CRONICAS DE BOGOTA. Tomo II
Pedro M. Ibañez
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A la sazón, a fines de marzo, declaraba el Gobierno español que los americanos tenían derechos de representación en las Cortes nacionales; de sembrar cuanto la naturaleza produjera; de cultivar las artes, y de optar a toda clase de empleos( 12 ). Ya esta fraternidad oficial era tardía; los patriotas habían jurado defender los derechos de Fernando VII, con exclusión del Consejo de Regencia.

El día 26 de marzo quedó terminada la Constitución;se expidió y se promulgó cuatro días después. Fue este Código el primer eslabón de nuestro Derecho constitucional. Resultó sobrado reglamentaria y un tanto heterogénea, pues la Comisión plural que redactó el proyecto se inspiró, ya en la Constitución francesa del tiempo del Directorio, ya en la de América del Norte, adaptando en lo posible esos principios a las costumbres del país, después de largos debates.

Se estableció una monarquía con formas republicanas, y se reconoció a Fernando VII con el título de Rey de Cundinamarca, cuando se trasladara a Santafé de Bogotá a ejercer el Poder Ejecutivo y jurara gobernar con la Constitución, con la separación de las ramas del Gobierno en Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial( 13 ).

También se consignó en la Constitución el principio de que cualquiera información que hiciera el Rey, sin previa revisión y consentimiento de la Representación Nacional, debería mirarse como una renuncia de la Corona.

En la Constitución se consignaron varias libertades y derechos, antes desconocidos, y se organizó el Poder Judicial.

Constituida la Provincia, que fue conocida con los nombres de Imperio Chibcha, hasta 1538, y Nuevo Reino de Granada, hasta 1810, ahora se le dio el nombre de Estado de Cundinamarca, para hacer memoria de su primitiva denominación de origen indígena.

Ya conocen nuestros lectores dos antiguos planos de Santafé de Bogotá (ver lámina 1 y lámina 2). Sea este el lugar de exornar estas páginas con un valioso documento gráfico, el más antiguo de la cartografía nacional que conocemos. Fue trazado por la ruda mamo de un conquistador, hace trescientos treinta años, en tiempos en que era Jefe del Nuevo Reino el Visitador Juan Prieto de Orellana, en el siglo XVI. Este mapa, que carece de longitudes, conforma la aserción de Humboldt, de que hay cartas que indican los mayores o menores conocimientos del autor, y de ninguna manera la historia de los descubrimientos, ni del saber de los geógrafos de la época en que se hicieron.

Se debe a inteligentes investigaciones de don José M. Pérez Sarmiento el hallazgo de este plano, la copia fotográfica y la publicación del valioso mapa de las comarcas cuyo centro era Santafé, fundada cuarenta y seis años antes( 14 ).

El legajo del Archivo de Indias, donde se conserva el plano, tiene este título: Nueva Granada. SantaFé. Año 1581. Plano de la Provincia de Santa Fé, sus pueblos y términos.

En la portada de la edición oficial de la Constitución de 1811 se ve en grabado una águila cuya cabeza sostiene una corona real, rodeada de un nimbo de gloria, como la aureola que ponen los artistas alrededor de las cabezas de los ángeles y personas divinas, último tributo que rendía la monarquía constitucional de Cundinamarca al trono desocupado de Fernando VII, Rey de los cundinamarqueses, por disposición nominal que tocaba con la ironía.

Es lo cierto que el Estado de Cundinamarca era ya independiente en 1811, y así lo reconocía Acebedo Gómez, Secretario de Estado, en el Mensaje que leyó en la primera sesión del Colegio Electoral. «El 27 de febrero anterior, dijo, se vio por la primera vez en la América Meridional un pueblo libre congregado pacíficamente por medio de una legítima presentación,para ejercer las altas funciones de su propia soberanía.» Y antes se había negado la entrada al territorio del Reino a don Francisco Javier Venegas, el que llegaba con titulo de Virrey, y se habían consagrado en la Constitución cánones republicanos. También es cierto que se respetó hábilmente el sistema monárquico para no romper bruscamente con añejas y arraigadas costumbres, que aún podían tener más fuerza que la nueva ley.

En la sesión del 27 de marzo eligió el Congreso a don Jorge Tadeo Lozano presidente del Estado, y a don José María Domínguez, Vicepresidente; el último día del mes se sancionó la Constitución, y al día siguiente, 1° de abril de 1811, se encargó del mando el Presidente Lozano, quien la mandó guardar y cumplir en su carácter de Jefe de un Estado libre. El mismo día dio decreto en el cual nombraba Secretarios de Estado: para el Despacho de Gracia y Justicia designó a don José Acebedo y Gómez, quien antes servía el cargo; y la Cartera de Hacienda y Guerra la confió a don Gregorio Martínez Portillo, español adicto a las nuevas ideas. Don Camilo Manrique fue nombrado Prefecto General( 15 ).

Lozano quedó, pues, haciendo las veces de Fernando VII en Santafé de Bogotá, y en són de zumba y gracejo se le dio en algunas Provincias, rivales de Cundinamarca, el título pomposo de Jorge I.

El 4 de abril se firmó un apéndice a la Constitución,que se publicó en folleto; y fue promulgada por decreto que principia así:

Don Fernando VII, por la gracia de Dios y por la voluntad y consentimiento del pueblo legítima y constitucionalmente representado, Rey de los cundinamarqueses, etc., y a su real nombre don Jorge Tadeo Lozano, Presidente Constitucional del Estado de Cundinamarca, a todos los moradores, estantes y habitantes de 41, sabed: ....

Y luego ordenaba la obediencia a la Constitución, que había sido sancionada, en cuanto a la capital, por el Diputado bogotano don Manuel Camacho y Quesada.

El día 7 de abril asistió Lozano, teniendo como Corte al Colegio y a todos los empleados, a los oficios religiosos del domingo de Ramos, y ocupó por primera vez este mandatario americano, como Jefe del Estado, la silla de los Virreyes en esa solemnidad religiosa.

Jorge Tadeo Lozano tenía cuarenta años de edad. Nació en Bogotá, en la casa solariega de los Marqueses de San Jorge, el 30 de enero de 1771, y se había educado en el Colegio del Rosario, donde adquirió variados conocimientos. Con el objeto de completarlos pasó a España, y allá estudió Ciencias Naturales en el Real Laboratorio de Madrid, hecho que anotámos ya en la página 192. También alcanzó el grado de Capitán en la Guardia de Corps, Cuerpo en el cual hizo la campaña del Rosellón a las órdenes del Jefe español Conde de la Unión. Regresó a la ciudad nativa en 1797; fundó hogar dos años después; ingresó en la Expedición Botánica; hizo parte de los Círculos literarios y de la Sociedad Patriótica; fue Profesor de Química; redactó el Correo Curioso; colaboró en El Semanario con memorias científicas, y se contaba entre los fundadores de la Independencia, cuando fue escogido para ocupar la silla de Jefe del Poder Ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

Así las cosas, ordenaba el Consejo de Regencia, el 9 de abril de 1811, por Real Cédula, que se procurara por medios suaves pacificar a los revoltosos de Santafé, no empleando la fuerza sino como último recurso( 16 ).

Satisfactoria y de buen augurio tuvo que ser para los patriotas la buena nueva que recibió el Gobierno el jueves santo, 11 de abril. Baraya y su expedición habían vencido el 11 de marzo en el campo de Palacé, en la Provincia de Popayán, a más de dos mil quinientos realistas que mandaba el gobernador de Popayán, don Miguel Tacón( 17 ). El Coronel Antonio Baraya venció al Coronel Tacón y ocupó a Popayán, cuyo gobierno había entregado a una Junta el vencido.

Terminadas las ceremonias religiosas de la Semana Santa, todo fue contento y alegría y fueron frecuentes los bailes, música y paseos. Para honrar al representante de Fernando VII y celebrar el triunfo de Palacé, se dio baile en la casa del rico Marqués de San Jorge, en que lucieron los bogotanos casacas bordadas, y sus mujeres e hijas, faldas y zapatos de seda de variados colores. Los ecos del baile, donde se reunió todo lo selecto y elegante de aquella sociedad que se transformaba, esos ruidos y esas luces, esas músicas y esos cantos, interrumpieron por una noche el silencio ordinario de la calle de Lesmes.

El día 17 de abril de 1811 se hizo saber por bando que el Colegio Constituyente concedía indulto y amplio perdón a los presos políticos; y al día siguiente el Presidente Lozano ascendió a algunos de los Jefes libertadores de Popayán y les concedió a todos los que se distinguieron en el combate un escudo de honor, amarillo y rojo, con esta leyenda: DEFENSOR DE LA LIBERTAD EN PALACE, el cual debían usar en el brazo izquierdo.

Un vate anónimo honró la memoria de los Oficiales Miguel Cabal y Manuel María Larrahondo, los que perdieron la vida en la jornada de Palacé, con el siguiente soneto, que se publicó en el número 14 del Semanario Ministerial:

Héroes que con valiente bizarría
En Palacé la sangre derramasteis,
Y que a los payaneses libertasteis
De la infanda y adusta tiranía;
Yaced tranquilos, y en la tumba fría
Que con vuestros laureles fabricasteis
Recreaos en los ejemplos que dejasteis,
De patriotismo y noble valentía.
En mármoles y bronces duraderos
Esculpidas serán y eternizadas
Vuestras acciones, ínclitos guerreros.
Y más bien que otras quedarán grabadas
De nuestros corazones en el fondo
Memorias de Cabal y Larrahondo.

En la noche del 13 de marzo de 1811 había llegado a la capital el distinguido canónigo José Cortés Madariaga, natural de Santiago de Chile, quien hizo importante papel en la revolución de Venezuela, y más tarde figuró en diversos sucesos de la guerra de la Independencia. Llegó a Bogotá investido de carácter diplomático concedido por el Gobierno de Venezuela, y permaneció en esta capital hasta el 14 de junio de 1811. La misión de Madariaga fue fácil, pues la urgente necesidad de unirse los dos países dio origen al tratado que se firmó en Bogotá el 28, pacto en el cual se inició la creación de la Gran Colombia. Los dos Estados se unieron para auxiliarse en paz y en guerra, como miembros de un mismo cuerpo político( 18 ).

Madariaga escribió un Diario de su viaje de regreso, en el cual muestra dolor por separarse «de un Gobierno y vecindario que en tres meses de amistoso trato se habían esmerado en honrarlo.» El día 24 de abril se terminaron las sesiones del Congreso Constituyente, cuyas labores fueron útiles y patrióticas. La Gaceta de Caracas decía poco tiempo después que esta augusta Asamblea dio la Constitución del Estado y las primeras leyes políticas de nuestra sociedad, apenas se comenzaba a respirar el aire puro de la libertad, ideas idénticas a las emitidas por el Poder Ejecutivo en un mensaje.

A mediados de mayo de 1811 comunicaba Lozano al Gobierno de Venezuela que estando rotos los lazos que unían estos pueblos con el Gobierno de España, se había sacudido el yugo de las autoridades coloniales. Acompañaba la Constitución de 1811 y excitaba a la unión y al establecimiento de relaciones directas, vedadas con injusticia durante el largo régimen colonial. En el mes siguiente se reprodujo en Caracas el interesante Diario Político, de Camacho y Caldas, ya conocido de los lectores, como elemento precioso para la historia de la revolución de 1810.

En esos días se promulgó por bandos, acompañados de aparato militar, la impresión de la Carta constitucional y la abolición de los estancos de tabaco y de aguardiente.

También prestó al fin de mayo juramento de obediencia al Gobierno don Antonio Villavicencio, antes Comisionado del Consejo de Regencia, y luego distinguido servidor de la transformación política, que se acentuaba en Cundinamarca día por día.

Se queja el cronista Caballero de que ese año fue una modesta procesión la del día del Corpus, no obstante que el Alcalde don Andrés Otero tenía en su caja $ 200,000 en onzas de oro, y refiere que don Antonio Leiva, Alcalde segundo, el día de la octava organizó brillante festividad religiosa. Dice:

Salieron contradanzas distintas de indios bravos; otra de Fontib6n; otra de la Granada, tejiendo las cintas en caballitos, vestidos a la española antigua; otra de madamas primorosamente vestidas a la moda; otra de niños lo mismo; gigantes, ballena, muchísimos matachines, graciosamente vestidos; otra de caballitos; otra de pelícanos; otra de cucambas; el arca del Testamento en su carro, tirándola dos terneros hermosamente enjaezados, con el Sumo Sacerdote; ninfas, a cual mejores, que pasaban de treinta; el premio muy hermoso, que pasaba de una onza de oro su valor; formación de todos los cuerpos y el acompañamiento numeroso.

Cuenta el cronista la riqueza de los adornos y de los altares, que hubo fuegos artificiales y que terminó la festividad con la representación de una comedia que él califica de famosa.

Las ideas de federalismo se propagaban y hacían difícil el ejercicio del Gobierno, hasta el extremo que el Presidente renunció el ser representante de Fernando VII, el día 27 de junio, dimisión que no le fue admitida por el Senado. Ultrajado el Presidente por los periódicos de oposición, repitió su renuncia y llegó a protestar que no volvería al despacho y que prefería que lo llevasen a la cárcel en silla de manos( 19 ).

Estos sucesos ocurrían en el mes de julio de 1811, en el cual apareció La Bagatela, periódico redactado por don Antonio Nariño, poderoso rival del Presidente y Jefe del partido de oposición en la capital.

En Caracas se proclamaba el día 5 la Independencia absoluta de Venezuela, con política más franca que la que se había seguido en el Estado de Cundinamarca; y el día 7 aprobaba el Congreso el acta memorable( 20 ). El corpulento árbol de la Monarquía española, que cobijaba con su sombra el suelo de América, perdió ese día una de sus ramas.

Llegó el primer aniversario de la revolución. Por las noches hubo iluminaciones y músicas; en los días 19 y 20, ejercicios militares, bendición de banderas, pomposas fiestas religiosas, sermones patrióticos y salvas en la Huerta de Jaime, apartada y anchurosa plaza donde se levantó más tarde el monumento que recuerda a los mártires de la revolución, entre los cuales se cuentan el Presidente y machos de los patricios que organizaron esos patrióticos festejos.

Referimos en este volumen que en 1794 se había puesto en la cama de tormento al estudiante José María Duran por orden del Oidor Joaquín Mosquera y Figueroa, por estar sindicado Duran de conspirador y allí transcribimos los clamores generosos de los redactores del Diario Político. Las ideas sobre Derecho Penal se habían transformado no solamente en América sino en la misma España. Allá expedía el Consejo de Regencia, el 30 de mayo de 1811, Real Cédula en la cual prohibía aplicar a los criminales los tormentos de esposas, perrillo, y otros, cualquiera que fuese su forma y denominación, en todos los dominios españoles( 21 ).

Aquí, sesenta y siete días después, el día 7 de agosto de 1811, siguiendo las ideas del jurisconsulto revolucionario Ignacio Herrera, quien había escrito: «el tormento debe abolirse porque lo resisten los fuertes, y sólo sirve para los débiles»( 22 ), aquí en la Plaza Mayor, y a plena luz meridiana, tuvo lugar una escena extraña a la vez que pintoresca.

El Alcalde ordinario don Andrés Otero, acompañado de un Escribano público, ordenó sacar a la plaza las dos camas de tormento, que se guardaban en una pieza del caserón de la Audiencia, «para poner en tormentos a los infelices reos,» dice el cronista( 23 ).

Rodeado el Alcalde de numeroso pueblo que aplaudía, y con el asentimiento de los presentes y de los ausentes, hizo quemar los dos instrumentos de suplicio. Como era natural, La Bagatela consignó el hecho y le tributó vivas alabanzas.

Las congojas y agonías de los atormentados no volvieron a verse en Bogotá; ya vimos en las páginas citadas que Fernando VII olvidando la cristiana disposición de la Regencia de 1811, hizo dar el cruel tormento de los perrillos a don Juan Antonio Yandiola en 1817. «Quedó Yandiola, de sus resultas, mucho tiempo sin poderse manejar, desconcertadas todas sus coyunturas, y lleno de dolores acerbos que lo tenían en un martirio continuado»( 24 ).

El día 21 de agosto llegó el acta de la Independencia absoluta de Venezuela. Don José María Carbonell y don Francisco y don Antonio Morales Galavis llevaron a la Plaza Mayor la banda de música del Batallón Provincial y muchas docenas de cohetes. Numerosas voces vitorearon a Caracas, al Gobierno y a la Patria. Luego pasearon muchas calles con gritos de alegría y también con los de ¡muera la Regencia! ¡ mueran los chapetones! Estos se ocultaron, como aconsejaba la prudencia, «que no parecía uno ni para un remedio,» cuenta un cronista testigo de estos hechos. En este motín se hizo la proclamación popular de la Independencia.

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( 12 ) Archivo Histórico, Reales Cédulas, vol. 37.( regresar a 12 )

( 13 ) Pueden verse estudios de la Constitución de 1811, entre otros autores, en J. M. RESTREPO, lib. cit., 100 JOSÉ JOAQUÍN GUERRA, Nuestra primera Constitución; JOSÉ MARÍA SAMPER, Derecho Público Interno de Colombia, 1, 47; M. A. POMBO y J. J. GUERRA, Constituciones de Colombia, I. GUTIÉRREZ PONCE, Vida de Ignacio Gutiérrez, 70; ARTURO QUIJANO, Ensayo sobre la evolución del Derecho Penal en Colombia, 62, y F. LOZANO Y LOZANO, Biografía de don Jorge Tadeo Lozano.( regresar a 13 )

( 14 ) El señor Pérez Sarmiento, Cónsul de Colombia de Cadiz, halló este plano en el Archivo de Indias de Sevilla, en la vitrina 98, estante 2, cajón 2, legajo 2 a 17, y le dio publicidad en el número 19 del periódico ilustrado Colombia (junio de 1914), que él fundó y que dirige con raro acierto.( regresar a 14 )

( 15 ) Archivo Histórico, Gobierno civil, vol. XIX.( regresar a 15 )

( 16 ) Archivo Histórico, Reales Cédulas y Ordenes, vol. XXXVII.( regresar a 16 )

( 17 ) ANTONIO OLANO, Popayán en la Colonia, 187. Parte de Palacé, Boletín de Historia, v. 18. El combate de Palacé fue el segundo que se dio en la guerra de la Independencia en nuetro territorio; ya vimos que Funes fue el primero.( regresar a 17 )

( 18 ) JOSÉ DE AUSTRIA, Bosquejo de la Historia Militar de Venezuela, 40. JOSÉ GIL FORTOUL, Historia  Constitucional de Venezuela, I, 133. E.POSADA, Nuestro primer tratado público, Boletín de Historia, III, 82. J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 106.( regresar a 18 )

( 19 ) I. GUTIÉRREZ PONCE. Vida de Ignacio Gutiérrez, 81.( regresar a 19 )

( 20 ) JOSÉ GIL FORTOUL, Historia Constitucional de Venezuela, I, I52; BARAL RAFAEL MARÍA y DÍAZ RAMÓN, Resumen de la Historia de Venezuela, II, 76.( regresar a 20 )

( 21 ) Archivo Histórico, Reales Cédulas y Ordenes, vol. XXXVII.( regresar a 21 )

( 22 ) ARTURO QUIJANO, Ensayo sobre la evolución del Derecho Penal en Colombia, 32.( regresar a 22 )

( 23 ) J. M. CABALLERO, lib. cit., 140. E. POSADA, El proceso de los pasquines.( regresar a 23 )

( 24 ) CARLOS LE BRUN, Retratos políticos de la revolución de España, 303.( regresar a 24 )