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Legación de Colombia-Wáshington, D. C., Diciembre 23 de 1901. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores-Bogotá.

Sr. Ministro:
Por el recorte que incluyo, tomado del New York Tribune, del 22 de los corrientes, se impondrá V. S. de lo ocurrido en París en la última Asamblea general de los Accionistas de la Compañía Nueva del Canal de Panamá. La renuncia ó el retiro obligado de M. Hutin, Presidente de la Compañía, y las declaraciones hechas por varios de los accionistas en aquella sesión, que parece tuvo un carácter muy borrascoso, indican con toda claridad dos hechos que yo había anunciado con mucha anticipación al Ministerio á cargo hoy de V. S.: el primero, la incapacidad absoluta de la Compañía del Canal de Panamá para conseguir en Europa los capitales necesarios para concluir la obra que constituye el objeto de su organización, y el segundo y consecuencias, la urgente necesidad en que está dicha Compañía de vender su concesión al Gobierno de los Estados unidos, como único medio de salvarse de una ruina total y de recuperar parte á lo menos de los dineros hasta ahora invertidos en la obra.

La ratificación por el Senado de los Estados Unidos del nuevo Tratado Hay-Pauncefote, los protocolos que parece han sido firmados con los Gobiernos de Nicaragua y Costa Rica, han puesto las principales cartas del juego en manos del Gobierno de los Estados Unidos, y en vista del informe de la Comisión del Canal ístmico, que recomienda la vía de Nicaragua casi por la única razón de no haberse podido entender con el Presidente de la Compañía francesa, los accionistas han resuelto salvar este Obstáculo y hacer un último esfuerzo para impedir que el Congreso de este país adopte en definitiva la vía de Nicaragua.

Natural es, por lo mismo, suponer que dentro de muy pocos días se presentará en Wáshington el nuevo Presidente de la Compañía de Panamá, con poderes suficientes para concluir un arreglo satisfactorio en cuanto se refiera á los intereses de la Compañía.

¿Qué debo hacer yo, como representante del Gobierno de, Colombia en ese evento, que parece no sólo probable, sino seguro? Tal es la cuestión que se me presenta y que requiere una solución inmediata.

Si se niega á la Compañía francesa el permiso necesario para traspasar sus derechos al Gobierno de los Estados Unidos, la adopción de la ruta de Nicaragua por el Congreso será un hecho, resuelto é inmediato; y en este caso, además de condenarse á ruina completa á la Compañía, Colombia quedará privada de todas las ventajas directas é indirectas que podría reportar del canal abierto por el Istmo de Panamá. Sería aquello, la repetición de la fábula del perro del hortelano.

Sin embargo, no se puede conceder á la Compañía francesa el permiso que habrá de solicitar, si antes no se celebra un arreglo directo entre el Gobierno de Colombia y el de los Estados Unidos que determine las obligaciones y concesiones recíprocas de los dos países en lo relativo al canal y á la zona del terreno adyacente.

¿Cuáles son las condiciones exigidas por el Gobierno de los Estados Unidos? lo sabe muy bien V. S. por el proyecto de contrato ó de tratado que me fue sometido por el almirante Walker y que remití en copia con mi despacho de 9 de Julio del presente año, encareciendo se me diera una pronta respuesta, con las autorizaciones é instrucciones necesarias para contestar á la Comisión del Canal ístmico antes de que rindiera su informe al Presidente de los Estados Unidos.

Desde el principio de mi misión en Wáshington he tenido escrupuloso cuidado de informar á ese Ministerio de todos los asuntos conexionados con el Canal de Panamá; y en mi Memorándum de 25 de Junio del presente año resumí todos los hechos antes apuntados y presenté mis opiniones claras y netas sobre el estado de la cuestión, anunciando allí que la Compañía francesa del Canal de Panamá no podría llevar á cabo la obra; que era excusado pensar en que las potencias europeas se pusieran de acuerdo para tomarla por su cuenta ; que Inglaterra no rompería lanzas con los Estados Unidos por este asunto y que terminarían por entenderse amigablemente para abrogar el Tratado Clayton-Bulwer y reemplazarlo por otro que dejara mano libre á los Estados Unidos para la construcción del canal; que la Compañía francesa se vería al fin obligada á vender su concesión, para salvarse; que el Gobierno de los Estados Unidos era el único que podía abrir el canal, porque lo necesita y lo quiere.

Todos estos pronósticos se han venido realizando puntualmente, y el momento ha llegado en que Colombia debe tomar una resolución definitiva.

A pesar de mis reiteradas instancias, por medio de despachos y de calogramas, seis meses van ya trascurridos, y ni una sola palabra he recibido aun de ese Ministerio que indique que se ha dado atención alguna al asunto que constituye aquí casi exclusivamente mi misión.

Este silencio ó esta indiferencia es verdaderamente inexplicable, porque acaso no hay asunto de mayor importancia hoy para Colombia que el de saber si se abre ó no el canal por la ruta de Panamá. Tiempo ha habido de sobra para estudiar este negocio por todas sus fases, y era sabido también que no lo había indefinido para llegar á una conclusión.

La única instrucción precisa que yo tengo es la que me comunicó por cable desde hace varios meses el predecesor de V. S., Dr. Antonio José Uribe, reducida á decirme que no contrajera ningún compromiso sin aguardar las instrucciones que me serían oportunamente enviadas. El Sr. Uribe salió del Ministerio mucho después, y las instrucciones anunciadas no llegaron.

A veces me inclino á pensar que el Gobierno de que V. S. es órgano no tiene en mí la debida confianza para adelantar una negociación cualquiera; y si éste fuere el caso, me atrevo á rogar á V. S. que me envíe mis letras de retiro, pues no deseo ni debo ser causa de dificultades ó de tropiezos en una materia que tan directamente afecta los intereses de la República y su porvenir político y económico.

Si se tratara de negocio menos delicado, yo no vacilaría, en vista de la urgencia de las circunstancias, en firmar un convenio ad referéndum; pero en el presente caso dudo mucho que el Gobierno de los Estados Unidos viniera en ello, por la sencilla razón de que un convenio así, sin base sólida, podría tomarse como un simple recurso de distracción para entorpecer la acción del Congrego, actualmente reunido. Por otra parte, no querría yo exponerme á las graves consecuencias de que el arreglo concluido por mí aquí fuese luego improbado por el Gobierno de Bogotá.

En esta desagradable posición, he resuelto abstenerme de contraer ningún compromiso, por falta de instrucciones; y si ello fuere causa de que se malogre ó pierda cualquiera oportunidad para asegurar la apertura del canal por la vía de Panamá, declino desde ahora toda responsabilidad.

Con sentimientos de la más distinguida consideración me suscribo de V. S. muy atento y seguro servidor.

CARLOS MARTÍNEZ SILVA

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