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CAPITULO XLII
(Segunda parte)
El bogotano Luciano
DElhuyart, amigo íntimo y compañero de Girardot, de los vencedores en Tinaquillo y
en Bárbula, vengo la sangre del ilustre muerto, en el campo de Las Trincheras el 3 de
octubre, donde venció al caudillo español Domingo Monteverde (1).
Días después, el
Sargento Mayor F. de P. Santander, que también había vencido a los realistas en algunos
combates, a la cabeza de una columna republicana tuvo mala suerte el 12 de octubre al
combatir con las fuerzas del español Bartolomé Lizón en el llano de Carrillo, no lejos
de San José de Cúcuta. El vencedor ocupo la ciudad. Crueles fueron las represalias, que
llegaron al extremo de hacer decapitar el día 13, en presencia de sus hijos, a la
venerable matrona Mercedes Abrego de Reyes, nativa de Cúcuta, dama entusiasta por la
causa de la independencia. Ella había obsequiado al Libertador un rico uniforme de
Brigadier.
Ya desde el mes de
Junio había sacrificado José Fábrega a la heroína Rosa Zarate en la ciudad de Tumaco.
El 10 de diciembre de
1813 se firmo en Tunja acta de la declaración de la independencia de la Provincia de ese
nombre. Allí declararon esos patriotas, poniendo por testigo al Ser Supremo, que no
reconocían ninguna subordinación al Gobierno de la Península, bien sea el que se ha
establecido hoy con el nombre de Corte de Regencia, o cualquier otro que se establezca en
la sucesión de los siglos (2).
El último día del
año ocupó Nariño triunfante a Popayán. Juan Sámano se había retirado a la hacienda
de Calibío, en las cercanías del Bajo Palacé (1).
El año concluía
cuando ya reunidas las armas de la Unión a las de Cundinamarca y a las de Antioquia,
hacían afortunada campaña en las Provincias del Sur.
Cartagena y Santa Marta
daban tregua a la lucha activa, pero se apercibían para continuarla. Las Provincias del
Norte estaban sojuzgadas por los realistas, pero los republicanos se preparaban a heroica
resistencia. En Venezuela había sucumbido Monteverde y la guerra a muerte que se hacía
sin piedad, era un duelo formal entre dos pueblos.
El primer día del año
de 1814, el Cabildo de Bogotá nombró Alcaldes a don Luis Tobar y a don José Carpintero.
Algún tiempo después el primero de los citados fue reemplazado por don Benedicto
Domínguez.
El Gobierno de Santafé
tuvo el desacierto de celebrar el sábado 9 el aniversario del triunfo de Nariño el año
anterior, con fiestas cívicorreligiosas que despertaron las ideas partidaristas ya
adormecidas. Al terminar la fiesta llegó la noticia del triunfo de Nariño en los campos
de Palacé.
La celebraron las
tropas con evoluciones militares, dianas y música, y el pueblo con corrida de toros e
iluminaciones. El Coronel don Luis Eduardo de Azuola, que tenía funciones de Corregidor,
es decir, de antiguo Pretor de los romanos, convidó a su casa a un refresco a los
Oficiales y a los amigos políticos del Gobierno de Alvarez, como lo habían hecho don
Luis Caicedo y don Pantaleón Gutiérrez. Sostenía Azuola la justicia de la independencia
con su dinero, su persona y su mesa. El refresco fue abundante, o mejor dicho, fue una
comida, porque hubo platos de sal y fue a la una del día. En la mesa los Oficiales fueron
tratados de igual a igual por sus Jefes y por las autoridades civiles. La dignidad humana
nacía en esa escuela de la disciplina democrática que cambiaba las costumbres. Y hubo
ardientes brindis en loor de la República y depresivos recuerdos de los tiempos
coloniales.
El 24 se celebraron
otros triunfos de Nariño, de los cuales se repartían Boletines. En la Gaceta
del día 27 se publicó un cántico laudatorio; el anónimo decía allí, hablando del
triunfo en Palacé:
Así más de dos horas
incesante
Se sostuvo la acción fiera y terrible
Hasta que vos. Jesús, divino dueño.
Decidisteis el triunfo en un instante:
Cesó el feroz empeño de la matanza
horrible,
Y vos. Señor, dijisteis la victoria
Cundinamarca cante por mi gloria.
Estos versos fueron
atribuidos, cómo era natural, al popular Bibliotecario Socorro Rodríguez, el cual pudo
exclamar con verdad aquella vez, como otras muchas, ala par que Miguel de Cervantes cuando
dijo en el Viaje al Parnaso:
Yo que siempre trabajo
y me desvelo
Por parecer que tengo de poeta,
La gracia que no quiso darme el cielo....
En los últimos días
del mes hubo regocijos públicos, iluminaciones y pomposas fiestas religiosas, las que
terminaron con un baile en el palacio. Lo presidió don Manuel Bernardo Alvarez, quien
lucía sus setenta años con señoril talante, vestido de negro con casaca redonda, rica
pechera de encaje, puños o vuelos que asomaban a las bocamangas, peluca blanca de los
tiempos de Ezpeleta y sombrero apuntado bajo del brazo.
El día 8 de febrero,
el Colegio Electoral de la ciudad de Neiva declaró solemnemente que el Estado desconocía
a Fernando VII y a cualquiera que lo sucediera en el trono y a toda autoridad que no
emanase directamente del pueblo o de su representante, y que rompía la unión política
con la Metrópoli, con eterna separación (1).
Los Gobernadores del
Arzobispado, Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne, promulgaron el viernes 12, «en
la vicecatedral, la supresión de la Bula de Cruzada, edicto por el cual quedaban dichos
Gobernadores con el privilegio de las gracias e indulgencias que antes correspondieron a
la Corona, sin cuya venia podían ya percibir las limosnas a que daba derecho la santa
Bula de Cruzada.
Las damas santafereñas
enviaron cintas blancas con inscripciones de oro a los valerosos campeones
cundinamarqueses, libertadores de Popayán. Y a su vez Nariño remitió un escudo de oro
destinado ala imagen del Nazareno en San Agustín. En solemne fiesta lo entregó el
Coronel Luis Azuola al Padre Agustín Rosas, quien lo puso en el brazo de la bella efigie (2).
Ocurrió también que
el Oficial patriota Lino Arguello mató en los primeros días del mes, en la calle abajo
de la iglesia de San Francisco, a un mozo de la gleba. Antes de terminar febrero, y por
sentencia de Consejo de Guerra, fue fusilado el criminal en medio de un cuadro formado por
las trapas, en la Plaza que todavía se llamaba Mayor. El 29 de abril de 1814 escribía
Nariño:
Se ha fijado hoy la
bandera tricolor al otro lado del Juanambú.
En el parte de la
batalla, que principió con la frase citada, encontramos estas líneas que honran la
memoria de bogotanos:
Al pie de esta
trinchera, entre muchos cadáveres de valientes soldados, están los del Capitán don
Isaac Calvo y del Subteniente don Pedro Girardot. Los ojos se humedecen al
contemplar los semblantes de estos valerosos republicanos que parece están todavía
sonriéndose de la misma muerte.
Cuando tuvo noticia
doña Luisa Ortega, esposa de don Ramón Calvo y cuñada de Nariño, de la muerte de su
hijo Isaac, acaecida en Juanambú, en vez de exclamaciones de dolor, muy naturales en
aquellos instantes, interrogó al que le comunicaba la triste nueva, con esta frase, digna
de la historia clásica:
«¿Y se ganó la
batalla?»
No cedía esta dama en
grandeza de corazón al padre de Atanasio y de Pedro Girardot, joven éste que rindió la
vida en el mismo campo que Isaac Calvo.
En este mes de abril de
181.4 sufrieron los republicanos la desgracia de perder a don Juan del Corral, el
ciudadano benemérito que presidía los destinos de Antioquia. Falleció en la ciudad de
Ríonegro, y el Congreso de las Provincias Unidas lo declaró benemérito de la Patria y
uno de sus libertadores.
Vimos en los principios
del capítulo XL, que había sido miembro de la Regencia española, compuesta a la sazón
de cinco individuos, un hijo de Popayán, don Joaquín Mosquera y Figueroa, el implacable
Juez de Nariño en 1794
(1)
. Antes, en 1810, había
sido el bogotano don Pedro Agar, Presidente de la Regencia, formada por él y por Joaquín
Blake y Gabriel Ciscar
(2). En marzo de 1813 fueron
Regentes en Cádiz el Cardenal Santamaría de Scala, o sea don Luis de Borbón; Ciscar y
Agar (3).
En 1814 se trasladó la
Regencia a Madrid, y fue recibida allí con aclamaciones las más vivas y con mucha
esplendidez. El bogotano Pedro Agar y sus compañeros habitaron en el palacio real, como
Representantes de los Monarcas españoles.
Don Felipe Larrazábal,
escritor venezolano, hablando de este extraño suceso, dice:
¡Agar, pues, el
colombiano, el hijo del Tequendama, fue Rey de España!
El literato español
don Ramón de Mesonero Romanos, nos cuenta que cuando la Regencia ejerció en Madrid, vio
a don Luis de Borbón, Arzobispo de Toledo, revestido de la púrpura cardenalicia; al
General Gabriel de Ciscar, con su respectivo uniforme, y a don Pedro Agar, también de
uniforme de General, quien se distinguía-según el ameno narrador-por una muy pronunciada
cojera, que hacía indecisa su marcha
(1).
El yanqui Carlos Le
Brun, en sus Retratos políticos de la revolución de España, aprecia así al
bogotano don Pedro Agar.
Liberal sin zurrapas,
por inclinación y por principios, y sin perjuicio de la mística, porque era beato. La
libertad y la religión no se excluyen, como se asocien de buena fe y por convencimiento.
En cuanto al payanes
Mosquera, opina el mismo Le Brun, que a pesar de haber sido Consejero de Indias y
Presidente de la Regencia del Quintillo, era «servil y Regente del Gobierno liberal» y
que «nuestro Mosquera pagaba 5,000 reales todos los meses al infame periódico Procurador
Genera! del Rey y de la Nación.»
El Conde de Toreno nos
dice que «era hombre vano y de cortos alcances.»
Napoleón había
enviado desde 1813 al Conde de la Forest, nombre supuesto de M. Dubois, cerca de Fernando
VII, a quien llamaba Vuestra Alteza, pues no lo reconocía como Rey. Napoleón
escribió a Fernando y principiaba la carta con las palabras primo mío. Luego lo
reconoció como legítimo Soberano de España e Indias, si bien le impuso condiciones
duras v violentas. El Rey pisó territorio español en marzo de 1814, v en vez de visar la
Constitución y aprobar lo hecho por las Cortes, dos días antes de llegar a Madrid, en el
mes de mayo, declaró abatida aquélla, y usando de la fuerza armada disolvió las Cortes.
Ese Fernando El
Deseado, llamado por otros con más justicia El Imbécil, «pretendió hacer
retroceder la historia hasta 1808, y borrar de la serie de los tiempos los seis gloriosos
años de la independencia española:» (1).
Don Pedro Agar y los
otros Regentes fueron llevados el 10 de mayo de las suntuosas moradas del real palacio a
cárceles v cuarteles, donde quedaron reducidos a rigurosa prisión.
De Agar, personaje de
quien hablaremos luego detenidamente, existe un retrato en el Museo Naval de España.
Fernando VII, creyendo
que aún tenía dominio en América, creó de nuevo en esos días el Consejo Supremo de
Indias, quedando en él representada América por reducida minoría, en la cual figuraba
Joaquín Mosquera y Figueroa, único nativo del antiguo Nuevo Reino, en la Sala 3a de
justicia.
Pero los republicanos
no volvían como el Rey de España a 1808.
En el Museo Nacional se
guardan varias medallas que recuerdan las tristes glorias de don Fernando.
125. Dos de plata,
conmemorativas de la Jura de Fernándo VII. Anverso, busto de Fernando VII, mirando a la
derecha. En contorno, la inscripción En amor de Fernando
VII, Rey de
España e Indias. Reverso, la cruz, con la corona y dos leones rampantes al pie;
debajo de estos, en campo puntillado, un ancla a la izquierda y unos fardos a la derecha.
En contorno se lee: El Comercio de Santa Fe de Bogotá. Septiembre II. 1808.
Diámetro, 39 milímetros.
126. Dos de plata. Jura
de Fernando VII. Anverso, el águila de dos cabezas, con una espada en la garra derecha, y
encima la corona. Debajo un puente de arco, sobre ondas, que recuerdan el río Magdalena.
En contorno, la inscripción Proclamación de la Villa de Honda. 1808. Reverso:
arriba, un pequeño escudo de armas de España; debajo, en cuatro líneas, la inscripción
Magno in ortu, majori in imperio, Máximo in se ipso, y en contorno, Fernando
VII,, Rey de España y de Indias, Diámetro, 30 milímetros.
127. Dos de plata, de
la proclamación de Fernando VII, Anverso: armas de España, y en contorno, la
inscripción Rey de España e Indias, Reverso: en seis líneas paralelas, entre
gráfila de puntos, se lee: Augusta Proclamación Del N. R, D. G. por Fernando VII,
Sep, n de 1808. En la una hay grabada una granada minúscula, arriba, y otra abajo; en
la otra sólo existe la de arriba. Diámetro, 25 milímetros
(1).
El Congreso de Bogotá
queriendo organizar la federación en forma más regular y más fuerte, nombró el 1° de
junio de 1814 Dictador a don Manuel Bernardo Alvarez. A mediados de ese mes llegaron
simultáneamente plausibles noticias del triunfo de Nariño en el sitio de Tasines, y de
la derrota que había sufrido el Ejército republicano al promediar el mes de mayo, en los
ejidos de la ciudad de Pasto.
Esos fueron días de
duelo para los habitantes de la capital que amaban la independencia y habían seguido
ansiosos la campaña de la expedición del Sur.
Nariño no quiso volver
a su ciudad natal en adversa fortuna y se entregó a los realistas el 14 de mayo. Tumultos
populares pedían con instancia su cabeza; Narifío los calmó, salten do a un balcón,
con un discurso brillan te que terminó con la célebre frase: «¡Yo soy Nariño: aquí
me tenéis!»
En esos días Bolívar
vencía en Carabobo (la), y luego el 14 de junio, fue derrotado por J. Tomás Boves en el
desafortunado campo de La Puerta, derrota que tuvo fatales consecuencias militares y
políticas
(2).
Poco después, el
bogotano Luciano D'Elhuyart se vio forzado a levantar la línea del sitio de Puerto
Cabello, adonde había hecho inmortal su valor y su constancia,» al decir del historiador
Baralt.
Estos lamentables
sucesos llenaron de consternación a los patriotas y constriñeron al Congreso reunido en
Tunja a tomar medidas para la defensa general. El Gobierno de Bogotá comisionó a los
patricios Manuel Pardo, Antonio del Castillo y Francisco de Urquinaona para recaudar un
empréstito de $ 200,000; redujo a prisión en el edificio de Las Aulas a varios
españoles y al panameño Sebastián López Ruiz, médico realista; y publicó bandos
llamando al servicio de la Patria, en las filas del Ejército, a los ciudadanos de diez y
ocho a cincuenta años de edad.
El 22 de junio murió
don Enrique Somoyar, patriota, natural de Cartagena, y amigo y protector de Nariño,
cuando el desgraciado Precursor estuvo detenido allí en 1810. Somoyar había levantado
suscripción en favor de los patriotas en 1812. Nariño agradecido tomó-años después-el
nombre de su benefactor muerto, para firmar las célebres cartas que en 1820 dio a luz en
Gibraltar.
En el número 8 del Anteojo
de larga vista se excitaba de manera viva a los republicanos para unirse y continuar
la lucha por la República. «Todo pueblo que quiere ser libre, lo consigue si tiene
constancia y energía en el sostenimiento de su causa.» Y opinaba que los patriotas
unidos eran invencibles, que debía hacerse tenazmente la guerra a los españoles y que no
debía apartarse de la memoria esta infalible verdad: el cordero y el lobo no pueden
ocuparan mismo establo.
Se reconoce bien en
esta filosófica frase el aticismo del redactor del Anteojo, el ex-Presidente don
Jorge Tadeo Lozano.
A la causa de la Patria
se habían adherido con verdadero entusiasmo, desde 1810, casi todos los miembros del
Cuerpo Médico: José J. García, José Félix Merizalde, Benito Osorio, Juan María
Pardo, Rafael Lasso de la Vega, Manuel María Quijano, José C. Zapata. Santos González y
José Fernández Madrid. A principios de julio de 1814 Merizalde, que, como antes vimos,
recentaba cátedra de medicina en el Colegio de San Bartolomé, dedicó unos certámenes,
llamados entonces conclusiones, al Presidente Nariño, a los cuales concurrió el
Gobierno presidido por el Dictador Alvarez.
En los días 19 y 20 de
este mes se celebro oficialmente, con fiestas m i litares, civiles y religiosas el cuarto
aniversario de la revolución y el 6 de agosto ondeó por primera vez la bandera tricolor
en las casas municipales para celebrar el aniversario de la fundación de Bogotá. La
bandera tenía «por un lado las armas de la ciudad v por el otro una cruz sobre un
granada con un Jesús en el medio
(1)
.
Noticias alarmantes de
Europa sobre las aspiraciones de Fernando VII, de reinar otra vez en las Indias, obligaron
al Dictador Alvarez a buscar la unión con el Congreso de Tunja, y con tal fin nombró
como Enviado de Cundinamarca al ex-Presidente don Jorge Tadeo Lozano, a quien adornaban
talentos y patriotismo. El Congreso recibió al Enviado con cordialidad y designó en
comisión para que arreglara condiciones con él, al doctor José Fernández Madrid. Los
pactos se terminaron el 11 de agosto, ad referéndum, y Lozano volvió a Bogotá
acompañado del Canónigo Diputado Juan Marimón y Enríquez, quien debía terminar el
negociado con el Dictador de Cundinamarca. Por terquedad de éste no quiso ratificar el
tratado, de manera que todo lo actuado fue perdido, y la separación de las Provincias y
su debilidad quedaron en vigencia
(2)
.
Parte responsabilidad
con el testarudo Dictador el doctor Ignacio Herrera, quien con su acostumbrada fogosidad,
se hizo alma de la resistencia para impedir la unión del Gobierno y el Congreso. A su vez
era reacio Camilo Torres. Esos patriotas llenos de buena fe y de amor a la República se
equivocaron y abrieron fácil puerta a la reconquista.
Así las cosas, el
Congreso de Tunja reformó por acta federal, sancionada el 23 de septiembre, el régimen
de Gobierno de las Provincias unidas, prescindiendo de Cundinamarca.
Aunque este acto
Jurídico revela adelantos en la ciencia constitucional, tuvo el defecto, de capital
importancia, de establecer un triunvirato ejecutivo, rompiendo la unidad de pensamiento y
de acción del poder, reforma difícil en tan críticas circunstancias
(1)
.
Tampoco permitió el
Congreso que en las Provincias confederadas tuviera circulación la moneda de plata de
baja ley que en ese año se había acuñado en Bogotá por decreto de Nariño, conocida
con el nombre de moneda de la India.
El primer día de
octubre se colocó sobre el farol de la torre norte de la nueva Catedral la cruz que
culmina sobre ella. En el tomo II, página 290, dimos algunas noticias sobre la
construcción de la Metropolitana, las que complementamos ahora recordando que a mediados
de este mes se pusieron las campanas en la torre nueva, hecho que se celebró con fuegos
de pólvora y otros regocijos.
Obedeciendo al plan de
reforma, se nombraron el día 5 de octubre los primeros Triunviros elegidos. Don Manuel
Rodríguez Torices, Gobernador de la Provincia de Cartagena, el Gobernador del Socorro,
Custodio García Rovira, y el abogado Secretario del Gobierno de Antioquia, doctor José
Manuel Restrepo. El Congreso de Tunja llenó interinamente tan altos puestos con los
nombres de tres Diputados: José Fernández Madrid, Joaquín Camacho y José María del
Castillo.
Uno de los titulares, Restrepo, escribió más tarde:
Es inconcebible cómo
formó el Congreso un Gobierno tan defectuoso cuando trataba de concentrar la autoridad
nacional, y cómo la confió a un triunvirato que necesariamente debía carecer de unidad,
de existencia propia, de vida continua y por consiguiente de energía; y esto después de
haber visto que un Gobierno semejante contribuyó sobremanera a la pérdida de Venezuela
en 1812
(1)
.
Promediando el mes,
declaró la Serenísima Representación Nacional que el Excelentísimo señor don Manuel
Alvarez era Dictador absoluto, con facultades extraordinarias, y que por
consecuencia el Senado carecía de autoridad para fiscalizar o modificar sus
procedimientos.
Entonces se expidió el
Reglamento legislativo para el Gobierno de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. La
coexistencia de dos regímenes, ambos «soberanos e independientes.» que residían en
Tunja y en Bogotá, borra la claridad de las narraciones históricas en esos tiempos de
verdadera anarquía. La ofuscación de los directores políticos de estas entidades
facilitó para tiempo más tarde -como ya lo insinuamos-la dura reconquista española, que
llevó a todos esos patricios a la ruina, al destierro, a los presidios y a los
patíbulos.
En esos momentos
intimaba el español Toribio Montes, Presidente de Quito, la sumisión de todo el país a
su amo el Rey. Hubo Juntas de militares y reunión de la Representación Nacional, para
acordar la contestación que se debía dar al peninsular. Todos sostuvieron la
independencia. Caballero escribe al relatar estos hechos: «¡Morir o vencer! ¡Y afuera
intrigas regentistas de tanto malvado como subsiste entre nosotros!»
Anotamos en el volumen
I de esta obra, página 142, que el Oidor Lesmes de Espinosa Sarabia había levantado el
segundo puente sobre el riachuelo de San Agustín, en la carrera 6a, obra que existió
hasta 1814 y que aún conserva el nombre del golilla español; y hablamos, en la página
185 del mismo volumen, de la iglesita que llevó el nombre popular de capilla de Las
Cruces, edificada en el ángulo noroeste del cruzamiento formado hoy por la carrera 11 y
la calle 6a Recordamos estos hechos para relatar lo que sucedió el 23 de octubre de 1814,
con una grande avenida del río San Agustín, torrente tan abundante y tan fuerte que
cubrió de grandes piedras las callea y la plaza que antes llevaron el nombre de dicho
riachuelo.
Volteó y se llevo el
puente de Lesmes y una gran parte de la muralla, con media casa donde vivía el doctor don
Juan Ronderos; llegó la creciente a la portería de San Agustín y a la puerta del
cuartel del Auxiliar: parte de ella cruzó por la calle de espaldas del convento;
se entró en todas las casas y tiendas, y fue menester sacar las gentes a caballo, y hasta
se ahogaron una mujer, un hombre y un niño que habían dejado encerrado en una tienda....
A la iglesia de Las Cruces se entró, con ser que tiene la entrada al contrario, y llegó
hasta el altar mayor, y subió el agua hasta la mitad de los confesonarios
(1)
.
________
(1) J.
M. BARAYA, lib. cit., i. 52, 53. (Regresar)
(2) N.
GARCÍA SAMUDIO, Independencia de Tunja, Boletín de Historia, número 100. (Regresar)
________
(1) B.
MITRE, Historia de San Martín, III, 363.(Regresar)
________
(1) Argos
de la Nueva Granada, número 32, 16 de junio de 1814.(Regresar)
(2) J.
M. CABALLERO , lib. cit., 195.(Regresar)
________
(1) M.
LAFUENTE. lib. cit., XXV, 421.(Regresar)
(2) A,
DUVERINE, Cuadro Histórico, 102. M. E. CORRALES, Documentos para la historia de
la Provincia de Cartagena, I, 177. (Regresar)
(3)
CONDE DE TORENO, Historia del levantamiento, guerra y revolución de España, III,
200.(Regresar)
________
(1) R.
DE MESONERO ROMANOS. Memorias de un setentón, 129.(Regresar)
________
(1) R.
MESONERO ROMANOS, lib. cit., 140.(Regresar)
________
(1) E.
RESTREPO TIRADO, Catálogo General del Museo de Bogotá, 118.(Regresar)
(2) N.
GARCÍA SAMUDIO, La batalla de La Puerta, El Gráfico.
(Regresar)
_________
(1) J.
M. CABALLERO, lib. cit , 199.(Regresar)
(2) Los documentos de
las comisiones del Congreso y Cundinamarca pueden consultarse en el Argos de la Nueva
Granada, números 42, 43, 46 y 48. J. M. GROOT, lib. cit., III. 32. J. M. RESTREPO,
lib. cit., I, 278, 280. C. MARTÍNEZ SILVA, Biografía de don José Fernández Madrid.
F. LOZANO Y LOZANO, Biografió de don Jorge Tadeo Lozano.
(Regresar)
_________
(1) M. A. POMBO y J. J. guerra, lib. cit..,501 a. 509.(Regresar)
_________
(1) J.
M. RESTREPO, lib. cit., I, 284.(Regresar)
_________
(1) J.
M. CABALLERO, lib. cit.. 201.(Regresar)
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