Crónicas de Bogotá
Segunda Edición
Tomo III
Pedro M. Ibáñez
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CAPITULO XLI
(Segunda parte)

Obedecía esta actitud más al carácter del célebre jurisconsulto que a su clara inteligencia. Un contemporáneo del Presidente de las Provincias unidas aprecia así sus condiciones morales:

Yo no sé si me engaño; pero me parece que el señor Torres no había nacido para ser gran político, no porque le faltasen las luces de muchos libros excelentes de  esta materia que hacían parte de su escogida biblioteca, ni porque careciese de datos estadísticos o topográficos de nuestro país; mas no conocía por experiencia las pasiones humanas; no era lo que se llama hombre de mundo, ni tenía las miras       atrevidas de un Ministro de Estado; su inflexible carácter le adquirió el renombre          de Catón, dado por burla por sus enemigos (1) .

El Colegio Electoral nombró Gobernador de Tunja al doctor José María Castillo y Rada. Este gobernante, con acuerdo de la Legislatura de la Provincia, ofreció a Nariño amigablemente sujetarse a un Gobierno central y asentar la paz sobre bases sólidas. Nariño convino en el hecho, y sostuvo correspondencia cordial por algunos meses con el Gobernador.

Los enemigos del patriota Castillo, que dio muestras en esta vez de altas aptitudes políticas, repitieron las sátiras del realista Caro, escritas contra el benemérito hijo de Cartagena y su hermano Manuel:

    Castillito el abogado,
        Que parece un alambique
   De destilar alfeñique.
Es un ají compilado
           Aunque habla tan remilgado,
              Con tanto melindre y dengue,
               Que parece un tenguerengue;
         En todo mete el distingo,
      Y es como todo piringo
                  Muy soberbio y muy blandengue.
       El Marqués de Forlipón,
               Que así llaman a su hermano,
     Con patillas de gitano
         Quiere hacer el temerón.
                 Y no es más que un mascarón.
          Un fantasmón de retazos.
   Y farolón de pedazos
    De talco o de vidriera
      Que si su padre viviera
          Lo deslomara a trancazos.

Se creó entonces un Tribunal de residencias para juzgar la conducta de algunos Oficiales, todos ellos centralistas. Fue su Presidente don Primo Groot; Juez, don Felipe Vergara, y Fiscal, el doctor Miguel Tobar. A la vez se trasladaron los presos a mejores locales y se dio libertad a 2,300 soldados para que se restituyeran a sus hogares.

El día 13 de enero preparó el General Nariño un gran convite para obsequiar a todos los militares que lo habían acompañado el 9. En vez de vestirse el uniforme azul y oro de los Generales de Cundinamarca, apareció Nariño con el uniforme de granadero del Batallón Auxiliar, acompañado de sus dos hijas Mercedes e Isabel, de quince y doce años de edad, respectivamente, que adornaban sus vestidos con insignias de los Batallones Nacionales y Artillería, Levantados de la suntuosa mesa, el General-o mejor dicho, el granadero-distribuyó a nombre del Gobierno despachos de ascensos militares a sus compañeros de campaña (1) .

Por la noche hubo baile en Palacio, y a él concurrieron los antiguos enemigos del Dictador, don José Ignacio y don Mariano París v don Francisco Urdaneta, natural de Montevideo y vecino de Bogotá.

El 19 hubo banquete campal, en grandes tiendas levantadas en los ejidos de San Victorino. En ellas comieron el Presidente, la Oficialidad y sujetos de distinción: y sobre el césped la tropa, los voluntarios y cantineras. Los soldados en torno de los humeantes pucheros y del jugoso asado de costilla, llenaron cumplidamente sus deberes culinarios. Por la noche hubo otro baile en casa contigua al campamento: danzaron en ella los invitados de distinguida sociedad, v en los alegres toldos, adornados con banderas y laureles v bajo la comba, del cielo, mostraron sus habilidades las hijas del pueblo y los guerreros vencedores.

Al día siguiente volvieron las tropas a sus cuarteles, y al Batallón Auxiliar se le cambió el nombre usado desde la Colonia, como premio a sus méritos y servicios, por el enfático de Defensores de la Patria.

El domingo siguiente hubo pomposa función religiosa, a la cual concurrieron las tropas de la guarnición, y el Presidente fue obsequiado en el convento de candelarios con abundante refresco.

Con esto terminaron las festividades públicas con que se celebró en la ciudad el triunfo de los nariñistas. De ellas quedó constancia en una plancha que se incrustó en uno de los muros de la antigua Plaza de San Victorino, la cual veremos desaparecer un año después.

El domingo 24 de enero llegó la noticia de que el francés Pedro Labatut había vencido a los realistas y tomado la ciudad de Santa Marta. El cronista nos cuenta así lo ocurrido:

         Esta noticia se celebró con dianas en los cuarteles, repiques, pólvora, vivas, etc.           A las tres salió una lucida procesión de la parroquia de Santa Bárbara trayendo la           original, la que iban cargando los Oficiales de todos los Cuerpos, dio vuelta por la           Plaza Mayor y se le hicieron muchas salvas de artillería con seis pedreros que           habían preparado en la misma Plaza.

       Por la noche hubo vítores, música, fuegos artificiales, etc., en la Plaza.

El 1° de febrero entraron a la ciudad en triunfo don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis E. Azuela, Diputados del Gobierno de Nariño ante el de la Unión, el cual los había retenido en calidad de prisioneros. Don Manuel Pardo salió en coche a encontrarlos, y a las siete de la noche los recibió el Presidente en Palacio, donde hubo gran refresco «en una sala iluminada con luces de esperma.» Ese día fueron puestos en libertad don Juan N. Niño, ex-Gobernador de Tunja, y algunos Oficiales federalistas.

A mediados del mes partieron para distintas Provincias, con el objeto de organizar la centralización de los Gobiernos, sendos comisionados de Santafé. Aceptaron este honroso encargo don Pedro Groot y don Manuel Pardo. para Antioquia; don Pío Domínguez y don José María del Castillo, para Cartagena; don Joaquín Bonilla, para Popayán, y el presbítero don Julián de León, para los Llanos orientales.

El 20 de febrero de 1813 falleció en Purificación, hoy Departamento del Tolima, el benemérito procer don Luis Caicedo y Flórez. Allí había nacido el 9 de octubre de 1752. Sus servicios a la República los hemos rememorado en páginas anteriores. Seis días después se le tributaron honores militares al antiguo caballero de la Orden de Carlos III. Cedemos la pluma al cronista Caballero, para que nos refiera los solemnes oficios religiosos, narración que nos da nuevos detalles de las costumbres de aquel tiempo:

      Viernes 26. Se le hicieron los honores al Coronel don Luis Caicedo, en San Agustín; se puso un túmulo famoso; asistieron las comunidades y Cabildos, y el Batallón de Milicias asistió con armas a la funerala y una bandera enrollada y arriba una cinta    negra ancha y cajas enlutadas y los Oficiales de luto. Después de la misa se hizo       una descarga por todo el Batallón, muy lucida, y se volvieron con armas al hombro      ya sin luto(1).

A la generosidad de don Luis Caicedo y Flórez y de su hijo don Luis Caicedo Santamaría, también militar patriota, debe el pueblo de San Luis, del Tolima, la bella iglesia parroquial. En un nicho abierto en uno de los muros descansan los restos de estos dos patricios, y en la losa que los cubre se lee esta inscripción: Si momimentum quaeris cincunspici-LUDUVICUS CAYCEDO. Patri et Filio.

El último día de este mes hubo por la tarde cuadrillas en la Plaza Mayor. Los caballeros tenían ricos vestidos, y los caballos valiosos jaeces. Terminadas las suertes, salieron los cuadrilleros a encontrar a los Diputados del Congreso don José María del Castillo y don José Fernández Madrid, y rodeando el coche en que llegaban, los condujeron en grupo pintoresco hasta las salas del Palacio. Por la noche hubo baile allí, y nos cuenta el cronista que a él concurrieron algunos de los centralistas, y «la más empecinada carraca (ya convertida) rompió el baile, que era dona Ana Herrera y Arce. A esta señora se esmeró el señor Presidente en obsequiarla con más particularidad. La sala del Palacio estaba ricamente adornada y toda iluminada con esperma.»

Ese mismo día obtenía brillante triunfo en San José de Cúcuta Simón Bolívar, el futuro Libertador, sobre las fuerzas realistas que comandaba el español Ramón Correa.

Los carnavales fueron en Santafé muy alegres. Hubo toros, cuadrillas, disfraces y bailes en el Coliseo. El miércoles de ceniza (3 de marzo) apareció clavado junto a la vieja pila de la Plaza Mayor un sauce coronado con el gorro frigio.

El día 9 comunicaba Camilo Torres, desde Tunja, los triunfos de Simón Bolívar:

        Sea cual fuere el estado actual de nuestras cosas-decía,- a Vuestra Excelencia y          al ilustre pueblo de Santafé no puede dejar de interesar la adjunta noticia, que          comunico con el mayor placer (1) .

Estas nuevas las trajo a la capital el Capitán republicano Francisco Llamas.

Los triunfos se celebraron el día 13 con músicas, repiques de campanas y pólvora. Nariño, don Juan Manuel y don Manuel Antonio Arrubla, ricos comerciantes patriotas, regalaron abundantes monedas de plata desde los balcones del Palacio.

Salió en paseo a caballo por toda la ciudad, llevando el inglés Perry, que era Oficial de artillería, el estandarte de la libertad, y con el gorro puesto, y la música regando plata, echando muchos voladores y vivas a la libertad.

En esos días murió don Andrés Otero, viejo amigo de Nariño, el mismo que había solicitado en tiempos de Ezpeleta, como Síndico de Santafé, que se abriera el camino del Norte, desde la Plaza de San Diego hasta el pueblo de Chía. El epigramático Caro había dicho de este acaudalado propietario:

       Es el viejo Andrés de Otero
El picaro más taimado
      Y el traidor más redomado
                 Que hay en todo el mundo entero:
     Este hipócrita embustero
       Tiene un coto campanudo,
      Pero niega que es cotudo.
        Y también si en los infiernos
          Le nacen un par de cuernos,
          Ha de negar que es cornudo.

El señor Otero nació en Cartagena y había sido tres veces Alcalde de Santafé, Corregidor de la ciudad y miembro del Ayuntamiento. Caballero nos cuenta que murió súbitamente, y ánade que era muy rico, pues por gusto tenía en su armario, y señalaba a varias personas, $200,000 en onzas. Era pues de aquellos que tienen la bolsa tanto mas ávida cuanto más repleta.

Pocos días después, el 14 de abril, miércoles santo, murió en la hacienda de El Tigre, a inmediaciones de La Mesa, otro patriota distinguido, don Miguel de Rivas, y fue sepultado en la capilla de su rica casa señorial. Hemos visto que él también desempeñó la Alcaldía de la ciudad en 1795; que en tiempos de Mendinueta fue Visitador de hospitales para virolentos, y que su casa fue honrada con visitas de Virreyes.

El domingo de pascua perdió la razón el benemérito ex-Oidor de Quito, don Baltasar Miñano; «lo llevaron al Hospital-dice el cronista,-porque andaba diciendo que no había Gobierno, y otras varias cosas contra el Presidente. Sacó una pistola y la disparó, pero no le dio fuego, que si da fuego mata dos o tres.»

Pasados algunos días, el señor Miñano fue enviado para Cartagena, con todas las consideraciones que requería su triste estado. Allí perdemos de vista a este entusiasta servidor, de la Patria, a quien la posteridad no ha hecho la debida justicia.

El sábado 27 de marzo de 1813 llegó a Bogotá el distinguido Oficial venezolano Coronel José Félix Rivas, quien se había presentado al Congreso con credenciales dadas por Bolívar con el objeto de buscar «la protección de ese Cuerpo Soberano para que prestándonos-dice la credencial- sus poderosos auxilios, partan nuestras armas victoriosas de estos Estados libertados a combatir a los tiranos que hacen gemir a Caracas y amenazan constantemente la libertad de la Nueva Granada» (1) . El futuro Libertador, al vencer en el combate de Cúcuta, había borrado el demérito de las armas de la República, las cuales en dos escaramuzas, en las alturas de San Antonio del Táchira, habían llevado mala parte, en 1812, al Comando del Gobernador de Pamplona doctor José Gabriel Peña (1) .

El Gobierno de Bogotá recibió cordialmente al Coronel Rivas, y le prestó valioso auxilio con 124 hombres, la mayor parte jóvenes distinguidos y bien armados. No podía el Presidente de Cundinamarca enviar mayor número de tropas al Norte en momentos en que los realistas Juan Sámano y Toribio Montes amenazaban por el Sur. Pero si el contingente personal fue escaso, abundantes fueron los elementos de guerra y el oro enviados, suma ésta que montaba a $20,102, que había sido recogida por los patriotas José Tiburcio Echeverría, Enrique Somayar, Antonio M. Palacios y Manuel y Miguel Pombo.

La expedición salió de la ciudad el 5 de abril. Marchaba a unirse en las Povincias del Norte con las fuerzas patriotas que había organizado el Congreso con tal fin, con los republicanos que se alistaban en distintas ciudades y con las tropas que comandaba Bolívar, formadas en su mayor parte por hijos de Cartagena, Mompós, Ocaña y Cúcuta, soldados que fueron el germen del glorioso Ejército Libertador.

Ya reunidos, daba Bolívar, en oficios dirigidos al Congreso, agradecimientos por el grado de Brigadier y el título de ciudadano de la Nueva Granada, que antes le había concedido y que él consideraba «más apreciable que todas las dignidades a que la fortuna pudiera elevarlo» (2) .

En uno de sus documentos oficiales, consignó el genio del, grande hombre estas brillantes palabras:

ˇOh, qué bello espectáculo se presenta, señor Presidente, sobre el teatro del Nuevo Mundo, que va a ver una lucha quizá singular en la historia; ver, digo, concurrir espontánea y simultáneamente a todos los pueblos de la Nueva Granada al restablecimiento, libertad e independencia de la extinguida República de Venezuela, sin otro estímulo que la humanidad, sin más ambición que la de la gloria de romper las cadenas que arrastran sus compatriotas, y sin más esperanza que el premio que da la virtud a los héroes que combaten por la razón y la justicia (1) .

A las filas de ese Ejército que se iba a cubrir de gloria, en una campaña rápida y audaz, ingresaron, entre muchos otros, los siguientes granadinos (2) :

Joaquín Ricaurte (3), José María Vergara (4) , Antonio Ricaurte (5) , José María Ricaurte (6) , José María Ortega (7) , Francisco de Paula Vélez (8) , Hermógenes Maza (9) , Manuel Ricaurte (10) , José Sandino (11) , Camilo Mendoza (12) , Atanasio Girardot (13) , "Luciano D'Elhuyart (14) , Joaquín París (1) , Francisco de Paula Santander (2) , Antonio París (3) , Manuel París, Mariano París (4) , José María Mantilla (5) , José Concha (6) , Gabriel Rico (7) , Manuel del Castillo (8) , Salvador Rizo (9) , Tomás Gutiérrez, Luis Lamprea, Lino Ramírez, U. Tejada (10) , Félix Uscátegui, Francisco Pérez, Juan Salvador Narváez, Pedro Guillín, G. Gutiérrez, José María Rodríguez, Ambrosio Almeida, Pedro Ibáñez, José García (11) , Félix Ricaurte (12), Antonio Cárdenas (13) , José Agustín Rosas, José María Solano. Pedro Patria (14) , José Tejada (15) , N. Serrano (16) , N. Calvo, N. Mejía, N. Sordo (17) , Tadeo Cuéllar (18) , Pedro Fortoul (19) , Gil Ricaurte (20) , Pablo Silvestre, Pablo Antonio Agüero, Gregorio Angel (21) , Manuel Lugo, N. Pulido (22) , Mauricio Alvarez, Francisco Aguilar, José Castillo, Tomás Planes (23) , N. Velasco (24) , Joaquín Acebedo, Sancho Briceño Rubio, Gabriel Díaz, Francisco Guerrero, Ramón Jaime, Lorenzo Ley, José María Loaisa, N. Méndez Pulido, Raimundo Núñez, Ambrosio Plaza, José María Ramírez, Joaquín Tejada, José Manuel Vega (1) , Pedro Vigil, Policarpo Ribón (2) , Rafael Urdaneta (venezolano) (3) , Manuel del Castillo (4) , Antonio y Manuel Ibáñez (5) , Jacobo Caballero (6) , Diego Fernández Silguedo, Pedro Velilla, Matías del Villar, Antonio Muñoz, Felipe Muñoz, Manuel Nájera, N. Cañarete, Nicomedes Flórez, N. Castellanos, Rufino Ribón, Rafael Ribón, N. Blanco, N. Urrutia, N. Sánchez, N. Surumay, N. Sosa, N. Martínez, Juan José Agracol, Juan José Aguirre, Eugenio Bandera, José León Herrera, Rafael Serrano, Felipe Serrano y Pedro Villa (7) , N. Angomedo, N. Morón y N. Arratea (8) .

El Presidente Nariño mandó imprimir en hoja volante un canto marcial anónimo en honor de la expedición granadina libertadora de Venezuela y del valiente Coronel Bolívar, según rezaba el epígrafe de la poesía que por subtítulo tenía estas palabras: Sáficos y adónicos, versos recogidos en el volumen primero de los Documentos relativos a la vida publica del Libertador.

Un distinguido biógrafo de J. F. Rivas creyó autor de la poesía al ciudadano colombiano José María ríos, y el notable historiógrafo Luis Febres Cordero no duda de que ella naciera del numen de Nariño (9) .; Oportuno es recordar que José María Ríos fue simplemente el impresor oficial, y por ser tal, figuró su nombre en el pie de imprenta de la mencionada impresión, anteponiendo el título revolucionario de ciudadano, como era costumbre en la época. La intervención de Nariño en esa publicación se limitó a sacar de su bolsa el costo de tipografía.

Vamos a citar algunas estrofas de los Sáficos y adónicos:

          ..............................................................
          Ya tinto en sangre Magdalena corre.
En su ribera Calamar se ciñe
        Verdes laureles, Santa Marta cede
                                      Palma y victoria.

         ..............................................................
          Pide a sus genios la sonora trompa,
  El aire llena su robusto aliento.
          Los nombres claros de Ramiro y Rivas
                     Repite el eco.

        ..............................................................
              ˇViva la Patria!, sobre el bronce escribe,
    ˇVivan Narváez y Guillín valiente,
     Vergara viva, y en eternos anos
                     Viva Bolívar!

El Coronel de ingenieros Antonio Bailly, francés, Oficial del Ejército centralista, casado con doña Melchora Nieto, a quien vimos figurar en las escenas de la revolución, había perdido en tiempos anteriores la mano derecha, en la isla de Santo Domingo (1) .

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(1) J. M. SALAZAR, Memoria Biográfico, de la Nueva Granada.(Regresar)

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(1) J. M. ortega, Apuntes Autobiográficos.(Regresar)

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(1) J. M. CABALLERO, lib. cit., 173.(Regresar)

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(1) J. M. GROOT, lib. cit., III, 232.(Regresar)

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(1) J. M. RESTREPO, lib. cit., 1a edición, IX, 115.(Regresar)

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(1) L. FEBRES CORDERO, El Primer Combate.(Regresar)

(2) F. LOZANO Y LOZANO, Biografía, del General Joaquín Ricaurte,(Regresar)

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(1) J. M. RESTREPO, lib. cit., 1a edición, IX, 126.(Regresar)

(2) Vamos a citar los nombres de los Oficiales que conocemos, después de investigación laboriosa, y seguros de que faltan noticias para hacer nómina completa. Citaremos también los autores de donde hemos tomado datos, al pie de cada fracción de esta lista, en la cual omitimos los ya nombrados. Casi todos los historiadores repiten grupos de Oficiales, agregando o quitando nombres; pero hasta ahora no conocemos una lista general, como la que presentamos, formada sobre fuentes auténticas, con el objeto de facilitar el estudio de esta hermosísima y deficiente página de la historia colombiana.(Regresar)

(3) F. LOZANO V LOZANO, Biografía, del General Joaquín Ricaurte.(Regresar)

(4) M. L. SCARPETTA y S. vergara, Diccionario Biográfico délos Campeones de la Libertad, 689.(Regresar)

(5) F. MUTIS DURAN, Estudio Biográfico de Antonio Ricaurte.(Regresar)

(6) F. MUTIS DURAN, lib. cit.(Regresar)

(7) J. M. ORTEGA, Apuntes Autobiográficos, Revista del Colegio Mayor del Rosario, I, 321. (Regresar)

(8) P. FERNÁNDEZ MADRID, Rasgos de la vida pública del General Francisco de Paula Vélez.(Regresar)

(9) F. LOZANO Y LOZANO, Biografía del General Hermógenes Maza.(Regresar)

(10) R. RIVAS, El Marqués de San Jorge.(Regresar)

(11) J. M. CABALLERO, Patria Boba, 164.(Regresar)

(12) J. M. BARAYA, Biografías Militares, u, 52.(Regresar)

(13) J. D. MONSALVE, Atanasio Girardot. (Regresar)

(14) J. M. BARAYA, lib. cit., I, 52.(Regresar)

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(1) S. ACOSTA DE SAMPER, Biografía del General Joaquín París.(Regresar)

(2) Archivo Santander.(Regresar)

(3) E. ROBLEDO, Un procer, una carta y un zapatero. L. A. cuervo, Antonio París, Boletín de Historia, VII, 735.(Regresar)

(4) S. ACOSTA DE SAMPER, lib. cit.(Regresar)

(5) J. M. BARAYA, lib. cit.. II, 53.(Regresar)

(6) J. M. BARAYA, lib. cit., i, 226. L. MARROQUÍN, El Coronel J. Concha.(Regresar)

(7) J. M. CABALLERO, lib. cit.(Regresar)

(8) M. E. corrales, Efemérides y Anales de Bolívar, II, 179.(Regresar)

(9) J. M. vergara y vergara, Historia de la Literatura, 2a ed., 317.(Regresar)

(10) Boletín de Historia, VII, 504, 505, 511.(Regresar)

(11) D. F. O'LEARY, Documentos, XIII, 147 a 150, 170, 174.(Regresar)

(12) F. MUTIS DURAN, lib. cit., 62. (Regresar)

(13) J. M. baraya, lib. cit., II, 95.(Regresar)

(14) D. F. O'LEARY, lib. cit., XIV, 49. J. de austria, Bosquejo de la Historia Militar de Venezuela, 179.(Regresar)

(15) O'LEARY, lib. cit., XIII, 218.(Regresar)

(16) J. DE AUSTRIA, lib. cit., 179.(Regresar)

(17) El Día, año VIl, número 345, marzo de 1846.(Regresar)

(18) R. AZPURÚA, Biografías de Hombres Notables, iv, 183.(Regresar)

(19) R. AZPURÚA, lib. cit., I, 494,(Regresar)

(20) Centenario del Sacrificio de Ricaurte, 276.(Regresar)

(21) R. BLANCO FOMBONA, Cartas de Bolívar, 80.(Regresar)

(22) B. TAVERA ACOSTA, A través de la historia de Venezuela, I, III.(Regresar)

(23) J. M. ORTEGA, lib. cit., 333. (Regresar)

(24) F. MUTIS DURAN, lib. cit., 66.(Regresar)

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(1) M. L. SCARPETTA VS. VERGARA, lib. Cit.(Regresar)

(2) J. M. GROOT, lib,.cit., III, 276.(Regresar)

(3) J. M. RESTREPO, lib. cit., II, 136.(Regresar)

(4) J. M. QUIJANO otero, lib. cit., 203.(Regresar)

(5) F. LOZANO Y LOZANO, Biografía del doctor Miguel Ibáñez.(Regresar)

(6) J. M. CABALLERO, lib. cit., 175.(Regresar)

(7) J. R. PRADOS, Historia de Mompós, inédita.(Regresar)

(8) M. D. MARTÍNEZ, Discurso. Relación de festejos del 103° aniversario de la independencia de Mompós, 21.(Regresar)

(9) J. V. GONZÁLEZ, Biografía de ˇosé Félix Rivas, ed. de París, 49. L. FEBRES CORDERO, Prófugo, Poeta y Presidente.(Regresar)

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(1) J. A. TORRES V PENA, Santafé Cautiva, 581.(Regresar)

      

 

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