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EL INGENIERO DON IGNACIO SALA. -LOS FUERTES DE BOCACHICA
En San Lorenzo del Escorial se dictó en 10 de noviembre de 1748 una real cédula nombrando Gobernador de Cartagena a uno de los más competentes ingenieros militares de la época: el mariscal de Campo e ingeniero director de los Reales Ejércitos don Ignacio Sala |22 . De noble familia catalana, había nacido Sala en la casa solariega de sus padres, en Linya (municipio de Naves, provincia de Lérida), el 10 de abril de 1686. Iniciada su carrera militar durante la guerra de Sucesión, tomó parte como ingeniero voluntario en las campañas de Cataluña. En 1709 fue promovido al empleo de subteniente de Infantería; estuvo en la batalla de Zaragoza (1710), en la rendición de Brihuega y en la batalla de Villaviciosa. Aprobado por el rey en 1711 el Plan General de Ingenieros, formó parte del primer escalafón del Cuerpo, con categoría de ingeniero en segundo y destino en ejército de Aragón. Tres años más tarde pasó destinado a Andalucía, donde estuvo ocupado en las obras del arsenal de la Carraca y puente de Zuazo. A los treinta y dos años de edad, el 5 de mayo de 1718, fue ascendido a ingeniero en jefe con grado de teniente coronel, y a fines del mismo año pasó de nuevo al ejército de Aragón, sirviendo en Zaragoza, Pamplona y Fuenterrabía. Por su actuación en la defensa de esta importante plaza fronteriza fue ascendido a coronel en 1719.
Después de realizar importantes trabajos en Pamplona, que merecieron informes laudatorios del ingeniero general don José Próspero Verboom, pasó otra vez a Andalucía (1723), para dirigir la apertura del canal del río Guadalete, en el Puerto de Santa María, cerca de Cádiz. Dirigió nuevas obras en el arsenal de la Carraca y proyectó el gran edificio de la fábrica de Tabacos de Sevilla. En 1726 fue ascendido a ingeniero director y brigadier de Infantería y, después de tomar parte en el sitio de Gibraltar (1727), volvió a Sevilla para iniciar las obras de la fábrica de Tabacos, en cuya dirección estuvo ocupado desde 1728 hasta 1731.
Investido del cargo de director de las fortificaciones de Andalucía, pasó en 1732 a dirigir las obras de la plaza de Cádiz y del arsenal de la Carraca. En enero de 1740 fue ascendido a mariscal de Campo de los Ejércitos, continuando en la capital gaditana hasta su nombramiento para el gobierno de Cartagena de Indias con el ascenso a teniente general |23 .
Fue, además, don Ignacio Sala, un tratadista de su profesión. Durante los años de residencia en Cádiz dio a la imprenta algunas obras de su especialidad y tradujo al castellano el Tratado de la Defensa de las Plazas, del famoso marqués de Vauban, ingeniero de los ejércitos de Luis XIV, cuya primera edición había aparecido en La Haya en 1737. Don Ignacio Sala amplió esa obra clásica de la arquitectura militar |24 , pues como decía el censor don José de Chaves, marqués de Almodóvar, "la perspicaz vista de don Ignacio Sala copió de Vauban luzes, pero en sus addiciones supo añadir resplandores, y aún corregir algún descuydo".
El nombramiento de don Ignacio Sala parecía obedecer al propósito de resolver el problema de la defensa de Cartagena, pendiente de solución una vez más por el estado en que quedaron los fuertes de la bahía después del ataque de Vernon. Así lo consideraba, al menos, el propio Sala, consciente de su prestigio profesional, según se deduce de una carta en la que decía no dudar de que, entre las instrucciones que esperaba recibir, figuraría la formación de un proyecto general de todas las fortificaciones de la plaza y su bahía |25 .
El 21 de noviembre de 1749 tomó posesión don Ignacio Sala de su gobierno |26 , y en febrero del año siguiente escribió al marqués de la Ensenada comunicándole sus impresiones sobre Cartagena y sus defensas. Juzgaba inmejorable la situación de la plaza, pero veía en ella dos defectos que le causaban pesar: la mala situación del fuerte de San Sebastián y la abertura de Bocagrande. En su opinión, el fuerte de San Sebastián estaba mal situado, pues sus fuegos no podían enfilar a los navíos que intentasen forzar la entrada al puerto, ya que uno de sus frentes (de cincuenta toesas de largo) miraba hacia el surgidero y el otro (de treinta toesas) hacia la avenida de tierra. En cuanto a la abertura que se estaba formando en Bocagrande, era partidario de cerrarla, antes de que la fuerza del mar la agrandase más.
Añadía su carta que había puesto cuatro cañones en la batería de San José Bocachica |27 , y estaba madurando un proyecto para fortificar este canal, pero antes de ultimarlo necesitaba saber si se mandaría cerrar Bocagrande, ya que de lo contrario, si ésta continuaba en aumento, variaría todo el sistema defensivo de la bahía y resultaría inútil cuanto se hiciese en Bocachica |28 .
Elaboraba Sala este proyecto por orden del Virrey, aunque con harta parsimonia, como veremos. Cuando llegó aquél a Cartagena se encontraba en la ciudad el virrey don José Pizarro, el cual le encargó que, de acuerdo con el ingeniero director Mac-Evan, elaborase el plan de defensa de Bocachica. A este fin, estuvieron inspeccionando el canal y sus orillas los dos ingenieros, en compañía del Virrey y de su antecesor, don Sebastián Eslava, que poco tiempo antes le había entregado el mando. Como en esa entrevista surgiesen diferencias de criterio entre ambos técnicos, aquella autoridad les ordenó que estudiasen el asunto y lo sometiesen a su decisión. No se pusieron de acuerdo los ingenieros, por lo que, habiendo reiterado la orden el Virrey, que ya estaba en Santa Fe, en julio de 1750 le envió Sala un proyecto que había formado Mac-Evan y un "dictamen", en el que exponía los puntos en que no estaba conforme con éste.
Estudiando el problema planteado por la defensa de Bocachica, partía Sala de una premisa, en su opinión, indiscutible: que los fuegos de costado de un navío eran siempre superiores a los de una batería de tierra, por lo cual ésta era útil solamente en el caso de que sus fuegos pudiesen enfilar a los navíos por la proa o por la popa, disparando sino a su arboladura, para detenerlo en su marcha, "porque un navío desarbolado es como un cavallo sin pies". Partiendo de esta afirmación, opinaba que las baterías de Bocachica debían ser construidas con sus ángulos salientes dirigidos hacia el canal, pues así los fuegos de un frente enfilarían al navío enemigo por la proa y los del otro frente lo enfilarían por la popa si lograba pasar adelante, y en cambio el fuerte presentaba así muy poco blanco a las andanadas de las baterías del buque |29 . El Virrey contestó a Sala que le parecía más conveniente la forma propuesta por Mac-Evan, ya que ofrecía la ventaja de que el fuerte podría batir con todos sus fuegos al navío enemigo en el momento de pasar por el canal, con la ventaja, además, de que los tiros de las batería de tierra resultaban siempre más eficaces que los de los navíos, dada la inestabilidad de éstos. Como del informe dedujo el Virrey que el desacuerdo entre Sala y Mac-Evan se refería principalmente a la disposición y forma del fuerte de San Femando, ordenó que en tanto decidían sobre esta divergencia, se diese principio a la fábrica de la batería de San José, siguiendo los planos del ingeniero director, y se llevase cuenta detallada de su costo, a fin de calcular así con la mayor exactitud lo que costaría el otro fuerte.
Notificó Sala al Virrey el cumplimiento de esta orden, y las razones expuestas en su anterior dictamen, por lo cual, comprendiendo aquél que nunca lograría unificar los dos criterios, ordenó al Gobernador que hiciese un proyecto para enviarlo a la Corte junto con el de Mac-Evan a fin de que S. M. decidiera, ya que mientras llegaba la decisión real se podría seguir construyendo la batería de San José.
Con diversas disculpas eludió Sala el envío de sus planos, a pesar de las reiteradas órdenes del Virrey, y en todas sus cartas expuso nuevas razones en contra del proyecto de Mac-Evan. En febrero de 1751 surgieron nuevas diferencias en cuanto al modo de cimentar la batería de San José: quería el ingeniero director fundarla echando piedra hasta ganar la superficie del agua, y el Gobernador era partidario de edificarla sobre cajones llenos de mampostería, procedimiento que le había dado buenos resultados cuando construyó el muelle de San Felipe, en Cádiz. También discrepaban en cuanto al lugar de emplazamiento de la batería, que era tan malsano que los trabajadores enfermaban a los pocos días de llegar, como había sucedido al ingeniero Hernández, al sobrestante de la obra y a muchos operarios.
Nuevamente insistió el Virrey en que le enviase sus planos, sin que el Gobernador se diese prisa por obedecer. Por fin, en abril del citado año le comunicó que había pasado a Bocachica para disponer su proyecto e inspeccionar los cimientos de la batería de San José, comenzados bajo la dirección de Hernández, porque Mac-Evan estaba gravemente enfermo |30 . En su carta hacía constar la conveniencia de que todo el cimiento de la batería se hiciese de una vez hasta la superficie del agua, construyendo el contorno exterior con grandes piedras desbastadas y unos cajones con mampostería en los ángulos, rellenando después este circuito con piedra gruesa, cascotes procedentes de la demolición del castillo de San Luis y piedra menuda, a fin de que todo, después de fraguado, formase una sólida plataforma |31 . Así se construyó, como veremos.
A pesar de todo, no envió los planos el Gobernador, y, así las cosas, recibió una real cédula dada en Aranjuez el 12 de mayo, por la cual se le concedían amplias facultades para que, sin más dependencia que la debida al Virrey, dispusiese la construcción de las obras que juzgase necesarias para fortificar la plaza y cerrar Bocagrande, así como también para librar en las Cajas Reales las cantidades necesarias para costearlas |32 . Al recibir la notificación de esta cédula, juzgó el Virrey que las sucesivas excusas de Sala y su resistencia a enviarle los planos no eran más que pretextos para dar tiempo a que llegase la cédula concediéndole la amplitud de facultades que éste había pretendido desde que llegó al gobierno |33 . Fuese así o no, lo cierto es que el 30 el septiembre de 1751 apareció el tan deseado proyecto de Sala, con un plano (fig. 116) y una "descripción" explicativa.
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FIG. 116. Planos del Fuerte de San Fernanado y baterías de San José y Santa Bárbara, según el proyecto de don Ingacio Sala para la defensa del canal de Bocachica. 1751.
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AGI: Santa Fe, 940. Por Real Cédula de 7-II-1749 se le aumentó a 7.500 pesos anuales el sueldo de 2.000 señalado en el nombramiento, "atendiendo a los singulares méritos que concurren en este oficial para distinguirle" (AGI: Santa Fe, 1.009). |
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CUEVAS ALCOBER: |Un ejemplar español de arquitectura industrial del siglo XVIII, publicado por la Asociación Nacional de Ingenieros Industriales (Madrid, 1946), pág. 18 y ss. |
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Publicada en Cádiz por Pedro Gómez de Requena, impresor mayor, 1743. |
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Creyéndolo así, solicitaba le permitiesen llevar a Cartagena al ingeniero ordinario don Manuel Hernández, que aunque estaba destinado en Canarias, pasaría gustoso en su compañía si se le daba un regular ascenso (carta de Sala, en Cádiz, 7-I-1749; AGI: Santa Fe, 940). Accedió el rey al cambio de destino del citado ingeniero -no consta si también le concedió el ascenso-, a condición de que se enviara a aquellas islas quien le sustituyen (minuta de respuesta a Sala, Madrid, 14-I-1749; AGI: Santa Fe, 940). |
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Testimonio del acta de toma de posesión ante el Cabildo (AGI: Santa Fe, 1.000). |
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Seguramente se le habrían hecho algunos reparos después del ataque de Vernon. |
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Sala a Ensenada, 13-II-1750 (AGI: Santa Fe, 940).
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AGI: Santa Fe, 940.
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No se repuso de su enfermedad y falleció el 28 de abril, según escribía Sala al virrey en 2-VIII-1751 (AGI: Santa Fe, 940). |
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El Virrey a Ensenada, 2-X-1751, con copias de las cartas cruzadas entre aquél y Sala desde junio de 1750 hasta mayo de 1751 (AGI: Santa Fe, 940). |
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Minuta de RC, a Sala, 12-V-1751 (AGI: Santa Fe, 940).
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El Virrey a Ensenada, 2-X-1751 (AGI: Santa Fe, 940).
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