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PARTE
II
TRADICIÓN Y CONTINUIDAD. CAMINOS REALES Y CAMINOS REPUBLICANOS
CAPÍTULO 10
POR EL CAMINO DE GUANACAS
El camino Santafé - Quito por Guanacas (Tocaima, Neiva, La Plata, Popayán)
GUIDO BARONA BECERRA
La historia de los caminos
reales en Colombia desde el siglo XVI, está vinculada a los diversos movimientos que las
sociedades locales y regionales han hecho en su afán de articularse a un espacio
económico y geopolítico mucho más vasto. El camino Santafé - Quito que desde Tocaima,
Neiva y La Plata pasaba por Popayán, no fue ajeno a esta circunstancia; su trazado, en el
largo plazo, fue resultado de un imperativo militar, de conquista, que poco o poco fue
dando paso a otras motivaciones de dominación política y expansión económica a medida
que se fue consolidando la «empresa» de colonización. A esta historia me referiré sin
traspasar los umbrales del periodo republicano, poniendo de relieve la naturaleza agreste
de las valles y montañas que atravesaba y la idiosincrasia de los habitantes de estas
regiones quienes, fuera de los que estaban avecindados en los principales centros poblados
de los siglos XVI al XVIII, se encontraban alejados de las condiciones de vida que fueran
considerados como propios de un asentamiento hispánico.
EL CAMINO SANTAFÉ
- QUITO: UN ITINERARIO ENTRE LA PRECARIEDAD DE LAS FRONTERAS COLONIALES Y EL «ARCHIPIÉLAGO»(
1
)
REGIONAL
Transcurría el siglo XVI
y los huestes conquistadores comandados por Sebastián de Belalcázar irrumpieron en el
Alto Magdalena en su eterna búsqueda del «Dorado»(
2
). Desde estas alturas, dominadas por los
páramos y los picos nevados, los expedicionarios observaron los valles del Cauca y del
Magdalena encajonados y divididos por las formaciones andinas, que posteriormente se
configuraron como las barreras naturales que impedirían, o por lo menos dificultarían,
la comunicación entre las fundaciones del sur del continente y de la Gobernación de
Popayán con Santafé, cabeza administrativa del Nuevo Reino. En este transcurrir los
conquistadores se fueron encontrando con miembros de los grupos étnicos de la región con
quienes los españoles habían tenido contactos previos dirigidos por el capitán Muñoz
de Collantes, que un tiempo después participaría en las expediciones al valle del
Magdalena.
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A hombro
de indio. (Tomado de: Aperçu General sur la Colombie et recits de voyages en Amérique.
C.P. Ettienne, 1887. Biblioteca particular de Pilar Moreno de Ángel)..
|
Así las cosas, los
miembros de estas campañas, acompañados por «indígenas»(
3
) informantes, recorrieron estos territorios
transitando los caminos precolombinos cuyos trazados orientarían, en la mayoría de los
casos, en los años siguientes, la construcción de los caminos reales de la región(
4
).
Descentrando el eje
tradicional a partir del cual los colombianos dimensionamos el país (Santafé de
Bogotá), y trasladando este centro a Popayán, surge inmediatamente a nuestra mirada el
camino de Guanacas que unía a la cabeza administrativo de la Gobernación con la ciudad
de La Plata.
Esta ruta fue surgiendo a
medida que los expedicionarios intentaron conquistar a los grupos étnicos de las tierras
situadas entre «los dos ríos». Este proceso duró más de cien años, desde 1537 a
1646, con proyecciones hasta 1670, y puso en tensión a las fundaciones de españoles
situados en las estribaciones de la cordillera Central y en los valles interandinos del
Cauca y Magdalena. Durante estos años los incipientes pobladores de los pueblos, villas y
ciudades, que hacían parte de la Gobernación desde Popayán hasta Cartago, estuvieron en
algunos momentos aislados del resto de las fundaciones del Nuevo Reino como consecuencia
de la resistencia primero, y de la respuesta bélica después, de los grupos étnicos que
poblaban estas tierras(
5
). Posteriormente y como resultado de la campaña de «pacificación» de don
Juan de Borja, los paeces y pijaos que no fueron capturados o aniquilados abandonaron sus
territorios ancestrales del valle del Magdalena y se refugiaron en el interior de la
cordillera donde, a partir de 1613, serían aculturados principalmente por medio de la
prédica religiosa. Hasta ese momento el camino de Guanacas era sólo una ruta militar de
reducida importancia económica, a pesar de la justificación que habían dado los
habitantes de Popayán para lograr el traslado de la Caja Real de Cali a esta ciudad(
6
).
El cuadro que a
continuación presentamos, sintetizo el número de expediciones punitivas que en casi cien
años se hicieron contra los pijaos.
En el siglo XVII, con la
pacificación de Timaná, La Plata y los grupos étnicos del valle del Magdalena, el
problema de la comunicación de Popayán con Neiva y Tocaima quedó solucionado en lo que
respecta a no sufrir permanentes asaltos y muertes en la ruta.
EXPEDICIONES CONTRA LOS
PIJAOS. 1538 - 1610
|
Origen
|
No. de exp.
|
No. de exp.
|
%
|
Muertos
|
%
|
|
Popayán
|
50
|
2.606
|
81,9
|
70
|
55,1
|
|
N. Reino
|
10
|
576
|
18,1
|
57
|
44,8
|
|
Totales
|
60
|
3.182
|
-
|
127
|
-
|
Para esta época
todavía conservaban los españoles la esperanza de poder explotar en su propio beneficio,
las poblaciones nativas que estaban asentadas en las vecindades de Timaná y La Plata. En
efecto, Timaná, desde el siglo XVI, fue la fundación española más activa desde el
punto de vista comercial; esta situación varió al inicio de la segunda mitad del siglo
XVII, cuando se desplazó el eje económico a la Gobernación de Popayán como resultado
de la apertura de las explotaciones auríferas del Chocó.
Durante el tiempo en que
duró la bonanza económica de esta población, los españoles avecindados construyeron
dos caminos que la unían con La Plata y Popayán. Por las características ecológicas y
topográficas del territorio que debían cruzar, estas rutas eran trochas muy difíciles
de transitar imposibilitándose el empleo de mulas para el transporte de mercaderías. Con
tal motivo en 1627 «se abrió un camino para recuas que en doce jornadas conducía desde
Timaná, por Garzón, La Plata, y el páramo de Guanacas, a Popayán»; pese a este
esfuerzo el tiempo demandado para llegar de Timaná a Popayán no facilitaba la
conducción de las mieles y de otros productos de la tierra por lo cual, según un informe
de 1763, se abrió otro que cruzaba la enorme extensión de la Hacienda de Laboyos y
reducía el tiempo de transporte en cuatro o cinco días, según se lo recorriera en
verano o en invierno(
7
).
Todos estos intentos para
articular a dos regiones de colonización, separadas por la enorme barrera de la
cordillera Central, no poseían como objetivo único el incremento del tráfico comercial
entre Popayán, La Plata y Timaná. Las diversas tentativas que se hicieron de
penetración al Alto Magdalena tenían como finalidad facilitar la comunicación con las
misiones situadas en la selva amazónica, a través del aprovechamiento de los numerosos
pasos naturales y de la relativa baja altitud de la cordillera Oriental en esta región, y
al mismo tiempo acceder a nuevos territorios que les garantizaran la sujeción de un mayor
número de nativos y el disfrute de enormes riquezas desconocidas pero sí imaginadas.
Notas
(
1
)
El concepto de «archipiélago» regional, desarrollado en otros artículos, se refiere a
los procesos de fragmentación del espacio colonial y de consolidación de ejes de
conquista y colonización en un territorio demarcado administrativa y políticamente. Esta
doble situación se produjo en los siglos XVI al XVIII como consecuencia de la debilidad
de la presencia política de España en América, pero también como efecto de la
naturaleza «descomunal» del nuevo continente para la cual el hombre europeo no estaba
preparado(
regresar a 1
)
(
2
)
JUAN FRIEDE. Los Andaki, 1538 - 1947. Historia de la Aculturación de una Tribu
Selvática. México, 1974, págs. 44 y 45.(
regresar a 2
)
(
3
)
Emplearemos el concepto de «indígena» para así llamar a los miembros de los grupos
étnicos originarios del continente suramericano, que fueron aculturados e integrados a la
cultura hispánica y a la «vida en policía» de la época. Este concepto no se refiere a
los aborígenes que por su resistencia no fueron subordinados por los españoles.(
regresar a 3
)
(
4
)
Archivo General de la Nación, Sección Colonia, Mejoras Materiales, t. 22, folios 572v y
572rv; en adelante este Archivo será citado como A.G.N. En este documento, como en otros
de su misma naturaleza, es clara la insuficiencia tecnológica de los españoles para la
construcción de los caminos en las cordilleras andinas ya que las pendientes en éstas no
se redujeron puesto que conservaron el trazado de los caminos precolombinos, que no
estaban hechos para animales de carga, que desde la curva de nivel más baja ascendían
prácticamente en línea recta hasta el vértice de las montañas. Esta técnica de
trazado aparentemente no creó muchas dificultades para los nativos en la medida en que
éstos no poseyeron animales capacitados para transportar grandes pesos; otro situación
se les presentó a los peninsulares que trajeron el caballo, el asno y la mul, que al
arrostrar las pendientes tenían que hacer grandes esfuerzos para que sus bestias y
animales vacunos afianzaran sus cuartos traseros en los suelos de estas trochas que la
mayor parte del año permanecían encenagadas y con permanentes derrumbes.(
regresar a 4
)
(
5
)
Para mayor precisión consúltese: María Teresa Findji y José María Rojas, Territorio,
Economía y Sociedad Paez, Cali, 1985. Alonso Valencia Llano, Resistencia Militar
Indígena en la Gobernación de Popayán, Popayán, 1989. Francisco U. Zuluaga, La Ciudad
de los Confines del Valle, Gobernación del Valle del Cauca, Colección Autores
Vallecaucanos, Cartago, 1990. Para entender la dinámica de las fronteras coloniales,
véase: Germán Colmenares, Historia Económica y Social de Colombia. 1537-1719,
Medellín, 1975.(
regresar a 5
)
(
6
)
En efecto, paro obtener este traslado y con él la designación de Popayán como cabeza de
Gobernación, los habitantes de esta ciudad argumentaron que con la apertura de la tierra
situado entre «los dos rías» se superaría la depresión económico causada por el
descenso en los registros de oro de la Caja Real de Cali. Archivo Central del Cauca,
libros capitulares, t. II, acta 7, folio 84, 1630. En adelante estQ Archivo se cita-rá
cama A.C.C. (regresar6)
(
7
)
JUAN FR1EDE. op. cit., págs. 33 y 34.(
regresar a 7
)
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