Crónicas de Bogotá
Segunda Edición
Tomo III
Pedro M. Ibáñez
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CAPITULO XLII
(Segunda parte)

 

El bogotano Luciano D’Elhuyart, amigo íntimo y compañero de Girardot, de los vencedores en Tinaquillo y en Bárbula, vengo la sangre del ilustre muerto, en el campo de Las Trincheras el 3 de octubre, donde venció al caudillo español Domingo Monteverde (1).

Días después, el Sargento Mayor F. de P. Santander, que también había vencido a los realistas en algunos combates, a la cabeza de una columna republicana tuvo mala suerte el 12 de octubre al combatir con las fuerzas del español Bartolomé Lizón en el llano de Carrillo, no lejos de San José de Cúcuta. El vencedor ocupo la ciudad. Crueles fueron las represalias, que llegaron al extremo de hacer decapitar el día 13, en presencia de sus hijos, a la venerable matrona Mercedes Abrego de Reyes, nativa de Cúcuta, dama entusiasta por la causa de la independencia. Ella había obsequiado al Libertador un rico uniforme de Brigadier.

Ya desde el mes de Junio había sacrificado José Fábrega a la heroína Rosa Zarate en la ciudad de Tumaco.

El 10 de diciembre de 1813 se firmo en Tunja acta de la declaración de la independencia de la Provincia de ese nombre. Allí declararon esos patriotas, poniendo por testigo al Ser Supremo, que no reconocían ninguna subordinación al Gobierno de la Península, bien sea el que se ha establecido hoy con el nombre de Corte de Regencia, o cualquier otro que se establezca en la sucesión de los siglos (2).

El último día del año ocupó Nariño triunfante a Popayán. Juan Sámano se había retirado a la hacienda de Calibío, en las cercanías del Bajo Palacé (1).

El año concluía cuando ya reunidas las armas de la Unión a las de Cundinamarca y a las de Antioquia, hacían afortunada campaña en las Provincias del Sur.

Cartagena y Santa Marta daban tregua a la lucha activa, pero se apercibían para continuarla. Las Provincias del Norte estaban sojuzgadas por los realistas, pero los republicanos se preparaban a heroica resistencia. En Venezuela había sucumbido Monteverde y la guerra a muerte que se hacía sin piedad, era un duelo formal entre dos pueblos.

El primer día del año de 1814, el Cabildo de Bogotá nombró Alcaldes a don Luis Tobar y a don José Carpintero. Algún tiempo después el primero de los citados fue reemplazado por don Benedicto Domínguez.

El Gobierno de Santafé tuvo el desacierto de celebrar el sábado 9 el aniversario del triunfo de Nariño el año anterior, con fiestas cívicorreligiosas que despertaron las ideas partidaristas ya adormecidas. Al terminar la fiesta llegó la noticia del triunfo de Nariño en los campos de Palacé.

La celebraron las tropas con evoluciones militares, dianas y música, y el pueblo con corrida de toros e iluminaciones. El Coronel don Luis Eduardo de Azuola, que tenía funciones de Corregidor, es decir, de antiguo Pretor de los romanos, convidó a su casa a un refresco a los Oficiales y a los amigos políticos del Gobierno de Alvarez, como lo habían hecho don Luis Caicedo y don Pantaleón Gutiérrez. Sostenía Azuola la justicia de la independencia con su dinero, su persona y su mesa. El refresco fue abundante, o mejor dicho, fue una comida, porque hubo platos de sal y fue a la una del día. En la mesa los Oficiales fueron tratados de igual a igual por sus Jefes y por las autoridades civiles. La dignidad humana nacía en esa escuela de la disciplina democrática que cambiaba las costumbres. Y hubo ardientes brindis en loor de la República y depresivos recuerdos de los tiempos coloniales.

El 24 se celebraron otros triunfos de Nariño, de los cuales se repartían Boletines. En la Gaceta del día 27 se publicó un cántico laudatorio; el anónimo decía allí, hablando del triunfo en Palacé:

Así más de dos horas incesante
Se sostuvo la acción fiera y terrible
Hasta que vos. Jesús, divino dueño.
Decidisteis el triunfo en un instante:
Cesó el feroz empeño de la matanza
horrible,
Y vos. Señor, dijisteis la victoria
Cundinamarca cante por mi gloria.

Estos versos fueron atribuidos, cómo era natural, al popular Bibliotecario Socorro Rodríguez, el cual pudo exclamar con verdad aquella vez, como otras muchas, ala par que Miguel de Cervantes cuando dijo en el Viaje al Parnaso:

Yo que siempre trabajo y me desvelo
Por parecer que tengo de poeta,
La gracia que no quiso darme el cielo....

En los últimos días del mes hubo regocijos públicos, iluminaciones y pomposas fiestas religiosas, las que terminaron con un baile en el palacio. Lo presidió don Manuel Bernardo Alvarez, quien lucía sus setenta años con señoril talante, vestido de negro con casaca redonda, rica pechera de encaje, puños o vuelos que asomaban a las bocamangas, peluca blanca de los tiempos de Ezpeleta y sombrero apuntado bajo del brazo.

El día 8 de febrero, el Colegio Electoral de la ciudad de Neiva declaró solemnemente que el Estado desconocía a Fernando VII y a cualquiera que lo sucediera en el trono y a toda autoridad que no emanase directamente del pueblo o de su representante, y que rompía la unión política con la Metrópoli, con eterna separación (1).

Los Gobernadores del Arzobispado, Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne, promulgaron el viernes 12, «en la vicecatedral, la supresión de la Bula de Cruzada, edicto por el cual quedaban dichos Gobernadores con el privilegio de las gracias e indulgencias que antes correspondieron a la Corona, sin cuya venia podían ya percibir las limosnas a que daba derecho la santa Bula de Cruzada.

Las damas santafereñas enviaron cintas blancas con inscripciones de oro a los valerosos campeones cundinamarqueses, libertadores de Popayán. Y a su vez Nariño remitió un escudo de oro destinado ala imagen del Nazareno en San Agustín. En solemne fiesta lo entregó el Coronel Luis Azuola al Padre Agustín Rosas, quien lo puso en el brazo de la bella efigie (2).

Ocurrió también que el Oficial patriota Lino Arguello mató en los primeros días del mes, en la calle abajo de la iglesia de San Francisco, a un mozo de la gleba. Antes de terminar febrero, y por sentencia de Consejo de Guerra, fue fusilado el criminal en medio de un cuadro formado por las trapas, en la Plaza que todavía se llamaba Mayor. El 29 de abril de 1814 escribía Nariño:

Se ha fijado hoy la bandera tricolor al otro lado del Juanambú.

En el parte de la batalla, que principió con la frase citada, encontramos estas líneas que honran la memoria de bogotanos:

Al pie de esta trinchera, entre muchos cadáveres de valientes soldados, están los del Capitán don Isaac Calvo y del Subteniente don Pedro Girardot. Los ojos se humedecen al contemplar los semblantes de estos valerosos republicanos que parece están todavía sonriéndose de la misma muerte.

Cuando tuvo noticia doña Luisa Ortega, esposa de don Ramón Calvo y cuñada de Nariño, de la muerte de su hijo Isaac, acaecida en Juanambú, en vez de exclamaciones de dolor, muy naturales en aquellos instantes, interrogó al que le comunicaba la triste nueva, con esta frase, digna de la historia clásica:

«¿Y se ganó la batalla?»

No cedía esta dama en grandeza de corazón al padre de Atanasio y de Pedro Girardot, joven éste que rindió la vida en el mismo campo que Isaac Calvo.

En este mes de abril de 181.4 sufrieron los republicanos la desgracia de perder a don Juan del Corral, el ciudadano benemérito que presidía los destinos de Antioquia. Falleció en la ciudad de Ríonegro, y el Congreso de las Provincias Unidas lo declaró benemérito de la Patria y uno de sus libertadores.

Vimos en los principios del capítulo XL, que había sido miembro de la Regencia española, compuesta a la sazón de cinco individuos, un hijo de Popayán, don Joaquín Mosquera y Figueroa, el implacable Juez de Nariño en 1794 (1) . Antes, en 1810, había sido el bogotano don Pedro Agar, Presidente de la Regencia, formada por él y por Joaquín Blake y Gabriel Ciscar (2). En marzo de 1813 fueron Regentes en Cádiz el Cardenal Santamaría de Scala, o sea don Luis de Borbón; Ciscar y Agar (3).

En 1814 se trasladó la Regencia a Madrid, y fue recibida allí con aclamaciones las más vivas y con mucha esplendidez. El bogotano Pedro Agar y sus compañeros habitaron en el palacio real, como Representantes de los Monarcas españoles.

Don Felipe Larrazábal, escritor venezolano, hablando de este extraño suceso, dice:

¡Agar, pues, el colombiano, el hijo del Tequendama, fue Rey de España!

El literato español don Ramón de Mesonero Romanos, nos cuenta que cuando la Regencia ejerció en Madrid, vio a don Luis de Borbón, Arzobispo de Toledo, revestido de la púrpura cardenalicia; al General Gabriel de Ciscar, con su respectivo uniforme, y a don Pedro Agar, también de uniforme de General, quien se distinguía-según el ameno narrador-por una muy pronunciada cojera, que hacía indecisa su marcha (1).

El yanqui Carlos Le Brun, en sus Retratos políticos de la revolución de España, aprecia así al bogotano don Pedro Agar.

Liberal sin zurrapas, por inclinación y por principios, y sin perjuicio de la mística, porque era beato. La libertad y la religión no se excluyen, como se asocien de buena fe y por convencimiento.

En cuanto al payanes Mosquera, opina el mismo Le Brun, que a pesar de haber sido Consejero de Indias y Presidente de la Regencia del Quintillo, era «servil y Regente del Gobierno liberal» y que «nuestro Mosquera pagaba 5,000 reales todos los meses al infame periódico Procurador Genera! del Rey y de la Nación.»

El Conde de Toreno nos dice que «era hombre vano y de cortos alcances.»

Napoleón había enviado desde 1813 al Conde de la Forest, nombre supuesto de M. Dubois, cerca de Fernando VII, a quien llamaba Vuestra Alteza, pues no lo reconocía como Rey. Napoleón escribió a Fernando y principiaba la carta con las palabras primo mío. Luego lo reconoció como legítimo Soberano de España e Indias, si bien le impuso condiciones duras v violentas. El Rey pisó territorio español en marzo de 1814, v en vez de visar la Constitución y aprobar lo hecho por las Cortes, dos días antes de llegar a Madrid, en el mes de mayo, declaró abatida aquélla, y usando de la fuerza armada disolvió las Cortes.

Ese Fernando El Deseado, llamado por otros con más justicia El Imbécil, «pretendió hacer retroceder la historia hasta 1808, y borrar de la serie de los tiempos los seis gloriosos años de la independencia española:» (1).

Don Pedro Agar y los otros Regentes fueron llevados el 10 de mayo de las suntuosas moradas del real palacio a cárceles v cuarteles, donde quedaron reducidos a rigurosa prisión.

De Agar, personaje de quien hablaremos luego detenidamente, existe un retrato en el Museo Naval de España.

Fernando VII, creyendo que aún tenía dominio en América, creó de nuevo en esos días el Consejo Supremo de Indias, quedando en él representada América por reducida minoría, en la cual figuraba Joaquín Mosquera y Figueroa, único nativo del antiguo Nuevo Reino, en la Sala 3a de justicia.

Pero los republicanos no volvían como el Rey de España a 1808.

En el Museo Nacional se guardan varias medallas que recuerdan las tristes glorias de don Fernando.

125. Dos de plata, conmemorativas de la Jura de Fernándo VII. Anverso, busto de Fernando VII, mirando a la derecha. En contorno, la inscripción En amor de Fernando VII, Rey de España e Indias. Reverso, la cruz, con la corona y dos leones rampantes al pie; debajo de estos, en campo puntillado, un ancla a la izquierda y unos fardos a la derecha. En contorno se lee: El Comercio de Santa Fe de Bogotá. Septiembre II. 1808. Diámetro, 39 milímetros.

126. Dos de plata. Jura de Fernando VII. Anverso, el águila de dos cabezas, con una espada en la garra derecha, y encima la corona. Debajo un puente de arco, sobre ondas, que recuerdan el río Magdalena. En contorno, la inscripción Proclamación de la Villa de Honda. 1808. Reverso: arriba, un pequeño escudo de armas de España; debajo, en cuatro líneas, la inscripción Magno in ortu, majori in imperio, Máximo in se ipso, y en contorno, Fernando VII,, Rey de España y de Indias, Diámetro, 30 milímetros.

127. Dos de plata, de la proclamación de Fernando VII, Anverso: armas de España, y en contorno, la inscripción Rey de España e Indias, Reverso: en seis líneas paralelas, entre gráfila de puntos, se lee: Augusta Proclamación Del N. R, D. G. por Fernando VII, Sep, n de 1808. En la una hay grabada una granada minúscula, arriba, y otra abajo; en la otra sólo existe la de arriba. Diámetro, 25 milímetros (1).

El Congreso de Bogotá queriendo organizar la federación en forma más regular y más fuerte, nombró el 1° de junio de 1814 Dictador a don Manuel Bernardo Alvarez. A mediados de ese mes llegaron simultáneamente plausibles noticias del triunfo de Nariño en el sitio de Tasines, y de la derrota que había sufrido el Ejército republicano al promediar el mes de mayo, en los ejidos de la ciudad de Pasto.

Esos fueron días de duelo para los habitantes de la capital que amaban la independencia y habían seguido ansiosos la campaña de la expedición del Sur.

Nariño no quiso volver a su ciudad natal en adversa fortuna y se entregó a los realistas el 14 de mayo. Tumultos populares pedían con instancia su cabeza; Narifío los calmó, salten do a un balcón, con un discurso brillan te que terminó con la célebre frase: «¡Yo soy Nariño: aquí me tenéis!»

En esos días Bolívar vencía en Carabobo (la), y luego el 14 de junio, fue derrotado por J. Tomás Boves en el desafortunado campo de La Puerta, derrota que tuvo fatales consecuencias militares y políticas (2).

Poco después, el bogotano Luciano D'Elhuyart se vio forzado a levantar la línea del sitio de Puerto Cabello, adonde había hecho inmortal su valor y su constancia,» al decir del historiador Baralt.

Estos lamentables sucesos llenaron de consternación a los patriotas y constriñeron al Congreso reunido en Tunja a tomar medidas para la defensa general. El Gobierno de Bogotá comisionó a los patricios Manuel Pardo, Antonio del Castillo y Francisco de Urquinaona para recaudar un empréstito de $ 200,000; redujo a prisión en el edificio de Las Aulas a varios españoles y al panameño Sebastián López Ruiz, médico realista; y publicó bandos llamando al servicio de la Patria, en las filas del Ejército, a los ciudadanos de diez y ocho a cincuenta años de edad.

El 22 de junio murió don Enrique Somoyar, patriota, natural de Cartagena, y amigo y protector de Nariño, cuando el desgraciado Precursor estuvo detenido allí en 1810. Somoyar había levantado suscripción en favor de los patriotas en 1812. Nariño agradecido tomó-años después-el nombre de su benefactor muerto, para firmar las célebres cartas que en 1820 dio a luz en Gibraltar.

En el número 8 del Anteojo de larga vista se excitaba de manera viva a los republicanos para unirse y continuar la lucha por la República. «Todo pueblo que quiere ser libre, lo consigue si tiene constancia y energía en el sostenimiento de su causa.» Y opinaba que los patriotas unidos eran invencibles, que debía hacerse tenazmente la guerra a los españoles y que no debía apartarse de la memoria esta infalible verdad: el cordero y el lobo no pueden ocuparan mismo establo.

Se reconoce bien en esta filosófica frase el aticismo del redactor del Anteojo, el ex-Presidente don Jorge Tadeo Lozano.

A la causa de la Patria se habían adherido con verdadero entusiasmo, desde 1810, casi todos los miembros del Cuerpo Médico: José J. García, José Félix Merizalde, Benito Osorio, Juan María Pardo, Rafael Lasso de la Vega, Manuel María Quijano, José C. Zapata. Santos González y José Fernández Madrid. A principios de julio de 1814 Merizalde, que, como antes vimos, recentaba cátedra de medicina en el Colegio de San Bartolomé, dedicó unos certámenes, llamados entonces conclusiones, al Presidente Nariño, a los cuales concurrió el Gobierno presidido por el Dictador Alvarez.

En los días 19 y 20 de este mes se celebro oficialmente, con fiestas m i litares, civiles y religiosas el cuarto aniversario de la revolución y el 6 de agosto ondeó por primera vez la bandera tricolor en las casas municipales para celebrar el aniversario de la fundación de Bogotá. La bandera tenía «por un lado las armas de la ciudad v por el otro una cruz sobre un granada con un Jesús en el medio (1) .

Noticias alarmantes de Europa sobre las aspiraciones de Fernando VII, de reinar otra vez en las Indias, obligaron al Dictador Alvarez a buscar la unión con el Congreso de Tunja, y con tal fin nombró como Enviado de Cundinamarca al ex-Presidente don Jorge Tadeo Lozano, a quien adornaban talentos y patriotismo. El Congreso recibió al Enviado con cordialidad y designó en comisión para que arreglara condiciones con él, al doctor José Fernández Madrid. Los pactos se terminaron el 11 de agosto, ad referéndum, y Lozano volvió a Bogotá acompañado del Canónigo Diputado Juan Marimón y Enríquez, quien debía terminar el negociado con el Dictador de Cundinamarca. Por terquedad de éste no quiso ratificar el tratado, de manera que todo lo actuado fue perdido, y la separación de las Provincias y su debilidad quedaron en vigencia (2) .

Parte responsabilidad con el testarudo Dictador el doctor Ignacio Herrera, quien con su acostumbrada fogosidad, se hizo alma de la resistencia para impedir la unión del Gobierno y el Congreso. A su vez era reacio Camilo Torres. Esos patriotas llenos de buena fe y de amor a la República se equivocaron y abrieron fácil puerta a la reconquista.

Así las cosas, el Congreso de Tunja reformó por acta federal, sancionada el 23 de septiembre, el régimen de Gobierno de las Provincias unidas, prescindiendo de Cundinamarca.

Aunque este acto Jurídico revela adelantos en la ciencia constitucional, tuvo el defecto, de capital importancia, de establecer un triunvirato ejecutivo, rompiendo la unidad de pensamiento y de acción del poder, reforma difícil en tan críticas circunstancias (1) .

Tampoco permitió el Congreso que en las Provincias confederadas tuviera circulación la moneda de plata de baja ley que en ese año se había acuñado en Bogotá por decreto de Nariño, conocida con el nombre de moneda de la India.

El primer día de octubre se colocó sobre el farol de la torre norte de la nueva Catedral la cruz que culmina sobre ella. En el tomo II, página 290, dimos algunas noticias sobre la construcción de la Metropolitana, las que complementamos ahora recordando que a mediados de este mes se pusieron las campanas en la torre nueva, hecho que se celebró con fuegos de pólvora y otros regocijos.

Obedeciendo al plan de reforma, se nombraron el día 5 de octubre los primeros Triunviros elegidos. Don Manuel Rodríguez Torices, Gobernador de la Provincia de Cartagena, el Gobernador del Socorro, Custodio García Rovira, y el abogado Secretario del Gobierno de Antioquia, doctor José Manuel Restrepo. El Congreso de Tunja llenó interinamente tan altos puestos con los nombres de tres Diputados: José Fernández Madrid, Joaquín Camacho y José María del Castillo.

        Uno de los titulares, Restrepo, escribió más tarde:

Es inconcebible cómo formó el Congreso un Gobierno tan defectuoso cuando trataba de concentrar la autoridad nacional, y cómo la confió a un triunvirato que necesariamente debía carecer de unidad, de existencia propia, de vida continua y por consiguiente de energía; y esto después de haber visto que un Gobierno semejante contribuyó sobremanera a la pérdida de Venezuela en 1812 (1) .

Promediando el mes, declaró la Serenísima Representación Nacional que el Excelentísimo señor don Manuel Alvarez era Dictador absoluto, con facultades extraordinarias, y que por consecuencia el Senado carecía de autoridad para fiscalizar o modificar sus procedimientos.

Entonces se expidió el Reglamento legislativo para el Gobierno de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. La coexistencia de dos regímenes, ambos «soberanos e independientes.» que residían en Tunja y en Bogotá, borra la claridad de las narraciones históricas en esos tiempos de verdadera anarquía. La ofuscación de los directores políticos de estas entidades facilitó para tiempo más tarde -como ya lo insinuamos-la dura reconquista española, que llevó a todos esos patricios a la ruina, al destierro, a los presidios y a los patíbulos.

En esos momentos intimaba el español Toribio Montes, Presidente de Quito, la sumisión de todo el país a su amo el Rey. Hubo Juntas de militares y reunión de la Representación Nacional, para acordar la contestación que se debía dar al peninsular. Todos sostuvieron la independencia. Caballero escribe al relatar estos hechos: «¡Morir o vencer! ¡Y afuera intrigas regentistas de tanto malvado como subsiste entre nosotros!»

Anotamos en el volumen I de esta obra, página 142, que el Oidor Lesmes de Espinosa Sarabia había levantado el segundo puente sobre el riachuelo de San Agustín, en la carrera 6a, obra que existió hasta 1814 y que aún conserva el nombre del golilla español; y hablamos, en la página 185 del mismo volumen, de la iglesita que llevó el nombre popular de capilla de Las Cruces, edificada en el ángulo noroeste del cruzamiento formado hoy por la carrera 11 y la calle 6a Recordamos estos hechos para relatar lo que sucedió el 23 de octubre de 1814, con una grande avenida del río San Agustín, torrente tan abundante y tan fuerte que cubrió de grandes piedras las callea y la plaza que antes llevaron el nombre de dicho riachuelo.

Volteó y se llevo el puente de Lesmes y una gran parte de la muralla, con media casa donde vivía el doctor don Juan Ronderos; llegó la creciente a la portería de San Agustín y a la puerta del cuartel del Auxiliar: parte de ella cruzó por la calle de espaldas del convento; se entró en todas las casas y tiendas, y fue menester sacar las gentes a caballo, y hasta se ahogaron una mujer, un hombre y un niño que habían dejado encerrado en una tienda.... A la iglesia de Las Cruces se entró, con ser que tiene la entrada al contrario, y llegó hasta el altar mayor, y subió el agua hasta la mitad de los confesonarios (1) .

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(1) J. M. BARAYA, lib. cit., i. 52, 53. (Regresar)

(2) N. GARCÍA SAMUDIO, Independencia de Tunja, Boletín de Historia, número 100. (Regresar)

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(1) B. MITRE, Historia de San Martín, III, 363.(Regresar)

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(1) Argos de la Nueva Granada, número 32, 16 de junio de 1814.(Regresar)

(2) J. M. CABALLERO , lib. cit., 195.(Regresar)

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(1) M. LAFUENTE. lib. cit., XXV, 421.(Regresar)

(2) A, DUVERINE, Cuadro Histórico, 102. M. E. CORRALES, Documentos para la historia de la Provincia de Cartagena, I, 177. (Regresar)

(3) CONDE DE TORENO, Historia del levantamiento, guerra y revolución de España, III, 200.(Regresar)

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(1) R. DE MESONERO ROMANOS. Memorias de un setentón, 129.(Regresar)

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(1) R. MESONERO ROMANOS, lib. cit., 140.(Regresar)

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(1) E. RESTREPO TIRADO, Catálogo General del Museo de Bogotá, 118.(Regresar)

(2) N. GARCÍA SAMUDIO, La batalla de La Puerta, El Gráfico. (Regresar)

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(1) J. M. CABALLERO, lib. cit , 199.(Regresar)

(2) Los documentos de las comisiones del Congreso y Cundinamarca pueden consultarse en el Argos de la Nueva Granada, números 42, 43, 46 y 48. J. M. GROOT, lib. cit., III. 32. J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 278, 280. C. MARTÍNEZ SILVA, Biografía de don José Fernández Madrid. F. LOZANO Y LOZANO, Biografió de don Jorge Tadeo Lozano. (Regresar)

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(1) M. A. POMBO y J. J. guerra, lib. cit..,501 a. 509.(Regresar)

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(1) J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 284.(Regresar)

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(1) J. M. CABALLERO, lib. cit.. 201.(Regresar)

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