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EL MUELLE DE LA CONTADURÍA


Desde el último cuarto del siglo XVI, la descarga de naos y galeones se hizo, con embarcaciones menores, en el muelle que construyó el gobernador Pedro Fernández de Busto, que, tal vez ampliado luego, figura en el plano de las Casas Reales-o sea la actual Aduana-que levantó en 1620 el ingeniero Cristóbal de Roda. A ese muelle aportaron, durante más de dos siglos, los viajeros y las mercancías, pasando a los almacenes de la Contaduría o al recinto de la ciudad a través de la histórica "Puerta de la Aduana". A principios del ochocientos, el Consulado de Comercio, por iniciativa de su tesorero don Manuel de Pombo, hizo algunas reparaciones en el viejo muelle: se quitaron algunos sillares que estaban maltratados y se amplió el andén del desembarcadero.

En 1802, el tesorero Pombo solicitó permiso para construir, por cuenta del Consulado, "dos pórticos de mampostería de orden dórico, colocados en el mismo muelle" para resguardo de los cargamentos que se desembarcaban en tiempo de lluvias. Pasada la instancia a informe de la Comandancia de Fortificaciones, el ingeniero don Manuel Anguiano se manifestó en contra del proyecto, por considerarlo perjudicial para la defensa de la inmediata puerta de la muralla y de la estacada que cerraba el acceso al arrabal de Getsemaní. El tesorero contestó en términos airados, mezclando sus argumentos con ataques personales a Anguiano, y el gobernador don Anastasio Cejudo elevó el expediente al Virrey. Gracias al pleito así suscitado se conserva un plano de ese sector del recinto de Cartagena (fig. 140), donde figura el muelle antiguo que, según Anguiano, era "el que ha servido en tiempo de los galeones, cuyo conjunto de géneros y frutos no volverá a verse en este puerto, según el sistema actual de registros".

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FIG. 140. Plano del muelle de la Contaduría, por don Manuel Anguiano. 1803

En el plano se indica la orilla antigua de la playa (O O), el rastrillo (L) de la estacada que unía el recinto de la plaza con el de Getsemaní y los pórticos (K) objeto de la discusión. En un informe al Virrey, el ingeniero Anguiano fundamentó las razones de su oposición al proyecto, recordando, además, las disposiciones legales que prohibían construir obras permanentes en los terrenos de extramuros que estuviesen bajo el fuego de los cañones de las murallas. En enero de 1803, el virrey Mendinueta decidió la cuestión autorizando al Consulado para hacer unos simples tinglados de carpintería, que se pudiesen derribar fácilmente en caso de urgencia, sobre un zócalo de ladrillo de dos pies de altura. El Consulado quedaba obligado a someter la obra a la inspección del ingeniero don Manuel Anguiano, y el tesorero Pombo recibió una severa amonestación por haber lanzado contra éste "un "Etna de ynjurias, sátiras y calumnias" 153 .

Hasta que en fecha no lejana se construyeron los grandes muelles modernos, el antiguo de la Contaduría siguió sirviendo al tráfico marítimo del puerto de Cartagena. Es de sentir que no se conserven los planos de los pórticos, de orden dórico, que deseaba construir el tesorero Pombo. Al parecer, pese a su carácter utilitario, fueron concebidos como templetes de estilo neoclásico.

153
"Segundo expediente promovido por el tesorero del Consulado D. Manuel de Pombo contra esta Comandancia de Fortificación..." (AGI: Santa Fe, 959).

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