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CAPITULO XLIII
(Segunda parte)
Al Libertador le había
concedido el Gobierno de las Provincias Unidas, al promediar diciembre de 1814, el título
de Capitán General, y con tal elevado carácter comandaba en Jefe las tropas.
Por su orden marcharon
presos para el puerto fluvial de Honda cuarenta y seis españoles, ricos comerciantes
unos, y otros, militares. Entre los primeros figuraban como los más notables el opulento
Ramón de la Infiesta y José María Márquez, José Trillo, Primo González y Tirso
González. Estos, menos Infiesta, estuvieron en las prisiones de Honda, y al fin del año
fueron enviados a Popayán y de allí expulsados del país por orden del Congreso
(1)
.
El Comandante
venezolano Francisco de Paula Alcántara era el Jefe de la escolta que conducía los
presos españoles. Varios historiadores nacionales cuentan que mató en el camino a diez y
seis, dando luego por razón que se le habían cansado. El autor de Santafé Cautiva
aclara de manera evidente cómo sucedieron estos lamentables hechos. Adelante de la villa
de Guaduas, y en el punto donde ya se ve el Magdalena, ordenó Alcántara la muerte de
cinco prisioneros, y cerca a la ribera del río hizo fusilar otro grupo de doce. El
español Manuel Ballesteros se arrojó a las aguas del Magdalena, buscando la fuga, y
allí fue muerto a balazos. Otro preso, Manuel Agudo, logró escaparse en aquel sitio, y
volvió a Bogotá con disfraz de labriego. De modo pues que los pasador por las armas
fueron diez y ocho, cuyos nombres consignó el Cura realista: Calixto Miguel, Narciso
Serna, José Valero, Joaquín Portugués, Juan José Rubio, Sebastián Ramos, Antonio
Gómez, Ramón Hernández, Jerónimo Encinas, Manuel Martínez, Francisco Maruela,
Fernando Alvarez, Pablo Maldonado, Manuel Ballesteros, Polo Roja, N. Salado, N. Rodríguez
y N. Tejas. En las cárceles de Honda fueron encerrados veintiocho
(1)
.
Hemos dicho que la
Provincia de Mariquita se había declarado República independiente días antes, y que la
gobernaba José León Armero, patriota benemérito, de carácter enérgico. El mandó
juzgar militarmente a nueve de los prisioneros, enemigos acérrimos de la Independencia,
los cuales fueron condenados a muerte.
El 30 de enero fueron
fusilados en Honda Ramón de la Infiesta, Gregorio Martínez Portillo, Bartolomé
Fernández, Juan Calvo, Francisco Serrano, Joaquín Gómez, José Zapatero, Emeterio
Bernal y el Padre Misionero Pedro Corrella. El historiador Restrepo dice: «Hízolo matar
(Armero), lo mismo que a otros españoles a quienes se atribuía deserción.»
Don Ramón de la
Infiesta y Valdés, asturiano, hemos visto que fue de los Regidores espurios en tiempos de
Amar; Jefe de conspiradores en la revolución de julio, por lo cual sufrió cárcel, y que
últimamente comandó los españoles de caballería organizados con anuencia del
Presidente Alvarez contra Bolívar.
Don Gregorio José
Martínez Portillo, «madrileño de ingenio cultivado,» firmó el acta de independencia
el 21 de julio de 1810; fue empleado de la Secretaría del Gobierno revolucionario, y
Secretario de Guerra en las Administraciones de Jorge Tadeo Lozano y Antonio Nariño. Por
sus servicios a la República, su compatriota el poeta Caro dijo de él en la célebre
ensaladilla:
Portillo, que es un pequeño
Chuchumeco, aquí se queda,
Y es del ancho de la seda
Como todo madrileño.
Voy a formar su diseño:
Tiene de alto este gigante
Tres varas de buen talante,
Medidas con un compás:
Vara y media por detrás
Y lo mismo por delante.
Su falta de fijeza de
ideas y de carácter lo llevó al patíbulo de Honda, como realista violento.
El capuchino Pedro
Córrela de los Misioneros de Cumaná, había conspirado en Cúcuta contra el nuevo
régimen, y se había fugado de la prisión. Capturado, se le trajo a Tunja, donde
predicó como exaltado realista, aprovechando el temblor de fines de 1814, por lo cual fue
enviado preso a Honda por el Libertador. El citado presbítero poeta Torres y Pena afirma
que Bolívar y sus fuerzas estaban en Honda el 30 de enero, día en que fucilaron al Padre
Corrella y a sus compañeros; y pone en boca del capuchino las siguientes palabras:
Mira, Bolívar, mira que me duele
El que en tu eterna perdición te obstines.
No pienses que el morir me desconsuele
Aunque a suplicio inicuo me destines.
A la mansión de paz harás que vuele
Mi espíritu inmortal, mientras camines
Por las sendas del crimen, hasta tanto
Que llegas a región de eterno llanto
(1)
.
El 29 de enero avisaba
el Libertador, desde Honda, al Secretario de Guerra que iba a partir ese día y que su
Mayor General, Miguel Carabaño, saldría con los Dragones el día 31.
El Gobierno General y
el periodismo, sobre todo la Gaceta de Antioquia, improbaron los fusilamientos de
Guaduas y Honda. «Bolívar, aunque dijo al Gobierno General haber mandado procesar a
Alcántara, pretendió justificar en parte aquellos asesinatos, haciendo una
recapitulación de los crímenes y crueldades que los españoles habían cometido y
cometían con los americanos»
(2)
.
Comisionado el General
Pey para pasar a la villa de Honda, fue nombrado Gobernador de Bogotá el doctor José
María Castillo y Rada, quien inauguró su Gobierno con provechosas medidas sobre
policía, con el objeto especial de detener desmanes y tropelías cometidos por los
militares.
Tuvo lugar una
brillante fiesta de sociedad el día 2 de febrero. Ese día se unieron en matrimonio el
conocido militar Domingo Caicedo Santamaría, de familia patricia santafereña, y doña
Juana Jurado, hija del Oidor don Juan Jurado y Laínez, a quien hemos visto servir a la
revolución y el cual gozaba de buena amistad con el Libertador. Este, en nota dirigida al
Presidente de la República, se expresaba así:
La conducta que el
ciudadano Juan Jurado ha observado en estos últimos acontecimientos lo ha hecho acreedor
a mi particular estimación y la del Ejército, y Vuestra Excelencia ha sido testigo de la
que ha observado desde el principio de nuestra revolución. Su constante amistad hacia los
americanos y la consideración a que es acreedora su crecida y numerosa familia,
recomiendan su solicitud. Y aun cuando sería bien de desear que conservásemos siempre
entre nosotros a los europeos que aman nuestra causa y son nuestros amigos, juzgo sin
embargo que es de justicia conceder el sosiego que pide este buen padre y buen ciudadano.
El Gobierno se
prevenía tardíamente para la guerra contra los realistas. A más de la División que
comandaba Bolívar, formaban otra en el valle del Cauca los Coroneles Carlos Montúfar y
Manuel Serviez, y en las Provincias del Norte mandaban también fuerzas el General Rafael
Urdaneta y el Coronel Francisco de Paula Santander.
La situación del
Gobierno era angustiada. No tenía dinero en las cajas; viejas rencillas minaban la
unión, entonces tan necesaria, y las tropas españolas amenazaban por todas partes.
A Bogotá llegó la
noticia de la muerte del prestigioso y cruel caudillo español José Tomás Boves, al
promediar febrero. Era tan temido el Jefe realista, que la ciudad se conmovió; en las
calles hubo música y fuegos de artificio.
El 28 de marzo se
encargó de la Presidencia de la República el General José Miguel Pey, por turno en el
Triunvirato formado por él, Rodríguez Torices y Antonio Villavicencio. Pey ocupaba
puesto en el Cuerpo Ejecutivo por la renuncia hecha de ese cargo por el doctor José
Manuel Restrepo, y Villavicencio, ex-Gobernador de la Provincia de Tunja, llenó el puesto
que había dejado García Rovira, también por renuncia. Este fue ascendido a General, y
se le confió el mando del Ejército de reserva del Norte.
El Ejército
expedicionario que comandaba don Pablo Morillo y la escuadra que estaba a órdenes del
cubano Pascual Enrile llegaron a costas de América el 3 de abril de 1815. Nuevas
querellas habidas entre Bolívar y Manuel del Castillo, en Cartagena, obligaron al
Libertador a dejar las playas de la patria el 8 de mayo, día en que se embarcó con
dirección a Jamaica.
El 11 de mayo entraba
Morillo a Caracas. Las noticias de la invasión dieron ánimo y vida a los realistas de
Bogotá, quienes conspiraron abiertamente. Pensaron en asaltarlos cuarteles, recoger
caudales y armas y asesinar a los miembros del Poder Ejecutivo y del Congreso. Descubierta
la conjuración el día 19, fueron reducidos a prisión numerosos españoles, y se llamó
por edicto a los que habían escapado. Entonces se supo que el promotor principal de la
contrarrevolución era el presbítero poeta Juan Manuel García Tejada.
El Tribunal que juzgó
a los conspiradores se reunió en la casa de la Aduana, y lo prisidió el Teniente
Gobernador interino don Ignacio Vargas.
A los comprometidos se
les trató con lenidad excesiva; algunos de ellos fueron desterrados de la ciudad; a otros
no se les impuso ninguna pena. Esta impunidad dio nuevas alas a los enemigos del Gobierno
para organizar otras tentativas de sublevación
(1)
.
En estos días llegó a
Santafé noticia de un suceso extraordinario, la cual dio a los republicanos halagüeñas
esperanzas. Se supo que el 1° de marzo Napoleón, el vencido, dejando la isla de Elba,
había establecido su vivac en las risueñas playas del golfo Juan, en tierras de Francia
(2)
.
Se recordó entonces
que dos años antes el Emperador había ordenado al Duque de Bassano que preparase una
expedición militar para apoyar a los republicanos de Venezuela y de la Nueva Granada, lo
que no se llevó a cabo por dificultades que presentó el Duque de Feltre
(3)
.
El Gobierno granadino
anunció a los pueblos la grata nueva, y los llenó de esperanzas, confiado en que los
españoles europeos, amenazados de nueva guerra por el primer Capitán del siglo, no
podrían continuar enviando ejércitos a América. También exhortaba el Gobierno para que
se hicieran los últimos esfuerzos a fin de rechazar a Morillo y a sus huestes
(1)
.
Estos sueños y estas
esperanzas se desvanecieron. El imperio de los cien días acabó en la batalla de
Waterloo, el 18 de junio de 1815.
Pasado el desastre, nos
refiere un moderno historiador francés, que Napoleón leía las obras de Humboldt, y
entre ellas con más atención los Viajes a las comarcas equinocciales del Nuevo Mundo.
La ardiente imaginación de Bonaparte lo hizo pensar en seguir las huellas del sabio
alemán, idea que confió al ilustre Gaspar Monge, sabio francés.
«La inacción sería
para mí la más cruel de las torturas. En adelante, sin armas y sin imperio, no veo sino
las ciencias que puedan imponerse fuertemente a mi alma. Pero aprender lo que los otros
han hecho no me bastaría. Quiero hacer una nueva carrera, dejar trabajos, descubrimientos
dignos de mí. Me hace falta un compañero que me ponga inmediata y rápidamente al
corriente del estado actual de las ciencias. En seguida recorreremos Juntos el Nuevo
Continente, desde el Canadá hasta el cabo de Hornos, y en este inmenso viaje estudiaremos
todos los grandes fenómenos de la física del globo.» Monge amaba profundamente al
Emperador. Sobre el trono, a la cabeza de los ejércitos, no le había parecido él jamás
tan grande, tan digno de admiración, como en ese momento en que, derribado por la suerte,
se levantaba de nuevo para una vida nueva. «¡Señor!-exclamó él, en su
entusiasmo-vuestro colaborador está encontrado, soy yo, quien os acompañará.» Monge
tenía setenta anos. Napoleón, dándole efusivas gracias, le manifestó que esa no era la
edad para los viajes lejanos. El anciano sabio se dejó convencer, pero prometió hallar
al Emperador un compañero digno de él, y en ello se ocupó luego. Al leer Napoleón en
la Malmaison el libro de Humboldt, continuaba el sueno que él había expuesto a los ojos
deslumbrados de Monge
(2)
.
El día 6 de julio fue
reemplazado el Gobernador Castillo por don Francisco Javier García Hevia, también
benemérito patriota, y se le dio en propiedad el bastón de Teniente Gobernador al doctor
Ignacio Vargas, respetable abogado, conocido con el apodo de El Mocho.
A mediados del mes de
julio llegó la noticia del triunfo de las fuerzas republicanas al comando de José María
Cabal, en las orillas del río Palo, en el valle del Cauca. La acción tuvo lugar el día
5 del mes dicho.
En la capital se
celebraron fiestas civiles y se hizo una procesión de la imagen de Santa Librada, para
recordar el aniversario de la independencia y honrar a los vencedores en el Palo. «Hubo
refresco y baile en Palacio en celebración del aniversario de nuestra transformación
política. Al baile asistieron 175 señoras carracas y adictas al Gobierno, y otros
tantos hombres de la misma opinión.» dice Caballero.
El 13 de julio se
aprobó el plan de reforma de la Constitución del ano de 1812 y se sancionó en la misma
fecha por el Serenísimo Colegio Revisor Electoral. Firmó don Pedro de la Lastra como
Vicepresidente, y Pedro María Ronderos y José María Mutienx como Secretarios. Eran
Diputados de Santafé Emigdio Benítez, Presidente del Colegio; Antonio Baraya, Santiago
Umaña y "Francisco Morales Galavis
(1)
.
El Congreso dictó
decreto en que fijaba la heráldica del escudo nacional. Fue él acuartelado; se veía en
el primer cuartel el Chimborazo en erupción; en el segundo, un cóndor con el cuello
erguido y en actitud de volar, y en los dos inferiores, la cascada de Tequendama y el
istmo de Panamá. En el centro, en un óvalo, una granada, y sobre los cuarteles un arco,
aljaba y flechas en aspas. Por orla llevaba una guirnalda de granadas y ramos
entrelazados, encerrado todo en circunferencia; pintada sobre los colores de la bandera
nacional, esta inscripción: Provincias Unidas de la Nueva Granada.
Autorizo este Decreto
fray Diego Padilla, Presidente del Congreso, y lo mandaron cumplir y guardar Manuel
Rodríguez Torices, Presidente de las Provincias Unidas; José Miguel Pey y Antonio
Villavicencio, Triunviros, y Crisanto Valenzuela, Secretario de Estado
(1)
.
El 20 de julio hubo
corrida de toros, y por la noche «dieron las señoras una gran comedia de la Conquista,
cosa famosa,» nos refiere Caballero, quien cuenta también que el Coliseo se iluminó con
velas de cera y que estaba adornado con diez arañas de cristal, y que la Zebollino-doña
María de los Remedios Aguilar-entusiasmó al público cantando tonadillas de escogido
sabor artístico. Por demás está decir que la entrada era gratuita y que las
distinguidas artistas trabajaban por patriotismo.
En la noche siguiente
hubo también representación, y la sala del Coliseo estaba alumbrada con esperma. Una
niña, hija del Teniente Gobernador Vargas, recitó un monólogo; luego se representó la
tragedia Julio César, y concluyó esa función con la recitación de otro
monólogo El Ricaurte, ya citado, original del poeta Salazar. A más de estos
detalles sobre regocijos patrióticos, escribió el cronista Caballero hablando de
Ricaurte en escena: «El se sentó en un barril de pólvora y le pegó fuego por no ser
cogido de los godos, por el lado de Caracas. ¡Admirable valor, pero no para ser
imitado!» (2)
El 14 de agosto salió
Morillo de Santa Marta con su escuadra y expedición, con dirección a Cartagena. Lo
acompañaban su segundo. Pascual Enrile, el Capitán General Francisco Montalvo y dos
inquisidores que venían al antiguo y odioso Santo Tribunal
(3)
.
El Pacificador llegó a
Cartagena el 18 de agosto, y su fuerza desembarcó en los dos días siguientes.
Estableció inmediatamente el bloqueo de la plaza por tierra, y cosa notable, el sitio de
Cartagena, que iba a decidir de la suerte política de todo el Nuevo Reino, no produjo en
las Provincias interiores la honda sensación que debiera causar. Necia confianza en las
fortificaciones del histórico puerto y boletines exagerados publicados por el Gobierno de
la Provincia, inspiraron una tranquilidad general, y cerraron los ojos de los patriotas
para el peligro.
El 17 de septiembre se
encargó del Ejecutivo el Triunviro Antonio Villavicencio. Este gobernante tuvo que
ocuparse en una nueva conspiración, en la cual se hallaron comprometidos numerosos
españoles y muchos criollos realistas. Figuraron en primeros puestos los presbíteros
hermanos don Santiago y don José Antonio de Torres y Peña; don Pedro Groot, el Canónigo
Antonio de León y Acero, el clérigo revolucionario García Tejada, don Patricio Pardo,
don Francisco Ancízar, antes repostero del Virrey Amar; don Manuel Alvarez Lozano, hijo
del ex- Dictador; don Camilo Manrique, antiguo Alcalde, y don Francisco Javier Vanegas,
vecino de Villa de Leiva.
Todos los conspiradores
fueron juzgados por el Tribunal de Vigilancia, y por su orden se pusieron dos horcas y un
banquillo en la Plaza Mayor, hecho que hizo escribir a Caballero esta línea que merece
repetirse:
«Que se chanceen
ahora, con eso bailan el sarandé.»
Tenemos a la vista la
sentencia pronunciada por la Junta Extraordinaria de Vigilancia, compuesta del Teniente
Gobernador Ignacio Vargas, de los Vocales Juan Manuel Arrubla, Pedro de la Lastra, Juan
Nepomuceno Rodríguez de Lago y Sinforoso Mutis, y de José María Mutiens, como
Secretario. De este documento se desprende que el objeto de los conspiradores fue «:el
pérfido designio de destruir el Gobierno de la unión y restablecer el de la
Península»; y que aunque el Tribunal podía aplicar penas hasta la de muerte, convino en
no llegar a este caso extremo, atendiendo a solicitud del Clero; y que juzgó que no se
habían descubierto los mayores responsables de la conspiración. Además, el Poder
Ejecutivo, interviniendo indebidamente en el asunto, indicó a los Jueces la norma que a
su juicio debía de servir de base a la sentencia. Por ella se condenó a cuatro
españoles a sufrir la pena de diez años de presidio en Cartagena; a otros reos, a ocho
años del mismo presidio, y a los demás, a menores penas.
Casi todos fueron
además condenados a expulsión perpetua de la Nueva Granada. Era candidez inexplicable
escoger como lugar de castigo el presidio de Cartagena, cuando ellos no ignoraban que la
plaza estaba sitiada por el Ejército pacificador al mando de Morillo.
No se pronunció
sentencia contra el ciudadano Pedro Groot, «porque habiendo adolecido de la cabeza, y
turbándosele las potencias mentales, no se le pudo ampliar la confesión oportunamente.»
Pocos días después fue condenado don Pedro Groot a dos años de confinamiento en las
llanuras de Ibagué.
Este conspirador fue
fustigado antes por el poeta realista Caro, con su hermano don Primo, cuando sirvió a la
Patria con el mismo entusiasmo con que ahora obraba contra ella. Los méritos adquiridos
como republicano le valieron esta fuerte invectiva:
De don Primo dijo:
El tuerto Groot no consiente
Que a infame nadie le exceda,
Ni comparársele pueda
En lo vil ni en lo insolente.
Es valiente por el diente
Y por la lengua también:
Pero si encuentra con quien
De un solo grito le asombre,
No más que de hombre a hombre,
A todo responde: Amén.
A don Pedro lo hirió
así:
Su hermano tiene otro modo:
Imposibles facilita,
Y lo llaman Santa Rita,
Con muy adecuado apodo,
Porque viendo que con todo
Que ignora el deletrear,
El escribir y el contar.
Se admira en un perdulario
Que corre con el Erario
Lo bien que sabe
MAMAR
.
Dos de los Jueces tampoco escaparon a esta musa mordaz.
Del señor
Vicepresidente del Colegio Electoral Revisor dijo:
Sogas habrá por fortuna,
Pero a la soga que arrastra
El infame Pedro Lastra
No le llegará ninguna.
Fue traidor desde la cuna
Y en su trato y en su porte
Las herejías del Norte
Hacen su matalotaje,
Y con su libertinaje
Tiene apretada esta Corte.
Y hablando del Juez
botánico Mutis, dijo:
Ningún galán primoroso,
Aunque sea el más pintado.
Le gana en lo jorobado
Al tuerto don Sinforoso:
Creyó este zote chismoso
Que se heredaba el saber:
Botánico quiso ser;
Ahora se metió a impresor
Y es supervigilador
Roncando con su mujer.
Al principiar octubre
se celebraron fiestas religiosas y civiles para conmemorar la instalación del Congreso de
Guayana. Por las noches hubo iluminaciones públicas y vítores.
Por bando se ordenó
entonces que se contribuyera con dinero para auxiliar a los patriotas que se defendían en
la plaza de Cartagena.
El día 7 de noviembre
llegó la noticia de que el General Joaquín Ricaurte había vencido en Chire,
sobre la vertiente oriental de los Andes, las fuerzas del General español Sebastián de
la Calzada, Jefe de la 5a División de Morillo, y que venía desde Barinas enviado por el
Pacificador.
El triunfo fue
celebrado en la capital con músicas y fuegos de artificio, un biógrafo de Morillo
escribió en 1910 una descripción de este combate, en la cual dice que las fuerzas de
Calzada escarmentaron al enemigo, el cual se retiró con bastante pérdida. Infirman esta
aseveración aislada los historiadores nacionales y el parte oficial rendido por el
General Ricaurte del triunfo que obtuvo en Chire el 30 de octubre. Calzada tuvo que
abandonar Los Llanos y cruzar la cordillera por el áspero camino de Chita.
La victoria de Chire
fue la única alcanzada por las banderas republicanas sobre fuerzas del Ejército
pacificador, y constituye por esto-como se ha dicho-timbre de gloria inmarcesible para el
General Ricaurte y Torrijos, ilustre hijo de Bogotá
(1)
.
En vista de la
angustiosa situación, acordó el Congreso el miércoles 15 de noviembre suprimir la
pésima forma de Gobierno de los Triunviros, la más inadecuada para las circunstancias,
que requerían excepcional fuerza en el Ejecutivo, poder que quedó ahora constituido en
forma unitaria. A las dos de la tarde entregaron los Triunviros Torices, Pey y
Villavicencio el bastón de Presidente de las Provincias unidas al doctor Camilo Torres.
Fue elegido Vicepresidente don Manuel Rodríguez Torices, quien debía presidir un Consejo
de Estado, creado ese día y formado por dos Vocales y los tres Secretarios del Despacho.
Fueron electos Vocales
Pey y Villavicencio.
A principios de
diciembre, el día 6, los patriotas se vieron precisados a evacuar la plaza de Cartagena,
la que fue ocupada por las tropas expedicionarias. Un cementerio con incontables
cadáveres insepultos, esqueletos ambulantes y mujeres, ancianos y niños moribundos
envueltos en una atmósfera pestilente, y absoluta carencia de víveres y vituallas, fue
el campo que ocuparon los vencedores. Uno de ellos, el Brigadier Francisco Tomás Morales,
violando una amnistía, mandó degollar en la ribera del mar cuatrocientos
desgraciados y a varios Oficiales patriotas. Antes había hecho incendiar el Hospital de
San Lázaro, en el cual perecieron muchos de los leprosos asilados allí
(1)
.
______
(1) J.
A. TORRES PEÑA, lib. cit., 435, 441.(Regresar)
______
(1) J.
M. CABALLERO, lib. cit., 210. J. A. TORRES Y PEÑA, lib. cit., 437, 438. J. M. RESTREPO,
lib. cít, I, 313. J. M. GROOT, III, 342.(Regresar)
______
(1) J.
A. TORRES Y PEÑA, lib. cit., 448,(Regresar)
(2) J.
M. RESTREPO, lib. cit., I, 313.(Regresar)
______
(1) J.
M. RESTREPO, lib. cit., I, 337. (Regresar)
(1) A. DE LAMARTINE, Historia de la. Restauración, I, 43.(Regresar)
(1) C. A. VILLANUEVA, Napoleón y la Independencia de América,
289. (Regresar)
______
(1) J.
M. RESTREPO, lib. cit., I, 338. (Regresar)
(2) A.
HOUSAYE, 1815.(Regresar)
______
(1) M.
A. POMBO Y J. J. GUERRA, Constituciones de Colombia, I, 530,(Regresar)
______
(1) D. F.
OLEARY, LIB. CIT., XIV, 337.(Regresar)
(2) J.
M. CABALLERO,lib. cit., 216, 217.(Regresar)
(3) C,
BENEDETTI, Historia de Colombia, 491.(Regresar)
______
(1) A.
Rodríguez Villa, El Teniente General don Pablo Morillo. (Madrid, 1900), lib. 189,
202. J. M. caballero, lib. cit., 225. C. BENEDETTI, lib. cit., 489. J. M. RESTREPO, lib.
cit., I, 367. F. LOZANO Y LOZANO, Biografía del General Joaquín Ricaurte, I,
GUTIÉRREZ PONCE, lib. cit., I, 115. J. A. DE PLAZA, Compendio de Historia de la Nueva
Granada, 126.(Regresar)
______
(1)
M. E. CORRALES, Anales y Efemérides del Estado de Bolívar, II, 273.(Regresar)
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