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Continuación del
capítulo 17.
Por la muerte del Arzobispo Cosio procedió el Cabildo a hacer elección de Provisor, y resultó electo don José Valero Tobar y Buendía, cuyo retrato existe en el Colegio de San Bartolomé y luce la beca roja. Don Francisco Ramírez Florián, que también había tenido votos, sostuvo que el electo era él, porque Tobar y Buendía carecía de borla de doctor en Derecho Canónico. La mayoría sostuvo la primera elección, pero Ramírez Florián apeló de lo resuelto ante la Audiencia, y ésta le prestó apoyo. El Cabildo eclesiástico insistió en su determinación, el real acuerdo repitió la real provisión sobrecartada; los canónigos se mantuvieron firmes; los golillas dictaron provisión multándolos en $ 12,000 para gastos de la guerra; el Cabildo eclesiástico acordó que decidieran el punto otros sacerdotes, que fueron nombrados al efecto, formando todos una Asamblea respetable, la cual no pudo transar la querella, y entonces el Capítulo opinó que la Audiencia había incurrido en la bula In cena Domine por haber quebrantado las inmunidades eclesiásticas, y declararon que el Presidente Meneses y demás Ministros de la Audiencia estaban excomulgados por dicha bula, mandando fijar carteles en las puertas de las iglesias. Todo esto aconteció el 17 de diciembre de 1714, y los excomulgados fueron el Presidente Meneses y los Oidores Vicente Arámbulo, Mateo Yepes y los Fiscales Manuel Zapata y Martín Flórez de Acuña y el Secretario Miguel Berrío. Las campanas tocaron entredicho local y personal; y en la declaratoria se protestó agravar y reagravar las censuras hasta que volviesen al gremio de la Iglesia. Se dio parte de lo ocurrido a los curas de la ciudad. El 18 por la noche se reunió la respetable Asamblea ya citada, y se propuso que renunciasen los dos contendores, medida que tampoco tuvo buen efecto. Ya solos los canónigos acordaron que se reagravaran las censuras y que se procediese a la ceremonia eclesiástica de colgar mangas negras de cruces en las puertas de las casas de los excomulgados, lo cual se ordenó ejecutar a los curas y sacristanes. Aterrados los santafereños con tan infaustos acontecimientos, lograron que el ilustre Ayuntamiento tomase parte en el debate, y éste, a nombre de la ciudad, manifestó a los canónigos su deseo de paz; los canónigos contestaron, después de consultar a la Audiencia, que se hiciese la elección en un graduado en Derecho Canónico y que siendo así cedería el real acuerdo.
El Cabildo Catedral aceptó esa determinación sin que se entendiese vulnerada en alguna parte la inmunidad eclesiástica. Al fin terminó todo el incidente con el nombramiento del Canónigo doctor Nicolás Vergara Azcárate para Gobernador del Arzobispado. Los excomulgados fueron absueltos, sin ir a postrarse a los pies de Clemente XI, porque los capitulares, según palabras del auto, usaban de piedad y misericordia atendiendo a que muchos de los excomulgados estaban enfermos e imposibilitados para emprender viaje a Roma. Se quitaron de las puertas de las iglesias las tablillas, se repicaron las campanas de la Catedral, se pusieron luminarias en los balcones del Cabildo eclesiástico, y los santafereños volvieron a conciliar el sueño interrumpido frecuentemente por las disputas de los dos Gobiernos
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Los Oidores Arámbulo y Yepes, los Fiscales Flórez de Acuña y Zapata y el Secretario Berrío, unidos, conspiraron contra el Presidente Metieses, quien no tuvo el acierto de hacer respetar su autoridad. Deseaban los golillas gobernar sin Presidente, y se aprovecharon de la circunstancia de que éste prohibió que se abriesen las salas de la Audiencia, excepto en las horas en que había acuerdo; los de la Audiencia obtuvieron asilo en el convento de San Agustín, donde se reunieron oficialmente y formularon tres cargos contra el Presidente: por adorador de Baco, por adúltero y por ladrón. Con este expediente, el 15 de septiembre de 1715 redujeron a prisión al Presidente en la cárcel de Corte; entonces aparecieron dos partidos: el más numeroso sostenía a los Oidores, y el más débil al Presidente, a quien sus enemigos trataban indignamente en su prisión, a lo cual se añadió el remate de sus bienes particulares en almoneda, a la cual salieron las hebillas y cajas de oro de rapé del Presidente, sus joyas de familia, su servicio de mesa, rematándose todo a precio bajo, fijado por, los conspiradores.
Circuló entonces manuscrito un trabajo llamado La Bruja, o sea una carta en que se fingía que una bruja residente en Tolú le escribía a otra que estaba en Cajamarca. Este curioso manuscrito, que figura en los apéndices de la segunda edición de la Historia de Groot, redactado con gracejo y socarronería, da noticias acerca de aquella lucha entre el primer mandatario de la Colonia y los Oidores, las cuales no podemos menos de hacer conocer en parte: hablando de Manuel Zapata dice que había hecho milagros bastantes no sólo para perder la garnacha sino para hacerlo poner en una N de palo.
Afirma que los Oidores abrían las cartas oficiales del Rey para sus vasallos santafereños y violaban la correspondencia de éstos para la Corte, donde iban las quejas contra los desmanes de los Oidores por diferentes clases de abusos y crímenes. Si una cédula convenía a los garnachas, le ponían el obedezcase, ejecútese y publíquese; si les era desfavorable, según palabras de La Bruja, tapetur, encubratur, sepultetur et in saeculum saeculi. Y continúa el manuscrito: una vez oí en Alcalá defender unas conclusiones a un estudiante, y en cualquier réplica decía: del argumento que ha de poner Vuesa Merced, señor doctor, concedo en todo lo que me favorece y niego todo lo que me perjudique. La Bruja absuelve al Presidente del cargo de borracho y del de adúltero, mas al llegar al cargo de ladrón, exclama: concedo y reconcedo, y no olvida hacer a su vez la primera inculpación al Oidor Arámbulo, y la tercera al Fiscal Zapata, y en cuanto al adulterio, aunque bruja, trae las palabras del Evangelio: qui sine peccato est vestrum primum lapidem mittat. Al Fiscal Flórez le recuerda La Bruja que su apellido era una verdadera oligarquía en el Nuevo Reino: hay florecita en la Audiencia; hay florecita en el Tribunal de Cuentas; florecitas en los oficios; florecita en el Cabildo Eclesiástico; florecita en el Cabildo secular; florecita en las religiones, y en cada parte su flor.... notable desgracia que la Granada del Nuevo Reino, que es reina de los frutos, se haya reducido a flores, y que en lugar de decir, vamos al grano, se vean necesitados sus moradores a decir: vamos a las flores. Agrega La Bruja el nombre de Burgos a los principales enemigos del Presidente, y dice que era heterogéneo porque era mezcla de Castilla y de la tierra, carne y pescado, ni bien noche, ni bien día.
Los garnachas, apoyados por numeroso bando, sacaron de la ciudad el 10 de octubre de 1715
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al Presidente Meneses, caballero en un asno, con los pies descalzos, por las calles de San Juan de Dios y de San Victorino, con el objeto de enviarlo a España. En la Corte fue absuelto, se le restituyó su título de Presidente del Nuevo Reino, puesto que no volvió a ocupar, porque a su regreso murió inesperadamente en Cartagena, hecho que dio lugar a que se dijese que los empleados de la Audiencia lo habían hecho envenenar.
Para terminar este curioso incidente y las noticias de La Bruja, diremos que haciendo alusión ella a los Oidores después de la prisión de Meneses, recuerda que la Audiencia distrajo la atención pública con fiestas de toros, comedias, paseos y fandangos, y agrega que provocadas las brujas con estas diversiones, se reunieron en lugar adecuado con tamborcillo, sonajas y castañetas, y comenzaron el zarambeque al son de estas cantinelas:
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Lunes y martes
y miércoles tres,
jueves y viernes
y sábado seis.
Martín y Barajas
y el Tábano tres,
Jusepe y Mateo
y Arámbulo seis. |
Por un fandanguito
echará la hiel,
y se dará al diablo
por darse un placer.
Arámbulo es gato
viejo de revés,
y andar suele a gatas
de puro beber
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En vista de todas las arbitrariedades cometidas con el Presidente Meneses, que se repetían en otras Audiencias de América, se vieron obligados a exclamar don Jorge Juan y don Antonio Ulloa, años después:
Todas las Audiencias corren bajo un mismo pie
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. Durante dos años, de 1715 a 1717, tuvo interinamente el bastón de los Presidentes don Nicolás Infante de Venegas, quien no parece que hizo nada en favor de la ciudad. En su reemplazo ocupó la Presidencia, también interinamente el 23 de abril de 1717, fray Francisco del Rincón, Obispo de Venezuela
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, religioso de mínimos de San Francisco de Paula, promovido del Arzobispado de Santo Domingo al de Santafé, donde debía ejercer, por voluntad del Rey, las dos potestades: la civil y la eclesiástica.
Con el Gobierno civil del señor Rincón, sobre el cual no traen noticias los cronistas e historiadores, se cierra en la Colonia la primera época de Presidentes, pues como vamos a ver, el Gobierno de la Colonia se habla elevado a Virreinato por real cédula expedida en Segovia el 27 de mayo de este año de 1717.
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(11) GROOT, lib. cit., II, 6 y siguientes. (Regresar a 11)
(12) VARGAS JURADO, lib. cit., 9. (Regresar a 12)
(13) GROOT, II, Apéndice, CX y sig. (Regresar a 13)
(14) JORGE JUAN y ANTONIO DE ULLOA, Noticias secretas de América, 1826. (Regresar a 14)
(15) PLAZA, lib. cit., 282; Boletín de Historia, y, 218. (Regresar a 15)
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