| Continuación del capítulo 10.
En el año de 1633 apareció en Santafé, en las poblaciones de la Sabana y en otras comarcas del Nuevo Reino, una terrible y contagiosa epidemia de tabardillo, nombre con el cual se conocían indistintamente las entidades patológicas que se designan en la nosología actual con las denominaciones de tifo y fiebre tifoidea. En los léxicos castellanos el tabardillo es fiebre grave, aguda y continua; ll Pintado. El acompañado de manchas en la piel, parecidas a las picaduras de pulga. Según el distinguido Profesor de medicina, doctor José Félix Merizalde, muerto en 1868, el origen de la palabra tabardillo en castellano, nació de un casacón ancho y largo llamado tabardo, que ponían a los que llevaban a ajusticiar, y que esmaltado de puntas moradas se usó en algunas Provincias de España (14) .
Con excepción de las epidemias de viruela, ninguna enfermedad contagiosa se había desenvuelto en el sano y dulce clima de la Sabana con tan destructora intensidad. Muchas familias desaparecieron, y sus últimos sobrevivientes, ya sin herederos, otorgaron testamento de sus bienes a favor de Gil, Escribano real público del número, por lo cual se conoce en la historia dicha epidemia con el nombre de peste de Santos Gil.
El Escribano Gil había nacido en España, cerca de Peñafiel; vino al Nuevo Reino como Procurador de Pleitos en Santafé. De su testamento, otorgado en 1639, seis años después de principiada la epidemia, vamos a insertar la fundación de una capellanía de las diez y ocho que dejó fundadas:
El maestro Gregorio Barbosa con una casa y tienda en la Calle Real, y más otra casa junto a la de Coronado, de que gozase hasta que Juana, niña huérfana que había criado una moza de la casa del fundador, fuese de edad de tomar estado, y si muriese antes, quedase en capellanía con obligación por ambas fincas de ochenta misas rezadas y una cantada, y diez menos faltando la segunda casa, aplicadas por su ánima y la de sus padres.
Lo transcrito enseña claramente que para entonces no había nomenclatura de calles ni numeración de casas en Santafé, sino que se conocían las habitaciones por el dueño, habitante o vecino.
Como noticia curiosa recordamos que Santos Gil ordenó que lo enterraran en el umbral de la iglesia de La Concepción, desnudo de la cintura arriba y con zoga a la garganta y a la cintura, y sin ataúd (15) .
El Arzobispo Almansa estaba en Pamplona, adonde le llegó noticia de la epidemia de tabardillo; regresó por tal motivo a Tunja y dispuso que la imagen de la Virgen de Chiquinquirá se trajese en procesión de rogativa a Tunja y luego a Santafé, de donde salieron a recibirla miembros de los Cabildos civil y eclesiástico.
El señor Almansa fue víctima de la epidemia en Tunja, y aunque ya enfermo, lo trasladaron a Villa de Leiva, por creer este lugar de más suave clima; no obstante estos cuidados, falleció el 27 de septiembre de 1633. Su cadáver fue sepultado sin embalsamamiento, por haber muerto de enfermedad contagiosa. Quedó después de muerto tratable, dice Ocáriz, y con suave olor, siendo la enfermedad de tabardillo de contrario efecto; y se depositó en la peaña del altar mayor de la. parroquial de aquella villa, profundando la sepultura dos estados y echando encima del cuerpo cal viva para que lo consumiera y poderlo trasladar brevemente a su convento de Madrid, como dejó ordenado. Terminamos las noticias sobre la muerte del señor Almansa recordando que pasado un año abrió la sepultura su albacea Francisco Rincón, y halló el cadáver intacto; sepultólo de nuevo, y en 1635 envió el Cabildo eclesiástico a un Capitular y a un Notario a que lo exhumasen segunda vez. El Notario sentó una diligencia en la cual certificaba que el cadáver del Arzobispo estaba entero, que despedía olor que asemejaba al que tienen las piñas y que en su concepto podía trasladarse sin inconveniente. Cerrada de nuevo la tumba, llegó cédula en que se ordenaba se enviase el cuerpo del Arzobispo a España, y sus albaceas designaron para llevarlo al doctor Fernando Fernández de Valenzuela, clérigo, y después fraile de la Cartuja (de cuyo retrato, que se guarda en la capilla de Monserrate, hemos hablado en página anterior), quien lo desenterró y trajo a Santafé, donde se le hicieron pomposas honras fúnebres y se guardaron sus restos por algunos meses en lujoso oratorio, en casa de los Valenzuelas (16) .
Del Arzobispo Almansa guarda la Catedral un retrato de cuerpo entero y tamaño natural, de muy buen pincel, con esta inscripción:
El Ilmo. Señor Don Bernardino de Almanza, 9° Arzobispo de Santa Fé. Natural de Lima, hizo sus estudios y pasó su juventud al lado de Santo Toribio de Mogrobejo, con cuyos ejemplos de virtud formó su vida. Prelado tan ilustre por su nacimiento como por su ciencia, y más qve todo por sus virtudes. Tomó posesión del Arzobispado en 1627. Tocóle a este Santo y paciente Prelado lidiar con el Presidente de la Real Audiencia, D. Sanchó Girón, hombre imperioso y vano. Murió en la Villa de Leiva, el 27 de Sbre. de 1633, a los 55 años de edad. Su cadáver se remitió a España en cumplimiento de lo dispuesto en su testamento.
Este retrato, de cuerpo entero y de tamaño natural, es sin duda de los mejores de la galería de la Metropolitana, y según la autorizada opinión del artista Alberto Urdaneta, no se puede vacilar en atribuirlo a Vásquez.
Fernando Fernández de Valenzuela, bogotano, presbítero y literato, llevó a España el cadáver del señor Almansa, y lo sepultó en el convento de Santa Clara de Madrid, que el Arzobispo había fundado. El año de 1638, ya cumplida su comisión, el presbítero Valenzuela vistió el hábito de cartujo en el convento del Paular de Segovia, y en la Orden tomó el nombre de Bruno de Valenzuela (17) .
Un distinguido miembro de la Orden de hospitalarios Fray Juan de Buenafuentellegó a Santafé el año de 1603 provisto de real licencia para tomar en nombre de su Orden posesión del hospital que con el nombre de San Pedro había fundado el Arzobispo Barrios en casa de su propiedad situada donde hoy existe la sacristía de la Catedral, de las cuales hizo donación intervivos a la beneficencia pública. El Padre Buenafuente no pudo cumplir la voluntad real porque a ello se opuso el Arzobispo Lobo Guerrero, como patrono de la primera casa de beneficencia, y no fue sino muchos años después, en 1635, por disposición de Felipe III, cuando los frailes de San Juan de Dios se encargaron de la dirección del hospital y lo trasladaron al lugar que ocupa actualmente el de San Juan de Dios, edificio de que hablaremos a su debido tiempo (18) .
En 1639 llegó a Santafé el doctor Diego Henriquez, médico español, con el honroso título de Protomédico, o sea investido de poder oficial para invigilar a los que ejercieran en el Nuevo Reino las profesiones de medicina, cirugía y farmacia. Fue recibido en la Universidad Tomística cuando celebraba el plantel fiesta por haber ganado un pleito contra la Universidad Javeriana, o sea la de los jesuitas, que había durado ochenta y seis años. Fáciles fueron las funciones del Protomedicato en aquel tiempo, pues no habiendo cátedras de medicina, ni Cuerpo médico, ni botica, quedaban reducidas a permitir el ejercicio de la profesión a algunos curanderos, entre los cuales ocupaba el primer lugar nuestro conocido don Pedro Fernández de Valenzuela, quien por entonces gozaba de fama por haber hecho circular, manuscrito, un trabajo suyo que intituló Tratado de medicina y modelo de curar en estas partes de Indias (19) .
El dominicano español fray Cristóbal de Torres, que habla nacido en Burgos en 1573, y recibido en 1590 el hábito de su Orden, en la cual alcanzó las distinciones de Maestro y de Prior, y las de Capellán, Limosnero Mayor de Felipe III, predicador de éste y de Felipe IV, fue elegido Arzobispo de Santafé en 1634, y Urbano VIII le dio el fiat en enero del año siguiente. Se consagró en Cartagena de Indias, donde recibió el palio, y llegó a la capital de su Diócesis el día 8 de septiembre de 1635. Estableció la procesión del Corpus Christi que hasta su tiempo no se hacia, y también botica con médico cirujano para los enfermos pobres (20) .
Muchos elementos se habían reunido en la Corte de España contra el Gobierno del Marqués de Sofraga, elevados a la par por distinguidos miembros de la sociedad colonial, religiosos y civiles. Acogidas las quejas en la Corte, fue nombrado Visitador y Juez de residencia de Sofraga el licenciado Bernardino de Prado Beltrán de Guevara, quien en cumplimiento de su misión contra el Marqués Presidente lo privó de oficio real por toda su vida y lo castigó con multa de $ 80,000 por los cargos que le resultaron en la residencia. Sofraga dejó en Bogotá los restos de su esposa doña Inés Rodríguez de Salamanca, que había fallecido el 20 de mayo de 1635, y en cuanto a él, acabó su vida en la Península, después de haber estado preso largo tiempo en Madrid.
Destituido el Marqués de Sofraga, el Rey nombró Presidente del Nuevo Reino a don Martin de Saavedra y Guzmán, del hábito de Calatrava, Barón de Prado, señor de las Villas de Corozino y la Costa, exPresidente de Bari y Trani en el Reino de Nápoles. Refieren las crónicas que Saavedra era inteligente, de genio alegre, amigo de chanzas y de chascarrillos licenciosos, no obstante que carecía del sentido del oído. El nuevo Presidente hizo su entrada en Santafé el 5 de octubre de 1637, en compañía de su esposa doña Luisa de Guevara Manrique (21) .
El Presidente Saavedra siguió las huellas de sus antecesores y entró a luchar con el nuevo Arzobispo fray Cristóbal de Torres, enviándole auto de ruego y encargo para que no predicase bajo solio, puesto que él, siendo Presidente, no lo tenía en el templo; para que los Canónigos no se sentaran en sillas sino en bancas y no llevasen quitasol en las procesiones, preeminencias que no tenía el muy ilustre Ayuntamiento. Accedió a lo pedido el Prelado, dando de lo ocurrido cuenta al Rey por medio de fray Francisco de Mendoza. El Presidente envió a la Corte a su esposa, doña Luisa de Guevara, con caudal suficiente para sostener con honor sus fueros. Este curioso litigio, que admira por lo trivial y aun ridículo a los que hemos alcanzado vida en tiempos de realismo, lo decidió Felipe IV ordenando que el Arzobispo predicase bajo solio; que el Prelado y el Presidente se sentasen en sillas, y los demás empleados civiles y los Canónigos en bancas, y que unos y otros tenían derecho de defenderse del sol y de la lluvia usando quitasoles en las procesiones.
Era común en América que los representantes del Rey, para apoyar su poderlo, dijesen: Dios está muy alto, el Rey muy lejos. y el dueño aquí soy yo, frase que ha recogido la Historia, y como tenían la competencia y freno de la autoridad eclesiástica, en repetidas ocasiones informaban al Soberano, diciéndole que en América había mucha Iglesia y poco Rey (22) .
Abandonando trivialidades de ridícula etiqueta, pensó el Presidente dejar grata memoria de su Gobierno, y con tal fin solicitó permiso de erigir una casa de beneficencia para niños expósitos y divorcio (23) .
La licencia para esta fundación fue concedida por cédulas de 163943. El Hospicio se fundó en 14 de diciembre de 1642 en local contiguo a la Catedral, que después fue claustro de la Metropolitana, y se le dio el nombre de La Concepción. Cinco años después se trasladó el asilo, por lo estrecho e inadecuado del local, a inmediaciones de la Plaza de Nariño, en la calle llamada de Los Curas, hoy carrera 12 número 175 (24). El Rey prestaba
mano fuerte en ese tiempo a estas fundaciones de beneficencia, y encargaba a sus
representantes en América que procuraran inclinar a las personas devotas a que en vez de
fundar conventos, ejercitaran la caridad en otras obras de utilidad pública, como casas de huérfanos, hospitales, asilos de indigentes; pobres, etc. (25).
En 1652 se estableció en Santafé el Juzgado General de Intestados, creado por real cédula, con un Juez General, un Fiscal, un Defensor y un Escribano. El mismo año se creó la Junta del Montepío. En este Monte se comprenden todos los tribunales ministeriales del Reino, las reales cajas de esta capital y fuera de ella y Oficiales de Secretaría del Virreinato (26) .
Por el mismo tiempo (1648) Francisco de Mendoza fundó obra pía para que se dijera misa todos los domingos en la cárcel, con el producto de cinco tiendas situadas en la esquina frente a la Municipalidad, y nombró por patronos a los Alcaldes ordinarios, siguiendo en esto el ejemplo de Diego de Ortega. Lo imitó Rodrigo Téllez, quien, como Ortega, hizo fundación para dotar pobres huérfanos, como veremos adelante. El Ilustrísimo Arzobispo Martínez Compañón, como Mendoza, dejó a fines del siglo XVIII $ 800 para que, con sus réditos, se pagaran misas en los días festivos en otra prisión que se llamaba entonces Cárcel de Corte (27) .
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(14) J. F. MERLZALDE. Cuadros del Hospital de San Vicente en 1865. La caridad, vol. II. 127. (Regresar a 14)
(15) OCÁRIZ, lib, cit.. 190. (Regresar a 15)
(16) Situada en el costado occidental de la antigua Plaza de Las Nieves (hoy números 6057). Habitaban la casa el Presbítero don Fernando, don Pedro de Valenzuela, único cirujano que vivf a en Santafé, y su esposa doña Juana Vásquez Solís. (Regresar a 16)
(17) OCÁRIZ, lib. cit., 257. VERGARA Y VERGARA, lib. cit, 93. (Regresar a 17)
(18) HERRERA, lib. cit., IV, 201. PLAZA, lib. cit., 247. (Regresar a 18)
(19) VERGARA Y VERGARA, lib. cit., 70, 71. OcÉR1z, lib. cit., 217. Dice este autor hablando de don Pedro Fernández de Valenzuela: «Fue Profesor de medicina y muy perito, especialmente en aplicación de hierbas y cosas naturales de la tierra y en el conocimiento de los que estaban moribundos, desahuciando algunos al parecer sanos, como le sucedió con el Presidente don Juan de Borja, que seis días antes de su muerte le dijo: que viviese con cuidado porque tenía los plazos cortos; y a otro religioso dominicano, que vivía enfermo, aunque andaba de pie, su presunción lo puso en cuidado de disponerse para morir, diciendo misa con mayor recogimiento, y expiró el mismo día, sentado en una silla. » (Regresar a 19)
(20) GARZON DE TAHUSTE, lib. cit., 638. JUAN N. NUÑEZ CONTO. Rasgo biográfico del Ilustrísimo señor fray Cristóbal de Torres, Revista del Colegio del Rosario, I,. 382 y 513. (GROOT, lib. cit., s, 297. (Regresar a 20)
(21) OCÁRIZ, lib. cit, 95. GROOT, I, 299. PLAZA, lib. cit.. 248. (Regresar a 21)
(22) C. BENEDETTI, lib. cit., 222 y 293. (Regresar a 22)
(23) D. RUFIN0 J. CUERVO en la página 486 de la 54 edición de las Apuntaciones Críticas sobre el Lenguaje Bogotano, acepta el uso de la palabra divorcio o cárcel de divorcio para secuestro de mujeres en lugar honesto, y advierte que los españoles llaman esto la galera. (Regresar a 23)
(24) Continuaremos el estudio del Hospicio cuando tratemos del Gobierno del Virrey Messía de la Zerda. V. OCÁRIZ, lib. cit., 185. (Regresar a 24)
(25) SOLÓRZANO, Política Indiana, si, 198. (Regresar a 25)
(26) DURÉN y DÍAZ, Guía para 1793, págs. 17 y 18. (Regresar a 26)
(27) Constitucional de Cundinamarca de 1831, número 8. (Regresar a 27) |