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SAN FELIPE DE BARAJAS


Cuando estalló la guerra con Inglaterra en 1762, a consecuencia del Pacto de Familia concertado con Francia se hicieron prevenciones en Cartagena ante el temor de que la contienda europea tuviese repercusiones al otro lado de Atlántico, donde tan codiciada ciudad era "llave y antemural del Reino, Caxa de su comercio y una de las más principales para la conservación destos dominios de Su Magestad" 98 .

De acuerdo con el gobernador don José de Sobremonte realizó Arévalo -que acababa de regresar del Darién- cuantas obras juzgo oportunas, y de tal manera multiplicó su actividad, que en el breve plazo de nueve meses quedó Cartagena prevenida contra cualquier ataque. Reparó los baluartes de San Francisco, San Ignacio y San Andrés, haciéndoles nuevos merlones y explanadas de hormigón; clausuró las puertas de Santo Domingo y Santa Catalina macizándolas de mampostería; cerró las brechas de las murallas de la Marina con estacadas en las que emplazó pedreros; cirnentó sobre pilotajes los pilares del puente elevadizo de la Media Luna; hizo construir cureñas y otros utensilios para el servicio de la artillería, y reunió en gran cantidad toda clase de pertrechos 99 . Además construyó nuevas baterías en los fuertes de Bocachica y erigió las que convirtieron el cerro de San Felipe en un reducto inexpugnable.

Si la seguridad de la bahía estaba conseguida con las fortalezas de la entrada de Bocachica, el castillo de San Felipe de Barajas era la llave de Cartagena. La experiencia lo había demostrado dos veces en el transcurso de medio siglo: forzándolo, consiguió la victoria Pointis, y ante la heroica resistencia de sus defensores fracasó Vernon. Pero el pequeño fuerte, construido en tiempos de don Pedro Zapata, podía ser batido desde unos cerros inmediatos, donde era fácil acuartelarse a cubierto de los fuegos del castillo, por todo lo cual no estaba en condiciones de resistir un ataque fuerte, y la ciudad quedaba, de hecho, abierta por aquella parte y expuesta a que si el enemigo forzaba la entrada de Bocachica pudiera presentarse de pronto ante la puerta de la Media Luna. Si a esto se añade que la abertura de Bocagrande era practicable para embarcaciones menores, había que admitir la posibilidad de que el enemigo entrase en la bahía sin necesidad de forzar previamente el canal de Bocachica.

De todo esto trataron el Gobernador y Arévalo, según manifiesta éste en un informe de 9 de abril de 1762. Como las otras vías de acceso a la plaza -las avenidas de Santo Domingo y Santa Catalina- no estaban expuestas, ya que, además de ser estrechas y de suelo arenoso, las batían los fuegos de las murallas, ambos decidieron fortificar debidamente el cerro de San Felipe, añadiéndole nuevas baterías que dominasen el paso hacia la Media Luna, desde la avenida del Cocal y playas inmediatas. Hizo Arévalo el proyecto, y en seguida comenzaron los trabajos con tal actividad, que en la fecha del referido informe estaban construidas dos baterías, con sus reductos intermedios para la fusilería, y comenzada otra 100 . En octubre del mismo año visitó las fortificaciones el virrey don Pedro Messía de la Cerda, y pudo escribir al ministro Arriaga diciéndole que el castillo era una fortaleza inexpulgable 101 . Tres meses después, lo más esencial de las obras quedaba concluido, y el castillo y sus baterías montaban los sesenta y tres cañones que componían su armamento 102 .

El 15 de mayo de 1763 envió Arévalo a la Corte, por conducto del Virrey, un largo y detallado informe sobre las obras que había realizado en el cerro de San Lázaro, acompañado de los planos del castillo de San Felipe de Barajas y un mapa de las inmediaciones de Cartagena.

Ampliando lo informado en una "relación" de abril del año anterior, hace Arévalo un minucioso estudio de las avenidas a la plaza, para recalcar así la importancia estratégica del cerro de San felipe, cuyas nuevas baterías garantizaban la seguridad del recinto amurallado. Por cuatro sitios podía ser atacada la ciudad: por el mar libre, entre el baluarte de Santo Domingo y el de Santa Catalina; por la Cruz Grande, hacia la península de la Popa y hacia el baluarte de Santa Catalina; por el istmo de Bocagrande, camino del baluarte de Santo Domingo, y por las playas situadas al este de la bahía, para marchar sobre la Media Luna pasando por el castillo de San Felipe (fig. 114). Por la avenida de "la Mar del Norte" nada tenía que temer la ciudad, pues no era empresa fácil intentar un desembarco contra una muralla batida por el mar, cuya resaca impedía a los navíos enemigos acercarse para protegerlos con los cañones de a bordo, y, además, la muralla estaba defendida por los fuegos de veintiocho pedreros y treinta y siete cañones, emplazados a barbeta sobre sus seis baluartes.

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FIG. 114. Plano de la Plaza de Cartagena y terreno de sus inmediaciones, por don Antonio de Arévalo. 1763

 

98
Palabras de Arévalo en su "Relación de consistencia del estado de defensa en que se ha puesto la plaza de Cartagena...", I5-V-1763 (AGI: Sarna Fe, 943) MARCO: Ob. cit., págs. 241 - 246.
99
|Hoja de Servicios, citada en nota 80.
100
"Relación de las obras"..., por Arévalo, 9-IV-1762 (AGI: Santa Fe, 941).
101
El Virrey a Arriaga, 24-X-1762 (AGI: Santa Fe, 942).
102
El Virrey a Aniaga 22-I-1763 (AGI: Santa Fe, 943).

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