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A la sazón, a fines de marzo, declaraba el Gobierno
español que los americanos tenían derechos de representación en las Cortes nacionales;
de sembrar cuanto la naturaleza produjera; de cultivar las artes, y de optar a toda clase
de empleos(
12
). Ya esta fraternidad oficial era tardía; los
patriotas habían jurado defender los derechos de Fernando VII, con exclusión del Consejo
de Regencia.
El
día 26 de marzo quedó terminada la Constitución;se expidió y se promulgó cuatro días
después. Fue este Código el primer eslabón de nuestro Derecho constitucional. Resultó
sobrado reglamentaria y un tanto heterogénea, pues la Comisión plural que redactó el
proyecto se inspiró, ya en la Constitución francesa del tiempo del Directorio, ya en la
de América del Norte, adaptando en lo posible esos principios a las costumbres del país,
después de largos debates.
Se estableció una monarquía con formas republicanas, y
se reconoció a Fernando VII con el título de Rey de Cundinamarca, cuando se trasladara a
Santafé de Bogotá a ejercer el Poder Ejecutivo y jurara gobernar con la Constitución,
con la separación de las ramas del Gobierno en Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial(
13
).
También
se consignó en la Constitución el principio de que cualquiera información que hiciera
el Rey, sin previa revisión y consentimiento de la Representación Nacional, debería
mirarse como una renuncia de la Corona.
En
la Constitución se consignaron varias libertades y derechos, antes desconocidos, y se
organizó el Poder Judicial.
Constituida
la Provincia, que fue conocida con los nombres de Imperio Chibcha, hasta 1538, y Nuevo
Reino de Granada, hasta 1810, ahora se le dio el nombre de Estado de Cundinamarca, para
hacer memoria de su primitiva denominación de origen indígena.
Ya
conocen nuestros lectores dos antiguos planos de Santafé de Bogotá (ver lámina 1 y
lámina 2). Sea este el lugar de exornar estas páginas con un valioso documento gráfico,
el más antiguo de la cartografía nacional que conocemos. Fue trazado por la ruda mamo de
un conquistador, hace trescientos treinta años, en tiempos en que era Jefe del Nuevo
Reino el Visitador Juan Prieto de Orellana, en el siglo XVI. Este mapa, que carece de
longitudes, conforma la aserción de Humboldt, de que hay cartas que indican los mayores o
menores conocimientos del autor, y de ninguna manera la historia de los descubrimientos,
ni del saber de los geógrafos de la época en que se hicieron.
Se debe a inteligentes investigaciones de don José M.
Pérez Sarmiento el hallazgo de este plano, la copia fotográfica y la publicación del
valioso mapa de las comarcas cuyo centro era Santafé, fundada cuarenta y seis años antes(
14
).
El
legajo del Archivo de Indias, donde se conserva el plano, tiene este título: Nueva
Granada. SantaFé. Año 1581. Plano de la Provincia de Santa Fé, sus pueblos y términos.
En
la portada de la edición oficial de la Constitución de 1811 se ve en grabado una águila
cuya cabeza sostiene una corona real, rodeada de un nimbo de gloria, como la aureola que
ponen los artistas alrededor de las cabezas de los ángeles y personas divinas, último
tributo que rendía la monarquía constitucional de Cundinamarca al trono desocupado de
Fernando VII, Rey de los cundinamarqueses, por disposición nominal que tocaba con la
ironía.
Es
lo cierto que el Estado de Cundinamarca era ya independiente en 1811, y así lo reconocía
Acebedo Gómez, Secretario de Estado, en el Mensaje que leyó en la primera sesión del
Colegio Electoral. «El 27 de febrero anterior, dijo, se vio por la primera vez en la
América Meridional un pueblo libre congregado pacíficamente por medio de una legítima
presentación,para ejercer las altas funciones de su propia soberanía.» Y antes se
había negado la entrada al territorio del Reino a don Francisco Javier Venegas, el que
llegaba con titulo de Virrey, y se habían consagrado en la Constitución cánones
republicanos. También es cierto que se respetó hábilmente el sistema monárquico para
no romper bruscamente con añejas y arraigadas costumbres, que aún podían tener más
fuerza que la nueva ley.
En la sesión del 27 de marzo eligió el Congreso a don
Jorge Tadeo Lozano presidente del Estado, y a don José María Domínguez, Vicepresidente;
el último día del mes se sancionó la Constitución, y al día siguiente, 1° de abril
de 1811, se encargó del mando el Presidente Lozano, quien la mandó guardar y cumplir en
su carácter de Jefe de un Estado libre. El mismo día dio decreto en el cual nombraba
Secretarios de Estado: para el Despacho de Gracia y Justicia designó a don José Acebedo
y Gómez, quien antes servía el cargo; y la Cartera de Hacienda y Guerra la confió a don
Gregorio Martínez Portillo, español adicto a las nuevas ideas. Don Camilo Manrique fue
nombrado Prefecto General(
15
).
Lozano
quedó, pues, haciendo las veces de Fernando VII en Santafé de Bogotá, y en són de
zumba y gracejo se le dio en algunas Provincias, rivales de Cundinamarca, el título
pomposo de Jorge I.
El
4 de abril se firmó un apéndice a la Constitución,que se publicó en folleto; y fue
promulgada por decreto que principia así:
Don
Fernando VII, por la gracia de Dios y por la voluntad y consentimiento del pueblo
legítima y constitucionalmente representado, Rey de los cundinamarqueses, etc., y a su
real nombre don Jorge Tadeo Lozano, Presidente Constitucional del Estado de Cundinamarca,
a todos los moradores, estantes y habitantes de 41, sabed: ....
Y
luego ordenaba la obediencia a la Constitución, que había sido sancionada, en cuanto a
la capital, por el Diputado bogotano don Manuel Camacho y Quesada.
El
día 7 de abril asistió Lozano, teniendo como Corte al Colegio y a todos los empleados, a
los oficios religiosos del domingo de Ramos, y ocupó por primera vez este mandatario
americano, como Jefe del Estado, la silla de los Virreyes en esa solemnidad religiosa.
Jorge
Tadeo Lozano tenía cuarenta años de edad. Nació en Bogotá, en la casa solariega de los
Marqueses de San Jorge, el 30 de enero de 1771, y se había educado en el Colegio del
Rosario, donde adquirió variados conocimientos. Con el objeto de completarlos pasó a
España, y allá estudió Ciencias Naturales en el Real Laboratorio de Madrid, hecho que
anotámos ya en la página 192. También alcanzó el grado de Capitán en la Guardia de
Corps, Cuerpo en el cual hizo la campaña del Rosellón a las órdenes del Jefe español
Conde de la Unión. Regresó a la ciudad nativa en 1797; fundó hogar dos años después;
ingresó en la Expedición Botánica; hizo parte de los Círculos literarios y de la
Sociedad Patriótica; fue Profesor de Química; redactó el Correo Curioso; colaboró en
El Semanario con memorias científicas, y se contaba entre los fundadores de la
Independencia, cuando fue escogido para ocupar la silla de Jefe del Poder Ejecutivo del
Estado de Cundinamarca.
Así las cosas, ordenaba el Consejo de Regencia, el 9 de
abril de 1811, por Real Cédula, que se procurara por medios suaves pacificar a los
revoltosos de Santafé, no empleando la fuerza sino como último recurso(
16
).
Satisfactoria y de buen augurio tuvo que ser para los
patriotas la buena nueva que recibió el Gobierno el jueves santo, 11 de abril. Baraya y
su expedición habían vencido el 11 de marzo en el campo de Palacé, en la Provincia de
Popayán, a más de dos mil quinientos realistas que mandaba el gobernador de Popayán,
don Miguel Tacón(
17
). El Coronel Antonio Baraya venció al Coronel
Tacón y ocupó a Popayán, cuyo gobierno había entregado a una Junta el vencido.
Terminadas
las ceremonias religiosas de la Semana Santa, todo fue contento y alegría y fueron
frecuentes los bailes, música y paseos. Para honrar al representante de Fernando VII y
celebrar el triunfo de Palacé, se dio baile en la casa del rico Marqués de San Jorge, en
que lucieron los bogotanos casacas bordadas, y sus mujeres e hijas, faldas y zapatos de
seda de variados colores. Los ecos del baile, donde se reunió todo lo selecto y elegante
de aquella sociedad que se transformaba, esos ruidos y esas luces, esas músicas y esos
cantos, interrumpieron por una noche el silencio ordinario de la calle de Lesmes.
El día 17 de abril de 1811 se hizo saber por bando que
el Colegio Constituyente concedía indulto y amplio
perdón a los presos políticos; y al día
siguiente el Presidente Lozano ascendió a algunos de los Jefes libertadores de Popayán y
les concedió a todos los que se distinguieron en el combate un escudo de honor, amarillo
y rojo, con esta leyenda: DEFENSOR DE LA LIBERTAD EN PALACE, el cual debían usar en el
brazo izquierdo.
Un
vate anónimo honró la memoria de los Oficiales Miguel Cabal y Manuel María Larrahondo,
los que perdieron la vida en la jornada de Palacé, con el siguiente soneto, que se
publicó en el número 14 del Semanario Ministerial:
Héroes
que con valiente bizarría
En Palacé la sangre derramasteis,
Y que a los payaneses libertasteis
De la infanda y adusta tiranía;
Yaced tranquilos, y en la tumba fría
Que con vuestros laureles fabricasteis
Recreaos en los ejemplos que dejasteis,
De patriotismo y noble valentía.
En mármoles y bronces duraderos
Esculpidas serán y eternizadas
Vuestras acciones, ínclitos guerreros.
Y más bien que otras quedarán grabadas
De nuestros corazones en el fondo
Memorias de Cabal y Larrahondo.
En la noche del 13 de marzo de 1811 había llegado a la
capital el distinguido canónigo José Cortés Madariaga, natural de Santiago de Chile,
quien hizo importante papel en la revolución de Venezuela, y más tarde figuró en
diversos sucesos de la guerra de la Independencia. Llegó a Bogotá investido de carácter
diplomático concedido por el Gobierno de Venezuela, y permaneció en esta capital hasta
el 14 de junio de 1811. La misión de Madariaga fue fácil, pues la urgente necesidad de
unirse los dos países dio origen al tratado que se firmó en Bogotá el 28, pacto en el
cual se inició la creación de la Gran Colombia. Los dos Estados se unieron para
auxiliarse en paz y en guerra, como miembros de un mismo cuerpo político(
18
).
Madariaga
escribió un Diario de su viaje de regreso, en el cual muestra dolor por separarse «de un
Gobierno y vecindario que en tres meses de amistoso trato se habían esmerado en
honrarlo.» El día 24 de abril se terminaron las sesiones del Congreso Constituyente,
cuyas labores fueron útiles y patrióticas. La Gaceta de Caracas decía poco tiempo
después que esta augusta Asamblea dio la Constitución del Estado y las primeras leyes
políticas de nuestra sociedad, apenas se comenzaba a respirar el aire puro de la
libertad, ideas idénticas a las emitidas por el Poder Ejecutivo en un mensaje.
A
mediados de mayo de 1811 comunicaba Lozano al Gobierno de Venezuela que estando rotos los
lazos que unían estos pueblos con el Gobierno de España, se había sacudido el yugo de
las autoridades coloniales. Acompañaba la Constitución de 1811 y excitaba a la unión y
al establecimiento de relaciones directas, vedadas con injusticia durante el largo
régimen colonial. En el mes siguiente se reprodujo en Caracas el interesante Diario
Político, de Camacho y Caldas, ya conocido de los lectores, como elemento precioso para
la historia de la revolución de 1810.
En
esos días se promulgó por bandos, acompañados de aparato militar, la impresión de la
Carta constitucional y la abolición de los estancos de tabaco y de aguardiente.
También
prestó al fin de mayo juramento de obediencia al Gobierno don Antonio Villavicencio,
antes Comisionado del Consejo de Regencia, y luego distinguido servidor de la
transformación política, que se acentuaba en Cundinamarca día por día.
Se
queja el cronista Caballero de que ese año fue una modesta procesión la del día del
Corpus, no obstante que el Alcalde don Andrés Otero tenía en su caja $ 200,000 en onzas
de oro, y refiere que don Antonio Leiva, Alcalde segundo, el día de la octava organizó
brillante festividad religiosa. Dice:
Salieron
contradanzas distintas de indios bravos; otra de Fontib6n; otra de la Granada, tejiendo
las cintas en caballitos, vestidos a la española antigua; otra de madamas primorosamente
vestidas a la moda; otra de niños lo mismo; gigantes, ballena, muchísimos matachines,
graciosamente vestidos; otra de caballitos; otra de pelícanos; otra de cucambas; el arca
del Testamento en su carro, tirándola dos terneros hermosamente enjaezados, con el Sumo
Sacerdote; ninfas, a cual mejores, que pasaban de treinta; el premio muy hermoso, que
pasaba de una onza de oro su valor; formación de todos los cuerpos y el acompañamiento
numeroso.
Cuenta
el cronista la riqueza de los adornos y de los altares, que hubo fuegos artificiales y que
terminó la festividad con la representación de una comedia que él califica de famosa.
Las ideas de federalismo se propagaban y hacían difícil
el ejercicio del Gobierno, hasta el extremo que el Presidente renunció el ser
representante de Fernando VII, el día 27 de junio, dimisión que no le fue admitida por
el Senado. Ultrajado el Presidente por los periódicos de oposición, repitió su renuncia
y llegó a protestar que no volvería al despacho y que prefería que lo llevasen a la
cárcel en silla de manos(
19
).
Estos
sucesos ocurrían en el mes de julio de 1811, en el cual apareció La Bagatela, periódico
redactado por don Antonio Nariño, poderoso rival del Presidente y Jefe del partido de
oposición en la capital.
En
Caracas se proclamaba el día 5 la Independencia absoluta de Venezuela, con política más
franca que la que se había seguido en el Estado de Cundinamarca; y el día 7 aprobaba el
Congreso el acta memorable(
20
). El corpulento árbol de
la Monarquía española, que cobijaba con su sombra el suelo de América, perdió ese día
una de sus ramas.
Llegó
el primer aniversario de la revolución. Por las noches hubo iluminaciones y músicas; en
los días 19 y 20, ejercicios militares, bendición de banderas, pomposas fiestas
religiosas, sermones patrióticos y salvas en la Huerta de Jaime, apartada y anchurosa
plaza donde se levantó más tarde el monumento que recuerda a los mártires de la
revolución, entre los cuales se cuentan el Presidente y machos de los patricios que
organizaron esos patrióticos festejos.
Referimos en este volumen que en 1794 se había puesto en
la cama de tormento al estudiante José María Duran por orden del Oidor Joaquín Mosquera
y Figueroa, por estar sindicado Duran de conspirador y allí transcribimos los clamores
generosos de los redactores del Diario Político. Las ideas sobre Derecho Penal se habían
transformado no solamente en América sino en la misma España. Allá expedía el Consejo
de Regencia, el 30 de mayo de 1811, Real Cédula en la cual prohibía aplicar a los
criminales los tormentos de esposas, perrillo, y otros, cualquiera que fuese su forma y
denominación, en todos los dominios españoles(
21
).
Aquí, sesenta y siete días después, el día 7 de
agosto de 1811, siguiendo las ideas del jurisconsulto revolucionario Ignacio Herrera,
quien había escrito: «el tormento debe abolirse porque lo resisten los fuertes, y sólo
sirve para los débiles»(
22
), aquí en la Plaza Mayor, y a plena luz
meridiana, tuvo lugar una escena extraña a la vez que pintoresca.
El Alcalde ordinario don Andrés Otero, acompañado de un
Escribano público, ordenó sacar a la plaza las dos camas de tormento, que se guardaban
en una pieza del caserón de la Audiencia, «para poner en tormentos a los infelices
reos,» dice el cronista(
23
).
Rodeado
el Alcalde de numeroso pueblo que aplaudía, y con el asentimiento de los presentes y de
los ausentes, hizo quemar los dos instrumentos de suplicio. Como era natural, La Bagatela
consignó el hecho y le tributó vivas alabanzas.
Las congojas y agonías de los atormentados no volvieron
a verse en Bogotá; ya vimos en las páginas citadas que Fernando VII olvidando la
cristiana disposición de la Regencia de 1811, hizo dar el cruel tormento de los perrillos
a don Juan Antonio Yandiola en 1817. «Quedó Yandiola, de sus resultas, mucho tiempo sin
poderse manejar, desconcertadas todas sus coyunturas, y lleno de dolores acerbos que lo
tenían en un martirio continuado»(
24
).
El
día 21 de agosto llegó el acta de la Independencia absoluta de Venezuela. Don José
María Carbonell y don Francisco y don Antonio Morales Galavis llevaron a la Plaza Mayor
la banda de música del Batallón Provincial y muchas docenas de cohetes. Numerosas voces
vitorearon a Caracas, al Gobierno y a la Patria. Luego pasearon muchas calles con gritos
de alegría y también con los de ¡muera la Regencia! ¡ mueran los chapetones! Estos se
ocultaron, como aconsejaba la prudencia, «que no parecía uno ni para un remedio,»
cuenta un cronista testigo de estos hechos. En este motín se hizo la proclamación
popular de la Independencia.
CONTINUAR
REGRESAR AL INDICE
(
12
) Archivo Histórico, Reales Cédulas, vol. 37.(
regresar a 12
)
(
13
) Pueden verse estudios
de la Constitución de 1811, entre otros autores, en J. M. RESTREPO, lib. cit., 100 JOSÉ
JOAQUÍN GUERRA, Nuestra primera Constitución; JOSÉ MARÍA SAMPER, Derecho Público
Interno de Colombia, 1, 47; M. A. POMBO y J. J. GUERRA, Constituciones de Colombia, I.
GUTIÉRREZ PONCE, Vida de Ignacio Gutiérrez, 70; ARTURO QUIJANO, Ensayo sobre la
evolución del Derecho Penal en Colombia, 62, y F. LOZANO Y LOZANO, Biografía de don
Jorge Tadeo Lozano.(
regresar a 13
)
(
14
) El señor Pérez
Sarmiento, Cónsul de Colombia de Cadiz, halló este plano en el Archivo de Indias de
Sevilla, en la vitrina 98, estante 2, cajón 2, legajo 2 a 17, y le dio publicidad en el
número 19 del periódico ilustrado Colombia (junio de 1914), que él fundó y que dirige
con raro acierto.(
regresar a 14
)
(
15
) Archivo Histórico,
Gobierno civil, vol. XIX.(
regresar a 15
)
(
16
) Archivo Histórico,
Reales Cédulas y Ordenes, vol. XXXVII.(
regresar a 16
)
(
17
) ANTONIO OLANO,
Popayán en la Colonia, 187. Parte de Palacé, Boletín de Historia, v. 18. El combate de
Palacé fue el segundo que se dio en la guerra de la Independencia en nuetro territorio;
ya vimos que Funes fue el primero.(
regresar a 17
)
(
18
) JOSÉ DE AUSTRIA,
Bosquejo de la Historia Militar de Venezuela, 40. JOSÉ GIL FORTOUL, Historia
Constitucional de Venezuela, I, 133. E.POSADA, Nuestro primer tratado público, Boletín
de Historia, III, 82. J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 106.(
regresar
a 18
)
(
19
) I. GUTIÉRREZ PONCE.
Vida de Ignacio Gutiérrez, 81.(
regresar a 19
)
(
20
) JOSÉ GIL FORTOUL,
Historia Constitucional de Venezuela, I, I52; BARAL RAFAEL MARÍA y DÍAZ RAMÓN, Resumen
de la Historia de Venezuela, II, 76.(
regresar a 20
)
(
21
) Archivo Histórico,
Reales Cédulas y Ordenes, vol. XXXVII.(
regresar a 21
)
(
22
) ARTURO QUIJANO, Ensayo
sobre la evolución del Derecho Penal en Colombia, 32.(
regresar
a 22
)
(
23
) J. M. CABALLERO, lib.
cit., 140. E. POSADA, El proceso de los pasquines.(
regresar a
23
)
(
24
) CARLOS LE BRUN,
Retratos políticos de la revolución de España, 303.(
regresar
a 24
)
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