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Continuación del
capítulo 19.
Fray José Trelleras y Eguiluz, entonces Cura de Fómeque, cuenta así lo acaecido en aquella memorable fecha:
A los diez y ocho días de octubre del mismo año (1743), a las nueve y media de día, día viernes, comenzó por debajo de la tierra un ruido tan grande que no se puede explicar su estruendo: ello parecía al oído el sonido de un río caudaloso; sonaba como un fuego voraz que a la batiente del aire abrasaba un monte, y sonaba como ecos que lleva el aire de una pieza de artillería; finalmente era un estrépito tan confuso y sordo, que no tiene semejante a quien poderlo asimilar; y luego, incontinenti, se sintió un terremoto grande.. Duró este terremoto entre el espacio de un miserere. Repitió otro en breve tiempo; otro cuasi al tanto del primero.... Pasado este terremoto luego de otro breve espacio, acometió otro pequeño, y pasado éste, entre la mitad de un cuarto de hora, vino otro al tanto del primero. Cada uno de los terremotos grandes duraba el espacio de un miserere, y más. Otros terremotos sucedieron después, pequeños, que lo afirmaron muchos
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En la ciudad sufrieron algunos edificios por causa de los repetidos temblores, y causaron tal alarma en la población, que todos buscaron habitación en humildes casas pajizas de los aledaños, donde se entregaban a penitencias siguiendo las exhortaciones del Arzobispo Vergara, quien de continuo excitaba a la reforma de costumbres.
El año de 1735 tomó posesión del Obispado de Popayán el español fray Diego Fermín de Vergara, de la Orden de San Agustín, preconizado por Clemente XII. En 1740 fue promovido al Arzobispado de Santafé
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. El 22 de agosto de 1741 llegó el Arzobispo a la capital, y en el mes de abril siguiente recibió el palio y dio principio al ejercicio de su Gobierno. Este Prelado dio protección decidida a su Orden en Santafé, y contribuyó a la construcción del Colegio de Agustinos Calzados, espacioso edificio que forma la acera occidental de la antigua Plaza de San Agustín
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Falleció el Arzobispo Vergara el 7 de febrero de 1744, y su sepelio tuvo lugar en la iglesia de agustinos calzados. De él existe un retrato en la Catedral, con la inscripción que sigue:
El Illmo. y Rmo. Sr. Mtro. D. Fr. Diego Fermín de Vergara, natural de Santiago de Galicia, del Orden de Ermitaños de S. Agustín en la Prov.a Caft.a Definidor en ella. Regt.e de estud.s en Santiago. Prior de S.n Felipe. Examinador Sinodal del Arzobispado de Toledo. Teólogo en la Nunciatura de España. Fue Obispo de Popayán, y promovido a este Arzobispado del N.vo Reino de Granada.... Metropolitana de Santafé de Bogotá. Entró el 26 de Agosto de.... (La fecha borrada es la de 1741).
Recayó el Gobierno eclesiástico en el bogotano Nicolás Javier de Barasorda Larrazábal, nacido en 1688, de quien cuenta Vergara y Vergara que era sujeto de grandes ínfulas y títulos, como que gobernó tres veces el Arzobispado en Sede vacante, lo que él contaba como seis, diciendo tres como Vicario y tres como Gobernador.
Terminaba el año de 1746 cuando se recibió por el Gobierno colonial, el 23 de diciembre, cédula de duelo por la muerte de Felipe V, acaecida en Madrid el 6 de julio de dicho año, cuando contaba cuarenta y cinco años de reinado el primer Monarca de la dinastía borbónica
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. El bando de los lutos se promulgó el 16 de enero del año siguiente; el 11 de abril empezaron los pésames, y el día 12 el paseo a vísperas, que duraron hasta las siete de la noche. Reunido el Ayuntamiento, resolvió, presidido por el Alcalde don Diego de Tobar y Buendia, que éste presidiese la ceremonia, y no habiendo Alférez Real que hiciese la proclamación del nuevo Rey Fernando VI, se comisionó a Tomás Prieto de Salazar para que con las funciones de tal hiciese la proclamación, del mismo modo que su padre había hecho la del Rey Luis I. Y dice el documento de donde tornamos estas noticias que fenecidas las vísperas, al otro día con la misma pompa y grandeza (aunque fúnebre) se hicieron las exequias funerales, predicando en ellas el señor doctor Nicolás Javier de Barasorda Larrazábal. Se puede juzgar del sermón del Canónigo bogotano, muy elogiado en esos días y juzgado digno de la imprenta, por su título, que fielmente copiamos:
Holocausto fúnebre, parentación funesta, sacrificio luctuoso que en las sumptuosísimas reales exequias executadas por la inopinada, quanto deplorada muerte del muy alto, poderoso y magnánimo monarcha, el Sr. D. Phelipe V el Animoso, rey de las Españas y las Indias, y Emperador del Orbe todo Americano, dedicó a la gloriosísima memoria de S. M. C. la constante fidelidad de la ciudad de Santa Fe de Bogotá del Nuevo Reyno de Granada, en su Santa Metropolitana Iglesia, el año de 1747. Panegyrizandolo el Sr. Dr. D. Nicolas Javier de Bara sorda Larrazabal, etc. etc. etc. etc. etc.
Nos abstenemos de repetir la relación de la jura del Rey, por haber sido igual en su ceremonial a la que describimos cuando la proclamación de Luis I.
Durante el tiempo que Eslava estuvo en Cartagena y que fue Jefe de la Audiencia por delegación del Virrey don Francisco González Manrique, fallecieron los Oidores Martínez Malo (1741), Quesada (1743) y el mismo Presidente, el 28 de agosto de 1747, habiendo gobernado más de ocho años.
Quedaron en la Audiencia don Andrés Verdugo y Oquendo, don Joaquín de Aróstegui y Escoto, el Fiscal don Manuel de Bernardo Alvarez, y a poco tiempo llegó el Oidor don Antonio Berástegui, quienes tuvieron a su cargo el Gobierno hasta la llegada del Virrey Pizarro.
A ocupar la Silla arzobispal vino el chileno Pedro Felipe de Azúa, Obispo de La Concepción, y se posesionó el 22 de agosto de 1747. Pero no llegó a su Diócesis hasta el 20 de enero del año siguiente. Este Arzobispo hizo algunas mejoras materiales en la Catedral, consagró de nuevo la iglesia de San Agustín, según se vio ya antes, y propendió al buen orden en los asuntos eclesiásticos.
El Arzobispo Azúa también se presenta como enemigo acérrimo del uso de la chicha. Ya antes dijimos que el Presidente Pérez Manrique había dictado auto de buen Gobierno contra el licor nacional, y vimos que el Arzobispo Urbina había seguido las huellas del Marqués de Santiago en tan enojoso y delicado asunto.
Un siglo pasó sin que los gobernantes de la Colonia dictaran disposiciones restrictivas sobre el uso de la chicha, y fue por excitación del Arzobispo Azúa que Fernando VI expidió la siguiente Real Cédula que copiamos del documento original, conservando en ella su defectuosa ortografía:
EL REY. Virrey, Gobernador, y Capitán General del Nuevo Reyno de Granada, y Presidente de mi Real Audiencia, que preside en la ciudad de SantaFe. En carta de veinte y seis de Agosto de el año próximo pasado, participó el Muy Revdo. Arzobispo de esa Metropolitana dn. Pedro Phelipe de Azua con motivo de avisar el recibo de el Breve Apostólico que se le dirijíó con Cédula de veinte y seis de Marzo antecedente, para que oyendo Misa, se pueda trabajar en ciertos dias de fiesta; que poco despues de haver tomado possesion de esa Mitra formó, y hizo publicar en veinte y nueve de Septiembre de mil setecientos y cuarenta y ocho el edicto de que remitía copia, en que (entre otras cosas) mandó se cerrasen en los días de fiesta las Pulperías, en que se vende la bebida llamada vulgarmente chicha, por los gravissimos daños que ocasiona, assi en lo espiritual como en lo temporal, manifestando las vivas expresiones, que conthiene ser causa su inmoderado vso de peligrosos repentinos accidentes corporales de graves torpes pecados, de quedarse sin Misa en los dias de precepto muchos Indios, y gente comun, y de faltar á la explicacion de la doctrina christiana, de que viven tan ignorantes, que se hallan incapaces de recivir los Santos Sacramentos de confesion y comunión, originandose tambien las riñas, y pendencias, que privados de la razon mueven entre si, y igualmente, qe. por lograr mayor consumo en las chicherias (que mantiene la gente de distincion en las acesorias de sus casas) se pongan para vender dicha bebida, mujeres mozas á cuyo lado concurran por lo regular otras de una vida licenciosa de que resultan las lastimosas consequencias que se dejan considerar, y fomentan con las ingredientes que se mezclan á esta vevida, y son tan abominables, que por modestia omitió expresarlas dicho Prelado, llegando á tanto el horror de ellos, que segun refiere se deslien huesos de difuntos, con el execrable fin de que sirva para ponerlos amatorios, y para conseguir las vendedoras mayor consumo. Y visto en mi Consejo de las Yndias con lo expuesto por mi Fiscal de él, y teniendo presente lo dispuesto por la Ley treinta y siete, Títtulo primero, Libro sexto de la Recopilacion, en cuanto a la bebida del Pulque, que vsan los Indios de Nueva España: He resuelto remitiros la adjunta copia de todo lo que incluye el Edicto en este punto, a fin de que instruído de ello procureis informaros (como os lo mando) por los medios mas seguros y con la mayor individualidad de las referidas expecies, y hallando ser, como se cree en la forma que se enumeran, tomeis desde luego aquellas providencias que considerareis mas prudentes y eficaces para evitar se introduzcan y mezclen en la expresada bebida los ingredientes, y cosas extrañas al Maiz de que se hace, y de que se origina el mayor daño por la fortaleza que la infunden, y malos fines a que se aplican; disponiendo tambien el precaver con las mismas reglas su inmoderado vso, y que executado informeis lo que resultare, asi en cuanto a las noticias que adquiriereis, como a las providencias que tomareis, y lo demás que se os ofreciere en orden a si convendria prohibir en el todo esta vevida en esa Ciud. o en el caso de no juzgar esto conveniente, qué providencias, o ordenanzas se podrán formar p.a extinguir en todo lo posible los nocivos inconvenientes que produce su abuso a imitación de lo practicado en Mexico con el Pulque. Y del r.vo de este despacho me dareis aviso en las primeras ocasiones que se ofrezcan. De Buen Retiro a Diez y nueve de Julio de mil setecientos y cincuenta y dos.
Yo EL REY.
Por mandado De El Rey Nro Sr Dn. Joachin Joseph Vasquez y Morales.
Salta a la vista la observación de la ineficacia de esta Cédula. Los posteriores gobernantes no volvieron a pretender la supresión del licor del maíz fermentado, pues bien sabían que a despecho de cédulas y excomuniones los descendientes de Tisquesusa habrían de seguir usando a diario el vino colombiano, por cierto muy nutritivo, según citada opinión del doctor José Félix Merizalde.
No le valió a Tomás Prieto de Salazar tremolar el real pendón en la jura del Rey Fernando VI, ni que su padre don José hubiera hecho lo propio en la de Luis I, ni tener privilegio concedido en 1718 para establecer casas de moneda en el Nuevo Reino
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, para que se le respetasen sus derechos. A principios del año de 1749 tuvo un alcance de trescientos pesos don Tomás Prieto, como Tesorero blanquecedor de la Casa de Moneda, destino que los Prietos habían comprado en $220,000. La viuda de don Tomás, doña Mariana Ricaurte y Terreros, reclamó en vano que se le reconociera como heredera del privilegio, pero solamente se le dio una pensión de $ 8,000 anuales para ella y sus descendientes.
Fernando VI y su Ministro el Marqués de la Ensenada reintegraron a la Corona la regalía de fabricar moneda en diferentes reinos, y en 17501751 expidieron cédulas, en virtud de las cuales dispuso el Rey que cesara la acuñación por cuenta de particulares y que a éstos se les indemnizaran los derechos legítimos adquiridos
(16)
. Años después Carlos I, por cédula de 3 de diciembre de 1759, incorporó en absoluto a la Corona los derechos de amonedación
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Es de observarse que habiendo comprado Prieto el derecho de amonedación en 1718, estuvieron él y sus descendientes por espacio de cuarenta años disfrutando de tal derecho. En julio de 1753 tomaron posesión de la Casa de Moneda de Bogotá el Superintendente don Miguel de Santisteban y el Contador don Isidro Cabrera.
Un Tratado de paz puso fin a la guerra entro Inglaterra y España (1749). En primero de septiembre de este año dice Vargas Juradose publicaron las paces con Inglaterra, con paseo, que se hizo sobre tarde y siguieron luminarias.
El 6 de noviembre de 1749 cesó en el Gobierno del Virreinato, en Cartagena, don Sebastián de Eslava
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. Antes de posesionarse su sucesor ocuparon sillas en la Audiencia los Oidores Juan Francisco Pey Ruiz y Jacinto Torres. El año de 1752 llegó el Oidor Luis Carrillo.
No obstante la paz acordada con la Gran Bretaña, el Gabinete de Madrid creyó prudente confiar los destinos del Nuevo Reino a un marino que pudiese, en caso necesario, defender nuevamente sus costas; y con tal fin eligió a don José Alfonso Pizarro, Marqués del Villar, quien arribó a Cartagena en la fragata Uaricochea en los primeros días de noviembre de 1749.
En dos de mayo de este año 1750 dentró en Ontibón el Sr. D. José Alfonso Pizarro, caballero de la Orden de San Juan, Marqués del Villar, Gentil hombre de Cámara de S. M. con llave y entrada, Teniente General de la Real Armada, Virrey, Gobernador y Capitán General de este Reino y Provincias agregadas. E! día siguiente domingo, tres de Mayo, dentró en la ciudad con acompañamiento y repiques....
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Pizarro ordenó la Real Hacienda; de orden de la Corte monopolizo los aguardientes, lo cual no logro sin vencer serias dificultades y aplacar motines, tarea en que le ayudó eficazmente el Comisionado regio don José Antonio de Plaza, padre del notable historiador del mismo nombre.
Pizarro presidió la reorganización de la Casa de Moneda, que ya dijimos estaba a cargo del Superintendente Santisteban (20) .
Dejó grata memoria en Bogotá este mandatario por la mejora de parte de la más importante vía de comunicación de la Sabana; en efecto, continuó el arreglo y mejoramiento del camino de Occidente, nacido a impulsos de una pasión amorosa, cuando la juventud santafereña se dejaba arrastrar por la belleza física de doña Jerónima de Olalla, quien a decir de Gutiérrez Ponce tenía más hermosa la cara que el nombre. A don Francisco de Anancibay se debió semejante mejora en las comunicaciones de la Sabana, y bendiga Dios la ternura de su corazón, sin la cual probablemente encontraría el viajero todavía tan malos pasos y tantos resbalones y caídas como halló todo un Gobernador del Nuevo Reino cuando atravesaba la verde llanura en busca de la que no debía ser de él ni amante ni esposa (21).
Pizarro emprendió la obra de un puente de cal y canto en los aledaños de Fontibón, sobre los ríos San Francisco y San Agustín unidos, llamado desde entonces puente de San Antonio, obra que terminó su sucesor.
Cuenta el historiador Groot que el Arzobispo Arauz quiso revivir antigua costumbre de que el Virrey y los empleados de los Tribunales concurriesen a la Catedral el jueves santo a recibir la comunión de manos del Prelado. En 1751 invitó a los gobernantes; el Virrey contestó que concurriría si se lo permitía la dolencia de una pierna; los Oidores, hablando por boca del decano Verdugo y Oquendo, respondieron que por tener el estómago delicado y hacerles daño el estar hasta tarde en ayunas, no podían comulgar en la Catedral. A la fiesta no concurrieron ni el Virrey ni los Oidores, pues los fueros del estomago eran para ellos mas delicados que la conciencia (22).
El Virrey Pizarro entregó el mando a su sucesor don José Solís, mediante complicado ceremonial que el Rey impuso en aquella época, y que describiremos en el capítulo siguiente, ceremonial en el cual desempeñó Pizarro importantísimo papel. Quince días después de posesionado Solís salió Pizarro de Santafé, sábado primero de diciembre a las nueve del día, en silla de manos, que a propósito mandó hacer por la enfermedad de la pierna. Navegando para España (1753) falleció el exVirrey Pizarro.
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Don José Alfonso Pizarro.
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En la galería de mandatarios que se guarda en el Museo Nacional existe un retrato del Virrey Pizarro, cuya copia exorna estas páginas, pintado al óleo. Al pie se encuentra esta leyenda:
Reinando la Magestad Cathotica del Señor D.n Fernando VIEl Ex.mo S.r D.n Joseph Alfonso Pizarro Marques de Villar, Cavallero del Orden de S.n Juan, Gentil Hombre de Camara de SM. con Entrada, Theniente General de la R.l Armada, Tomó poseción de los Empleos de Virrey, Governador, y Cap.n Gen.l de las Provincias de este N.vo R.no de Granada, y sus agregadas, como de Presidente de la Real Aud.a de S.ta Fe el dia 6 de Noviembre de 1749. Haziendo su Juramento en Cartagena en manos del EX.mo S.r Virrey Eslava su antecessor por especial R.l Cedula de su S.M.Governó 4 años, y 18 días hasta el 24 de Noviembre de 1753 en que le succedió el Ex. S.r D.n Joseph Solis.Bolbióse a España, y durante su Gov.no se principió la fabrica del Camellón, y se incorporó la Casa de Moneda a la R.l Corona.
A la edad de sesenta y cinco años, el 14 de diciembre de 1753, falleció el notable bogotano don Nicolás Javier de Barasorda y Larrazábal, ya citado en estas páginas como Gobernador y Vicario del Arzobispado varias veces, y como autor de panegíricos gongóricos de extensos títulos.
Su entierro fue un acontecimiento en Santafé: a él concurrieron los Virreyes Pizarro y Solís, la Audiencia, los Tribunales, los dos Cabildos y todo lo visible y distinguido de la población.
Pasemos ahora sí a detallar el ceremonial cortesano en que fueron protagonistas los dos Virreyes que acabamos de nombrar.
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(11) Visitas del Prefecto General de Policía del Departamento de Cundinamarca, 1887, págs. 33, 34. El ruido de que hablan estos cronistas no debe confundirse con el extraordinario que se sintió en Santafé el 9 de marzo de 1687, y del cual ya hablamos antes. De modo que el temblor de 1743 no es del tiempo del ruido. (Regresar a 11)
(12) ANTONINO OLANO, lib. cit., 71 y 88. (Regresar a 12)
(13) VARGAS JURADO, lib. cit., 22, 23. Sobre la construcción del Colegio aseveró don Adolfo Sicard y Pérez en la Biografía de fray Diego Francisco Padilla (Papel Periódico Ilustrado, número 52, de octubre de 1883), que existía en 1770 el Colegio de San Nicolás de Bari en edificio que con tal objeto había hecho levantar a expensas suyas fray Gregorio Agustín Salgado, y que cedido al Rey más tarde vino a ser cuartel y hoy Escuela Militar. (Regresar a 13)
(14) E. GONZÁLEZ SUÁREZ, lib. cit, V, 165. (Regresar a 14)
(15) DURÁN y DIAZ, lib. cit., pág. 15, dice lo siguiente:
«Juzgado de la Real Casa de Moneda. Tuvo principio en el año de 1620 por Real Cédula concedida al Presidente don Juan de Borja. En el de 1679 concedió Su Majestad esta gracia de acuñar moneda a don Joseph de Ricaurte y a su hijo, corroborada con fecha de 1625. Por otra de 12 de julio de 1753 se incorporó en la real Corona.» (Regresar a 15)
(16) J. MANUEL RESTREPO, Memorias sobre la amonedación de oro y plata en Colombia. (Regresar a 16)
(17) GROOT, lib. cit., II, 37.
I. GUTIÉRREZ PONCE, Crónicas de mi hogar, Papel Periódico Ilustrado, III, 46. Véase atrás la fundación de la Casa de Moneda.
(Regresar a 17)
(18) M. E. CORRALES, lib. cit., 107.
(Regresar a 18)
(19) VARGAS JURADO, lib. cit., 31.
(Regresar a 19)
(20) J. M. RESTREPO, Memoria sobre la amonedación.
(Regresar a 20)
(21) R. CORTÁZAR, Galería de Virreyes. El Gráfico de Bogotá. número 122. Véase atrás pág. 50 de este libro.
(Regresar a 21)
(22) J. M. GROOT. lib. cit..
II, 54.
(Regresar a 22)
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