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PARTE
II
TRADICIÓN Y CONTINUIDAD. CAMINOS REALES Y CAMINOS REPUBLICANOS
CAPÍTULO 11
DE CARTAGO Y ABURRA A NÓVITA Y CITARÁ
Caminos al occidente
LUIS FERNANDO MOLINA LONDOÑO
«Todos los grandes
descubrimientos y la marcha de la civilización siempre han sido del Este al Oeste;
Colón, la vuelta del mundo, los grandes descubrimientos en el Africa, el progreso de los
Estados Unidos, todo ha sido caminando al Occidente, mientras que de los que se han
dirigido al Este muy pocos han tenido éxito».
J. HENRY WHITE, explorador
del Chocó.
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Mapa del
río Atrato y su desembocadura en el golfo del Darién, año de 1832. (AGN, Mapoteca 4,
mapa 21 A).
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Durante la Colonia y
parte de la República, Santafé de Bogotá se comunicó con mucha dificultad con las
regiones del occidente del país, no obstante haber ahí, ciudades de importancia
económica y poblacional como Popayán, Cali, Cartago, Medellín, Santa Fe de Antioquia y
Rionegro; zonas riquísimas en recursos auríferos como la llanura del Pacífico y un
puerto importante sobre la costa como Buenaventura. Una de las razones de la
incomunicación fueron los obstáculos puestos por las laderas, alturas y pasos de la
cordillera Central. Sólo existían cuatro rutas para pasar al Cauca y Antioquia:
1. El camino del valle del
Magdalena por Neiva y La Plata hasta el pueblo de Guanacas vía Popayán, era apto para
mulas. Por él se podia atravesar el paso paramuno de Guanacas en un día y luego
descender al Alto Cauca.
2. El camino por Ibagué
hasta el puerto de Cartago a través de los legendarios pasos del Quindío. Era propio
solamente para cargueros humanos. De Cartago hacia el sur, conducía a Cali. Hacia el
norte a Anserma, Arma, Medellín o Santa Fe de Antioquia, posible de transitar en bestias
de carga. Hacia el occidente a Nóvita, lstmina y Citará, hoy Quibdó, en el Chocó. Y
hacia el noroccidente llegaba hasta Anserma, Tadó y Quibdó.
3. El camino por Honda,
Mariquita y el páramo de Herveo hasta Supía. De allí se ramificaba hacia Cartago en el
sur, a Medellín y Santa Fé de Antioquia en el norte. De Mariquita a Supía muy pocos
terciadores se aventuraban a transitarlo.
4. El camino por Honda,
remontando el río Magdalena hasta el puerto de Nare. El río del mismo nombre se navegaba
en su parte baja hasta un desembarcadero desde donde se caminaba hasta Marinilla,
Medellín y Santa Fé de Antioquia.
A finales del siglo XVIII,
el gobierno de Antioquia impulsó la construcción del camino Rionegro-Sonsón hasta Mariquita(
1
)
Ya bien entrado el XIX,
desde Sonsón se abrió un nuevo ramal hasta Manizales y Cartago, como una ruta
alternativa a la de Supía. Cobró importancia en el decenio de 1870 debido al rápido
progreso de Manizales. Esta ciudad asumió el papel de intermediaria del gran comercio que
transportaba en bueyes el cacao del Valle hasta Medellín. El viaje demoraba siete días
para recorrer 40 leguas (200 kilómetros). En el sentido norte sur, partiendo de
Medellín, se pasaba por Rionegro, La Ceja, Sonsón o Abejorral, el cañón del río Arma,
Aguadas, Pácora, Salamina, Aranzazu y Neira, finalizando en Manizales. El camino por
Supía, sin embargo, siguió siendo el paso más importante para fomentar los mercados de
Pasto, Popayán, Cali, Buga, Cartago, Anserma y otras ciudades, como también para la
integración comercial del occidente en el eje Quito-Medellín(
2
).
El paso más difícil del
occidente fue el del boquerón del Quindío(
3
), ubicado en medio del espectacular relieve de
los nevados del Tolima Huila, Quindío y del Ruiz. Sendero famoso por los cargueros y
silleteros, inmortalizados por los dibujos y grabados publicados por algunos científicos
en sus relatos de viaje.
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Mapa de
los caminos a Nóvita. Año de 1817. (AGN, Mapoteca 4, mapa 604 A).
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Los terciadores
ataban una silla a sus espaldas para llevar viajeros y fardos de hasta 80 kilos de peso en
lomadas de cuatro horas durante 10 ó 15 días en tiempo de verano y de un mes en época
de lluvia. Eran muchos los hombres que en Ibagué, Antioquia y Chocó se dedicaban al
oficio formándose a veces filas de decenas de ellos en el camino.
El ancho del sendero era
de 50 a 70 centímetros, en medio de barrancos o «canalones» de siete o más metros de
profundidad y hasta dos kilómetros de longitud por donde también corrían algunos
arroyos que bajaban de la montaña. En tales grietas, «llenas de lodo, se anda, no
obstante las oscuridades que produce la espesa vegetación que cubre las aberturas»; la
riqueza de la vegetación a lo largo del recorrido maravilló a todos los viandantes
extranjeros que se aventuraron por él. La palma de cera reinaba en aquel denso reino
verde, muy rico en plantas útiles e interesantes. Era un territorio pantanoso, selvático
y húmedo donde se hacían grandes esfuerzos para poder andar sobre suelo arcilloso,
resistir las noches plagadas de nubes de mosquitos, tábanos, chinches, garrapatas y
niguas. Pasar ríos de aguas muy frías y dormir casi a la intemperie a falta de posadas.
Así las cosas, el viaje se convertía en una experiencia penosa(
4
).
Las provisiones para la
travesía por el Quindío incluían comida para un mes: tasajo, tortas de maíz, arroz,
chocolate, panela y licor; atados de hojas de bijao para techar las ramadas o cobertizos
de la pernocta, ropa cómoda y cubridora. Como en todos los caminos del país, no podía
faltar una o más ollas de barro pequeñas, a veces de cobre, y varias totumas que debían
servir como platos y vasos.
LOS PASOS A LA
TIERRA SIN ESTRELLAS
Las condiciones de los
caminos para continuar hacia la llanura y la costa del Pacífico no eran mejores que las
anteriormente descritas; a lo largo de la cordillera Occidental, los pasos más
importantes eran los siguientes:
1. El de Túquerres a
Barbacoas
2. El de Popayán a Guapi y al Micay
3. El de Cali a Buenaventura por el Dagua
4. El de Bolívar (Valle) a Nóvita por el San Agustín
5. El de Cartago a Nóvita, por Ansermanuevo
6. El de Apía al San Juan y al Atrato, con ramal a Riosucio por Chamí
7. El de Andes a Bagadó en el Andágueda, por Bellavista.
8. El de Urrao a Bebará
9. El de Bolívar (Antioquia) a Quibdó
10. El de Frontino a la boca de Murrí en el Atrato
11. El de Frontino al Darién.
Se debe anotar que la
mayoría de estas rutas eran trazados coloniales que en algunos casos se constituyeron en
caminos de herradura en el siglo XIX. Los que partían de territorio antioqueño al Atrato
son casi todos del XIX.
LOS CAMINOS DEL
ORO
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Mapa de
la zona entre los ríos San Juan y Tamaná, con el camino que va de Tadó a Nóvita,
llamado Camino del Perdón. Año de 1781. (AGN, Mapoteca 4, mapa 415 A).
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El territorio
limítrofe de Chocó con Antioquia, Risaralda y Valle del Cauca es de los más
accidentados, selváticos, atormentados y montañasos de Colombia. El norte del antiguo
estado del Cauca, bañado por el río Atrato y sus afluentes era, además, la zona menos
explorada del occidente del país, ejerciendo por esto una fascinación desmedida en los
viajeros, aventureros, negociantes y gobiernos nacionales y extranjeras en diferentes
tiempos al atribuirle enormes riquezas. Enciso, fundador de Santa María la Antigua, por
ejemplo, puso a circular el cuento de que en el Darién se pescaba el oro con redes.
El poblamiento sólo se
pudo emprender a partir de 1668 cuando el gobierno colonial pudo someter y «pacificar» a
los indios «chocoes» (citaraes, noanamás y chancos), demora que impidió la rápida
ocupación de la región por parte de los primeros colonos.
El mapa de asentamientos
muestra a los payaneses instalados en la cuenca del río San Juan y a los antioqueños y
costeños en la del Atrato. La reducción de los indios permitió la introducción de las
primeras cuadrillas de esclavos para trabajar en las minas.
La explotación del oro
incentivó el comercio, especialmente de contrabando, a través del Atrato y el San Juan.
En 1718 se prohibió, bajo pena de muerte, la navegación por el Atrato con
vigilancia militar donde actualmente está la cabecera del municipio de Vigía del Fuerte
y otros sitios, con objeta de controlar el matute, acción sin éxito alguno, puesto
que éste lo realizaban hasta los mismos funcionarios de la corona.
Notas
(
1
)
Una de las razones que se expusieron en 1791 para fundar a Sonsón, era que con esta
colonia podría «facilitarse el comercio a la ciudad de Mariquita y demás lugares
foráneos, descubriéndose acaso el antiguo camino de que hay algunos tradiciones, y que
tanto se ha apetecido por el comercio de esta provincio». Citado por Zapata Cuéncar,
Heriberto. Sonsón. Ediciones del Centro de Historia de Sonsón. Lealón, Medellín, 1980,
pág. 17. El juez poblador don Matías Arias Bueno dice haber descubierto un camino
antiguo a Mariquita «que gira derecho a un boquerón que sigue a Samaná» por donde se
podia subir con carga en 9 días, de Mariquita a Rionegro. Ibid., pág. 27(
regresar a 1
)
(
2
)
CASAS, ALVARO LEÓN. Medellín en el siglo XVIII, Valle de Mercaderes. En: Revista
Antioqueña de Economía y Desarrollo. No. 30, Medellín, 1989, pág. 33.(
regresar a 2
)
(
3
)
Humboldt lo ubicó a 4° 36 de latitud, 75° 12 de longitud y 3.500 metros de
altura.(
regresar a 3
)
(
4
)
HUMBOLDT, ALEXANDER VON. «Cartas de Viaje». En: Viajeros Extranjeros en Colombia.
Carvajal, Cali, 1970. pág. 21 y ss.(
regresar a 4
)
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