Crónicas de Bogotá
Segunda Edición
Tomo III
Pedro M. Ibáñez
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CAPITULO XLI
1813-Alcaldes-En guerra-El púgil Socorro Rodríguez-Divisas bobas. Toma de Monserrate por Girardot-El clérigo García Tejada, ecuestre-Nueva Embajada-Jesús Nazareno, Generalísimo-Escudo y divisas-Usaquén-Otra vez Antonio Morales-El francés Bailly-El bogotano Baraya-Combate del 9 de enero-Triunfo-Los prisioneros-Los heridos- Sancta simplicitas-Fosa común- Madrigal-epitafio- Escudo y cédula-Magnanimidad de Nariño-Trofeos de guerra. Pasquines-Propósitos del vencedor-El Catón granadino-El Gobernador Castillo y Rada-Tribunal de Residencia-Banquetes y bailes.) Buenas noticias-Triunfo de Labatut-Libertad de prisioneros-Por el centralismo-Muerte de don Luis Caicedo y Flórez-Honras fúnebres-Nariño galante-Bolívar en Cúcuta-Carnavales-Fiestas políticas-Muerte de don Andrés Otero-Muerte de don Miguel de Rivas. El Oidor Miñano, loco-Misión de J. F. Rivas en Bogotá-Libertadores de Venezuela-Nómina de granadinos-Canto marcial-Muerte trágica de Bailly-El árbol de la libertad-Fiesta cívica en Santafé. Imprenta para el Congreso-Instalación del Colegio Electoral-Nariño reelecto Dictador-Sámano guerrero-Amenazas- Auxilios-Nariño General-Libro raro-Nuevo Gobierno de Alvarez-Un clérigo realista-Expedición del Sur-La independencia absoluta-Conceptos de un notable español-Otra vez el árbol de la libertad- Promulgación de la Independencia- Festividades- 20 de julio de 1813-J. M. Cabal, militar-Bórranse las armas del Rey-Nueva cátedra de Medicina-La Patrona de América-6 y 7 de agosto-Bolívar, Libertador. Sámano en Popayán-EI General Serviez-Independencia de Antioquia-Chapetones presos-Intimación - Bendición de la bandera. Abajo la del Rey-El pabellón nacional-Escudo-Poesías patrióticas-Los precursores-Prosa de Socorro Rodríguez.

El viernes 1° de enero de 1813, no obstante la situación de guerra, fueron nombrados Alcaldes don Camilo Manrique y don Manuel Alvarez Lozano. Ese día se extendió la tropa del Congreso hasta el pueblo de Bosa, y la de Nariño ocupó la altura de Monserrate, las colinas orientales del actual barrio de Las Cruces v el puente de Santa Catalina, al sur de la ciudad, en el camino que va para Tunjuelo.

El Bibliotecario Socorro Rodríguez, viendo la inminencia de un sangriento «combate fratricida,» se presentó a ofrecer al Gobierno su contingente personal, para evitar la batalla. Quería ser campeón de la ciudad para salir a campo abierto y lidiar cuerpo a cuerpo con Baraya en singular y quijotesco torneo. Otro viejo santafereño, don Felipe de Vergara, el mismo que quiso antes crear Legión de voluntarios, era entonces Secretario de Relaciones Exteriores, y resolvió el memorial del Bibliotecario con la siguiente donosa respuesta: «Admítese el desafío que propone este nuevo púgil, pero con la condición que en la lucha no ha de haber zancadilla» (1) .

No podía faltar la socarronería del autor de la ensaladilla tantas veces citada, en la cual dedicó la siguiente décima al poeta cuasi militar:

            Ven aquí, tú, estrafalario
            Perrazo con piel de zorro.
            Sal aquí, Manuel Socorro
            Pasa aquí. Bibliotecario.
            Sí, aprendiz de boticario:
            No mereces ser trompeta.
            ¿Quién te ha metido a poeta:
            No reflexionas, mohino.
            Que no ha habido escritor fino
            Que tenga un palmo de jeta?

El rasgo ingenuo y caballeresco del Bibliotecario Rodríguez pinta bien la sencillez de las costumbres de la época, en cuyas escenas se mezclaban hombres candorosos que Justificaron el nombre de Patria Boba con el cual se conoce la historia de aquellos días.

Refiere el cronista Caballero que el domingo 3 «se mandaron poner divisas de cuero de ovejo en los sombreros de las tropas.» Lucido quedaría Socorro Rodríguez..... En Monserrate había un destacamento de sesenta hombres, que comandaba el ingeniero Pío Domínguez, ardiente partidario de Nariño. El 5 de enero a mediodía atacó Atanasio Girardot esa posición, y después de un fuego vivo quedó vencedor y tomó prisioneros al Jefe y a varios Oficiales y soldados. Este combate causó en la sociedad santafereña honda consternación. En la tranquila ciudad jamás se había escuchado el rimbombo del cañón en una guerra, y por el momento, aterrados militares y paisanos, quisieron abandonar loa campamentos, sin atender la voz de los Jefes.

La captura de pío Domínguez, de familia patricia y Tendente Coronel de Ingenieros, aumentó el pánico. Una escena grotesca tuvo lugar esa tarde: el clérigo don Juan Manuel García Tejada, bogotano y poeta muy popular, salió a caballo por las calles con el objeto de reanimar el espíritu público, y hacía burla de los soldados de Girardot que se veían en el atrio de la capilla de Monserrate desde todas las calles y ventanas de la ciudad, apostrofándoles con frases ridículas.

Parándose en los estribos y alargándoles la mano para que bajaran, les decía: «Daca la pata»; y repetía que estaban como loros en estaca, de donde no podían bajar; y con esto hacía morir de risa a la gente del pueblo, que desde ese momento varió de humor (1) .

El día 6 marchó para Fontibón como Embajador don Tadeo Versara, con el fin de comunicar a Baraya que la ciudad se le entregaría pacíficamente, con la única condición de dejar salir al Presidente, a sus adictos y a sus familias para los lugares adonde quisieran retirarse. A las siete de esa noche regreso el Embajador con la mala noticia: Baraya rehusaba todo arreglo, y por consiguiente atacaría y tomaría la ciudad a viva fuerza. Tal obstinación despertó en el pueblo vigor y encono contra aquel militar que pretendía destruir su propia patria. El Gobierno había enviado ese día víveres a Girardot con el objeto de probar que en la ciudad había abundancia. Este Jefe devolvió las provisiones con arrogante contestación llena de amenazas contra el tirano y sus secuaces.

En estas circunstancias varios clérigos y frailes y algunos legos fanáticos difundieron en el pueblo la idea de que las tropas del Congreso acabarían con la religión católica.

 

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Jesús de Nazareno

 

en Cundinamarca. Los Padres agustinos fueron los más exaltados, y entre ellos se distinguió el Padre Agustín Rosas, Capellán de la cofradía de Jesús Nazareno, bella estatua que aún se venera en la iglesia de su convento. Nariño nombró Generalísimo de las tropas a Jesús Nazareno. Los frailes de San Agustín y el Padre Ignacio Botero, franciscano, repartieron divisas con el nombre de Jesús y con la abreviatura JHS, la que significa: Jesús, Hominnm Salvator. Sobre las puertas de muchas casas fijaron una imagen de Jesús rodeada de esta inscripción: «Nomine meo adscribatur. Enero 9» (1) . Hasta nuestros días se ha conservado en algunos vestíbulos de las habitaciones bogotanas el escudo del sitio de 1813.

En la página 44- del primer volumen de esta obra anotamos que la histórica escultura de Jesús Nazareno, de la iglesia de San Agustín, había sido adorada por los católicos ingleses hasta los tiempos de la Reforma. Con ella tropezaremos varias veces en distintas épocas de convulsione» políticas, y para despedirnos por ahora de ella copiamos unos versos de Salvador Rueda que parecen escritos para los santafereños de aquellos días:

              Por la calle lejana, pausado
              Viene el Nazareno,
              La frente abatida, la cruza la espalda,
              La mirada vítrea clavada en el suelo.

Un miriámetro al norte de la ciudad y recostada en la vertiente occidental de la hermosa serranía que abriga la Sabana, demora la risueña población de Usaquén. En ella se encontraba, el 7 de enero una fuerza del Ejército federalista al comando del Capitán Antonio Morales, el mismo que castigó al español José González Llórente en 1810. Ella fue sorprendida por otra fuerza que mandaba el ingeniero francés Antonio Bailly y derrotada completamente.

Morales logró escaparse. El resultado favorable de este combate levanto el espíritu de los partidarios de Nariño.

A más de la derrota, Morales y los suyos tuvieron que sufrir la sátira de poeta Caro, que decía:

              La chusma de los Morales
              Mirados de cualquier modo,
              Son en un todo y por todo
              Una recua de animales;
              Pero si el diablo zorrales
              Caso de necesitarlos
              Salir pudiera a buscarlos
              Del infierno en que se halla,
              Peores que esta canalla
              No ha de poder encontrarlos.

El día 8 estuvieron las fuerzas de los dos contendores a la vista. Un prisionero advirtió a Nariño que Girardot había recibido en Monserrate orden de Baraya para coadyuvar al ataque de la ciudad al día siguiente. El Dictador engañó al prisionero y suplantando la orden hizo llegar a Girardot aviso para que no bajase de las cumbres de Monserrate durante el combate que desde allí vería, razón por la cual el futuro héroe del Bárbula conservó su posición.

Sea éste el lugar de advertir que hasta 1909 corría como hecho cierto en muchos libros de historia la versión de que el General Baraya había nacido en Girón. Dicho año un notable historiógrafo, el señor don José María Restrepo Sáenz, dio la noticia documentada de que un hermano mayor del General llevó el mismo nombre y fue natural de Girón, pero murió en la primera infancia. La partida de nacimiento de Baraya se encuentra en la parroquia de la Catedral, libro 28 de bautismos. Nació en Bogotá el 6 de noviembre de 1770 (1) .

Al amanecer del día 9 avanzaron las fuerzas de Baraya por los llanos y predios rurales de Chamicera y La Estánzuela, situados al occidente de la ciudad, y ocuparon la antigua Huerta de Jaime, hoy Plaza de los Mártires: la carrera 13, en el espacio que llamaban Calle Honda, y la alameda de la calle 13, hoy Avenida de Colón, que entonces llamaban Paseo del Prado en remembranza del de la Metrópoli española. Este nombre se cambió en esos días por el prosaico de Camellón de San Victorino. Las fortificaciones hechas levantar por Nariño estaban situadas al extremo de esta calle 13, y por consecuencia las tropas de Baraya quedaron al oriente de ellas, de manera que, como dice el cronista soldado de Nariño, «ellos tiraban para abajo y nosotros para arriba.»

Después de rudo combate las piezas de artillería del Dictador fueron situadas en los flancos de las tropas de Baraya, y acertados tiros de metralla y una carga de bayoneta decidieron el combate en favor de los centralistas. La derrota fue completa y los muertos numerosos. Distinguidos prisioneros hubo, entre los cuales figuraban Diputados al Congreso y Oficiales como Francisco de P. Santander, Rafael Urdaneta y José Avala, el primero y el último heridos. Baraya logró escapar dejando la banda; su segundo, Joaquín Ricaurte, también se salvó pero perdió el sable y el bastón; Girardot se retiró para Tunja con su fuerza intacta.

Grande fue el regocijo de la población bogotana, la cual obedeció la orden de Nariño de respetar los prisioneros y tratarlos con toda consideración. Los Oficiales fueron custodiados en el claustro de Las Aguas, los soldados en distintos cuarteles y los heridos en el Hospital de San Juan de Dios. Muchas señoras unidas con las de la familia del Dictador sirvieron con sus blancas manos abundantes comidas y refrescos a los prisioneros de distinción, y otras convertidas en Hermanas de la Caridad cuidaron de los heridos. También las monjas de Santa Clara prepararon el día 10 escogidos guisos para los soldados prisioneros.

En medio de tantos tumultos y alegría, el conocido clérigo Juan Manuel García Tejada, improvisador popular, recorría las calles y repetía a gritos la siguiente cuartilla:

            Al estruendo de un canon
            Más fanfarrón que travieso,
            Cayó el supremo Congreso
            Y las tropas de la Unión.

El cronista Caballero refiere entusiasmado la siguiente anécdota que pinta bien el extremado candor y la santa inocencia de algunos santafereños de la masa popular: le concedemos la pluma al soldado de Nariño, porque la nuestra es inhábil para relatar hecho tan pueril:

Cuando las tropas enemigas subieron a la esquina de la Carnicería y pensaban         esparcirse por toda la ciudad, dicen que estaba una mujer vestida toda de azul, que según algunos piadosos aseguraron ser María Santísima, Nuestra Señora de la Concepción, pues bajo los dulcísimos nombres de Jesús, María y José militaban nuestras tropas, y esta mujer les dijo que no entrasen a la ciudad, que siguiesen para San Victorino, que allá estaban todas las tropas, y así lo hicieron sin que uno solo se animase a entrar a la ciudad.

Caballero creía, como los conquistadores, en auxilios sobrenaturales. Santiago, el Patrón de España, y la Virgen María se habían dignado muchas veces ayudar a los tercios españoles en América. Autores que pasaron por serios y acreditados refieren que en las guerras de la conquista, ángeles y santos habían combatido al lado de los hispanos. Por eso era popular y frecuente el grito de guerra: «¡Santiago y cierra España!» (1) .

El mismo Caballero refiere que muchas mujeres mostraron varonil denuedo e hicieron varios prisioneros, «y cosa admirable, que yo lo vide pues me hallé en el tiroteo.»

Los muertos en el combate, de clase innominada, fueron sepultados en ancha fosa abierta en el rústico atrio de la iglesia colonial de San Diego, entonces sitio apartado de la ciudad. Sobre esa sepultura común se alzaba antiguo y tosco monumento de piedra coronado por una cruz. Este mausoleo existe y recuerda nuestras primeras matanzas en guerra civil.

Para honrar a las víctimas del cruento combate apareció una poesía de musa anónima, que insertamos a título de curiosidad:

Eí animi magnitudinem quam
pro patriae certaminibus
habebant-MAC.C.14.

                                      Cubra el Amor de lirios y de rosas
                                      Esta lúgubre pira, y entretanto
                                      También la riegue con amargo llanto
                                      Al triste son de endechas lastimosas.
                                      Pero aquí mismo, tiernas y afectuosas,
                                      Las Piéridas, con suave y dulce canto
                                      Celebren el magnánimo heroísmo
                                                   Firmen,valentía,
                                                   Denuedo,honor,constancia,
                                                   Nobleza y patriotismo
                                      De los que aplaude el mérito este día:
                                      De aquellos héroes que la Parca impía
                                      Sepultar no podrá en la negra estancia
                                      Do reina entre las furias, pues la Gloria
                                                   Con palma de victoria
                                                   Sobre su templo, augusto
                                      A cada uno consagra un áureo busto
                                      Para eterno blasón de su memoria.

                                                                            9 DE ENERO DE 1813.

El Oidor don Juan Jurado desempeñó bien la simpática comisión de atender a los prisioneros de distinción. Esta hábil política de Nariño le atrajo la voluntad y la simpatía de los vencidos, que ya no le llamaron ni usurpador ni tirano.

        Testigo presencial dice:

               Desde aquel día todo fue alegría y contento en la ciudad, y como la victoria               de los cundinamarqueses fue completa y decisiva, ya no había que temer más               guerra civil, a lo menos en mucho tiempo (1) .

El vencedor decretó un escudo de honor para sus Oficiales, el Cual consistía en un círculo de dos pulgadas de diámetro, con la fecha 9 de enero, bordada con hilo de oro, que llevaban en el brazo: el fondo era de paño encarnado, y para los Oficiales inferiores, las letras eran plateadas. Este escudo fue puesto en el brazo del Jesús Nazareno de San Agustín. A las tropas y clases se les dio un diploma impreso encerrado en un marco de imprenta, y decía:

«CUNDINAMARCA-Cédula de honor.-A los vencedores del nueve-de Enero.-(aquí una rúbrica).-Mutienx-(rúbrica). Concedida al ciudadano.... -Cúmplase lo prevenido en esta cédula.-JOSÉ MIGUEL PEY.»

Nariño se mostró generoso después de la victoria. Fue hidalgo con los prisioneros, y en vez de aprovechar el triunfo y obligar a la Provincia de Tunja a formar un solo cuerpo con la de Cundinamarca, se abstuvo de toda medida violenta que pudiera complicar la situación y alejar el arreglo definitivo de la paz.

Cuenta Caballero que el día 11 exhibieron los elementos de guerra que pertenecieron a los vencidos, y su bandera. Esta por un lado tenía la imagen de Nuestra Señora del Socorro, y por el otro el nombre de María con una corona imperial y una granada. La bandera era blanca y de tela de seda. La banda del General Baraya era de azul y blanco. El mismo día cayó prisionero el doctor Niño, Gobernador de Tunja (1) , y se fijaron en las esquinas versos denigratorios contra los derrotados.

Los pasquines a que se refiere el cronista que cita este hecho eran las entonces populares poesías del realista Caro. Para herir al Oficial Rafael Urdaneta y a miembros de su familia, escribió dos décimas que decían:

 

                                   Los Urdanetas despiertos
                                 Nunca abren más que un postigo,
                                 Por Pepe y Martín lo digo
                                 Pues uno y otro son tuertos.
                                 Pacho y Rafael abiertos
                                 Tienen los suyos de día
                                 Y al que diga con porfía
                                 Que en el ajiaco criollo
                                 No han echado su repollo,
                                 Que se lo cuente a su tía.

                                    Pacho Urdaneta es un pillo;
                                  Ya de Girardot es yerno
                                  Y con su influjo paterno
                                  Es pillo a macha martillo:
                                  El suegro como a un chiquillo
                                  De las francesas traiciones,
                                  Le embutió las instrucciones;
                                  Y el yerno salió tan diestro
                                  Al lado de tal maestro
                                  Que le puede dar lecciones.

Nariño comunicó a los Gobiernos de las distintas Provincias el suceso del 9 de enero y sus deseos y voluntad de entenderse con el Congreso de Tunja. De ese documento tomamos las siguientes frases que hacen conocer bien el estado de ánimo del vencedor:

No crea Vuestra Excelencia que en medio de este conflicto e inesperado triunfo se llenó mi corazón de orgullo y de una baja alegría. No: me consolé con ver libre la ciudad de una plaga, de un desastre, pero mis ojos se humedecieron al ver el campo manchado con la sanare de mis compatriotas y a mis antiguos amigos conducidos como prisioneros de guerra. Todos están, sí, tratados con decoro y vestidos con el mayor esmero.

También escribió Nariño al Presidente Torres en tono conciliador, y don Camilo contesto de modo áspero e impolítico.

 

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(1) J. M. VERGARA V VERGARA, Historia de la. Literatura. 397. I. GUTIERREZ PONCE, Las Crónicas de mi Hogar, capítulo XXVII.(Regresar)

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(1) J. M. GROOT, lib. cit., III. 219.(Regresar)

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(1) J. M. RESTREPO. lib. cit., I, 193. J. M. GROOT, lib. cit., III. 218. J. J. borda, Compendio de Historia de Colombia, 127.(Regresar)

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(1) boletín de Historia, VI, 145.(Regresar)

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(1) J. MANCINI, Bolívar et /'emancipation des colonies espagnoles. J. M. GROOT, lib. cit., III, 222. El Precursor. 390. Archivo Santander, I, 175. J. M. restrepo, lib. cit., I, 193. J. M. caballero, lib. cit. J. D. monsalve, Atanasio Girardot. N. garcía SAMUDIO. Francisco José de Caldas, Rev. cit. M. L. AMUNATEGUI. Los Precursores dé la Independencia de Chile, I, 17, 37.(Regresar)

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(1) J. M. ESPINOSA, Memorias de un Abanderado, 32.(Regresar)

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(1) N. GARCIA SAMUDIO, Biografía del doctor Juan Nepomuceno Niño. (Regresar)

 

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