COMENTOS DE LA RICA Y
FERTILÍSIMA PROVINCIA DEL DARIEN. AÑO DE 1774.
REPRESENTACION.
Excelentísimo Señor.
Señor:
Desde mi ingreso al Gobierno de esta provincia de Santa María la Antigua del
Darien, no he dejado incesantemente de emplearme en la curiosa averiguacion de las
circunstancias del pais, modo de vivir de sus gentes, la pobreza en que se halla, el
poderoso séquito que al principio de este siglo disfrutaba y por qué causa desde
entónces vino en decadencia, cuando su fertilísimo terreno, ricas minas, rios cómodos y
regular temperamento debian conservarla en un poderoso aumento. Despues de un exámen
bastantemente prolijo, haciendo reflexion por la serie de los tiempos, vine á sacar por
consecuencia que su mucha riqueza fué la causa de su desolacion por la codicia de los
extranjeros que, celosos de la abundancia de oro que producian los minerales de Santa Cruz
de Cana y otros muchos que hay á la parte del Sur de dicha provincia, la saquearon tan
rigurosamente, que algunos á sangre y fuego llevaron la poblacion.
El año de 12 los ingleses, con el motivo de engrosar la tripulacion de sus
escuadras que navegaban en la mar del Sur, la pasaban por esta parte del istmo, y
entónces fué la primera vez que se saqueó á Santa Cruz de Cana, aunque sin el rigor de
pegar fuego á sus edificios ni hacer más hostilidad que robar, á fuerza de fuerza,
todas las riquezas y esclavos que tenian sus acomodados vecinos.
Los franceses la entraron á sangre y fuego á las órdenes de M. Cárlos Tibon,
que con 300 indios del Golfo y 80 de su nacion, de los foragidos que tenian inundada esta
esencial parte del istmo, cometieron tal crueldad por haber consentido en cierta
vulgaridad, que aquellas minas estaban sostenidas con columnas de oro, que en el todo no
se mentia.
Despues la sublevacion general de los indios á influjo de Luis García, indio
mestizo, que por los años de 26 y 27 sublevó todos los de esta provincia, por no haberle
premiado el Presidente de Panamá como lo habia ofrecido, la prision de M. Tibon y
sus compañeros, y en despique de este desaire, se hizo cabeza de la rebelion, y no
perdonó pueblo que no abrasara y crueldad que no cometiera, y aunque se tomaron algunas
providencias para su pacificacion, no surtieron mayor efecto, hasta que por cierta
discordia que tuvieron franceses é indios en lo escondido de los rios que habitaban,
empezaron á desunirse de la confraternidad que observaban; por cuyo accidente tomó
cuerpo la pacificacion, siendo el principal actor de ella el mulato Juan Rafael Simancas y
despues el mismo en compañía del Cacique don Bartolomé de Estrada, reducido por
Simancas, quienes consiguieron sacar más de cien familias para formar el pueblo de Cupe,
hoy Pinogana, y otros que se quedaron en la montaña bajaban de paz cuando querian.
En medio de la eficacia de Simancas y de Estrada continuaron algunos indios,
especialmente los del de Chucunaque, haciendo sus atentados, habiendo experimentado los
infelices moradores de esta provincia un dilatado tiempo de hostilidades como se cuenta
desde el año de 12 hasta el de 72, que recibieron las últimas.
Con esta serie de acaecidos, las personas de consecuencia y acomodo que habia en
la provincia, la fueron desamparando como igualmente otras que podian buscar su vida en
otra parte por no vivir con el continuo subsidio (como me refirió uno en Panamá) de
acostarse buenos y acaso amanecer hechos víctimas de la crueldad de los bárbaros, y
sólo permanecieron en ella el miserable destrozo de los muchos esclavos que tuvieron
algunos acomodados vecinos y algunos zambos y mulatos de ambos sexos, que el Gobierno de
Panamá fué remitiendo desterrados por sus vicios.
De cuatro ó seis años á esta parte se ha ido mitigando tanta hostilidad como
se experimentaba de los indios, cuya causa atribuyo con bastante fundamento á la peste
general de las viruelas, de la que han muerto muchos, así parciales como rebeldes; á las
hostilidades que les hicieron los del Chocó, hasta que los hicieron retirar bastantemente
á la parte opuesta de su residencia; á la construccion de la casa fuerte de Yaviza,
situada tan ventajosamente en los pasos precisos que tenian para bajar á cometer sus
crueldades; y á las continuas salidas del Cacique Estrada con las que se acabó de
limpiar de indios rebeldes todas estas inmediaciones.
Por lo que queda expuesto y por los reconocimientos que se han practicado este
año, se sabe de positivo que no han quedado más indios en la provincia que los que se
hallan situados sobre Calidonia en toda la parte opuesta al Norte de la cordillera
general, aunque éstos no se acercan por acá y tambien subsisten los que ocupan el rio de
Savanas á la entrada de dicha provincia, contra quienes se debe dirigir en la actualidad
todo el objeto para desalojarlos de aquel terreno.
Supuesto que la causa de la desercion y abandono de familias de esta provincia ha
sido el orígen despues de los robos de los extranjeros, las persecuciones de los indios,
parece correlativo proponer un medio con que cese aquella y se vuelva la provincia á
levantar de la miseria en que tanto tiempo estuvo sumergida, para cuyo efecto es necesario
dar más exactas noticias de sus circunstancias, especialmente de los indios, que me
prometo que habiendo ellos sido la causa de su desgracia, contribuyan ahora á hacerla
feliz.
Tres pueblos de indios que hay en esta provincia, á saber, Pinogana, Molineca y
Tichiche, son de gente recogida en la aspereza de las montañas, así de esta provincia
como de las de la parte del golfo del Darien, perteneciente éste á la Gobernacion de
Cartagena. Los cuales, á esfuerzos (como se ha dicho) de la aplicacion y celo del Cacique
de Pinogana, don Bartolomé de Estrada, y del intérprete Juan Rafael Simancas, criollo de
Cartagena, qúe desde niño hecho prisionero (navegando á Tolú) por el pirata Petitpié,
criándose despues en rio Tigre, los fueron atrayendo, ya de grado á los principios y ya
al fin por fuerza desde los enmarañados parajes donde se hallaban hasta hacerlos capaces
de la ley evangélica por medio del párroco que han pedido.
El expresado Cacique ha continuado esta grande obra atrayendo mucho número de
aquellas familias, no tan solamente para su pueblo sino tambien para el de Molineca (cuyo
Cacique, nombrado don José Graciliano del Castillo Sombrero de Oro) estimulado acaso de
la eficacia de Estrada, salió tambien una vez á recoger gente para el suyo.
Igualmente los de Tichiche (que actual no tienen Cacique y les hace bastante
falta), pueblo formado de varios trozos de otros que en la sublevacion general no
quisieron tomar parte y son, sin disputa, muy leales españoles, han hecho sus salidas y
trajeron algunas familias para el suyo.
Para el Gobierno político que tienen entre sí estos tres pueblos, hay en cada
uno un Cacique, que es el Jefe superior con 15 pesos de sueldo al mes, y de los indios de
mayor distincion hay un Capitan, un Ayudante, un Teniente y un Alférez con patentes del
Gobernador de Panamá, y aunque no tienen sueldo se presentan con mucha decencia y
ostentacion. Asociados de estos magnates el resto de los pueblos respectivos nombran cada
año para las administraciones de justicia dos Alcaldes, que para su confirmacion vienen
á esta capital, y el Gobernador en señal de posesion, les entrega la vara, haciéndoles
la correspondiente arenga. Tambien nombran dos Alguaciles, con cuyas cabezas se mantienen
los pueblos tan exactamente gobernados, que no tienen que envidiar á los más cultos.
En medio de que todos los expresados indios manifiestan tener bastante amor á la
religion y al Rey, algunos vecinos de conocimiento de la provincia desconfian de su fe y
les tienen miedo, tal vez por conocerlos con poco tiempo de religion, de aspecto nada
afable, intrépidos y de inconstante condicion, ó tal vez porque algunos de ellos en las
no muy antiguas hostilidades que hicieron á los españoles, tuvieron gran parte en la
muerte de algunos, ya parientes o ya amigos, cuyo duelo les aflige, y esto es lo más
probable de su desconfianza.
Impuesto yo de todas estas noticias, voy experimentando lo contrario. Tanto por
el motivo de haber venido los indios á cumplimentarme como su jefe recien venido, los
trate con particular política, que no siempre experimentaban, siendo en su genial modo
indispensable diligencia, y en cuanto pude los obsequié. Por cuya causa jamas han faltado
ya de un pueblo y ya de otro, á venir á visitarme los magnates, trayéndose algunos
indios para su servicio, que igualmente he procurado agradar, como tambien por haberme
hallado en sus pueblos, inspeccionando con cuidado su vida civil, regularmente religiosa y
subordinada á los ministros del Rey, como se ha verificado ántes de ahora en algunas
diligencias del Real servicio y últimamente en las expediciones que de mi órden han
practicado acompañándoles algunas veces en los reconocimientos de montes, rios y
caminos, sin más costo de la Real Hacienda que algunas municiones y otros pequeños
comistrajos.
Noté tambien en ellos mucha aplicacion á la agricultura, pues con ella no tan
solamente cuasi abastecen á Panamá de plátanos, sino que tambien con sus frutos
sustentan á toda esta provincia y en el dia cultivan más de 10,000 piés de cacao.
No obstante lo expuesto, no salgo por fiador de la buena ó mala fe, Constancia y
religion de los indios, porque en poco más de tres meses que han pasado desde que tomé
posesion del Gobierno, aunque puse el mayor ciudado en observarlos, mal pude haber
conseguido á fondo el conocimiento de todas sus formales inclinaciones.
Pero para que algun medio político afiance con el interes su constancia y se
pueda con toda satisfaccion emprender cualquiera idea conveniente al Gobierno y que ellos
por su parte contribuyan no tan solamente á las operaciones de esta provincia contra los
rebeldes, sino tambien á la pacificacion de los del Golfo en la parte de Cartagena,
resultando de todo el mejor fomento de Santa Cruz de Cana, que sin obstáculo del terror
que tienen impreso estas gentes á los indios, los vean por todas partes reducidos afectos
con perfeccion á nuestra nacion y religion.
Para lograr todas estas ventajas, me parece conveniente premiar al Cacique
Estrada su singular mérito, que lo tiene como consta de los adjuntos documentos,
señalándole, como lo pretende, sobre el sueldo de 15 pesos que goza, otros tantos más
cada mes con el nombramiento de Coronel y Cacique general de todos los indios de la
provincia, libradas todas estas gracias por la superioridad de V. E, como las obtuvo don
Felipe Orinia quiche por el Excelentísimo Señor don Sebastian de Eslaba, aprobada de S.
M, cuyo empleo en éste recae con bastante justicia y puede ser infinitamente importante
al servicio de ambas majestades, segun el estado presente de la provincia y ocupacion del
Darien á la parte del Norte.
Que al intérprete Juan Rafael Simancas, en premio de sus utilísimos servicios,
se le dé alguna cosa más sobre el sueldo de 13 pesos que actualmente tiene por su plaza
y atento á su avanzada edad se le libre á su hijo Simon, habido en una india y casado
con otra, la futura á la plaza de su padre con el sueldo de su dotacion (ó dos pesos
ménos por no tocar inconvenientes respecto á la raza de mulato) por ser sugeto aparente
para su cabal desempeño, y por su muerte puede tambien cesar para siempre la plaza, pues
ya habrá jóvenes instruidos en cada pueblo.
Que en cada uno de los tres mencionados se creen nuevamente dos sueldos (es
conforme á la voluntad de S. M. sobre el levantamiento del regimiento de la Reina, cuya
órden circular leí varias veces en el archivo del Gobierno de Cartagena) señalando á
los Capitantes 13 pesos cada mes y á los Ayudantes á 12, y tambien será importante que
al Cacique de Molineca se le señale alguna pequeña gratificacion por el tiempo de su
vida, para ocurrir por este medio á cualquiera género de disgusto, pues aunque no ha
hecho más de una salida á buscar familias para su pueblo, ni tiene la eficacia de
Estrada, empero ha estado muy obediente á cuanto. se le ha mandado, habiéndose hecho
respetable entre los indios por su afluencia en el idioma castellano, que saben con
propiedad él y sus hijos, como tambien leer y escribir, que nada de esto saben los demas
á excepcion del Ayudante de Tichiche, don Leoncio de Alcedo.
Puestos en práctica estos pequeños sueldos y gratificaciones, recaen justamente
en sugetos de distincion, valor y respeto entre los indios, los cuales son capaces de
contener cualquier atentado entre la plebe, y por consiguiente queda asegurada por este
medio la provincia de aquel recelo que aún reside en los ánimos de los antiguos
españoles, y en el expresado Ayudante de Tichiche se premia la muerte de su padre, que
siendo Capitan de dicho pueblo, lo mataron los rebeldes en comision del real servicio,
cuando fué á reconocer el rio de Savanas, que se pensaba ocupar.
Para que á la Real Hacienda no se le aumente este nuevo desembolso, se puede
disponer por V. E, si lo graduare por conveniente, que la subsistencia de las seis plazas
creadas para los indios salgan de otras tantas de soldados milicianos, que en la total
fuerza de los que tiene esta provincia se pueden suprimir. Pues de mucha más importancia
será para la defensa de la misma tener otros tantos indios de la mayor autoridad afectos
á nuestra nacion (que aún cuando no lo fueran por el honor, que en algunos ya reside,
seguramente lo serian por el interes que los domina) que seis milicianos, pues sin ellos
se puede hacer cualquiera defensa.
Asegurada la buena fe de los pueblos de Pinogaria y Molineca, en que me parece no
hay que dudar ni ménos en los de Tichiche, por tener dado unos y otros ya suficientes
pruebas de ello, está por demas la casa fuerte del Real de Santa María, cuyo objeto
ántes de situar tan ventajosamente las de Yaviza, era cubrir la provincia contra las
avenidas de los indios; pero mejorada la defensa y asegurados los dos pueblos que tiene en
su cercanía, se puede con los casados de su guarnicion aumentar la poblacion y fuerza de
la de Cana, con cuya providencia tomará otro cuerpo el cadavérico de aquel rico Real de
minas; pues con estos y algunos más que el Gobernador de Panamá remita de resultas de
las sentencias en causas judiciales ó de otro modo, como se le ha pasado oficio, logrará
volver en sí del cuasi total abandono en que se halla, pues á no haber sido por las
acertadas providencias de V.E, ya se hallara yermo aquel importante y rico terreno.
Los soldados solteros de la dicha guarnicion del Real se deben aumentar á la de
Chapigana, para que éstos, en consorcio de los otros que tiene, conserven un bote ó
piragua esquifado con dos pedreritos, recorriendo en tiempo de verano, ó cuando se
considere útil, la entrada de esta provincia hasta la punta de San Lorenzo, por el riesgo
que tienen en aquel distrito las embarcaciones del tráfico que vienen á ella. Esta
diligencia es muy importante, tanto para sostener la entrada y tráfico, como queda dicho,
como para contener los indios en el rio de Savanas (que no sólo se comunican con los de
Chepo, Chucunaque y Calidonia, sino con los extranjeros situados por las islas Mulatas)
haciendo en dicho rio Savanas algunas entradas cuando se considere conveniente, para que
los indios conozcan se vigila sobre su rebeldía, pues bastante causa será ésta respecto
de su cobardía para hacerlos retirar á las cabeceras; para que por nosotros se vaya
poblando la entrada al abrigo acaso de una casa fuerte como la de Taviza ó Chapigana, que
le costará muy poco al Rey y por consiguiente Su subsistencia, porque en tal caso debe
pasarse á ella la guarnicion de Chapigana, por ser aquélla y no ésta la que ha de
resistir los choques contra los indios, y con sólo una guardia de seis ú ocho hombres
para cuidado de las embarcaciones y mansion de las gentes, tiene suficiente aquel fuerte
para este efecto.
Para manifestar á V. E. demostrativamente el fundamento de las razones que dejo
expuestas, la situacion ventajosa que tiene la casa fuerte de Yaviza, la disposicion y
curso de los caminos y rios inmediatos á ella, por los cuales interceptándolos con gran
facilidad se pueden castigar desde aquel avanzado paraje cualquiera atentado que quisieran
cometer los rebeldes en los pueblos que están bajo su defensa, me ha parecido conveniente
hacerlo patente por medio del adjunto mapa, por el cual se viene en conocimiento de todo
lo que dejo expuesto de su terreno, entradas y salidas.
Estando tan notoriamente conocida la cobardía de los indios, se ha de suponer,
primero, para hacer juicio de sus ideas, que las empresas de los de esta nacion han de
constar precisamente de dos cualidades, á saber: sorpresa contra poca fuerza y emboscada
en donde por ningun motivo se hayan de presentar á cuerpo descubierto, y en uno y otro
caso siempre que hallen un pelo de dificultad en la retirada nada intentarán. Esta
pequeña definicion de su carácter es tan indeleble, que por lo mismo, sólo con tener
cada pueblo de los de esta provincia cien varas de campaña limpia al rededor de sus
casas, es cuasi suficiente defensa contra ellos, porque tienen como conocida la muerte si
se. presentan á cuerpo descubierto á la entrada ó á la salida.
Con este presupuesto se manifiesta bien que desde la construccion de la casa
fuerte de Yaviza cesaron los indios en sus hostilidades, por no atreverse á invadirla á
causa de ser sumamente fuerte respecto á su modo de ofender, ni tampoco pasar más abajo
de ella por senderos ocultos por no dejar á la espalda este padrastro y los castiguen en
la retirada, de que tienen mucho cuidado. Igualmente se saca por consecuencia que la casa
fuerte del Real de Santa María, ya no es nada útil en aquel paraje, como queda apuntado,
porque cubiertas las avenidas con la de Yaviza, cuyo objeto tenia ántes el Real, ya se
evidencia que es lástima no aumentar con su guarnicion la de Cana y en ello su pobre
vecindario, para que tome aliento.
Que la casa fuerte de Yaviza es la defensa de esta provincia no hay que dudarlo;
porque haciendo cotejo con el referido mapa, se evidencia que residiendo los indios en las
cabeceras del rio Chucunaque y no en otro, á excepcion del de Savanas, y por lo mismo se
aplican á Chapigana los soldados solteros que sobren del Real, se sigue que para bajar
más abajo á sus hostilidades ha de ser precisamente por dicho Chucunaque, lo que no
pueden verificar, porque su casa fuerte se lo estorba.
Si intentaren hacerlo tierra á tierra bajando por las cabeceras de los rios
Ucurganti, Tuqiiesa, Tupiza, Yaviza, &c, que lo dificulto, porque los indios no hacen
sus empresas á tanta costa, en tal caso indispensablemente tienen que tropezar con los
pueblos de Parciales, Pinogana y Molineca, precisando á éstos á que tomaran partido con
aquellos, lo que se hace. incompatible por ser los parciales cuasi enemigos declarados de
los rebeldes desde que los de Chucunaque llevaron á sangre y fuego el año de 59 el
pueblo de Parciales, situado en rio Yaviza, trasladado y puesto á cubierto despues, por
este motivo, en Tichiche, y desde entónces recíprocamente se hostilizan. Y si bajaran
serian fácilmente cortados por los caminos que van desde este fuerte á aquellos dos
pueblos, no teniendo más retirada por parte alguna.
Tampoco pueden emprender los rebeldes alguna idea bajando por el rio de Savanas,
á causa de que teniendo por aquella parte el rio principal de la provincia más de una
legua de ancho con marejada continua, y el fuerte de Chapigana, al que primero deben
rendir, y venir descubiertos en la expuesta atravesía. Por todos estos embarazos tampoco
se debe presumir lo intenten por allí.
Ni se piense que por el terreno que intermedia entre el rio de Savanas y la casa
fuerte de Yaviza pueden pasar á lo restante de la provincia, lo uno, porque es necesario
vadear el rio principal, que no pueden por su profundidad, y lo otro, porque siendo todo
el enunciado terreno compuesto de anegadizos, corozales, pitales, cativos, &c, no les
permite paso sino es con mucho trabajo, al que sus empresas no se acomoda.
Un medio mucho más fácil que los antecedentes pero de mayor estímulo al pronto
fomento de esta provincia, para que las gentes ocurran á ella á traficarla, estimuladas
de los intereses que la circulen, consiste en que V.E. haya de sostener con toda su
autoridad el que se pague á la tropa, ya que no cada mes, como tan benignamente se ha
servido mandar, á lo ménos cada cuatro, como piensa el Gobernador de Panamá, pues no se
puede oir sin gravísimo dolor, el que estos pobres soldados hayan de sufrir 16 ó 18
meses sin ser socorridos como siempre han experimentado, y ahora se verifica que lo
devengado por todo el año de 73 se les viene á pagar por Mayo ó Julio del presente 74.
Otros señores antecesores de V. E. han propendido igualmente á este alivio mandando que
se pagase cada cuatro meses; pero los oficiales reales de aquellas cajas, viciados siempre
en decir que no hay dinero, han truncado esta utilísima providencia con el frívolo
pretexto de que no tienen caudales en las arcas reales, siendo incierto, y que de los de
Lima solamente señalados á este fin se deben socorrer.
Para ocurrir á esta necesidad tratando yo de remedio, al pasar por Panamá, con
el Administrador de la Real renta de tabacos, hombre celosísimo por el mejor servicio del
Rey, me ofreció, que siendo V.E. servido, se le diese á él la órden en caso de que no
hubiera caudales en cajas, que lo supliria cada cuatro meses del ramo de aquellas rentas,
hasta que se verificase la remision de Lima. Así lo pongo en la alta consideracion de V.
E, como corresponde, en el supuesto cierto de que no corriendo con frecuencia este dinero
en la provincia, para que pase por mano de todos Porque ahora sólo son únicamente uno ó
dos los que se utilizan, es en vano toda aplicacion á su fomento.
No sólo las providencias temporales han de ser las árbitras en el fomento de
esta provincia, tambien las espirituales deben poner su piedra que sirva como de basa
sobre que hayan de estribar todas las de esta útil obra. En cuya inteligencia y
consecuente todo lo expuesto, es muy conducente é indispensable á la mayor honra y
gloria de Dios, que V.E. precise al Reverendo Obispo de Panamá provea en cada pueblo de
indios de ella de un Cura, que á pié fijo se mantenga al cuidado de sus feligreses, pues
nadie creerá, sin la mayor admiracion, que en el domingo de las presentes Pascuas de
Resurreccion, en ninguno de ellos ha habido misa por el capricho del Vicario y otro
Párroco, porque siendo dichos feligreses acabados de sacar de la gentilidad, exige su
instruccion y buen ejemplo otra aplicacion de la que experimentan. El pueblo de Pinogana,
que es el principal de los de esta clase, apénas ve á su Cura áun los dias de fiesta,
porque residiendo en el de Molineca, si el rio está crecido ó el tiempo malo, el Cura no
sale de su casa para administrar en aquel los sacramentos, y si por casualidad llega, ya
el enfermo no los alcanza. Tiene obligacion de poner un Teniente; pero con el pretexto de
decir que no lo halla, se lo toleran y se tira toda la renta por entero, que creo es el
principal objeto de su política.
Lo propio le sucede al de Tichiche, que siendo su anexo el Real de Santa María,
en éste y no en aquel reside el Cura, y los pobres indios se mueren sin confesion á cada
paso, porque el rio no lo da fácil cuando lo necesitan. Los infelices no cesan de hacer
representaciones sobre el particular, pero nada les aprovecha.
De la falta de Cura en cada respectivo pueblo, ademas de los perjuicios citados,
resulta el que no tienen ocasion de aprender los indios el idioma castellano, porque no
hay en el pueblo con quién hablarlo, cediendo al mismo tiempo en perjuicio del Estado,
porque estos pobres vasallos recien convertidos y conquistados, experimentan que no les
dan competente instruccion ni en nuestra política, ni en los dogmas católicos; luégo
¿qué juicio harán de él y de nuestra santa religion y qué consecuencias pueden
resultar?
Por todo lo cual, para asegurar á los indios de esta provincia á nuestra
religion y perfecta amistad, arraigando á los unos con los bienes raices que resultan de
las sementeras del cacao, á que se les estimula, y á los otros obligándolos por medio
de los sueldos propuestos, empeñándolos á todos á la educacion y estudio de los hijos,
premiando el mérito del Cacique Estrada, como lo solicita, por ser tan utilísimo para
las ideas del Gobierno; se fomentará esta provincia, se atraerán los indios del Golfo á
nuestra amistad, y con unos y otros, ó con éstos solamente, se puede contribuir infinito
á la fácil ocupacion de aquella parte de este Gobierno, como se premedita, por ser todas
empresas que harán más y más memorable el desvelo de V. E. en su acertado Gobierno, por
lo que en ellas con tanto aprovechamiento se interesa el real servicio.
Dios guarde á V.E. muchos años, como deseo.
Provincia de Sta. María la Antigua del Darien, á 5 de Abril de 1774.
Excelentísimo Señor.
ANDRES DE ARIZA