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La Compañía francesa y el Canal.

Cuando el Gobierno de Colombia, en 1890, concedió al liquidador de la Compañía Universal del Canal interoceánico una prórroga de diez años para terminar y poner al servicio público la obra, se estipuló que la nueva Compañía se organizaría definitivamente con capital suficiente al efecto.

Esta condición no se cumplió en manera alguna; y la prueba es que la Compañía Nueva no cuenta hoy con otro capital efectivo que con las sumas que hizo devolver á algunos de los antiguos accionistas más gravemente comprometidos en el ruidoso proceso de Panamá, con el objeto de salvarlos así de las consecuencias de sus criminales manejos. Todavía después la Compañía, hallando cerradas en Francia todas las puertas, pensó en organizar un Sindicado americano, sin conocimiento del Gobierno de Colombia; y habiendo fracasado esta nueva tentativa para conseguir capital, solicitó y obtuvo la prórroga que últimamente se le concedió, por la miserable suma de un millón de pesos, y sin tomarse precaución alguna para asegurar la conclusión de la obra en el término señalado.

De la correspondencia original que tengo á la vista, del Sr. Dr. Nicolas Esguerra, Comisionado especial para tratar este negocio en Europa, aparece con absoluta claridad que él se opuso á la concesión de la prórroga, considerando que el interés de la República estaba precisamente en dejar correr el tiempo, ya para poner á la Compañía en la precisión de ofrecer á Colombia una compensación suficiente por los perjuicios causados con la demora en abrir el canal, ya para facilitar á la República el negociar sus derechos con otra entidad. Todas las observaciones del Dr. Esguerra fueron desatendidas; y como él pareciera un obstáculo, bruscamente se interrumpieron las negociaciones en París para trasladarlas á Bogotá, donde en pocos días se arregló el negocio en los términos que conocemos, concediéndosela prórroga por un decreto de carácter legislativo, en uno de cuyos considerandos se aduce, faltándose cínicamente á la verdad, que el comisionado Dr. Esguerra recomendaba la operación.

La Compañía francesa es quizá disculpable, en el punto de vista de sus intereses, por haber engañado, como á un niño, al Gobierno de Colombia; pero la Administración que llevó á término aquel negocio tendrá siempre una inmensa responsabilidad ante el país si, como puede suceder, la obra del canal se malogra en definitiva.

La nueva prórroga ha sido y será un obstáculo sumamente grave para entrar hoy en cualquiera negociación provechosa para la República.

Todavía quedaría hoy un remedio, y sería que el próximo Congreso de Colombia, como creo que tiene derecho á hacerlo, improbara el decreto legislativo que concedió la última prórroga á la Compañía Nueva de Panamá, devolviéndole la suma de ella recibida con los intereses correspondientes; pero para eso sería preciso que antes nos hubiésemos entendido con el Gobierno de los Estados Unidos, á fin de tener un respaldo eficaz.

Punto es éste que debe estudiarse con calma y resolverse con energía. Colombia no debe defraudar á la Compañía del Canal de Panamá de ninguno de sus legítimos derechos, pero tampoco puede consentir en ser victimado antiguos criminales manejos, ni de especulaciones nuevas adelantadas todas en detrimento suyo.

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