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Desde
Juntas deben continuar a Santa Rosa a tres días de distancia para llegar al Alpichaque,
pequeño puerto de canoas sobre un raudal que permitía iniciar la navegación por el río
Guamués para desembocar en el río Putumayo lugar sobre el cual comenta:
«La cordillera de
Mocoa se ve cerca. El río, reunidas sus aguas con las del Guamués, que hoy las
superaban, toma todo el aspecto que tiene el Magdalena en Puerto Berrío y sigue hacia el
sur. Habíamos navegado doce leguas del Guamués, en ocho horas desde el Alpichaque, las
cuales podrían reducirse a ocho en línea recta, por camino de tierra, si no fueran de
sospecharse los pantanos». (Triana, 1950: 304).
Diez kilómetros abajo de
la bocana del Guamués, llegaron a La Sofia, caserío índigena siona cercano al cual ha
sido trasplantado el de San José, «porque donde estuvo antes, cinco kilómetros arriba
de la boca del Guamués, murieron tres caciques y por esta calamidad los indios derribaron
sus casas y fueron a fundar a otra parte. Esto hacen siempre». (Triana, 1950: 306).
Una vez en San José se
enrumba subiendo el río Putumayo:
«Amanecer, presenciar la toillete de las indios y el tralín de la palanca; almorzar
en frío al medio día; ver a las indias raspar el lloco y tomar horchatas de yuca,
plátano y chantaduro mascadas; levantar rancho en la playa arenosa, al anochecer y
repetir esta misma, durante una serie de días monótonos, que se hace interminable; eso
es el viaje de subida. Boca del Orito, San Diego, Boca del San juan, Boca del Guinea,
estas son los únicos accidentes que interrumpen de tarde en tarde, la uniformidad de la
alameda que sombreo el canal» (Triana, 1950: 325).
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En las
totoras de La Cocha, Nariño. Grabado de E. Bayard, sobre el viaje de Edouard André de
Popayán a Pasto en 1875-1876. (Tomado de: Geografía Pintoresca de Colombia en 1868,
recopilación dirigida por Eduardo Acevedo Latorre, Litografía Arco, Bogotá, 1968.
Biblioteca particular de Pilar Moreno de Ángel).
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Llegan al pueblo de
El Guineo habitado por indígenas ingas de habla quechua y señala cómo este lugar es
centro de convergencia de comerciantes provenientes del valle de Sibundoy, de Mocoa, de
San Diego y San José, anotación que confirma lo señalado: el papel de comerciantes de
los grupos indígenas del piedemonte y de intermediarios entre el Bajo Putumayo y la zona
andina.
Del Guineo había camino
hasta Mocoa y deciden viajar cargados por los indígenas, «vehículo» que describe
Triana:
«Aunque el sendero es
plano y endeble, queríamos probar también este extraordinario vehículo, más y más
raro en nuestros transportes nacionales. En una tablilla, pendiente de la frente y las
hombros del carguero, con la cintura de éste entre las rodillas y los codos sobre su
espalda, va sentadaoel viajero, atados los pies a la misma tablilla, como pollo de
fiambre. Sobre la coronilla de nuestro indio, a modo de escritorio, hacíamos las
anotaciones de cartera. El hombre se santiguó, pronunció un largo conjura, entre
dientes, y echó a andar». (Triana, 1950: 337).
Al día siguiente cruzaron
una planicie que media entre el Noayaco y el río Mocoa y atravesaron un istmo para pasar
de la hoya del río Putumayo a la del río Caquetá, al cual desembocan el río Mocoa y
los numerosos afluentes que debieron seguir navegando. Al llegar a Mocoa emprenden el
camino hacia el valle de Sibundoy...«El camino de Mocoa, renombrado como espantoso,
corresponde a su fama. Desde las goteras del poblado es preciso situarse sobre las
espaldas del indil, para poder dar un paso seguro. Corre plano, durante una legua, por un
tendida de chontas desparejas, flojas como teclado e intermitentes, para salvar la
ciénaga hasta Pueblo Viejo, donde se interrumpe la bóveda de la selva y se entra a
potreros y cultivos abandonados, de la que fue la antigua ciudad indígena (...) Sale el
camino del Valle de Mocoa y comienza en Pueblo Viejo el ascenso penoso de la montaña,
donde la cabalgadura en indio se impone como único medio posible de transporte. Allí,
donde el peatón común tendría la necesidad de andar a gatas clavando las uñas en la
acella resbalosa, posa la pata firme el indio sin trepidar en lo más mínimo; donde el
equilibrio sobre una raíz, tortuosa, inclinada y resbaladiza, es perfectamente imposible
para un acróbata vulgar, anda el indio con donosura envidiable». (Triana, 1950:
356).
De Puente Viejo se dirige
al valle de Sibundoy a una distancia de once leguas que les toma tres días de camino. Una
vez en Sibundoy se puede continuar hacia Pasto por el camino antes mencionado o bajar a
Mocoa como lo describe el ingeniero, señalando la manera tradicional de transitar por los
antiguos caminos indígenas:
«Arranca la trocha de
Mocoa del pueblo de La Laguna en ascenso continuo al páramo de Bordoncillo, atraviesa la
planada inclemente y desciende al mencionado valle de Sibundoy. Cruza este valle, poco
consolidado todavía y transmonta la sierra del Portachuelo de la que desciende
inmediatamente por todo el cauce estrecho del río Minchay, dejando a la derecha la trocha
de La Tortuga (trazada por los blancos para evitar los accidentes geográficos), que
conduce directamente y sin paso de ríos a Mocoa. Parece que para seguir la costumbre de
sus antepasadas, y de intentao menospreciara esta variante trazada por los contemporáneos
el carguero indígena en busca de las aguas por su banda izquierda. Para esto necesita
transmontar con grande esfuerzo la serie de cuchillones que forman sus cañadas rocosas,
hasta donde el río >vuelve
hacia el sur, punto en el cual se busca la banda derecha para seguir atravesando las
corrientes que le tributan los contrafuertes de la sierra del Partachuelo que mueren en la
llanura. Así se llega por sendero fangoso a Mocoa y se sigue a uno de los puertos de
Limón a Guinea, equidistante el primero sobre el río Caquetá, el segundo sobre un
afluente del Putumayo (...) En cambio, por la trocha de La Tortuga, que arranca en el
sitio del Portachuelo y sigue esta serranía, sólo se pasa la quebrada que le ha prestado
su nombre. Por esta trocha se han llevado a Mocoa ganados y bestias no sin muchas
dificultades». (Triana, 1950:385).
Para finales del siglo
XVIII, fray Juan de Santa Gertrudis (/1756-76/1970. t. II: 28-29) insiste en que su
misión debe depender de Pasto por cuanto «de Caquetá hasta Sibundoy tomando el camino
por Santa Clara de Mocoa hay sólo seis días de camino, y de estos seis, los dos que hay
de Mocoa a Caquetá es tierra llana», de manera que la que se debería hacer era abrirlo
y arreglarla para que entraran bestias, señalando cómo es continuamente transitado por
los sibundoyes:
«Y es cosa natural
que más presto, como más facilidad y con menos costo se habían de poner corriente estos
cuatro días, mayormente estando ya camino hecho de todos los días, que lo tienen
trillado los indios sibundoyes entrando y saliendo a Mocoa todo el año, que no querer el
Comisario, sólo por su capricho, emprender abrir camino por Almaguer, habiendo veinte y
dos días de Almaguer a Caquetá, camino más fragoso y doblado».
CAMINO
MOCOA-ALMAGUER-SAN SEBASTIÁN-PÁRAMO DE LAS PAPAS-SAN AGUSTÍN
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Entrada a
Pasto. Grabado de Riou. (Tomado de: América Pintoresca, tomo 1, 1884. Edición facsimilar
de Carvajal y Cía. 1980-1982. Biblioteca particular de Pilar Moreno de Ángel).
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Antiguos caminos
comunicaban el Putumayo con el nororiente de Nariño y Cauca sin pasar por Pasto, sino
bordeando la cordillera por el oriente. En este sentido es revelador un documento de
archivo de 1752, en el cual el franciscano fray Joseph de San Joaquín informa a su
majestad sobre las misiones de las ríos Caquetá y Putumayo y Sucumbíos:
«Fray Eugenio
Ibáñez Cuebas delegó en mí esta facultad como practico de dichas misiones y como tal
el más eficaz remedio que se me previno fue el de que se emprendiese a descubrir el
camino antiguo, por donde la ciudad de Mocoa de la que solo ay algunos vestigios,
comerciaban con esta (Popayan) i la de Almaguer, i conseguido no necesitavan los padres
misiones, ni los yndios de su misión comerciar con Pasto ni traficar su camino, quedando
por este medío inutil». (A.C.C., Signatura 9042, fol. 1 r).
Los franciscanos emprenden
entonces, ...«el descubrimiento del camino antiguo por donde esta ciudad (Popayán) y
Almaguer, comerciaban con los habitantes de Mocoa, introduciéndoles lo que necesitaban
que recebían y pagaban en oro de las minas que trabajaban el que se había enmontado por
defecto de su tráfico que cesó con la destrucción de Mocoa, demolida por los indios
bárbaros». (A.C.C., Signatura 9045, fol. 1),
y buscan establecer
cuánto se demoraría un misionero «en su cabalgadura» recorriéndolo. La
rehabilitación de la vía significa un reconocimiento de caminos antiguos transitados por
indígenas del piedemonte, los cuales entrelazaban dos regiones tierras altas y
bajas para esta fecha delimitadas y aparentemente apartadas entre sí, pero que en
épocas prehispánicas tal vez no lo estaban, o por lo menos, eran objeto de intercambio
permanente a través de la labor de indígenas especializados en esta actividad, tal como
se ha venido señalando.
De igual manera, se
evidencia el interés de reiniciar la explotación de oro en la región de Mocoa y
Sucumbíos, explotación que había sido suspendida por parte de los españoles hacia la
segunda mitad del siglo XVII, después de un relativo esplendor económico (Pineda Camacho
y Llanos, 1982). Esto se hace evidente cuando fray Joseph comenta:
«...sólo serán
necesarios onze o doze dias: i si abierto provocado los mineros de los ricos minerales asi
de la mision como de los que tienen los muchos rios que media en el camino (...) en los
ríos que median se podrán poblar las cuadrillas de negros esclavos al fin de labrar los
minerales de oro que tienen y que se hallan trabajando por necesidad otros de poca
subsistencia, con que quedaran los minerales adelantados y por el consiguiente los reales
quintos, i a vista de esta experiencia y de que ya por la ciudad de Pasto no han de
traficar los misioneros como antes a las misiones si no por esta, con que queda quitada
toda ocasión de que con pretexto de introducir los alimentos a las misiones, se an
deslizado algunos en compra de ropas de ilícito comercio . . .» (A.C.C., signatura
9045, fol.1v).
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