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CAPÍTULO XXXIX
El jesuita VizcardoPrimeras eleccionesHonores a patriotasOtros en
libertadEnrique AmañaArmamentos La Municipalidad popular-Otra vez
González Llórente-Pe contra un ObispoCariñoEl CongresoSu
instalación- -DivergenciasAcción de gracias-Regreso de
desterrados-EleccionesFin del año1811Año
nuevoAlcaldesDisidenciasPrimera fábrica de papel-Energías del
GobiernoSecretarías. Medidas políticas MiliciasPrisionesEl
Colegio Electoral ConstituyenteCuerpo EjecutivoIdeas en
bogaJuramento-Expedición para Mariquita-Reclamo de NariñoDerechos para los
americanosConstitución de 1811Nombres del paísAntiguos planos de estas
comarcas. Fernando VII, Rey de CundinamarcaSoberanía nacional-Jorge T. Lozano,
PresidenteSus méritos-Real CédulaTriunfo de
PalacéRegocijosPoesíaPrimer Tratado públicoFin del Congreso de
1811Amistades con Venezuela-BandosEl Corpus de 1811-Política-La
BagatelaIndependencia de Venezuela20 de julio de 1811Se queman las camas
de tormento-Ovación a Caracas-Nariño, GobernadorBuenas noticias
políticasRevoluciónCaída de LozanoNariño, Presidente.
ResidenciaCuerpo de ingenieros--EjércitoActa de federaciónCentralistas
y federalistas- Periódicos y folletos-PoesíasJosé Miguel Montalvo-Para
campañaProvincias Unidas de Nueva GranadaUna
comisiónIndultoExpulsión del Arzobispo SacristánOpúsculo
federalistaMuerte del arquitecto Pérez de PetrezColegio Electoral-Relación
de Nariño-Fiestas civiles-Pobre musa patriótica-Periodismo políticoNariño,
filósofo-Desavenencias, rivalidades y anarquíaRealización de la Independencia.
AL
comenzar el mes de noviembre de 1810 se dio cabida en las páginas del Aviso al Público a
la célebre carta del jesuita Vizcardo y Guzmán, en favor de los derechos de los
americanos, que ya mencionamos en la página 36 de
este volumen.
El
día 6 las elecciones para Diputados por Santafé al Congreso General del Reino
favorecieron al bogotano don Manuel 13. Alvarez, Vocal de la Junta y miembro del Cuerpo
Ejecutivo, destino que debía servir tres años, gozando del sueldo de $ 4,000. Alvarez
era tenido por sujeto de profunda sabiduría y acendrado patriotismo, y pertenecía a
familia patricia de esta ciudad. El correspondió al honor publicando un soneto alusivo al
hecho: cuyos primeros versos decían:
Mi
corazón herido y traspasado
Del más vivo dolor, de un cruel tormento,
Fluctúa en el pecho sin hallar momento
Que alivie su pesar y su cuidado.
A
José Miguel Pey se le concedió el título de Teniente Coronel con grado de Coronel; se
le puso guardia de honor, y el día 8 se levantó un tablado frente a su casa de
habitación, en la calle 11, donde se festejó con músicas al patriota.
El
mismo día la Junta Suprema publicó una declaración en favor de Antonio Villavicencio,
para borrar la mala impresión que hubieran podido producir unos pasquines en que se le
denigraba injustamente, se le llamaba « americano traidor» y se le amenazaba con muerte
a palos.
Desde
mediados de agosto habían sido aprisionados los patriotas J. M. Carbonell, M. García y
J. E. Pontón, acusados de haber presidido el motín contra los exVirreyes. El 8 de
noviembre fueron puestos en libertad, después de sustanciada la causa, de la cual fue
Fiscal don Joaquín Ortiz Nagle. Se les declaró inocentes y de buena reputación y fama.
El
Vicepresidente Pey expidió el 9 de noviembre, en nombre del Rey, despacho de Coronel del
Regimiento de
Zipaquirá a don Enrique Umaña, el antiguo compañero de Nariño. Debemos notar que tanto
así se transigía, en las fórmulas oficiales, con el régimen caído.
El
mismo Pey, de acuerdo con la Junta, confió al maestro armero Mariano Chillán la
comisión de reparar las armas del parque de la artillería, y la de fabricar veinte
pedreros con los metales sobrantes de la Administración de aguardientes.
El
día 12 se sentó la primera acta del Cabildo, el cual había estado incorporado en la
Junta Suprema desde el 20 de julio. Firmaron esta acta de la primera junta de la
Municipalidad republicana, Francisco Fernández Heredia, José María Domínguez, José
Ortega, Fernando Benjumea, Jerónimo Mendoza y el Secretario Eugenio Martín Melendro.
Con
fecha 14 se declaró indemne, inocente y buen vecino al español José González Llorente,
el mismo de la paliza de los Morales, quien hasta ese día había permanecido en la
cárcel cerca de seis meses. Volvió a su casa de la primera Calle Real; nuevamente se
entregó al cuidado de su familia, y amparado por la resolución gubernamental, que no
alcanzó a calificarlo de buen ciudadano aunque sí de buen vecino, reabrió
su tienda de comercio. El grabado que exorna la página anterior es un retrato de las
casas de la primera Calle Real en los días de la Independencia. La puerta marcada con la
letra A era la tienda de Llorente; el balcón que se ve en el centro, y que aún existe,
fue el de la casa del Fiscal Moreno y Escandón: en estos años habitaba el caserón don
Lorenzo Marroquín de la Sierra, yerno del conocido Fiscal.
El
Vicepresidente Pey escribía oficialmente el 21, al Obispo de Cuenca, rechazando sus
pretensiones. En esta larga comunicación le decía, entre otras cosas:
Los
americanos, señor Obispo de Cuenca, son unos hombres tan libres como los españoles
europeos, y pueden y deben establecer un Gobierno, siempre que así lo pidan sus
necesidades, como ya lo han exigido impenosamente en la desgraciada situación en que se
halla la Península Esta doctrina, nueva para los tiranos y déspotas, sólo puede ser
desconocida igualmente para sus satélites, que violadores de los sagrados derechos del
hombre quebrantan las leyes que grabó Dios en su corazón, y haciendo tal vez una doble
injuria a su piedad, se valen del pretexto de una santa religión, que condena ella, la
primera, la esclavitud, para derramar la miseria y la desolación sobre sus hijos(
1
).
El
8 de diciembre volvió a Santafé Antonio Nariño,que había sufrido larga prisión en los
calabozos de las cárceles de Cartagena, durante esos tempestuosos días.
Poco
después, el 21, se avisó por bando que se iba a instalar el Congreso. La instalación de
este Cuerpo era el sueño dorado de los revolucionarios, que creían que sería la panacea
que curaba todos sus males.
Don
Emigdio Benítez y don Sinforoso Mutis recibieron la comisión de conseguir y arreglar
casa para las sesiones del Congreso, y tomaron en arrendamiento la que pertenecía a las
monjas de La Enseñanza, situada en el ángulo noreste de la antigua calle de La Catedral,
o sea en el cruzamiento, según la actual nomenclatura, de la carrera 6a y la calle 11,
hoy elegantes construcciones modernas. El régimen republicano, como se ve, carecía de
locales para el servicio de las nuevas oficinas que tenía necesidad de instalar.
El
día 22 tuvo lugar la instalación del Cuerpo, acto que se celebró con salvas de
artillería y honores militares hechos por la fuerza pública. Concurrieron al Cabildo los
Jefes y Oficiales de las tropas y todos los sujetos de primera distinción. Apenas había
seis Diputados por las siguientes Provincias libres: Andrés Rosillo, por la del Socorro;
Manuel Campos, por la de Neiva; Manuel Bernardo Alvarez, por la de Santafé; Camilo
Torres, por la de Pamplona; León Armero, por la de Mariquita, e Ignacio Herrera, por la
de Nóvita. José Miguel Pey instaló ese Congreso. Juraron los Diputados proteger y
conservar la Religión Católica, sostener los derechos de Fernando VII, usurpados por
Napoleón y su hermano José, y dice el acta «en defecto de su restitución
pacífica, libre y absoluta, al trono de España y a una dominación constitucional,
DEFENDER LA INDEPENDENCIA Y SOBERANIA DE ESTE REINO contra toda agresión o persecución
externa, no reconociendo, entretanto, otra autoridad que la que han depositado los pueblos
y Provincias en sus respectivas Juntas Provinciales y la que van a constituir en el
Congreso General del Reino.» Excluyeron en absoluto al Consejo de la Regencia de Cádiz,
y toda autoridad de España o de América que se constituyera sin expresa aprobación y
consentimiento del Nuevo Reino.
Se
dieron en esta primera Asamblea Legislativa disposiciones tendientes a mejorar la
condición de las cárceles; se conmutó la pena de muerte a que estaban sentenciados en
el Socorro el exCorregidor Antonio Fominaya y Mariano Monroy, por causa política.
El
Presidente fue M. 13. Alvarez, y Secretarios, Antonio Nariño y Crisanto Valenzuela.
Por desgracia, divergencias de opiniones hicieron que los
trabajos del Congreso, que se llamaba serenísimo, no diesen resultado favorable.
Opiniones encontradas separaron a algunos de los Diputados, y la Asamblea se disolvió dos
meses después de instalada, sin dejar nada práctico y útil(
2
).
El
23 de diciembre de 1810 hubo función religiosa de gracias, a la cual asistieron la Junta
y el Congreso. Al Presidente de éste se le tributaron todos los honores que antaño se
hacían al Virrey.
En
los últimos días del año regresaron los patriotas Joaquín Ricaurte y Juan N. Estévez,
presbítero, que se habían visto compelidos a huir por las persecuciones del Gobierno
colonial, como Jefes revolucionarios.
Entonces
se publicó el Reglamento formado por la Junta para facilitar la elección de Municipales,
en forma popular. Abolidos los empleos vendibles y renunciables del Cabildo, se dispuso
que los vecinos de los barrios eligieran miembros de Juntas Provinciales y que estas
Juntas hicieran la elección de Regidores. Estas funciones electorales, concedidas al
pueblo soberano, antes eran ejercidas, como hemos visto, por el Rey o por sus
representantes.
El
último día del año los guardias nacionales hicieron función pública con música
militar, en honor de don Manuel Bernardo Alvarez, Presidente del Congreso, y «llevaron al
víctor dos ninfas primorosamente vestidas, en carro triunfal, con muchas luces y pólvora
en abundancia,» cortejo que fue acompañado por la Oficialidad.
Al finalizar el año de 1810 la situación política era
angustiada y la suerte de la revolución más que precaria. En las costas del Caribe sólo
Cartagena defendía la causa patriótica. En el Sur, Tacón se preparaba para debelar los
revolucionarios del Cauca. Antioquia descuidaba prepararse para la defensa. En la capital
y en las Provincias del Centro y del Norte, se discutían utopías políticas y no se
tomaba ninguna medida eficaz para conjurar los próximos peligros(
3
).
Apenas
implantada la idea republicana, tuvo como compañeras, hijas de la inexperiencia de
nuestros abuelos, a la discordia y a la anarquía.
El
1° de enero de 1811 leían los santafereños un folleto, escrito y publicado por Caldas,
que contenía el Almanaque del Nuevo Reino de Granada para 1881, en el cual se detallaban
los eclipses de sol y de luna de un modo claro, no usado hasta entonces en los almanaques
de pliego.
El
Cabildo popular eligió Alcaldes a don Andrés Otero y a don Antonio Leiva, Capitán de
milicias, ambos americanos, y opinó que en las demás poblaciones no debía haber sino un
solo Alcalde, en vez de dos, como se usaba en el régimen colonial.
El
papel, usado en China y en Egipto desde tiempos antiquísimos e introducido a España por
los árabes en el siglo VIII, llegaba a la América española, fabricado en la Metrópoli,
pues estaban prohibidas las fábricas en América. En el tiempo de que hablamos, la resma
de papel de imprenta valía en Santafé veintiséis pesos fuertes. Nuestros historiadores
no mencionan el nombre del fundador de las fábricas de papel en Bogotá. En el periódico
Aviso al Público, número 16, de enero 1811, encontramos la nueva de que don Juan
Bautista Estévez, allí calificado de noble, hábil y distinguido patriota, presentó a
la Suprema Junta una muestra de papel fabricado por él en Santafé, primera
manifestación de esta industria en los Reinos de América, dice el periódico citado en
su página 150.
El 19 de enero el Vicepresidente Pey le decía a la Junta
realista de Santa Marta que los pueblos del centro del país no desconocían a su
legítimo Soberano, pero que no se sometían a autoridades arbitrarias que querían
escudarse con tan augusto nombre sin consentimiento de los americanos(
4
).
El
Secretario de Gracia y Justicia, Acebedo Gómez, organizó su Secretaría con el Oficial
Mayor Gregorio Martínez Portillo y con el Oficial Antonio Margallo. Martínez Portillo
ascendió a Secretario de Hacienda y Guerra, y don Juan Ronderos fue nombrado Relator de
las dos Salas.
El
Cuerpo Ejecutivo reconoció el 25 que el «gran pueblo de la capital» tenía la plenitud
de los derechos naturales para la elección de los individuos que debían ejercer
autoridad, y comisionó a los beneméritos ciudadanos J. M. del Castillo, L. E. de Azuola,
J. T. Lozano y M. Tobar para redactar un proyecto de constitución sobre los principios de
un sistema liberal representativo.
La Junta publicó un bando el día 28, unida al Poder
Ejecutivo y en nombre de Fernando VII, con absoluta independencia del Consejo titulado de
Regencia y de cualquiera otra autoridad. Tenía por principal objeto la promulgación de
ese Acuerdo, protestar contra el Tirano, o sea Napoleón I; contra sus ejércitos y sus
estandartes, y desconocer de manera resuelta y absoluta al Supremo Consejo de Regencia(
5
).
En
los primeros días de febrero de 1811 se ordenó que se alistasen todos los hombres, desde
la edad de quince años hasta la de cuarenta, y se dispuso que a los que no tomaran
servicio o no apoyaran al Gobierno, se les daría pasaporte para que desocuparan la
comarca. Para alojar a las nuevas milicias patriotas se señaló como cuartel las ruinas
del primitivo Palacio de los Virreyes, situado, como queda dicho, en la acera sur de la
plaza principal.
El
día 18 fueron aprehendidos don José María Gutiérrez (alias El Fogoso) y el poeta José
María Salazar, a quienes se acusaba de haber escrito a la Costa Atlántica excitando a
los patriotas a que resistieran, hasta con la fuerza de armas, a las órdenes de la Junta
de Santafé.
Al
día siguiente se congregaron los padres de familia de la capital y se reunieron en sendos
edificios de los cuatro barrios, con el objeto de hacer la elección de miembros del
Colegio Constituyente. Reunida esta Asamblea el 27 de febrero, fue su Presidente don Jorge
Tadeo Lozano y su Vicepresidente don Fernando Caicedo y Flórez. Todos concurrieron a La
Catedral, a la misa del Espíritu Santo, antes de principiar sus tareas. El cargo de
Secretarios se confié a Camilo Torres y a Fruto Joaquín Gutiérrez.
El
Colegio se declaró Constituyente y se dio el tratamiento de Alteza Serenísima. El acta
de instalación, firmada el 28 de febrero, empieza por estas palabras:
Don
Fernando VII, por la gracia de Dios, Rey de España y de las Indias, y en su real nombre,
el Poder Ejecutivo, autorizado interinamente, a todos los que los presentes vieren y
entendieren, hace saber. . . . (
6
).
Dice
el acta que el Colegio se ocuparía en sancionar una Constitución y que se obligaba a
defender la Religión; los derechos de Fernando VII, cuando estuviera libre de todo
influjo y poder extraño, y la libertad del pueblo, independiente del Consejo de Regencia
y de las Cortes españolas. Reasumió los derechos de soberanía de los pueblos que
estaban por él representados, y reconoció el derecho interino de seguir ejerciendo los
diversos cargos públicos a los individuos que los desempeñaban. Declaró que la Suprema
Junta cesaba en su autoridad. Todas estas disposiciones fueron mandadas obedecer por el
Poder Ejecutivo, que estaba formado por los señores Pey, Juan N. Lago, Jerónimo Mendoza
y Jose Ortega.
Este
Cuerpo Ejecutivo renovaba su personal cada tres meses, desde octubre de 1810, con
excepción del Vicepresidente Pey, quien lo presidía(
7
).
Ya no dominaba el apasionado y estrecho espíritu
regional y el patriotismo de campanario, sino amplio y generoso patriotismo nacional.
Algunas Provincias como Pasto, Panamá y Santa Marta, eran hostiles a la revolución y
estaban dominadas por los realistas; y otras estaban empeñadas ya en la guerra y por eso
apartadas del movimiento común, y no tuvieron representantes en el Colegio, asamblea
popular en la cual brillaron por sus luces y talentos Torres, Fruto Gutiérrez, Miguel
Pombo, Gutiérrez Moreno y otros patriotas beneméritos(
8
).
El
Presidente Lozano abrió las sesiones con un brillante discurso, del cual tomamos unas
frases, que pintan las ideas que reinaban en esa época. Refiriéndose a Carlos y dijo:
Este
grande Emperador, digno de compararse con los mayores héroes, sucedió a sus abuelos los
Reyes Católicos; reunió la España bajo un sólo cetro; le agregó coronas heredadas;
domo a sus enemigos con las armas; contuvo a sus émulos con la política; despreció los
rayos del Vaticano, para reducir a sus justos límites la autoridad del Papa(
9
).
El
Vicepresidente Caicedo, el Arcediano Juan B. Pey, fray Diego Padilla y otros
eclesiásticos eran Diputados. Como era natural, hubo discusiones acaloradas, pues para
unos la persona de Fernando VII era sagrada; otros eran partidarios de la Regencia; había
demócratas de buena fe, demagogos ardientes y unos pocos dice Gutiérrez
Ponce «que no entendían lo que estaban haciendo.»
El
día 1° de marzo juraron todas las autoridades y empleados- civiles que residían en
Santafé de Bogotá, nombre que se daba a la capital, defender la Patria y la Religión
hasta derramar la última gota de sangre, y luego hizo el mismo juramento el Regimiento
Auxiliar, a pleno sol, en la Plaza Mayor; hubo música y salvas de artillería.
En esos mismos días los vecinos de la Provincia de
Mariquita pidieron al gobierno que corrigiese los des manes- y arbitrariedades que
emanaban de la Junta que residía en Honda, sin sujeción al Gobierno de la capital. El 21
salió de Bogotá fuerza armada a órdenes del Capitán Manuel del Castillo, quien llevó
como Secretario al Subteniente F. de P. Santander. La Junta de Honda fue disuelta, y la
Provincia volvió a pertenecer a Cundinamarca(
10
).
Don Antonio Nariño solicitó el 22 de marzo de 1811, que
por haberse dado a la venta de manera arbitraria sus bienes, mientras él sufría estrecha
prisión en Cartagena, creía justo que le resarcieran sus quebrantos de los caudales
embargados al exVirrey Amar, previas las comprobaciones convenientes(
11
). El reclamo ascendió a más de $ 7,500, que
recibió Nariño después de largos debates judiciales, los que terminaron por
transacción, firmada por don Felipe Vergara, apoderado de Amar.
CONTINUAR
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(
1
)
E. POSADA, El 20 de julio, 335, 336.(
regresar a 1
)
(
2
) J. M. RESTREPO, lib.
cit., I, 94.(
regresar a 2
)
(
3
) J. M. QUIJANO OTERO,
lib. cit., 175(
regresar a 3
)
(
4
) M. E. CORRALES,
Documentos cit., I, 248.(
regresar a 4
)
(
5
) M. E. CORRALES,
Documentos cit., I, 250.(
regresar a 5
)
(
6
) D. F. OLEARY, lib.
cit., XIII, 86.(
regresar a 6
)
(
7
) IGNACIO BORDA, El libro
de la Patria, 74.(
regresar a 7
)
(
8
) J. M. RESTREPO, lib.
cit., I, 100.(
regresar a 8
)
(
9
) J. M. GROOT, lib. cit.,
III, 236. Puede verse la lista de los cuarenta y dos Diputados en el apéndice VII del
mismo volumen y en el tomo II de la obra Documentos, etc. cit., por J. F. BLANCO, pág.
665.(
regresar a 9
)
(
10
) J. M. RESTREPO, lib.
cit., I, 103. Archivo Santander, I, 117.(
regresar a 10
)
(
11
) El Precursor, 299.(
regresar a 11
)
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