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15. De cómo quedando el
Gobierno de la Audiencia por muerte del Licenciado Briceño en los
Licenciados Auncibay, Catina y Dr. Mesa, robaron a los naturales sus
haciendas y sobre ello, murieron muchos de los caciques e indios.
Demás desto, por sus
pecados o por lo que Dios Nuestro Señor es servido, estando yo ausente y en
esta Corte clamando por ellos, ante V.M. y ante los del Real Consejo de las
Indias, como parecerá por los escritos y memoriales y querellas que di y
presenté, se verá largamente de todo lo sucedido en el Gobierno de aquel
Reino y Audiencia Real por muerte del Presidente della, por los
Licenciados Auncibay, Cetina y el Dr. Mesa, hombres de poca edad y menos
experiencia del Gobierno de Indias, viéndose poderosos en el mando de todo
aquel Nuevo Reino, de tal manera que en ellos se sembró la codicía, que,
buscando modos y maneras para que pudiesen satisfacer y hartar sus
ambiciones y sed que tenían de oro y esmeraldas, so color de que
idolatraban los indios y que convenía al servicio de Dios y de V.M.
quitarles los ídolos en que adoraban salió el uno de ellos por la
Provincia de Santafé y el otro a la Provincia de Tunja; hicieron las
mayores crueldades y robos que hombres han hecho, pidiéndoles a los
miserables indios y caciques que exhibiesen ídolos de oro, dándoles
tormento de garrocha y de cuerda por los genitales y otra forma de tormentos
ignominiosos, que muchos de ellos murieron muerte natural y los que eran señores
principales de verse ansí afrentados entre sus naturales, tenían por mejor
irse a los desiertos y ahorcarse de los árboles, desesperando de todo, como
parecerá por bastante información que en esta Corte se hallará, que sobre
ello hicieron el primer Visitador y el segundo, mas al cabo de lo que ves
vatólico Rey, los miserables murieron y sus haciendas les robaron, dejaron
sus mujeres viudas, sus hijos huérfanos y otras mil lástimas, porque
viendo padecer en los tormentos los míseros indios a sus principales y que
la pretención y fin de estos Oidores y sus criados y otras personas era el
oro, por redimir a sus deudos y las mujeres a sus maridos, quitaban las
paternas y gargantillas y otras joyas que traían de oro en sus personas,
las cuales fundían haciendo carátulas y otras formas de ídolos para
salvarlos si pudiesen y llegó a tanto desorden esto, que cualquier español
que tenía a cargo indios usaba de estos menesteres y granjerías y gozaban
del tiempo y sacaron de esta manera gran suma de oro, de todo lo cual
ninguna cosa se manifestó para que de ella V.M. fuese pagado de sus reales
quintos, antes se solapó en no manifestarlo porque no se entendiese la
cantidad que habían robado a los pobres indios y usaron de un modo para
distribuir asta suma grande de dineros; pregunaron públicamente que cada
uno pudiese marcar todo el oro que tuviese fundido sin pagarlos derechos
pertenecientes a V.M., una cosa la más terrible y escandalosa que jamás en
aquellas partes se había hecho, porque no se contentaron con robar y matar
a los miserables indios y caciques, sirio que a V.M. usurparon vuestro
real patrimonio, porque resulto de semejante tiempo y libertad que cada cual
tenía su fundición y aun marcar con que marcaban barras y tejos fuera del
ensayo y fundición de V.M. que de estas cosas y delitos y de otros
atrevimientos les supo tan mal la Visita que V.M. envió a aquel Nuevo Reino
y sucedió lo que ha sucedido en desobedecer a vuestro Juez Visitador y
tener en tan poco vuestras reales firmas y quedar nosotros miserables
robados y destruidos, muertos nuestros deudos y parientes, que si V.M. esto
no manda remediar, crecerá mayor mal y los pobres lo habíamos de padecer
como siempre en nuestras personas y vidas y V.M. en vuestras reales rentas y
aún en vuestra real conciencia, porque todo lo que está dicho clama a Dios
y a V.M. pidiendo remedio y justicia.
16. De cómo ordenaron otro
modo de rebusca por sí a los míseros indios se les había quedado algún
rastro de oro.
Pues usaron de otro remedio
y consuelo para los míseros indios por si les quedaba alguna rebusca y
rastro de oro, dio orden el Presidente doctor Armendáriz como Gobernador,
que ningún indio trujase yagua ni caballo sin un cierto yerro que inventó
para aprovechar a sus criados y les señaló que por cada cabeza que
herrasen llevasen dos tomines de oro, que aún si se guardase como está
dicho, era medio mal, mas so color de esto, salía la persona a quien
vuestro Gobernador quería aprovechar a usar del yerro por los pueblos de
los indios y se hallará por información en esta vuestra real Corte qué se hizo por los Visitadores, llevar a peso de
oro y otros robos que hacían a los pobres indios so color de esta comisión;
sacaron en ambas Provincias gran suma de oro, que es la mayor lástima y
crueldad que se puede pensar y ansí los míseros naturales con estas cosas
y otras muchas que especificarlas en particular sería prolijidad, están
pobres y míseras que no pudiendo vestirme como solían de ropa de algodón,
que es lo que tienen, cubren ahora sus carnes con unas mantillas que hacen
de lana y viven trabajosa y miserablemente, como se puede ver toda a vista
de ojos y esto ha causado mucha parte de afligirse los naturales y acabarse
viéndose tan perseguidos por tantos modos y maneras vejados y molestados.
17. De una orden que se dio
para que los indios se alquilasen y el engaño que en ello se hace a los
pobres indios.
Demás de lo que está
dicho, usan una cruedad con aquellos miserables naturales del Nuevo Reino de
Granada, que tengo por mayor crueldad y robo publico, que las que hasta
aquí se han dicho y pasa en la Provincia da Tunja donde yo soy Cacique, y
es que los Gobernadores con buen celo, entendiendo sería en pro de los
naturales y republica de los españoles, dieron orden que cada pueblo y
cacique diese cierta cantidad de indios que llaman mitayos para que en la
plaza de la ciudad de los españoles se alquilen por quince días para que provean a la ciudad de leña y yerba y
otros servicios personales pegándoles su trabajo, con lo cual fuerzan a los
pobres naturales a que lo cumplan y por los dichos quince días se les señaló
cuatro tomines que llaman de oro corriente, que es de una ley y quilates que
jamás han visto cristianos tratarme semejante moneda, porque certifico a
V.M. que me aconteció sobre esto una lástima y simpleza con vuestros
indios principales que a cualquier pecho cristiano causará compasión
entender lo que se usa con aquellos míseros naturales que aunque sea largo
en este capítulo para que V.M. entienda lo que pasa sobra esto, lo diré,
y es cómo los indios no conocían ley ni quilate en este metal de que se
hacía paga por el trabajo de los quince días de mitayo, hacía poco que se
habían repartido entre todos los indios que eran bautizados Bulas de la
Santa Cruzada y sobre ello les había yo dicho la mucha merced que por medio
de V.M. el Santo Padre les hacía en enviarles tantas indulgencias y gracias
como se contenían en aquellos papeles y Bulas que les daban, que lo
tuviesen a mucha ventura haber alcanzado tiempos que nunca nuestros
antepasados merecieron alcanzar ni gozar ni otras cosas que les di a
entender, como Dios fuese servido traerme a la memoria, y ansí no
conociendo ley en el dicho oro que por los quince días les habían pagado a
cada indio por su trabajo, acordaron preguntar que si aquel metal era de
la tierra del Santo Padre o cosa que por ello ganaban algunas indulgencias y
perdones y que venían a mi para que les determinase sobre ello porque si
era ansí, sólo a los indios bautizados les competía y obligaba aquella
servidumbre y trabajo de los dichos quince días, y como yo vi que era
maldad del que les había hecho la paga, viendo que era el metal que me enseñaron
pedazos de candelero que les habían hecho recibir por paga en lugar de oro
y luego les desengañé, diciéndoles que era mal hecho, que no era ninguna
cosa de las que pensaban y la intención del Gobernador de V.M. era que se
les pagase por su trabajo en muy buena moneda de oro y no en aquel falso
metal y las dije que daría noticia de ello y de otras cosas que sobre esto
pasaban a vuestra Real Audiencia para que lo remediasen y ansí lo hice,
siendo Presidente en aquel Reino el doctor Venero de Leiva, como parecerá
por los escritos y pedimentos que hice, porque los trabajos que en esta
perversa orden, demás de estos engaños que les hacen por ser simples y
miserables, les lastima lo que usan con ellos, porque sabrá V.M. que usan
los españoles y aun los clérigos en ellos una granjería excesiva de
ganancia, de alquilar indios mitayos que por los quince días que los
alquilan por los dichos cuatro tomines, los ocupan en cosas y servicios que
les sale al cabo de ellos a más del ochocientos
por ciento, porque hacen que el pobre indio traiga por cada día una madera para maderar casas, la cual, el alquilador la
vende por cinco o seis tomines de buen oro y son más, y como el miserable
indio piensa que este servicio es deuda de obligación forzosa que ha de
cumplir, el que tiene parientes ocupa en todos aquellos quince días su
parentela de acarrearles esta madera y cumplen con lo que les piden y ansí
se ayudan unos y otros, diciendo que por su tasa pasarán lo mesmo por
ellos, y el que no la tiene, alquile otros que le ayuden y le cueste al
miserable indio al tres doble de lo que paga de tributo, y sí es indio
pobre y no emparentado, es la mayor lástima de la forma que padece, porque
me ha acontecido topar indio en el camino de estas alquilados, llevando le
carga de trecho en trecha, yendo y viniendo para acercarse a la ciudad, no
teniendo persona que le ayude sino su mujer y un hijuelo que llevaba la
comidilla y un hermanillo a cuestas y del trabajo la pobre mujer haber
malparido y tenerla junto al camino real muriendo el desventurado indio,
afligido, viendo que por tres partes le amenazaban tres sentencias, a la
una, que si no llagaba a la ciudad al tiempo que era obligado, el
Administrador lo había de azotar amarrado en el rollo, como lo tienen de
costumbre, faltando de esta cruel y perversa servidumbre, y la segunda, ver
perecer a su mujer en aquel desierto, que era en donde hace un frío
intolerable, y a la tercera, el temor que tenía del doctrinero que le había
de azotar porque sacó el hijo de la doctrina para que le ayudase, que en la
ley divina y humana le estaba bien permitido valerse de sus hijos, y al cabo
de todo esto, no poder remediar el miserable indio ninguno destos trabajos y
viendo semejantes crueldades forzado de esta compasión y lástima de
aquellas miserables personas, les iba a la mano y les decía a vuestros
Jueces que se remediase porque era un proceder de consumirlos y acabarlos, y
ansí por volver por ellos y procurar de que se cumpliese vuestra real
intención en aquello que habla sobre el aumento y conservación de los
naturales, nació contra mí el odio que siempre han tenido los que ansí
maltratan y consumen aquellos naturales, mostrándolo bien en los trabajos
y persecuciones que he tenido, sólo por esto y por darles a entender a
aquellos pobres indios que tenemos Dios y un Rey cristianísimo, que de
semejantes cosas y engaños y robos no son cristianísimamente proveídas
para la conservación, paz y quietud en todos sus reinos y señoríos y
odiado por esta asistencia y celo.
18. De cómo la tierra quedó
en mayor opresión que jamás ha estado por las pasiones de los Jueces.
Pues el remedio que al
presente tienen en el dicho Nuevo Reino de Granada con los Jueces nuevos que
enviaron para atajar y remediar lo que está dicho, certifico a V.M. que
casi no oso tratar de ello, que parece que por los pecados de aquellos míseros
naturales sucede y se rodean las cosas, de forma que aunque los hombres
recibamos mil agravias por las personas que de acá son enviadas y las
signifiquemos acá de la forma que realmente pasan y suceden, entienden los
que nos oyeron semejantes quejas y peticiones, no ser ni pasar ansí, y que
hablemos y nos quejemos de vicio, considerando que ninguna cosa nos
contenta, y porque sabrá V.M. que sí los que prendieron a vuestro
Visitador fueron crueles y desobedecieron vuestros mandatos y aporrearon y
maltrataron a vuestro Visitador, los que le sucedieron y están al presente
en aquella Audiencia, especialmente un Licenciado Salazar, que es el que
preside, ha dado en perseguir y destruír y afrentar a todos aquellos que
fueron en favor de vuestro Visitador y obedecieron vuestros mandatos, que no
ha sido parte el segundo Visitador para lo remediar, porque fue muy público
ansí como llegaron a sucederles en las plazas, los que habían estado en
ellas viendo que habían errado contra V.M. temiéndose del castigo que por
sus delitos y culpas merecían, se postraron a los pies de dicho Licenciado
Salazar llorando y diciendo que en su mano estaba su remedio, y edificó
tanto en él esta humildad que le hicieron, que luego puso por obra el dicho
Licenciado Salazar a hacer por aquellos que desobedecieron vuestras cédulas
y pisaron vuestra justicia y destruyeron vuestras vasallos en honra,
hacienda y vidas y atemorizó la tierra con perseguir a los que habían
servido y padecido por V.M. y que ninguno osase a pedir contra los que tanto
mal y daño hicieron y ansí se hallará ser verdad que mostrando la tierra
mucha alegría y contento con los Jueces nuevos que V.M. había enviado a
tiempo que tanta necesidad se tenía de ellos, dijo un desventurado español:
Bendito sea Dios que tenemos justicia en la tierra! y
acertó estar allí un criado del dicho Licenciado Salazar que le
replicó diciendo: Que cómo antes no la había habido. Y respondió el
desdichado como testigo de vista: “No por cierto, porque hasta aquí los
hombres no vivíamos seguros en nuestras casas ni obedecían cédulas del
Rey ni a sus Jueces, porque a su Visitador lo prendieron y le pelaron las
barbas y le encerraron en donde ni veía sol ni luna y amanecían Oidores
y Secretarias muertos que decían que les había dado apoplegía y a otros
que sobre un plátano bebió agua de que habían muerto. Y hablando este
hombre simplemente la verdad porque ansí había pasado, fue luego a decirlo
al dicho Licenciado Salazar y sin más réplica lo hizo subir en una bestia
y le dieron doscientos azotes por las calles que, sabido lo era, no fue
parte el nuevo Visitador para le impedir, por ser el tiempo que era, siendo
una cosa como fue tan sin consideración y fundamento y que no servía más
que para escandalizar y aterrorizar la tierra y que nadie no osase pedir
contra los Jueces pasados, no paró en esto, que para más claro mostrar su
intención, a un Notario del Santo Oficio que habían tenido preso y mandándolo
atormentar por los fines que a los Jueces pasados les pareció, quejándose
éste tal ante los Jueces nuevos, significando el agravio que se le había
hecho, el dicho Licenciado Salazar señalándose entre los demás, le amenazó
que le haría dar doscientos azotes y este fue el consuelo que le dieron de
lo mucho que padeció el pobre hombre en vuestro real servicio, y estando
asímismo con los demás presos un sobrino del Licenciado Monzón vuestro
Visitador, viendo que se afligían todos los presos al cabo de tanto tiempo
que padecían esperando el remedio, les consolaba en semejantes respuestas
escribiendo un billete al di cha Licenciado Salazar dándole cuenta del
desconsuelo que tenían los pobres presos habiendo esperado con tanto
trabajo el consuelo que por V.M. se esperaba y el billete escrito por una
orden muy cristiana suplicándole se compadeciese de ellos, luego
inmediatamente el dicho Licenciado Salazar, formó que había sido
desacatado haberle escrito sobre aquello por billete, sin más causa ni. razón
condenó al sobrina del dicho Visitador en seis años de galeras y sacado a
la vergüenza, y por esta orden a un Sotelo, que es procurador desde que se
fundó aquella vuestra Real Audiencia y ha servido muy bien y siendo de los
primeros conquistadores, por haber sido de la parte de vuestro Visitador y
pedido justicia en la dicha Visita, le privó y quitó el oficio de tal
Procurador, so color de lo que a él le pareció, por que a todos los que
habían sido en favor de la Visita, les procuró buscar delitos y procesos
de tiempos pasados para so color de ellos, destruírlos y asolarlos, como lo
hizo con vuestro Tesorero, que por haberse mostrado muy servidor de V.M. le
achacaron ciertos delitos y acumularon procesos de ahora veinte años, y a
un Gonzalo Velásquez de Porras porque pidió justicia ante el Visitador
contra los Jueces pasados, le arguyó que era hombre amancebado y lo tuvo
tres meses con unos grillos que bastaba un destierro o pena pecuniaria,
cuando fuese verdad semejante delito, siendo hombre casado y viejo y hacer
tanto tiempo que servía en aquella vuestra Real Audiencia, el cual no
contento con esta molestia, le privó del dicho oficio de portero y quedó
en este estado harto afligido y miserable, y para que en todos los géneros
de gentes y naciones cesasen el pedir agravios contra los Jueces pasados,
pidiendo yo justicia ante él sobre ciertos agravios que los naturales de mí
cacicazgo recibían, que por Cédula de V.M. mandaba fuesen desagraviados,
presentando la dicha vuestra real Cédula, en cumplimiento de ella
respondió lo que V.M. verá por un testimonio que de ello pedi al escribano
de vuestra Real Audiencia, sin más causa ni razón, como ciego de notoria
pasió e interés que tomó contra vuestros vasallos y prosa guiando su
furia, ni más ni menos, a un cacique del pueblo de Sopó que es de los
principales que hay en aquel valle,
porque llegó a sus aposentos
un mozuela alguacil que iba a una comisión y maltrató a unos indios, que
es cosa muy usada, llevando varas semejantes mozuelos, so color de ella
hacer mil agravios a los pobres indios, el desventurado cacique le fue a la
mano diciendo que no los maltratase pues V.M. había enviado justicia a la
tierra y que no pensase que era como lo pasado que andaban con capitanías
de soldados robando y destruyendo los pueblos sin fundamento alguno más de
por pender al Visitador del Rey y acertó a ser el dicho alguacil paniagudo
de los Jueces pasados, el cual, no contentándose con haber maltratado al
dicho cacique por las razones que le oyó contra los Jueces pasados, hizo
relación de ello al dicho Licenciado Salazar y como fue cosa que había tocada
en la testa, luégo dio orden de que se hiciese cabeza de proceso contra
el desventurado cacique, arguyéndole que había sido inobediente a la
justicia y sin más réplica, el dicho Licenciado Salazar hizo que a este señor
principal se le diesen doscientos azotea por las calles públícas y ansí
se ejecutó, que fue una cosa que jamás han hecho vuestros Gobernadores,
que causó grande lástima ver el llanto que hacían sus vasallos por las calles
viendo a su cacique ansí afrentar tan públicamente que muchos de ellos se
ofrecieron a recibir cada uno de por sí lo que su cacique había de padecer
o que lo pusiesen en precio, que ellos lo rescatarían aunque diesen y empeñasen
sus hijos, y fue muy notado que no bastaron estas lástimas para atajar la
crueldad y la ira del dicho Licenciado Salazar, no mirando que
aquel cacique aunque fuera verdad lo que con maldad le argüían, lo
había hecho como persona simple y a un mozuelo de poca suerte, que bastaba
por ello una condenación pecuniaria y cuando mucho destierro de su
cacicazgo algún tiempo, pues él favorecía y no tenía por inobediente el
haber pelado las barbas y arrastrado a vuestro Juez Visitador y no haber
obedecido vuestras cédulas y firmas reales, más como está dicho, fue con
fines muy profundos, porque hasta dignidades, clérigos y frailes que él
entendió haber sido en favor de la Visita, los afrentaba de palabra y por
otros modos con tanta libertad que escandalizó y atemorizó todas aquellas
Provincias, que aunque le hubieran hecho los mayores agravios y muerto todo
su linaje, nadie procuraría de buscar remedio para ser desagraviado y ansí
cesó naturales como no naturales el no boquear más ni decir que habían
recibido agravios por los Jueces pasados, sino callar y mirar al cielo y
desear la presencia de V.M. y yo que esto digo, lo hice ansí, que aunque
fuí el más lastimado, porque mataron a un hermano mío y destruyeron
nuestras haciendas, que eran las mejores que había en aquel Reino, dejando
su mujer viuda con sus hijos huérfanos por criar, muy pobres, que son mis
sobrinos y a mí me asolaron del todo, que sólo Dios me libró de ellos en
una cueva dos años, en donde esperé el remedio que por V.M. todos esperábamos;
no solamente no osé pedir el castigo de la muerte del dicho mi hermano ni
los daños y agravíos que me habían hecho, más decir que había sol, no
osó boquear, porque no veía la hora de apartarme de ellos y parecer ante
V.M. y ante los del vuestro Real Consejo de las Indias, en donde espero ser
oído y desagraviado con muy cumplida justicia, la cual humildemente pido a
V.M. así por mí como por los demás que por este memorial parecen padecer,
pues en ella se hará mucha servicio a Dios Nuestro Señor y se descargará
vuestra real con ciencia y aquella miserable tierra y Provincias se
convalecerán e irán en aumento y no en tanta disminución como cada día
vienen de que es muy en de servicio de Dios Nuestro Señor y de V.M.
19. Satisfacción que el
Cacique hace por si hubiese alguna duda en alguna cosa de esta relación.
Habiendo visto vuestra
Majestad por este memorial lo que padecen los naturales de aquel Nuevo
Reino, se podría en alguna manera dudar considerando de qué efecto han
sido los Visitadores que de la Real Audiencia han salido a visitar las
Provincias como está ordenado salga siempre a visitar el Oidor mas moderno,
satisfaciendo a esta consideración, de más de que lo podría satisfacer
con sólo remitirme a las Informaciones que sobre lo tocante en esta relación
están presentadas en este Real Consejo, mas para que V.M. entienda mejor, cómo
en ninguna manera los tales Visitadores jamás han podido averiguar la
verdad de la que los indios padecen y son tratados por las grandes
inteligencias y cautelas con que los dichos encomenderos han engañado a los
tales Visitadores, quiero poner dos engaños notables que por un encomendero
fueron hechas a dos Visitadores que fueron, el una, el Licenciado Angulo y
el otro el Licenciado Cepeda, yendo a visitar la Provincia de Tunja, en
donde yo soy Cacique y pasó en esta forma:
20. De cómo los indios son
engañados por ser miserables y simples. Dice de dos engaños que un
encomendero hizo a dos Visitadores.
Sabrá V.M. que informado
este vuestro Real Consejo por frailes y clérigos de cómo los indios de
aquella Provincia, contra lo ordenado y mandado por V.M. los consumían y
acababan en el Puerto del camino de Vélez del Río Grande que entonces ere
la descarga de las mercancías de aquel Reino a donde por no poderse andar
con arrias de caballos los encomenderos enviaban de mil en mil los indios
para llevar a cuestas las mercancías y como eran tierra cálida muy doblada
y los indios ser de tierra fría, no volvía la tercia parte de ellos, envió
V.M. sobre esto una Cédula en que mandaba saliase un Oidor de la dicha Real
Audiencia a visitar aquella Provincia y castigase los que en esto eran
culpados y en todo pusiese remedio para le conservación y buen tratamiento
de los indios, y a esta ejecución salió el Licenciado Angulo y entendido
por un encomendero de la dicha Provincia que había consumido la mayor parte
de los indios que tenía en encomienda en el dicho Puerto, y que sin duda lo
privaría de la renta que le daban si el dicho Oidor sabía la verdad y para
remediarlo usó de una prevención diabólica, que antes que el dicho
Visitador entrase en la dicha Provincia, fue al pueblo de su encomienda e
hizo rebusca de los indios que le habían quedado y juntos dijole a sus
principales que sólo los había hecho juntar para avisarles de una cosa que
a ellos les convenía mucho, la cual era que un Oidor había llegado de
estos Reinos de España y que había dejado una cantidad de ropa que tenía
en el puerto de Vélez y que para hacerla traer venía él en persona a la
dicha Provincia e informarse qué pueblos de indios acostumbraban a ir al
dicho Puerto, para que fuesen a traer la dicha ropa y que pareciéndole a él
que en los viajes que ellos habían hecho se morían por el camino, por
remediarlos de este peligro había dicho que sus indios no lo acostumbraban
a andar ni sabían del camino, porque los quería conservar y mirar por
ellos y ansí ni más ni menos lo dijesen ellos, que jamás habían ido al
Puerto y que con esto se reservarían de aquel trabajo; los miserables
indios, entendiendo esto por su encomendero, no solamente le agradecieron, más
los principales le ofrecieron presentes y le rogaron y presuadieron que no
se mudase de aquel propósito, que ellos le servirían en su tierra en todo
lo que les quisiese ocupar, pagando sus tributos y guardando sus ganados y
que de ellos hiciese lo que quisiese y no consintiese que el dicho Oidor
los enviase al Puerto donde pereciesen como perecieron los demás sus
parientes y amigos. El dicho encomendero les dio su fe y palabra, que por su
parte no consentiría semejante cosa, que les avise be de una cautela que el
dicho Oidor había de usar con ellos, por hallar los indios que habían ido
al camino del Puerto les había de hacer entender que venía a castigar al
encomendero que hubiese enviado indios al Puerto y que se lo haría pagar de
sus bienes y hacienda a las madres y a los padres y a todos aquellos que les
hubiese muerto pariente o amigo y para que entendiesen que era ansí, le
confesasen la verdad de cómo sabían el camino para enviarlos luégo por la
dicha ropa, que estuviesen alerta; los pobres le replicaron que como él no
le dijese al Oidor, que por su parte e ellos les convenía negarlo, y hecho
esto entró el dicho Visitador en la dicha Provincia y yendo particularmente
a este pueblo, hizo llamar al cacique y a los demás indias y por intérpretes
el dicho Oidor les dijo a lo que iba, y que le dijesen la verdad cuántas
veces los había enviado su encomendero al Puerto y cuántos indios habían
muerto; los pobres con la prevención de su encomendero, negaron en tal
forma que aunque los pusieran a tormento no lo confesaran, y como el dicho
Oidor visto aquello y que aquel encomendero era uno de los que él llevaba
en la memoria de los culpados, sospechando que los había amenazado, dijo a
los indios que no tuviesen temor de su encomendero ni de alguna amenaza
que les hubiese hecho para que dejasen de decir la verdad, que él los
desagraviaría, persuadido de esto el dicho Oidor, diciendo que los indios
de su encomienda se quejaban de que les persuadía a que dijesen contra él
lo que no había ni pasaba y ansí viendo esto y que no podía averiguar más,
el dicho Oidor pasó adelante a los demás pueblos, que por el mismo rastro
estaban prevenidos por sus encomenderos.
21. Del segundo engaño para
que los indios manifestasen muchos tributarios no los teniendo.
En la visita que hizo el
Licenciado Angulo, como no parecieron los indios personalmente, sino por los
números que las encomenderos les hicieron dar a cada cacique, no dándoles
a entender con qué fin se hacía la dicha visita dieron numero de dos
tercios más de indios de los que realmente tenían, con el cual engaño
fueron muy cargados en los tributos, como en un capítulo pasado está
referido y como esta maldad fuese tan notoria y divulga da por algunos
religiosos pare que se remediase y entendiese por la Real Audiencia, envió
a visitar a la dicha Provincia al Licenciado Cepeda que era Oidor, al cual
se le dio instrucción de que en cada pueblo se visitasen personalmente las
indios, porque no hubiese fraude en el número de ellos y se reservasen los
viejos e mutiles que no podían dar tributo y averiguase el engaño que con
ellos se hizo en la Visita pasada, para que se castigase y llegado e. le.
dicha Provincia el dicho Oidor, hizo llamar a todos los encomenderos y les
dio a entender a lo que V.M. le había enviado y que él quería
personalmente hacer descripción de los indios que cada pueblo tenía y que
para que mejor se hiciese lo que pretendía, cada encomendero hiciese
memorial de los indios que tenía casados y que pudiesen pagar tributo, para
que can más brevedad se hiciese, y ansí con mucha diligencia cada cual
fuese a su repartimiento a hacer sus memoriales y el encomendero suso dicha,
como le fue bien en la Visita pasada con la prevención que hizo en tanto
perjuicio de los pobres indios, que no solamente los había engañado en la
otra Visita, como está dicho, pero en el numero que les hizo dar fue muy
excesivo al dar dos partes más de los que tenía por disimular la poca
cantidad de indios que le habían quedado y porque se le acrecentase el
tributo habían sido muy damnificados, y para soldar esto y sacar todo el número
que a él le pareciese personalmente ante el dicha Visitador, usó de este
ardid: cargó seis caballos de mercadurías de España que eran lienzos,
ruanas, botones colorados, cuchillos y machetes, hachas, paños de grana y
otras granarías de que los indios apetecen y fue con toda esta mercaduría
al pueblo de su encomienda y en una casa, al modo de una tienda, colgó todas
aquellas rnercadurías e hizo llamar a los caciques e indios y estando todos
juntos, se cargó de luto el dicho encomendero, fingiendo tener gran
tristeza, y como los miserables indios no sabían a qué eran llamados,
viendo aquellas mercadurías de la forma que estaban en la dicha casa y ser
que ellos apetecían y por otra parte al dicho encomendero cubierto de luto
y suspirando, desearon saber el fin que este entremés tenía, lo cual el dicho
encomendero no se lo había querido decir hasta que por ellos fuese movida
ocasión y por los indios ladinos sus criados se les diese a entender; los
caciques le preguntaron que por quién traía aquel luto y dando grandes
suspiros dijo: por un grande amigo que se me ha muerto en España que se
llama Juan Valenciano, que vosotros bien conocéis que fue vuestro primer
encomendero y al tiempo de su muerte, por algunas demasías que con vosotros
hizo, para que Dios hubiese mérito de su alma, mandó que se restituyese a
este pueblo cierta cantidad de dinero, el cual mandó el Rey a este Oidor
que ahora ha de venir aquí, los trujase empleados en ropa para distribuir
entre todos vosotros y ansí he traído esta ropa que vosotros veis en esta
casa por mandado del Oidor y he de hacer un memorial de cuantos indios hubiere
para que por sus nombres los llame a cada uno y el que fuere casado se le
dará más parte y el que más familia tuviere mucho más, de manera que se
reparta esta ropa entre todos vosotros y a cada uno se le ha de dar su parte
de la suerte y manera que pudiere, que por eso el Rey mandó a este Oidor
traer todos los géneros de cosas y ansí conviene que sin falta vengais
todos aquí, para que se haga el memorial y no falte ninguno porque mejor se
descargue la conciencia del pobre difunto. Con este parlamento los
miserables indios quedaron muy admirados y gratos de la restitución que les
había dicho se les iba a hacer y como era verdad que dicho .Juan Valenciano
había sido primero encomendero de aquellos pueblos, creyéndose ansí se movió
entre ellos un bullicio de que su parte había de ser en lienzo y otros querían
su parte en hachas para cortar leña y otros cuchillos y machetes y los que
eran capitanes querían su suerte en la grana y botones, finalmente que cada
cual apetecía aquello que deseaba tener y ansí los que tenían conocidos
en otros pueblos los hicieron venir y que dijesen que eran de allí vecinos
y que pidiesen tal precea, concertándose entre ellas a la parte y de tal
manera se movió esta codicia entre ellos, que muchos de ellos iban a
preguntar al encomendero, que si uno tuviese tres o cuatro hermanos, sí a
todos les había de dar parte de la restitución y el dicho encomendero les
decía, que como fuesen de 20 años arriba, aunque fuesen hijos, habían de
llevar tanta parte como el que más y con esto hubo indio que trujo de diez
o quince leguas forasteros de la edad dicha, a los cuales les hacían decir
ser hijos suyos o hermanos, con tal que partiesen. Hízose una junta con la
codicia que el encomendero les presentó con la dicha invención, que no
siendo el pueblo de 400 vecinos, halló personalmente 1.800 indios, el cual
como él sabía que no podía tener tanta cantidad y cada día aprecian
muchos para que los asentase en el memorial, dijo a los caciques que le
esperasen que no habría harte ropa en aquello que había traído para
cumplir con todos y que se quería llegar a donde estaba el Oidor para que
hiciese traer más e ansí que ninguno faltase de los que estaban en el
memorial para cuando el Oidor viniese, porque no fuese menester hacer otro
memorial y se le mudase el propósito al dicho Oidor y dejándoles con este
engaño al encomendero, llevose su memorial y lo exhibió ante el dicho
Visitador, que no pocos fieros y aspavientos hizo con el memorial contra los
que habían publicado que los indios habían sido engañadas y otras cosas,
dándoles e entender que ellos eran las que habían sido engañados y no los
indios y como esto se había de dar a entender por intérpretes, grande fue
el engaña que el Juez del Rey padeció y los pobres indios también porque
lo que el Juez dice no se les declara, ni lo que los indios dan a entender
al Juez, porque para éstos sobornan a los intérpretes grandemente y con
esto, exhibido el dicho memorial, el Visitador fue al pueblo del suso dicho
y halló toda la cantidad que en el memorial se había escrito, esperando su
restitución y otros más que tenían prevenidos, costeando a los que eran
forasteros más tiempo de quince o veinte días y con la llegada del dicho
Oidor tuvo inteligencia el dicho encomendero y intérprete para hacer
entender a los indios y habiendo comunicado el numero de ellos con el dicho
Oidor, por si habría bastante recaudo para todos, le había dicho que él
quería ver todos los que estaban en el memorial y que no habiendo para
todos no se les repartiesen porque no hubiese división entre ellos y que
tenían por mejor acordado de que trujasen la demás rapa que quedaba en la
costa para que todos fuesen iguales y con este embuste los indios pasaron
personalmente y sin que el Juez entendiese la maldad que hubo en ello se pasó
de largo, y si lo entendió, lo disimuló como lo suelen hacer, que por no
tener enemigas en sus residencias no los osan enojar y permiten más
agraviar al indio, que no les ha de pedir nada, como al encomendero que es
poderoso, ansí quedaron los indios con la costa que hicieron a los
forasteros y cargados en tributos por el numero que dieron de indios sin
tenerlos. Por estos dos en gañas que a estos das Visitadores hicieron,
puede ver V.M. que lo mesmo se use con los demás al tono de esto, que sería
nunca acabar especificarlos.
22. De cómo el cacique
habiendo hecho esto como tal cacique descarga su conciencia.
Esto es católica Majestad,
lo que pasa y se usa con aquellos miserables indios que son fieles vasallos
de V.M. camo los demás naturales de Castilla, que si no se remedia y
ataja este veneno que ten apirsa los consume y acabe, en breve tiempo quedarán
yermas y despobladas de naturales aquellas Provincias que han quedado como
las demás que se ha dicho y el real patrimonio de V.M. vendrá a menos,
porque no habiendo naturales no habrá renta ni provecho ninguno de aquellas
tierras y ansí por lo que he convenido y conviene al servicio de Dios
Nuestro Señor y al de V.M. y en descargo de mi conciencia como uno de los
caciques de aquella tierra, hago esto por la obligación que tengo.
Fecha en Madrid, año de mil
y quinientos y ochenta y cuatro.
Don Diego de TORRES,
Cacique.
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