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Continuación del
capítulo 21.
Es digno de anotarse que el 10 de septiembre del año últimamente citado se desplomó la media naranja de la iglesia de San Ignacio, sin que la caída causase daños, por estar prevenida de antemano. La cúpula desplomada fue la construida por el arquitecto Coluccini (Colinuchi), y en cuanto a la nueva, que llama la atención por su mérito arquitectónico, carecemos de noticias acerca del que la dirigió.
Como suceso importante ocurrido en aquel tiempo (1760 76), anotaremos los reglamentos de comercio expedidos por Carlos III, que disminuyeron las dificultades que sufría el de las colonias de América, y que dieron a la importación y exportación una actividad desconocida hasta entonces. Los reglamentos se llamaron de comercio libre, denominación impropia, pero es lo cierto que se disminuyeron las trabas del comercio americano que antes andaba reducido a sistemas muy rudimentarios (16) .
Durante el Gobierno de Messía de la Zerda se crearon títulos de nobleza para hijos del Nuevo Reino, honor que no merecieron en casi dos siglos y medio los que se llamaron nobles por tener sangre española sin mezcla de la indígena y nacidos en América. Para los criollos mestizos se hizo perpetua excepción de títulos nobiliarios.
En documentos inéditos que conocemos se ve cuántas dificultades tenía que vencer el español que se decidía a pasar a América, aunque fuese funcionario público; cuántos requisitos tenía que llenar antes de salir de la Península, y cuántos embarazos encontraba para vencer sus deseos. A tal extremo llegaban, que necesitaba el emigrante licencia expresa del Soberano para poder pasar la puerta de la célebre Casa de Contratación de la ciudad de Sevilla, única que comunicaba entonces a España con sus colonias en América.
Como epilogo de aquella política demasiado severa, veremos a los colonos, ennoblecidos por la Corte de Madrid, romper voluntariamente sus títulos y preeminencias, hacerse revolucionarios, prestar grandes y fecundos servicios a la causa de la emancipación americana y morir como reos en el destierro y en el patíbulo por haber figurado, algunos de ellos en primera línea, entre los fundadores de la República, ya apoyando la insurrección de los Comuneros en 1781, ya presidiendo el Gobierno creado por los insurgentes el 20 de julio de 1810.
Para pasar a América tenían, los que tal pretendían, que hacer informaciones de testigos que probasen que eran libres de matrimonio, que no eran descendientes de los Pizarros, Carvajales, ni de vecinos de Cáceres ni de Trujillo, ni de otros lugares cuyos habitantes tenían prohibición de pasar al Nuevo Reino; que no habían hecho votos religiosos y que estaban en capacidad de tomar cualquier estado.
Como muestra que comprueba las dificultades que hemos enunciado, insertamos los siguientes documentos referentes a don Francisco del Castillo:
El Rey. Mi Presidente y Jueces Oficiales de la Casa de la Contratación de la ciudad de Sevilla, yo os mando que a don Francisco del Castillo y Toledo, Teniente Corregidor de la ciudad de Tunja en el Nuevo Reino de Granada, le dejaréis pasar a aquella tierra, sin pedirle información alguna y para su servicio le dejéis llevar un criado y una criada, presentándola éstos ante vos hechas en sus tierras ante las Justicias de ellas, y con aprobación de las mismas Justicias de cómo no son casados, ni de los prohibidos a pasar a aquellas partes, y de las señas de sus personas, que así es mi voluntad.
Fecha en Madrid, a ocho de septiembre de mil y seiscientos y sesenta años.
Yo el Rey. Por mandato del Rey nuestro señor,
JUAN BAUTISTA SÁENZ NAVARRETE
(Hay una rúbrica).
Cualquiera Maestre que os despacháis a la Provincia de Tierra Firme con la flota que este año va a ella en compañía de la armada del cargo del General don Pablo Fernández de Contreras, recibid a don Francisco del Castillo y Toledo, Teniente de Corregidor de la ciudad de Tunja, en el Nuevo Reino de Granada, el dar licencia, en virtud de la que Su Majestad le concede por la Cédula retroescrita; por la cual, asimismo, la tiene para poder llevar un criado y una criada. Y usando de esta facultad lleva, y ha nombrado a Pedro de Ortega y a doña Manuela de Valdés, su mujer, los cuales no son de los prohibidos a pasar a las Indias; y el dicho Pedro de Ortega será de edad de treinta y cinco años, buen cuerpo, algo rehecho, blanco, pelinegro, crespo, con señal de herida en la palma de la mano derecha. Y la dicha doña Manuela de Valdés será de edad de veinticuatro años, mediana de cuerpo, blanca, pelo negro, casi redonda, y se han de presentar ante el señor Juez, que asiste en Cádiz el Despacho de la dicha armada para que los mande asentar en la lista de pasajeros que llevase la nave en que fueren embarcados.
Sevilla, a veintiuno de octubre de mil y seiscientos y sesenta años.
(Aquí una firma que no pudo leerse).
D. FERNANDO DE VILLEGASJOSEF DE BEYTIA Y LINARES
Vamos a ver cuáles fueron los dos afortunados colonos que recibieron las distinciones de titulo de nobleza, de acuerdo con la siguiente orden real dirigida a Messía de la Zerda:
Entre las gracias concedidas por el Rey, con motivo del feliz parto de la serenísima Princesa nuestra señora, ha dispensado Su Majestad a los naturales de ese Reino las dos mercedes de títulos de Castilla que expresan las adjuntas Cédulas en blanco, y remito a Vuestra Excelencia de su real orden para que en conformidad de lo que se previene a Vuestra Excelencia en la otra Cédula que las acompaña, proceda a su distribución con la equidad que espera Su Majestad de la acreditada conducta y justificación de Vuestra Excelencia, dando cuenta de las personas que elija para estas gracias, a fin de trasladarlo a su real noticia. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
San Lorenzo el Real, veintiuno de noviembre de mil setecientos setenta y uno.
El Bailío Frey, D. JULIÁN DE ARRIAGA
Señor Virrey de SantaféEl Rey.
El señor Messía de la Zerda resolvió en 12 de mayo de 1762 adjudicar los dos títulos de nobleza a don Luis Diego de Castillo y Guevara, con el titulo de Marqués de Surba, y a don Jorge Tadeo Lozano de Peralta, con la denominación de Marqués de San Jorge, por ser mayorazgos que tenían haciendas para mantener tan distinguido honor. Don Luis Diego de Castillo y Guevara residía en Tunja y el Marqués de San Jorge era natural de Bogotá.
Es digno de recordarse que el orgullo de los peninsulares residentes en Santafé ya llegaba al extremo en aquellos tiempos, pues no sólo se mostraban hostiles contra los criollos sino que se extendía a los descendientes de españoles de sangre azul. Para probarlo recordamos que al Marqués de San Jorge, que era Alférez Real en 1768, le sucedió un incidente con don José Groot de Vargas. español, quien, habiéndose suscitado una disputa entre ellos en plena sesión del ilustre Ayuntamiento, llegó a decir a Lozano que tenía mancha de la tierra, que era enemigo de los chapetones, que tenía túnica inconsútil (sic) y que no tenía fe de bautismo. Y luego lo amenazó con su espada y no le dio muerte por haber intervenido los otros Regidores
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No quiso el nuevo Marqués pagar derechos de lanzas y media anata que le exigía la Audiencia como derecho del título. Alegaba Lozano de Peralta que él no había solicitado ni comprado la merced que le había concedido el Virrey Zerda a nombre del Monarca, por los buenos servicios que le había prestado. Fue amargo el debate, llegando al punto de que la Audiencia resolvió en mayo de 1777 desconocer en Lozano el título de Castilla y prohibirle usar armas y nombre de Marqués. Pero no obstante lo resuelto por el primer Tribunal del Nuevo Reino, Lozano de Peralta se siguió considerando Marques de San Jorge y continuó dándose las ínfulas de tál y usando las armas prohibidas, las cuales todavía existen sobre la puerta de la casa que habitó en Bogotá, cercana al puente de Lesmes en la carrera 6.ª, número 183 de la actual nomenclatura
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Del Marqués de San Jorge trataremos posteriormente al hablar de la célebre revolución de los Comuneros.
Tocó al Virrey Messía de la Zerda levantar en las inmediaciones de la ciudad tres obras de utilidad pública, iniciadas por el exVirrey Solís: los puentes de Sopó, de Bosa y de Puente Aranda. Concluido el primero, se prosiguió el de Bosa, que existe. En una de las columnas que ornamentan el antepecho de este puente, levantado sobre el río Tunjuelo o Bosa, en el mismo sitio en que construyó Antonio Aillón el primitivo en 1713, como antes dijimos, se lee la siguiente inscripción, fielmente copiada:
GOBERNAN
DO EL EMMO SOR
DN PEDRO DE
lA ZERDA
SE CONSTRU
YO ESTE PV
ENTE
EL A.° DE 1768.
Respecto del de Puente Aranda, levantado sobre los riachuelos de San Francisco y San Agustín unidos, en el sitio en que cortan la carretera de Occidente a cinco kilómetros distante del área de población en aquel tiempo, distancia menor de cuatro mil metros al presente, diremos que se ha creído que se le dio el nombre de Aranda para honrar el nombre del distinguido Ministro de Carlos III, lo cual es erróneo, pues muchos años antes de que figurara el Ministro de Gobierno en la Madre Patria, ya se le había dado esta denominación, por haber pertenecido los terrenos adyacentes a Juan de Aranda.
Hé aquí las inscripciones esculpidas en los antepechos de este puente:
GOVERNANDO
EL EXMO. Sr BAI
LIO FREI Dn PEDRO
MESIA DE LA ZER
DA VIRREI DE ESTE
REINO SE HIZO ES
TA IMPORTANTE
OBRA. AÑO DE
1768
S PEDRO
PARA ESTA ....
CA DIPUTO SVS ....
AL S Dn. JOSEPH
GROT DE VAR
GAS REJIDOR
DEL ....
DE ESTA CIUDAD
.... POR SU MC. D ....
También hizo construir Zerda fábrica de pólvora
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al sur de la ciudad, en la vertiente meridional de una colina, con el objeto de defender la ciudad de inesperadas explosiones. Este lugar se conocía ya con el nombre de El Aserrio. Con el fin de transportar la pólvora a los puertos y otros lugares del Virreinato, sin riesgo de explosión, fundó el Virrey locerías con torno, a fin de construir botijas en qué transportarla. Fue éste el origen de las fábricas de loza vidriada, industria que subsiste en el barrio de Las Cruces. No distante de la fábrica de pólvora existía a orillas del riachuelo una amplia casa de campo, donde con frecuencia el Virrey Zerda pasaba temporadas de solaz, rodeado de su familia y de lo más distinguido de la sociedad santafereña. Allí habla varias clases de diversiones que presidía el Virrey: novilladas, carreras de caballos y comedias en improvisado teatro. De este vetusto caserón, hecho célebre más tarde por haber pertenecido a Nariño y al General Caicedo, y por haberlo habitado Bolívar, volveremos a tratar en distintas épocas de la vida santafereña y bogotana.
Leyóse en aquel tiempo con mucho entusiasmo la vida de la venerable Madre Sor María de Santa Inés, libro que se acababa de imprimir en Madrid (1753), y que había sido escrito en Bogotá por los años de 1737, como rezan las aprobaciones. Es autor de esta obra el presbítero Pedro Andrés Calvo de la Riva, confesor de Sor María, religiosa en el convento de Santa Inés de Bogotá, natural de Pamplona, nacida en 1678. hija legítima de don Andrés Orozco y de doña Francisca Jaimes. Como nueva muestra del estilo del presbítero Riva, de quien ya hablamos en la página 239, y de la cándida piedad que reinaba en esos tiempos, vamos a transcribir unas líneas referentes a la muerte de esta monja:
Murió martes en la noche a las diez y media, en veintiocho de noviembre de mil setecientos treinta. A la misma hora estaban en su coro la Madre Bernarda de Jesús, religiosa carmelita, en el monasterio de la Villa de Nuestra Señora de Leiva, a quien se le apareció en forma de lúcida estrella, que bañaba de luces todo el coro, cumpliéndose la promesa que le había hecho de darle aviso de su muerte.
Y más adelante dice, hablando de la tumba de Sor Inés:
Doña Juana de Orduña, fatigada de un vehemente dolor de estómago, se fue al sepulcro de la amada Madre, a quien viva trató mucho, y fue a quien pidió que con sus hermanas la amortajaran, como todas lo hicieron. Postrada en el sepulcro, le pidió le alcanzase alivio, y llena de esperanza se aplicó al estómago un terroncito de la tierra superficial de él, y luego al punto se le quitó el dolor
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Y ya que tratamos de estas cosas, nos ha parecido oportuno insertar aquí en copia fiel varios documentos de espíritu semirreligioso, que tenemos a la vista y que eran acatados en los lejanos tiempos coloniales; modificamos únicamente la pésima ortografía en que están impresos:
VIRTUDES DEL BREVE O AGNUS PAPAL DE LA MARCA
1. Contra las tempestades del mar, truenos, relámpagos, granizo, piedra y semejantes destemplanzas del aire. ...............................................................................................
3. Es de grande utilidad a los casados, contra los celos nacidos o que provienen de maleficio.
4. Contra toda suerte de hechizo o maleficio. ................................................................................................
9. Contra los enemigos visibles e invisibles.
10. Sirve de grande utilidad para los incendios o quemaduras.
Discurso l Físico l sobre si las víboras l Deban reputarse por carne, o pescado l en el sentido en que l nuestra madre la Iglesia nos veda l las carnes en días de absti l nencia? l Respuesta l a una consulta l que hicierou los Reverendos Padres l Cartujanos, para en vista de la resolución l poder usar las víboras o a lo menos como me l dicamento, lo cual en caso de repustarse l por carne, les seria vedado según su l laudable costumbre.
Las bulas de cruzada se publicaban para un bienio, y contenían la absolución de faltas pasadas, y entre otros privilegios concedían el de comer carne durante ciertos días de la cuaresma y en otros de vigilia. Las bulas eran de cinco clases: de lacticinios, de carnes, de difuntos, de vivos y de composición. La gracia de la bula se extinguía al cabo de los dos años para los cuales se promulgaba (21) .
Podríamos multiplicar estos ejemplos; pero no lo hacemos por creer que lo ya dicho basta para conocer el atraso literario unido a la candorosa inocencia que reinaba en esos tiempos.
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(16) J. MANUEL RESTREPO, Historia de la Revolución de la República de Colombia, Besanzón, 1858, I, 11.
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(17) RAIMUNDO RIVAS, El Marqués de San Jorge, Boletín de Historia, (Regresar a 17)
(18) R. RIVAS, Estudio citado, 727. (Regresar a 18)
(19)
La primera fábrica de pólvora existió, según el piano de la ciudad levantado por don Francisco Cabrer en 1797, en la ribera norte del río Fucha, cerca de San Cristóbal, en el lugar que hoy se llama Santa Ana. Del edificio de El Aserrío, hoy manicomio de mujeres, hablaremos a su debida tiempo. (Regresar a 19)
(20)
PEDRO CALVO DE LA RIVA, lib. cit., 589. (Regresar a 20)
(21) C. BENEDETTI, lib. cit.. 302. Ya dijimos antes cuándo se estableció el Tribunal de Cruzada en Santafé y dónde tuvo su origen la bula de cruzada. (Regresar a 21)
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