Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
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Continuación del capítulo 16.


La música del bambuco, de origen africano, traído por los esclavos de Bambuk. A nuestras costas, llegó a Santafé en los tiempos de la colonización. Su música en el tiple tiene aire y compás semejantes al del torbellino, siempre por tono menor; los más comunes son mí, re y lá. El canto del bambuco es más melodioso, más melancólico que el del torbellino.  

Caicedo Rojas lo describe así:  

La impresión que causa en el ánimo la música del bambuco está ya perfectamente definida: es una alegría triste, o también pudiera decirse, una tristeza alegre, y la cuestión sería de colocación de palabras. El torbellino, por el contrario, es todo alegría, todo animación, todo vida: es una especie de tarantela que incita a bailar y cantar con un poder mágico, irresistible. Si en tiempo de Homero hubieran existido el tiple y el torbellino, el poeta griego sin duda habría representado a sus dioses en bullicioso corro, riendo y cantando en rededor de dos tiples bien rasgueados.    ..................................................................................................

La bandola es un tiple algo más ilustrado: la diferencia consiste en que en vez de tocarse con los dedos, se puntea con un pedacillo de cañón de pluma, de cuerno u otra sustancia semejante, a manera de uña larga (15) .  

Sobre el bambuco dice J. M. Rosales:  

La música de este baile, esencialmente colombiana, es originalísima. Yo no sé qué sentimientos infunden en el alma aquellas notas sentidas, alegres y a la par tan dulcemente tristes, que forman, como dice el poeta:  

Una melodía incierta  
íntima, desgarradora,  
compañera del que llora  
y que al dolor nos despierta.  
O una risa de placer,  
instadora, turbulenta,  
que arrebata, que impacienta,  
con eléctrico poder,  
un retozo tan simpático,  
que en contagiosa locura,  
no consiente ceja dura,  
ni melindre aristocrático!  
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Porque ha fundado aquel aire  
la indiana melancolía  
con la africana ardentía  
y el guapo andaluz donaire (16) .  

Para apreciar el bambuco en toda su fuerza es menester oírlo tocar en instrumentos de cuerda—tiple, bandola y guitarra,—y si a esto se le agrega pandereta y chucho, el efecto es irresistible. Este último instrumento consiste en una caña hueca de bambú de 45 centímetros de longitud, cerrada en sus extremos con pergamino y unos cuantos granos de maíz dentro. Produce un sonido seco y nervioso, y sirve para marcar el compás. El bambuco, tocado en una orquesta semejante, tiene un poder tal, que apenas se oye, todos, como acometidos de un vértigo, quieren bailar (17) .    

Un célebre publicista colombiano dice al apreciar lo que es el popular bambuco:  

Nada más nacional y patriótico que esta melodía, que tiene por autores a todos los colombianos: ella vibra como el eco de millares de acentos; se queja con todas las quejas, y ríe con todas las risas de la patria. Es la evocación de nuestras noches de luna y nuestros días de felicidad; es el compañero que ameniza nuestras bodas populares, que alegra las ceremonias sentimentales con que mantenemos las tradiciones de los Reyes Magos y San Juan Bautista, de la Navidad, de la Resurrección y de toda la inefable historia de Jesús; es el recuerdo de las travesuras de la niñez; de loe amores de la primera juventud; de las vacaciones del estudiante; de las corridas de toros y de gallos; de las labores del rústico labriego; de las siestas del vaquero de nuestras llanuras, dormidas a la sombra de las palmeras y los caracolíes; de las alegres faenas nocturnas; del trapiche y del caney; de las noches del balsero, pasadas en las playas del Cauca o del Magdalena; es la canción de las cancio­nes, que nos recuerda la pesquería, la herranza, la rocería de una hacienda; la quema de un potrero; la tranquila soledad de una estancia o las horas pasadas en algún campestre caserío (18) .  

Un escritor venezolano, en libro de publicación reciente, hablando de los instrumentos que usaban los indios en Venezuela, dice que la chirimía, también usada por los chibchas, parece haber sido introducida del Perú; que su embocadura es de estrangul y que en la misma dirección de ésta tiene seis agujeros, otro lateral y dos en la parte posterior. Así mismo dice hablando de la marimba, que aún se usa en los campos de Venezuela, que consiste en una cuerda tensa a lo largo de una caña, de más de un metro de longitud, con clavijas en las extremidades, y que es instrumento de viento y de cuerda a la vez. Mencionamos esta marimba por ser su nombre idéntico a la usada en el Cauca, aunque no tienen los dos instrumentos semejanza ninguna entre sí (19) .  

A mediados del siglo XVII floreció el músico Juan de Herrera y Chumacero, presbítero, natural de Bogotá, maestro de capilla de la Catedral, artista distinguido y de gran talento, quien hizo composiciones clásicas en música sagrada y cuyo nombre es el primero en el orden cronológico de los compositores nacionales, Recuérdase también al maestro Herrera por una profecía, que muchos han visto cumplida en la edificación del templo gótico que se levanta en Chapinero, o en la construcción de la capilla que levantó don Ignacio Forero en aquel barrio, como veremos después, consignada en el siguiente testamento, que de su original copiamos en el archivo de la Curia, como curioso documento:  

En el nombre de Dios Padre todo poderoso. Amén. En la ciudad de Santa Fé, á diez días del mes de Agosto de 1668. Yo el maestro Juan de Herrera presbítero domiciliario de este Arzobispado y hijo legítimo de D. Mateo Herrera y de D.’ Fran.ca Larrarte y hallandome agora no solamente en mi entero juicio si no sano del cuerpo he venido en hacer este mi testamento cerrado, no para disponer de bienes temporales pues por la bondad de Dios N.o S.r y su misericordia no los tengo; sino por hacer ver á la posteridad los males que vendran sobre este infeliz lugar y para ello imploro la protecion divina, y creyendo como creo, en todo lo que confiesa y cree N. Madre S.ta Yglesia. Tengo entendido que llegará tiempo en que rodeados y aflijidos de guerras buscaran asilos adonde refujiarse, y tan apagado el vínculo de la caridad que se arruinarán los unos con los otros malamente por el espíritu de partido. Los temblores y terremotos los atemorisarán y las tinieblas se esparcerán para acabar con todo. Las divisiones seran hostiles y sus conflictos insuperables; pero si en este tiempo se levantare una capilla extramuros de la ciudad dedicada al misterio de la Concepcion de María, entonces no sufrirá este lugar su total ruina pero si no se levantare se arruinará del todo y levantada que llegue a ser se formara una congregacion de Clerigos con el título de encadenados, los que solos se destinarán á dar ejercicios y conducir el evanjelio a la ciudad. Este mi testamento no será abierto hasta el año 1796 por ser esta mi voluntad y fines que me propongo como queda advertido en la carátula del sobre—escrito y depositado hasta dicho año en la Curia Metropolitana con la autenticidad del Escribano y Testigos que sean necesarios.  

Maestro Juan de Herrera.

 

El maestro Herrera fue profesor de música de las monjas de Santa Inés.  

Su testamento fue abierto en 1796 por el Arzobispo don Baltasar Jaime Martínez Compañón, quien, en nuestro concep­to acertadamente, atribuyó tal profecía a enajenación mental del Maestro de Capilla.  

Un siglo después, en 1896, se colocó en el templo gótico de Chapinero una mala pintura, al óleo, retrato del presbítero Juan de Herrera, que tiene al pie una inscripción, mal redactada, en la cual, con candidez que no deja qué desear, se le elogia como profeta.  

El maestro Juan de Herrera natural de esta ciudad de Sta. Fé de Bogotá varon de grande virtud, fué Capellan de este convento de Ntra. M Sta. Ines, murió el año de 1688. Profetizó la fundación de esta Capilla de Ntra. Sra. de la Concepción, 100 años antes.  

Un discípulo distinguido de Herrera, el santafereño Juan de Dios Torres, figuró también como autor de composiciones clásicas, que hacían las delicias de los devotos que asistían a las funciones religiosas de la Catedral.  

El estudio de la música en la República lo veremos en su época correspondiente.

 

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(15) Estudio citado. (Regresar a 15)

(16) RAFAEL POMBO. (Regresar a 16)

(17) J. M. ROSALES. costumbres de tierra caliente. Los Andes, Mérida, Venezuela, números 2 y 3. (Regresar a 17)

(18) JOSÉ MARIA SAMPER, El Bambuco, El Hogar, Bogotá. 1868. Vol., I. 11. (Regresar a 18)

(19) A. LECUNA BEJARANO, Anotaciones etnográficas. Ciudad Bolívar. 1912. P. 66. (Regresar a 19)