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6.
DE ALGUNAS PARTICULARIDADES DE LA PROVINCIA DE SANCTA MARTA, Y DE LOS
ANIMALES
Y AVES QUE HAY ALLI, Y DE LOS MANTENIMIENTOS E OTRAS COSAS PARTICULARES DE
AQUELLA TIERRA.
Cuando
Pedrarias Dávila, gobernador de Castilla del Oro, pasó por Sancta Marta
con más de dos mili hombres que llevaba, tomó allí puerto porque era de
su gobernación. E por su mandado salió en tierra alguna gente un miércoles
por la mañana, víspera de Corpus Cristi, año de mili e quinientos y
catorce, y hobieron una guazábara o recuentro con los indios, E yo me hallé
en esto, porque, como he dicho en otras partes, fui por veedor de las
fundiciones del oro en aquella gobernación de Castilla del Oro; e aquel día
me mataron un hombre de los que conmigo iban, en un combate que bebimos con
los indios, por les ganar un ceno alto, donde se encastillaron e hicieron
fuertes, por tomarnos el paso. Este compañero que digo, se decia Herando de
Arroyo, y estando parde mí, le dieron un flechaso, de que le hirieron en la
espinilla de una pierna; y fué tan poca la fuerza de la flecha y tan pequeña
la llaga
que no se le tuvo hincada la saeta, sino así como le dió
y le rompió el cuero y le sacó un poco de sangre, en el momento se cayó
la flecha en tierra, el hierro de la cual era un hueso de pescado que
llamamos raya. Mas la hierva era tal, que en el instante que este hombre, fué
herido, se vió que era mortal, porque aunque era hombre de mucho esfuerzo,
e de su persona se tenía experiencia, y era tenido por de grande ánimo,
desmayó, y cuasi rabiando, el tercero día murió.
Tornando
a la historia, digo que les subimos a los indios el monte o cerro que, nos
defendían entre muchas e grandes galgas, o mejor diciendo, piedras que
desde lo alto enviaban rodando, con que descalabraron e tropellaron algunos
cristianos. E murieron dos o tres indios, de escopetas que les dieron, e
fueron presas nueve o diez mujeres e un indio. Y entre estas mujeres, un
negro mío halló la cacica, mujer moza, escondida entre ciertas matas
enramada; y era de gentil parescer, y en mi casa en el Darién, después que
allá llegamos, murió desde a pocos días, de fiebres; y a mi parescer,
murió de coraje de se ver presa, puesto que, en la la verdad, no fue
tractada sino muy bien, Conoscióse que era mujer principal, por el
acatamiento y repecto que con ella tenían las otras mujeras presas, porque
en ninguna manera se asentaba ninguna sino muy desviada della, ni la
hablaban mirándola, si no los ojos puesto en tierra.
Dije
de suso que esta india principal era hermosa, porque en la verdad parescía
mujer de Castilla en la blancura, y en su manera y gravedad era para
admirar, viéndola desnuda sin risa ni liviandad, sino con un semblante,
austero, pero honesto, puesto que no podía haber de diez y seis o diez y
siete años adelante.
El
día desta batalla, puestos los indios en huída,los que habíamos salido de
las naos, dormimos en tierra, habiendo discurrido, lo que el día turó, a unas partes y otras; y cuando el sol se escondió,
asentamos real con buena guarda, pero desviados del puerto e de la mar tres
leguas, poco más o menos. Y en algunos lugarejos que los nuestros robaron,
no dejaron cosa que se hallase, y en especial, en un pueblo se hobieron
muchos y muy buenos penachos, y hamacas y mantas de algodón e halláronse
atambores grandes, de seis o siete palmos de luengo, hechos en un tronco
vacuo de árboles gruesos, y encorados, colgados en el aire dentro de los
buhíos, que sonaban mucho. Yo entré en un lugar déstos con hasta
cincuenta hombres que conmigo iba, y halléle despoblado y la gente ida
almonte; y acaso entré en una casa o buhío de aquellos (que debiera ser
casa de munición de la república o de su cacique), en que había muchos
arcos e inumerables manojos de flechas, y muchas pelotas de hierba de color
de cera pez. Y como yo iba enojado del hombre que me habían herido, hice a
un escopetero que con la mecha pusiese fuego a aquel buhío; y el aire duró
poco, más fue tan a propósito, que en espacio de media hora estaba quemado
aquel y todos los otros buhíos de aquel pueblo, que eran más de cuarenta.
Allí
hobe yo una piedra zafir tan grande como un huevo de gallina, y aun casi de
ánsar, no muy azul perfecto, sino como entre cristal y zafir, o era
zafirblanco. Aquel día se hobo una manta de más de seis o siete varas de
luengo, y de ancho la mitad, con muchas pinturas entretejidas, y en ellas
muchas piedras cornelinas, y plasmas de esmeraldas, y casidonias, y jaspes y
otras, y hobiéronse muchas piezas de oro labradas, de diversas manera e oro
e leyes; siete mill castellanos poco más o menos. Lo cual todo se entregó
al tesorero Alonso de la Puente, en cuyo poder, así el zafir como los demás,
se puso, para que después de sacados los derechos reales, se partiese. Pero
nunca yo supe después en quién paró esta hacienda, aunque lo sospeché,
como otros a quien les iba tanto en ello. Dejemos esto, que no es el Rey sólo
el engañado en estas cosas: que todos lo fuimos, e yo, demás deso,
arrepentido de no haber guardado aquel zafir.
Este
día se mataron cinco o seis venados que atravesaban entre los cristianos;
porque hay muchos en aquella tierra, y los lebreles nuestros los tomaron, y
esa noche en el real se comieron con otros dos puercos salvajes, que los
indios llaman báquiras.
Viéronse
muchas tórtolas e codornices, y palomas torcaces y zoritas, y muchas pavas
de las grasnaderas prietas y de las leonadas, y otras aves que llaman los
cristianos faisanes, pero no lo son, puesto que en su gentil sabor, no son
inferiores a buenas perdices, y tal tienen el plumaje, pero las colas
largas. Hay aves de rapiña en aquella provincia, asó como neblíes y
gavilanes, esmerejones y cernícalos, Y
todas estas aves son comunes en la Tierra Firme, e algunas de las que se ha
dicho, mataron ballesteros este día, en especial de las tórtolas. Yo halle
un azor en un pueblo desta tierra el mismo día o el siguiente, muy hermoso,
en una muda, y por tal muda le juzgaron muchos que mejor que yo entendían
las cosas de la caza y catrería; pero nunca oí después, en cuantos años
ha que estoy en estas Indias, que los indios cazasen con aves. El caso es
que este neblí o azor, si no estaba para mudar, alo menos estaba suelto y
cercado de cañas en tanto espaciocomo diez o doce pies de cada parte,que
serían caurenta en cuadro, e allí, a una parte deste enmcerramiento,
nuestra arena menuda. Este día mataron los españoles tres o cuatro
perrillos pequeños, gozques y cuchilladas, no se quejaban sino con cierto
gruñir secreto o bajo que apenas e oye. Y destos tales perros gozques hobo
muchos en todas estas islas y más en la Tierra Firme, puesto que en esta
isla Española y otras se
acabaron.
Otroi
día siguiente, que fue de Corpus Cristi, tornó toda la gente al puerto, y
nos embarcamos por mandado del gobernador Pedrarias, e seguimos nuestro
viaje e fuimos al Darién. Pero todas estas aves e animales e otros son
comunes en la Tierra Firme, que con mas tiempo y espacio yo las vi después,
y por tanto, basta aquí señalar los que dellos en Sancta Marta vimos; y
adelante se dirán más particularidades de todo ello en cada cosa déstas,
que para mi gusto son más aplables que estotras materias torpes de
discordias y tal miramiento de algunos capitanes, en que, de nescesidad y
contra mi voluntad, tengo escripto lo que tengo dicho y me queda por decir,
para dar más cumplida masón de mi y de la historia.
En
Sancta Hobieron entonces muchas y hermosas mantas de algodón, y muchas
redes de lo mismo, para pescar; pero porque tengo de decir todo esto más
puntualmente en el viaje de Pedrarias, basta haberlo tocado aquí
sumariamente.
Son
estos indios caribes, flecheros y comen carne humana; y esto se supo, porque
en algunas casas se hallaron aquel día tasajos e miembros de hombres o de
mujeres, así como brazos y piernas, y una mano puesta y salada y enjairada,
y collares engastados en ellos dientes humanos, que los indios se ponen por
bien parescer, y calaveras de otros puestas delante de las puertas de las
casas, en palos hincados, a manera de trofeos y acuerdo de triunfo de los
enemigos que han muerto o de los que han comido. Son idólatras estos
indios, como en todas las Indias destas partes. Son sodomitas abominables; y
súpose esto, a la sazon, por conjeturas, y después, con eltiempo, por muy
cierto. Porque entre otras piezas de oro labrado que se hobo allí en Sancta
Marta, y que, huyendo los indios a la sierra, lo dejaban escondido por el
campo, en las sabanas e otras partes, se halló una pieza de oro de veinte
quilates, o más, que podía pesar hasta veinte e cinco pesos, que era un
hombre sobre otro, en aquel malo y negando acto contra natura, hechos de
relieve y muy al proprio; la cual pieza, yo por mis manos la quebré después
encima de un ayunque con un martillo, en la casa de la fundición real en el
Darién.
Hallamos
mucho maíz hermoso en el campo, e yuca, e muchas arboledas de guayabas e
guanávanas e otras fructas de las que acá hay y son comunes en todas estas
indias, y muchas piñas. Muy buena agua de dos ríos pequeños que vienen de
las sierras al mesmo puerto y a un estanque o laguna que allí hay; aquellos
ríos son llenos de marcajita de la dorada.
A
mi parescer y de otros, aquélla es hermosa tierra, e de muy gentiles llanos
de vegas y sierras, e buenas aguas, y fertilisima; y tiene buena mina de
oro, e seria muy rica cosa, si la tierra tiene gente a gobernador como
convernía. Plega a Dios que el que allá está agora, y el que fuere tras
él, e otros, todos acierten a servir a Dios, se sirve al Rey, y se hace lo
que conviene a la tierra y a los pobladores della; y errando cualquiera cosa
déstas, se yerran todas las otras, e haciendo bien la primera, se aciertan
todas e se aumenta todo en bien.
Lo
hombres e las mujeres en aquella provinciason de color algo más claro que
loros; andan desnudos, y las bragas que ellos y ellas traen, son como en la
gobernación de Venezuela, de aquellos cañutos o sendos caracoles en que
los hombres ponen el miembro viril, o atado con un hilo y metido por adentro
cuanto más le pueden encoger; y las mujeres, aquellas bragas sueltas de
algodón que ninguna cosa encubren, aunque las tengan, por poco viento que
haya, y aun porque en la verdad, los verdaderos ornamentos de las mujeres
son honestidad y no los vestidos. Pero aquesto no lo dijo Justino
consintiendo que estuviesen desnudas: que esto tal es una salvajina antigua,
y donde nunca se supo otra cosa; mas es la verdad que yo he visto muchas
indias desnudas, más vergonzosas que algunas cristianas vestidas. Aquella
sentencia de Justino es gentil y de loar, para que no piense alguno que está
la hermosura y ornamento en el atavío del vestir, sino en las buenas
costumbres y obras virtuosas; y no olvide nadie aquel dicho del sancto Job:
“Vestida es mi carne de hedor y de mácula de polvo”. Pues así es; y
vestida la persona destos paños exteriores sin ropa alguna, ella es tal
como Job dice. No es de maravillarnos de alguna gente vestida o desnuda,
porque el mundo es largo, y no pueden todos los hombres verle; y para eso
quiere Dios que yo y otros se den a estas peregrinaciones, y las veamos y se
escriban, para que a todos sean notas y de todo se le dén loores.
Paresce
cosa imposible a los inorante, ser la
mar roja, porque no la han visto donde tiene tal color, e agora muchos he yo
visto que la han visto seca, y otros escriben que en otra parte es verde; y
el auctor es Plinio, hablando de la Trapobana. Yo la he visto en algunas
partes casi blanca como leche, en la costa de la isla de Cuba; y también la
he visto en el mar del sur, yendo de Panamá a Nicaragua, muy llena de
culebras sobre aguadas, y así llaman algunos a aquella mar, golfo de
Culebras. Así, de los hombres, en una parte son vestidos, y en otra
desnudos, y así como difieren el traje, son diferentes en las lenguas y en
los ritos y cerimonias. Y de todo hay mucho que decir en esta Tierra Firme;
y por tanto, en este caso, lo que aquí no se dice, es porque lo hay, y lo
diré pocas leguas adelante, y todo en la gobernación de Castilla del Oro,
en que, asimesmo, al principio fué inclusa Sancta Marta. Y como mejor
informado y más tiempo residó, se escribirán más particularidades destas
y de otras que con el tiempo se nos irán manifestando, y se irán así
acumulando en cada lugar o parte que convenga escribirse en este y en los
otros libros de la Natural e General Historia destas Indias.
(Fernández
de Oviedo, III, pag. 79—82)
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