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LA INTERVENCION DE ALEMANIA POR LOS SUCESOS DE BUCARAMANGA EN EL
AÑO DE 1879
A diferencia de otros países latinoamericanos como Argentina, Uruguay, Chile y Brasil, en Colombia la inmigración de europeos no ha sido de significación durante los siglos XIX y XX. Dentro de esta realidad la inmigración de alemanes al Estado de Santander, sobre todo en el decenio de 1870 a 1880, fue un caso algo excepcional pues durante este período se ubicaron en las ciudades de Cúcuta, Ocaña, Bucaramanga y Socorro, más de 100 alemanes que se dedicaron al ejercicio del comercio y la banca y que lograron controlar, en gran parte, la explotación y exportación de quinas. Estos ciudadanos, que en su mayoría eran jóvenes y solteros, lograron una preeminencia económica y social en la región que chocó con los intereses de otros sectores colombianos que se veían competidos o expoliados por el monopolio comercial y financiero que los extranjeros lograron alcanzar, en unión con algunos capitalistas colombianos | (21) .
El más influyente y poderoso de ese grupo de extranjeros fue Geo Von Lengerke quien llegó a Santander hacia 1852 y murió en Zapatoca en 1882. Lengerke vinculó su capital a diferentes actividades -agricultura, comercio, obras públicas, extracción de quinas, etc.- | (22) .
Al igual que muchos de sus compatriotas radicados en Santander, Lengerke se vinculó al negocio de las quinas cuya explotación tuvo mucha semejanza con los tristes episodios de las caucheras. En el año de 1863 el Estado de Santander otorgó a Geo Von Lengerke 12.000 hectáreas de terreno. En el año de 1880 el Gobierno Central otorgó 20.000 hectáreas a la Sociedad Cortisoz y Compañía. Sobre ambos terrenos que coincidían geográficamente, los adjudicatarios iniciaron la explotación de quinas lo cual dio lugar a fuertes litigios y a tropelías y acciones armadas por ambas partes. Las dos compañías armaron a sus gentes y por la fuerza trataron de bloquearse mutuamente. A ese propósito es claro el memorial que dirigió la Compañía Industrial de Santander (propiedad de Cortisoz), el día 13 de octubre de 1880, al Secretario de Hacienda del Socorro. En él acusaba a la Compañía de Lengerke de:
"… 5) Impedir con la fuerza armada, en el punto denominado 'Boquerón del Serro de la Paz' la entrada de víveres para el personal de la Compañía Industrial.
"6) Impedir y también con fuerza armada, el paso por dicho punto, de operarios destinados a los trabajos de la Compañía.
"7) Prohibir con vías de hecho el tránsito de personas y de recuas, por el camino de Barrancabermeja, a pesar de ser ésta una vía pública; y
"8) Levantar fuerzas sin permiso o autorización de ningún poder público, organizando un cuerpo, según es voz general, hasta de 300 hombres con armas de precisión y algunos con uniforme militar; hechos prohibidos por el artículo 55 del Código de Policía, el primero, y por el artículo 60 el segundo" | (23) , | (24) .
En Bucaramanga, el grupo alemán había adquirido gran preeminencia económica y social. Controlaba el comercio, manejaba el Banco de Santander y a través de las logias masónicas extendía su influencia, no sólo en el mundo económico, sino también en el político, a través del sector radical. Tenía asiento en el Club del Comercio, centro social elitista, y participaba, directa e indirectamente, en la vida política del Estado | (25) .
Mientras que el grupo extranjero y algunos capitalistas nacionales extendían su influencia y poderío, la mayoría de la población era duramente golpeada por la situación económica. Sectores del artesanado de Santander tenían que soportar la desaparición de sus oficios ante la competencia de las manufacturas extranjeras comercializadas, precisamente por los grupos aludidos. Los busca dores de quina, golpeados por la violencia y el paludismo, veían evaporarse el producto de sus esfuerzos e manos de la elite que monopolizaba el mercado del producto.
Ya desde la época de la presidencia de Obando se habían fundado en Santander Sociedades Democráticas para la defensa de los artesanos y otros sectores populares. En el Socorro, por ejemplo, habían circulado periódicos como "El Demócrata" y "El Amigo del Pobre", en los que se propalaban las doctrinas de los socialistas utópicos.
En Bucaramanga, en 1864, se fundó una sociedad de artesanos que fue denominada por sus adversarios "La Culebra de Pico de Oro"; ésta sirvió de núcleo para que se expresaran, no sólo ideas e intereses populares, sino también para que se incubara un germen nacionalista en reacción contra los extranjeros que en gran parte dominaban la vida económica de la ciudad | (26) .
Durante los días 7 y 8 dé septiembre de 1879 Bucaramanga fue escenario de encuentros entre diferentes sectores de la población, los cuales dejaron como saldo más de una docena de muertos. Entre estos hubo dos súbditos del Emperador de Alemania, el Sr. Herderich director del Banco de Santander y el Sr. Goelkel, comerciante. Esto dio lugar al respectivo proceso de reclamación, e indemnización que se adelantó por el cauce diplomático. El asunto es interesante porque, de una parte, revela entre ciertos sectores de la población un descontento contra los "ricos" y los "extranjeros", que era muy diferente de la política que adelantaban los sectores dominantes y el gobierno, y desde el punto de vista de la forma de la reclamación, porque tras los argumentos jurídicos que se esgrimieron, Alemania hizo saber desde el comienzo que si no se satisfacía plenamente su demanda habría una intervención armada. En cuanto a la apreciación que tenía el diplomático francés de los acontecimientos, cabe destacar su solidaridad de clase que los acercaba, por una sola vez, al punto de vista del representante dé la ponencia enemiga de su país, Alemania. El 30 de septiembre de 1879 el Cónsul General de Francia en Bogotá comunicó al Ministro de, Relaciones Exteriores de su país, los siguientes hechos:
"Señor Ministro:
"Los acontecimientos a los cuales he hecho alusión están relatados con todos sus detalles en el número de hoy del 'Diario de Cundinamarca' que tengo el honor de adjuntaros. Reduciéndolos a su más simple expresión se pueden resumir como sigue: todas las autoridades municipales de Bucaramanga, de acuerdo con una banda de malhechores reconocidos, habían concebido el propósito de asesinar y robar a todos los habitantes importantes de la ciudad, sin otra razón para actuar de tal manera que su odio contra los ricos y contra las categorías sociales nacidas de la práctica de los deberes sociales y el amor al trabajo. Este propósito abominable, fríamente combinado por esos monstruos ha sido puesto en ejecución en la medida en que las circunstancias lo han permitido, en un refinamiento y crueldad que denotan la perversión más absoluta del sentido moral entre los miembros de las sociedades radicales del Estado de Santander.
"Desgraciadamente para el Gobierno Colombiano dos negociantes alemanes han sido masacrados por esos bandidos, un tercer súbdito del Emperador ha sido gravemente herido por ellos, el escudo, las puertas y las ventanas del Consulado de Alemania han sido acribillados a golpes de piedra y el mismo Cónsul, Sr. Scbreder, sólo ha podido salvarse gracias a la huída. Al conocer estos hechos, el Ministro Residente de Alemania, Sr. Von Gremetqzki ha dirigido las más enérgicas advertencias verbales al Secretario de Relaciones Exteriores de la Unión y ha amenazado e apelar a las fuerzas navales del Imperio si no se inflinge un castigo ejemplar a los culpables...
"Para el Gobierno Federal será tanto más difícil acordar las satisfacciones que exigirá el Gabinete de Berlín por cuanto que la causa de los bandidos de Bucaramanga ha encontrado ya ardientes defensores entre los miembros de la Asamblea de Santander actualmente reunida en el Socorro. Es pues, probable que ellos saldrán de la prisión no solamente absueltos sino más aún colmados de honores y coronados por la aureola del martirio por los ultra radicales colombianos cuyo número es más considerable de lo que se supone en general y los cuales no disimulan su contra lo que ellos llaman la aristocracia de los ricos opresores del pueblo.
"El crimen de Bucaramanga puede repetirse mañana en Bogota donde existe un conjunto de riqueza más considerable que en ninguna otra ciudad de la Unión y donde pulula un populacho, andrajoso que arroja ardientes miradas de codicia sobre las mercancías valiosas de que están llenos los almacenes de los comerciantes europeos y sobre las bolsas de piastras que ve precipitarse cada día en las cajas de los bancos. Ya los muros de la ciudad están cubiertos de inscripciones invitándoles al pillaje de estos establecimientos y a matar a los ricos y glorificando el ejemplo que les ha sido dado por los asesinos santandereanos. Yo no creo que el daño sea inmediato y no siento ningún temor por la vida de nuestros compatriotas que entre los extranjeros ciertamente son los menos detestados por el pueblo, pero faltaría a mi deber si no señalara a Vuestro Departamento esos graves síntomas de subversión social y si no se recordara que ya he tenido el honor de escribiros el 28 de julio pasado, bajo el rubro de Contencioso, sobre el atentado de que ha sido víctima nuestro Agente Consular en Medellín el 3 de marzo en su establecimiento de Titiribí" | (27) .
La versión del diplomático francés es ilustrativa sobre la situación de división social entre ricos y pobres pero es totalmente parcializada en cuanto al relato de los acontecimientos. En el libro de Horacio Rodríguez Plata, que tanto se ha citado acá, puede encontrarse a partir de la página 64 una versión correcta de lo sucedido. Puede verse con él, con base en documentos de la época, que los señores del "comercio" como se llamaba al sector, oligárquico tuvieron activa participación en los sucesos y que precisamente el primer muerto, el Sr. Estevez, fue alguien que ese día había figurado en la lista electoral de los "democráticos", llamados bandidos por el diplomático francés. Por no ser ese el objeto del presente trabajo no ahondamos en la relación de los sucesos y a esa obra remitimos para abocar nosotros, solamente el aspecto de, la forma cómo se adelantaban las reclamaciones. De todas maneras es bueno destacar que la apreciación del diplomático francés no se aleja mucho de la de ciertos escritores y políticos colombianos de época en cuyo pensamiento gravitaba el espectro de la Comuna de París. Por ejemplo, el influyente jefe y escritor conservador Carlos Martínez Silva en su revista el "Repertorio Colombiano" del 30 de septiembre de 1879, escribía:
. . . . . . . . . .
"Tanto es esto así, tan hondamente infiltrada está ya en todos los espíritus sanos la necesidad del restablecimiento de la pena de muerte, que al saberse en Bogotá -y creemos que lo mismo sucederá en toda la República- los horrores de Bucaramanga, una exclamación unánime salió de todos los pechos generosamente indignados, anhelando porque hubiera un hombre de bastante resolución y energía que, asumiendo toda la responsabilidad, fusilara, después de un juicio breve y sumario, a las cabecillas del motín.
"Desgraciadamente ese hombre, que hubiera hecho en una hora un reputación nacional, no apareció, más profunda tristeza se ha apoderado de los hombres honrados al ver que esa cuadrilla de caníbales, amparados hoy por la ley y la Constitución han quedado con vida.
. . . . . . . . . .
"El crimen, de, Bucaramanga puede repetirse mañana en Bogotá, donde existen acumulados todos los elementos necesarios, para una subversión social espantosa. Si las instituciones no se corrigen, si los llamados principios liberales siguen seduciendo a los incautos y estimulando a los perversos, si los hombres de propiedad continúan en el estúpido letargo en que hasta hoy han estado sumidos, cuando se quiera poner remedio al mal, será tarde" | (28) .
El ministro alemán en Bogotá pidió que se castigara a los autores del hecho no de acuerdo con las leyes sino a las reglas del derecho de gentes aplicables a los bandidos y amenazó con recurrir a la Armada de su país si no se le daba entera satisfacción a su petición. Esta amenaza produjo una fuerte impresión en las autoridades colombianas las cuales se apresuraron a dar todas las reparaciones e por el representante del imperio alemán, y como gracia sólo obtuvieron que los acusados colombianos fueran juzgados según las leyes colombianas. Por el simple aspecto jurídico cabe observar que si Alemania reclamaba por actos arbitrarios cometidos contra sus súbditos, la imposición de la fuerza a la cual acudía era también una a aunque como producto de la presión se diera un fallo ya viciado por la fuerza.
Los efectos de la amenaza alemana sobre gobierno colombiano los describe en estos nos el cónsul general de Francia en Bogotá, en comunicación del 31 de octubre de 1879, al ministro de Relaciones Exteriores de Francia.
"Señor Ministro:
"El temor experimentado por el Gobierno de la Unión de ver aparecer una división naval alemana en el puerto de Barranquilla parece haber sacado de su letargo habitual a la justicia colombiana. Los autores de las masacres del 7, 8 y 9 de septiembre han sido efectivamente transferidos a San GiI, bajo la demanda del Cónsul de Alemania en Bogotá para que se siga allí el juicio. Hasta este momento ellos son sesenta y seis, comprendidos el Sr. Pedro Rodríguez, Prefecto del Departamento de Soto, del cual Bucaramanga es la capital y el Sr. José Collazos, Alcalde del distrito. Igualmente el Cónsul de Alemania ha solicitado y obtenido que un batallón de la Guardia Colombiana fuera enviado a Bucaramanga para proteger la vida y los bienes de los súbditos alemanes y de los otros, extranjeros que residen allí. Este batallón permanecerá allí en guarnición por tanto tiempo como su presencia se juzgue necesaria.
"Queda por conocer qué satisfacción exigirá el Gabinete de Berlín por la muerte de los dos súbditos del Emperador que he tenido: el honor de señalares en mi carta del 30 de Septiembre, por las heridas graves infligidas a un tercero por la lluvia de piedras lanzadas contra el escudo del Consulado del Imperio. Estas satisfacciones, sean cuales fueren, muy probablemente serán acordadas por el Gobierno Colombiano; tal es el profundo terror que inspira Alemania a todas las Repúblicas hispanoamericanas desde la fatal guerra de 1870-1871" | (29) .
La "historia diplomática" da cuenta en estos términos, de la forma "aceptable" como se liquidó el incidente:
Restablecida la armonía con "el Imperio Alemán, cuyo Diario Oficial dio cuenta de la satisfacción acordada por Colombia con motivo de los sucesos de Bucaramanga en términos aceptables, se celebró un convenio entre el Secretario de Relaciones Exteriores, General Salgar, y el Ministro Residente, señor C. Lueder, a fin, de establecer la forma para el pago de la indemnización de $ 75.000 que la República otorgaba a los alemanes perjudicados en dichos sucesos (junio 7 de 1884)" | (30) .
La versión del diplomático francés en Bogotá es más explícita y permite darnos cuenta de que la reacción de la población frente a la forma como se llevaba la política exterior de Colombia no coincidía con la de los gobernantes. El 24 de noviembre de 1880, el Cónsul General de Francia en Bogota escribió al Ministro de Relaciones Exteriores de Francia en estos términos:
"Señor Ministro:
"Como consecuencia de los acontecimientos el Gabinete de Berlín ha exigido una reparación que el gobierno colombiano, se ha apresurado a acordar.
"Se ha convenido entre los dos gobiernos que la bandera: alemana sería saludada por 21 cañonazos en la misma Bucaramanga; que una indemnización sería acordada a los herederos de los dos alemanes asesinados y al que fue herido y, en fin, que los autores de los desórdenes, entre los cuales figuran el Prefecto y el Jefe Municipal, así como los asesinos, serían juzgados conforme a las leyes del país.
"La primera satisfacción, la del saludo a la bandera, ha sido dada el 9 de este mes. La bandera alemana ha sido izada por un coronel y un teniente colombianos en medio de la plaza principal de Bucaramanga y ha sido saludada por 21 cañonazos, en presencia del Cónsul de Alemania a quien la tropa ha presentado las armas y el cual estaba rodeado de sus compatriotas residentes en Bucaramanga, de los representantes especiales del Gobierno Central, y de los del Estado de Santander.
"Una parte de la población de Bucaramanga no ha ocultado su descontento con ocasión de la ceremonia, que el partido contrario a la administración del Sr. Núñez ha calificado de humillante para la nación colombiana. Este descontento se ha manifestado en numerosos letreros que la policía ha hecho desaparecer y por amenazas de ir a los extranjeros en general, proferidas por la multitud. Actualmente reina en el Estado de Santander un espíritu de hostilidad hacia lo alemanes y todos los extranjeros que sólo es impedido de manifestarse en actos por la presencia de ochocientos hombres de tropa" | (31) .
La actitud de las autoridades colombianas
Es evidente que las potencias imperialistas imponían una situación de subordinación en sus relaciones con las autoridades colombianas y para ello se respaldaba en sus ejércitos y armarlas que por los mismos tiempos daba muestra de eficacia en la expansión colonial de Africa o en el bloqueo de Puertos latinoamericanos. Empero, los gobernantes colombianos no eran simples víctima de una situación en la que ellos hubieran puesto todos los medios para contrarrestarla Por el contrario, su actitud conformista era campo propicio para que se desarrollara la amenaza. Ya vimos, a propósito del procedimiento para las reclamaciones que la política del gobierno colombiano para sustraer de la justicia ordinaria el Conocimiento de los casos de reclamaciones tenía por objeto precisamente, evitar toda disparidad con la potencia reclamante y en consecuencia crear todas las condiciones para, que la presión exterior pudiera complacerse íntegramente.
Pero no solamente a este nivel obraban las autoridades con un criterio pusilánime y colaborador. En donde más clara se ve su actuación es a propósito del llamado que hacían a los ejércitos extranjeros para que desembarcaran en el territorio nacional, constituyéndose en árbitros y señores de las querellas civiles con consecuencias que nadie podía ignorar, pues de todo el mundo era conocida la rivalidad imperialista por el control hegemónico de Panamá Lo que aconteció en el año 1875; lo prueba hasta la saciedad. En ese año las autoridades del Estado de Bolívar entraron en rebelión contra el Gobierno Central, lo cual dio motivo al bloqueo de aduanas del que hemos hablado más atrás. Pues bien, el Gobierno central acudió a las grandes potencias - Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania-, para solicitarles, que procedieran aún por la fuerza contra los levantados en guerra civil.
El día 10 de agosto de 1875 el Secretario del Interior de los Estados Unidos de Colombia dirigió al Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia en Bogotá, una comunicación -la misma que envió a los representantes diplomáticos de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania- en la cual autorizaba la intervención armada de esos países, en el territorio nacional, dentro del conflicto interno que se desarrollaba. Dice dicha comunicación:
"Al H. Señor Casimir Troplong, Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia.
Bogotá, 10 agosto de 1875.
"El infrascrito Secretario del Interior y Relaciones Exteriores, tiene el honor de dirigirse al Honorable Señor Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia, y de acompañarle un ejemplar del Diario Oficial No. 3.519, en el cual encontrará inserto el Boletín publicado el 7 del mes en curso, con el objeto que se permite manifestarle en seguida.
"Reconocido como ha sido, en virtud de los hechos que en el citado documento sé expresan, que el orden federal se halla interrumpido, juzga de su deber el Gobierno de la Unión, además de procurar el más pronto posible restablecimiento del régimen constitucional en todo el territorio de la República, el precaver entre tanto por todos los medios que estén a su alcance, los abusos a que la prolongación del mal estado actual del país pudiera dar ocasión con perjuicio de derechos o intereses extranjeros que es deber de la Nación proteger y salvar.
"En consecuencia, y como es probable que las autoridades del Estado de Bolívar y acaso también las de otro u otros Estados colombianos pretendan adoptar medidas lesivas de los mencionados derechos e intereses de extranjeros pacíficos, tiene el infrascrito instrucciones para declarar a S.S., como en efecto lo hace, que el Poder Ejecutivo de la Unión considerará ilegal y por consiguiente nulo, cualquier bloqueo de puerto de la Nación que por su orden o de su autoridad no fuere decretado ilegal, nulo también todo embargo de embarcaciones ancladas en los puertos nacionales de mercancías en estos depositad y que por lo tanto autoriza el desconocimiento y levantamiento del bloqueo, que por cualquiera entidad se pretendiere mantener y autoriza igualmente el que se impida cualquier embargo pie de otra autoridad que la nacional se intentara hacer en la propiedad extranjera.
"Así mismo cumple el infrascrito con n a S.S.: que en el caso probable de que los funcionarios locales que se hallan y los que se pongan en rebelión contra el Gobierno nacional, pretendan tomar posesión de las aduanas, cobrar los derechos fiscales y acaso expropiar o poner mi venta mercancías extranjeras de las depositadas en las oficinas publicas, el Gobierno Nacional autoriza el que se impida la ejecución de esos atentados y se deniegue y resista el pago de todo derecho nacional a cualquier agente que no sea el legítimo encargado nacional para ese efecto.
"Francisco de P. Rueda" | (32) .
Ante esta autorización-petición del Gobierno colombiano, el Cónsul General de Francia en Bogotá informó al Ministro de Relaciones Exteriores de Francia de las gestiones que había hecho "a solicitud del Gobierno de la Unión", por comunicación del 14 de agosto de 1875:
"Señor Duque:
"Víctima de un ataque repentino de gota, como con secuencia del duro trabajo que he debido imponerme para terminar el correo diplomático que he expedido a la costa, de concierto con los, Ministros de los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, de los numerosos despachos y diversas, piezas, más numerosas, aún, que yo he debido enviar, me es imposible escribir o aún dictar a causa de los atroces dolores que padezco. Me veo pues, forzado a remitir a Vuestra Excelencia a la lectura de los documentos que adjunto a este corto despacho. Esta lectura os suministrará la prueba de que al menos yo he podido tomar las medidas y expedir las órdenes requeridas por las graves circunstancias que atraviesa Colombia. Si a Vuestra Excelencia parecen dignas de su aprobación, yo estaré dichoso por la actitud que he creído deber asumir frente al Estado de Bolívar, por petición del Gobierno de la Unión y de acuerdo con mis colegas extranjeros, especialmente con la legación de Inglaterra y el llamado que yo he creído de mi deber hacer, debido a la urgencia, para proteger y salvaguardar los intereses de nuestros nacionales en los puertos colombianos del Atlántico" | (33) .
La gota, sin embargo, no le había impedido al diligente funcionario diplomático, escribir al Almirante de las fuerzas navales francesas en el Caribe, dándole instrucciones sobre lo que debía hacer, en interés de Francia e Inglaterra, para complacer al Gobierno colombiano. En dicha comunicación, el diplomático francés expresa claramente lo que el Gobierno colombiano no podía ignorar al hacer tal petición, es decir, que los diferentes imperialismos estaban interesados en el control de Panamá y que la intervención no podía más que favorecer la realización de los proyectos norteamericanos con respecto al istmo. Dice dicha comunicación:
Bogotá, agosto 12 de 1875.
"Señor Almirante:
"Como consecuencia de medidas arbitrarias tomadas en Barranquilla por el Presidente del Estado de Bolívar y de un ataque dirigido por las tropas de este Estado contra las fuerzas nacionales destinadas a mantener libre la navegación del Magdalena, el Presidente de los Estados Unidos de Colombia se ha visto en la necesidad de declarar la República en estado de guerra y me ha hecho dirigir por su Secretario de Relaciones Exteriores, así como a mis colegas de los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, una nota por la cual no duda en solicitar nuestra intervención para proteger y salvaguardar, en los puertos de la Unión, los intereses de nuestros nacionales, los cuales reconoce como fuera de su capacidad de proteger y salvaguardar por sus propios medios.
…………..
"En la respuesta que yo le he dirigido con fecha de ayer, el Sr. Dr. Francisco de P., Rueda, de la cual tengo el honor, Señor Almirante, de adjuntaros una copia, podréis daros cuenta de que digo al Ministró del Gobierno colombiano 'que estoy en el deber de hacer conocer su declaración a los Comandantes en jefe de las fuerzas navales francesas del Atlántico y del Pacífico, invitándolos a adoptar las medidas necesarias para proteger y salvaguardar los intereses franceses, en los puertos de la Unión, conforme a la susodicha declaración sin dudar de que mi gobierno aprobará la decisión que me creo debo tomar en esta circunstancia, bajo mi responsabilidad personal y con miras a la urgencia de una acción inmediata.
"Mis colegas de los Estados Unidos y de Inglaterra (este representa al mismo tiempo la legación alemana) han dirigido, por su parte, el Sr Dr Rueda, respuestas concebidas en el mismo sentido que la mía. El Ministro de Inglaterra ha escrito, además, al Comandante en Jefe de las fuerzas navales británicas en el Atlántico, Comodoro cuya estación habitual es Jamaica, según creo, para que inmediatamente tome las medidas que juzgue convenientes para proteger los intereses de sus nacionales en los puertos colombianos del Atlántico. El Ministro de los Estados Unidos ha debido escribir en el mismo sentido al Comandante en Jefe de las fuerzas navales americanas.
"Hasta el momento, él Estado de Bolívar es el único de los nueve Estados de la Unión que según mis conocimientos ha entrado en guerra con el Gobierno de la República. Pero podría suceder que mientras os llega este despacho, los Estados de Panamá y del Magdalena se unan a él. En este caso, el puerto de Sabanilla que recibe mensualmente cerca de seiscientos mil francos de mercancías francesas y el de Cartagena, no serían los únicos en los que importaría impedir que las autoridades locales se apoderen de las aduanas y embarguen las mercancías que, se encuentren allí. Los puertos de Santa Marta y de Río Hacha situados ambos en el Estado del Magdalena, también tendrían necesidad, aunque en menor grado, de la protección de los navos de vuestra división.
…………….
"Una acción común de las fuerzas navales de Inglaterra y Francia, en la guerra civil actual, no dejaría de ser ventajosa para nuestros intereses, lo mismo que para los intereses británicos en Colombia. Yo no sabría cómo encareceros, Señor Almirante, para que si os es posible os entendáis con los comandantes de los navíos de guerra ingleses que se encuentran en la costa con el fin de adoptar, de acuerdo con ellos, las medidas acordes con las circunstancias. El Ministro de la Reina en Bogotá, tiene una perfecta comunidad de ideas conmigo sobre todos los puntos. Aproximadamente sucede lo mismo con el Ministro de los Estados Unidos. Sin embargo, como el gabinete de Washington pasa por alimentar frente al istmo proyectos cuya realización sería favorecida por una escición entre los Estados de la costa y aquellos del interior de Colombia, sus intereses en la guerra actual no son los mismos que los nuestros y yo no osaría haceros la misma recomendación en lo que concierne a los comandantes de navíos americanos. Su actitud os indicará la que debéis tomar frente a ellos.
"Envío copia del presente despacho al Departamento de Relaciones Exteriores" | (34) .
Contrastan los cálculos finales del anterior documento con el dulce lenguaje diplomático de la comunicación que el diplomático francés dirigió a su Excelencia el Señor Secretario del Interior y de Relaciones Exteriores de la Unión para darle cuenta de que la petición del Gobierno colombiano estaba satisfecha:
"Bogotá, 11 de agosto de 1875.
"El suscrito, Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia, ha tenido el honor de recibir la nota que Su Excelencia, el Señor Secretario del Interior y de Relaciones Exteriores de la Unión ha tenido a bien dirigirme con fecha de ayer 10 de agosto de los corrientes, así como el número 3519 del Diario Oficial que a ella iba adjunto.
"Habiendo tenido siempre el más vivo interés por la prosperidad de los Estados Unidos de Colombia por los cuales el Gobierno francés ha profesado, en todo tiempo, una particular simpatía, el suscrito no puede más que deplorar profundamente que los actos de hostilidad cometidos recientemente por las tropas del Estado de Bolívar contra las fuerzas de la Unión, destinadas por el Poder Ejecutivo a mantener libre la navegación del Magdalena, hayan puesto a su Excelencia el Señor Presidente de la República en la penosa necesidad de declarar la República en Estado de guerra…" | (35) .
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21.
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"Ya para 1875 estos
comerciantes (los alemanes) práctica mente habían monopolizado las
compras de café, cacao, cueros, añil, quina, tagua, tabaco,
orquídeas y sombreros fabricados domésticamente con nacuma y
cañabrava, productos todos éstos que por las vías de Maracaibo y el
río Magdalena comenzaron a exportarse tiara Hamburgo y
Bremen". Horacio Rodríguez Plata.
|La inmigración
alemana al Estado Soberano de Santander en el siglo XIX.
Bogotá, Editorial Kelly, 1968.
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22.
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Con su capital, Lengerke
"contrató, construyó y obtuvo privilegio sobre los
siguientes caminos: el de Zapatoca a Barrancabermeja, el que se
llamó de Cañaverales, partiendo desde un punto intermedio entre
Bucaramanga y Rionegro, hasta el puerto de Botijas sobre el río
Lebrija, el de Girón a La Ceiba, el que partiendo del caserío de
Lincoln o Aguadas en dirección al Tablazo unió el camino de
Sogamoso, y, además un puente de alambres sobre este último río y
el famoso, primero del país en su tiempo, que lleva todavía el
nombre de Puente Lengerke, sobre el río Suárez". Ibid., p.
108. En los terrenos baldíos que le otorgó el Estado de Santander
fundó algunas haciendas como la de Montebello en donde mantenía
"unas trescientas mulas para movilizar la numerosa carga
de mercancías extranjeras con que proveía a sus depósitos y
almacenes de Zapatoca, San Gil, Socorro y Bucaramanga, a la vez que
para conducir a Barrancabermeja, vía para el exterior, sus grandes
cargamentos de tabaco en rama, sombreros de jipijapa, caf;, tagua,
cacao, anís, añil y otros tintes vegetales". Ibid., p.
101.
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23.
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Citado por Rodríguez Plata, Op.
cit., p. 132.
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24.
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Otra secuela no menos cruel, aunque
ignorada, de la explotación de la quina fue la destrucción de la
población indígena del Opón, que de "unos quince mil que
se calcula que existían hacia 1860, bajaron a diez mil en 1880, a
cinco mi en 1900, a mil en 1910 a quinientos en 1920 y a unas des
do cenas hacia 1925" Ibid., p. 117.
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25.
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"Lengerke fue en la guerra
de 1876-1877, para 'los revolucionarios conservadores del Estado
Soberano de Santander, presidido entonces por el doctor Marco
Antonio Estrada Plata, una especie de Rotschild que en el espacio
de un silo contribuyó con su inmenso capital a financiar el
sostenimiento de los alzados en a difíciles días de la guerra
civil, así como también el señor 'Salomón Koppel, ya establecido en
Bogotá, fue el banquero del Presidente de la Unión, don Aquileo
Parra". 'Ibid., p. 106.
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26.
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Una publicación aparecida en
Bucaramanga en 1879, suscrita por algunos ciudadanos colombianos
que se encontraban en la cárcel a raíz de los sucesos del 7 y 8 de
septiembre de 1879, nos da cuenta de la pugna que se vivía y a la
vez nos muestra la forma ingenua como reaccionaban los sectores
populares que protestaban contra la situación de dominación
económica y social, a través de la crítica a la forma de vida de
los extranjeros:
"Hace algunos años que
comenzaron a venir a esta ciudad los primeros extranjeros europeos,
y a virtud de la generosa hospitalidad con que fueron recibidos,
ellos la interpretaron como abyección y la correspondieron con el
abuso, pasando de aquí al desenfreno del tiempo de las ciudades
malditas de que nos habla el Antiguo Testamento.
"Habiendo principiado la
corrupción de Bucaramanga desde unos 28 años ha, comenzó desde allí
también el odio contra los corruptores por todos los padres de
familia y demás personas honradas. Entre los extranjeros que más se
han distinguido por sus irrespetos a nuestra sociedad y por su vida
licenciosa, figuran en primera línea los alemanes.
"Muchos de estos se han
señalado por una vida sobria y moderada, en punto a liviandad, es
cierto; pero en cuanto a embriaguez, no se ha podido hacer
excepción; algunos de los más morigeradores han muerto de
combustión espontánea y otros degollados por sus propias
manos...". Op. cit., p. 62.
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27.
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Archivos del MAE de Francia.
Colombie, Correspondance Politique, 1877-1881, Vol, 33; pp.
218-221.
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28.
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Carlos Martínez Silva, capítulos de
Historia Política de Colombia. Bogotá, Biblioteca Banco Popular,
Vol. 41, 1973. T.I, p. 198.
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29.
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Archivos del MAE de Francia.
Colombie, Correspondance Politique, 1877-1881, Vol. 33, p.
224-227.
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30.
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Raimundo Rivas. Historia
diplomática de Colombia: 1810-1934. Bogotá, Ministerio de
Relaciones Exteriores, 1961; p. 510.
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31.
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Archivos del MAE de Francia.
Colombie, Correspondance Politique, 1877-1881, Vol. 33; pp.
271-272.
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32.
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Archivos del MAE de Francia.
Colombie, Correspondance PoIitique, 1870-1876, Vol. 32 pp.
264-265.
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33.
|
Ibid., p. 263.
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34.
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Ibid., pp. 268-272.
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35.
|
Ibid.,p. 273.
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