Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
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CAPITULO VI

 

Fiestas religiosas en honor de Santa Isabel, hija del Rey de Hungría—Seminario de San Luis—Parroquia de Nuestra Señora de Las Nieves—Un robo memorable—Parroquia de Santa Bárbara—Un voto—La imagen de Santa Bárbara—Los ojos de San Roque—Algunas pinturas dignas de mención. Vejeces—Parroquias de Santafé—Fiestas religiosas—Cómo murió el Arzobispo Zapata—Es nombrado tercer Arzobispo de Santafé don Alonso López Dávila—Muere sin venir al Nuevo Reino—El Arzobispo Martínez Menacho—Fallece en Cartagena—Es nombrado Arzobispo fray Andrés Caso—No ejerce.

 

GOBERNANDO el Arzobispado el señor Zapata de Cárdenas se celebraron varias fiestas religiosas, con inusitada pompa, en honor de las reliquias de Santa Isabel, hija de Andrés II, Rey de Hungría, esposa del landgrave de Turingia (Alemania), fallecida en Maipurg el 19 de noviembre de 1231 (1) .  

La Santa fue canonizada por Gregorio IX en 1235; su cadáver fue exhumado al año siguiente por el Arzobispo de Maguncia, en presencia de Federico II, y parte de sus reliquias llevadas a Bruselas, y otras cenizas a la capilla Roche—Guyon, a las orillas del Sena. El Arzobispo Zapata donó a esta Catedral la cabeza de la Santa, según dice la crónica, por habérsela dado con tal objeto la Reina Ana de Austria. 

Hablando del Arzobispo Zapata dice el historiador Simón que trajo la cabeza de Santa Isabel, y que se la había donado la Reina doña Isabel, llamada en España De la Paz, tercera mujer de Felipe II, e hija de Enrique II de Francia (2) .

El Conde de Montalembert, en su Historia de Santa Isabel de Hungría, dice lo que traducimos: 

Hacia el fin del siglo XVI, época en la cual España hacía gastos y esfuerzos por salvar las reliquias de los santos que se hallaban en países invadidos por la herejía, la piadosa infanta Isabel Clara Eugenia, Gobernadora de los Países Bajos, cuya memoria es aún popular en Bélgica, adquirió el cráneo y porción de huesos de su Santa patrona, y los hizo transportar a Bruselas y depositar en casa de los carmelitas; más tarde fue enviado el cráneo al castillo de la Roche—Guyon, en Francia, y recientemente ha sido llevado a Besanzon por el Cardenal Duque de Ruan.  

Luego dice el Conde, 1841, que se veneraban las reliquias en el Hospital de San Jacobo de la misma ciudad.  

El cronista Ocáriz refiere que el Arzobispo Zapata llegó a Santafé en 1573; Garzón de Tahuste señala el mes de abril del mismo año, y Zamora, a quien sigue Groot, corrobora estas aserciones. 

Es tan respetable la opinión del biógrafo de la Santa, Conde de Montalembert, que nos inclinamos a creer que la cabeza íntegra no está en Bogotá, sino fragmentos de los huesos craneanos. 

Santa Isabel fue declarada patrona del Arzobispado, y sus reliquias se conservan en la Catedral, encerradas en un busto hueco de plata, de tosca construcción, que representa una santa cubierta con un manto, que lleva ornamentación de ramasones, figuradas a martillo sobre la plata. En el pecho hay una cavidad con puerta cuadrada, que cubre un vidrio, y dentro, en urna de oro, están los huesos que constituyen la reliquia y que se muestran al público el 19 de noviembre, día que fue fiesta de guarda para los católicos, hasta 1832, año en que la suprimió el Papa Gregorio XVI. 

El Arzobispo Zapata de Cárdenas fundó en aquel tiempo el Seminario de San Luis, Colegio de levitas que facilitó a los colonos educar e instruir a sus hijos (3) .

En atención a que la población de la ciudad aumentaba, y con ella el área, y a que no era suficiente la parroquia de la Catedral, aunque estaba servida por dos Curas, para llenar las necesidades espirituales de los vecinos, todos católicos, el Prelado resolvió erigir dos iglesias parroquiales más, en dos pobres capillas, cubiertas de paja y de mezquina extensión, levantadas la una al norte de la ciudad, con el nombre de Nuestra Señora de Las Nieves, en el camino de Tunja, y la otra al sur del poblado, en honor y devoción de Santa Bárbara, en la vía que conducía a algunos caseríos indígenas. Cristóbal Bernal, conquistador, levantó, por devoción a Nuestra Señora de Las Nieves, una ermita al norte de la ciudad, en el camino llamado entonces de Tunja, para cumplir un voto que él y su esposa habían hecho a la Virgen, por haberse salvado de la muerte su hijo Juan (4)

Los esposos Bernal encargaron a España una efigie de la Virgen, y apenas llegó, erigieron la ermita de Las Nieves en el mismo lugar que hoy ocupa la iglesia. La ermita fue cubierta con paja a la vera del camino del Norte. 

El Arzobispo Zapata consagró la iglesia de Las Nieves el 23 de febrero de 1585. La capilla—parroquia fue destruida el 22 de diciembre de 1594 (5) por un incendio, que se atribuyó al Cura Cristóbal Rodríguez, a quien se le siguió causa y se le condenó a prisión, no obstante que siempre negó su culpabilidad. 

Con limosnas debidas a la piedad pública se reconstruyó la iglesia con más amplias dimensiones, y es la misma que hoy existe. 

Contiguo a la iglesia, hacia el Oriente, existió hasta principios del siglo XIX el panteón de Las Nieves, que dio nombre popular a la calle 20, que aún se llama del Panteón. 

       El área de la plaza de Las Nieves, hoy de Caldas, fue cedida para el uso público por doña Francisca de Silva, como consta en documento que otorgó ante el Escribano de Su Majestad, don Joaquín Sánchez, quien certificó en ese tiempo que la plaza que está a la puerta (de la iglesia de las Nieves) la donó doña Francisca de Silva, hija del conquistador Juan Muñoz de Collantes, el año de 1587 (6) .       

       El atrio de la iglesia de Las Nieves se construyó el año de 1743, según se ve en una inscripción grabada en piedra que se conserva cerca de la puerta principal de la iglesia, y que dice:  

ENLOSOSE ESTE
ALTOSANO AÑO
DE 1743 SIENDO CV
RA. ROR. EL DR. D. JOS
EPH MANRIQUE.
 

En la sacristía de la iglesia se conserva un cuadro al óleo con retratos del Capitán José Talens y de su hija doña Luisa, vestidos con lujosa indumentaria; cuadro que tuvo su origen en la siguiente tradición histórica: en una oscura y lluviosa noche del mes de noviembre del año de 1698 varios hombres con los rostros cubiertos con antifaces, penetraron en la casa que habitaba el Capitán Talens y su hija, hoy marcada con el número 68 de la calle 16, o sea en la acera norte del Parque de Santander. 

Sorprendidos los dos moradores en altas horas de la noche, les intimaron los enmascarados les entregaran la cantidad de dinero que tuviesen. El Capitán les dio la llave de su caja, de la cual tomaron el oro amonedado que allí había, y salieron para perderse en las sombras de la noche.  

       Inútiles fueron los esfuerzos que hizo el Capitán por recobrar lo perdido y por descubrir a los ladrones; pero como tanto él como doña Luisa tenían fe sincera en el poder de la Virgen, en su advocación de Las Nieves, le hicieron promesa de que si les devolvía su dinero, le obsequiarían a su iglesia una custodia de oro y una lámpara de plata. Habían corrido tres años, cuando los mismos enmascarados que robaron a Talens lo sorprendieron nuevamente en su lecho, y con admiración y pasmo del Capitán y doña Luisa, los honrados ladrones pusieron en manos de la víctima de otro tiempo una bolsa con el dinero y los intereses correspondientes, y le explicaron que esa cantidad la habían tomado a préstamo forzoso, urgidos por apremiantes necesidades. Para Talens y su hija, lo sucedido era un milagro de la Virgen de Las Nieves, y llenos de agradecimiento destinaron la suma recobrada para cumplir la promesa ofrecida. La custodia aún se conserva en la iglesia, y es valiosa joya de oro, adornada con esmeraldas, perlas y rubíes. Un buen Cura de esa parroquia vendió la lámpara y otras prendas de la iglesia, e invirtió su producto en la construcción de la sacristía, en la cual se guarda el cuadro histórico que ya mencionamos, con la siguiente leyenda: 

       EL CAPN. D. JOSEPH TALENS Y DOÑA. LUISA DE ARGUINDEY DIERON A ESTA SANTA IGLESIA LA CUSTODIA Y LÁMPARA: RUEGUEN A DIOS POR ELLOS. 

       Al pie de la pintura se lee la siguiente décima, la cual comprueba la fervorosa piedad del padre y de la hija, y no deja duda acerca de la negación absoluta de sus dotes poéticas:  

Viendo el fin de tantos curas
Es cosa muy importante
Llevar la luz por delante
Para no toparse a oscuras;
Pues de las grandes locuras
Que puede haber escondida,
Es tener siempre encendida
La lámpara para el reposo
Que cuando venga el esposo
La tope bien encendida
(7) .  

    

El apreciable cronista Vargas Jurado trae las siguientes líneas al referirse a sucesos de 1732: 

En 18 de octubre de este año .... y en este mismo día 28 del mes y año murieron el señor Varo y don José Talens, quien hizo la custodia de Las Nieves y otras cosas, como hombre rico y de caudal (8) .  

La erección de la parroquia de Santa Bárbara la refirió don Pedro A. Herrán en El Conservador de Bogotá, número 550, en las siguientes líneas: 

Pocos años habían pasado desde la fundación de Santafé, y ya se veía lleno de estancias y haciendas el antiguo Valle de los Alcázares. En las inmediaciones de la nueva ciudad se habían establecido las de los vecinos principales, y así, don Lope de Céspedes y su mujer doña Ana de Vásquez (9) tenían su estancia de pan llevar en el mismo sitio que ocupa hoy la parroquial de Santa Bárbara, en las afueras de la ciudad de entonces. 

El don Lope y su mujer vivían allí tranquilos y llenos de contento y felicidad, cuando el 27 de agosto de 1565 una gran tempestad de lluvia y truenos se hizo sentir en la incipiente ciudad, y cayó un rayo en las casas mismas de habitación de Céspedes y su familia: la chispa eléctrica recorrió todas las piezas hasta llegar a la despensa, en donde estaba la negra esclava Cornelia, única persona a quien mató. 

El espanto que causó tal desgracia fue tanto mayor cuanto era el primer rayo que caía en la ciudad de Quesada: así, se hicieron rogativas públicas, y don Lope hizo construir una capilla en el sitio mismo que ocupaba su casa, que fue consumida por el fuego, y la dedicó a la gloriosa virgen Santa Bárbara, abogada, como es notorio, para evitar el peligro de los rayos, en todos los pueblos católicos, y muy especialmente entre nosotros, en donde no hay una población casi que no tenga alguna capilla u oratorio especial bajo la advocación de la Santa. 

Céspedes pidió y obtuvo permiso para que en la capilla se pudiera celebrar el santo sacrificio de la misa; y fueron tantas y tales las peregrinaciones que se hicieron, que en 1585 tenía la Santa “un templo grande y capaz,” según lo dice el decreto de erección de la parroquial. 

Antes de pasar adelante en esta narración es bueno notar que el mismo día en que cayó el rayo y mató a la esclava, se expidió por el Rey a la ciudad de Santafé la real cédula en que la agraciaba “con el renombre de muy Noble y muy Leal,” después de haberle dado el título de ciudad el 27 de julio de 1540 y el privilegio de armas para sí y para su Provincia, el 3 de diciembre de 1548. 

Entretanto, la población iba en aumento considerable, no solamente por la afluencia de europeos, sino también de indios reducidos a la vida cristiana; y a tal punto llegó, que el Ilustrísimo señor doctor don fray Luis Zapata de Cárdenas, de feliz memoria, tuvo que erigir dos parroquiales más: la de Las Nieves, en la capilla fundada por Cristóbal Bernal, y la de Santa Bárbara, en la establecida por Céspedes, el 23 de febrero de 1585. 

A esta última se le asignó para congrua “el pueblo de indios de Sisvativá y Teusaquillo por feligresado” (10) ; y el historiador don José M. Groot, que tan prolijo es en circunstancias análogas, no hace en ésta sino citar textualmente a Flórez de Ocáriz (11) .

Ya fundada la parroquia de Santa Bárbara, la devoción a la Santa llegó a tal punto, que los Cabildos secular y eclesiástico hicieron el voto que copiamos en seguida, y que hemos tomado del original: 

“En la ciudad de Santafé, del Nuevo Reino de Granada de las Indias, nos reunimos, conviene a saber: Deán y Cabildo, Sede Vacante y el Cabildo, Justicias y Regimiento de esta ciudad, de común consentimiento y acuerdo, por causas justas, pías y razonables que se han considerado, hacemos voto a Vuestra Divina Majestad, y prometemos a honra y gloria vuéstra y de la gloriosísima Virgen María, vuestra Madre y Señora nuéstra, y a honra y devoción de nuestra santa virgen y mártir Santa Bárbara, en cuyo templo estamos, de honrar y tener por abogada nuéstra, desde hoy para siempre jamás, por nós y nuestros sucesores, así del estado eclesiástico como seglar, a la gloriosa virgen y mártir Santa Bárbara; y el día de su fiesta de cada un año, para siempre jamás, que es y cae a cuatro de diciembre, lo tendremos y reverenciaremos por fiesta de guarda, y le guardaremos y celebraremos como cualquiera de los santos días del domingo, y que vendremos a este su santo templo cada año en el dicho día de su fiesta, con procesión, y en él celebraremos los oficios divinos de la misa y sermón, con la solemnidad de nós posible; y todo esto por vuestro servicio y el de la gloriosa santa; y el Deán y Cabildo por lo que a nós toca, decimos: que haremos estos oficios sin interés alguno ni distribuciones más de la de la erección, y que la dicha misa de su fiesta, la dirá para siempre jamás en este su templo uno de los prebendados de la iglesia Catedral. A vuestra Divina Majestad suplicamos, por la intercesión de la gloriosa virgen y mártir Santa Bárbara, abogada nuéstra, reciba esta nuestra devoción y servicio, y nos dé su gracia y favor, para cumplirlo. En la ciudad de Santafé, día octavo de nuestra abogada Santa Bárbara, once días del mes de diciembre, año del Señor de mil quinientos noventa y tres años. 

“El doctor, Juan Antonio González—El Licenciado, Roso de Carrascal—El Licenciado, Egas de Guzmán—El Licenciado, Miguel de Ibarra—El Licenciado, Lope Clavixo, Arcediano—El Chantre, Licenciado Francisco de Porras Mexía—Pedro Ximénez de Bohórquez—El Canónigo, Escobar—Francisco de Vargas. Gaspar López —Francisco de Estrada— Cristóbal de Marquina, Don Francisco Maldonado—Luis Gutiérrez—Licenciado, Antonio Verdugo—Diego García Zorro—Fui presente, Alonso Cortés. Ante mí, Tomás Velásquez.” 

En virtud del voto anterior, los señores Cabildantes, tanto seculares como eclesiásticos, iban en corporación todos los días 4 de diciembre a la fiesta que se le hacía a la santa en su iglesia parroquial. El Venerable Capítulo Metropolitano ha continuado esta piadosa costumbre, que ha caído en desuetud para el Cabildo o Municipalidad de la ciudad. 

Desde el año de 1593 siguió en aumento la devoción a Santa Bárbara, hasta que, a esfuerzos del Cura doctor don Bernardino del Castillo y Cárcamo, se estableció la confraternidad que hoy existe, el día 7 de febrero de 1615, con el permiso necesario del Deán y Cabildo, por estar vacante a la sazón la Silla arzobispal. El Presidente, Oidores y lo más granado de la población fueron inscritos en la cofradía, según los libros en donde se asentaban las partidas, y que hemos tenido a la vista. 

Los hermanos y devotos de la Santa estaban disgustados por no tener una efigie buena que venerar, porque el retablo que había en la iglesia, obra de Antonio de Acero, no valía gran cosa, y el Cura, don Francisco Dávila, contrató con el Padre Pedro Laboria, de la Compañía de Jesús, una estatua, que es la que hoy se venera, y fue pagada la obra en 355 pesos por el Oidor don José Quintana. 

La escultura es de lo mejor que hay en Bogotá; y aun cuando le variaron el colorido posteriormente, se echa de ver la elegancia y soltura del autor del rapto de San Ignacio, de San Francisco Javier expirante y de San Francisco de Borja, imágenes que se veneran en la iglesia de San Carlos. La de Santa Bárbara tiene en el pedestal el nombre del artífice y la facha de su ejecución, 1740. 

Una vez obtenida la escultura, se hizo necesario hacerle sitio adecuado en qué ponerla, lo que llevó a cabo la confraternidad, bajo la dirección del señor Cura, doctor don Francisco José de Olalla, quien contribuyó con buena parte de la suma requerida, que fue la de 3,609 pesos dos reales (12) .  

       EL cronista Vargas Jurado afirma que el Cura de Santa Bárbara, doctor don Francisco José de Olalla, construyó el camarín para la Santa, “la que es de mano de Laboria, español, insigne escultor.” Este artista fue traído al país por el bogotano don Cristóbal de Vergara. La obra del camarín se terminó el 4 de febrero de 1742.     

 

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(1) J. CROISET, Año Cristiano o Ejercicios Devotos, etc., edición de París, 1844.(Regresar a 1)

(2)PEDRO SIM0N, Noticias Historiales. Vol. III, pág. 232. (Regresar a 2)

(3) La fundación se hizo en las casas del Arcediano don Salvador López Garrido, en la manzana ocupada luego por el Colegio de San Bartolomé. Poco tiempo después de la muerte del Arzobispo (1590), el Cabildo eclesiástico en Sede vacante resolvió suprimir el plantel, medida aprobada por la Audiencia e improbada por la Corte española. (Regresar a 3)

(4)El retrato de Bernal se conserva en la iglesia de Las Nieves. (Regresar a 4)

(5)GROOT registra la misma fecha. OCÁRIZ señala el año de 1596. (Regresar a 5)

(6)Este documento se encuentra publicado en el vol. II el Papel Periódico Ilustrado, pág. 119, y él borra completamente la errónea tradición de que en el costado norte de la Plaza de Caldas existió la primera casa del Cabildo de Bogotá, que, como ya vimos, se inauguró en 1530, es decir, treinta y siete años antes de que fuera pública la Plaza dicha. (Regresar a 6)

(7) La relación de estos hechos se encuentra en GROOT, vol. I,  págs. 192, 193, 2ª edición, y en El Sol de Bogotá, en artículo Las Nieves, de don E. DE NARVÁEZ. Otras versiones de este hecho carecen de fundamentos históricos. (Regresar a 7)

(8) J. A. VARGAS JURADO, La Patria Boba, pág. 15. (Regresar a 8)

(9) Antonia de Chaves, según OCÁRIZ, pág. 177. (Regresar a 9)

(10) FLÓREZ DE OCÁRIZ, t. I, Preludio, pág. 160. El pueblo de Sisvativá según la tradición, estaba en la margen izquierda del río de Fucha, en la hacienda llamada San Vicente, en donde se ven todavía tapias antiquísimas, que señalan las gentes de la vecindad, como restos de aquella antigua población. (Regresar a 10)

(11) GROOT, t. I, cap. X, pág. 193, 2ª edición. (Regresar a 11)

(12) Como dato curioso damos a continuación la cuenta de gastos hechos en el camarín:

La estatua de la Santa     
Piedra, ladrillo, etc.  
Al maestro albañil Ignacio Zorro, por mano       
Maderas y mano al maestro Antonio Bonilla      
Tres mil clavos, a $ 16 el millar         
Cuatro rejas, redes de alambre y vidrios     
Seiscientos sesenta libros de oro, a 7½ cada uno   
Doradores, a cinco reales por cada libro       
Veinticinco espejos, a $ 2 
Diez y ocho espejos, a $ 8       
Nueve láminas pintadas en cristal, a $ 8 cada una    
Pedestal para la efigie y cuatro candeleros dorados al óleo       
Velo y puertas del camarín    

$ 355   
650   
400   
450   
48   
120   
618.6
412.4
50   
144   
72   
100   
180   

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