INDICE





PRÓLOGO

CAPÍTULO I

Origen de las voces chibcha, muisca y mosca-Límites, extensión y población de la nación Chibcha-Unidad de origen de sus habitantes-Bosquejo de las costumbres de sus vecinos-Crueldad y antropofagia de los Muzos y de los Panches-Animo apocado de los Sutagaos.- Tribus que ocupaban los Llanos-Costumbres salvajes de los Tunebos y de los Laches-Tradiciones de los Chibchas relativas a su origen- Inmigraciones sucesivas que ocuparon el Nuevo Reino de Granada- De dónde vinieron los Chibchas.

CAPÍTULO II

La lengua chibcha comparada con las lenguas americanas-No tiene afinidades con el japonés el maya, el quiché y el quichúa-Errores de Brinton acerca del origen común de los Chibchas y de otras tribus, y la difusión de su lengua-Comparación del chibcha con el sinsiga, el aruaco y el chimila-Afinidades del chibcha con el talamanca, el guayamí y otros dialectos istmeños-La migración de los Chibchas vino de la América del Norte, lejos de haber partido del país de éstos hacia Costarrica, como lo sostiene Brinton-Semejanza de las obras de arte de los Talamancas y Chiriquíes y desemejanza de las de unos y otros respecto de las de los Chibchas-Similitud de algunas de sus costumbres.

CAPÍTULO III

La lengua chibcha y las obras que tratan de ella-Cosmogonía de los Chichas-Chiminigagua, el Dios creador-Bachué, la madre de los primeros hombres-Dos caciques convertidos en sol y luna-Fiesta del huán-Bochica, civilizador y maestro de la nación-¿Existió Bochica, o es un mito que personifica el Bien?-¿Fue uno de los apóstoles?-Las cruces chibchas-¿Era Bochica el mismo personaje que Idacansás?-¿Quién era éste?-Errores de Piedrahita relativos a Bochica-Quién fue Huitaca-Formación del salto de Tequendama.

CAPÍTULO IV

Los dioses chibchas-El Sol y la Luna-Bochica y Chibchachum-Cuchabiba, el arco iris-Bachúe y su esposo-Chaquéa-Nencatacoa-El diablo, guahaioque-Descripción de los templos y adoratorios de los Chibchas-Idolos y ofrendas que les hacían-Fiestas de rogativas- Idolillos lares-Gran abundancia de ídolos que tenían-Rendían culto a las lagunas, ríos bosques, etc-Noviciado de los jeques; enseñanzas que recibían en sus cucas o seminarios-Su vida austera y retirada-Uso que hacían de la coca.-Sahumerios-Ofrecimientos y peticiones hechos por medio de ellos-.Viejos hechiceros y agoreros- Supersticiones y agüeros que fomentaban-Yerbas y bebedizos- Amuletos de que se servían los hechiceros para vaticinar y modo de usarlos.

CAPÍTULO V

Ideas de los Chibchas sobre la vida futura-Recompensas y castigos-Resurrección de la cacica de Guatabita y de su hija-Juicio universal y resurrección general, según Castellanos-Vicios comunes entre los indios-Cómo cumplían los deberes morales para con los demás-Solemnes procesiones religiosas.

CAPÍTULO VI

Sacrificios humanos-Los mojas o sacerdotes niños-Inmolaciones de adultos en los adoratorios y en los cerros-Sacrificios en Gachetá y Ramiriquí-Inmolación en la gavia-Horrible inmolación de niñas en los cimientos de las casas nuevas-Entierro de las mujeres y esclavos vivos de los caciques-Sacrificios con sangre de aves, con agua, fuego, tierra, oro y esmeraldas.

CAPÍTULO VII

Sacrificios de los Chibchas en las lagunas-Leyenda de la cacica de Guatabita-Cruel castigo de su infidelidad-Se ahoga con dos niñas en la laguna-Peregrinaciones a las cinco lagunas sagradas- Carreras y premios-Borracheras y ceremonias de las ofrendas-Varios caciques arrojan oro en la laguna al tener noticia de la venida de los españoles-Tentativas hechas para desaguar las lagunas-Quién era el cacique Dorado-Cuándo se celebraba la ceremonia del Dorado-La balsa de oro hallada en la laguna de Siecha.

CAPÍTULO VIII

Soberanos que gobernaban a los Chibchas-Gobierno absoluto-Obediencia y respeto de los súbditos-Presentes que se daban a los caciques- Nobleza, usaques y guechas-Tributos-Castigo de los que no los pagaban-Esclavos-Tiguyes o mujeres de los caciques-Prioridad y privilegios de la favorita-La rival de la privada de Meicuchuca, convertida en culebra-Modo de heredar los caciques-Prueba de la continencia-El cacique de Chía, heredero del zipa, por qué?-Reclusión de los herederos de los caciques-Fiestas de coronación de los caciques y del zipa.

CAPÍTULO IX

Antiguas leyes de los Chibchas-Leyes de Nompaném, del guatabita y de los Guanes-Leyes de Nemequene-Mensajeros que anunciaban la guerra-Espías-Preces y sacrificios antes y después de la guerra- Insignias con que se distinguían los nobles-Armas e instrumentos de música-Momias que llevaban en el ejército-Descripción de un combate-Grado de valor de los Chibchas.

CAPÍTULO X

La niñez entre los Chibchas-Pruebas de la suerte feliz de los niños y de su laboriosidad-Sumisión a los superiores-Poligamia-Modo de celebrar los matrimonios-Fiestas del estreno de las casas-Fiestas de los caciques en las labranzas-Danzas, cantares y arrastres de madera-Sepultura de los caciques y del zipa-Diversas clases de entierros-Momias que conservaban en los templos-Aniversarios-lb. Riquezas sacadas de los sepulcros, santuarios, etc.

CAPÍTULO XI

Propiedad de las tierras-Agricultura-Plantas alimenticias-Frutas-Venados y otros animales cuya carne comían-Sal compactada-Esmeraldas de Somondoco-Tejuelos de oro que servían de moneda-Mercados y ferias-Construcciones-Cercado del zaque-Casa fuerte del zipa en Cajicá-Patenas de oro que pendían de los cercados del hunsa y del sugamuxi-Monumentos de piedra de los Chibchas.

CAPÍTULO XII

Vestido de los Chibchas-Gorras con que se cubrían hombres y mujeres- Cómo se sentaban-Orfebrería-Vaciaban las figuras en moldes- Piedras grabadas que servían de matrices-Soldadura y dorado-Las obras de orfebrería y cerámica chibcha eran inferiores a las de otros pueblos del Nuevo Reino-No revelan gusto artístico-Su descripción-Joyas y arreos que adornaban sus personas-Armas ofensivas y defensivas figuradas en oro.

CAPÍTULO XIII

Significación de las figuras de oro y otras materias que se encuentran en las sepulturas-Gazotilacio y tunjos de oro hallados en el sitio de Chirajara-Idolos y personas principales que representaban-Alimañas de oro y de cobre-¿Hacían uso de símbolos?-Descripción de vasos, figuras humanas y otros objetos de cerámica-Instrumentos, figuras y dijes de piedra-Objetos cuya imagen no reproducían en metal, arcilla ni piedra.

CAPÍTULO XIV

Sistema de numeración do los Chibchas- Significación de las voces numéricas, según el doctor Duquesne, y cifras que dice que las representaban-Opinión contraria del barón de Humboldt-Cómo dividían el tiempo-Años de 20 y de 37 lunas que les atribuye el doctor Duquesne-El supuesto calendario chibcha-Las piedras con figuras realzadas no sirvieron de calendarios-Los trabajos del doctor Duquesne carecen de valor científico.

CAPÍTULO XV

Los aborígenes de Colombia no conocieron ninguna clase de escritura-Testimonio de varios autores que lo prueban-Los petroglifos no pueden atribuirse a una raza anterior a la que hallaron los conquistadores-No son en ningún caso cartas del país-La piedra de La Peña-No recuerdan cataclismos-Las piedras de Saboyá y Gámeza-Tampoco señalan los linderos de las tribus-Figuras grabadas por los transeúntes modernos en la Sierra Nevada, Seboruco, Ramiriquí y Facatativá-Pictografías de Pandi, Facatativá, Bojacá y Anacutá-El estudio de los petroglifos colombianos es infructuoso para la ciencia.

CAPÍTULO XVI

Los Chibchas no tuvieron historia-Jamás se vieron sometidos a un solo cetro-Opinión contraria de Piedrahita, refutada con citas de los demás cronistas y de él mismo-Tradición fabulosa relativa a Hunsahúa-El monstruoso Tomagata-Tutasúa-Encarnación de Garanchacha, hijo del Sol-Su gobierno y desaparición.

CAPÍTULO XVII

Errores históricos en que incurrió Rodríguez Fresle-Antiguos caciques de Iraca-El grande hechicero Idacansás-Orden de sucesión de los cacique de Iraca-El Bermejo usurpa el poder- El cacique D. Felipe-La leyenda de la cacica de Furatena.-Objeciones a la crónica de los sucesos de los últimos sesenta años anteriores a la conquista española.

CAPÍTULO XVIII

Saguanmaehica conquista los Fusagasugáes, vence al guatabita y al ubaque, declara la guerra al zaque, y mueren ambos en la batalla de Chocontá-Nemequene castiga la rebelión de los Fusagasugáes, sujeta a los caciques de Zipaquirá y Nemocón, asalta alevosamente al guatabita y se apodera de sus estados, somete al ubaque, al ubaté y al simijaca, da leyes en su reino, declara la guerra al hunsa, y es herido de muerte en la batalla de Las Vueltas-Sucédelo Tisquesusa-Llegan los españoles cuando éste estaba en campaña contra el zaque-¿Estaban los Chibchas en progreso o en decadencia en la época del descubrimiento?

CAPÍTULO XIX

Tiranía de Tisquesusa y Quemuenchatocha-¿Cómo pudieron 166 españoles someter a la nación chibcha?-Constancia y valor de los Castellanos-El sueño de Tisquesusa, resistencia de éste a los españoles y su muerte-Quemueuchatocha es hecho prisionero dentro de su palacio, y muere pronto de vejez-Conversión del Sugamuxi y rasgos de ingenio que de él se refieren-Resistencia tenaz del tundama; Baltasar Maldonado le da muerte violenta-Peripecias del gobierno de Saquesaxigua; pretendo Quesada que revele dónde guarda el tesoro, lo somete a tormento y lo hace morir a consecuencia de él-Conversión de Aquiminzaque; muere degollado por orden de Hernán Pérez de Quesada con varios otros caciques-Hernán Pérez muere herido por un rayo-Don Juan, cacique de Tundama, agraviado por el oidor Çortés de Mesa, se suicida-Cortés de Mesa es degollado en Bogotá- Término de la conquista y condición ulterior de los Chibchas.

CAPITULO IX

Antiguas leyes de los Chibchas-Leyes de Nompaném, del guatabita y de los Guanes-Leyes de Nemequene-Mensajeros que anunciaban la guerra-Espías-Preces y sacrificios antes y después de la guerra- Insignias con que se distinguían los nobles-Armas e instrumentos de música-Momias que llevaban en el ejército-Descripción de un combate-Grado de valor de los Chibchas.


Tenían los diferentes estados chibchas leyes de inmemorial antigüedad que por tradición oral se transmitían unas generaciones a otras. Atribuían las primitivas a Bachúe, quien tenía por madre de su raza. Cada cacique daba, además las leyes particulares que creía convenientes para el buen gobierno de sus dominios.

De Nompaném, cacique de Iraca, se refiere que luego que desapareció Bochica se propuso hacer observar los preceptos que éste había enseñado, pero que conociendo que no los habían de cumplir si no imponía una sanción al que los infringiera, los redujo a leyes. Dispuso que el homicida fuera condenado a la pena de muerte, y que el embustero, el ladrón y el que quitase la mujer ajena fuese bien castigado: la primera vez con azotes, la segunda con pena de infamia y la tercera infamando al delincuente con toda su parentela.

La ley del guayabita era ley de sangre, puesto que la generalidad de los delitos se castigaba con la pena de muerte.

Entre las penas que imponían los Guanes son de notarse las siguientes. Al ladrón se le amarraba a un palo cuando reincidía, y se le hacía flechar; a los flecheros que acertaban a herirlo en la boca o en un ojo, les daba el cacique en premio una manta. Las travesuras de los muchachos se castigaban echándoles en los ojos agua de ají, lo que les producía fuerte escozor. Si sospechaban que alguna mujer hubiera cometido adulterio, la embriagaban con zumo de borrachero, y si en el estado de beodez se permitía algún acto de sensualidad, daban por cierta la sospecha, y la mataban; en el caso contrario la daban por libre, haciéndola volver en sí con el zumo de otra yerba.

En otras partes del país de los Chibchas, quienes generalmente odiaban este delito, aunque lo permitían en sus grandes fiestas, hacían comer aprisa mucho ají a la que recelaban que fuera culpable; y cuando ya sentía quemadas las entrañas, le decían que confesara su culpa, lo que hacía con frecuencia, aunque fuera inocente, impulsada por el acerbo dolor. Dábanle entonces agua para que mitigara el ardor, y la sentenciaban a muerte. Cuando no confesaba, quedaba purgada con el tormento y le hacían grandes fiestas. Si el adúltero era rico, y su cómplice de condición inferior la rescataba de la muerte con oro y mantas, de lo que correspondía una parte al cacique; rescate que no tenía efecto si se trataba de alguna de las mujeres de éste. En tales casos se sometía a los culpables a muerte cruel, dejando los cuerpos insepultos para escarmiento de los demás.

Al que era acusado de ladrón lo traían la primera vez delante del cacique con las espaldas vueltas; la segunda lo reprendían y lo castigaban con azotes; a la tercera ya lo tenían por incorregible, y le hacían sufrir una pena que era considerada peor que la de muerte. Sentábase el cacique gravemente en una silla; un cortesano colocado detrás de ésta reprendía al culpable diciéndole que ya se le había castigado dos veces por su mala vida, y no había tenido vergüenza de volver a ella; que sin duda se consideraba gran señor, y puesto que lo era, bien podía mirar al cacique. Volvíale entonces con presteza la cabeza, obligándolo a fijar la vista en el cacique, y después lo dejaba regresar a su casa. Era tal el sello de infamia con que esta pena marcaba al delincuente, que se acababa su linaje, pues ninguno le daba sus hijos para que se casaran con los suyos, ni le ayudaba en las labranzas ni en sus necesidades, ni quería tener trato y comunicación con él, sólo porque había mirado al cacique.

Cortaban manos, narices y orejas, y daban azotes por otros delitos que consideraban menos graves.
El zipa Nemequene, cuyo reinado tuvo principio en los últimos años del siglo XV, ordenó muchas leyes que quedaron "estampidas en solas las memorias de los hombres," y que siguieron observando sus súbditos hasta que la legislación española las hizo olvidar. Gran mérito tuvo Nemequeue por haber promulgado de nuevo y puesto en vigor las antiguas leyes, acondicionándolas y reformándolas.

Las principales fueron estas:

Impúsose la pena de muerte al homicida, alegando que sólo Chiminigagua, que daba la vida, podía perdonar al que la quitaba. Con la misma pena se castigaba al que forzaba alguna persona del otro sexo, si era soltero. Siendo casado, debía sufrir la pena del talión.

El incestuoso era metido en un hoyo angosto lleno de aguay con sabandijas, que cubría con una losa para que pereciera miserablemente.

El reo de pecado nefando moría con ásperos tormentos, y el que de ordinario le aplicaban consistía en empalarlo con una estaca de una palma espinosa hasta que le salía por el cerebro.
Cuando una mujer moría de parto, si vivía la criatura debía el marido criarla a su costa. En caso de muerte de ésta, daba la mitad de la hacienda a los suegros, hermanos o parientes más cercanos. 103

El desertor era castigado con vil muerte. Al que se mostraba cobarde en el servicio militar se le obligaba a llevar vestidos de mujer, y a ocuparse en los oficios que son propios de ella, por el tiempo que dispusiera el zipa.

El fisco heredaba los bienes del que fallecía sin herederos.

A la gente común no le era permitido usar sino ciertos vestidos y joyas. Sólo los usaques podían hacerse horadar las orejas y narices, y llevar pendientes las joyas que quisiesen.

Ningún señor podía subir en andas a menos que el zipa se lo permitiese en premio de importantes servicios.

Las personas principales no estaban sujetas a las leyes comunes. Para ellas se establecieron penas ligeras de vergüenza, como romperles la manta y cortarles los cabellos, lo que se consideraba grande ignominia, pues ponían lo uno y lo otro en sus templos. 104

Acostumbraban los Chibchas enviar mensajeros de una y otra parte cuando por cualquier motivo querían hacerse la guerra; éstos se quedaban en los pueblos de los contrarios, donde los consideraban y regalaban todo el tiempo que duraba la contienda.

Llevaban con la fuerza espías y corredores que observaban al enemigo y daban cuenta de todo.

Antes de salir a la guerra pasaban una lunación cantando, a la puerta de los templos, al Sol y a la Luna para que los favorecieran. En estos cantares les referían las causas justas que tenían para romper la paz. Preparábanse también, con el mismo fin, sacrificios de niños, que se hacían por manos de los jeques. 105 Terminada la guerra, se entretenían muchos días en bailes, canciones y regocijos en que representaban sus victorias, y si volvían vencidos pedían perdón a sus dioses de su loca determinación: cantaban unos y lloraban otros, lamentándose de que sus pecados hubieran sido la causa del mal éxito.

Cada cacique tomaba sitio diferente en el campamento, distinguiéndose por sus insignias de colores diversos, de manera que la vista de las tiendas y pabellones que ponían bastaba para reconocer las parcialidades. Seguían al ejército muchas mujeres con gran copia de múcuras de chicha, que llevaban dondequiera que se movían. Peleaban formados en cuerpos, pero no ordenados y en filas como los españoles, sino apartados. Eran de verse estos cuerpos en un campo de batalla.

Distinguíanse los nobles por sus penachos ondeantes de hermosas plumas de guacamayos y papagayos, metidos, en anchas cintas de oro fino, que tenían engastadas trechos lucidas esmeraldas. Ostentaban en la frente grandes medias lunas con las puntas vueltas para arriba. Llevaban además narigueras, arracadas, brazaletes, collares de finas cuentas con canutillos de oro a trechos, patenas, petos y otras más grandes planchas que les servían de escudos, todo de oro.

"No fue poco cebo para alentar los bríos de los españoles tener a la vista joyas de tanto precio." 106
Iban los soldados aderezados de plumas y armados con picas de palma negra, de seis a diez palmos de largo, tostadas las puntas; macanas a manera de pesadas espadas, que jugaban a dos manos y daban gran golpe; varas puntiagudas usadas en lugar de saetas; hondas, tiraderas que llevaban sobre el brazo para lanzar dardos. 107 Los músicos ocupaban sus puestos con sus fotutos o flautones de madera y sus grandes caracoles marinos guarnecidos de oro, que servían de trompa y de corneta, y se tocaban en las principales fiestas y en los combates. Eran dichos caracoles muy estimados; los traían de tribu en tribu desde la Costa, y daban por ellos alto precio.

Espectáculo singular presentaban en medio del ejército uno o más cuerpos humanos, tiesos y secos, que traían algunos indios a cuestas, o en andas adornadas con vistosas mantas y rodeadas por una guardia. Eran los cuerpos, conservados por medio de ciertos ingredientes, de antiguos afamados guerreros, cuya presencia infundía ánimo y vergüenza a los soldados.

Empezaba la lid con estruendosa vocería, acompañada del disonante ruido de los instrumentos músicos.

Cruzábanse infinidad de flechas por los aires, hiriendo a los combatientes que caían revolcándose por el suelo, donde rodaban penachos, escudos y diademas. Las duras piedras dejaban en los cuerpos, profundas y dolorosas señales. Los terribles golpes de macana rompían cabezas, brazos y piernas, y ensangrentaban los rostros. Redoblaban los gritos de uno y otro lado, retumbaban los caracoles marinos y los tamboriles de diversos tamaños; los jefes iban a una y otra parte animando a sus soldados, y si estos jefes eran el zipa y el zaque, se hacían llevar en ricas andas en medio del combate. El vencedor se volvía a sus tierras cargado con los despojos del vencido.   

Eran los Chibchas en general tímidos y de poco brío y fuerzas para la guerra; fácilmente se acobardaban cuando veían a sus compañeros muertos, por temor de correr igual suerte. Muy superiores en arrojo y en valor salvaje eran sus vecinos, los Panches y los Muzos, y probablemente los habrían conquistado si alguna vez se les hubiera ocurrido ocupar sus tierras más bien que cazarlos para hacer provisión de carne humana. La dirección de un buen jefe, la disciplina y el ejemplo dado por tropas aguerridas, han hecho en todo tiempo de los Chibchas muy buenos soldados. En la primera ocasión en que acompañaron a los españoles a pelear contra los Panches, se les veía pálidos, temblorosos, se metían debajo de los caballos y huyeron muchos de ellos por no servir de alimento a sus voraces enemigos. Más tarde, luego que vieron que no resistían éstos al empuje de los españoles, los acometían con ardimiento, fingían huir para embestirlos y los perseguían sin descanso.

Era la gente de Tundama la más belicosa y valiente de todas, y fue la última que sometieron los conquistadores.

103
En algunas partes, cuando el viudo no tenía hacienda, había de buscar algunas mantas para pagar a los herederos de la muerta, y si no, lo perseguían hasta quitarle la vida.
104
Hemos tomado estas leyes de Castellanos (Canto primero), quien las atribuye a Nemequene. El Padre Simón las presenta como "leyes de inmemorable antigüedad, puestas por los reyes pasados". Mas como al enumerarlas no hace otra cosa que poner en prosa, con pequeñas adiciones, los versos de Castellanos, nos atenemos a la opinión de este cronista, el primero que las menciona. Nemequene encontró leyes antiguas, pero tuvo el mérito de haberlas reformado, completado, reunido en un solo cuerpo y puesto en vigor.
Piedrahita dice que para la observancia de estas leyes dispuso Nemequene que fuese presidente de su consejo supremo, con derecho de sucesión el cacique de Suba, de cuya sentencia en justicia no podía apelar. Esta noticia, que no hallamos en ninguna de las crónicas anteriores a Piedrahita, no nos parece digna de crédito.
105
Dice Piedrahita que para las guerras que emprendían los Chibchas daban cuenta primero al sumo sacerdote de Sogamoso. Ya hemos dicho que el cacique de Iraca no era de la clase de los sacerdotes, ni ejercía ninguna autoridad civil ni religiosa fuera de sus dominios.   
106
SIMÓN. T. II, pág. 408.
107
En el capítulo XII se verá la descripción de las tiraderas. Cuando los Chibchas querían incendiar las casas que ocupaban sus enemigos, lanzaban sobre ellas dardos encendidos.

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