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COMENTOS DE LA RICA Y FERTILÍSIMA PROVINCIA DEL DARIEN. AÑO DE 1774.

 

REPRESENTACION.

 

Excelentísimo Señor.

Señor:

Desde mi ingreso al Gobierno de esta provincia de Santa María la Antigua del Darien, no he dejado incesantemente de emplearme en la curiosa averiguacion de las circunstancias del pais, modo de vivir de sus gentes, la pobreza en que se halla, el poderoso séquito que al principio de este siglo disfrutaba y por qué causa desde entónces vino en decadencia, cuando su fertilísimo terreno, ricas minas, rios cómodos y regular temperamento debian conservarla en un poderoso aumento. Despues de un exámen bastantemente prolijo, haciendo reflexion por la serie de los tiempos, vine á sacar por consecuencia que su mucha riqueza fué la causa de su desolacion por la codicia de los extranjeros que, celosos de la abundancia de oro que producian los minerales de Santa Cruz de Cana y otros muchos que hay á la parte del Sur de dicha provincia, la saquearon tan rigurosamente, que algunos á sangre y fuego llevaron la poblacion.

El año de 12 los ingleses, con el motivo de engrosar la tripulacion de sus escuadras que navegaban en la mar del Sur, la pasaban por esta parte del istmo, y entónces fué la primera vez que se saqueó á Santa Cruz de Cana, aunque sin el rigor de pegar fuego á sus edificios ni hacer más hostilidad que robar, á fuerza de fuerza, todas las riquezas y esclavos que tenian sus acomodados vecinos.

Los franceses la entraron á sangre y fuego á las órdenes de M. Cárlos Tibon, que con 300 indios del Golfo y 80 de su nacion, de los foragidos que tenian inundada esta esencial parte del istmo, cometieron tal crueldad por haber consentido en cierta vulgaridad, que aquellas minas estaban sostenidas con columnas de oro, que en el todo no se mentia.

Despues la sublevacion general de los indios á influjo de Luis García, indio mestizo, que por los años de 26 y 27 sublevó todos los de esta provincia, por no haberle premiado el Presidente de Panamá como lo habia ofrecido, la prision de M. Tibon  y sus compañeros, y en despique de este desaire, se hizo cabeza de la rebelion, y no perdonó pueblo que no abrasara y crueldad que no cometiera, y aunque se tomaron algunas providencias para su pacificacion, no surtieron mayor efecto, hasta que por cierta discordia que tuvieron franceses é indios en lo escondido de los rios que habitaban, empezaron á desunirse de la confraternidad que observaban; por cuyo accidente tomó cuerpo la pacificacion, siendo el principal actor de ella el mulato Juan Rafael Simancas y despues el mismo en compañía del Cacique don Bartolomé de Estrada, reducido por Simancas, quienes consiguieron sacar más de cien familias para formar el pueblo de Cupe, hoy Pinogana, y otros que se quedaron en la montaña bajaban de paz cuando querian.

En medio de la eficacia de Simancas y de Estrada continuaron algunos indios, especialmente los del de Chucunaque, haciendo sus atentados, habiendo experimentado los infelices moradores de esta provincia un dilatado tiempo de hostilidades como se cuenta desde el año de 12 hasta el de 72, que recibieron las últimas.

Con esta serie de acaecidos, las personas de consecuencia y acomodo que habia en la provincia, la fueron desamparando como igualmente otras que podian buscar su vida en otra parte por no vivir con el continuo subsidio (como me refirió uno en Panamá) de acostarse buenos y acaso amanecer hechos víctimas de la crueldad de los bárbaros, y sólo permanecieron en ella el miserable destrozo de los muchos esclavos que tuvieron algunos acomodados vecinos y algunos zambos y mulatos de ambos sexos, que el Gobierno de Panamá fué remitiendo desterrados por sus vicios.

De cuatro ó seis años á esta parte se ha ido mitigando tanta hostilidad como se experimentaba de los indios, cuya causa atribuyo con bastante fundamento á la peste general de las viruelas, de la que han muerto muchos, así parciales como rebeldes; á las hostilidades que les hicieron los del Chocó, hasta que los hicieron retirar bastantemente á la parte opuesta de su residencia; á la construccion de la casa fuerte de Yaviza, situada tan ventajosamente en los pasos precisos que tenian para bajar á cometer sus crueldades; y á las continuas salidas del Cacique Estrada con las que se acabó de limpiar de indios rebeldes todas estas inmediaciones.

Por lo que queda expuesto y por los reconocimientos que se han practicado este año, se sabe de positivo que no han quedado más indios en la provincia que los que se hallan situados sobre Calidonia en toda la parte opuesta al Norte de la cordillera general, aunque éstos no se acercan por acá y tambien subsisten los que ocupan el rio de Savanas á la entrada de dicha provincia, contra quienes se debe dirigir en la actualidad todo el objeto para desalojarlos de aquel terreno.

Supuesto que la causa de la desercion y abandono de familias de esta provincia ha sido el orígen despues de los robos de los extranjeros, las persecuciones de los indios, parece correlativo proponer un medio con que cese aquella y se vuelva la provincia á levantar de la miseria en que tanto tiempo estuvo sumergida, para cuyo efecto es necesario dar más exactas noticias de sus circunstancias, especialmente de los indios, que me prometo que habiendo ellos sido la causa de su desgracia, contribuyan ahora á hacerla feliz.

Tres pueblos de indios que hay en esta provincia, á saber, Pinogana, Molineca y Tichiche, son de gente recogida en la aspereza de las montañas, así de esta provincia como de las de la parte del golfo del Darien, perteneciente éste á la Gobernacion de Cartagena. Los cuales, á esfuerzos (como se ha dicho) de la aplicacion y celo del Cacique de Pinogana, don Bartolomé de Estrada, y del intérprete Juan Rafael Simancas, criollo de Cartagena, qúe desde niño hecho prisionero (navegando á Tolú) por el pirata Petitpié, criándose despues en rio Tigre, los fueron atrayendo, ya de grado á los principios y ya al fin por fuerza desde los enmarañados parajes donde se hallaban hasta hacerlos capaces de la ley evangélica por medio del párroco que han pedido.

El expresado Cacique ha continuado esta grande obra atrayendo mucho número de aquellas familias, no tan solamente para su pueblo sino tambien para el de Molineca (cuyo Cacique, nombrado don José Graciliano del Castillo Sombrero de Oro) estimulado acaso de la eficacia de Estrada, salió tambien una vez á recoger gente para el suyo.

Igualmente los de Tichiche (que actual no tienen Cacique y les hace bastante falta), pueblo formado de varios trozos de otros que en la sublevacion general no quisieron tomar parte y son, sin disputa, muy leales españoles, han hecho sus salidas y trajeron algunas familias para el suyo.

Para el Gobierno político que tienen entre sí estos tres pueblos, hay en cada uno un Cacique, que es el Jefe superior con 15 pesos de sueldo al mes, y de los indios de mayor distincion hay un Capitan, un Ayudante, un Teniente y un Alférez con patentes del Gobernador de Panamá, y aunque no tienen sueldo se presentan con mucha decencia y ostentacion. Asociados de estos magnates el resto de los pueblos respectivos nombran cada año para las administraciones de justicia dos Alcaldes, que para su confirmacion vienen á esta capital, y el Gobernador en señal de posesion, les entrega la vara, haciéndoles la correspondiente arenga. Tambien nombran dos Alguaciles, con cuyas cabezas se mantienen los pueblos tan exactamente gobernados, que no tienen que envidiar á los más cultos.

En medio de que todos los expresados indios manifiestan tener bastante amor á la religion y al Rey, algunos vecinos de conocimiento de la provincia desconfian de su fe y les tienen miedo, tal vez por conocerlos con poco tiempo de religion, de aspecto nada afable, intrépidos y de inconstante condicion, ó tal vez porque algunos de ellos en las no muy antiguas hostilidades que hicieron á los españoles, tuvieron gran parte en la muerte de algunos, ya parientes o ya amigos, cuyo duelo les aflige, y esto es lo más probable de su desconfianza.

Impuesto yo de todas estas noticias, voy experimentando lo contrario. Tanto por el motivo de haber venido los indios á cumplimentarme como su jefe recien venido, los trate con particular política, que no siempre experimentaban, siendo en su genial modo indispensable diligencia, y en cuanto pude los obsequié. Por cuya causa jamas han faltado ya de un pueblo y ya de otro, á venir á visitarme los magnates, trayéndose algunos indios para su servicio, que igualmente he procurado agradar, como tambien por haberme hallado en sus pueblos, inspeccionando con cuidado su vida civil, regularmente religiosa y subordinada á los ministros del Rey, como se ha verificado ántes de ahora en algunas diligencias del Real servicio y últimamente en las expediciones que de mi órden han practicado acompañándoles algunas veces en los reconocimientos de montes, rios y caminos, sin más costo de la Real Hacienda que algunas municiones y otros pequeños comistrajos.

Noté tambien en ellos mucha aplicacion á la agricultura, pues con ella no tan solamente cuasi abastecen á Panamá de plátanos, sino que tambien con sus frutos sustentan á toda esta provincia y en el dia cultivan más de 10,000 piés de cacao.

No obstante lo expuesto, no salgo por fiador de la buena ó mala fe, Constancia y religion de los indios, porque en poco más de tres meses que han pasado desde que tomé posesion del Gobierno, aunque puse el mayor ciudado en observarlos, mal pude haber conseguido á fondo el conocimiento de todas sus formales inclinaciones.

Pero para que algun medio político afiance con el interes su constancia y se pueda con toda satisfaccion emprender cualquiera idea conveniente al Gobierno y que ellos por su parte contribuyan no tan solamente á las operaciones de esta provincia contra los rebeldes, sino tambien á la pacificacion de los del Golfo en la parte de Cartagena, resultando de todo el mejor fomento de Santa Cruz de Cana, que sin obstáculo del terror que tienen impreso estas gentes á los indios, los vean por todas partes reducidos afectos con perfeccion á nuestra nacion y religion.

Para lograr todas estas ventajas, me parece conveniente premiar al Cacique Estrada su singular mérito, que lo tiene como consta de los adjuntos documentos, señalándole, como lo pretende, sobre el sueldo de 15 pesos que goza, otros tantos más cada mes con el nombramiento de Coronel y Cacique general de todos los indios de la provincia, libradas todas estas gracias por la superioridad de V. E, como las obtuvo don Felipe Orinia quiche por el Excelentísimo Señor don Sebastian de Eslaba, aprobada de S. M, cuyo empleo en éste recae con bastante justicia y puede ser infinitamente importante al servicio de ambas majestades, segun el estado presente de la provincia y ocupacion del Darien á la parte del Norte.

Que al intérprete Juan Rafael Simancas, en premio de sus utilísimos servicios, se le dé alguna cosa más sobre el sueldo de 13 pesos que actualmente tiene por su plaza y atento á su avanzada edad se le libre á su hijo Simon, habido en una india y casado con otra, la futura á la plaza de su padre con el sueldo de su dotacion (ó dos pesos ménos por no tocar inconvenientes respecto á la raza de mulato) por ser sugeto aparente para su cabal desempeño, y por su muerte puede tambien cesar para siempre la plaza, pues ya habrá jóvenes instruidos en cada pueblo.

Que en cada uno de los tres mencionados se creen nuevamente dos sueldos (es conforme á la voluntad de S. M. sobre el levantamiento del regimiento de la Reina, cuya órden circular leí varias veces en el archivo del Gobierno de Cartagena) señalando á los Capitantes 13 pesos cada mes y á los Ayudantes á 12, y tambien será importante que al Cacique de Molineca se le señale alguna pequeña gratificacion por el tiempo de su vida, para ocurrir por este medio á cualquiera género de disgusto, pues aunque no ha hecho más de una salida á buscar familias para su pueblo, ni tiene la eficacia de Estrada, empero ha estado muy obediente á cuanto. se le ha mandado, habiéndose hecho respetable entre los indios por su afluencia en el idioma castellano, que saben con propiedad él y sus hijos, como tambien leer y escribir, que nada de esto saben los demas á excepcion del Ayudante de Tichiche, don Leoncio de Alcedo.

Puestos en práctica estos pequeños sueldos y gratificaciones, recaen justamente en sugetos de distincion, valor y respeto entre los indios, los cuales son capaces de contener cualquier atentado entre la plebe, y por consiguiente queda asegurada por este medio la provincia de aquel recelo que aún reside en los ánimos de los antiguos españoles, y en el expresado Ayudante de Tichiche se premia la muerte de su padre, que siendo Capitan de dicho pueblo, lo mataron los rebeldes en comision del real servicio, cuando fué á reconocer el rio de Savanas, que se pensaba ocupar.

Para que á la Real Hacienda no se le aumente este nuevo desembolso, se puede disponer por V. E, si lo graduare por conveniente, que la subsistencia de las seis plazas creadas para los indios salgan de otras tantas de soldados milicianos, que en la total fuerza de los que tiene esta provincia se pueden suprimir. Pues de mucha más importancia será para la defensa de la misma tener otros tantos indios de la mayor autoridad afectos á nuestra nacion (que aún cuando no lo fueran por el honor, que en algunos ya reside, seguramente lo serian por el interes que los domina) que seis milicianos, pues sin ellos se puede hacer cualquiera defensa. 

Asegurada la buena fe de los pueblos de Pinogaria y Molineca, en que me parece no hay que dudar ni ménos en los de Tichiche, por tener dado unos y otros ya suficientes pruebas de ello, está por demas la casa fuerte del Real de Santa María, cuyo objeto ántes de situar tan ventajosamente las de Yaviza, era cubrir la provincia contra las avenidas de los indios; pero mejorada la defensa y asegurados los dos pueblos que tiene en su cercanía, se puede con los casados de su guarnicion aumentar la poblacion y fuerza de la de Cana, con cuya providencia tomará otro cuerpo el cadavérico de aquel rico Real de minas; pues con estos y algunos más que el Gobernador de Panamá remita de resultas de las sentencias en causas judiciales ó de otro modo, como se le ha pasado oficio, logrará volver en sí del cuasi total abandono en que se halla, pues á no haber sido por las acertadas providencias de V.E, ya se hallara yermo aquel importante y rico terreno.

Los soldados solteros de la dicha guarnicion del Real se deben aumentar á la de Chapigana, para que éstos, en consorcio de los otros que tiene, conserven un bote ó piragua esquifado con dos pedreritos, recorriendo en tiempo de verano, ó cuando se considere útil, la entrada de esta provincia hasta la punta de San Lorenzo, por el riesgo que tienen en aquel distrito las embarcaciones del tráfico que vienen á ella. Esta diligencia es muy importante, tanto para sostener la entrada y tráfico, como queda dicho, como para contener los indios en el rio de Savanas (que no sólo se comunican con los de Chepo, Chucunaque y Calidonia, sino con los extranjeros situados por las islas Mulatas) haciendo en dicho rio Savanas algunas entradas cuando se considere conveniente, para que los indios conozcan se vigila sobre su rebeldía, pues bastante causa será ésta respecto de su cobardía para hacerlos retirar á las cabeceras; para que por nosotros se vaya poblando la entrada al abrigo acaso de una casa fuerte como la de Taviza ó Chapigana, que le costará muy poco al Rey y por consiguiente Su subsistencia, porque en tal caso debe pasarse á ella la guarnicion de Chapigana, por ser aquélla y no ésta la que ha de resistir los choques contra los indios, y con sólo una guardia de seis ú ocho hombres para cuidado de las embarcaciones y mansion de las gentes, tiene suficiente aquel fuerte para este efecto.

Para manifestar á V. E. demostrativamente el fundamento de las razones que dejo expuestas, la situacion ventajosa que tiene la casa fuerte de Yaviza, la disposicion y curso de los caminos y rios inmediatos á ella, por los cuales interceptándolos con gran facilidad se pueden castigar desde aquel avanzado paraje cualquiera atentado que quisieran cometer los rebeldes en los pueblos que están bajo su defensa, me ha parecido conveniente hacerlo patente por medio del adjunto mapa, por el cual se viene en conocimiento de todo lo que dejo expuesto de su terreno, entradas y salidas.

Estando tan notoriamente conocida la cobardía de los indios, se ha de suponer, primero, para hacer juicio de sus ideas, que las empresas de los de esta nacion han de constar precisamente de dos cualidades, á saber: sorpresa contra poca fuerza y emboscada en donde por ningun motivo se hayan de presentar á cuerpo descubierto, y en uno y otro caso siempre que hallen un pelo de dificultad en la retirada nada intentarán. Esta pequeña definicion de su carácter es tan indeleble, que por lo mismo, sólo con tener cada pueblo de los de esta provincia cien varas de campaña limpia al rededor de sus casas, es cuasi suficiente defensa contra ellos, porque tienen como conocida la muerte si se. presentan á cuerpo descubierto á la entrada ó á la salida.

Con este presupuesto se manifiesta bien que desde la construccion de la casa fuerte de Yaviza cesaron los indios en sus hostilidades, por no atreverse á invadirla á causa de ser sumamente fuerte respecto á su modo de ofender, ni tampoco pasar más abajo de ella por senderos ocultos por no dejar á la espalda este padrastro y los castiguen en la retirada, de que tienen mucho cuidado. Igualmente se saca por consecuencia que la casa fuerte del Real de Santa María, ya no es nada útil en aquel paraje, como queda apuntado, porque cubiertas las avenidas con la de Yaviza, cuyo objeto tenia ántes el Real, ya se evidencia que es lástima no aumentar con su guarnicion la de Cana y en ello su pobre vecindario, para que tome aliento.

Que la casa fuerte de Yaviza es la defensa de esta provincia no hay que dudarlo; porque haciendo cotejo con el referido mapa, se evidencia que residiendo los indios en las cabeceras del rio Chucunaque y no en otro, á excepcion del de Savanas, y por lo mismo se aplican á Chapigana los soldados solteros que sobren del Real, se sigue que para bajar más abajo á sus hostilidades ha de ser precisamente por dicho Chucunaque, lo que no pueden verificar, porque su casa fuerte se lo estorba.

Si intentaren hacerlo tierra á tierra bajando por las cabeceras de los rios Ucurganti, Tuqiiesa, Tupiza, Yaviza, &c, que lo dificulto, porque los indios no hacen sus empresas á tanta costa, en tal caso indispensablemente tienen que tropezar con los pueblos de Parciales, Pinogana y Molineca, precisando á éstos á que tomaran partido con aquellos, lo que se hace. incompatible por ser los parciales cuasi enemigos declarados de los rebeldes desde que los de Chucunaque llevaron á sangre y fuego el año de 59 el pueblo de Parciales, situado en rio Yaviza, trasladado y puesto á cubierto despues, por este motivo, en Tichiche, y desde entónces recíprocamente se hostilizan. Y si bajaran serian fácilmente cortados por los caminos que van desde este fuerte á aquellos dos pueblos, no teniendo más retirada por parte alguna.

Tampoco pueden emprender los rebeldes alguna idea bajando por el rio de Savanas, á causa de que teniendo por aquella parte el rio principal de la provincia más de una legua de ancho con marejada continua, y el fuerte de Chapigana, al que primero deben rendir, y venir descubiertos en la expuesta atravesía. Por todos estos embarazos tampoco se debe presumir lo intenten por allí.

Ni se piense que por el terreno que intermedia entre el rio de Savanas y la casa fuerte de Yaviza pueden pasar á lo restante de la provincia, lo uno, porque es necesario vadear el rio principal, que no pueden por su profundidad, y lo otro, porque siendo todo el enunciado terreno compuesto de anegadizos, corozales, pitales, cativos, &c, no les permite paso sino es con mucho trabajo, al que sus empresas no se acomoda.

Un medio mucho más fácil que los antecedentes pero de mayor estímulo al pronto fomento de esta provincia, para que las gentes ocurran á ella á traficarla, estimuladas de los intereses que la circulen, consiste en que V.E. haya de sostener con toda su autoridad el que se pague á la tropa, ya que no cada mes, como tan benignamente se ha servido mandar, á lo ménos cada cuatro, como piensa el Gobernador de Panamá, pues no se puede oir sin gravísimo dolor, el que estos pobres soldados hayan de sufrir 16 ó 18 meses sin ser socorridos como siempre han experimentado, y ahora se verifica que lo devengado por todo el año de 73 se les viene á pagar por Mayo ó Julio del presente 74. Otros señores antecesores de V. E. han propendido igualmente á este alivio mandando que se pagase cada cuatro meses; pero los oficiales reales de aquellas cajas, viciados siempre en decir que no hay dinero, han truncado esta utilísima providencia con el frívolo pretexto de que no tienen caudales en las arcas reales, siendo incierto, y que de los de Lima solamente señalados á este fin se deben socorrer.

Para ocurrir á esta necesidad tratando yo de remedio, al pasar por Panamá, con el Administrador de la Real renta de tabacos, hombre celosísimo por el mejor servicio del Rey, me ofreció, que siendo V.E. servido, se le diese á él la órden en caso de que no hubiera caudales en cajas, que lo supliria cada cuatro meses del ramo de aquellas rentas, hasta que se verificase la remision de Lima. Así lo pongo en la alta consideracion de V. E, como corresponde, en el supuesto cierto de que no corriendo con frecuencia este dinero en la provincia, para que pase por mano de todos Porque ahora sólo son únicamente uno ó dos los que se utilizan, es en vano toda aplicacion á su fomento.

No sólo las providencias temporales han de ser las árbitras en el fomento de esta provincia, tambien las espirituales deben poner su piedra que sirva como de basa sobre que hayan de estribar todas las de esta útil obra. En cuya inteligencia y consecuente todo lo expuesto, es muy conducente é indispensable á la mayor honra y gloria de Dios, que V.E. precise al Reverendo Obispo de Panamá provea en cada pueblo de indios de ella de un Cura, que á pié fijo se mantenga al cuidado de sus feligreses, pues nadie creerá, sin la mayor admiracion, que en el domingo de las presentes Pascuas de Resurreccion, en ninguno de ellos ha habido misa por el capricho del Vicario y otro Párroco, porque siendo dichos feligreses acabados de sacar de la gentilidad, exige su instruccion y buen ejemplo otra aplicacion de la que experimentan. El pueblo de Pinogana, que es el principal de los de esta clase, apénas ve á su Cura áun los dias de fiesta, porque residiendo en el de Molineca, si el rio está crecido ó el tiempo malo, el Cura no sale de su casa para administrar en aquel los sacramentos, y si por casualidad llega, ya el enfermo no los alcanza. Tiene obligacion de poner un Teniente; pero con el pretexto de decir que no lo halla, se lo toleran y se tira toda la renta por entero, que creo es el principal objeto de su política.

Lo propio le sucede al de Tichiche, que siendo su anexo el Real de Santa María, en éste y no en aquel reside el Cura, y los pobres indios se mueren sin confesion á cada paso, porque el rio no lo da fácil cuando lo necesitan. Los infelices no cesan de hacer representaciones sobre el particular, pero nada les aprovecha.

De la falta de Cura en cada respectivo pueblo, ademas de los perjuicios citados, resulta el que no tienen ocasion de aprender los indios el idioma castellano, porque no hay en el pueblo con quién hablarlo, cediendo al mismo tiempo en perjuicio del Estado, porque estos pobres vasallos recien convertidos y conquistados, experimentan que no les dan competente instruccion ni en nuestra política, ni en los dogmas católicos; luégo ¿qué juicio harán de él y de nuestra santa religion y qué consecuencias pueden resultar?

Por todo lo cual, para asegurar á los indios de esta provincia á nuestra religion y perfecta amistad, arraigando á los unos con los bienes raices que resultan de las sementeras del cacao, á que se les estimula, y á los otros obligándolos por medio de los sueldos propuestos, empeñándolos á todos á la educacion y estudio de los hijos, premiando el mérito del Cacique Estrada, como lo solicita, por ser tan utilísimo para las ideas del Gobierno; se fomentará esta provincia, se atraerán los indios del Golfo á nuestra amistad, y con unos y otros, ó con éstos solamente, se puede contribuir infinito á la fácil ocupacion de aquella parte de este Gobierno, como se premedita, por ser todas empresas que harán más y más memorable el desvelo de V. E. en su acertado Gobierno, por lo que en ellas con tanto aprovechamiento se interesa el real servicio.

Dios guarde á V.E. muchos años, como deseo.

Provincia de Sta. María la Antigua del Darien, á 5 de Abril de 1774.

Excelentísimo Señor.

ANDRES DE ARIZA

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