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RELACION DE LOS PUEBLOS DE INDIOS QUE HABIA REDUCIDOS EN LOS AÑOS DE 24 A 27 EN LA PROVINCIA DE SANTA MARÍA LA ANTIGUA DEL DARIEN ÁNTES DE LA SUBLEVACION GENERAL POR EL MESTIZO LUIS GARCÍA, IRRUPCIONES COMETIDAS POR ESTE Y SUS ALIADOS DESDE AQUEL TIEMPO HASTA EL PRESENTE Y CIRCUNSTANCIADAS NOTICIAS DE ALGUNAS PROPIEDADES DE LOS INDIOS GENTILES.

 

Pueblos de indios. - Congo, Balsas, Acanti, Paya, Yaviza, Sambu, Pirre, Matumaganti, TapaNaca, Tupiza.

Todos los expresados pueblos, rancherías y asientos de minas se hallaban civilizados, sujetos al dominio del Rey y libres los primeros de tributos y otras cargas, para que por este medio tan suave y benigno fuesen concurriendo los indios silvestres á poblarse, que aún estaban escondidos en lo más intrincado de las montañas, y abrazasen con amor nuestra santa religion, en la que se experimentaban felices progresos.

Estaban unos y otros gobernados entre sí por Alcaldes mayores ó sus Tenientes, segun el séquito de cada pueblo y se proveian estos empleos por el Gobernador de la provincia, que entónces gozaba de la nomenclatura de Comandante general.

Tenian los indios sus buenas labranzas, con cuyos frutos no tan solamente así se alimentaban sino que proveian igualmente á los muchos mineros que habia dándoselos á cambio de géneros, porque nada se inclinaban al oro. Vivían con ellos algunos españoles, con los cuales se hallaban muy avenidos y rechazaban con todo empeño á la gente del color, como que se presentaron judicialmente para repudiarla y les ha sido concedido.

La mayor parte de dichos pueblos tenian Curas, de cuya de conducta cuasi vino la enfermedad de la provincia, porque entre éstos y tambien los Alcaldes y sus Tenientes se verificaba la carcoma de su trabajo obligando unos y otros á los infelices indios para que no solamente les hiciesen roza de comunidad, para su sustento, sino tambien para vender y sacar su sueldo y demas proventos con que aspiraban á hacerse ricos.

No era lo referido lo más lamentable para los indios; lo que más los afligía venia de que los dichos cabezas de su Gobierno los apaleaban, pateaban y arrastraban por el suelo, asiéndolos por el pelo con cruel ignominia, de cuyos vejámenes no estaban libres ni áun los Caciques y otros sugetos condecorados de los pueblos: llegaron los referidos procedimientos á poner los ánimos de estos miserables hombres en tal conformidad, que los infelices tenian la materia dispuesta para cometer cualquier atentado, como se verificó á pocas insinuaciones del mestizo Luis García.

Este era hombre esforzado y audaz, por cuyas circunstancias se llevaba la atencion de los indios y por la misma el Gobierno de Panamá lo habia elegido por caudillo para el exterminio de los piratas foragidos en esta angostura del Istmo, y habiendo cumplido con su encargo matando al que no pudo haber á las manos, logró entre otros acabar con la vida del célebre Petitpié, y glorioso con este triunfo, inmediatamente pasó á Panamá á dar cuenta de haber felizmente evacuado su comision, para que en su consecuencia se le diese cierta cantidad de dinero, que por aquellas cajas se le habia ofrecido.

En este tiempo el señor Alderete, que era el Presidente, ocupado en asuntos de los galeones, no despachó á García tan prontamente como el esperaba, por una parte, y faltándole, por otra, correspondiente subsistencia para mantenerse más tiempo en aquella plaza, su genial altivez lo hizo desesperar de su pretension, retirándose al Darien más lleno de ira que cargado del dinero que premeditaba; pero pensó inicuamente hacerse pago por su mano con lo que tuviesen los pobres vecinos de la provincia, que ya entónces empezaban á convalecer y á recobrarse de las muertes y robos que los extranjeros les habian hecho.

Habiendo vuelto Luis García para el Darien, pasó al pueblo del rio de Balsas, cuyo Cacique pocos dias ántes habia sido arrastrado y con otras injurias ultrajado por su Cura, y contándose el uno al otro sus infortunios, les costó pocas conferencias resolverse á dejar el Gobierno de los españoles y retirarse con la mayor parte de aquel pueblo (y de otros que hallaron propensos á su intento) á lo más escondido de las montañas, para gobernarse por sí mismos y poner en ejecucion sus silenciadas ideas.

Juntos los indios en el Norte (así llaman á las montañas de los Andes) maquinó García el exterminio de todos los españoles de la provincia y aún de los indios que con él no quisieran tomar partido (para cuya idea no dejaban de apoyar su resolucion algunos franceses, que él mismo habia dejado en aquellos parajes porque estaban casados con las indias) determinado, en fin, á emprender su obra, la puso en ejecucion empezando por el pueblo más avanzado que era el situado en el rio de Yaviza en donde mató al Cura, al Teniente de justicia y á los demas españoles é indios que no lo quisieron seguir y apropiándose cuanto aquellos tenian para hacerse pago de lo que profería le debia el Rey en Panamá.

Ufano con esta victoria, pasó más abajo y en el Real de Santa María ejecutó lo mismo, aunque no con tanto estrago, porque los vecinos, recelosos ya de que los indios se habian retirado á la montaña, cuasi esperaban el golpe, y lo habian confirmado por medio de algunos que, buscando asilo, se habian escapado del estrago de Yaviza, con cuya noticia, aunque sin darles mucho tiempo, procuraron esconder entre las malezas los bienes más manejables y tambien sus personas; en estos términos García, sin oposicion alguna, (porque en toda la provincia no habia un hombre de tropa) quemó la poblacion y quitó la vida al que mal refugiado en la espesura caia en sus manos.

Soplándole en estos términos la fortuna se dirigió contra Chapigana, Otros pueblos y minerales que por allí y más abajo habia, habiendo conseguido en todas partes más felices progresos de los que se habia prometido, en cuyos términos bien avenido con sus felicidades y lleno de satisfacciones, se retiró nuevamente á las montañas.

Llegada que fué á Panamá esta catástrofe de novedades, despachó el Presidente 70 hombres de tropa al mando de buenos oficiales, quienes provisionalmente atrincherados, se mantenian en la defensiva, porque los indios con frecuencia destacaban otros del laberinto de sus montañas y emboscados hacian muertes con frecuencia en los españoles que salian fuera de tiro al beneficio de sus labores y otros tráficos con que debian buscar el sustento, hasta que entendido por el tirano García de que habia llegado tropa para la defensa, tuvo el atrevimiento de bajar nuevamente con sus parcialidades para acabar con aquellos pocos defensores de la provincia.

Así lo habia comprendido su altanería, cuando mal encarada su fortuna se le puso muy contraria, porque el Capitan comandante defendió valerosamente el pueblo con escarmiento de muchos indios, que por víctimas, quedaron muertos en la campaña.

Igual suerte le siguió al Cacique Juan de Dios, compañero de García, que pasando al mismo tiempo para atacar á una propia hora el pueblo de Chapigana, aunque en él mató al Oficial comandante por confiado, los demas si defendieron con teson, habiendo algun muertos por ambas partes; pero se retiraron los enemigos sin que saquearan el pueblo, que era el principal objeto de su expedicion.

Con estas inquietudes puso Luis García en consternacion, no tan solamente la provincia, que entónces tenia más de 20,000 almas, sino tambien entró en cuidado el Gobierno de Panamá, quien para libertarse de arpía tan inhumana, hizo expedicion formal, para que, vivo ó muerto, le rindieran al tirano, como con efecto lo lograron, dándole muerte en las cabeceras del rio Chucunaque, en donde le pareció se podria más bien defender, y áun llegó á tanto su audacia que creyó en aquel ventajoso terreno castigar á los que lo fuesen á perseguir, con cuyo atrevimiento, haciendo frente con mucho número de su gente, permitió la Divina Providencia su castigo, y que feneciese á manos de un negro Mina de la Compañía del Capitan Pedro de Góndola.

Tambien dispuso el Gobierno al mismo tiempo se hicieran dos casas fuertes para poner á cubierto la provincia y defenderla de los continuos asaltos de los indios, construyendo la una en el Real de Santa María en Chapigana, de igual arquitectura ó idénticos materiales que las que actualmente existen, que hacen, los enemigos otros guerreros de distinta racionalidad más servirian de hoguera para abrasar los que las defendiesen (á impulso de una despreciable pajuela) que para defensa de racionales vivientes.

Con esta serie de acaecidos, huyendo los vecinos de los eminentes riesgos que por todas partes les amenazaba, llegó á quedarse exánime la provincia de aquel auge y ricos principios que disfrutaba, pues eran tan pingües sus minas, que el finísimo oro que producian se vendia por frascos en toda ella, habiendo quedado en el dia con el corto número de mil personas de todas edades.

Despues, por el año de 34, los indios y algunos franceses quo habían quedado, bajaron nuevamente á Santa Cruz de Cana y la saqueron sin oposicion alguna, de cuyo acaecido se dispuso tambien hacer otra casa fuerte para su defensa como las antecedentes.

Aún habia quedado resto de indios en algunos pueblos de los que ántes García tenia convocado á su confederacion, y otras familias de esta clase que no siguieron su partido, recelosas de las asechanzas de sus mismos compatriotas, se pasaron á vivir á cubierto en los pueblos de los españoles que tenian fortaleza (así llaman á las que llaman casas fuertes) y no Saciándose con los anteriores estragos la furia de los amigos que habia dejado despues que se recobraron de aquel último letargo, pensaron recoger dichos indios para engrosar su partido, lo que consiguieron con algunos; mas otros se mantuvieron en el nuestro, tales fueron los situados en los Pirre, Balsas y Yaviza, y á estos últimos porque no siguieron su parcialidad les quemaron el pueblo el año de 58 y les mataron la mayor parte de la gente; pudiéndose escapar algunos con su Cura, por cuyo motivo dejaron aquel avanzado paraje, y se fundaron más abajo en el de Tichiche, poniendo en este pueblo varios trozos de otros que no tomaron partido con los rebeldes.

El año de 62 intentaron los indios del rio de Savanas y los de las cabeceras de Chucunaque asesinar á los moradores de rio Congo, situado á la entrada de esta provincia, para cuyo efecto los estuvieron asechando largo tiempo para dar el golpe sin errar, mas la casualidad se lo estorbó con el motivo de haber madrugado cierto esclavo para el aserradero de madera en que trabajaba para su amo y habiéndolos visto les disparó su escopeta con la que se pusieron en vergonzosa fuga.

Con esta novedad despachó el Gobernador una partida de indios de Tichiche mandada por su natural Capitan, con órden de que reconociese los que podia haber en el rio de Savanas para informar que su entrada se pusiese á cubierto con una casa fuerte y que castigase al mismo tiempo los indios que en él encontrase, y no habiéndole dado, segun dicen, la gente y municion que necesitaba, lo despacharon con palabras ambiguas, y creyendo que en Chapigana lo habian de proveer de todo, salió con efecto y aunque allí le pidió algun refuerzo el sargento Moral, que era el Comandante, no se lo dió, porque para ello no tenia órden. Mas el indio con su gente no por eso desmayó de la empresa y diciendo que aunque sabia que iba á morir, obedecia lo que el Gobernador le habia mandado, cuyo vaticinio le salió tan cierto como lo habia proferido, pues á pocas vueltas, adentro del rio, lo mataron de una descarga general que dieron los indios enemigos.

No por esto desmayaron los indios rebeldes en volver sobre la población de rio Congo, para aniquilarla, pero no lo ejecutaron aquellos seis años, acaso seria porque despues del suceso de haberlos hecho huir el negro que iba para el aserradero, mantuvieron en dicho pueblo más de Cuatro meses un piquete de 25 hombres, y por este recelo se dilataron tanto. Al fin lo resolvieron el año de 68, quemándolo sin resistencia y matando los que pudieron y se llevaron 14 mujeres de todas calidades para acrecentar sus poblaciones en Chucunaque.

En el propio año de 68 tambien los chucunaques insultaron la guardia de Ipeliza, que se componia de cuatro milicianos y un cabo; esta era una mala casa de palma y cañas, única y desamparada, pues sólo se habia construido en aquel paraje para que sirviera de mansion á la escolta ú otras gentes que pasasen á los minerales de Cana, para cuyo efecto se habia situado en la mitad del camino entre dichas minas y el Real de Santa María, á dia y medio de distancia de uno y otro pueblo, y áun con ser única y no tener, como va dicho, más de cinco hombres, se mantuvieron los indios más de 20 dias acestándola, y al fin no se atrevieron á invadirla, si la centinela no se hubiera entregado al sueño con cuya ocasion mataron dos milicianos, salió otro mal herido y los demas por el techo escaparon por piés. Los indios, por su parte, dejaron dos muertos de un sólo tiro, que medio soñoliento disparó uno de la guardia y desde entónces quedó ésta sin reponerse.

En el año de 69 en la boca de Tupiza lastimaron los indios á balazos á cuatro milicianos de esta guarnicion que habian salido á montear; los cogieron de sorpresa al tiempo que estaban barando su canoita para montarla por encima de un árbol que el rio tenia atravesado de parte á parte: sorprendidos en estos términos los cuatro milicianos, allí dejaron todas sus armas y municiones con lo demas que traian, pero ninguno peligró de las heridas.

En el propio año de 69 mataron los indios rebeldes en el paraje de las Isletas á dos parciales de Tichiche, de cuyo accidente, combinado con el del año anterior, de haber quemado el pueblo de Yaviza, dispuso el Gobierno formar tan ventajosamente la casa fuerte de este nombre, porque ántes de su ereccion bajaban los indios por cualquier rio á su discrecion, y se podían temer mayores daños.

Tambien el año de 72, á tiro de pedrero de esta dicha casa fuerte, en una ensenada del rio de Yaviza, puestos los rebeldes en emboscada, mataron á un miliciano y á una criada del Gobernador que iba á lavar la ropa de su amo y se llevaron una mulatita de diez años de edad, cuya desgracia hasta ahora ha sido la última y el Señor permita por su misericordia librarnos de tan cautelosos enemigos, cuyos acaecidos, con otros de que apénas hay noticia, es la causa del miserable estado en que se halla la provincia del Darien.

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