Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
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Continuación del capítulo 9. 

 

El Rey Felipe III murió el 31 de marzo de 1621 dejando como herederos a Ana Maria, esposa de Luis XIII; María Ana, que casó con el Emperador Fernando III, y a Felipe IV, hijo de Margarita de Austria. Gobernó, de edad de diez y seis años, don Felipe IV, quien confió la Jefatura del Ministerio al Duque de Uceda, que habla sido Ministro de su padre, cargo que desempeñaron después Baltasar de Zúñiga y Gaspar Guzmán, Conde Duque de Olivares; nombres que citamos porque en realidad estos Ministros fueron los que gobernaron el Nuevo Reino durante los tiempos de su privanza en la Corte (16)    

 

Hernando Arias de Ugarte.

  

El 9 de septiembre de 1561 nació en Santafé de Bogotá un niño que fue bautizado en La Catedral con el nombre de Hernando, y fueron sus padrinos don Gonzalo Jiménez de Quesada, el esclarecido fundador de esta ciudad, y Hernán Gómez Castillejo. Fueron sus padres don Hernando Arias Forero, Encomendero de Bogotá, y doña Juana Pérez de Ugarte, ambos de familias distinguidas de la sociedad colonial. El joven Hernando Arias de Ugarte se educó en el Colegio fundado por Gaspar Núñez, y recibió órdenes menores de manos del Arzobispo Zapata de Cárdenas. Diego de Agreda, caballero español, lo llevó á educarse a la Universidad de Salamanca, en 1577. Viajó por España e Italia, y en la Universidad de Lérida obtuvo la borla de doctor en ambos Derechos. En 1586 llegó a Madrid, Sirvió el cargo de Auditor de Guerra de Aragón y el de Oidor de las Audiencias de Panamá, Chuquisaca y La Plata. Fue Corregidor del Potosí y luego Oidor de la Audiencia de Lima; en esta ciudad recibió el presbiterado. Desempeñó la Gobernación de Huancavelica y la Asesoría del Virreinato del Perú. Se consagró Obispo de Quito en 1614, y fue promovido al Arzobispado de Santafé, del cual se posesionó el 7 de enero de 1618, a los cincuenta y ocho años de edad en el mismo templo donde habla recibido el bautismo (17) .

Un cronista hijo de Santafé, al hablar del señor Arias de Ugarte, dice las siguientes palabras que hacemos nuestras: 

Por ser hijo de esta ciudad requería alargar la pluma contando en vida, y no se hace por abreviar: sólo se dice que desde mozo dio demostraciones de su mucha virtud, pues por haber crecido en ella fue proveído por Auditor General en las revueltas de Aragón, y después por Oidor de Panamá, Charcas y Lima, donde fue consagrado Obispo de Quito y promovido a este Nuevo Reino, en el cual entró por enero de mil seiscientos diez y ocho años, y hecha la visita de esta ciudad partió a hacer él por su persona la de su Arzobispado, y llegó a partes muy remotas adonde sus antecesores no hablan llegado, en que se ocupó tres años, y se dispuso a la celebración del primer Concilio que hubo en este Nuevo Reino que se acabó de promulgar a 20 de mayo de 1625 años (18) ,  

En el Concilio que presidió el señor Arias de Ugarte se votó por abogado contra los temblores de tierra a San Francisco de Borja, que acababa de ser beatificado. Al voto asistieron el Presidente don Juan de Borja, nieto del Santo, un hijo de don Juan, Tesorero de la iglesia Catedral, un Obispo, los Prelados de las religiones y los Cabildos civil y eclesiástico. Firmó el acta del voto el cronista bogotano Alonso Garzón de Tahuste (19)

Obtuvo el señor Arias de Ugarte permiso del Rey, el año de 1619, para fundar en esta ciudad monasterio de monjas de Santa Clara, en casas que compró con tal objeto y dotó de rentas suficientes a veinticuatro monjas, doce de ellas de su raza, y las otras descendientes de conquistadores.  

Promovido el señor Arias al Arzobispado de Charcas, antes de terminarse la obra de la iglesia y del convento, dejó encargo de concluirla a su hermano Diego Arias Forero. En 1628 se hizo la fundación de acuerdo con Bula del Pontífice Gregorio XV, con tres monjas, una de las cuales era hermana del Arzobispo Arias de Ugarte y las otras dos sus sobrinas, que cambiaron el hábito del Carmen por el de Santa Clara. Otra sobrina del Arzobispo, doña Maria Arias de Ugarte, ‘‘empleó su hacienda en continuar la fábrica de la iglesia y adornos de ella” (20) . Costó el edificio más de $ 60,000 y sirvió de convento hasta 1863. Años antes fueron extinguidas las comunidades religiosas por el Gobierno de que fue Jefe el General Tomás O. de Mosquera. 

El Arzobispo Arias de Ugarte escribió en Pamplona, cuando hizo la visita del Reino, un libro que tenemos a la vista y que es curiosidad bibliográfica, cuyo título es:   

Regla, Constituciones y Ordenaciones de las religiosas de S. Clara de la ciudad de S. Feé de Bogotá: en el Nuevo Reyno de Granada: de las indias, de el Perú. 

El libro se imprimió en Roma en 1699 por Lucas Antonio Characas. 

Como muestra del estilo y de la previsión del señor Arzobispo, transcribimos al acaso unas líneas del capítulo XIII, donde trata de la puerta exterior del monasterio. Cambiamos la ortografía:   

En cada monasterio haya solamente una puerta para entrar en el claustro, y salir cuando fuere necesario, y sea conforme a la ley de la entrada y salida puesta en esta Regla, en la cual puerta no hayga postigo ni ventana, y hágase esta puerta en alto cuanto más conveniente se pueda hacer de manera que se suba a ella por de fuera por escala que se baje y se levante, la cual escala esté atada con diligencia de parte de las monjas con cadena de hierro.  

El conocido publicista Vergara y Vergara, cuya obra historia de la Literatura en Nueva Granada fue publicada segunda vez en 1905, con prólogo y notas del esclarecido humanista don Antonio Gómez Restrepo, académico de la Historia, no trae noticia alguna sobre el libro del señor Arias de Ugarte que hemos mencionado. 

Tres retratos de este Prelado se conservan en Bogotá: uno en la iglesia de Santa Clara y dos en La Catedral; los últimos tienen estas inscripciones: 

El Ills.mo Sr. Dr. Don Fernando Arias dvar te, 6° Arçobispo de St.a Fee, entró en posesión el año 1618, y fue promovido á las Charcas el año 1625. 

Verda.° retrato deel Sr. Dr. D.n Fernando Arias de Vgarte Forero, de el Consejo de su M.d Nació en esta ciudad de Santa Fé, en el año de 1661, a 8 de, Septiembre fuese a España entrando en 14 adonde estudió y se graduó de Dr. en Canones y Leyez fue a bogado en el R.l Consejo, de donde Le enbió su Mag.d Por auditor general del Exército de Aragon. Fue Oydor de las Re.° Audiensias de Panamá, Charcas y Lima, Corregidor, y teniente de Capitán general de Potosí, Visitador de los Tribunales de la Santa Cruzada en el Perú, Charcas, Chile y Quito, Comisario de las minas de Guan Cabelica. Assesor del Virrey y Marquez de Montes Claros, Obispo de Panamá y Quito. Árçobispo de esta ciudad de S. Fe, Charcaz y Lima donde murió a 17 de Henero año de 1633. 

Completamos las noticias del convento de Santa Clara con las recogidas por el historiador E. Posada en su libro Narraciones, a la página 91 y siguientes.  

Apacible fue la vida de las monjas clarisas, pues nada de particular hemos hallado sobre ellas en las viejas crónicas. En los archivos coloniales existen bastantes legajos de esta comunidad, pero casi todos ellos se refieren a asuntos sobre sus rentas, solicitudes para profesar o para conseguir las novicias la dote necesaria, e informaciones sobre los milagros de alguna imagen. 

A mediados del siglo antepasado fue sorprendida la comunidad con la entrada de una novicia inesperada. 

“Antes de San Juan, 22 de junio, sábado, de este año de 1758—dice un antiguo manuscrito que poseemos—fue la conversión de la Marichuela, que entró en el convento de Sra. Santa Clara de esta Corte, y dimanó de unos ejercicios dirigidos por el Padre Benavente, de la Compañía de Jesús. No sé en lo que parara.” 

La Maruchuela era nada menos que la pasión del Virrey Solís y causa de todas sus locuras y desvaríos. Poco tiempo después entregaba él su bastón de mando, renunciaba también al mundo y se entraba, como ella, a un convento, a vivir en él hasta el fin de sus días.  

______ 

¡ Pobre la monjita Buenaventura de la Guardia, natural de Honda, que el día de todos los santos de 1853 se subió a la torre, a las dos de la tarde, a doblar por los difuntos! Violenta tempestad caía sobre la ciudad en esa hora fúnebre, y ella, ignorando las leyes de la electricidad, atrajo con el golpe de la campana un rayo que cayó sobre la espadaña. La luz del Sinaí alumbró la esquina: iglesia y monasterio temblaron, y la religiosa quedó ahí muerta con el lazo del esquilón en la mano. 

Dos años más tarde, en ese mismo mes, fue de nuevo sacudido el convento, mas ya no por el celeste fuego, sino por esa violenta explosión de pólvora que tuvo lugar en la casa de la esquina, y que hizo estremecer la ciudad. La iglesia sufrió considerablemente; su techumbre se vino al suelo, y por sus puertas y ventanas entraron muchos pedazos de la casa destruida por la pólvora. 

En el mes de febrero de 1863 fueron expulsadas las monjas de Santa Clara.  

Vimos en la página 30 la fundación de la iglesia y convento de Santo Domingo. Largos años se gastaron en edificar el templo de este nombre, y terminado en 1619, lo consagro el Arzobispo Arias de Ugarte (21) . La vieja iglesia tenía rica ornamentación. El altar mayor lo componían tres cuerpos que se apoyaban en columnas dóricas vestidas de parras, y lo adornaban los misterios del rosario, de media talla, y numerosas estatuas. Las naves laterales tenían capillas con buenos retablos, y en ellas existían los osarios de las familias más ricas de Santafé.  

Insertamos una inscripción sepulcral del panteón de Santo Domingo, que conserva en gran piedra arenisca el General Mariano Tobar, y que perteneció a la tumba de sus antecesores:

ESTE ENTIERRO
ESDEDIEGODETO
BAR Y BVENDI
A. I SVS DESENDI
ENTES. AÑO DE

1682

El claustro principal de este convento fue el más amplio de los construidos en Bogotá; los corredores altos y bajos se sostienen en arquería que descansa sobre 182 columnas de piedra con bases y capiteles. Para entonces había celdas con ventanas de rejas de hierro; en la portería, hoy entrada principal del palacio de Santo Domingo, sobre la calle 13, había una capilla, y el refertorio, la sala de profundís, cementerio de los religiosos, la sala de capítulo, y las demás oficinas del convento eran amplias y ricamente dotadas. Las paredes de los claustros estaban adornadas, como en los demás conventos, con retablos dorados y pinturas de grandes dimensiones de la vida del fundador de la Orden de Predicadores. El segundo patio, hoy oficinas de correos, con tres corredores altos y bajos, todo de arquería sobre columnas de piedra. Aún subsiste el escudo de Santo Domingo, labrado en piedra, en el ángulo exterior del edificio formado por la carrera 8.ª y la calle 13. 

Consignamos en este libro el nombre del jesuita Pedro Claver, natural de Verdú de Cataluña, quien vino a Santafé en 1608, y habitó dos años en los claustros del célebre Colegio de San Bartolomé, cinco en el noviciado de Tunja y muchos en Cartagena, donde se guarda su sepulcro (22) . León XIII lo inscribió en el catálogo de los Santos en 1888, y nosotros lo singularizamos de manera muy especial por haber sido él el único que después de haber respirado el aire frío de Bogotá y Tunja, ha sido elevado a los altares de la Iglesia católica. Y no tenemos esperanza de que nos visite otro igual en santidad.

El 4 de julio de 1627 llegó a Santafé el Arzobispo don Julián de Cortázar y Azcárate, sucesor del señor Arias de Ugarte. Era natural de Durango en Vizcaya, y había sido Obispo de Tucumán. El Cabildo eclesiástico, cuando supo su venida, le envió quinientos castellanos de oro para sus gastos. 

Vino por el camino de Neiva e hizo su entrada en la capital del Nuevo Reino en la fecha ya citada. En enero de 1628 bajó el Magdalena hasta Tamalameque, para que le invistiera del palio el Obispo de Santa Marta don Luis García. A su vuelta a Santafé recibió visita de don Pedro Oviedo, Arzobispo de Santo Domingo, siendo ésta la primera vez que para satisfacción de los santafereños se reunieron en esta altiplanicie dos Arzobispos. 

Con $ 3,000 que dejó en las cajas el Arzobispo Ordóñez y Flórez, edificó el señor Cortázar piezas de Cabildo eclesiástico, Juzgado de diezmos y atarazanas en el espacio comprendido entre La Catedral y la Capilla del Sagrario, en la entonces plaza mayor. 

Trajo este Arzobispo como Provisor a su hermano Martín y como Secretario a don Juan Bautista de Elorriaga (23)

Don J. M. Groot relata por extenso en la página 269 y siguientes del volumen I de su conocida Historia Eclesiástica, el despojo que de las misiones hizo este Arzobispo a los Padres de la Compañía de Jesús. El historiador de la Orden de San Ignacio, Cretineau—Joli, dice a este propósito que en 1628 retiró a los jesuitas el uso de jurisdicción eclesiástica en las misiones, apoyándose en que ellos habían establecido en todos los puntos vastos depósitos de mercaderías (24) .  

El señor Cortázar murió, según Groot, el 25 de octubre de 1630; según Garzón de Tahuste, el 31 del mismo mes y año. 

Al pie del retrato de este Prelado, que se conserva en La Catedral, se lee: 

El I’lls.mo Sr. Dr. Dn. Julian de Cortazar, Arsobispo de St.a Fee, entró en possesión el año 1627, y pagó el inescu­sable saldo de esta vida el año de 1630.  

Existe otra inscripción de aquella época, digna de mencionarse. En la casa señalada con el número 87, una cuadra al sur de la iglesia de La Candelaria, en una de las gradas que sirven para llegar a un angosto patio, se lee:  

ESTA CAPILLA DE S. NIC°LAS
DE TOLENTIN° Es DE. VIRAL
QM DE SV MGd Y DE SV HEREDERO  

Se ignora dónde estuvo colocada esta piedra, antes de ser propiedad particular.

 

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(16) PLAZA, lib. cit.. 244. EM. LEFRANC. Histoire D’Eispagne, II, 82 (Regresar a 16)

(17) VICENTE RESTREPO, Vida dei ilustre Arzobispo doctor don Hernando Arias de Ugarte. (Regresar a 17)

(18) GARZÓN DE TAHUSTE, lib. cit., 637. (Regresar a 18)

(19) J. M. VERGARA V VERGARA. Artículos Literarios. Edición de Londres, pág. 410. (Regresar a 19)

(20) ZAMORA, lib. cit., 366. OCÁR1Z, lib. cit.. 170, 259. GARZÓN DE TAHUSTE, lib. cit., 637. (Regresar a 20)

(21) Pueden consultarse noticias sobre las riquezas del antiguo templo de Santo Domingo en la obra del cronista ZAMORA, págs. 378 y siguientes, y en las Narracíones de E. POSADA, págs. 43 y siguientes. (Regresar a 21)

(22) HENAO y ARRUBLA, lib. cit., I, 362. J. J. BORDA, lib. cit., I, 30. (Regresar a 22)

(23) ZAMORA, lib. cit., 405. OCÁRIZ, lib. cit., 137. GARZÓN DE TAHUSTE, lib. cit., 638. (Regresar a 23)

(24) J. CRETINEAU—JOLI, Historia Religiosa, Política y Literaria de la Compañía de Jesús. Edición de París, 1851, págs. 548 y 549. (Regresar a 24)