Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
© Derechos Reservados de Autor

Continuación del capítulo 25.

 

El 19 de mayo de 1779 se promulgó por bando, a són de caja y a usanza de guerra, en las calles más públicas de la capital, un curioso decreto sobre el nacimiento de una infanta. Hé aquí la parte más interesante de ese documento:  

Don Manuel Antonio Flórez Maldonado Martínez y Bodguin, Comendador de Lopera en la Orden de Calatrava, Teniente General de la Real Armada, Virrey, etc .... 

Por cuanto en Real Cédula de 24 de enero del presente año (1779) se me ha noticiado por Su Majestad (que Dios guarde) que el día 10 del mismo mes, a las seis menos cuarto de la mañana, dio felizmente a luz la serenísima Princesa de Asturias, nuestra señora, una Infanta, a quien se pusieron los nombres de Maria Amelia, continuando en la salud y buena disposición en que se halla, cuyo suceso había obligado a su debido reconocimiento a tributar a Dios Nuestro Señor  las más rendidas gracias por sus misericordias y benigna protección con que le favorece; por el beneficio que igualmente se signe a sus Reinos y vasallos.  

Y siendo muy debido que todos concurran con el fervor y devota disposición, propia de su amor y religioso celo, a rendir a Su Majestad las más debidas gracias por tan plausible motivo, he determinado que el día de mañana, que se cuentan 20 del corriente mes de mayo, se cante una misa solemne con el sagrado himno del Te Deum Laudamus, en la santa iglesia Metropolitana de esta capital, para lo cual se pasaron los oficios correspondientes. Lo cual se hará notorio al público para que como se espera de su fidelidad y religión, particularmente, concurran a llenar la real voluntad del Monarca, que queda expresada. Como asimismo el que se pongan tres días luminarias públicas, que se principiarán desde hoy día de la fecha, hasta el día 21 inclusive, en la forma acostumbrada; y que se manda a todos los vecinos, estantes y habitantes de esta ciudad, que así puntualmente lo ejecuten, guarden y cumplan, asistiendo el día de mañana a la misa de acción de gracias y poniendo las luminarias que van prevenidas.          ...............................................................................................

MANUEL ANTONIO FLÓREZ  

Vamos a presentar al lector parte de una escritura pública otorgada ante Notario, que en aquellos tiempos se llamaba Escribano de Su Majestad público de número:    

Pareció presente don Juan Ramírez Pérez, vecino y del comercio de esta capital, a quien doy fe, conozco y dijo: que por el tenor de la presente escritura en la vía y forma que más haya lugar, otorga; que da en venta real por juro de heredad y señorío desde ahora y para siempre jamás al doctor Francisco Javier Jiménez, es a saber: una mulata esclava llamada Felipa, de edad en la actualidad de diez y nueve años, poco más o menos, en la cantidad de ciento y sesenta pesos de a ocho reales cada uno y confiesa tener recibidos.    

A la sazón, o sea en 1779, el Arzobispo Caballero ordenó que se crease una silla de manos para el uso de la Capilla del Sagrario, la cual debía sacarse tras del Cura cuando llevase el Viático, “para defensa de éste en cualquier evento” Se hi­cieron dos sillas: una para el uso diario y otra de lujo para las funciones de mayor importancia. Dispuso también el Prelado que los que habían de llevar la silla y el que conducía el qui­tasol saliesen vestidos de librea, o sea con casaca de paño pardo de mangas largas, con botones de hilo de oro, grandes y anchas franjas de cinta con bordados. Estas sillas estuvieron en uso hasta el nacimiento de la República, y se conservaron en el Palacio arzobispal hasta 1835, en que ordenó venderlas el Arzobispo Mosquera junto con un coche de grandes dimensiones que sirvió en los tiempos coloniales en las procesiones de Cuasimodo (11) .  

Una medida administrativa del Gobierno de Flórez, que tuvo origen en la Colonia, fue haber mandado señalar las distancias de legua a legua, con pilares de piedra, imitación de las columnas miliarias de los romanos, o con pirámides de material, de la cual se conserva la levantada a inmediaciones de Puente Aranda, con la leyenda correspondiente, y muchas otras en el antiguo camino que conduce a Honda.  

Don Francisco de Vergara y Caicedo, bogotano de familia patricia, abogado de la Real Audiencia y Mayordomo de la Capilla del Sagrario de 1778 a 1816, solicitó del Arzobispo Caballero permiso y autorización para coronar la imagen de San José, que se veneraba en la Capilla en 1779. Las coronas no se usaban sino en las efigies de los santos que habían tenido dignidad real, y el señor Vergara y Caicedo, con cándido entusiasmo, expuso ante el Arzobispo como razones en apoyo de su solicitud, que se celebraban en la Capilla funciones religiosas el 19 de todos los meses en honor del Patriarca; que éste tenía ascendencia real, y que como esposo de la Virgen debía tener la prerrogativa como marido de usar en común los bienes que el Derecho llama bona matrimoniália, y el que concedían las Leyes de Partida a los maridos de usar el título de sus esposas; y en consecuencia pidió gracia y permiso para coronar a San José “con oro, plata u otra calidad,” en pintura y en estatua. El Arzobispo Caballero accedió a lo pedido por Vergara y Caicedo en el mes de noviembre. La solemne función tuvo lugar en dicho mes, pero no contento el peticionario con la coronación del Patriarca, exhumó documentos que comprobaban que en 1675 Carlos II declaró a San José patrono de España e Indias, disposición aprobada por el Papa Inocencio XI, y probó que el Cabildo de Santafé había jurado cumplir el Breve el 27 de febrero de 1680. El San José de la Capilla en pintura tiene desde entonces sobre sus sienes valiosa corona de plata, mandada fabricar por el señor Vergara y Caicedo; la efigie del Santo salió menos bien librada por haber sido de yeso la corona que le pusieron. No satisfecho con esto el piadoso Mayordomo, mandó pintar otro cuadro al Oleo que representa al Santo coronado, y lo incrustó en los muros de su casa de habitación, calle 13, número 150. Reconstruida esta casa recientemente, se trasladó la pintura a la casa vecina, hacia el Oriente; y junto con el cuadro se pasó una tabla con esta inscripción en letras de oro:  

CE DE NTRO  
PATRIARCA  
y PR SOR SAN JOSEPH  

“El año de 1779 coronaron al Patriarca Señor San José,. por la Santidad de Pío VI en 19 de noviembre” (12)  

De aquí el nombre de San José dado a la calle 13 desde entonces, nombre que todavía se usa vulgarmente.

El 12 de abril de 1780 fue promovido Moreno y Escandón de la Fiscalía de la Audiencia de Santafé a la de Lima. Después de servir dicho destino allí, fue promovido a Regente de Chile, cargo que ejerció desde noviembre de 1789, y falleció en Santiago el 22 de febrero de 1792, a los cincuenta y cinco años de edad. Sus funerales fueron suntuosos, y en la Catedral de aquella ciudad se hizo su sepelio, y en su tumba se grabó esta inscripción:  

DON FRANCISCO ANTONIO MORENO Y ESCANDÓN    

En la Biblioteca Nacional, en El Hospicio y en muchas casas de sus descendientes se conservan retratos del célebre Fiscal. El que estaba en la sacristía de la iglesia de San Ignacio ha desaparecido (13) .  

Durante largo tiempo hemos acopiado noticias y documentos con el fin de escribir la historia de la ciudad de Bogotá y sus progresos intelectuales, morales y materiales, desde su fundación. Nuestra labor se asemeja a la del arquitecto que, previa la acumulación de elementos, levanta el edificio, obedeciendo a un plan arquitectónico.  

Nosotros hemos tenido como base de nuestro plan el orden cronológico, aunque no lo hemos podido seguir de una manera rigurosa. Hemos narrado los acontecimientos que tuvieron lugar durante la Conquista y en determinada época del Gobierno colonial, tratando de presentar un cuadro fiel de lo que fue la sociedad santafereña en aquellos tiempos, y hemos cedido la pluma a autores de relaciones vívidas, o hemos insertado variados documentos, todo lo cual, en nuestro concepto, da idea completa de la Administración Pública y de los rasgos más importantes del desenvolvimiento de las costumbres. Hemos hecho mención de las fundaciones religiosas, de las de beneficencia, de las universidades y colegios, de los progresos científicos, del cultivo de las letras, de las bellas artes, de la cultura y de las prácticas legislativas en relación con importantes actos de la vida civil.  

Cerramos el primer volumen de esta obra durante la Administración del Virrey don Manuel Antonio Flórez, tiempo en que se verificó el célebre alzamiento de los Comuneros, o sea la revolución social de 1781, donde empezó una verdadera transformación política, continuada lenta, pero seguramente por el adelantamiento en la instrucción pública.  

Los estudios modernos de historia tienden a hacer conocer íntimamente a las generaciones muertas que figuraron en escenas recogidas por la historia. Hoy se quiere contemplar a esos actores vivos, por decirlo así, con sus vicios y virtudes, verlos obrar, oírlos hablar, sin faltar a la veracidad y apoyando las relaciones en fuentes puras, lo que no impide dar colorido a las escenas.  

Hemos creído conservar armonía en la narración, ya tratemos asuntos civiles, eclesiásticos o de política, que se mezclan con episodios y tradiciones de verdadera vivacidad. Hemos pretendido reflejar las costumbres de nuestros mayores y hacerlos conocer “como eran antes.”  

Al recorrer estas páginas verá el lector graves acontecimientos interrumpidos por escenas de comedia, de drama y tragedia, en que aparecen nuevos actores; cuadros de costumbres, relaciones triviales, crónicas y leyendas, algunas de ellas sepultadas con las generaciones que ya desaparecieron. Hemos pensado que la alegría que ilumina algunas páginas no está reñida con la verdad de los hechos graves y serios que forman la base de este libro. La crítica de los estudios de historia sea o nó favorable a ellos, es útil y provechosa si nace del culto a la verdad, de la erudición y de criterio filosófico elevado e imparcial; si ella tiene por germen la baja emulación, la envidia o la audaz ignorancia, carece de todo valor el difícil campo de las investigaciones históricas.    

 

  Regresar al índice

 

(11) ELADIO VERGARA, lib. cit., págs. 64, 85. (Regresar a 11)

(12) J. M. CABALLERO, lib. Cit., 83. E. VERGARA, lib. cit.. 89. El Telegrama de Bogotá, 27 de mayo de 1887. (Regresar a 12)  

(13) J. MANUEL MARROQUÍN, Biografía de Moreno, Papel Periódico Ilustrado, IV, 271. (Regresar a 13)