|
CAPITULO XLIV
1816-Desaliento-Retirada del Presidente Madrid-Más emigrantes-Escarapela
doble-Capitulación fallida-El germen del triunfo-Falaz indulto. Oferta a los esclavos-Los
patriotas huyen-Serviez y la Virgen-Las banderas del Rey en Santafé - Confianza infantil-
Proclama-Latorre. Calzada-Huida del Presidente Madrid-Combate de Cáqueza-Abusos y
tristezas-Otra vez la Virgen-La primera sangre en Santafé-La verdad en la
historia-Prisiones-Las victimas-Las cárceles-Los Gutiérrez-El Canónigo Caicedo y
Flórez-Obra de la Catedral-El indio León-J. N. Rivas-Ortiz Nagle-Castillo y Rada-Un
calumniador. Nuevo Yago-Baile en Zipaquirá-Morillo en Bogotá-Quién nombró al
Pacificador-Boceto y retrato de Morillo-Proceso histórico-Opiniones de españoles y ce
americanos-De extranjeros-De enciclopedias-De colombianos-Confesión de parte-Pascual
Enrile-El Vicario Villabrille-Sus fechorías- Morillo en Palacio-Una causa-Carlota Armero.
Bando e indulto-Los días del Rey-Los bogotanos-Chapetones
mentirosos-Imparcialidad-Consejo de guerra-Defectuosa actuación-Las sentencias-Consejo de
Purificación-Junta de Secuestros-Política sin política-Exterminio-Cárceles-El indio
Rubiano-Fin de la Expedición Botánica-Salvador Rizo-Villavicencio en el
patíbulo-Policía militar-Cultura oficial- Gaceta de Santafé- Mejoras materiales-
J. R. de Leiva-I. Vargas-J. de la C. Contreras-J. M. Carbonell-El verdugo. Martirio de
Carbonell-En vez de epitafio-Sexta epidemia de viruela. Ultimo Gobierno patriota-L.
Mejía-Paseo al Salto de Tequendama. Almoneda-Procesiones-Cuchilla del Tambo-Crueldades-Un
epigrama que no es tal-En los Llanos-Don Juan Jurado, Oidor otra vez. Montalvo y
Morillo-Exacciones.
La inacción de los
Gobiernos republicanos le abrió las puertas ampliamente a los pacificadores. Los que
habían esperado días de paz, vivieron en una atmósfera de tempestad. Y muchos de los
que ayudaron al movimiento revolucionario y creyeron perdida la causa de España,
egoístas y sin energías, volvían la espalda a la revolución y odiaban esa libertad,
ahora castigada por la miseria y porta guerra.
El Presidente Madrid,
habiendo sabido la ocupación de Zipaquirá por las avanzadas del Ejército del Rey,
abandono el pueblo de Funza, que entonces-como es sabido- se llamaba Bogotá. El
día 1° de mayo se había dirigidlo a Morillo, desde Chía, tratando de establecer una
negociación de paz, una transacción amistosa, que sería cumplida fiel mente por las
autoridades y tropas del Gobierno republicano. En Funza comandaba un simulacro de
Ejército, que se llamaba de reserva, el General Antonio Baraya.
El día 2 de mayo
abandonó su rica morada y su familia el Tribuno del Pueblo, José Acebedo Gómez. Lo
acompañaba su hijo Pedro, de diez y siete años de edad. Ese día dio Acebedo su último
abrazo a doña Catalina Tejada, su esposa, y a sus hijos de menor edad (1)
.
También emigraron en
esos momentos los ex-Presidentes Camilo Torres, Manuel Rodríguez Tortees y José Miguel
Pey; José Tiburcio Echeverría, el clérigo Juan Nepomuceno Azuero, Miguel Gamba y otros
sujetos distinguidos.
Acompañaban al
Presidente Madrid, como guardia de honor, Pedro Alcántara Herrán, Patricio y Juan
José Armero y varios jóvenes de conocidas familias. Partían como Secretarios Juan José
Mutienx y Pedro Mosquera, y como Edecán, Pedro Esparguet. Iba con el Presidente la
Comisión Legislativa permanente, formada por fray Diego Padilla, don José Gabriel Peña,
don Emigdio Troyano, don José Antonio Barcenas y el presbítero Juan Fernández de
Sotomayor, todos ciudadanos eminentes.
¿Cómo se podía
sospechar siquiera que aquellos acrisolados patriotas, los que habían ocupado los
primeros cargos de la República, habían de verse poco tiempo después, en calabozos, en
presidios, en las filas del Ejército real, en extranjero suelo o rindiendo sus vidas en
afrentosos patíbulos?
Otros patriotas
comprometidos, que sabían ya que no habría capitulación, confiaban en la generosidad de
los Jefes expedicionarios y en la probidad con que habían obrado, v resolvieron
permanecer en la ciudad. Citaremos entre ellos a don Pantaleón Gutiérrez y a su hijo
José Gregorio, Manuel y Miguel Pombo, José María Arrubla, Diego Fernando Gómez,
Benedicto Domínguez, Alejandro Osorio y José Nicolás Rivas.
Muchos de los
habitantes de Bogotá aún usaban en los sombreros la escarapela tricolor, pero casi todos
tenían en el reverso de la insignia la cifra de Fernando VII, para lucirla en momentos
oportunos. En varias casas tenían pintadas las armas del Rey para, en caso dado, ponerlas
en las puertas de la calle. Los ánimos estaban cansados, y todos deseaban que cesaran las
revueltas políticas. Fueron esos días de amargura y de zozobra; el espectro del desastre
aparecía.
De Funza partió
también para el Sur el Batallón Socorro, y de allí regresó a la capital una
Comisión que había enviado el Cabildo para suplicar al Presidente que reuniera sus
tropas con las que mandaba Serviez, para hacer la entrega de la ciudad. Diose encargo al
Canónigo Duquesne, a don Ignacio Herrera y a don Jorge Tadeo Lozano para que salieran al
encuentro de Morillo y solicitaran garantías para los consternados habitantes de la
capital Esa misión no se llevó a efecto.
Por un curioso
sincronismo, el mismo día 3 de mayo, en el cual abandonaba Madrid la Sabana de Bogotá,
llegaba Bolívar con la expedición de Los Cayos al puerto de Juan Griego, en la isla de
Margarita; audaz empresa y lucha heroica, la cual después de mil vicisitudes, culminó en
la batalla de Boyacá, en 1819 (1).
Es éste el lugar
oportuno para recordar las palabras de un popular historiador-César Cantú,-conceptos
emitidos para cuando el Libertador, en 1813, emprendía la gloriosa campaña que lo llevó
triunfante a Caracas:
Con ese puñado de
gente propagó la revolución, precisamente cuando Bonaparte con. 500,000 hombres la
dejaba perder en Europa.
El día 4 de mayo
expidió en Zipaquirá el Coronel Miguel de Latorre un extenso indulto que circuló en la
capital esa noche, en el cual ofrecía garantía de vida e intereses para los
comprometidos en la revolución, si se presentaban en breve término y entregaban los
elementos de guerra que poseyeran. Excitábase a los esclavos, mancha de la sociedad
heredada de la Colonia, a denunciar a sus dueños como cabecillas, y se les
ofrecían la libertad y gratificaciones en dinero por tan vil acción.
La excitación a los
esclavos para ser infieles a los amos a quienes pertenecían, dándoles libertad y
gratificaciones pecuniarias, era disposición inmoral, pues hacía a los negros, numerosos
en las minas y haciendas, jueces calificadores del delito de patriotismo y amor a
la independencia, de que se hubieran hecho responsables sus poseedores.
Ese mismo día 4 de
mayo, por la tarde, pasaron por Bogotá 400 hombres del Ejército de Serviez. Cruzaron por
la antigua Alameda y la Calle Honda, hoy carrera 13, y tomaron el camino de Tunjuelo, con
el propósito de dirigirse a Cáqueza, en vía para las llanuras orientales.
Al día siguiente, a
las once de la mañana, llegó a la ciudad el General Manuel Serviez, el vencedor en San
Victorino en 1814, huyendo de las tropas del Rey, que estaban en Zipaquirá. Serviez
conducía la Imagen de la Virgen del santuario de Chiquinquirá en medio de sus soldados.
Dio origen este acontecimiento a variadas sensaciones: los Padres de Santo Domingo
reclamaron sin éxito la venerada imagen; las gentes devotas instaron por que se
descubriera para tributarle culto; los patriotas que iban a emigrar suplicaban con afán a
Serviez para que continuara la marcha; los españoles intrigaban por que se detuviera;
todo era alarma y agitación. Partió la tropa patriota seguida de numerosa emigración,
aquella misma tarde, con el fin de acampar en Tunjuelo, dejando sumidas en el dolor a las
familias de los emigrados, que salían a buscar la incierta suerte de la guerra en
deplorables condiciones
(1)
.
El día 5 de mayo de
1816 el Coronel Miguel de Latorre, Comandante en Jefe, y el del mismo grado Sebastián de
la Calzada, movieron las fuerzas reales de Zipaquirá con dirección a la capital (2)
.
Los militares
españoles fueron recibidos el 6 de mayo bajo arcos triunfales, con repiques de campanas,
riego de flores, cohetes y otras manifestaciones de regocijo. Hasta varios patriotas,
cansados ya de las luchas de la República recién nacida, y con ciega confianza en la
generosidad de los pacificadores, contribuyeron con su presencia a esta benévola
recepción (3).
Al día siguiente
Latorre expidió una proclama, la cual circuló impresa; de ella tomamos estas frases:
¡Soldados! Ya ocupáis
la capital, y me congratulo con vosotros de que ni un solo tiro de fusil haya sido
disparado para reconquistar a nuestro Soberano sus antiguos derechos.... Contemplo
superfino encareceros la fraternidad que debe reinar entre vosotros y un pueblo que con
lágrimas de ternura os ha recibido entre sus brazos.. ..
En octubre de 1780
nació, en Teruel, Miguel de la Torre, en el seno de familia de preclara alcurnia. Hizo
estudios de literatura y ciencias políticas en Zaragoza, y fue doctor en Filosofía el
año de 1804. Complementó sus conocimientos con viajes por varios países deEuropa, y se
distinguió por sus servicios en defensa de la independencia de España, como militar y
como Diputado a Cortes, antes de venir a América
(1)
.
Sebastián de la
Calzada había acompañado a Morillo en el sitio de Cartagena, vencido a los patriotas en Cachiri,
después de haber sido rechazado por el General Joaquín Ricaurte en Chire, y
venía a Santafé como segundo Jefe délas avanzadas realistas.
Entretanto el
Presidente Madrid, una Comisión del Congreso, autorizada para funcionar con las
atribuciones de toda la corporación, la guardia de honor y muchos emigrados,
llegaban a Purificación el día 8, y seguían camino para La Plata, dejando como General
de retaguardia, en las ardientes llanuras del Tollina, a Custodio García Rovira, y con
él al Coronel Pedro Monsalve, Jefe del. Batallón Socorro
(2)
.
El Capitán español
Antonio Gómez siguió las huellas de las tropas que mandaba Serviez, y les dio alcance el
día 11 en la cabuya o tarabita del río Negro. Hubo acción de armas favorable
para los realistas, y muchos patriotas quedaron prisioneros, los cuales fueron conducidos
a la capital (3)
.
Muchos republicanos no
tomaban parte en las alegrías con que fueron recibidas las armas reales, pues presentían
próximas desgracias y lamentaban su suerte y la de sus familias en lo más recóndito de
sus hogares. Los soldados españoles de Latorre y los venezolanos que estaban a órdenes
de Calzada, antiguos veteranos de las tropas de José Tomás Boves, que lidiaron en la
guerra a muerte en Venezuela, ejecutaban abusos continuos en las casas y tiendas délos
indefensos habitantes. El cronista Caballero escribe:
El 11 mataron los
soldados a sablazos dos mujeres y un hombre en la venta del otro lado del río del puente
de Santa Catalina, por robar unos baúles que habían escondido allí, como en efecto los
robaron. Malo y remalo esta esto; lo cierto es que todos estamos en capilla.
Tres días después
volvió a la ciudad la Imagen de la Virgen de Chiquinquirá, la cual fue recibida por las
tropas del Rey, por los realistas y por varios patriotas con suntuosa procesión.
El viernes 17 un
negrito llamado Manuel María, que por su color y ser esclavo no tenía apellido,
disputando con un realista dijo que era patriota, y fue juzgado militarmente y fusilado en
la Plaza Mayor de la ciudad. Aquí debemos tributar un recuerdo a este humilde mártir de
la Patria, primera víctima de la atroz e implacable justicia de los -pacificadores
en Santafé
(1)
.
Nosotros creemos que en
la historia no deben ocultarse las crueldades de los ejércitos realistas en América.
Deben escribirse los anales de aquellos tristes días sin reticencias ni paliativos y con
exacta y completa verdad, siempre comprobada.
Se acercaban a la
capital Morillo y su segundo, Pascual Enrile. El primero ordenó a Latorre que redujera a
estrecha prisión a todos los que hubieran tenido parte, por mínima que fuera, en la
revolución vencida, y especialmente a los principales cabecillas de los insurgentes,
como él los llamaba. Latorre tuvo que plegarse a esa orden, y en la noche del 22 de mayo
hizo sorprender en sus casas a muchos distinguidos patriotas miembros de la más alta
sociedad santafereña. El alarma fue general. Desde aquella noche ningún republicano
creyó en seguridad ni su libertad ni su vida
(1).
Se pensó por muchos
que los indultos de los pacificadores eran lazo traidor para prender a los
patriotas, y la conducta dura y cruel de los Jefes realistas abonó la sospecha.
En pocos días se
vieron colmados los calabozos de presos sindicados de haber prestado el más leve servicio
a la revolución. Casi todos eran americanos o criollos, pero no faltaron
peninsulares republicanos; todos eran tratados como insurgentes. Hubo americanos
espías y los hubo españoles; ellos incurrieron en la villanía-a veces infame
venganza-de denunciar a los vencidos, entonces aherrojados. La zozobra y el desasosiego se
veían en todos los semblantes, y la intranquilidad reinaba en los hogares.
Se destinaron para
prisiones de Estado, a más déla antigua Cárcel de Corte y de la Cárcel Chiquita,
viejas prisiones coloniales, los antiguos claustros del Colegio del Rosario y del convento
de la Orden Tercera, anexo a la iglesia del mismo nombre, hoy desaparecido. Otro claustro
conventual, el de San Francisco, sirvió de cárcel a los sacerdotes; y una mala casa
cercana al Ayuntamiento en la calle 10, fue la prisión de las señoras y de las mujeres
del pueblo.
La misma noche en la
cual comenzaron las prisiones, hubo escenas de tristísima recordación, descritas ya por
hábiles plumas, las que en parte vamos a recordar:
Don Pantaleón
Gutiérrez fue conducido al edificio del Colegio del Rosario, convertido en cárcel, y don
José Gregorio, su hijo, a la de Corte. Quedaron pues incomunicados el padre y el hijo, y
tan sólo en raros y cortos instantes podían tener sus desoladas esposas el consuelo de
verles
(1)
.
Un Canónigo ilustre,
Fernando Caicedo y Florea, director de la obra de la Catedral, cuenta lo que le ocurrió
el 23 de mayo:
A las nueve de la noche
de este día se le apareció en su casa un Oficial del Ejército que se titulaba pacificador,
y le intimó la orden de su General de pasar en calidad de preso al cuartel de
prevención. Allí estuvo tres días, y después fue llevado al convento de San Francisco.
También fueron
encerrados en calabozos el arquitecto principal de la Catedral, Nicolás León, y el
platero Eustaquio Caballero, quien trabajaba en la misma obra
(2).
Otro Canónigo,
realista, don Antonio de León, de quien ya hablamos en la página 367 del segundo volumen
de esta obra, aunque americano y poco aventajado en inteligencia, fue implacable
perseguidor de los republicanos. Estos se vengaban llamándolo con el inocente apodo de el
Indio; él fue escogido para reemplazar al señor Caicedo y Flórez y hacer de
arquitecto en el templo metropolitano
(3).
En altas horas de la
noche del 24 de mayo fue apresado en su casa señorial el último Gobernador, don José
Nicolás Rivas, noble, rico y generoso caballero. Tras las puertas de ella dejaba una
madre anciana, una esposa y tres niños que pedían por última vez la bendición paterna
(4)
.
_________
(1) A.
LEÓN GÓMEZ, El Tribuno,
17.(Regresar)
________
(1)
RAFAEL MARÍA BARALT, Resumen de la Historia de Venezuela, II,
311.
(Regresar)
________
(1)
Fray A. MESANZA, Nuestra Señora de Chiquinquirá, 183.
(Regresar)
(2)
LUÍS ORJUELA, Tributos de Zipaquirá para la Revolución de
Independencia,
61.
(Regresar)
(3)
IGNACIO GUTIÉRREZ PONCE, Vida de don Ignacio Gutiérrez Vengara. I,
119.
(Regresar)
_______
(1)
C. FRANCO
V.,
Leyendas
Históricas,
107
y otras.
(Regresar)
(2)
J. M. GOENAGA, Apuntamientos para la biografía de Fernández Madrid.
(Regresar)
(3) J. M.
restrepo, lib. cit., I, 410; L. ORJUELA, lib. cit.,I, 61.
(Regresar)
________
(1)
JOSÉ M. CABALLERO, La Patria Boba,
248.
Asevera el historiador don José María Quijano Otero, en su Compendio
de la Historia Patria, página
257,
segunda edición, que el día
26
de mayo fue fusilado en Bogotá el patriota Juan Marra, noticia repetida
en otras cronologías de mártires, por tener origen en tan estimable fuente. El cronista
Caballero no anota el hecho. En las Memorias del General Guillermo Miller figura Juan
Marra como fusilado el día
26,
y ese nombre se lee en lista de mártires publicada en El Independiente de
Popayán, en enero de
1839.
Quizá
se han confundido estos nombres, y la única víctima sea el negro Manuel María,
fusilado el día
17.
Esa es la
opinión del historiador doctor Eduardo Posada. Aún no está terminada la investigación.
(Regresar)
________
(1) J. M.
RESTREPO, lib. cit., I, 424 ; J. m. GROOT, lib. cit., III, 385.
(Regresar)
_______
(1)
I. gutiérrez ponce, lib.cit., I,
120.
(Regresar)
(2)
F. caicedo y flórez, Memorias para la historia de la iglesia
metropolitana,
60, 61.(Regresar)
(3) J. M.
GROOT, lib. cit. III, 367.
(Regresar)
(4) J, J.
GUERRA, Don José Nicolás de Rivas.
(Regresar)
CONTINUAR
REGRESAR AL ÍNDICE
|