la tranquilidad
pública, y habían formado una Compañía de a caballo, que no causaba gasto alguno al
Erario Público. Llegó la noticia de que en las tropas federalistas corría la especie de
que el Presidente Nariño era un hereje, tan grande cómo Juan Calvino y Martín Lutero,
noticia que convirtió a los soldados de Baraya en entusiastas defensores de su religión
y su Dios.
Entretanto el Dictador .organizaba su
retaguardia en Zipaquirá, de donde salió el día 28.
El 2 de diciembre tuvo lugar el.
encuentro en el Alto de la Virgen, serranía cercana al pueblo de Ventaquemada. Los
federalistas estaban bien parapetados; los centralistas atacaron a pecho descubierto; la
lluvia hizo el suelo fangoso, y el combate se decidió en contra de las fuerzas del
General Nariño. Este no evitó medio decoroso y aun humillante para disminuir el
desastre, pero ninguno fue aceptado por las tropas del Congreso.
Con la pena de la derrota y de la muerte
de cuarenta de sus soldados, entre los Cuales se contó el Oficial Mariano Portocarrero,
Nariño voló hacia la capital, para promover una reorganización. Leiva, buen militar,
salvó 800 hombres, con los cuales llegó a Nemocón el 3 de diciembre, y a Bogotá al
día siguiente.
Asociado con el francés Antonio Bailly,
amigo entusiasta del Gobierno, reorganizaron las tropas, crearon milicias y fortificaron
los barrios de Las Cruces, San Diego y San Victorino; además, enviaron un destacamento de
artillería a la capilla de Monserrate, elevado cerro que domina la ciudad por el Oriente.
Mientras las tropas de Baraya avanzan, en
son de guerra, vamos a mezclar en este relato serio algo agradable, que borre el
estiramiento de exposiciones rudas. Entre los Oficiales que hizo prisioneros la fuerza del
Congreso, se contaba un tal L. Laña, llamado comúnmente Ñaña, glotón de enorme poder
digestivo.
Ocurrió su afligida madre al General
Nariño, Presidente de Cundinamarca, para recomerdarle que procurase el canje del
prisionero.
No, mi señora contestó jovialmente
Nariño; por el contrario, lo que nos conviene es dejarlo allá para que les coma medio
lado, y así se vean pronto obligados a entregarse. Resígnese, mi señora.
El viejo Felipe de Vergara desempeñaba
la Cartera de Guerra y carecía de salud; él ofreció al Presidente levantar la Legión
de la Unidad, de la cual sería Prefecto, y Capellán, el fraile agustino José Vicente
Echeverría, oferta generosa que aceptó el Gobierno para ejemplo y vergüenza de los
jóvenes y hombres robustos y acomodados que en los actuales peligros de la Patria no se
han llenado del santo celo que anima a este benemérito ciudadano y a su digno Capellán.
Vimos ya que don Pedro de la Lastra y el
Cura Nicolás Mauricio de Umaña habían partido el año anterior para los Estados Unidos
de América, con la misión de comprar dos imprentas. Una de ellas llegó a principios de
1812, y fue nuevo y valioso elemento para el Gobierno de Bogotá.
Baraya y Ricaurte hicieron lentamente su
marcha sobre Santafé, y llegaron a los aledaños de la ciudad con 5,000 hombres, entre
ellos los veteranos que habían hecho ya la campaña del Sur. En el Ejército de la Unión
estaban Dionisio Tejada, Antonio Villavicencio, Caldas, Atanasio Girardot, Manuel del
Castillo y El Fogaso José María Gutiérrez, Oficiales distinguidos todos ellos.
Miradas con simpatía por Nariño y sus
partidarios circularon profusamente algunas de las citadas décimas de Caro que herían
profundamente a militares beneméritos que hacían parte del Ejército del Congreso.
Del General Joaquín Ricaurte y Torrijos,
patriota ilustre, segundo Jefe de la expedición de Baraya, decía :
-
Ricaurte, llamado
-
El Bola, Tío carnal de Baraya,
-
Será un dolor que se vaya
-
Sin su espigón a la cola:
-
Quiso hacernos la mamola
-
Con gálico disimulo;
-
Pero viendo que lo chulo
-
Pega mal con lo francés ,
-
No ha podido negar que es
-
Turrón de c. . . de mulo.
Del hijo de los Condes de Villavicencio,
ex-Comisionado regio, que tan notables servicios había prestado a la revolución en
Cartagena y en Bogotá, decía la ensaladilla:
-
De estos ídolos de lata
-
Que hasta sus adoradores
-
Son indignos y traidores,
-
Villavicencio es la nata:
-
Y en efecto, si se trata
-
De observar su proceder;
-
Mayor no le puede haber,
-
Y es fuerza que a todos venza;
-
Mas traidor tan sin vergüenza
-
No ha nacido de mujer.
Sobre el sabio Caldas escribió:
Es Caldas una caldera De energúmeno
rencor, Cobarde como traidor Y cruel como una fiera; Desde luego si él pudiera Destruir a
toda España, No lo excusara su saña; Y se carcome de envidia Pues ve que con su perfidia
No vale una telaraña.
Atanasio Girardot era un joven todavía
desconocido; por consiguiente no cayó esta vez bajo el látigo del poeta satírico; pero
en cambio hirió éste a don Luis Girardot, francés que había tomado carta de naturaleza
y servía a la República desde el 20 de julio de 1810, con las siguientes décimas:
-
Es Girardot, por el aire
-
Que allá en Francia respiró,
-
Un compendio de Rusó
-
Y Volter, o sea Voltaire:
-
Dice con tosco donaire
-
Que tiene muchos novicios:
-
Y en verdad que estos patricios,
-
Con negras ingratitudes
-
Dejan hispanas virtudes
-
Por tomar gálicos vicios.
-
He nombrado a este extranjero,
-
Porque aunque no es patriota,
-
Embarcado en esta flota
-
Va en ella de pasajero:
-
Y asimismo considero
-
que en el modo de pensar
-
Y en el de representar
-
Libertinos entremeses,
-
Los criollos y los franceses
-
Se pueden equiparar.
Quiso Baraya sitiar la ciudad, y para
ello extendió su línea militar por los pueblos de Usaquén, Suba, Fontibón, Bosa y por
las orillas del río Tunjuelo.
Los dos Jefes enemigos tuvieron una
entrevista, provocada por Nariño, en una alquería cerca del pueblo de Usaquén. Nariño,
dejando una escolta de veinte hombres que llevaba por ceremonia, avanzó solo por entre
las tropas de su adversario dando plausible ejemplo de valor v patriotismo. Al mismo
General cedemos aquí la pluma:
Lo primero que se presenta a la vista del
Presidente de Cundinamarca en las inmediaciones de la casa destinada a la conferencia, es
una avanzada de cien hombres armados y dos piezas de artillería; pero estos preparativos
no intimidan su animosidad, y despreciando, por decirlo así, su interesante vida, se
adelantó de las pocas personas que lo acompañaban, y entrando con espíritu sereno por
medio de veinte fusileros que estaban formando en ala con las bayonetas caladas, avanzó
hasta el lugar donde se hallaba el General Baraya, y echando pie a tierra, le dio abrazos
como una prueba segura de las buenas disposiciones que lo animaban, y de que corría un
espeso velo sobre las diferencias que hasta allí habían tenido, manifestándole, al
mismo tiempo, la protección que el Dios de las bondades les dispensaba, cuando les
permitía volverse a ver con el carácter de amigos.
No obstante las buenas razones de
Nariño, expresadas con ingenuidad, aquella conferencia no dio resaltado provechoso.
Tampoco lo obtuvieron las comisiones de paz, confiadas por él mismo a don José Gregorio
Gutiérrez Moreno, al Canónigo Fernando Caicedo y Flórez y a otros ciudadanos
respetables.
Baraya intimó la rendición de la ciudad
para el día 29, y exigió la deposición del Presidente y el sometimiento absoluto de su
persona y de sus fuerzas.
Quiso el Presidente, como último
recurso, convocar en su palacio a las señoras madres, hijas y esposas de los Oficiales de
Baraya, pero este paso no produjo mejores efectos que los muchos que pública y,
privadamente había tomado en los días anteriores.
La situación de la ciudad era extremada.
Corría la especie de que Baraya no dejaría a piedra sobre piedra. El terror había
llegado a su colmo. Los habitantes todos se creían expuestos a un saqueo, y corrían
rumores siniestros sobre lo que pudiera suceder con respecto a ultrajes ' a las mujeres y
a las monjas. Los numerosos templos estaban abiertos y daban acceso a muchos que creciendo
llegados sus últimos momentos, buscaban el amparo de la Providencia. En los campamentos
de San Victorino y San Diego el espíritu público se reanimaba, y en ellos se veía al
General Nariño hablar con todos, tranquilo y jovial, y rodeado de señoras y de sus dos
hijas, éstas con divisas militares iguales a las de los soldados de artillería.
Se veía en la población la actividad de
una colmena; en los templos rezaban las mujeres, los viejos y los niños; en la maestranza
se cortaban vestidos; en los parques se, fabricaban correajes y toldos y se herraban
caballos, y en los campamentos se limpiaban armas y se afilaban lanzas.
No había una sola persona ociosa ni una
sola indiferente.
Baraya ocupaba con su Cuartel General el
caserón exconvento que servía de presbiterio al Cura de Fontibón, a la sazón ausente.
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