PUNTUAL NOTICIA DE LOS RICOS
Y ABUNDANTES MINERALES QUE AL PRINCIPIO DE ESTE SIGLO SE BENEFICIABAN EN LA PROVINCIA DEL
DARIEN Y DE OTROS QUE ENTRE LOS INDIOS BÁRBAROS SE CONSERVAN VÍRGENES, SEGUN CONTEXTE
NOTICIA DE LOS PARCIALES. AÑO DE 1774.
Troncoso, Sabalos, Tayecua, Nuzaganti,
Arquiati, Nususunaqui, Acuaciscuati, Bagre.
No en vano en el primer descubrimiento de
esta parte de América por aquel famoso héroe Rodrigo de Bastidas en los años de 508,
quien conociendo la inmensa riqueza de esta provincia la bautizó con el nombre de nueva
Castilla del Oro (eligiendo por su patrona á la Santísima Vírgen en su advocacion de
Antigua, en cuya honra se erigió la primera iglesia), no fué casualidad dejarle este
epíteto á la posteridad, sino propia y debida justicia que hacia atento sus muchos y
abundantes minerales, llegando á tal extremo su providez que manifiestamente á la vista
está brindando con su abundancia (en lo que está ocupado de los bárbaros) á todo
racional que lo quiera admitir, y dar el debido aprecio que merecen sus acendrados
kilates, los cuales no conocen los indios, ni su utilidad, pues aunque lo encuentren en
los arroyos se desdeñan de cogerlo, á causa que sus mentidos ritos se lo estorban con la
supersticion que si lo sacan donde lo depositó la naturaleza se mueren al instante como
tambien si no estorban á otras naciones utilizarse como adelante se verá.
En esta hipótesis discurriré hasta
donde alcancen las noticias que se han adquirir sobre el número de minerales que á los
principios de este siglo se beneficiaban en esta provincia con el nombre de minas bajas, y
de otros altos minerales que los sugetos más condecorados, ancianos y veraces que hay en
los pueblos de indios parciales recientemente convertidos, han dado noticia por haberlos
visto de poco tiempo á esta parte en varios riachuelos ó quebradas en las cabeceras ó
al norte de esta provincia.
Nadie puede dudar que los ocho asientos
de minas con el renombre de bajas, que van anotadas, estaban corrientes y radicadas por
los años de 13 del presente siglo como lo acredita cierto documento auténtico, que pára
en el archivo de este gobierno con el motivo de la visita general que pasó esta provincia
el señor don José Alzamora Ursino, fiscal de la real audiencia de Panamá, quien, entre
otras providencias gubernativas propias de su discreto celo, habiendo experimentado la
plaga de mercachifles y revendedores con que se hallaban infestadas las dichas minas,
prohibe con multa de cien castellanos de oro á cualquiera de los sugetos de aquella
especie que se encontrasen por ellas; para evitar por medio de dicha pena los muchos y
exorbitantes robos que los esclavos de los mineros hacian á sus duchos, y reparar el
perjuicio que se seguia la Real Hacienda por que de aquel metal furtivamente extraido no
percibia Su Majestad sus legítimos reales derechos.
Y aunque el citado documento de visita
expresamente no señala el fruto que producian los consabidos minerales, empero, se viene
en conocimiento que seria copiosa su utilidad por el concurso de mercaderes que habia,
quienes no acudirian con tanto empeño á no conocer segura utilidad de su trabajo. Lo que
se comprueba tambien por el arancel eclesiástico aumentado en aquellos tiempos á
castellanos de oro los que eran pesos de á ocho reales.
Los cerros de Santa Cruz de Cana y otros
más al norte son tan abundantes de mineral, que referir sus grandezas más parece
hiperbólico encarecimiento que evidente realidad; pero como no solo por tradicion á
hombres veraces sino porque en la actualidad hay aquí varios sugetos que han trabajado en
la famosa mina del Espíritu Santo, de quienes se han tomado exactas noticias, no queda
duda de su vasta riqueza y actual existencia en aquel paraje, siempre que haya quien
trabaje.
Mina alta de Cana.-Hasta los años de 27
del presente siglo se benefició la dicha mina del Espíritu Santo, la cual, segun
relacion del maestro armero Pedro Oramunio, estaban acotados en ella don Antonio
Argüelles, presbítero vicario de la provincia, don Diego de la Guardia, Teniente de
Gobernador de Cana, don Juan de Leon, don Diego Mojica y don Antonio de Sosa.
Dicha mina lo era de mucha formalidad; la
veta real de oro que tenia era muy copiosa y de tan noble metal que su pasaban de 22.
Guiaba su direccion muy inclinada ó cuasi Perpenticular, la que iban siguiendo con
grandes utilidades en medio de los costos que causaba; tenia, para que bajaran los
operarios al trabajo, 5 escaleras de 12 ó 15 gradas cada una. Habia cuatro norias que de
unas en otras subian el agua filtrada de la tierra, hasta arrojarla en paraje que podia
correr para el rio.
Trabajaban en ella algo más de 200
hombres que alternaban noche y dia en distintas faenas; éstos (segun de la direccion la
veta real y algunas ramas que á trechos se hallaban muy poderosas) sacaban afuera de la
mina la tierra y pedazos de lajas en que iba el oro para lavarlo. Se prolongaban los
operarios hasta ponerla de mano en mano en el fondo del pozo á donde por medio de una
máquina, movida por dos hombres dentro de una rueda, la subian á la superficie del
cerro, por cuyo paraje habian proporcionado el rio para lavarla.
Cuatro altos tenia la expresada mina,
pero el más inferior era espacioso y muy ancho; en él andaban las gentes en mucha
cantidad sin embarazarse unas con otras, dejaban á trechos competentes varios pilares del
mismo terreno para que sostuvieran el cerro, y en otros parajes apuntalaban con maderos
fuertes sin que recelasen la menor ruina. Mas no habiendo diestramente usado semejantes
precauciones en el pozo á donde estaba aparejada la máquina de los dos hombres, la
tenacidad de la tierra no tuvo competente resistencia para contener su gravedad, y
descolgándose por sus cuatro frentes se derrumbó quedando sepultados, sin humano
recurso, los pobres operarios destinados á aquella tarea.
Con este presagio, unido á los atrasos
experimentados con las piraterías de los extranjeros y sublevacion de los indios,
desmayaron los mineros y trabajadores creyendo que igual suerte habia de correr el resto
de la mina, y sin que los pudiesen contener sabiendo por las escaleras que estaban francas
(y aún se cree lo están) no quisieron volver jamas á trabajar, con cuyo motivo
retirándose los acotados á Panamá tampoco volvieron más á la provincia.
Cuasi todos los operarios de la expresada
mina era gente del color; éstos ganaban de jornal al dia un platoncito de tierra, el cual
recibian en el sábado, de modo que si consideraba el minero que la tierra era estéril,
en lugar de 6 platos daba 7, los cuales despues de lavados no bajaba su producido de 16 ó
20 castellanos de oro, si acaso no pasaban de 40 ó 50.
No era esto lo que solamente enriquecia
á estas miserables gentes; las hacia más poderosas lo que robaban, pues cada vez que
salian fuera de la mina (si acaso los dejaban salir), y si no cuando les llevaban á ella
la comida, se aprovechaban de aquel paraje principal de la veta, ó acaso de a rama,
hurtaban lo más florido (que para todos daba la abundancia) pues en aquel tiempo se
vendia el oro por almudes, segun dicen unos, y segnu otros lo verificaban por frascos.
El mismo maestro Pedro Oramunio, que se
halló debajo de la mina cuando el pozo se derrumbó, refiere que si tenian necesidad los
trabajadores ó alguna precisa urgencia, sabiendo el paraje en donde quedaba la veta
(porque solian callarlo) iban á él á cargar las faltriqueras ó un saco de tierra, y
cuando consideraban que los guardaminas se quedaban dormidos les hurtaban la vuelta y
salian con su saco cargado, del cual sacaban á lo ménos de 3 á 5 libras de oro: parece
increible tal abundancia pero lo afirman varios.
Se dice, en apoyo de las grandezas de
Santa Cruz de Cana, que aquellos negros, zambos y mulatos que trabajaban en la famosa mina
del Espíritu Santo, cuando hacian sus bailes, al tiempo que salia á bailar alguna de su
gusto, para hacerse recomendables á su amado objeto, le expolvorizaban la cabeza y aun el
suelo con el oro en polvo que á granel cargaban en las faltriqueras.
Igualmente es notorio, sin oposicion
alguna, que un esclavo de don Antonio de Sosa, habiendo encontrado en la mina un depósito
(ó como dicen los mineros cangrejera) de oro que más ó ménos abundantes las hallaban
con frecuencia, pero siendo ésta de la mayor magnitud, fué á su amo con la noticia
pidiéndole albricias, las que le concedió dándole libertad a él y á su mujer, casa en
Panamá, una estancita tambien cierta cantidad de dinero para su avío. Algunos afirman
que segun las expresiones del mismo Sosa, aquella cangrejera tenia 60 mil castellanos de
oro, otros dicen que 50 mil, pero el expresado Oramunio afirma que de 16 a 20 mil
castellanos; de manera que en cualquiera de las citadas cantidades es riquísa produccion.
El mencionado Sosa, bien hallado con su
rica cangrejera, alegre y contento, puso carteles, así en esta provincia como en Panamá
para que si hubiese algun acreedor á sus bienes acudiese al punto para que quedara
satisfecho.
Se cuenta que, entre otros, habia un
mulato muy perdulario y de espíritu jugativo, y habiendo perdido todo lo que tenia se
desapareció por algunos dias, y metiéndose por entre aquellos cerros acertó á entrar
por un arroyo en donde encontro muchas pepitas de oro, las cuales amarrándolas con una
majagua en forma de rosario, se lo echó al cuello presentándose en la iglesia un
domingo, de cuyo acaecido con la novedad, procuraron saber el paraje á donde las habia
cogido, y le pusieron la mina del Rosario, que es un cerro de los famosos de Cana.
Y aunque don Juan de Ibiricu últimamente
quiso emprender el trabajo de la mina del Espíritu Santo poniéndola corriente, sus
fuerzas ó acaso su conducta no le dieron lugar á formalizarlo, porque aun siendo pocos
los esclavos, dió con buenos metales, con los que hizo varios regalos, sin haberse ántes
acotado, y sabido que fué por el tribunal de Real Hacienda le impidieron la continuacion
formando autos sobre el asunto, en cuya contienda se quedó la mina nuevamente abandonada.
Desde ella pasó al trabajadero de Bagre,
en el que seguia con grandes progresos, mas su desgracia se los truncó con el motivo de
haber azotado al mandador, que era español, cuya causa puesta en tela de justicia salió
auto de prision y embargo de bienes contra el citado Ibiricu, para cuya ejecucion llevó
el comisionado escolta de tropa, y segun dicen no le dejaron entre unos y otros con qué
desayunarse, pues el mucho oro que le extrajeron se vendió en la provincia á ménos de
12 reales castellano, y ni aun á este precio habia ya quien quisiera comprarlo.
Se dice comunmente que las minas de Cana
ó del Espíritu Santo estaban sostenidas con pilares de oro, cuya vulgaridad tiene su
orígen de aquellos pilares del mismo terreno que iban dejando para sostener el cerro á
fin de que no se cayera; y como cualquier paraje de él es fertilísimo de oro, y dichos
pilares estaban á mano de los que llegaban adentro, cavaba cada uno un poco de tierra,
llenándose á lo ménos las faltriqueras, de modo que se iban los pilares disminuyendo
por lo que se vieron obligados á forrarlos de tablones para que no se hundiera la mina.