Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
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Continuación del capítulo 23.


Durante el Gobierno del señor Messía de la Zerda se fundó en Santafé el primer establecimiento de educación para la mujer, a la vez para las de la clase elevada de la sociedad y para las hijas del pueblo. Doña Clemencia Caicedo, de familia patricia, hija de don José de Caicedo y de doña Mariana Vélez, nació en la antigua capital del Virreinato en 1707; viuda de don Francisco Javier Echeverri, y muerto el único hijo de ese matrimonio, casó doña Clemencia con el Oidor Joaquín Aróstegui, y no habiendo tenido descendencia, resolvió la bella y rica dama, con la anuencia de su esposo, fundar la casa de educación a que nos referimos (16) . Con tan laudable fin se dirigió doña Clemencia a la Corte, por intermedio del Virrey, en 1766, ofreciendo para la obra sus cuantiosos bienes. Atendió el Rey la solicitud, apoyada por informe del Virrey, y aunque con la desesperante lentitud que acostumbraba el Gobierno español, se expidió al fin una real Cédula en el Pardo el 8 de febrero de 1770, por la cual se permitía fundar un convento de religiosas, que en la Península llamaban vulgarmente de La Enseñanza y que siguen la regla de San Benito bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar. Los bienes que aportó la fundadora y que el Rey señala en la Cédula, estaban representados por la mina de oro de Iciaco, en jurisdicción del Chaparral, con más de treinta esclavos; una hacienda de ganado y cacao, inmediata a dicha mina; una casa grande en Santafé, para que sirviera de convento (hoy edificio ocupado por la Escuela de Bellas Artes y por la Escuela Normal de Señoritas), y un sitio anexo a ella, capaz para edificar el templo y demás dependencias del nuevo monasterio. Además de esto se comprometió la señora de Caicedo a construir la iglesia y demás adyacentes. El Rey, corno única compensación, concedió a la fundadora el patronato de la obra pía a perpetuidad, con derecho ella de traspasarlo, después de sus días, a quien fuere su voluntad (17) .  

En julio de 1770 pidió al Virrey el célebre Fiscal Moreno y Escandón que se cumpliese lo ordenado por Su Majestad. El día 12 de octubre de ese año se hizo solemne función religiosa en la iglesia de San Felipe, situada a pocos pasos del área del nuevo templo, con el objeto de trasladar de allí la imagen de la Virgen del Pilar y el cofre con las monedas que debían colocarse con la primera piedra, base de la iglesia que desde entonces se llama de La Enseñanza. 

 

La Enseñanza

Ocupó más alto puesto que el Virrey en esta fiesta la señora de Caicedo, y desde ese día ella misma vigilaba los trabajos y pagaba los obreros, logrando ver concluida su benéfica obra, a la cual consagró los últimos años de su vida que terminó el 2 de octubre de 1779. Su consorte había fallecido poco antes de ella. Las cenizas de los dos esposos fundadores de la primera casa de educación para el sexo femenino en Santafé se depositaron provisionalmente en el templo de Santo Domingo, y en 1783 fueron trasladados con pompa religiosa inusitada a sendos sepulcros de la iglesia de La Enseñanza, que se conoció también en los primeros tiempos con el nombre de Santa Gertrudis. Las criptas que guardan los restos se encuentran al pie del presbiterio: del lado del Evangelio, la de Aróstegui, y del lado opuesto, la de doña Clemencia; y tienen estas inscripciones: 

Hic Joachim de Arósteaui jacet, sed non latet totus, latet corpus, sed non opus orbi nam hoc latet patet; iste et illa in hac arce sunt refugium pro innocentia: omnes pro sua clernentia dicant, requiescat in pace, Obit oct. Kal. Nov. Anno Dom. MDCCLXXV. Aetat. suae cuino Dom. MDCCVIII. 

Hac sunt infosa M. Clementiae ossa; cessit e vita bonis moribus insignita pro fovenda innocentia; hanc domum fecit Clementia consortio Joaquim struxit cum quo pactavit dum nupsit. D. Maria Clementia Cuycedo Obit sext. non. oct. Anno Dom. MDCCLXXIX, Áetat. LXXII: Ann, deposita in Eccl. R. R. P. P. Praedic. et huc Transl. Oct. Kal. Oct. Anno Dom. MDCCLXXXIII 

Que vertidas por el doctor Roberto Cortázar, dicen: 

Aquí yace Joaquín de Aróstegui, pero no oculto del todo; su cuerpo no se ve, pero resplandece su obra. El y su esposa dieron aquí un refugio a la inocencia. Todos piadosamente digan: descanse en paz. Murió el 25 de Octubre de 1775, y nació en 1708.  

En esta fosa se guardan los restos de Maria Clemencia; dejó la vida adornada de grandes virtudes y señalándose por haber dejado esta casa a la inocencia. En unión de su esposo pactó esta donación. Doña Clemencia Caicedo murió el 2 de octubre de 1779, a la edad de setenta y dos años. Depositadas sus cenizas en el templo de Santo Domingo, se trasladaron a este lugar en 24 de Septiembre de 1783.  

Es cierto que hasta el reinado de Carlos III rigió con grandes defectos el Gobierno de la Península en todo lo relativo a instrucción pública, no sólo en sus colonias de América, sino en la misma España; pero también es verdad que los colegios que hemos citado obtuvieron protección o patronato real, y que también existían, fundados por Ordenes religiosas, el de San Buenaventura en la de San Francisco, el de San Nicolás en la de San Agustín y el de la Recoleta de La Candelaria. Estos tres últimos en realidad carecían de valor porque no se aprovechaban de su instrucción sino los miembros de las mismas Ordenes (18) . También se fundaron numerosas escuelas populares.  

Como documento indiscutible, del cual vamos a tomar algunas noticias, y como una muestra de la forma notarial con que se otorgaban las últimas voluntades a fines del siglo XVIII, insertamos una parte del testamento de la fundadora de La Enseñanza, que tenemos a la vista:  

Testamento. En el nombre de Dios Todopoderoso, amén. Yo, doña Maria Clemencia Gertrudis de Caicedo, vecina de esta ciudad y corte de Santafé, hija legítima del señor Teniente Coronel don José de Caicedo y Pastrana y de doña María Vélez Ladrón de Guevara, vecinos que fueron de esta ciudad, estando en mi sano y entero juicio, cual Dios Nuestro Señor fue servido darme y hallándome enferma aunque en pie, temiéndome el morir, que es natural a todo viviente, y deseando dejar todas mis cosas dispuestas por el presente y la vía y forma que más haya lugar, otorgo este mi testamento en la forma siguiente: primeramente confieso y creo en el inefable misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en los demás misterios que tiene, cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia católica, apostólica, romana, en cuya fe he vivido y protesto morir, confesando y venerando el misterio de la Concepción en gracia de María Santísima Nuestra Señora, a quien invoco por intercesora y abogada con el santo ángel de mi guarda y de mi nombre, a el Patriarca Señor San José y Señor San Joaquín y mi Señora Santa Ana, los Patriarcas Santo Domingo y mi Seráfico Padre San Francisco, San Ignacio y San Francisco Javier, San Antonio de Padua y San Francisco de Paula, San Pascual Bailón, Señora Santa Gertrudis, Señora Santa Teresa de Jesús y Santa Coleta y demás de la corte celestial. Encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que la crió y redimió con la preciosísima sangre de su Santísimo Hijo, mi Señor Jesucristo, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, etc. etc.  

Asesorada de la corte celestial, dispuso que agregaba al edificio de La Enseñanza una casa vecina que compró a doña Magdalena García, otra fronteriza, calle de por medio, y que la mina del Citará, rica propiedad del Chocó, la destinaba a mandas particulares que constan en dicho testamento. 

Nombró patronos de su benéfica fundación a los Arzobispos y Prelados y a su sobrina doña Maria Magdalena Caicedo, que fue la primera Priora de La Enseñanza; designó como Capellán del convento a otro sobrino suyo, hermano de la Priora, don Fernando Caicedo y Flórez, a quien nombraremos muchas veces por la celebridad de su nombre. 

Terminados el colegio, el convento y la iglesia, edificios que existen todavía en la carrera 6ª y en la calle 11, o de La Enseñanza, se dio principio a la educación de las hijas del pueblo y a las nobles no sólo de Bogotá sino de diferentes ciudades del Virreinato.  

Allí vivieron tranquilas y dedicadas al cultivo de las mejores rosas en botón de nuestra sociedad las religiosas de La Enseñanza, hasta aquella noche de salvajes escenas—8 de febrero de 1863—en que cayó sobre ese nido de palomas, obsequiado a la instrucción por el capital privado, la soldadesca triunfante de una de nuestras guerras civiles. Hoy, por dicha, y debido a los esfuerzos de Alberto Urdaneta (1886), artista e historiógrafo, se ostenta en el portal del antiguo monasterio el busto de Vásquez Ceballos, y sus salones y corredores dan abrigo a la Escuela Nacional de Bellas Artes: hase verificado así una especie de restitución, y ríndese allí culto a la belleza como en otro tiempo a la inocencia (19) .  

También por fortuna, y por otra especie de restitución, el Gobierno General ha destinado con acierto el edificio del antiguo colegio de la señora Caicedo para Escuela Normal de señoritas.  

El Capellán Caicedo y Flórez tributa merecidos elogios al Arzobispo Martínez Compañón, de quien hablaremos más tarde, por la munificencia con que hizo a su costa varias obras complementarias en la primitiva casa de educación femenina, a lo cual añadió la suma de cerca de $ 60,000, destinando su producto a alumnas becadas (20)

Para nosotros data de esa época de verdadero progreso educacionista la aurora de nuestra independencia. Ya se ha dicho con elevado criterio filosófico, refiriéndose a los hombres de la revolución de 1810, que no seria posible que los desiertos de Arabia fueran alumbrados por el sol de cualquier día, no ya cubiertos por arenas abrasadoras, sino por bosques opulentos, nacidos como por encanto (21) . Creemos con don Florentino Vesga que “antes que las grandes revoluciones aparezcan en forma de pronunciamientos y de batallas, existen en las cabezas de los hombres de genio en forma de ideas, así como en un indescriptible grano de polen se contienen en forma de rudimentos, todos los materiales orgánicos de un árbol corpulento.” Desde entonces los Colegios de San Bartolomé y del Rosario fueron verdaderos centros de luz donde se enseñaron, en vez de filosofía escolástica y rudimentarias lecciones de latín, ciencias físicas y matemáticas y algunos cursos de medicina, lecciones de verdadera utilidad, que hicieron ver a los colonos horizontes desconocidos. 

Generalmente se ha creído que la revolución francesa fue la causa primordial de los orígenes de nuestra independencia, dejando en olvido que los grandes reformadores y especialmente Florida, Aranda y Pombal, y los Reyes de ideas avanzadas Carlos III, Federico de Prusia, José II de Austria y Maria Cristina de Suecia, brillaron antes del cataclismo francés (22)

Confirma lo dicho el hecho de que Carlos III en Cédula de 18 de marzo de 1783, después de haber protegido la instrucción pública y el comercio, dio apoyo a las artes, industrias y oficios, declarando que la preocupación vulgar de vileza que se les atribuía a los artistas y menestrales, era una preocupación errónea que debía borrarse. “Tuvo a bien Su Majestad de declarar, como se declara, que no sólo el oficio de curtidor, sino también las demás artes y oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros de este modo, son honestos y honrados; que el uso de ellos no envilece a la familia, ni la persona del que lo ejerce, ni inhabilita para ejercer los empleos municipales de la República, en que están avecindados los artesanos y menestrales que los ejerciten” (23)

En los planteles de educación que hemos nombrado y en los libros que la relativa libertad de comercio permitía introducir clandestinamente, se formaron los colonos que veremos figurar con brillo inesperado en los días tormentosos de la revolución. 

Por este mismo tiempo recibió Cédula el Virrey Zerda, de 10 de mayo de 1783, en que se prohibió absolutamente el uso de los dialectos de los indios, y se ordenó obligar a los naturales de América a hablar el castellano; y asimismo se acordó cerrar las escuelas de idiomas indígenas. Cabe aquí anotar que los laboriosos trabajos filológicos sobre los idiomas de América, entre los cuales merecen mención especial el del fraile bogotano Bernardo de Lugo y los del Padre italiano Dadey, quedaron olvidados por el querer del Rey, y que hoy se conocen merced al servicio que prestó a las letras colombianas otro distinguido filólogo bogotano, don Ezequiel Uricoechea, quien los reimprimió en 1871 con importantes notas y comentarios (24) . La cohesión que da á un pueblo la religión, había desaparecido para los chibchas con la pérdida de sus dioses el otro vínculo que aún hacia vivir la nacionalidad de Tisquesusa, lo borró la voluntad absoluta de Carlos III. 

Después de extinguidas las comunidades religiosas y de terminada la revolución, quedó el templo de La Enseñanza a cargo del Arzobispado de Bogotá. El edificio, de cal y canto, tiene sencilla ornamentación de yeso en la única nave que lo forma. Allí falta la riqueza de dorados de las viejas iglesias de Bogotá, y no se ven columnas con vides ni artesonados en los techos con florones dorados. Los coros de la iglesia estaban separados de la nave principal por rejas de madera que conservaban el gusto árabe. En 1897 el Capellán, presbítero Tomás Escobar, suprimió el coro bajo para ampliar el templo; disminuyó la extensión del coro alto, adonde no volvería la comunidad de monjas de la Orden de San Benito; levantó algunos altares para dar armonía a la ornamentación; cerró la puerta secundaria, y construyó al lado oriental una modesta mansión para la capellanía.

La inserción de las siguientes inscripciones da idea clara de las últimas modificaciones y destino del antiguo templo de Santa Gertrudis. 

En el frontis, esculpido en piedra., sobre la puerta, se lee:  

IGLESIA DE SAN VICENTE DE PAÚL 

Y a los lados de ésta las fechas:  

1770— 1910 

En el lado izquierdo del arco toral, en plancha de mármol, se lee:  

El Rvmo. Señor Bernardo Herrera Restrepo arzobispo
De Bogotá, en atención a los piadosos deseos de la
Sociedad de Seglares que con el nombre de San

Vicente de Paúl florece en Bogotá, ha suplicado
Humildemente a nuestro Santísimo Señor el Papa
Pío X, que se honre en adelante con el titulo del
Dicho San Vicente, un templo recientemente
Restaurado, que no ha sido ni será consagrado y en
El cual no se tributa culto a ningún Santo. Su
Santidad oída la relación que le hizo el infrascrito
Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación
De Ritos, se dignó acceder benignamente a las
Súplicas del Rvmo. Arzobispo. No obstante
Cualesquiera cosas en contrario. 

Abril 18 de 1910. 

FR. CARDENAL MARTINELLI
Prefecto.

L.S.

Pedro La Fontaine, Obispo de Carysto
Secretario.

Concuerda con el original.
Bogotá 8 de Junio de 1910.

BERNARDO
Arzobispo de Bogotá.

 

Al lado derecho se lee la siguiente:

 

La Sociedad Central de 5. Vicente de Paúl
Al cumplirse en 1907 el año 50° de su fundación
Acordó erigir un altar
A Su Santo y venerado patrono
Acogidas benignamente por la Santidad de Pío
X
Felizmente reinante
Los preces que al efecto le fueron dirigidas
Y Decorada esta Iglesia
Con el glorioso nombre y titulo
Del padre de los pobres
lnauguróse en ella su culto
El día 24 de Julio de 1910
Con solemne festividad
Que presidió
El Ilmo. Sr. Dr. Dn. Bernardo Herrera Restrepo
Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia

 

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(16) VERGARA Y VERGARA, Historia de la Literatura, 243. (Regresar a 16)

(17) RUPERTO S. GÓMEZ, Reseña histórica del convento de La Enseñanza, Bogotá, 1883, pág. 3. I. GUTIÉRREZ PONCE, Las crónicas de mi hogar, Papel Periódico Ilustrado, III, 287. GROOT, lib. cit., II, 130. (Regresar a 17)

(18) VERGARA Y VERGARA, Historia de la Literatura, 2ª ed., 238. (Regresar a 18)

(19) A. QUIJANO, Casas históricas de Bogotá, Boletín, III, 373. (Regresar a 19)

(20) CAICEDO y FLÓREZ, lib. cit., 47. (Regresar a 20)

(21) J. MANUEL MARROQUÍN, Biografía de don Francisco Antonio Moreno, El Mosaico, IV, núm. 7. (Regresar a 21)

(22)LUIS ALBERTO DE HERRERA, La Revolución Francesa y Sud América, París, 1910, pág. 88. (Regresar a 22)

(23)SANTOS SÁNCHEZ. Extracto puntual de todas las Pragmáticas, Cédulas, etc., del señor don Carlos III, Madrid, 1794, I, 164.  (Regresar a 23)

(24) VICENTE RESTREPO, Los chibchas. etc., 29. (Regresar a 24).