Crónicas de Bogotá
Segunda Edición
Tomo III
Pedro M. Ibáñez
© Derechos Reservados de Auto


 

 

CAPITULO XLIV
1816-Desaliento-Retirada del Presidente Madrid-Más emigrantes-Escarapela doble-Capitulación fallida-El germen del triunfo-Falaz indulto. Oferta a los esclavos-Los patriotas huyen-Serviez y la Virgen-Las banderas del Rey en Santafé - Confianza infantil- Proclama-Latorre. Calzada-Huida del Presidente Madrid-Combate de Cáqueza-Abusos y tristezas-Otra vez la Virgen-La primera sangre en Santafé-La verdad en la historia-Prisiones-Las victimas-Las cárceles-Los Gutiérrez-El Canónigo Caicedo y Flórez-Obra de la Catedral-El indio León-J. N. Rivas-Ortiz Nagle-Castillo y Rada-Un calumniador. Nuevo Yago-Baile en Zipaquirá-Morillo en Bogotá-Quién nombró al Pacificador-Boceto y retrato de Morillo-Proceso histórico-Opiniones de españoles y ce americanos-De extranjeros-De enciclopedias-De colombianos-Confesión de parte-Pascual Enrile-El Vicario Villabrille-Sus fechorías- Morillo en Palacio-Una causa-Carlota Armero. Bando e indulto-Los días del Rey-Los bogotanos-Chapetones mentirosos-Imparcialidad-Consejo de guerra-Defectuosa actuación-Las sentencias-Consejo de Purificación-Junta de Secuestros-Política sin política-Exterminio-Cárceles-El indio Rubiano-Fin de la Expedición Botánica-Salvador Rizo-Villavicencio en el patíbulo-Policía militar-Cultura oficial- Gaceta de Santafé- Mejoras materiales- J. R. de Leiva-I. Vargas-J. de la C. Contreras-J. M. Carbonell-El verdugo. Martirio de Carbonell-En vez de epitafio-Sexta epidemia de viruela. Ultimo Gobierno patriota-L. Mejía-Paseo al Salto de Tequendama. Almoneda-Procesiones-Cuchilla del Tambo-Crueldades-Un epigrama que no es tal-En los Llanos-Don Juan Jurado, Oidor otra vez. Montalvo y Morillo-Exacciones.

 

 

La inacción de los Gobiernos republicanos le abrió las puertas ampliamente a los pacificadores. Los que habían esperado días de paz, vivieron en una atmósfera de tempestad. Y muchos de los que ayudaron al movimiento revolucionario y creyeron perdida la causa de España, egoístas y sin energías, volvían la espalda a la revolución y odiaban esa libertad, ahora castigada por la miseria y porta guerra.

El Presidente Madrid, habiendo sabido la ocupación de Zipaquirá por las avanzadas del Ejército del Rey, abandono el pueblo de Funza, que entonces-como es sabido- se llamaba Bogotá. El día 1° de mayo se había dirigidlo a Morillo, desde Chía, tratando de establecer una negociación de paz, una transacción amistosa, que sería cumplida fiel mente por las autoridades y tropas del Gobierno republicano. En Funza comandaba un simulacro de Ejército, que se llamaba de reserva, el General Antonio Baraya.

El día 2 de mayo abandonó su rica morada y su familia el Tribuno del Pueblo, José Acebedo Gómez. Lo acompañaba su hijo Pedro, de diez y siete años de edad. Ese día dio Acebedo su último abrazo a doña Catalina Tejada, su esposa, y a sus hijos de menor edad (1) .

También emigraron en esos momentos los ex-Presidentes Camilo Torres, Manuel Rodríguez Tortees y José Miguel Pey; José Tiburcio Echeverría, el clérigo Juan Nepomuceno Azuero, Miguel Gamba y otros sujetos distinguidos.

Acompañaban al Presidente Madrid, como guardia de honor, Pedro Alcántara Herrán, Patricio y Juan José Armero y varios jóvenes de conocidas familias. Partían como Secretarios Juan José Mutienx y Pedro Mosquera, y como Edecán, Pedro Esparguet. Iba con el Presidente la Comisión Legislativa permanente, formada por fray Diego Padilla, don José Gabriel Peña, don Emigdio Troyano, don José Antonio Barcenas y el presbítero Juan Fernández de Sotomayor, todos ciudadanos eminentes.

¿Cómo se podía sospechar siquiera que aquellos acrisolados patriotas, los que habían ocupado los primeros cargos de la República, habían de verse poco tiempo después, en calabozos, en presidios, en las filas del Ejército real, en extranjero suelo o rindiendo sus vidas en afrentosos patíbulos?

Otros patriotas comprometidos, que sabían ya que no habría capitulación, confiaban en la generosidad de los Jefes expedicionarios y en la probidad con que habían obrado, v resolvieron permanecer en la ciudad. Citaremos entre ellos a don Pantaleón Gutiérrez y a su hijo José Gregorio, Manuel y Miguel Pombo, José María Arrubla, Diego Fernando Gómez, Benedicto Domínguez, Alejandro Osorio y José Nicolás Rivas.

Muchos de los habitantes de Bogotá aún usaban en los sombreros la escarapela tricolor, pero casi todos tenían en el reverso de la insignia la cifra de Fernando VII, para lucirla en momentos oportunos. En varias casas tenían pintadas las armas del Rey para, en caso dado, ponerlas en las puertas de la calle. Los ánimos estaban cansados, y todos deseaban que cesaran las revueltas políticas. Fueron esos días de amargura y de zozobra; el espectro del desastre aparecía.

De Funza partió también para el Sur el Batallón Socorro, y de allí regresó a la capital una Comisión que había enviado el Cabildo para suplicar al Presidente que reuniera sus tropas con las que mandaba Serviez, para hacer la entrega de la ciudad. Diose encargo al Canónigo Duquesne, a don Ignacio Herrera y a don Jorge Tadeo Lozano para que salieran al encuentro de Morillo y solicitaran garantías para los consternados habitantes de la capital Esa misión no se llevó a efecto.

Por un curioso sincronismo, el mismo día 3 de mayo, en el cual abandonaba Madrid la Sabana de Bogotá, llegaba Bolívar con la expedición de Los Cayos al puerto de Juan Griego, en la isla de Margarita; audaz empresa y lucha heroica, la cual después de mil vicisitudes, culminó en la batalla de Boyacá, en 1819 (1).

Es éste el lugar oportuno para recordar las palabras de un popular historiador-César Cantú,-conceptos emitidos para cuando el Libertador, en 1813, emprendía la gloriosa campaña que lo llevó triunfante a Caracas:

Con ese puñado de gente propagó la revolución, precisamente cuando Bonaparte con. 500,000 hombres la dejaba perder en Europa.

El día 4 de mayo expidió en Zipaquirá el Coronel Miguel de Latorre un extenso indulto que circuló en la capital esa noche, en el cual ofrecía garantía de vida e intereses para los comprometidos en la revolución, si se presentaban en breve término y entregaban los elementos de guerra que poseyeran. Excitábase a los esclavos, mancha de la sociedad heredada de la Colonia, a denunciar a sus dueños como cabecillas, y se les ofrecían la libertad y gratificaciones en dinero por tan vil acción.

La excitación a los esclavos para ser infieles a los amos a quienes pertenecían, dándoles libertad y gratificaciones pecuniarias, era disposición inmoral, pues hacía a los negros, numerosos en las minas y haciendas, jueces calificadores del delito de patriotismo y amor a la independencia, de que se hubieran hecho responsables sus poseedores.

Ese mismo día 4 de mayo, por la tarde, pasaron por Bogotá 400 hombres del Ejército de Serviez. Cruzaron por la antigua Alameda y la Calle Honda, hoy carrera 13, y tomaron el camino de Tunjuelo, con el propósito de dirigirse a Cáqueza, en vía para las llanuras orientales.

Al día siguiente, a las once de la mañana, llegó a la ciudad el General Manuel Serviez, el vencedor en San Victorino en 1814, huyendo de las tropas del Rey, que estaban en Zipaquirá. Serviez conducía la Imagen de la Virgen del santuario de Chiquinquirá en medio de sus soldados. Dio origen este acontecimiento a variadas sensaciones: los Padres de Santo Domingo reclamaron sin éxito la venerada imagen; las gentes devotas instaron por que se descubriera para tributarle culto; los patriotas que iban a emigrar suplicaban con afán a Serviez para que continuara la marcha; los españoles intrigaban por que se detuviera; todo era alarma y agitación. Partió la tropa patriota seguida de numerosa emigración, aquella misma tarde, con el fin de acampar en Tunjuelo, dejando sumidas en el dolor a las familias de los emigrados, que salían a buscar la incierta suerte de la guerra en deplorables condiciones (1) .

El día 5 de mayo de 1816 el Coronel Miguel de Latorre, Comandante en Jefe, y el del mismo grado Sebastián de la Calzada, movieron las fuerzas reales de Zipaquirá con dirección a la capital (2) .

Los militares españoles fueron recibidos el 6 de mayo bajo arcos triunfales, con repiques de campanas, riego de flores, cohetes y otras manifestaciones de regocijo. Hasta varios patriotas, cansados ya de las luchas de la República recién nacida, y con ciega confianza en la generosidad de los pacificadores, contribuyeron con su presencia a esta benévola recepción (3).

Al día siguiente Latorre expidió una proclama, la cual circuló impresa; de ella tomamos estas frases:

¡Soldados! Ya ocupáis la capital, y me congratulo con vosotros de que ni un solo tiro de fusil haya sido disparado para reconquistar a nuestro Soberano sus antiguos derechos.... Contemplo superfino encareceros la fraternidad que debe reinar entre vosotros y un pueblo que con lágrimas de ternura os ha recibido entre sus brazos.. ..

En octubre de 1780 nació, en Teruel, Miguel de la Torre, en el seno de familia de preclara alcurnia. Hizo estudios de literatura y ciencias políticas en Zaragoza, y fue doctor en Filosofía el año de 1804. Complementó sus conocimientos con viajes por varios países deEuropa, y se distinguió por sus servicios en defensa de la independencia de España, como militar y como Diputado a Cortes, antes de venir a América (1) .

Sebastián de la Calzada había acompañado a Morillo en el sitio de Cartagena, vencido a los patriotas en Cachiri, después de haber sido rechazado por el General Joaquín Ricaurte en Chire, y venía a Santafé como segundo Jefe délas avanzadas realistas.

Entretanto el Presidente Madrid, una Comisión del Congreso, autorizada para funcionar con las atribuciones de toda la corporación, la guardia de honor y muchos emigrados, llegaban a Purificación el día 8, y seguían camino para La Plata, dejando como General de retaguardia, en las ardientes llanuras del Tollina, a Custodio García Rovira, y con él al Coronel Pedro Monsalve, Jefe del. Batallón Socorro (2) .

El Capitán español Antonio Gómez siguió las huellas de las tropas que mandaba Serviez, y les dio alcance el día 11 en la cabuya o tarabita del río Negro. Hubo acción de armas favorable para los realistas, y muchos patriotas quedaron prisioneros, los cuales fueron conducidos a la capital (3) .

Muchos republicanos no tomaban parte en las alegrías con que fueron recibidas las armas reales, pues presentían próximas desgracias y lamentaban su suerte y la de sus familias en lo más recóndito de sus hogares. Los soldados españoles de Latorre y los venezolanos que estaban a órdenes de Calzada, antiguos veteranos de las tropas de José Tomás Boves, que lidiaron en la guerra a muerte en Venezuela, ejecutaban abusos continuos en las casas y tiendas délos indefensos habitantes. El cronista Caballero escribe:

El 11 mataron los soldados a sablazos dos mujeres y un hombre en la venta del otro lado del río del puente de Santa Catalina, por robar unos baúles que habían escondido allí, como en efecto los robaron. Malo y remalo esta esto; lo cierto es que todos estamos en capilla.

Tres días después volvió a la ciudad la Imagen de la Virgen de Chiquinquirá, la cual fue recibida por las tropas del Rey, por los realistas y por varios patriotas con suntuosa procesión.

El viernes 17 un negrito llamado Manuel María, que por su color y ser esclavo no tenía apellido, disputando con un realista dijo que era patriota, y fue juzgado militarmente y fusilado en la Plaza Mayor de la ciudad. Aquí debemos tributar un recuerdo a este humilde mártir de la Patria, primera víctima de la atroz e implacable justicia de los -pacificadores en Santafé (1) .

Nosotros creemos que en la historia no deben ocultarse las crueldades de los ejércitos realistas en América. Deben escribirse los anales de aquellos tristes días sin reticencias ni paliativos y con exacta y completa verdad, siempre comprobada.

Se acercaban a la capital Morillo y su segundo, Pascual Enrile. El primero ordenó a Latorre que redujera a estrecha prisión a todos los que hubieran tenido parte, por mínima que fuera, en la revolución vencida, y especialmente a los principales cabecillas de los insurgentes, como él los llamaba. Latorre tuvo que plegarse a esa orden, y en la noche del 22 de mayo hizo sorprender en sus casas a muchos distinguidos patriotas miembros de la más alta sociedad santafereña. El alarma fue general. Desde aquella noche ningún republicano creyó en seguridad ni su libertad ni su vida (1).

Se pensó por muchos que los indultos de los pacificadores eran lazo traidor para prender a los patriotas, y la conducta dura y cruel de los Jefes realistas abonó la sospecha.

En pocos días se vieron colmados los calabozos de presos sindicados de haber prestado el más leve servicio a la revolución. Casi todos eran americanos o criollos, pero no faltaron peninsulares republicanos; todos eran tratados como insurgentes. Hubo americanos espías y los hubo españoles; ellos incurrieron en la villanía-a veces infame venganza-de denunciar a los vencidos, entonces aherrojados. La zozobra y el desasosiego se veían en todos los semblantes, y la intranquilidad reinaba en los hogares.

Se destinaron para prisiones de Estado, a más déla antigua Cárcel de Corte y de la Cárcel Chiquita, viejas prisiones coloniales, los antiguos claustros del Colegio del Rosario y del convento de la Orden Tercera, anexo a la iglesia del mismo nombre, hoy desaparecido. Otro claustro conventual, el de San Francisco, sirvió de cárcel a los sacerdotes; y una mala casa cercana al Ayuntamiento en la calle 10, fue la prisión de las señoras y de las mujeres del pueblo.

La misma noche en la cual comenzaron las prisiones, hubo escenas de tristísima recordación, descritas ya por hábiles plumas, las que en parte vamos a recordar:

Don Pantaleón Gutiérrez fue conducido al edificio del Colegio del Rosario, convertido en cárcel, y don José Gregorio, su hijo, a la de Corte. Quedaron pues incomunicados el padre y el hijo, y tan sólo en raros y cortos instantes podían tener sus desoladas esposas el consuelo de verles (1) .

Un Canónigo ilustre, Fernando Caicedo y Florea, director de la obra de la Catedral, cuenta lo que le ocurrió el 23 de mayo:

A las nueve de la noche de este día se le apareció en su casa un Oficial del Ejército que se titulaba pacificador, y le intimó la orden de su General de pasar en calidad de preso al cuartel de prevención. Allí estuvo tres días, y después fue llevado al convento de San Francisco.

También fueron encerrados en calabozos el arquitecto principal de la Catedral, Nicolás León, y el platero Eustaquio Caballero, quien trabajaba en la misma obra (2).

Otro Canónigo, realista, don Antonio de León, de quien ya hablamos en la página 367 del segundo volumen de esta obra, aunque americano y poco aventajado en inteligencia, fue implacable perseguidor de los republicanos. Estos se vengaban llamándolo con el inocente apodo de el Indio; él fue escogido para reemplazar al señor Caicedo y Flórez y hacer de arquitecto en el templo metropolitano (3).

En altas horas de la noche del 24 de mayo fue apresado en su casa señorial el último Gobernador, don José Nicolás Rivas, noble, rico y generoso caballero. Tras las puertas de ella dejaba una madre anciana, una esposa y tres niños que pedían por última vez la bendición paterna (4) .

_________

(1) A. LEÓN GÓMEZ, El Tribuno, 17.(Regresar)
________

(1) RAFAEL MARÍA BARALT, Resumen de la Historia de Venezuela, II, 311. (Regresar)

  ________

(1) Fray A. MESANZA, Nuestra Señora de Chiquinquirá, 183. (Regresar)

(2) LUÍS ORJUELA, Tributos de Zipaquirá para la Revolución de Independencia, 61. (Regresar)

(3) IGNACIO GUTIÉRREZ PONCE, Vida de don Ignacio Gutiérrez Vengara. I, 119. (Regresar)

 _______

(1) C. FRANCO V., Leyendas Históricas, 107 y otras. (Regresar)

(2) J. M. GOENAGA, Apuntamientos para la biografía de Fernández Madrid. (Regresar)

(3) J. M. restrepo, lib. cit., I, 410; L. ORJUELA, lib. cit.,I, 61. (Regresar)

 ________

(1) JOSÉ M. CABALLERO, La Patria Boba, 248. Asevera el historiador don José María Quijano Otero, en su Compendio de la Historia Patria, página 257, segunda edición, que el día 26 de mayo fue fusilado en Bogotá el patriota Juan Marra, noticia repetida en otras cronologías de mártires, por tener origen en tan estimable fuente. El cronista Caballero no anota el hecho. En las Memorias del General Guillermo Miller figura Juan Marra como fusilado el día 26, y ese nombre se lee en lista de mártires publicada en El Independiente de Popayán, en enero de 1839. Quizá se han confundido estos nombres, y la única víctima sea el negro Manuel María, fusilado el día 17. Esa es la opinión del historiador doctor Eduardo Posada. Aún no está terminada la investigación. (Regresar)

 ________

(1) J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 424 ; J. m. GROOT, lib. cit., III, 385. (Regresar)

  _______

(1) I. gutiérrez ponce, lib.cit., I, 120. (Regresar)

(2) F. caicedo y flórez, Memorias para la historia de la iglesia metropolitana, 60, 61.(Regresar)

(3) J. M. GROOT, lib. cit. III, 367. (Regresar)

(4) J, J. GUERRA, Don José Nicolás de Rivas. (Regresar)

 

CONTINUAR                                                           REGRESAR AL ÍNDICE