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CAPITULO XVIII
Erección del Virreinato del Nuevo ReinoDon Antonio de la Pedrosa y Guerrero, primer VirreyFundación del Colegio de San Buenaventura en SantaféConseja sobre el fundadorVillalonga, segundo VirreyNoticias sobre su Administración Supresión del VirreinatoRetrato de VillalongaInscripción al pie del lienzoNuevos OidoresMuerte del Arzobispo RincónTraslación del Hospital de San Pedro al de San Juan de DiosNoticias sobre VillamorSu retratoUn libro del Padre VillamorFunerales dignos de menciónLas reliquias de una monjaLa iglesia de San Juan de DiosAbdicación de Felipe yJura Santafé al Rey Luis IEl Presidente Manso MaldonadoSu Gobierno y sus informesAlgunas causas del estado de atraso de la ColoniaVuelve a gobernar la AudienciaEl Arzobispo Alvarez de QuiñonesEl Palacio arzobispalLa mejor custodia de BogotáApoderado del Arzobispo Alvarez en el ejercicio de su cargoRetrato de Alvarez, inscripciónGobierno eclesiástico de un bogotano.
HABÍA terminado la célebre guerra de sucesión en España, acontecimiento que no obstante su magnitud pasó inadvertido para las colonias americanas. Seguros los Borbones en el trono, pensó el Rey de España mejorar la administración civil de las dilatadas posesiones de la Monarquía en América. En cuanto al vasto territorio del Nuevo Reino, resolvió el Rey erigirlo en Virreinato por cédula expedida en Segovia a 27 de mayo de 1717. Fue acertada esta medida del Monarca, porque sólo existía en Lima un Virrey, único en el inmenso territorio de la América del Sur, y eran continuas las querellas y colisiones entre los Presidentes de Santafé y Quito y las respectivas Audiencias.
En realidad no hubo cambio sustancial al crear el Virreinato en el régimen político, salvo que el Virrey tenía funciones más amplias que los Presidentes, pues era Vicepatrono Real, Superintendente de la Real Hacienda, Gobernador y General de las tropas de su jurisdicción. Con la creación de la nueva forma de gobierno se suprimían los Visitadores de las Presidencias y Gobernaciones, los cuales con frecuencia contribuían a aumentar el malestar en vez de ser elementos de concordia.
La creación de esta nueva jerarquía civil dio independencia al Nuevo Reino, desligándolo del Virreinato del Perú, que hasta 1718 tuvo jurisdicción sobre el Presidente de Quito y las Audiencias de esta última ciudad, Santafé y Panamá
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Constituyó el territorio del nuevo Virreinato el mismo en que más tarde se fundó la República de la Gran Colombia, y además, parte de los territorios orientales del Perú hasta partir límites con los de Portugal
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; luego se desmembró el territorio de Venezuela, erigido en Capitanía General, y el de la República del Ecuador, cuya administración se confió al Presidente de Quito.
La real cédula de 1717, citada, dispuso que don Antonio de la Pedrosa y Guerrero, del Consejo de Indias, se trasladase a Santafé y erigiese el Virreinato. Pedrosa, en cumplimiento de las órdenes reales, llegó a esta capital en la noche del 7 de junio de 1718
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Pedrosa y Guerrero era señor de la villa de Buxes, y trajo su papel oficial con el siguiente timbre, que todavía se conserva en varios documentos:
Don Antonio de la Pedrosa y Guerrero, señor de la villa de Buxes, del Consejo de Su Majestad en el Real y Supremo de Indias, elegido y nombrado por Su Majestad para establecer y fundar el Virreinato en este Nueve Reino, y para otros negocios y encargos de la mayor importancia del real servicio, Virrey Gobernador y Capitán General de dicho Reino y Presidente de la Real Audiencia de Su Majestad.
El bastón de mando lo recibió Pedrosa de manos del ArzobispoPresidente Rincón, el 13 de junio de 1718. El Virrey dictó providencias pueriles sobre las ceremonias de la nueva magistratura
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Encontró el Virrey Pedrosa, como último progreso realizado, la erección del Colegio de San Buenaventura, en el convento de franciscanos. El edificio (destruido hace más de treinta años para abrir la carrera 8.ª, o sea la 5.ª calle de Florián, y que ha servido de prisión después de la desamortización de 1861) se había levantado por esfuerzos del fraile bogotano Juan de Salazar, quien edificó la muralla de este convento, distante seis varas de sus paredes principales, que corre desde la portería, en la longitud de sesenta y cuatro varas, hasta la calle del Colegio (hoy carrera Sucre).
Un religioso franciscano toma de la crónica del convento la siguiente conseja, relativa al benefactor de este Colegio, que también fue Alcalde Ordinario y Alférez Real de Santafé:
Yendo a un desafío y duelo, con otro mozo de iguales cualidades y nobleza, al pasar por el atrio o altozano de la iglesia que llamaban del Noviciado (El Hospicio), al lagar destinado al duelo, que era en el Alto de San Diego, reparó que en dicho atrio estaba un hombre cargado sobre su espada; que yendo a reconocerle, vio su imagen, o se vio a sí mismo muerto a puñaladas, y luego desapareció. Tocado suave y fuertemente de la mano de Dios, partió de allí en busca de su enemigo, a quien halló esperándolo en el lugar del desafío, con quien se reconcilió, y en su compañía se vino al convento de San Diego, y refiriendo a los religiosos lo que le pasaba, pidió con lágrimas el hábito en aquel santo convento, en donde vivió algunos años con ejemplo y edificación de toda la ciudad
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Esta leyenda se tuvo por los santafereños como acontecimiento verídico. Pocos de los lectores la juzgarán con idéntico criterio.
El Gobierno del Virrey Pedrosa fue transitorio, pues el 25 de noviembre de 1719 se posesionó del mismo cargo don Jorge de Villalonga, Caballero de la Cueva y de Santiago. Juzgo no estará el lugar más ostentoso de grandeza y gusto como en el de ese Gobierno, dice el cronista Vargas Jurado. Villalonga vino del Perú por largo camino de tierra, y a su paso visitó a Quito y a Popayán. El año de 1721, cumpliendo orden del Gabinete de Madrid, expulsó el Virrey del territorio del Nuevo Reino a todos los extranjeros residentes o transeúntes, sin exceptuar a los casados con hijas del país, y fijó como término preciso quince días. Centralizó en sus manos la Hacienda Pública y manejó los dineros con cicatería, pues era avaro. Por medio del Arzobispo Rincón dispuso que se llevasen con orden los libros parroquiales. cumpliendo así con lo dispuesto en la Recopilación de Indias. El Virrey Villalonga informó repetidas veces a la Corte sobre la conveniencia de suprimir el Virreinato y restablecer la Presidencia como Gobierno menos costoso. Así lo decretó el Monarca español a los tres años de Gobierno de este Virrey, por cédula de septiembre de 1723. Al suprimirse el Virreinato volvió a pertenecer la Presidencia de Quito al Virreinato del Perú, hasta 1740.
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Don Jorge de Villalonga.
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En el Museo Nacional se conservan dos retratos de este Magistrado. Uno de ellos, que reproducimos en fotograbado, es un lienzo al óleo de muy buen pincel español. El Virrey está de pie; cúbrele la cabeza una peluca Luis XIV. La tela de su levitón imita seda rosada con bordados de oro; tiene corbata y entremangas de encaje, media azul hasta la rodilla, y el muslo cubierto con calzón corto; calza zapatos negros con hebilla de oro. Apoya la mano izquierda, cubierta con guante gris, en el puño dorado del florete, y la derecha sobre el bastón de mando. Se ve el tricornio bajo del brazo.
Al pie del cuadro, a la derecha, se lee:
El Exmo Señor Don George de Villalonga. Conde de la Cueva, Caballero del hábito de Sn. Ju.n Thents Genl de los Reales Exercitos de su Mags De su Oonsso, en el Supremo de Guerra, Procurador Rel del Rno de Mallorca, Cavo superior de las armas de la Tierra del Perú, Gen.l del Puerto y Presidio del Callao en los mismos reinos que ejerció más de 11 años de donde pasó a los empleos de Virrey, Pres.the, Governador y Capp.n Gen.l, de este nuebo Rno de Granada. Electo el primero en estos empleos por merced de Su Md en 13 de Junio, año de 1717. Recibió los Despachos en la Ciud. de los Reyes Capital del Perú, obteniendo los empleos referidos el día 15 de Diz de 1718 y llegó a esta Ciud. de Sta. Fee el. día 25 de Nove del año de 1719, y fue recibido el día 27 del mismo mes y su entrada pública a 17 de Diz.e siguithe
La vida íntima de este aristócrata del siglo XVIII permanece para nosotros en la penumbra. Muchas anécdotas pudiéramos saber de él, si los cronistas hubieran sido menos lacónicos y más adictos a la vida palaciega. Quédese el señor Villalonga, con su penacho de blancos cabellos, adherido a una de las paredes del Museo Nacional, despertando la curiosidad de los visitantes por su extraña indumentaria y arrogante presencia, y quédese también, disminuido su tamaño, en las páginas de la Historia nacional
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Villalonga salió de Santafé el 31 de mayo de 1724. Durante el Gobierno de este Virrey ocuparon las sillas de la Audiencia como Oidores: Losada, Laicequilla, José de Quintana, Jorge Lozano, José Martínez Malo, y sirvió la Fiscalía José Castilla.
El 27 de junio de 1723 falleció el Arzobispo don fray Francisco Rincón, a cuyas exequias, que tuvieron lugar en la Catedral, asistió Villalonga, como lo anotan los cronistas, vestido de negro y con capa color de grana.
El Arzobispo Rincón visitó la Arquidiócesis, dictó autos sobre la decencia del culto, fundó capellanías en la Catedral por valor de $ 10,000. Dijimos antes que se conserva un retrato de este Arzobispo en el Colegio del Rosario; otro guarda la Catedral, con la siguiente inscripción:
El Illmo y R.mo S.or M.° D.n F.r Fran.co de Rincon, del Consejo de su Mag.d DEL HORDEN DE LOS Mínimos de S.n Francco de Pavla, Coretor tres veces del Collegio de Salamanca y Valladolid. Lector jvbilcsdo, Definidor tres veces de la Provincia de Castilla, Azistente y Provincial de ambas Castillas. Exsaminador Sinodal del Arzobispado de Toledo y de la Anvnciatvra. Predidor de ambas Mag.des, Carlos segvndo y PH.pe QUINTO .... DOR DEL REAL Y supremo Consejo DE LA gen.l Ynquisi.on y de las Jvntas Secretas. Arzobispo de la igl.a Metropona, Prima.da de S.to Domin.go Obis.Po de la Prov.a de Venezuela y Caracas, Arzobispo Presidente Gov.or y Ca.... en este Nuevo R.no de Granada....
Ya dijimos antes que el Arzobispo fray Juan de los Barrios había fundado el primer asilo de beneficencia en Santafé. La erección la hizo con el nombre de Hospital de San Pedro, y para ella otorgó escritura el 21 de octubre de 1564 ante el Presidente Venero de Leiva, de donación inter vivos de las casas de su propiedad en que habitaba, situadas en la calle de San Felipe, en el mismo lugar que ocupan hoy el claustro y sacristía mayor de la iglesia Metropolitana, carrera 6.ª Este Hospital se fundó con el objeto de servir a los pobres, con el patronato de los Arzobispos.
Los monjes de San Juan de Dios habían obtenido licencia de Felipe II en 2 de diciembre de 1595 para pasar a América y fundar hospitales; Felipe II había concedido permiso en 1680 para que la administración del Hospital de San Pedro pasase a la dirección de la Orden de Hospitalarios. Cuatro años después el Cabildo eclesiástico, en Sede vacante, excitó al Prior de la Orden dicha, que residía en Cartagena de Indias, para que enviase a Santafé religiosos con destino a servir el Hospital. Vino fray Gaspar Montero, y el Arzobispo fray Cristóbal de Torres le dio solemne posesión del edificio y de sus rentas, como Prior y médico de los frailes de San Juan de Dios en Santafé.
Siendo estrecho el local e inadecuado, se pensó trasladarlo a un sitio extenso, desde principios del siglo XVIII, idea que se realizó en 1723, siendo Prior y médico del Hospital el cronista bogotano fray Pedro Pablo de Villamor, quien hizo nueva fundación en un campo al occidente de la ciudad, o sea en el área que ocupa hoy el Hospital de San Juan de Dios. Ciento cincuenta y nueve años sirvieron de hospital las casas del señor Barrios, y el producto de venta fue la base del capital necesario para construir el amplio edificio que en la actualidad sirve de hospital general de caridad.
Los Oidores José Martírnez Malo y José de Quintana, que ocuparon sus empleos desde 1721, dieron decidido apoyo al Padre Villamor para construir el nuevo hospital. Terminado el 1.° de enero de 1739, se hicieron las fiestas de colocación.
Se llamó este hospital, en sus principios, de Jesús, María y José, y habiendo muerto su fundador, el Padré Villamor, terminó la obra fray Juan Antonio de Guzmán, apoyado por los Oidores citados. Hubo fiesta religiosa durante una semana, y los señores Oidores y caballeros principales trasladaron a los enfermos en sillas de manos desde la enfermería vieja del señor San Pedro hasta la nueva
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El filántropo monje bogotano fray Pedro Pablo de Villamor apenas se ha nombrado en crónicas y en historias nacionales, como fundador del Hospital. En un libro de que es autor el Padre Villamor, cuyo manuscrito terminó en 1720 y que vio la luz en Madrid tres años después, bajo el título de Vida y virtudes de la venerable Madre Francisca María del Niño Jesús, religiosa profesa en el real convento de Carmelitas Descalzas de la ciudad de Santafé, hemos encontrado una carta del Padre doctor Juan Antonio de las Varillas, S. J., en la cual consta que el Padre Villamor estudió Filosofía en la Universidad Javeriana de Santafé, donde obtuvo el grado de maestro; luego, ya miembro de la Orden Hospitalaria, fue enviado a las ciudades de Panamá y Cartagena a estudiar y practicar medicina; terminados sus cursos volvió a esta ciudad e ingresó de nuevo en la Universidad de los jesuitas, donde cursó Teología. El Padre Villamor fue el último médico del Hospital de San Pedro y el primero del nuevo hospital de que fue fundador. En la sala más amplia de las enfermerías de hombres se conserva un retrato de este benemérito bogotano, pintado al Oleo, en que se ve a Villamor de pie en actitud compasiva, con rostro ascético, cabellos negros lacios y escasos, cubierto con el humilde hábito de los hospitalarios; tiene un libro en la mano izquierda y apoya la derecha sobre otros volúmenes que reposan sobre una mesa. El retrato tiene al pie la siguiente inscripción, que complementa las noticias que de él se conservan:
El Mi Rdo Pe Mro Fi Pedro Pablo de Billamor Religioso Presbro de Ntra orden Primer Fundador deste Nuebo Conbto Y digno de memoria por su Religioso Selo y Birtud Falleció a 6 de Agosto Del año de 1729.
Del libro del Padre Villamor pueden verse muestras en la Historia de la Literatura de Vergara y Vergara; añadimos que dicha obra contiene muy interesantes noticias sobre la historia de Bogotá y una genealogía de la familia Caicedo, muy importante desde el punto de vista histórico. Su monja biografiada perteneció a esta familia, y se llamaba Francisca María, nacida en Santafé en 1665; falleció en el convento de Carmelitas en junio de 1708. Como muestra de las costumbres de la época y del estilo del Padre Villamor, vamos a insertar algo relativo a los honores fúnebres que se le tributaron a la monja:
Hecha señal en la Catedral con tristes clamores como los había dado el día antes con todas las campanas, alternando también con los melancólicos dobles las de el monasterio, se convocó al entierro al Ilmo. Sr. Arzobispo Don Francisco Cosio y Otero (que cantó la misa, y hizo el solemnísimo entierro), a su venerable Deán y Cabildo, clero y música; concurriendo asimismo movidos de la fama de la sierva de Dios el Sr. General de Artillería Don Diego Córdova Lasso de la Vega, Presidente, Gobernador y Capitán General de este Reino, los Sres. Oidores, Fiscal y Alguacil Mayor de esta Real Audiencia, sus Tribunales con sus ministros, el muy noble Cabildo y Regimiento de esta ilustre ciudad; asistieron también los Religiosísimos Padres del Máximo Colegio de la Compañía de Jesús y los dos nobilísimos Colegios Mayores de San Bartolomé y de Nuestra Señora del Rosario.
Anota también el Padre Villamor que asistieron a este sepelio todas las comunidades de religiosos. Luego se extiende sobre los funerales que se hicieron en Cartagena en honor de la Madre y el servicio religioso de cabo de año, y entra a tratar de las informaciones jurídicas y beneficios que recibieron los devotos por medio de las reliquias de la religiosa biografiada. Óigase un milagro:
Don Melchor Venegas de Otálora, vecino de esta ciudad de Santafé, testifica que teniendo a un hijo suyo, le poca edad, molestado de un grande tumor en el cuello, que llama el vulgo coto; oyendo decir de las maravillas que obra Dios por la invocación de su sierva y aplicación de su sangre, como también retazos de sus vestuarios, pidió a una religiosa un pedacillo de su vestido; y dándole un orillo, se lo ligó al tumor, el cual fue tan eficaz remedio, que al tercero día se vio el efecto de su mejoría quitándosele y resolviéndosele del todo
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capítulo
(1) GONZÁLEZ SUÁREZ, lib. cit.. y, 2, 4. (Regresar a 1)
(2) JAIME ARROYO, Historia de la Gobernación de Popayán, etc. Edición anotada por Antonino Olano y Miguel Arroyo Díez, 356. (Regresar a 2)
(3) C. BENEDETTI, lib. cit., 237. GROOT, lib. cit., II, 18.
ANTONINO OLANO,
lib. cit., 65. VARGAS JURADO, lib. cit., 9. HENAO y ARRUBLA, lib. cit., I,371.
(Regresar a 3)
(4) Algunos historiadores, autores de compendios y de listas cronológicas de mandatarios de Colombia, nombran como primer Virrey a Villalonga, sucesor de Pedrosa. Este error histórico está hoy perfectamente definido. (Regresar a 4)
(5) R. P. F. C. ALMANSA, Relación histórica de la Provincia de Franciscanos en la Nueva Granada, 16. (Regresar a 5)
(6) E. CORTÁZAR, El Gráfico de Bogotá, número 119. (Regresar a 6)
(7) VARGAS JURADO, lib. cit., 10, 18. El acta de la fundación se conservaba en el archivo municipal, y fue destruida por el incendio de 1900. Después veremos cómo se construyó el edificio y quiénes han sido sus principales benefactores. (Véase OCÁRIZ, lib. cit.;185). (Regresar a 7)
(8) PEDRO PABLO DE VÍLLAMOR, Vida de la venerable Madre Francisca María, etc., 371. (Regresar a 8)
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