Cronicas de Bogota tomo 4

 

CAPÍTULO LXIX

Murillo Presidente-Verdadero adelanto-Primer telégrafo eléctrico-Primer Banco-Palacio de Santo Dorningo-Calle de Padilla -Mosquera es electo Presidente-Transitoriamente ejerce el poder J. M. Rojas Garrido-De nuevo la cuestión religiosa-Difícil situación política -Dictadura-Prisiones-Distrito Federal-23 de mayo-Causa de responsabilidad seguida al General Mosquera- Creación de la Universidad Nacional-Arzobispos Herrán y Arbeláez-El General Santos Gutiérrez, Presidente-El 10 de octubre-Los doctores Salvador Camacho Roldán y Santiago Pérez ejercen el Poder Ejecutivo -Trágica muerte-Administración Salgar-El General Julián Trujillo ejerce transitoriamente el poder Terremoṭ-Nuevos puentes-Exposiciones -Se continúa la construcción del. Capitolio Nacional- Asilo de Indigentes y de Locos-Academia de la lengua-Muerte de Vergara y Vergara - Fallecimiento del General Pedro A. Herrán. Gasómetro-Segunda Administración Murillo -Panóptico - Bancos - Causa célebre (proceso de Umaña Jimeno)-Pavimento de calles-Deslizamiento de una colina -Memorable avenida-Nuevos puentes-Sociedad de Medicina-Administración Pérez - Agitaciones políticas-Parra, Presidente, Guerra civil-Combates--Asesinato de Sagrario Morales -Designados que ejercen el Poder Ejecutivo-Terminación de la guerra civil-Administración Trujillo -Partidos políticos-Estatuas de los Generales Santander y Mosquera-Monumento de los Mártires-Puentes-Gobernadores de Cundinamarca-Pofítica-Crimen de Los Alisos-Muerte del doctor A. M. f'ardo-Trujillo Designado-Administración Núñez-Administración Zaldúa-Muerte del Presidente -Otálora Jefe del Poder Ejecutivo :'tentativa de asesinato contra el Gobernador.

En 1863 se hicieron elecciones para Presidente, y resultó favorecido el doctor Manuel Murillo Toro. Hallándose ausente del país, no se encargó del poder hasta el 10 de abril de 1864, nueve días después del fijado por la Constitución, durante los cuales gobernó el General Mosquera. Nombró Secretarios a don Antonio M. Pradilla, don Antonio del Real, don Teodoro Valenzuela y don Santiago Pérez, sucesivamente, en el despacho de Relaciones Exteriores; en el de Hacienda, al doctor Tomás Cuenca; en el del Tesoro, al doctor Eugenio Castilla, y en el de Guerra, al General Francisco V. Barriga.

Para Bogotá fue benéfica la. administración Murillo; ella: fundó el Diario oficial, que subsiste; hizo imprimir cartas, corográficas de la República; estableció el primer telégrafo eléctrico, que comunicó a Bogotá con Facatativá el 1° de noviembre de 1865; favoreció el establecimiento del Banco de Londres, Méjico y Sur América, primer establecimiento de su clase en Colombia, y transformó el antiguo convento de Santo Domingo en un verdadero palacio, el mejor que posee el Gobierno en la capital, donde se establecieron numerosas oficinas. Los frentes del palacio, que se levantan en dos de las mejores calles de la ciudad, tenían triste y desapacible aspecto; desde que se reformaron ganaron en elegancia y simetría, hasta el punto de borrar de las calles dichas el sello de ciudad española de la edad media que los paredones y rejas del convento les imprimían a las vías más centrales. En dicho año abrió el Jefe Municipal, don Zenón Padilla, la calle 22 (camellón de los Tres Puentes), que se llamó calle de Pacillo oficialmente, nombre que ha perdido.

El General Mosquera fue de nuevo electo Presidente de la República en 1866. Hallándose en Europa al terminar el período legal de Murillo, entró a ejercer el poder, como primer Designado, el doctor José M. Rojas Garrido. Gobernó cincuenta días, teniendo por Secretarios a los doctores Cerbeleón Pinzón, Próspero Pereira Gamba y General Ramón Acevedo, y el 20 de mayo dejó el alto cargo en manos del General Mosquera. Fueron Secretarios de esta administración los señores Francisco Agudelo y Alejo Morales, de Hacienda; Froilán Largacha, del Tesoro; José M. Rojas Garrido, de lo Interior y Relaciones Exteriores; y el General Vicente G. de Piñeres, de Guerra y Marina. La tercera administración Mosquera revivió la ya apagada cuestión religiosa extrañado del país a los Obispos de Pasto, Ilustrísimo Juan M. García Tejada, bogotano; al Ilustrísimo señor Vicente Arbeláez, después Arzobispo de Bogotá y entonces Vicario de la Arquidiócesis, y al Ilustrísimo Obispo de Dibona in patribus, don José Romero, Vicario Apostólico de la Diócesis de Santa Marta; y prohibiendo a los Ministros del culto católico el cobro de la contribución decimal. El 18 de octubre de 1866 el señor Manuel Morro, empleado de la Secretaría del' Interior y Relaciones Exteriores, por orden superior verbal, y apoyado en la fuerza pública, violó las puertas del palacio arzobispal, y en presencia del Prelado se apoderó del archivo de la Curia, que guardaba secretos de multitud de personas y era semillero de noticias históricas. Se declaró en noviembre (1866) que los templos anexos a los edificios en que habitaron las extinguidas órdenes monásticas pertenecían a. bienes desamortizados, y en diciembre siguiente desconoció el Gobierno las autoridades, tribunales y juzgados eclesiásticos. Varias medidas sobre hacienda, contrarias a leyes vigentes, dictó el Gobierno, que lo colocaron en situación difícil, la que aumentó el 14 de marzo de 1861, fecha en que el Presidente pasó un mensaje al Congreso, autorizado con las firmas de los secretarios Rojas Garrido, Largacha y Morales, en el cual declaraba que quedaban cortadas sus relaciones oficiales con el cuerpo legislativo, verdadera usurpación del poder, pues de acuerdo con la Constitución, el mismo Congreso tenía atribución para determinar la duración de sus sesiones. Un proyecto de ley sobre orden público, que las Cámaras adoptaron, motivó el rompimiento entre los dos poderes. El señor Manuel Murillo, ex-Presidente, fue perseguido en aquellas circunstancias; la dictadura principiaba y con ella la intranquilidad, no solamente en la capital, sino en el país. El Presidente celebró un tratado secreto, de alianza. contra España, con el Ministro del Perú, por el cual se obligó la República a comprar un vapor, lo que se llevó a cabo en los Estados Unidos, sin que el Congreso tuviera conocimiento de lo ocurrido. La Cámara de Representantes quiso investigar aquel grave asunto, pues se le había dicho que el vapor Rayo era de propiedad particular del General Mosquera, y en consecuencia lo cubría indebidamente el pabellón nacional. Entonces el Presidente, el 29 de abril de 1867, expidió un decreto por el cual declaraba la República en estado de guerra. Además declaró cerradas las sesiones del Congreso aquel año y mandó reducir a prisión a varios Senadores y Representantes, que eran inmunes por ministerio de la ley. También fue aprisionado el Presidente .del Estado de Cundinamarca, General Daniel Aldana, el 29 de abril, y se encargó del destino el señor Jesús Jiménez, primer Designado, aceptando el decreto dictatorial de aquella fecha. Desde ella las instituciones fueron nada; la voluntad del General Mosquera todo. Olvidó que las dictaduras no son de larga duración en Colombia.

El 30 de abril el Gobierno dictatorial erigió la ciudad de Bogotá en Distrito Federal, despedazando, sin derecho, el Estado de Cundinamarca, entidad política creada por la ley. Solamente veintitrés días duró en ejercicio del poder dictatorial .el General Mosquera. Cuando el país se preparaba para la guerra fue sorprendido el dictador en el palacio de San Carlos en la madrugada del 23 de mayo, y en sus casas los Secretarios Rojas Garrido y Alejo Morales, por jefes y oficiales de la fuerza pública. Hasta el lecho del ex-Presidente llegaron sin dificultad los conjurados para intimarle que quedaba prisionero a nombre de la Constitución. Los conjurados se apoyaban en la fuerza militar; la población no tomó parte en aquel golpe de cuartel. E1 24 de mayo el General Santos Acosta, General en Jefe del Ejército, a la vez que segundo destinado para ejercer el Poder Ejecutivo, tomó ante cuatro magistrados de la Corte Suprema posesión del destino de Presidente de Colombia.

En la madrugada del 23 al 24 de mayo fue reducido a prisión, en el palacio de San Carlos; el General Mosquera, por algunos jefes del ejército nacional, quienes, de acuerdo con varios notables miembros del partido liberal, convinieron en deponer por la fuerza al Dictador. En las primeras horas de la mañana del 24 numerosísima concurrencia rodeaba dicho palacio y se agrupaba en la plaza de Bolívar, satisfecha al saber que la ley predominaba sobre la espada.

EL General Acosta organizó así su ministerio: Secretario del Interior y Relaciones Exteriores, doctor Carlos Martín; del Tesoro, doctor Antonio Ferro; de Hacienda, don Jorge Gutiérrez de Lara; y de Guerra, el General Rafael Mendoza. Fue nombrado Jefe del ejército el General José H. López.

El Congreso volvió a reunirse después del 23 de mayo, y siguió causa al Presidente Mosquera y a los Secretarios Rojas Garrido, Alejo Morales, Bernardo Espinosa, Rudesindo López, Froilán Largacha y' Vicente Gutiérrez de Piñeres. El General Mosquera, caudillo prestigioso, fue conducido al Observatorio Astronómico, convertido en prisión de estado, mientras se seguía la causa. El mismo habló en su defensa, y en su nombre lo. hicieron los abogados Emiliano Restrepo E. y Juan E. Zamarra. El l de noviembre del mismo año lo condenó el Senado por haber prohibido el establecimiento de almacenes de sal por cuenta de particulares; por haber dado orden reservada al Director de Correos para que no diera curso, por cierto tiempo, a varios impresos; porque eximió a este empleado de la obligación de prestar fianza, y por el tratado secreto que celebró con el Ministro del Perú. De los demás cargos fue absuelto.

El General Acosta dejó huella inolvidable de su paso por el Gobierno al sancionar la ley que creó la Universidad nacional, presentada a la Cámara de Representantes por el Diputado doctor. M. Plata Azuero, plantel en que se incorporaron el Colegio de San Bartolomé y parte del Hospital de San Juan 3e Dios, que pertenecían al Estado de Cundinamarca los claustros principales de los extinguidos conventos del Carmen, La Candelaria y Santa Inés, y el edificio de las Aulas, donde existían y existen la Biblioteca y el Museo nacionales, que también quedaron al cuidado de la Universidad. Establecido el plantel, principiaron a hacerse estudios profesionales serios y metódicos, y por consecuencia cesó la anarquía que reinaba en la instrucción, hija de mal entendidas ideas democráticas. Se principiaron los estudios sobre bases sólidas, con orden clásico y riguroso, al mismo tiempo que se respetó la libertad de enseñanza en los otros institutos de educación. Desde entonces año tras año han recibido diplomas universitarios gran número de jóvenes que poseen sólida instrucción y que honran los gremios de naturalistas, médicos; jurisconsultos e ingenieros.

El Ilustrísimo Arzobispo doctor Antonio Herrán, natural de Honda, falleció, en Villeta, el 6 de febrero de 1868. Este benemérito miembro del clero colombiano, ya conocido de nuestros lectores, fue nombrado Arzobispo de Bogotá el 13 de enero de 1854, después de haber desempeñado honoríficos destinos en la Metropolitana. El 8 de noviembre de 1861 fue desterrado por el Gobierno del General Mosquera, por lo cual residió en Mompós y en Cartagena algunos meses. Hermano del General Herrán, y prelado de carácter benévolo y de gran corazón, dejó en su grey grato recuerdo que aún no se ha extinguido. En la Catedral existe un buen retrato del tercer Arzobispo de Colombia, de grandes dimensiones, pintado por el artista bogotano don Ramón Torres Méndez, y que es una de sus mejores obras. Las cenizas del señor Herrán se guardan en una cripta del templo del Carmen. Al siguiente día de la muerte del señor Herrán se encargó del Arzobispado el Ilustrísimo Vicente Arbeláez, Obispo de Magimópolis, in ~arlibus in fidelium, Coadjutor del señor Herrán, con derecho a la sucesión. Por primera vez no quedó la silla arzobispal vacante sino algunas horas.

El 1° de abril de 1868 ocupó el sillón presidencial el General Santos Gutiérrez, electo popularmente el año anterior. Fueron Secretarios de esta Administración los señores: Santiago Pérez y Antonio M. Pradilla, de Relaciones Exteriores; Miguel Samper, Julián Trujillo y Januario Salgar, de Hacienda; Ignacio Gutiérrez Vergara y Pedro Justo Berrío, notables conservadores, renunciaron la cartera del Tesoro, que fue servida por los señores Miguel Samper y Narciso González Lineros; el General Sergio Camargo aceptó el portafolio de Guerra y Marina.

Desde el 1.° de enero de 1868 desempeñaba la Gobernación del Estado de Cundinamarca el doctor Ignacio Gutiérrez Vergara, distinguido hijo de Bogotá, de quien hablamos en otros lugares. El señor Gutiérrez sostuvo lucha con la Asamblea legislativa del Estado, en la cual la mayoría liberal le era hostil. El Presidente de la República, apoyando indebidamente a dicha corporación, dispuso que las fuerzas nacionales acantonadas en la capital aprisionasen al Gobernador, lo que ejecutaron en la noche del 10 de octubre, codeando el edificio de la Gobernación (extinguido convento de franciscanos), donde se hallaba el señor Gutiérrez entre numerosos copartidarios que no podían luchar con las fuerzas veteranas de la Nación. El General Rudesindo López entró a servir la Gobernación a contentamiento del partido liberal y por sobre el querer del conservador, exaltados hasta el extremo en aquellos días. El General López gobernó hasta el l.° de enero de 1869, día en que se posesionó del destino don Justo Briceño, Gobernador electo popularmente.

Habiéndose ausentado el Presidente en los ú(timos días del año de 1868 y primeros del siguiente, entró a ejercer el Poder Ejecutivo el distinguido escritor doctor Salvador Camacho Roldán. En junio de 1869, también por ausencia del General Gutiérrez, gobernó algunos días el Designado doctor Santiago Pérez.

El 8 de abril de 1869 tuvo trágica muerte el señor Leonardo Manrique, dada por el notable escritor doctor Manuel M. Madiedo. Un hijo del doctor contrajo matrimonio, en Fernanda, se acerca a la columna que forma el ángulo del claustro, y, defendido por esa masa de piedra, sin prevenir a Madiedo, dispara sobre él su revólver. Sorprendido el doctor Madiedo, que fue herido, comprende que el instante decisivo ha llegado, y con perfecto derecho, en defensa de su vida, dispara sobre Manrique, a quien hiere en la axila derecha, único punto de su cuerpo descubierto, por la circunstancia de ser izquierdo Madiedo, y con resolución, pero sin temor y sin cólera, avanza sobre él y a pocos metros de distancia y luego en el suelo, asesta sobre Manrique los otros tiros de su revólver, con los cuales le arranca la vida. En una oficina inmediata tratan de darle auxilio a Manrique, y, con sorpresa de los presentes, encuentran bajo las ropas acolchadas que vestía, una. cota de mallas. Madiedo la ve, abre sus vestidos, y tomando un pequeño crucifijo que llevaba sobre el pecho. dice: <Vasta es mi cota de malla o La justicia y la sociedad absolvieron al doctor Madiedo.

Reinaba. agitación política en la República cuando se encargó de la. Presidencia, el 1° de abril de 1870, el General Eristorgio Salgar, bogotano. El y su ministerio, formado por los señores Felipe Zapata, de Relaciones Exteriores; J. Trujillo y C. Conto, del Tesoro; de Hacienda y Fomento, S. Camacho Roldán; y de Guerra y Marina Rafael Núñez, todos liberales, gobernaron con justicia y tolerancia y mantuvieron paz profunda en el país. Desde los buenos tiempos de la administración Mallarino, gobierno de paz y benevolencia, no había gozado la República de días de mayor calma y tranquilidad. La administración Salgar, sin compartir con los conservadores los puestos públicos, dio garantías a aquel bando vencido, hasta alcanzar justos elogios de sus adversarios al dejar el solio presidencial. Si las administraciones siguientes hubieran gobernado como lo hizo la del General Salgar, el partido liberal se habría sostenido en el poder indefinidamente en Colombia.

El 4 de junio de 1870, después de las tres de la tarde, se oyeron ruidos sordos subterráneos, y se notó agitación y desvío de la aguja magnética. A las nueve y media de la noche se sintió un fuerte sacudimiento horizontal rectilíneo en dirección S.E.-N.E. Es de notar que la mayor parte de los terremotos que han conmovido el suelo de la capital han tenido lugar en los equinoccios, tiempo en que tienen mayor intensidad las corrientes termomagnéticas.

Importantes mejoras materiales se iniciaron en aquellos tranquilos días. La Municipalidad levantó sobre el río San Francisco un buen puente de piedra y cal, de dos arcos, que unió los barrios de Las Nieves y Las Aguas en la calle 18. En las columnas de los guardalados se grabaron las siguientes inscripciones:

LA MUNICIPALIDAD DE 1870 A CRISTÓBAL COLÓN CONSTRUÍDO EN 248 DÍAS HABIENDO COMENZADO EL 12 DE OCTUBRE. DE 1870 Y costó $ 4,540.

El Poder Ejecutivo nacional promovió la construcción de un puente de hierro, rígido, también sobre el río San Francisco, en el sitio llamado hasta entonces Molino del Cribo, hoy carrera 4á; área que pertenecía a la Nación y que cedió a la ciudad. Al inaugurarse esta obra, única de su especie en Bogotá, se le dio el nombre de puente de Santander.

En El puente se lee la siguiente inscripción: CONSTRUÍDO BAJO LA DIRECCIÓN DE ABELARDO RAMOS, INGENIERO.

También se construyó entonces un puente sobre el riachuelo San Agustín, en el extremo occidental de la plaza de este nombre, debido a la iniciativa del General Sergio Camargo, Secretario de Guerra. En la clave del arco de ladrillo que lo forma se lee:

1 DE AGOSTO DE 1870 .

La Administración Salgar logró llevar a cabo dos exposiciones: la una, nacional, se abrió en el palacio de Santo Domingo; la otra, agrícola, tuvo lugar en la Quinta de Segovia, en la plaza de los Mártires. Aquellos certámenes de la riqueza y de la industria nacional contribuyeron al desenvolvimiento del comercio interior y exterior, y abrieron nuevos horizontes al trabajo y a la paz.

También emprendió el General Salgar la continuación de la obra del Capitolio nacional, .inaugurada por el General Mosquera en 1848, quien dejó los cimientos del soberbio edificio a flor de tierra. Animado el Presidente de buena voluntad, llamó a dirigir la obra a don Francisco Olaya, quien gozaba en Bogotá inmerecida fama de arquitecto. Incapaz éste de seguir los planos del Ingeniero Reed, al levantar e1 frontis principal del edificio usó de ladrillo para construir la arquería. del patio principal, rompiendo la uniformidad de la construcción, toda de piedra arenisca. Además, desconociendo las leyes de la física, levantó tan imperfectamente los salones destinados a las Cámaras legislativas, que en ellos no se oía la voz de ningún orador, y los construyó con tac poca solidez, que al presente (1891) ha tenido el Gobierno que mandarlos destruir porque amenazaban ruina. Piérdense al derribar esta parte del edificio no solamente las ingentes sumas de dinero en él empleadas, sino algunos frescos de los cielos, obra del artista italiano Darville, de difícil reemplazo.

Apenas se había construido la mitad del capitolio, hubo que destruirlo para enviar su caída parcial; erró el General Salgar, y erró de buena fe, al encargar de la obra al maestro Olaya, y tal desacierto ha sido costosísimo a la República.

Sobre le puerta central del edifico, en el fondo del patio principal, detrás de la galería de arcos enlucidos, se puso una lápida de mármol blanco, con la leyenda siguiente, escrita por don Rufino José Cuervo:

EUSTORGIO SALGAR REIP PRAES.

PUBLICA. UTILILATE. URBIS. DECORI. CONSLlLENTE. CAPITOLII. AEDIFICATIO.

XXII. ANNOS. INTERMISSA. ID. FEBRUARII, MDCCCLXXI. PROVEHEBATUR.

Habiéndose cedido por el Gobierno general a la ciudad de Bogotá el edificio y anexidades del extinguido convento de San Diego, la Municipalidad lo destinó el 11 de julio de 18Ï0 para casa de Asilo de indigentes, al cuidado de la Junta General de Beneficencia, corporación creada por ley de la Asamblea de Cundinamarca en agosto del año anterior. Se abrió el Asilo bajo la suprema inspección del Ilustrísimo Arzobispo Arbeláez, quien tomó grande interés en su incremento. Allí se recibieron, a más de los mendigos que vivía en miseria y abandono, a los locos y enajenados; de modo que la casa no fue sólo Asilo de pobres, sino también manicomio. que este el origen de la casa para locos de ambos sexos que hoy existe en la capital. Sería demasiado extenso el referir los progresos de este Asilo de beneficencia, por lo cual nos limitamos a consignar la noticia de que, siendo insuficiente el viejo local de que hablamos en el capítulo VIII, se principió a levantar en 1884 un amplio edificio de ladrillo, en forma de cruz, trazado y dirigido por el arquitecto don Julián Lombana, cuya parte alta sirve a los indigentes y la baja a los locos. La obra, hoy muy avanzada, se comenzó

siendo Síndico del Asilo el doctor don Daniel E. Coronado , y se paga con el producto de la venta de terrenos que pertenecían a la beneficencia, situados en las inmediaciones de San Diego, en Egipto y en el antiguo Molino del Cuho, hoy puente de Santander.

Durante la Administración Salgar se estableció en Bogotá la Academia Colombiana de la lengua, correspondiente de la Española. Las relaciones literarias, rotas con la madre patria desde 1810, se reanudaron en aquel año. Los colombianos éramos y somos extranjeros para los españoles, políticamente hablando; Boyacá y Ayacucho abrieron entre los dos países un abismo que jamás se colmará; los lazos políticos se rompieron para siempre. En el campo literario, los que hablamos la lengua de Calderón de la Barca, somos y seremos hermanos; la bandera de la patria es única; la de la Lengua la empuña para España y las Repúblicas hispanoamericanas Miguel de Cervantes Saavedra. En el lenguaje de las Academias de la lengua no hay extranjeros.

Don José M. Vergara y Vergara, don Miguel A. Caro y don José Manuel Marroquín, bogotanos, ilustres servidores de las letras colombianas, formaron la Junta preparatoria de la Academia Colombiana correspondiente de la Española, la cual designó como candidatos de la futura corporación a los señores Pedro Hernández Madrid, José J. Ortiz, Santiago Pérez, Manuel M. Mallarino, José Caicedo Rojas, Rufino J. Cuervo, Venancio G. Manrique, Felipe Zapata y Joaquín Pardo Vergara, los cinco últimos bogotanos. Vergara y Vergara fue el primer Director de la Academia Nacional de la lengua, cargo que cual ninguno merecía y. que desempeñó hasta su muerte, ocurrida en 1872, después de haber vivido consagrado al servicio de la patria, no larga pero sí meritoria vida.

El año de 18i2 celebraron contrato don Joaquín Martínez Escobar, Jefe Municipal, y don Nicolás Pereira Gamba y Compañía, por el cual se obligó éste a alumbrar por medio del gas la ciudad de Bogotá, en el término de tres años. Dicho contrato se modificó y adicionó en enero del siguiente año, siendo Jefe Municipal don Manuel J. Angarita, por haber encontrado el contratista invencibles dificultades para obtener en el extranjero el material necesario para montar un gasómetro. Un año después la Junta de Comercio, corporación creada por la Municipalidad y encargada de la dirección del alumbrado público y del servicio de vigilancia nocturna, quedó comisionada para determinar la colocación de los faroles. El señor Pereira Gamba, con inimitable constancia y energía. cualidades que siempre lo han distinguido, don Tomás Agnew y don Pedro G. Lynn, ciudadanos americanos, dieron principio a los trabajos de la nueva y útil empresa. Fueron los primeros empleados de ella: don Octavio Sayer, Gerente; Superintendente, don T. Agnew; Ingeniero, don Enrique Piygot; Contador, don P. G. Lynn; Contador, don Pedro Brown; y Secretario, don Ricardo S. Pereira, hijo del fundador de la empresa, joven que por sus talentos e ilustración goza desde entonces de merecida fama en Colombia. En el mes de abril de 1876 se vio por primera vez alumbrada la ciudad con luz producida por el gas de hulla. Aunque la empresa ha empleado un capital de $ 100,000, distribuído en 2,000 acciones, y aunque ha logrado construir dos gasómetros de grandes dimensiones, de los cuales se desprenden tubos de hierro para 45 cuadras, y de madera para 23, los accionistas no han derivado utilidades en metálico, pues los productos se han empleado en construcción de edificios, hornos, etc . y en la adquisición de una mina de hulla, situada en las inmediaciones de la capilla de La Peña. Como dato curioso consignamos el siguiente, que prueba el desenvolvimiento creciente de la empresa: en 1876 se consumieron 112,450 pies cúbicos de gas; en 1877, 580,000, y en 1890, 5.300,000. El señor Pereira Gamba tiene el indisputable honor de haber fundado en su ciudad natal el primer gasómetro público, hoy dirigido con habilidad por el Gerente de la empresa, don Eusebio Grau.

El doctor Manuel Murillo entró a gobernar la República por segunda vez el 1° de abril de 1872. Por vez primera el Presidente tomó posesión de la suprema Magistratura de la República en el Capitolio Nacional. Fueron nombrados Secretarios de esta Administración los señores Florentino Vesga y Gil Colunje, de Relaciones Exteriores; Aquileo Parra, de Hacienda; Ramón Santo Domingo Vila y Felipe Pérez, del Tesoro, y Manuel Abello, Eustorgio Salgar y Medardo Rivas, de Guerra.

Colocó el doctor Murillo la primera piedra de un monumento que más tarde se levantó en la Huerta de Jaime a los mártires de la patria en la guerra de la independencia, del cual trataremos detenidamente después. Durante su gobierno se principió a construir al norte de la ciudad el Panóptico, obra iniciada por el Gobernador de Cundinamarca, General Julio Barriga, en 1873. En el ángulo sureste del edificio, construido a semejanza de la Penitenciaría de Filadelfia, se puso la siguiente inscripción:

EUSTORGIO SALGAR -GOBERNADOR

DEL ESTADO COLOCO ESTA

PRIMERA PIEDRA.

BOGOTA, OCTUBRE 1° DE 1874.

El edificio, todo de piedra, en forma de cruz, tiene grandes salones adecuados para que trabajen los reclusos, local para. la guardia militar, habitación para el Director, hospital, botica, almacenes de depósito; capilla, ect. una sólida y elevada muralla rodea el edificio; aumentan su seguridad fuertes torreones que se levantan a cada diez metros y que dan severidad a aquel muro, el cual encierra innumerables dolores morales.

Ya vimos que en 1865 se había establecida en Bogotá una sucursal del Banco de Londres, Méjico y Sur América, la cual. dio mal resultado a los empresarios. El 2 de enero de 1871 se fundó el Banco de Bogotá, que ha tenido marcha floreciente y· que abrió operaciones con un activo de 47,000, 20 por 100 del capital suscrito. El último balance del Banco da las siguientes cifras: Activo: caja,  $436,105-75; cartera;

1.090,239 22I2 ; local,  $165,667-57I2 ; varios deudores, $ 20,230-17. Pasivo: capital, $ 500,000; cuentas corrientes, $ 628,313-60; depósito, $ 285,546-60; acreedores varios, $ 240, 270-37.

Este Banco ocupa la amplia y elegante casa número 266 de la carrera 8a., cómodo local que ha mejorado recientemente. Cuatro años después, el 1." de abril de 1875, abrió operaciones otro establecimiento de giro y descuento, con el nombre de Banco de Colombia, con capital nominal de $1.500,000.

El Banco de Colombia hizo construir también en la carrera 8a., número 433, un hermoso edificio dirigido por el arquitecto don Julián Lombana, fábrica que costó $ 55,000,. con elegante fachada ele piedra arenisca, cuyo primer cuerpo tiene cinco puertas, y sostiene un peristílo coronado por azotea, sostenida por cuatro columnas de orden corintio, elegante frontis, que recuerda más la fachada de un teatro que el de una casa en que habita el dios del siglo. El ultimo balance, primer semestre de 1891, da: Activo: caja, $409,660-4S : cartera, $ 1.899,146-37; local, $ 123,022-87; bienes raíces, $ 254,031-55; letras, $ 3,551-30; premio de éstas

, 2,941-40. Pasivo: capital pagado, $ 272,100; reserva, $ 50,000; billetes, $ 3,905; cuentas corrientes, $ 1.252,355-67I2, depósitos, $ 1.072,212-15; cambios, 781.

Rigiéndose por estatutos que redactó don Ricardo S. Pereira, se fundó en 1877 el Banco Popular, modesto establecimiento de giro y descuento, que tuvo próspera vida en sus primeros años, y que agoniza desde 1886 por la mala ventura de no haber escogido un cajero digno de confianza.

Existió luego el Banco de Crédito Hipotecario, fundado con capital considerable, $ 500,000, que abrió operaciones el 19 de abril de 1883. Aunque ningún establecimiento de crédito se ha fundado en el país sobre bases más sólidas, y aun cuando contaba con cuantiosos créditos en el extranjero, dos años después de fundado entró en liquidación, y no tuvo larga vida, como tampoco la tuvo el Banco de Cundinamarca, establecimiento que hizo modestas operaciones durante algunos meses.

El 11 de noviembre de 1885, y con capital suscrito de $ 160,000, abrió operaciones el Banco Internacional, siendo su Gerente don Luis G. Rivas, establecimiento que presta positivo servicio al comercio y a las clases obreras, pues por intereses de capitales confiados a él para su manejo, pagó en 1890 la s u m a d e $ 99, 850-52.

Del último balance de este Banco tomamos los siguientes datos: Pasivo: cuentas corrientes, $191,905-80; depósitos, $ 212,927-25; c réditos flotantes, $ 139-90; total, $ 1.004,974-95. Activo: obligaciones hipotecarias, $ 364,7~0-67; obligaciones personales, $ 307,946-72; letras sobre el extranjero, $ 51,494-87; caja, $ 441,759-10; total, $ 1,165,951-36.

El la de enero de 1881 fue fundado por el Gobierno general, siendo Presidente el doctor Rafael Núñez, el Banco Nacional, con capital efectivo de $ 2.000,000. El Banco tiene sus oficinas, adornadas con' lujoso mobiliario, en el palacio de Santo Domingo. Según el último balance (30 de junio de 1891), tiene el Banco: Pasivo: billetes en circulación,

1.200,000; cuentas corrientes, $ 540.005-10; depósito, v$ 419,928-05. Activo: agentes, $204,086-02I2; obligaciones, $ 349,323-87I2; créditos flotantes, $ 330,746-32I2; acciones del Ferrocarril de la Sabana, a $ 831,097-47; muebles, .$ 20,267-42I2; caja, 5295,7 $6 32I2. Además, el Gobierno debe al Banco: por. obligaciones del Gobierno, 5 13.280,4I8-70; por obligaciones. de Tesorería, $ 267,823-35; por documentos de deuda pública, $ 115,151-70.

Un hecho ocurrido el 24 de julio de 1872 despertó la pública curiosidad y tuvo por algún tiempo en expectativa a la sociedad. Vivían en la cuadra 4a. de la carrera 11, coa sus familias, el joven médico Luis Umaña Jimeno y el presbítero Juan Francisco Vargas, protagonistas en aquel día de un tremendo drama. Habitaban en una casa el , señor Umaña, natural de esta ciudad; su esposa legítima, doña Adelina González; su suegra, doña Mercedes Rodríguez, dos hijos de Umaña, su prima hermana Angelina Jimeno, y la sirvienta Guillerma Rodríguez. En la otra casa vivía el presbítero Vargas, natural de Charalá, de cincuenta y tres años de edad, de carácter completamente jovial. E1 presbítero Vargas había ocurrido varias veces adonde Umaña en solicitud de sus conocimientos científicos. que le fueron prestados con solicitud y acierto. Por tal motivo nacieron y se conservaron relaciones entre aquellos dos individuos que ejercían el sacerdocio del cuerpo y el sacerdocio del alma, predestinados a ser actores de sangriento y ruidoso drama. Gravemente enferma la suegra de Umaña, se presentó en casa de éste el presbítero Vargas ofreciendo sus servicios de amigo y de sacerdote, cumpliendo con deberes impuestos por la sociedad, la gratitud y la religión Recibido en la familia con cordialidad, desde aquel día se presentaba frecuentemente a visitarla, dedicándose con especialidad, según se. decía, al cuidado y consuelo de la enferma, a cuya cabecera en ocasiones la distraía con la música y el canto; artes que, como aficionado desde su juventud, medianamente cultivaba Estrechadas las relaciones del presbítero con la familia de Umaña, éste dio entrada a la duda en su alma. Umaña llegó una noche del mes de junio a su casa, y supo con sorpresa que su esposa y su prima se hallaban en casa del presbítero Vargas, en compañía de otras personas; después de conducirías a su casa, les prohibió que salieran sin su consentimiento, en lo que convinieron las señoras. En la noche del 20 de julio. oyó Umaña una conversación de sus sirvientes, por la cual comprendió que su señora le había desobedecido, y que aún visitaba la casa de Vargas. La duda nació de nuevo en su alma; recriminaciones y amargas discusiones tuvieron lugar. entre los esposos; violentas escenas, en que el marido ofendido busca la verdad, se suceden con loa habitantes de la casa; en ellas sabe Umaña que en su ausencia las señoras recibían a solas al presbítero Vargas; que éste había conversado con su esposa, de noche, en las ventanas de la casa, y que su prima había sido acariciada por el presbítero. Sabe luego que su señora guarda el retrato y algunas cartas que Vargas le había dirigido, y se le dice que éste se había tomado libertades con ella. Escenas indescriptiblemente amargas. se suceden entre los esposos después de aquellas revelaciones; dueña Umaña del retrato y las cartas, los enseña a la señora, quien da explicaciones que no satisfacen al jefe del hogar. Al siguiente día, después, de una noche de combate y de insomnio, aguijoneado por el espectro de los celos, presenta Umaña al presbítero Vargas el retrato y las cartas, que éste reconoce como suyas, aseverando al mismo tiempo que no habían pasado de allí las cosas, y que Umaña no tenía porqué abrigar duda, sobre la honorabilidad de su hogar. Umaña, resuelto a separarse de su esposa, prepara viaje para ausentarse de Bogotá con sus hijos En la mañana de 24 de julio se presenta Umaña en su casa con el fin de sacar a sus hijos y lo que había preparado para su viaje, y entonces su esposa, conociendo la inmensa desgracia del abandono, hizo supremo esfuerzo por convencer a Umaña de que era inocente. Nueva reyerta surge de aquella conferencia: interpelada la criada, dice que ha visto sola a la señora con el presbítero; aseveración que la esposa desmiente enérgicamente. Umaña, en el colmo de la exaltación, escribe un billete, en el cual llama al presbítero a su casa con el fin de tener una conferencia, que debían presenciar el doctor Emilio Macías Escobar y la madre de Umaña. Vargas recibe la carta, consulta su situación con el doctor Ignacio Gutiérrez Vergara, distinguido abogado y hombre de limpia conciencia, y por consejo de éste y del Ilustrísimo señor Arzobispo, don Vicente Arbeláez, le contesta a Umaña diciéndole que a las cinco de la tarde de aquel día se presentaría en su casa acompañado de un sacerdote. A las cinco en punto de la tarde llegaron a casa de Umaña el doctor Vargas y su compañero, el doctor Joaquín Pardo Vergara hoy Obispo electo de Pasto), sacerdote respetable por su saber, su virtud y su honorable familia. La señora de maña, por estar enferma, se hallaba in la cama, en reducida alcoba contigua al salón .de la casa. A la alcoba entraron Umaña, Vargas y Pardo, después de haber explicado éste su presencia en aquella conferencia íntima. El doctor Emilio M Escobar no había llevado. Allí dijo la señora de Umaña, interrogada por éste, que el presbítero Vargas había tenido indebidas libertades con ella. Umaña suplicó al doctor Pardo que saliera de 1a pieza, lo que hizo éste en efecto. Llamado segunda vez, al decir Umaña: Todo está averiguado oyó preguntar al doctor Vargas si era cierto que ;había estado largo rato a solas con la señorita Angelina, acusación a que contestó el doctor Vargas: eso no es cierto.

Entonces se arrojó Umaña sobre Vargas golpeándolo: yo creí .que fuesen bofetadas -dice el doctor Pardo Vergara- me arrojé inmediatamente, me interpuse entre Umaña y Vargas, y oí que Umaña me dijo estas palabras: y si usted se mete a defenderlo, a usted también lo mato; y en el instante sentí la herida que recibí sobre el hombro. Siguió la lucha, en la cual Umaña hería a Vargas, sin duda por sobre mi cabeza, porque creo que yo no me separé; pero favoreciendo a Umaña para herir a Vargas mi pequeña estatura. En uno de los momentos en que yo logré contener con más fuerza a Umaña, cayó Vargas quedando su cabeza muy cerca de los pies de Umaña, y aprovechándose de esta circunstancia para pisotear a Vargas en la cara y en la cabeza.

Pardo Vergara; sin atender a su herida, absuelve a Vargas, mientras que Umaña[ entra a la alcoba, donde le .dice su esposa: ¡A mí no! A usted no, le contesta, a usted el remordimiento. Umaña pide perdón al doctor Pardo de la herida que le infirió involuntariamente; Pardo le concede perdón con nobleza imponderable. Entonces Umaña toma su sombrero, y sin atender a que él mismo se había herido, se dirige a la casa consistorial a presentarse a la autoridad, a la cual cuenta lo ocurrido. En la solitaria calle cundió pronto el alarma al ver salir desfallecido al doctor Pardo. Numerosa muchedumbre llegó a las puertas de la casa, y la noticia corrió de boca en boca hasta las más apartadas calles de la ciudad. El cadáver del doctor Vargas fue trasladado al Hospital de San Juan de Dios, dónde se practicó la autopsia. El Jurado que juzgó a Umaña, compuesto de cinco ciudadanos respetables, declaró que se había cometido el delito de homicidio, que Umaña era responsable en tercer grado y autor principal, y lo condenó a sufrir algunos meses de prisión.

En 1872 se construyó en la calle 10 (de La Concepción), entre las plazas de Bolívar y del Mercado, la primera alcantarilla o albañal que se vio en Bogotá, y se cubrió el pavimento de la primera cuadra con adoquines. Estas mejoras se debieron en gran parte a la iniciativa del señor Enrique Urdaneta.

En aquellos años un deslizamiento ~3e parte de la colina de Egipto destruyó parcialmente el viejo acueducto público, construido en tiempo de la Colonia, y arruinó algunas habitaciones de aquel barrio; por fortuna el daño no cobijó el área plana situada al pie de la colina mencionada.

En la tarde del 6 de noviembre de 1872 una inmensa avenida de los riachuelos San Francisco y San Agustín causó gravísimos daños en la ciudad. Salidos de madre por consecuencia de una lluvia torrencial 'prolongada, que se descargó con violencia excepcional sobre las serranías que se levantan al oriente de la ciudad, alcanzaron un caudal de aguas suficiente para causar gravísimos daños. El San Agustín rompió los guardalados de hierro del puente del Carmen, y no cabiendo las aguas por los arcos de los puentes de Lesme y San Agustín, desbordaron e inundaron las calles y muchas casas del barrio de Santa Bárbara, cuyo nivel es algunos metros más bajo que el del resto de la ciudad. El templo y los cuarteles de San Agustín también sufrieron con la inundación. Piedras de enormes dimensiones quedaron sobre el pavimento de las calles inmediatas al riachuelo. E1 San Francisco, cuyo cauce es más profundo, no desbordó; en cambio la fuerza de la corriente destruyó algunas casas situadas en la ronda del riachuelo, que arrastró con sus habitantes y destruyó los puentes de La Filarmónica, construidos por Reed, el Nuevo y el de los Mártires, de reciente construcción. En este puente, reconstruido, se pusieron en las columnas de piedra que sostienen los guardalados las siguientes inscripciones:

LA JUNTA DEL CAMINO DE OCCIDENTE DE 1873 MIEMBROS DE LA JUNTA APARICIO ESCOBAR-RICARDO POR

TOCARRERO --MANUEL. J. DUEÑAS - INGENIERO CONSTRUCTOR MANUEL PONCE DE LEÓN.

También se levantaron en ese tiempo el puente Nuevo, oficialmente de Policarpa Salavarrieta, y el de Filadelfia, en la carrera 10, también oficialmente puente Murillo, ambos sobre el río San Francisco.

El día 3 de enero de 1873 se reunieron, a excitación del señor doctor Manuel Plata Azuero, seis distinguidos profesores de medicina con el objeto de fundar una sociedad que fomentase el estudio de las ciencia, médicas y naturales y diese solidaridad al ejercicio de la profesión médica. Patriótica fue la idea de la fundación de esta Sociedad, a la que han pertenecido y pertenecen los más distinguidos médicos y naturalistas del país, la cual vivió con esfuerzo particulares hasta el presente año de 1891, en que se inauguró como Academia Nacional de Medicina. La Sociedad fundó y ha sostenido la Revista Médica, importante publicación científica, verdadero órgano de la medicina nacional, y un museo de anatomía patológica, que diariamente se enriquece. Lo; cuarenta miembros que hoy forman la Academia son los siguientes:

Abraham Aparicio, Ricardo Amaya, Leoncio Barreto, José María Buendía, Gabriel J. Castañeda, Juan de D. Carrasquilla, Daniel E. Coronado, Julio A. Corredor, Gabriel Durán B., Carlos Esguerra, Luis Fonnegra, Pablo García Medina, Antonino Gómez; C. Proto Gómez, Aristides V. Gutiérrez, Juan David Herrera, Luis María Herrera, Pedro M. Ibáñez, José María Lombana Barreneche, Juan E. Manrique, Bernardino Medina, Carlos Michelsen U., Francisco Montoya, Guillermo Muñoz, Oscar A. Noguera, Heliodoro Ospina, Nicolás , Manuel Plata Azuero, Enrique Pardo, Policarpo Pizarro, Carlos Putnam, Rafael Rocha Castilla, Elberto de J. Roca, Alberto Restrepo, Nicolás Sáenz, Grabriel Sandino Groot, Nemesio Sotomayor, Mauricio Tamayo, Agustín Uribe y Rafael Zerda Bayór.

El doctor Santiago Pérez, electo Presidente de Colombia, tomó posesión de la alta Magistratura el 1.° de abril de 1874. Sus Secretarios fueron: de Relaciones Exteriores, Francisco de P. Rueda, por no haber aceptado el cargo don Justo Arosemena; de Hacienda, el doctor Aquileo Parra, e internamente don Rafael de Porras; del Tesoro, el doctor Nicolás Esguerra, y de Guerra y Marina, el General R. Santodomingo Vila.

La guerrilla de Guasca aumentó sus fuerzas hasta el número de más de 2,000 hombres; era en realidad un ejército; El 30 de septiembre fue acometida por parte de las fuerzas de la guerrilla de Guasca alguna tropa que conducía el General Sergio Camargo a la capital. El encuentro tuvo lugar en el Puente del Común, y no tuvo resultados; el 1 de octubre fue atacado el batallón Artillería, que venía de Soacha a la capital, al mando del Coronel José M. Arrubla, por la guerrilla del Mochrielo. en el Puente de Bosa; este combate fue desfavorable para los Guerrilleros; el 14 de octubre, en el sitio de Puertagrande, hubo un reñido tiroteo entre fuerzas de la misma guerrilla y una columna de infantería del Gobierno, y el 31 del mismo mes avanzadas de la guerrilla llegaron a las primeras calles del sur de la ciudad; perseguidos por fuerza nacional, a órdenes del General Peregrino Santacoloma, se retiraron, y habiendo regresado este jefe con la mayor parte de la fuerza a la ciudad. volvió la guerrilla a acercarse a ella y rompió fuegos contra una avanzada de caballería que se había dejado en Los Alisos. El Coronel Adolfo M. Amador, Ayudante del Estado Mayor General, salió a comandar las fuerzas del Gobierno; acometidas éstas con valor, fueron cortada., y dejaron 80 prisioneros al enemigo. Parte de la guerrilla de Guasca, que había sido derrotada por el General amargo, en el sitio del Corcel, el 3 de noviembre, atacó con 800 hombre, el 19 del mismo mes, al General Alejo Morales, que defendía el Puente del Común. Lograron los acometedores hacerse dueños de la brigada que allí custodiaban las fuerzas del Gobierno, pero no vencer a los soldados de la Guardia Colombiana, la cual hizo 40 prisioneros. En diciembre de 1876 una columna mandada por el General Camargo atacó la guerrilla del Mochuelo en Tunjuelo y en Yomasa, y obtuvo ventajas sobre las fuerzas revolucionarias; poco después una partida de la misma guerrilla atacó un destacamento que estaba en El Arenal, sin resultado ventajoso. Acometida luego esta guerrilla en el Puente de Bosa el 28 de diciembre, por parte del batallón Socorro número 2°, y un escuadrón a órdenes del General Joaquín Reyes, luchó con fortuna y logró hacer retirar las fuerzas del Gobierno hasta la ciudad, la, cuales dejaron 90 prisioneros y 13 muerto.

Cuando los sucesos de la guerra embargaban la atención pública, un acontecimiento de carácter privado, un gran crimen. semejante al cometido en 1822, del cual hablamos en las páginas 26g- 9, fijó la atención social. El 21 de diciembre de 1876 fue hallado en el extremo occidental de la calle 17, hasta entonces arrabal despoblado, un saco, sumergido a medias en un albañal, que dejaba ver una pálida y Pequeña mano. Dado el denuncio a la autoridad, fue trasladado al Hospital, para ser exhibido, el cadáver de una joven, en la primavera de la vida, muerta por estrangulación. Numeroso concurso asistió a la lúgubre cita, y varias mujeres del pueblo, con acento de convicción y de sorpresa, declararon que el cadáver era el de una joven del pueblo llamada Sagrario Morales, quien había tenido relaciones amorosas con un individuo, también hijo del pueblo, Llamado Crisóstomo Gómez, casado con Bibiana Cetina, enemiga implacable de Sagrario Morales. Reducidas a prisión todas las personas sospechosas, fueron conducidas a reconocer el cadáver. Bibiana Cetina reconoció a Sagrario Morales y dijo que ignoraba quiénes eran autores de su muerte; Fídela Cetina, hermana de Bíbiana, reconoció también el cadáver, y sin vacilación declaró que los autores de la muerte de Sagrario eran Crisóstomo Gómez, Mercedes Ramírez y una mujer Llamada Liboria; Crisóstomo Gómez, pálido y cubierto de sudor, dijo también que el cadáver era el de Sagrario Morales; Mercedes Ramírez, joven de veintidós años, declaró que conoció a Sagrario; que Crisóstomo Gómez y su esposa, Liboria Cañón, Fidela Cetina y ella misma (Mercedes) dieron muerte a Sagrario; Liboria Cañón también relató el crimen, pero, no con la veracidad que lo hizo Mercedes Ramírez, sino con la hipocresía adquirida en sesenta y dos años de vida miserable y corrompida.

Crisóstomo Gómez, nacido en San Gil, contrajo matrimonio con Bibiana Cetina en 1874. Gómez, que tenía la profesión de sirviente, tuvo relaciones amorosas con Sagrario Morales, natural del Valle de Tensa, en una casa que servían lo, dos; relaciones que le fueron reveladas a Bibiana Cetina por una costurera amiga de ésta. Bibiana, enloquecida por los celos, quiso envenenar a su marido en una fiesta de familia, en junio de 1875. Acometido de graves accidentes, en la misma casa en que servían él y Sagrario, ésta lo cuidó con esmerada solicitud, como una madre o una hermana, mientras Bibiana Cetina, llamada a presenciar la agonía de Gómez, no dio señales de sentimiento. Gómez, convaleciente, rompe en absoluto con su esposa, y alcanza que Sagrario siga su suerte, haciendo con él vida marital por algunos meses, durante los cuales Sagrario Morales, mediante rudo trabajo, llenó las necesidades de aquel ilegal hogar. Gómez visitaba a Bibiana durante aquel tiempo, con pretexto de ver a su hijo de pocos meses: pronto abandonó a Sagrario y volvió a los brazos de su esposa. El 8 de diciembre se encuentran Bibiana Cetina, Mercedes Ramírez y Sagrario Morales; una lucha tiene lugar entre las dos primeras y Sagrario, quien lleva la peor parte, aunque logra dejar algunas señales en las manos de Bibiana. Esta y Mercedes se encuentran con Gómez; allí, fríamente, convienen en dar muerte a Sagrario, buscando mercenaria mano que ejecute el crimen. Con sin igual cinismo buscan Bibiana y Mercedes una cómplice; al fin encuentran a Liboria Cañón, conocida de Bibiana desde que ésta era niña. La Cañón se comprometió por ocho pesos y algo de la ropita de 1a difunta, a faltar a todas las leyes de la moral y de la justicia; verdad inverosímil. Sagrario Morales; recibe entonces un billete de Gómez, redactado por Mercedes Ramírez, en el cual le participa que para siempre se ha separado de Bibiana, y la llama a vivir de nuevo en su compañía, es la misma habitación que ésta Alejandro. Liboria Cañón instaba por la pronta ejecución del crimen en aquel círculo de miserables. Bibiana dice entonces que es mejor flagelar a Sagrario, que el crimen la horroriza; pero Gómez, inexorable, no conviene sino en dar muerte a Sagrario; sin duda temía que ésta revelara que unos ramos que le había obsequiado habían sido robados. Sagrario conferencia con Gómez, le reprocha su ingratitud, le manifiesta temores de nuevos azares y de nuevo abandono; Gómez la acaricia, le hace ofrecimientos y le promete venturoso porvenir; Sagrario accede al fin, y Gómez, mofándose de la candidez y del cariño de la que acaba de perdonarlo, da aviso a sus cómplices, de lo que ha ocurrido. Bibiana recoge algunos objetos en su habitación, que pudieran ser sospechosos a Sagrario, y parte a casa de su hermana Fidela. El 18 de diciembre llega Sagrario a los brazos de Gómez y duerme desde esa noche en el mismo lecho de la esposa de su verdugo. Bibiana y Fidela obtuvieron las llaves de una miserable casa que estaba desocupada (hoy número 75 de la calle 17), cercana a su habitación, y entonces última de la ciudad; buscan a Mercedes Ramírez, y las tres avisan lo sucedido a Gómez y a la Cañón, y todos se reúnen, a las siete de la noche, en casa de Fidela, donde convienen en que Gómez llevará a Sagrario a la casa desocupada, a las nueve de esa noche (el 20 de diciembre). Gómez invita a Sagrario a ver la casa, la que habitarán en caso de que le agrade; ésta acepta el convite, y provista de una bujía que ha de alumbrar su muerte, vestida con su mejor traje por ruegos de Gómez, asida del brazo de éste, llega a la humilde casa. Entretanto las Cetinas, disfrazadas, y la Cañón, compran cuerdas y sacos de fique, y unidas con Mercedes Ramírez, esperan cerca de la puerta de la casa el momento convenido para entrar. La Cañón penetra la primera, fingiéndose propietaria de la habitación; Gómez invita a Sagrario a que visiten el solar segunda vez; ésta lo sigue y tras ellos camina la Cañón; Gómez tose, seña convenida con las que esperaban en la calle, se coloca tras Sagrario, la derriba, se sienta sobre el pecho de la víctima, la. Cañón cabalga sobre el vientre, Mercedes Ramírez sujeta las manos de la Morales, Fidela contempla aquella lúgubre escena, y Bibiana guarda la puerta de la calle, que había quedado abierta. La víctima no hizo resistencia: ¿qué es esto, Crisóstomo? ¿qué es esto? fue la única queja que salió de sus labios, a la cual Crisóstomo contestó: "déjenla", mientras ceñía el cuello de Sagrario con toda la fuerza de su traidora mano. El cuerpo fue trasladado al patio de la casa, donde un sollozo de la víctima hizo saber a los asesinos que su tarea no estaba terminada. Entonces Gómez pide una cuerda, ciñe con doble vuelta el cuello de Sagrario, tira de un extremo de la cuerda mientras Mercedes Ramírez lo hace del otro, entretanto que la Cañón descargaba golpes tan violentos sobre el vientre de la víctima, que allí terminó su corta existencia. La Cañón, con ferocidad sin ejemplo, levantó el cadáver de los cabellos y le dio dos bofetadas en el rostro, exclamando: ¡Para que no te vuelvas a meter en otra~ Desnudaron el cadáver casi por entero, y entre Gómez y la Cañón lo doblaron y metieron en el saco que tenían preparado, y en el instante de cerrarlo exclamó Gómez esta sarcástica despedida: ¡Adiós, mi hija! la que dio lugar a recriminaciones de Bibiana, aún presa de insensatos celos. Gómez se descalzó, colocó sobre sus espaldas el cadáver, y seguido de sus compañeras, lo llevó hasta orillas del inmediato foso, donde lo sumergieron hasta donde les fue posible la Cañón y Mercedes Ramírez. Después de tan terribles escenas Gómez obsequió con licor a sus compañeras, y luego Mercedes, Fidela, Bibiana y su esposo se dirigieron a la habitación de los últimos, donde abrieron los baúles de Sagrario con gran curiosidad. ¡Pronto dormían tranquilamente, ocupando el lecho de Sagrario, Gómez y su esposa!

En mayo de 18T7 se separó de la presidencia el doctor Parra, con licencia por noventa días, y entró a gobernar la República el General Sergio Camargo, quien ejerció el poder hasta mediados de agosto. El doctor Manuel M. Ramírez, Procurador General de la Nación, lo ejerció también en los últimos días del año de 1877, por ausencia temporal del Presidente.

A consecuencia de los sucesos militares ocurridos en Antioquia en 1877 terminó la guerra civil, y por causa de ellos las guerrillas que obraban a inmediaciones de la capital se vieron obligadas a capitular y a disolverse. E1 20 de agosto declaró el Gobierno restablecido el orden público.

Elegido popularmente Presidente de la República el General Julián Trujillo, afortunado caudillo liberal, tomó las riendas del Gobierno general el l.° de abril de 1878. Fueron sus Secretarios los señores don Rafael Núñez, de Hacienda(reemplazada por don Pablo Arosemena), don Manuel Ancízar, don Luis Carlos Rico y don Hermógenes Wilson; del . Interior y Relaciones Exteriores, los doctores Francisco J. Zaldúa y Luis Carlos Rico; del Tesoro y Crédito Nacional, los doctores Salvador Camacho Roldán y Emigdio Paláu; y de Guerra y Marina el General Ezequiel Hurtado, Manuel Amador Fierro, Andrés Cerón y Wenceslao Ibáñez.

Vencedor el partido liberal en la cruenta guerra de 1876 - 1877, volvió a dividirse a fines de este año; uno de los círculos se llamó radical, y el otro se denominó republicano. En ver- ; dad ningún principio de doctrina los dividía; cada uno sostenía sus hombres y deseaba el predominio absoluto de los suyos en el país. El partido conservador vencido se alejó de la arena política; aquella, abstención, hábilmente dirigida, permitió a las facciones liberales ahondar la valla, ya profunda, que los separaba. El bando radical, sin mostrarse hábil en combinaciones políticas, perdió durante la administración Trujillo la mayor parte de los elementos de poder que tenía en el país, que eran numerosos.

El 6 de mayo de 1878 se inauguró en Bogotá la estatua del General Francisco de P. Santander, mandada erigir por ; decreto legislativo de 6 de mayo de 1850. En 1876 votó e1., Congreso ~ 10,000 para que se fabricase en Europa una estatua pedestre del Hombre de leyes, para que fuese colocada en el centro de la antigua plaza de San Francisco, desde entonces Parque de Santander, en cuya acera norte existe la casa en donde habitó muchos años y donde falleció el ilustre hijo del Posario. La estatua es de bronce, de tamaño algo mayor que heroico, y está firmada por P. Costa, artista florentino. Tiene la cabeza descubierta, viste de militar y' calza botas altas. La capa clásica pasa bajo el brazo derecho y se sostiene sobre el hombro y brazo izquierdo, dejando por el frente descubierta la pierna del mismo lado la capa, que cubre la mayor parte de la pierna derecha, se difunde en amplios pliegues en la espalda, que dan majestad a la figura, sin que deje de notarse que está trabajada con brusquedad y dureza. Apoya la estatua la mano izquierda sobre el puño de la espada, y sostiene en la derecha un papel desenvuelto que representa la ley, y en el cual se lee: Constitución y leyes. La actitud tiene poca dignidad, por la exagerada salida de una de las articulaciones coxofemorales. Descansa la estatua sobre un pedestal de mármol blanco, sobrio y bien proporcionado, en cuyo frente hay un relieve de mármol blanco, que representa a la Justicia, a cuyo pie se lee en letras de oro superpuesta:

A SANTANDER EL HOMBRE DE LAS LEYES, LOS ESTADOS UNIDOS DE COLOMBIA, DECRETO LEGISLATIVO DE (7 DE AGOSTO DE 1850. SEMPER HONOS, NOMENQTTE TUUM, I.AUDESQUE MANEBUNT.

A los lados, grabados en bronce, se ven los escudos de la gran Colombia y de Colombia y trofeo militares. El parque tiene forma de cuadrilátero con las cuatro esquinas ochavadas, en una de las cuales, la noroeste, existió la capilla del Humilladero hasta 1877, año en que fue mandada derribar por el Gobernador de Cundinamarca, doctor Jacobo Sánchez, con el fin de construir el parque. Este tiene conjunto hermoso y atractivo, y no obstante su pequeña extensión, tiene avenidas sombrías en que hay frescura y calma. Una elegante verja, en parte fabricada en Bogotá, lo separa de las vías públicas.

Durante la administración Trujillo se terminó el monumento levantado a los mártires de la revolución de la Independencia en la plaza de este nombre, antes Huerta de Jaime, cuya primera piedra colocó el Presidente Murillo en 1872. En el centro del parque que embellece esta plaza, sobre un pedestal cuadrangular, en cuyos ángulos, sobre bases redondeadas, descansan las estatuas de la Justicia, la Paz, la Libertad y la Gloria, se eleva a 17 metros. sin incluir la base, una pirámide u obelisco cuadrangular, de un metro de base por lado, con pretensión de imitar el obelisco de Luqsor o Luxor, que embellece la plaza de la Concordia en París, o la aguja de Cleopatra que posee Londres. Por desgracia no fueron los súbditos de Ramsés Ir quienes lo construyeron, y los monumentos grecoegipcios tienen un detestable descendiente en Bogotá, tan malo, que no merece el que nos detengamos a describirlo minuciosamente.

Baste decir que es todo de piedra arenisca, y que la estatua mejor de las cuatro nombradas, es, según el doctor Januario Salgar, la de la Justicia, no por su mérito artístico, sino porque tiene el brazo corto y recogido. El monumento tiene numerosas inscripciones, en urnas funerarias, en la base del obelisco y en el pedestal, que no transcribimos por estar equivocadas con relación a la Historia.

Se terminó en aquel año el Ruente de Acebedo Gómez, en la calle 11, sobre el riachuelo San Francisco, construido con dinero del Municipio, bajo la dirección del ingeniero oficial don Rafael Estévez, siendo Alcalde don Ricardo Hin est rosa.

En enero de 1879 falleció el General Daniel Delgado, militar valiente, a la sazón Gobernador de Cundinamarca, cargo, que entró a servir el General Rudesindo López, radical como su antecesor, y como él, amigo de la tolerancia y de la paz.

Dividido el partido liberal, más hondamente que antes de la guerra de 1876, sus fracciones lanzaron dos candidatos para la presidencia de la República: los independientes al doctor Rafael Núñez; los radicales al General Tomás Rengifo, caudillo militar vencedor en una revolución localizada en Antioquia y en realidad sin antecedentes políticos y sin las dotes intelectuales de su adversario. La opinión pública condenó el fusilamiento del señor Guillermo Mac-Ewen, ocurrido en Santa Rosa de Osos por orden del General Rengifo;. desde que se tuvo conocimiento de aquel acto injustificable,. quedó perdido el nombre del General candidato en la opinión pública.

En la mañana del 21 de junio de l879 se supo con estupor que en la noche anterior había sido asesinada la señora Sofía Sarmiento de Sarmiento en su casa de Los Alisos, situada en las goteras de la ciudad, al suroeste del barrio de Santa Bárbara. La sociedad entera se sintió herida por el arma que ,privó de la vida a aquella respetable matrona. Después de la una de la mañana de la noche citada varios individuos armados, cuatro de ellos vestidos con el traje que usa la gente del ,pueblo, escalaron la casa de la señora Sarmiento y penetraron en las piezas privadas, donde se hallaba ésta preparando algún alimento a su hermana Elena, que habitaba con ella y que estaba enferma. Los asesinos llevaban la cara cubierta con pañuelos, y al encontrarse frente a 1a señora, guiados por la luz de una linterna, le dijo uno de ellos: La plata o la vida Conducida la víctima a otra pieza, le dieron muerte alevosa, infiriéndole seis heridas con puñal y otras más pequeñas, exceso de crueldad excepcional en los anales del crimen. En aquellos momentos algunos disparos se oyeron en los bajos de la casa, hechos por los cómplices sobre las sirvientas, y· alarmados los asesinos emprendieron fuga precipitada, salvando la vida, por tal circunstancia, la señora Elena Sarmiento. Se encontraron en la casa y en sus cercanías los siguientes objetos: una escalera de madera nueva, considerable número de listones, algunos rotos, que sirvieron de peldaño a una escala, una linterna y una botella de brandy ya desocupada. Dos perros, guardianes de la casa, se encontraron muertos, por haber sido oportunamente envenenados por los asesinos. .Tenues fueron las sombras que cubrieron los nombres de los bandidos que cometieron el aleve asesinato en Los Alisos: Justiniano Gutiérrez, miembro de familia distinguida y sobrino carnal de la señora Sarmiento, escaló la casa por el penúltimo balcón hacia occidente, y conocedor de los sitios y de las cerraduras, abrió la puerta que tiene aquélla sobre la galería interior, donde lo esperaban su íntimo amigo Aurelio Delgadillo, Juan Pérez, soldado en servicio, y Vicente Ramírez (alias el Indio), hombre de la última condición social. Los cuatro, con las caras cubiertas rodearon la indefensa víctima, y después de recibir el dinero que poseía, con indecible alevosía le dieron muerte violenta. Alejandro Delgadillo, hermano de Aurelio, joven que principiaba la carrera de la vida; y Rafael García; también hijo del pueblo, guardaron el jardín mientras se cometía el alevoso asesinato; ellos fueron los que dispararon contra los sirvientes de la casa que dormían en el piso bajo y que se habían levantado alarmados por inusitado ruido de pisadas en el piso superior. El proceso dio luz completa sobre el crimen, pues no obstante haber guardado reservas los criminales, el reconocimiento de las escalas y demás objetos construidos por orden de Gutiérrez y Delgadillo o comprados por ellos; el haberse comprobado que el primero envenenó los perros, y al fin la franca confesión de cinco de los reos, pues Ramírez logró salvarse de las manos de la justicia, aclararon todas las sombras que cubrieron algún tiempo lo sucedido en Los Alisos en la noche del 20 de junio. Justiniano Gutiérrez quedó convicto de haber sido el alevoso asesino, y él, Delgadillo y sus compañeros, manchados con la sangre de la virtuosa señora, llevaron también desde aquel día el estigma de ladrones. Los debates ante el Jurado fueron largos e interesantes; el acusador particular, doctor Roberto Sarmiento, y el alegato del Agente Fiscal, doctor Nicolás Pardo, conmovieron el numeroso y escogido auditorio que diariamente se reunía en el Salón de Grados a seguir las peripecias de aquel drama, único en los anales criminales del país, por ser actores en tres jóvenes de la alta clase social; durante aquellos días no se hablaba en las casas y en las calles sino del siniestro y doloroso acontecimiento que se ejecutó con alevosía, con, malicia, con crueldad, con sangre fría y con estudio y premeditación que tocan los límites de la inverosimilitud. El veredicto del Jurado fue, y tenía que ser, condenatorio; diez años estuvieron en la Penitenciaría Gutiérrez, Aurelio Delgadillo, Pérez y García; menos tiempo fue recluido Adelmo Delgadillo; todos cumplieron ya la pena impuesta por la ley, en verdad poco severa; hoy tienen dos mayores que los tormentos de la prisión: el aislamiento social y el remordimiento; el primero de estos castigos lo impone y lo hace cumplir la sociedad ofendida; la segunda, la más terrible de las penas vocales, la más grave de las expiaciones, emana de Dios, y por afortunado puede tenerse el criminal que alcance a templarlo con el arrepentimiento.

En la misma noche en que se cometió el crimen de los Adisos falleció el distinguido médico bogotano doctor Andrés M. Pardo, quien por sus talentos, su saber, su riqueza y su familia, ocupaba en la facultad médica y en la sociedad puesto preeminente y merecido.

Del 1° al 8 de abril de 1880 gobernó la República el General Trujillo, como primer Designado, teniendo por Secretario a don Luis Carlos Rico, don Emigdio Paláu, don Simón de Herrera y don Manuel Amador Fierro; en dicho día se encargó de la Presidencia el doctor Rafael Núñez. Fueron nombrados Secretarios durante esta Administración los señores Justo Arosemena, don Juan de D. Restrepo (quienes no aceptaron), don Luis Carlos Rico, don José Araújo (interinos), y don Clímaco Calderón, de Relaciones Exteriores; don Luis Carlos Rico, don José Araújo, don Clímaco Calderón y don Adolfo Vargas, de Gobierno; don Eliseo Payán, de Guerra y Marina; don Manuel Amador Fierro, don Rafael Pérez, don Ricardo Becerra y don Carlos Sáenz E., de Instrucción Pública; don Simón Herrera, del Tesoro; don José E. Otálora y don Antonio Roldán, de Hacienda; y don Gregorio Obregón y don Narciso González Linares, de Fomento. El General Wenceslao Ibáñez, electo Gobernador de Cundinamarca, había tomado posesión de su destino el primer día del año.

El 8 de septiembre partió el Presidente para la Costa Atlántica acompañado de los Secretarios de Relaciones Exteriores y de Guerra; en Bogotá simularon gobierno hasta el 9 de diciembre, fecha en que regresó el Presidente, los otros cinco Secretarios, pues en realidad nada podían hacer sin la iniciativa del jefe de la nación.

La administración Núñez fundó en Bogotá el Banco Nacional, abrió una Exposición Agrícola en 1881, y estableció los trabajos del ferrocarril de Girardot, nueva vía de fácil comunicación entre la capital y el río Magdalena. La política ocupó la atención del Gobierno durante largos meses; alma y centro el doctor Núñez de un cambio en las tradiciones y en el personal del Gobierno, se granjeó, como era natural, odios y antipatías del radicalismo vencido; alcanzó, en cambio, ovaciones de la fracción independiente y simpatías del partido conservador, alejado temporalmente de la arena política.

Proclamada la unión liberal por los más conspicuos personajes de las dos fracciones del antiguo partido de este nombre, se hizo elección de Presidente de la República, sin agitación ni lucha, en la persona del distinguido jurisconsulto bogotano doctor Francisco J. Zaldúa, cuyo limpio nombre, adquirido en larga vida de trabajo y honradez, alcanzó el honor de ser designado candidato con la aquiescencia de todos los partidos. El liberal lo buscaba como bandera de unión; el conservador estaba seguro de que el íntegro magistrado acataría todos los derechos, respetaría todas las opiniones y haría que la legalidad presidiese todos los actos del Gobierno. EL 1.° de abril de 1882 se encargó el doctor Zaldúa del Gobierno Ejecutivo; desgraciadamente, el 21 de diciembre del mismo año falleció a la una y seis minutos de la tarde, en ejercicio del poder, caso que por primera vez ocurría en la República. Constituidos en Junta los Secretarios de Estado, señores José de J. Alviar, de Gobierno; José M. (Quijano Wallis, de Relaciones Exteriores; Benjamín Noguera, de Guerra y Marina; Emigdio Paláu, de Hacienda; Felipe F. Paúl, de Fomento; Napoleón Borrero, del Tesoro; y Rufo Urueta, de Instrucción Pública, dictaron disposiciones en honor del ilustre difunto (lo que hicieron también el Gobernador de Cundinamarca, General Daniel Aldana, y la Municipalidad de Bogotá), y comunicaron el fallecimiento a la Corte Suprema de la Nación. De acuerdo con la ley se posesionó de la Presidencia el Procurador General, señor Clímaco Calderón, y ejerció el mando hasta el día siguiente, en que vistió la banda de Presidente don José Eusebio Otálora, con carácter de segundo designado.

El 19 de septiembre anterior fue atacado el Gobernador del Estado, en la calle; por un hombre- del pueblo, llamado Andrés López, quien hizo sobre el General Aldana varios tiros de revólver, uno de los cuales causó la muerte de un ayudante del Gobernador, llamado Cándido Garzón. La fracción liberal excluida del poder había formado una sociedad denominada Salud Pública, y a dicha corporación, a la cual pertenecían muchos ciudadanos respetables, se atribuyó en los primeros días la responsabilidad de aquel atentado, sin ejemplo en Colombia, donde los magistrados han vuelto a la vida privada sin que se haya atentado a su existencia, ni en las épocas de mayor exaltación política. A la luz de la fría razón un respetable Jurado condenó a López en segundo grado, teniendo en cuenta, sin duda, que éste quería vengar la prisión de un pariente, que atribuía al Gobernador, y que fue móvil para que cometiese tan grave delito; si la agitación política tuvo parte en que se llevase a cabo aquel lamentable suceso, no se probó en el juicio; además, el hecho fue severamente censurado por los órganos de la prensa política enemiga del régimen establecido.

 

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