Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
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Continuación del capítulo 2.

 

Nos extenderemos más sobre este punto al hacer el estudio y descripción de la Catedral en sus diferentes épocas, construcciones y reconstrucciones.  

El fundador de Bogotá, caballero granadino (17) , educado en Granada, colonizador de ilustre linaje y cultivada inteligencia, “demostró que reunía a su talento todo el valor de aquella época caballeresca y toda la sagacidad de un consumado político. Quesada fue el verdadero fundador de nuestro país: a él debemos religión, idioma, civilización y patria; él echó los cimientos de esta ciudad, que, andando los tiempos, será por su parte material lo que es ya por el cultivo de la inteligencia.”  

 

Gonzalo Jimenéz de Quesada

Ignórase, en realidad, cuándo nació Quesada; se cree que fue en los últimos años del siglo XV, pues murió de edad octogenaria. Hizo estudios de jurisprudencia, y se distinguió por su valor y sagacidad como guerrero y colonizador. Volvió a Europa colmado de honores y fortuna, y allá perdió, en el ocio, los mejores años de su vida, y luego, de 1551 en adelante, hizo larga e inútil campaña en el Nuevo Reino en busca de El Dorado. En sus últimos años escribió un Compendio Historial, obra que no se imprimió y que desgraciadamente se perdió en 1854. El Conquistador le dio a su trabajo el nombre de Ratos de Suesca.          

       Según el testimonio de sus contemporáneos—dice el historiador Acosta,— fue el Adelantado Quesada de cuerpo y estatura regulares, de rostro grave, pero muy atento y comedido con todos. A pesar de haber sufrido tantos trabajos y necesidades, llegó a una edad avanzada, sin otro achaque que la terrible lepra que le atacó pocos años antes de su muerte.  

El Mariscal Quesada murió en la ciudad de Mariquita, de mal de lepra, el día 14 de febrero de 1579, y sus restos fueron trasladados a Bogotá, por disposición del Presidente don Antonio González Manrique, en julio de 1597.  

Ordenó Quesada que en su tumba se pusiera este sencillo epitafio: Expecto resurrectionem mortuorum. Al reconstruirse la Catedral (1807—23) se hallaron los restos de Quesada, y reconocida su identidad por el futuro Arzobispo de Bogotá don Fernando Caicedo y Flórez, comisionado para dirigir la obra, se pusieron en la bóveda del lado de la epístola, en el nuevo presbiterio, de donde hubo necesidad de sacarlos, en 1890, por reparaciones del templo. Estuvieron en el panteón de la Metropolitana hasta 1891. 

El Concejo Municipal acordó entonces levantar un monumento a la memoria del fundador de Bogotá en la plazoleta que da frente a los cementerios públicos. La Municipalidad solicitó del Capítulo Metropolitano de la Arquidiócesis la entrega de los restos de Quesada, y el Deán, doctor Moisés Higuera, Obispo de Maximópolis, puso en manos de una Comisión presidida por el Alcalde don Higinio Cualla, las cenizas del Conquistador, el 14 de julio de 1891. Al estudiar los cementerios haremos la descripción del monumento en que reposan los restos del célebre Mariscal.  

Pensábase en establecer Cabildo en la naciente ciudad, cuando se supo que Sebastián de Belalcázar, procedente de Quito, y Nicolás de Federmann, que llegaba de Venezuela, se acercaban a la Sabana de Bogotá, con fuerzas iguales. Dio la extraña circunstancia que cada tropa se componía de 166 hombres, un clérigo y un fraile, y teniendo iguales ambiciones, faltó poco para que entrasen en lucha los españoles en las cumbres andinas; gracias a los servicios de los religiosos, se avinieron Federmann y Belalcázar a reconocer los derechos de propiedad adquiridos por el fundador de Santafé.  

En armonía partieron para España los tres Jefes, dejando el Gobierno en manos de Hernán Pérez, hermano de Quesada, después de haber hecho nueva erección de la ciudad, el 29 de abril de 1539, día en que se trazaron las calles, se repartieron solares y se cambió el Gobierno militar por el civil (18) . Hernán Pérez se encargó del Gobierno el 12 de mayo dé 1539.  

Los primeros Alcaldes fueron Pedro de Arévalo y Jerónimo de Lainza; los primeros Curas, el Presbítero Juan Verdejo y Vicente de Requesada, fraile agustino, y el primer Escribano, Juan Rodríguez de Benavides.  

El día 27 de julio de 1540 se le concedió a la naciente Metrópoli del Nuevo Reino, por Carlos V, honroso titulo de ciudad.

He aquí el título, modificado únicamente en la ortografía:  

Don Carlos, por la Divina Clemencia, Emperador Semper Augusto, Rey de Alemania, doña Juana su madre, y el mismo don Carlos, por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las islas de la Canaria y de las Indias, islas de Tierra Firme y Mar Océano, Condes de Barcelona, Flandes y Tirol, etc. Por cuanto Sebastián Rodríguez, en nombre del Concejo del pueblo de Santafé, que es en el Nuevo Reino de Granada, que agora ha descubierto y poblado el Licenciado Jiménez, Teniente de Gobernador por el Adelantado don Pedro Hernández de Lugo, nos ha hecho relación que el dicho pueblo es el más principal de su dicha Provincia, y que cada día se multiplica y puebla, y para que más se noblezca nos suplicó le hiciésemos merced de darle título de ciudad, o como la Vuestra Merced fuere, y Nós, acatando lo susodicho, tuvímoslo por bien, por ende por la presente es nuestra merced y mandamos que agora y de aquí adelante el dicho pueblo se llame e intitule la Ciudad de Santafé; y que goce de las preeminencias y prerrogativas e inmunidades que puede y debe gozar siendo ciudad, y encargamos al Ilustrísimo Príncipe don Felipe, nuestro muy caro y muy amado hijo y nieto, y mandamos a los infantes, duques, prelados, marqueses, condes, ricoshomes, maestres de órdenes, priores, comendadores, alcaldes de los castillos, y casas fuertes y llanas y a los de nuestro Consejo, Presidentes y Oidores de las nuestras Audiencias, alcaldes, alguaciles, de la nuestra casa y Corte y Chancillerías y a todos los corregidores, alcaldes, alguaciles, merinos, prebostes, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y homes buenos de todas las ciudades, villas y lugares, de los nuestros reinos y señoríos y de las nuestras indias, islas y Tierra Firme del mar Océano, que guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir lo contenido en esta nuestra Carta y contra el tenor y forma de ella, no vayan, ni pasen ni consientan ir ni pasar en manera alguna.  

Dado en la villa de Madrid a veintisiete días del mes de julio de mil y quinientos cuarenta.  

En 1548 se le dieron a la ciudad armas y divisas para sus estandartes, banderas, escudos y sellos, que son: águila negra, rampante y coronada, en campo de oro, con una granada abierta en cada garra y por orla algunos ramos de oro en campo azul (19) .  

 

Escudo de armas de Bogotá  

 

Armas para la Provincia del Nuevo Reino de Granada:  

Don Carlos e doña Juana, etc. Por cuanto por Pedro de Colmenares y Alonso Téllez, vecino y Regidor de la ciudad de Santafé, de la Provincia del Nuevo Reino de Granada, en nombre de la dicha Provincia nos ha hecho relación que los vecinos e moradores della nos han servido mucho en la pacificación del dicho Reino e en lo pacificar e sojuzgar e poner debajo de nuestro yugo e señorío real, e nos suplicó en el dicho nombre que acatando lo susodicho mandase señalar armas a la dicha Provincia como las tenían algunas Provincias destos reinos, e Nós, acatando lo susodicho, e la lealtad e fidelidad con que nos han servido los españoles vecinos de dicha Provincia, tovímoslo por bien, e por la presente hacemos merced e queremos e mandarnos que agora y de aquí adelante la dicha Provincia del dicho Nuevo Reino de Granada e cibdades e villas della hayan e tengan por sus armas conocidas un escudo que en el medio del haya una águila negra rampante entera, coronada de oro, que en cada mano tenga una granada colorada en campo de oro, y por orla unos ramos con granadas de oro en campo azul, según que va pintado e figurado, etc.    

Dada en Valladolid, a tres de diciembre de 1548.  

Maximiliano —La Princesa (20) .

 

Con fecha 27 de agosto de 1565 la ilustró el Rey de España con el título de ciudad muy noble y muy leal, que conserva apenas como recuerdo de que fue ciudad española.  

En El Estado General de todo el Virreinato, para el año de 1794, por don Joaquín Durán y Díaz, página 187, dice:    

La ciudad de Santafé de Bogotá fue conquistada por el Licenciado Gonzalo Pérez (sic) de Quesada y la fundó en villa el día 6 de agosto de 1538; por real cédula de julio de 1540 se erigió en ciudad; por otra, fecha 3 de diciembre de 1548, se le concedió escudo de armas, y por otra, de 23 de octubre de 1653, se le asignaron seis mil pesos de propios en varios arbitrios.    

Jerónimo Lebrón, titulado Gobernador de lo descubierto por Quesada, según lo dispuesto por la Audiencia de Santo Domingo, encontró resistencias en Hernán Pérez para entregar el Gobierno, diferencias que sometieron al Rey. 

Algunos compañeros de Lebrón se establecieron en Santafé, y con ellos las primeras mujeres españolas que habitaron la ciudad, cuyos nombres guarda la Historia.

Oigamos a doña Soledad Acosta de Samper:  

Conocidos son los nombres de las primeras mujeres que subieron al Nuevo Reino de Granada, pero no todos saben quiénes eran ellas ni qué suerte corrieron una vez que se radicaron en esta capital, que entonces era más atrasada que cualquier pueblo, aun el más infeliz de la República actual.  

Los primeros expedicionarios que llegaron a la Sabana de Bogotá no llevaban consigo ninguna mujer española; éstos fueron en realidad simples descubridores, y aunque Quesada trajo los caballos, Federmann las gallinas y Belalcázar los cerdos, ellos no habían intentado formar colonias en ninguna parte, y sólo ansiaban explorar y allanar tierras, recoger todo el oro que pudieran y buscar aventuras arriesgadas.  

Empero, una vez que ya se tuvo conocimiento seguro de la riqueza mineral y agrícola del país, cuando se persuadieron de la sumisión y mansedumbre de los indígenas de estas partes, y la facilidad que habla para formar colonias productivas en climas frescos y sanos, muchos de los españoles que vivían en las costas resolvieron venir al interior y traer cuanto fuese preciso para formar en las cumbres (le los Andes establecimientos y poblaciones al uso europeo. Tocó el llevar a cabo la primera misión realmente colonizadora al Gobernador de Santa Marta, don Jerónimo Lebrón. Este salió de Santa Marta en los últimos meses de 1540, y llegó a Santafé en enero del año siguiente. Traía no solamente semillas de cereales, vino, ropas, yeguas y otros animales domésticos, sino que también hacían parte de la expedición algunos artesanos y seis mujeres españolas. De éstas no alcanzó a llegar una de ellas, porque en el Magdalena fas robada por los indios de los alrededores de Tamalameque, pero esta desgraciada fue reemplazada por una niña que nació durante el tránsito, con lo cual siempre llegaron seis españolas o de raza española a Santafé, y no cinco, como se dice generalmente. La madre de la recién nacida, Isabel Romero, era mujer de un soldado llamado Juan Lorenzo (que habla muerto ahogado en e1 paso del río Opón). Bautizaron a la niña con el nombre de María. Isabel casó en segundas nupcias, a poco de haber llegado a esta ciudad, con el Capitán Juan de Céspedes, y aquél fue el primer matrimonio celebrado ea Santafé; la hija casó, apenas fue mujer, con un Juan o Lope de Rioja, que de ambas maneras lo llaman los cronistas.  

El conquistador Juan Montalvo, que ya conocía el país, por haber sido soldado de Quesada, y poseía en el Nuevo Reino solar y repartimiento, traía en su compañía a su mujer Elvira Gutiérrez, la cual se distinguió por ser la primera que hizo pan de trigo en Santafé de Bogotá, y su marido como el último que murió de todos los conquistadores. Los dos esposos están sepultados en la iglesia de la Concepción, debajo del altar de Santa Ana.  

La cuarta mujer española se llamaba Catalina de Quintanilla, mujer de Francisco Gómez de Feria, conquistador de los venidos con Quesada. Tanto ésta como su marido no dieron qué decir, ni en bien ni en mal, puesto que los cronistas no los vuelven a mencionar, y sólo se sabe que se radicaron en Santafé.  

La quinta mujer fue la de Alonso Díaz: llamábase Leonor Gómez. Aquel matrimonio fue dueño de Tibaytatá, que llamaron Serrezuela (hoy Madrid); pero, sin duda, no tuvieron familia, porque aquella encomienda pasó a poco a manos de un español llamado Juan de Melo. Leonor Gómez trajo en su compañía a una sobrina de su marido, llamada María Díaz, la cual llegó hasta la avanzadísima edad de ciento diez años, único dato seguro que tenemos de ella.  

Después de aquella época todos los conquistadores que se quedaron a vivir en el Nuevo Reino mandaron unos a España ­y otros a las Antillas por sus mujeres y familias, y no habla semana en que no llegasen algunas mujeres españolas, las cuales eran entonces tan valientes y briosas como sus maridos. Una de las primeras damas de campanillas fue la esposa del valiente Capitán Antonio Soriano de Olaya, uno de los más ricos conquistadores, dueño de la encomienda de Bogotá (hoy Funza): llamábase doña María de Orrego, y era de familia noble de Portugal. No tuvieron sino una hija, doña Jerónima, heredera de todos los caudales de su padre (21) .  

         El historiador E. Posada ha hecho curiosas investigaciones sobre las primeras mujeres españolas que subieron al Nuevo Reino, investigaciones que corrigen y aclaran lo dicho por otros cronistas.  

Isabel Romero no era esposa de Juan Lorenzo, el ahogado, sino de Francisco Lorenzo, soldado de la expedición de Lebrón, en 1540, o de la de Lugo, como aseveran otros.    

 

   

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(17) Para nosotros parece demostrado que Jiménez de Quesada nació en Granada. En nuestro Ensayo Biográfico de Gonzalo Jiménez de Quesada, reproducido por don Ignacio Borda, en 1892, en su libro Monumentos Patrióticos de Bogotá, citamos las diversas fuentes históricas que hay acerca del lugar del nacimiento de Quesada, y allí nos inclinamos a creer que el Conquistador había nacido en Granada. En el capítulo primero del Compendio Historial dice él mismo: “Gonzalo Jiménez de Quesada, natural de la ciudad de Granada,” etc. (Regresar a 17)

(18)  CÁRIZ, Genealogías. Preludio, pág. 68—E. POSADA, Narraciones, página 5. Federmann, según el ilustrado americanista alemán Juan Fastenrath, escribió sus viajes, que se publicaron después de su muerte por su cuñado Juan Kifthaber, libro reproducido en 1859 por Carlos Hüpfel. (Boletín de Historia, vol. VII, pág. 30).  

Según Zamora, cuando llegó Federmann a Europa pasó a Flandes y volvió a Madrid, donde murió en 1542; otras versiones hay de que se ahogó en un río o en el mar. (ZAMORA, Historia de la Provincia del Nuevo Reino, pág. 143).  

Belalcázar falleció en Cartagena el 30 de abril de 1551. (Regresar a 18)

(19) El blasón de Santafé, grabado en piedra, se conserva en el Museo Nacional y en el Palacio Municipal. En la fachada de la Catedral hay una escultura semejante al escudo de armas, que no tiene granada, y el centro lo ocupa la cruz de oro usada en las metropolitanas.

El blasón que se conservaba en el Museo estuvo sobre la puerta del Cabildo, antiguas Galerías, y se colocó en abril de 1898 en la escalera del salón municipal. Sobre la puerta sur del edificio del Hospicio también se conserva el escudo grabado en piedra. (Regresar a 19)  

(20) (Boletín de Historia, vol. IV, pág 20). Se conserva el original en el legajo número 74 del archivo de la Real Academia de Historia de Madrid y se publicó en el libro Nobiliario de Conquistadores de Indias, que dio a luz la Sociedad de Bibliógrafos españoles, en Madrid, en 1892. (Regresar a 20) 

(21) La Mujer Española en Santafé de Bogotá, por doña Soledad Acosta de Samper, quien menciona también a doña Catalina de Somonte, esposa del Visitador Juan de Montaño, llegada a Bogotá en 1553; a doña María Dondegardo, casada con el Presidente Venero de Leiva; a doña Inés de Salamanca, que lo era con el Marqués de Sofraga; a doña María Luisa Guevara, esposa del Presidente Barón del Prado, y alguna otra entre las damas españolas de nombradía que vivieron en los primeros años de la Colonia en Santafé. Fueron estas damas españolas las que establecieron la vida doméstica, olvidada, hacía tiempo, por los rudos soldados conquistadores que habitaban el Valle de los Alcázares. (Regresar a 21)