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Ya hemos visto en capítulos anteriores cómo por el naufragio de unos navíos en Bocagrande, a mediados del siglo XVII, se formó un banco de arena que obstruyó por completo la entrada del canal, originando la formación de un istmo que convirtió a la isla de Tierra Bomba en una península. Un siglo después de aquel suceso, cuando después de tanto pesar opiniones de técnicos y peritos se había decidido respetar los hechos consumados, el canal se estaba abriendo de nuevo y amenazaba trastornar completamente el sistema defensivo de la bahía de Cartagena, pues si llegaba a hacerse practicable para toda clase de navíos, de nada servirían las fortificaciones de Bocachica.
Según escribía el Gobernador don Ignacio Sala al marqués de la Ensenada en 1750, la nueva abertura de Bocagrande tuvo su origen en un pequeño canal que habían hecho para que pudiera pasar a Playa Grande el bote del navío "África", que tuvo a su cargo la defensa de aquel lugar cuando el ataque de Vernon |57 . Como, además, en aquella ocasión, cortaron los manglares que cubrían el istmo de arena, el temporal que se desencadenó el 2 de febrero de 1739 agrandó el canalito y abrió otros, que fueron aumentando con la corriente de las aguas y las mareas. Pocos meses después de aquel suceso, el teniente de Artillería don José de Herrera y el capitán de navío don Francisco Ovando reconocieron la abertura y comprobaron que se había extendido hasta setecientas brazas de anchura, con una de fondo |58 . Proyectó Herrera cerrarla "con dos estacadas paralelas que corriesen por todo el baxo de un extremo a otro de la boca, encintadas y enriostradas y lleno de hueco, o intradós de piedra seca" (véase fig. primera del plano reproducción en la fig. 133), cuyo costo ascendía, según sus cálculos, a unos treinta mil quinientos pesos. Poco después, el ingeniero don Juan Sobreville calculó en ochenta mil pesos la realización del mismo sistema ideado por Herrera, cuyo exceso sería debido bien a alguna mejora introducida en el proyecto o bien a lo que entonces hubiese aumentado la boca en longitud y profundidad.
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FIG. 133. Plano de Cartagena y sus inmediaciones y planos particulares del dique de Bocagrande. 1769.
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Pronto debió tener la Corte noticia del accidente ocurrido en el istmo, pues en las instrucciones que dio a los ingenieros Desnaux y Mac-Evan el 16 de octubre de 1741 -al ser destinado éste a Cartagena- les encargaba "disponer el cerrar inmediatamente la abertura hecha por el mar en la parte de Bocagrande, para que no se aumente y se evite el paso de toda embarcación, según conviene". En consecuencia, a poco de llegar Mac-Evan y Arévalo a la ciudad, en unión de Desnaux midieron la boca, y la hallaron de una anchura de setecientas toesas y poco más de dos brazas de fondo. Este propuso cerrarla -de un modo semejante al ideado por Herrera- con dos estacadas de madera de corazón, "encintadas, enrriostradas y forradas interiormente de tablas de cuenta de cedro, llenando el intradós de piedra seca" (fig. 133, fig. segunda del plano), cuyo costo calculó en ciento treinta mil pesos. Mac-Evan hizo un cálculo más elevado, pero no propuso método para cerrarla, porque juzgaba que "apenas dependía una pequeña parte de la defensa de esta plaza de estar o no cerrada esta boca" |59 .
De estos estudios nada se adoptó en definitiva, y el canal siguió agrandándose. Cuando don Ignacio Sala llegó a Cartagena en 1749, la anchura era casi doble de la que habían medido los ingenieros arriba citados, pues alcanzaba mil trescientas toesas y el fondo estaba a dos brazas en las partes menos profundas. Sala se mostró desde un principio partidario de cerrarla, y así lo hizo constar al marqués de la Ensenada, aunque consideraba que la obra sería larga y no exenta de dificultades |60 . Ideó un método más sencillo y de menos costo que los propuestos por sus antecesores -cuya realización evaluó en sólo treinta mil pesos- , consistente en un dique formado por cajones sencillos de madera de mangle llenos de fajina y piedra (fig. 133, figura tercera del plano), "para detener la arena que la mar conduxese y, acantonándola a dichos caxones, los abrigase y formase playa seca". El 12 de marzo de 1750 dio principio a la obra |61 .
Dos meses después había podido comprobar que se iban acumulando arenas junto al dique, y esperaba que la obra costaría menos de lo calculado, pero se hacía muy lentamente, pues sólo era posible trabajar en ella durante la época de las "brisas", y siempre estaba expuesta a que los temporales la retrasasen o interrumpiesen |62 . En noviembre se había cerrado un trecho de noventa y dos toesas, con poco menos de mil pesos de gastos |63 . La real cédula de 12 de mayo de 1751, citada en otro lugar de este capítulo, concedió al Gobernador amplias facultades en su cargo de director de las obras militares de la plaza y le ordenó terminar "la importante obra de cerrar a Bocagrande", lo cual implicaba la aprobación de cuanto había hecho anteriormente |64 . Pero a fines de 1750 fue preciso suspender la construcción del dique para activar las obras de los fuertes de Bocachica, y un violento "norte" lo maltrató tanto a principios de 1752, que cuando se reanudaron las obras, en noviembre del año siguiente, estaba casi destruido.
Se trabajó durante más de un año bajo la dirección de don Lorenzo de Solís, siguiendo en todo "lo que estilaba y había dirigido" don Ignacio Sala, pero en febrero de 1754, advirtiendo Solís que éste no era práctico, discurrió y propuso al gobernador don Diego Tabares hacer "una ballada por lo largo del ancho de dicha Boca, extendida con caxones volantes de madera mangle", llenos de fajina y piedra, "bien enrriostrados y asegurados con mordazas, altos lo que permita el baxo hasta el nivel de la marea alta con el quarto de su alto de talúes o declibio por todos sus quatro lados", con lo cual juzgaba que se podría impedir la navegación. De acuerdo con el Gobernador, se puso en práctica este proyecto por aquella fecha, y en octubre del mismo año se había construido seiscientas cincuenta varas de dique, formado por sesenta cajones colocados a trechos de veinticinco varas. No prosperó el proyecto, pues pudo observar Solís que, a los pocos meses de colocar los cajones, eran destruidas las maderas por la "broma", en vista de lo cual, desengañado de sus buenos propósitos, mandó cesar la obra, dejando solamente en ella un corto número de trabajadores para que reparasen los tramos del dique que fuese destruyendo la resaca, e hiciesen ciertas obras conducentes a la conservación de la considerable playa que se había formado. Fracasó en nuevas tentativas por culpa de los vendavales, pero no cejó en su empeño: de acuerdo con el Gobernador hizo construir dos cajones volantes, "uno de madera canalete y tabla de seyba" y el otro "de corazón colorada y tablazón de sedro", que convenientemente calafateados se pusieron en el bajo de Bocagrande en agosto de 1755; uno estaba lleno de mampostería ordinaria y el otro de una mezcla de arena, polvo de ladrillo y cal. Un año después se reconocieron los cajones en presencia del ingeniero, sobrestante y albañiles, y los hallaron "de dura y permanente consistencia", por lo cual, comprobada la eficacia de su idea, la sometió Solís al dictamen del Virrey, a quien envió un informe y unos planos |65 .
En agosto de 1757, el ingeniero director levantó un plano de Bocagrande, que envió al ministro don Julián Arriaga en octubre |66 , para que viese la disposición y corte transversal de los cajones que proyectaba colocar para formar el dique. Se indica en el plano la playa que se había formado con el trozo de dique construido anteriormente, los cajones volantes de mangle destruidos por la mar y los otros dos, de madera de corazón, llenos de mampostería que se habían puesto dos años antes. Ciento cuarenta y dos cajones, iguales a éstos, formarían el dique proyectado, formando una barrera desde donde terminaban los cajones de mangle hasta la punta de la isla de Tierra Bomba. Se indica también en el plano la situación de las ruinas del castillo antiguo de San Matías; en la explicación de aquél se cita una batería arruinada en la punta de Tierra Bomba, que no sería otra que la antigua plataforma Santángel construida por Cristóbal de Roda.
Ninguna resolución recayó sobre el proyecto de Solís, y las obras quedaron paralizadas al marcharse éste destinado a Veracruz en 1757, dos días después de remitir el plano a la Corte |67 .
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Así fue, en efecto. Véase el plano de 1739, donde se ven el navío y el canalito. |
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Solís a Ensenada, 13-II-1750 (AGI: Santa Fe, 940). |
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"Discurso...para la inteligencia del estado en que se halla la abertura...de Bocagrande...", por Arévalo, 19-VII-1769 (AGI: Santa Fe, 945). Publicado por MARCO: Ob. cit., págs. 253 -262. |
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Sala a Ensenada, 13-II-1750 (AGI: Santa Fe, 940).
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Documento citado en la nota 59.
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Sala a Ensenada, 6-V-1750 (AGI: Santa Fe, 940).
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Sala a Ensenada, 20-XI-1750 (AGI: Santa Fe, 940).
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Documento citado en la nota 59.
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Informe de Solís, 7-X-1756 (AGI: Santa Fe, 943). Lo publicó CUERVO: |Colección de documentos inéditos para la Geografía y la Historia de Colombia, tomo II (Bogotá, 1891), pág. 222 y ss. |
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Solís a Arriaga, 13-X-1757 (AGI: Santa Fe, 943). |
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Embarcó para el puerto mejicano en el navío "Tridente", el 15 de octubre de 1757 (Los Oficiales Reales de Cartagena al rey, 21-IV-1758; AGI: Santa Fe, 941). |
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