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EL "PROYECTO GENERAL"


No concretó Solís sus actividades de ingeniero director a la continuación de los fuertes de Bocachica y a la obra del malecón de Bocagrande, de que hablaré luego. Muchos problemas había pendientes de resolución en las defensas de Cartagena y se hacía preciso la formación de un amplio y detallado proyecto general de fortificación, pues si bien su antecesor, Mac-Evan, había elaborado uno, no se encontraban en los archivos de la dirección de las obras los planos y diseños a él referentes ni dato alguno acerca del juicio que a la Corte hubiera merecido dicho proyecto. Por esas razones, Solís, siguiendo en todo las instrucciones dictadas a su antecesor, formó un proyecto general, del que sólo conozco dos planos, suficientes, sin embargo, para dar idea de su importancia y magnitud.
Hizo Solís un estudio acertado de la ciudad y sus puntos vulnerables. Eran éstos: la Media Luna de San Antonio, el baluarte de San José y la cortina de muralla que unía los baluartes de San Pedro Mártir y San Lucas. La Media Luna era, para Solís, el punto que ofrecía más fácil y cómodo ataque al enemigo que hubiese podido forzar la entrada a la bahía y rendir el castillo de San Felipe de Barajas, y no se equivocaba, pues la experiencia lo había demostrado dos veces: Pointis rindió a Cartagena tras de abrir brecha en la Media Luna, y lo mismo hubiese logrado Vernon a no haberse estrellado ante la heroica resistencia que le opuso el castillo de San Felipe.
Proponía Solís en su proyecto añadir a la Media Luna los baluartes de Santa Bárbara y Santa Teresa, "ambos con flancos curvos retirados, cubiertos con sus orejones para que no puedan ser fácilmente vatidos en brecha; los que... dificulten al sittiante el asalto, disputándoselo largo tiempo, y consiguientemente el progreso de su conquista..., cuyas cortinas interceptas, la una entre el baluarte referido de Santa Bárbara.., y el baluarte de San Joséph..., oy de inútil servicio como existe; y la otra la que media entre el proyectado baluarte de Santa Teresa..., a la yzquierda de la referida Media Luna..., y el baluarte llamado Chambacú..., que también se propone agrandar, mejorándolo con la disposición que se manifiesta". Como si bien tenía dicha Media Luna una obra avanzada, era ésta tan reducida que no bastaba a cubrirla, incluía en el proyecto un rebellín "capaz y estendido, con flancos, foso, puente estable y levadizo, con su glasis", para protección de aquélla e impedir al enemigo batirla con artillería.
Para poner en servicio el baluarte de San José proponía hacerle un revestimiento exterior, "dando dos pies y medio de más gruesso al recinto magistral en el nibel del cordón; y a su base el gruesso correspondiente al quinto de declivio de su alto con las trabazones internas de buenos sillares a cola de golondrina cortadas que unan y sujeten la mampostería vieja con la nueba, a fin de que otra vez, ni jamás se inutiliza por el empujo de las tierras, como al presente sucede".
Las cortinas entre los baluartes de San Pedro Mártir y San Lucas forman un ángulo entrante, por el cual se podía atacar a la plaza sin necesidad de tomar el castillo de San Felipe ni la Media Luna, ya que dicho ángulo estaba fuera del alcance de los fuegos del castillo, quedando así una zona muerta, donde el enemigo podría atrincherarse con " trabersas tornantes, dobles y directas", aprovechando para ello los buenos materiales-tierra y fajina-que abundaban en la inmediata manga de Angola Para defender ese punto vulnerable del recinto proyectaba Solís cubrirlo con una contraguardia.
Además, proyectó Solís la construcción de unos cuarteles, con capacidad para mil hombres, y unos almacenes para víveres y pólvora, en los baluartes de Santa Bárbara y Santa Teresa, a los flancos de la Media Luna. Parece ser que el Gobernador insinuó que no se hiciesen en dichos baluartes, sino en otra parte de la ciudad, y entonces Solís situó el cuartel en el espacio "que haze frente a la cortina y baluarte de San Pedro Mártir", y los almacenes " en los cocales que están junto al baluarte de Santa Catalina". Como complemento de todo este plan general de defensa propuso también el ingeniero que se cerrase con muralla el portillo que continuaba abierto en la Marina, entre los baluartes de Santa Clara y Santa Catalina |56 .
Quizá introdujese Solís algunas variantes a este primer proyecto, ya que los planos están fechados casi un año después, en 1755. Bastarían éstos para acreditar los conocimientos técnicos del ingeniero director de las obras de Cartagena, si no tuviésemos también testimonios de las que llevó a cabo en el malecón de Bocagrande. Se ve en ellas el fruto de un detenido estudio, que se traduce en el más acertado aprovechamiento del terreno para sacarle el mayor partido posible. Los planos de la Media Luna nos muestran los baluartes proyectados para defenderla por los flancos. La parte señalada con la letra G debe corresponder, indudablemente, al primitivo baluarte que edificó Francisco de Murga, el mismo en que abrió brecha la tropa de Pointis.
Los baluartes de Santa Teresa y Santa Bárbara tienen sus cortinas y orejones dispuestos de tal modo que impiden al enemigo el asalto y el tiro directo para hacer brecha, ya que no dejan ángulos muertos. En vez de estar terraplenados, ocupan su interior diversas dependencias cubiertas con bóvedas a prueba de bomba: en el baluarte de Santa Bárbara, una puerta conduce a una batería baja, subterránea, con cuatro cañones, e inmediata a ésta se encuentra el almacén para la pólvora; ocupan el resto del baluarte diez estancias abovedadas, "para los retenes y tropa de descanso", y otras siete para almacenes de víveres, un aljibe capaz para abastecer de agua a toda la guarnición de Getsemaní y un amplio "parque y taller de Fortificación, Artillería y Maestranza universal", para repuestos de madera, hierro, herramientas y toda clase de útiles necesarios en caso de sitio. El baluarte de Santa Teresa tiene, en análoga disposición, otra batería subterránea para igual número de cañones, un almacén de pólvora para el repuesto de todas las baterías de Getsemaní y cuatro salas abovedadas para hospital de sangre, con despensa y cocinas para su servicio.
El otro plano que se conserva del proyecto general muestra en planta y corte transversal la contraguardia, el cuartel y los almacenes para víveres y pólvora. La contraguardia tiene dos frentes de ángulo, capaces para siete cañones cada uno, dispuestos casi perpendicularmente a las cortinas, que forman un ángulo muerto entre los baluartes de San Pedro Mártir y San Lucas. Tiene almacén para pólvora, cuarto para oficial y cuerpo de guardia, situado en la plaza baja, que comunica, mediante una rampa, con la parte alta donde están las baterías. Un puente levadizo la pone en comunicación con el recinto de la plaza.
El almacén de pólvora consta de tres naves, cubiertas con bóvedas ligeramente apuntadas-separadas entre sí por arcos-, que descargan en muros reforzados por contrafuertes. Son de notar los respiraderos que hay en los muros de descargo, que contrastan con las ventanas que se abren en los muros que cierran los extremos de las bóvedas, como si esta curiosa disposición se hubiese dado para que en caso de incendio o explosión los gases de la combustión hallasen fácil salida rompiendo estos muros y quedasen intactas las bóvedas, ocasionándose así el menor destrozo posible. Todo el almacén está cercado por un muro, que tiene garitas en dos de sus ángulos. Exteriormente está adosada una dependencia que debe ser el cuerpo de guardia.
El almacén de víveres tiene una especie de pórtico con pilares, al cual se abren las puertas que dejan paso a seis naves, comunicadas todas entre sí y cubiertas con bóvedas apuntadas. En todos los muros se abren ventanas, y los de descarga de las bóvedas tienen gruesos contrafuertes.
El cuartel es mucho más amplio: a ambos lados de su entrada hay dos habitaciones seguramente cuerpo de guardia, y después se pasa a un gran patio claustrado con dos alas, formada cada una por seis naves cubiertas con bóvedas apuntadas. También hay ventanas en todos los frentes y contrafuertes en los muros de descargo.
El plan general de fortificaciones proyectado por Solís no se llevó a efecto en su totalidad, pero el ingeniero don Antonio de Arévalo construyó, unos lustros más tarde, los cuarteles de "Las Bóvedas", utilizando en parte los planos de su antecesor, como veremos.

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Proyecto de Solís e informe del Gobernador, 5-X-1754 (AGI: Santa Fe, 943).

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