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12. EL REQUERIMENTO
Yo requerí de parte del rey
de Castilla a dos caciques de estos del Cenu que fuesen del rey de
Castilla, y que les hacia saber como avia un solo Dios que era trino y
uno, gobernaba el cielo y a la tierra y que
este avía venido al mundo; y avía dejado en su lugar a San Pedro:
y que, San Pedro avia dejado por sucesor e n la tierra al Sancto padre que
era señor de todo el mundo universo en lugar de Dios, y que
este Sancto padre como Señor del universo avía fecho merced de
toda de toda aquella tierra de las Indias y del Cenu al rey de Castilla y
que por virtud de aquella merced que el papa le avia fecho al rey les requería que
ellos le dejasen aquella tierra pues le
pertenecía y que si quisiesen vivir en ella como se estaban, que
le diesen la obediencia como a su señor
y que le diesen en señal de obediencia alguna cosa cada año y que
esto fuese lo que ellos quisiesen señalar y que si esto hacian que el rey
les haria mercedes y les daria ayuda contra sus enemigos y que pornia
entre ellos frailes y clérigos que les dijesen las cosas de la fe de
Cristo, y que los que no quisiesen ser cristianos que no los apremiaria a
que no fuesen sino que se estubiesen como se estaban y respondieronme: que
en lo que decia que no avia sino un Dios y que este gobernaba el cielo y
la tierra y que era Señor de todo, que les parecia bien y que así debia
de ser: pero que en lo que decia que el papa era señor de todo el
universo en lugar de Dios y que el avia fecho merced de aquella tierra al
rey de Castilla, dijeron que el papa debiera de estar borracho cuando lo
hizo, pues daba lo que no era suyo, y que el rey que pedia y tomaba tal
merced debia de ser algun loco pues pedia lo que era de otros, y que fuese
allá a tomarla que ellos le pornian la cabeza en un palo como tenian
otras que me mostraron de enemigos suyos, puestas encima de sendos palos
cabe el lugar; y dijeron que ellos se eran señores de su tierra y que no
avian menester otro señor y yo les torné a requerir que lo hiciesen sino
que les haria guerra y les tomaria el lugar y que mataria a cuantos tomase
o los prenderia y venderia por esclavos y repondieronme que ellos me
pornian primero la cabeza en un palo y trabajaron por lo hacer, pero no
pudieron, porque les tomamos el lugar por fuerza aunque nos tiraron
infinitas flechas y todas hervoladas y nos hirieron dos hombres con yerva
y entrambos murieron de la yerva aunque las heridas eran pequeñas, y
despues prendi yo en otro lugar a un cacique dellos que es el que dije
arriba que me avia dicho de las minas de Mocri y hallélo hombre demucha
verdad y que guardaba la palabra, y que le parecia mal lo malo y bien lo
bueno.
(Martín Fernández de
Enciso, Suma de geografía, citado por Acosta, pag 566-568)
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