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CAPITULO XXIV
El Arzobispo fray Lucas RamírezSus cuentas alegresLe sucede fray Agustín Camacho y RojasSu duro carácterRecibe el presbiterado don José Celestino MutisGobierno eclesiástico del señor CamachoGracejos contra el ArzobispoInscripción de su retratoOtra antigua inscripción. Junta de TemporalidadesJunta de AplicacionesPlan de estudios y proyecto de Universidad PúblicaSe opone la Universidad TomísticaPor qué cesó el culto en la iglesia de San CarlosInfluencia múltiple de MutisPor primera vez se enseña en América el sistema de CopérnicoOposición sistemática de los dominicanosOpiniones respetablesRelajamiento de las órdenes religiosasAnterior sistema de educaciónNuestro respeto al pasadoAlgunos puntos de la Administración del Virrey ZerdaFin de su GobiernoSu muerteSu retratoGobierno del Virrey don Manuel de GuiriorPrimer Concilio ProvincialSe suspende indefinidamenteNecesidad de la fundación de una UniversidadLa establece GuiriorIdeas del Fiscal MorenoSe establece la Real BibliotecaImportancia de esta creaciónPrimeros bibliotecariosOtras medidas administrativas de GuiriorPrimer censo de BogotáRetrato de Guirior e inscripciónFin de su GobiernoEsplendor de su persona y familia.
EN 1769 fue honrado con el nombramiento de Arzobispo del Nuevo Reino el fraile franciscano Lucas Ramírez Galán, quien envió al Coro catedral de Santafé las Bulas de Clemente X con la Cédula ejecutorial de Carlos III, en la cual se ordenaba que el Deán, don Antonio Osorio, tomase posesión del Gobierno de la Arquidiócesis y recibiese las rentas que correspondían al Arzobispo. En diciembre del año siguiente comunicó el señor Ramírez al Cabildo eclesiástico que prefería la Silla de Tuy a la de Santafé, pero no olvidó exigir el envío de $ 24,000 que en su concepto había devengado como Arzobispo de ésta, para salir de sus ahogos y empeños (1) .
Para suceder al señor Ramírez fue designado un fraile dominicano, fray Agustín Camacho y Rojas, natural de Tunja, Obispo de Santa Marta, quien llegó a Bogotá por el camino de Vélez o del Norte, el 28 de septiembre de 1771. El 20 de julio del año siguiente se le dio solemne posesión del Gobierno del Arzobispado. Apeló de las resoluciones de la Junta de Temporalidades sobre patronato del Colegio Seminario; hizo severa visita en parte de su jurisdicción; corrigió con dureza las costumbres poco evangélicas de algunos miembros del clero; removió causas ya olvidadas, llevando sus pesquisas a tal extremo que dio lugar a que en la mañana de cierto día apareciese sobre la puerta de la Catedral la conocida estatua de San Pedro en traje de camino a la usanza del país, y al pie en grandes letras la siguiente donosa cuarteta:
San Pedro se va mañana
Huyéndole si Arzobispo,
No lo vaya a castigar
Por la negación de Cristo.
El gracejo anterior se le atribuyó al presbítero Vicente Basilio de Oviedo, muy popular entre los vecinos de Santafé por sus oportunidades burlescas, de las cuales insertamos la siguiente, por estar en un libro inédito que poseemos: Con gracia dijo Tertuliano que el cielo es dichoso, porque teniendo ángeles no tiene ángelas. Al Arzobispo Camacho le tocó conferir las órdenes del presbiterado al médico del Virrey Zerda, don José Celestino Mutis, y tomar providencias para la reunión de un Concilio Provincial que diese leyes para la Iglesia del Nuevo Reino, fijando para su instalación el mes de mayo de 1774, pero la muerte interrumpió sus planes (2) .
1774. A. 13 de abril murió el Ilustrísimo don Manuel Agustín Camacho, de edad de setenta y cuatro años; fue sepultado en la sala capitular de Santo Domingo; duró tres años de Arzobispo
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No obstante lo irascible del carácter del señor Camacho, se le miraba aquí con especial simpatía, porque solamente él y el señor Arias de Ugarte habían sido los dos Únicos naturales del país que se hablan sentado en la silla de los Arzobispos.
Terminamos las notas biográficas sobre este Prelado recordando algunas de las querellas que tuvo con el célebre Fiscal Moreno y Escandón, quien llamaba al Pastor el Padre Camacho. En carta que éste dirigió a la Audiencia sobre el particular, se queja con vehemencia de que el Fiscal, en sus tertulias particulares, decía que el Arzobispo sólo se cuidaba del vaso grande del chocolate y de las sopitas de sus parientes
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El retrato del señor Camacho, que hace parte de la galería de la Catedral, tiene esta inscripción:
El Illmo. y R.mo S.r Mro D. Fr. Agustín Manuel Camacho y Roxas del Consejo de su Md., natural de la ciudad de Tunja, del Orden de Predicadores, mbro. del número de esta Prov.a del N.vo R.no Rector y Regente de la Universidad de Sto. Tomas; Prior de los Conventos de Tunja, Chiquinquirá y Sta Fee. Provincial dos veces, Obispo de la Sta Igla. de Sta. Martha y Arzobispo de esta Metropolitana de Sta. Feé en donde entró el día 28 de Septiembre de 1771. Convocó el Concilio Prov.l para el mes de Mayo, al que no asistió prq. murió el 13 de Abril de este año de 1774. Murió de edad de 73 años.
Los retratos de Riva Mazo y de Camacho son de un mismo pincel.
El mismo año en que llegó a esta ciudad el Arzobispo Camacho se colocó, en el muro de una casa que aún existe frente a la Capilla presbiteriana (hoy calle 14, entonces de la Armería), una inscripción tallada en piedra, que dice:
SANTISIMA DE GRACIA, ORA PRO NOBIS. 1771,
lo cual se debió a que allí estaba fundada una capellanía, cuyo producto se destinaba al culto de la Virgen.
Apenas expulsada de los dominios del nuevo Reino la Compañía de Jesús, se estableció en esta capital el 1.° de agosto de 1767 Real Junta de Temporalidades, con el objeto de administrar y distribuir la cuantiosa fortuna de la Compañía, de acuerdo con la voluntad del Soberano. Esta Junta la presidió en sus principios el Virrey Zerda, y fueron miembros de ella el Arzobispo Camacho y Rojas, el Oidor Regente Joaquín de Aróstegui, el Fiscal de lo civil Moreno y Escandón y el Secretario del Virreinato, doctor Domingo Caicedo
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La Corte pidió informes al Fiscal Moreno sobre la manera como debían administrarse los bienes que habían sido de los jesuitas, con mayor provecho público. De acuerdo con el informe del Fiscal, el Gobierno de la Metrópoli creó una Junta Superior de Aplicaciones, presidida por el Virrey y compuesta casi del mismo personal de la de Temporalidades. La de Aplicaciones destinó los ornamentos de San Ignacio y las vestiduras sagradas, según su riqueza, para la Catedral y otras iglesias de escasos recursos. El Virrey Zerda, en su Relación de Mando, hace constar que las Juntas supradichas procedieron con estricta economía, omitiendo creación de oficinas y empleados, y que las disposiciones que dictaron fueron tomadas con madurez y gravedad
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La misma Junta de Aplicaciones propuso a la Corte desde mayo de 1768 la creación de una Universidad Pública en Santafé, y había encargado al Fiscal Moreno y Escandón la redacción de un plan de estudios, con el objeto de organizar la instrucción en una forma más práctica y provechosa.
Estas laudables aspiraciones las comunicó el Virrey al Monarca por medio del Conde de Aranda y del Consejo de Indias; pero habiendo surgido la oposición de los frailes de Santo Domingo, quienes gozaban de facultad real para conceder grados literarios en la Universidad Tomística, demanda apoyada por el Arzobispo Camacho, no se resolvió el asunto sino con suma lentitud, como expondremos adelante.
El Virrey y la Junta de Aplicaciones quisieron que el Arzobispo y Coro catedral reanudasen el culto católico en la iglesia de San Ignacio, ya llamada de San Carlos. Pero el Gobierno eclesiástico rehusó tal providencia, motivo por el cual quedó cerrado el templo hasta 1805, en que por disposición del Virrey Amar se trasladó allí el servicio de la Catedral, por amenazar ruina el templo metropolitano.
La benéfica influencia de la estadía de Mutis en la capital se hizo sentir, por este tiempo, de manera brillante: como médico, por el ejercicio verdaderamente científico del sacerdocio de la medicina; como matemático y astrónomo, por las cátedras que regentó en el Colegio del Rosario, donde enseñó doctrinas modernas; como naturalista, por múltiples trabajos que especificaremos oportunamente.
Fue en el aula de matemáticas del Colegio del Rosario, que él regentaba, donde salió por primera vez de los labios del ilustre profesor la entonces extraña teoría de que la tierra giraba sobre su eje y alrededor del sol, y que por consiguiente debía ponerse en el número de los planetas
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Las doctrinas de
Copérnico eran desconocidas en América, y como todo hecho científico nuevo, tuvo
numerosos opositores entre los atrasados colonos, quienes veían girar el sol alrededor de
la tierra y no comprendían lo que era una ilusión óptica. Los Padres del convento de
dominicanos, directores de la Universidad Tomística de Santafé de Bogotá, denunciaron a
Mutis ante el Comisario de la Inquisición como propagador de doctrinas erróneas que
falseaban la pureza de las enseñanzas católicas. El sabio se quejó ante el Virrey y
ante los tribunales de la Santa Inquisición de Cartagena, único en el Nuevo Reino, y el
Supremo de Castilla, cuyos Jueces declararon que las teorías de Copérnico no se podían
condenar, resolución dictada según el sano criterio de autoridades históricas
respetables, no porque los Jueces creyesen en la nueva doctrina astronómica ni en el saber de Mutis, sino por sumisión absoluta a la autoridad absoluta de
Carlos III
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En esta célebre querella contó siempre Mutis con el apoyo del Gobierno colonial, y tenía que ser así, porque real Cédula de Carlos III había dispuesto que en las universidades y colegios de sus dominios se enseñasen las teorías de Newton basadas en el sistema de Copérnico, aceptado como verdad científica
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El sabio Humboldt, hablando sobre estas ocurrencias y luchas, escribió:
No sin inquietud vieron los dominicanos que las herejías de Copérnico, ya profesadas por Bauguer, Godin y La Condaminne en Quito, penetraban en la Nueva Granada; pero el Virrey protegía a Mutis contra los religiosos, que querían que la tierra permaneciera inmóvil. Por lo demás, poco a poco fueron acostumbrándose a lo que ellos apellidaban aún las hipótesis de la nueva filosofía
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Oportunamente se ha observado que el espíritu de las comunidades religiosas en la Colonia en los días de lucha de la Conquista, aplicado durante muchos años al estudio y a la enseñanza, se había relajado ya en los tiempos que confrontamos, debido a la falta de lucha, y los estudios serios que hicieron sus miembros, se habían convertido en indolente rutina. El cetro del saber se les escapaba de entre las manos, y sin embargo se esforzaban no en retenerlo, sino en negarlo a los nuevos apóstoles de la ciencia
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Después de cuatro años de regentar el sabio Mutis con excepcional brillo la cátedra de Matemáticas en el Colegio del Rosario, hubo de abandonarla por tener que ausentarse de la capital; sucedióle don Juan Francisco Vásquez. Hubo varias controversias, y el Gobierno resolvió que se suspendiese la enseñanza de las doctrinas de Newton, porque el Rector del Rosario opinaba que era contraria abiertamente a varios expresísimos textos de la Sagrada Escritura. Esto ocurría en 1796, de donde se deduce claramente que ni antes de 1760 ni hasta 1796 se había enseñado la geografía astronómica verdadera (12) .
Un testigo ocular de la deplorable educación que se dio en los colegios coloniales hasta fines del siglo XVIII, nos refiere que los textos en su mayor parte contenían errores, que se vendían palabras por conocimientos, y falsas doctrinas por dogmas; nos cuenta que no se enseñaba gramática castellana sino latina; que en las aulas de lógica se aprendía a porfiar más bien que a raciocinar; que se aprendían sutilezas y distinciones que no encerraban la verdad; que se propagaba el absurdo de las ideas innatas y que no entraban en el programa de educación la esgrima, la equitación, la danza, la natación, la música y el dibujo. Y agrega:
Allí, bajo la férula de un preceptor adusto, sólo apto para hacer del discípulo un hipócrita y un embustero, y bajo castigos corporales, bastantes para quitar a la juventud toda idea de sonrojo y de dignidad, junto con la sensibilidad del dolor físico, consumía ella la más preciosa parte de su tiempo fugaz, en aprender una multitud de cosas inútiles, o cuestiones frívolas
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Por lo expuesto se ve que la educación pública en las colonias americanas estuvo en la época anterior a la que tratamos, en la más lamentable situación, pues para el pueblo no existía, y para las clases elevadas era deficiente
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No anda de acuerdo con las respetables opiniones citadas el autor de una monografía histórica publicada en 1880, el cual asevera que en Popayán se enseñó en el Seminario que estaba a cargo de los jesuitas el sistema de Copérnico, a mediados del siglo anterior; cátedra que regentó el Padre Juan de Velasco
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. Para nosotros la opinión discordante del publicista señor Arboleda pierde su valor ante el criterio de varios historiadores muy respetables, pertenecientes a diferentes escuelas filosóficas y políticas.
Lejos de nuestro ánimo el hacer cargos apasionados a los Gobiernos de la Colonia y por consiguiente a los de la Madre Patria, y menos calumniarlos, lo que sería intolerable en toda sociedad civilizada. Pero lo expuesto, aunque no rinde homenaje a dichos Gobiernos, creemos que es una resultante de los hechos que fríamente hemos relatado; por lo demás, terminamos por ahora el estudio de la educación en la Colonia con las siguientes frases de un brillante escritor francés:
El más irritante error consiste en creer que se sirve a la patria calumniando a sus fundadores. Todos los siglos de una nación son páginas de un mismo libro. Los verdaderos hombres de progreso son los que toman por punto de partida un respeta profundo del pasado. Todo lo que hacemos, todo lo que somos, es el coronamiento de un trabajo secular. Por mi parte, yo no me siento jamás más firme en mi fe de liberal que cuando pienso los milagros de la fe antigua, ni más ardiente en el trabajo del porvenir que cuando oigo, durante horas, repicar las campanas de la aldea de Is
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Cerramos el estudio del Virrey Messía de la Zerda recordando que él también mejoró la calzada de Occidente; que recomendó al Gobierno de Madrid la construcción del puente de Chía, donde en tiempos de lluvias perecían algunos indios, que activó el despacho de lo judicial, a fin de evitar que los sindicados permaneciesen varios años en los calabozos de las prisiones; que inició la utilidad de fundar una Universidad pública con las temporalidades de los jesuitas. También propendió Zerda de manera eficaz a la reforma de las comunidades de regulares y al buen servicio de los curatos
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(1) Acuerdo del Capítulo Metropolitano, acta de 30 de abril de 1771, folio 305 del libro tercero. (Regresar a 1)
(2) Anales Religiosos, vol. II, 149. GROOT, lib. cit., II, 123, 137, 140, 148 y 149. (Regresar a 2)
(3) J. M. CABALLERO, Patria Boba, 91.
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(4) J. J. BORDA. Historia de la Compañía de Jesús, etc., II. .146.
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(5)DURÁN y DÍAZ. Estado general de todo el Virreinato de Santafé de Bogotá. 1794, pág. 80.
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(6) RELACIONES DE MANDO. Biblioteca de Historia Nacional. 119
(Regresar a 6)
(7) F. J. DE CALDAS, Semanario de la Nueva Granada, etc., ed. de París, 1849, pág. 163.
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(8) F. GREDILLA, lib. cit., 47. U. MENDOZA, lib.
cit., 44. (Regresar a 8)
(9) F. GONZÁLEZ SUÁREZ, Memoria histórica sobre Mutis y la Expedición Botánica, etc., 2ª. ed., 1905, pág. 13.
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(10) F. VESGA, lib. cit., 67.
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(11) VERGARA Y VERGARA, Historia de la Literatura, 247.
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(12) FACUNDO MUTIS DURÁN, Las ciencias en Colombia. Anales de Instrucción Pública, III, 448.
(Regresar a 12)
(13)J. GARCÍA DEL RÍO, lib. cit.
(Regresar a 13)
(14) BARALT Y
DÍAZ, lib. cit., I, 413.
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(15)SERGIO ARBOLEDA, Las letras, las bellas artes y las
ciencias en Colombia, Repertorio Colombiano, V, 15.
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(16)ERNESTO RENÁN, Souvenirs de Jeunesse.
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(17) MESSIA DE LA ZENDA, Relaciones de Mando. QUIJANO OTERO, lib. cit., 112.
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