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INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
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Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
En los incidentes de 1743 la oposición de los patricios
criollos, y particularmente del sector de mineros, al ascenso
social y político de españoles y comerciantes recién llegados,
parece haber estado mezclada a viejas rencillas familiares con los
terratenientes. Ignacio de Piedrahita, por ejemplo, un
terrateniente que, como se ha visto, había objetado en 1731 el
nepotismo de los Caicedo y que en 1742 había impugnado una elección
manipulada por estos, en 1745 figuraba entre sus partidarios contra
la facción de los comerciantes. Otro de los principales actores, el
Maestro Juan de Ceballos, era no sólo comerciante e hijo de otro
comerciante español sino también primo hermano de Diego de Peláez
Sotelo y Antonio Agustín de los Reyes, terratenientes a quienes
hemos visto rivalizar con los Caicedo a comienzos del siglo.
La calidad de español o de comerciante, por sí solas, no podía
señalarse como la ocasión única de estas querellas locales. Tanto
en el siglo XVIII como en el anterior, los españoles eran aceptados
en el seno del patriciado, que inclusive propiciaba gustoso el
enlace de sus hijas con los recién llegados. De otro lado, muchos
patricios tuvieron tienda abierta en alguna ocasión sin que esto
los descalificara para ostentar las dignidades de la
"República". Pero parece cierto que el ejercicio
del comercio a gran escala, unido a la calidad de forastero, podía
dar lugar a roces que degeneraban fácilmente en rivalidades
inextinguibles.
Qué otro significante tiene, por ejemplo, el parecer del cabildo
con respecto a un rico comerciante en esclavos y propietario
reciente, Don Clemente Jimeno de la Hoz? Este español estaba casado
con una hija de Diego Peláez, el rival de Cristóbal Caicedo,
parentesco que lo vinculaba a una de las viejas facciones que se
disputaban el poder de la ciudad. En 1730 el Cabildo lo calificaba
de
"... ardiente en su naturaleza y enemigo declarado no sólo
de la paz y quietud sino también de muchos vecinos de esta
ciudad..."
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Uno podría sospechar que los "enemigos" de Jimeno
eran deudores morosos.
Francisco de la Flor Laguno, otro español casado con criolla que se
quejaba del nepotismo de los Caicedos, era también comerciante en
esclavos. En cuanto a Gaspar de Soto Zorrilla, el español de quien
Salvador de Caicedo, tío de su mujer, se refería como "el
pícaro de Zorrilla" y contra quien se había dirigido el
motín popular de 1743 era uno de los comerciantes más acaudalados
de Cali. De su tienda salían abundanres mercancías a crédito que se
vendían en el Chocó y a su muerte, en 1758, le tocaron a su viuda
72.383 pts. y a cada uno de sus hijos (eran 6) cerca de 10
mil.
Así, la insolencia imperdonable de los recién llegados consistía en
que fueran capaces de rivalizar económicamente con el patriciado.
En 1753, por ejemplo, varios comerciantes: Leonardo Sudrot, Soto
Zorrilla, José de Borja Tolesano, Juan Valois y el capitán Dionisio
Quintero Ruiz ejecutaron por una deuda de 2.500 castellanos (5 mil
pts.) al Doctor Bartolomé de Caicedo
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. Los mismos personajes se vieron envueltos
en un incidente que tocaba el "puntillo de la
honra" de las principales familias de Cali tres años más
tarde. Este incidente revela las tensiones que podían surgir entre
los nobles y otros sectores sociales que pugnaban por ocupar un
puesto a su lado.
El 27 de enero de 1756 Juan Núñez Rodríguez, hijo de un rico minero
mestizo, fue puesto en la cárcel por orden del alcalde Don Ignacio
Vergara,
"... sobre palabras que el dicho Núñez tuvo con su merced, el señor
alcalde ordinario..."
Núñez recibió el apoyo de sus cuñados, José de Borja Tolesano y
Dionisio Quintero Ruiz, dos de los comerciantes que tres años antes
habían ejecutado a un Caicedo, pero el asunto se agravó por otra
imprudencia de Núñez. Según el Alférez real,
"... sólo Núñez, un mestizo de los más ínfimos de esta ciudad, sin
otro adminículo que le aliente que algún caudalillo... se atrevió a
atropellar los respetos y circunstancias que en mí, por la piedad
de Dios, concurren..."
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La soberbia incomparable del Alférez, que reducía a su más mínima
expresión al pobre comerciante, había sido exacerbada por la
afirmación maliciosa del mestizo y de sus cuñados de que una Silva
Lersundi, tronco de las "mejores familias de
Cali" no había sido otra cosa que la cacica de
Roldanillo.
"...cuya injuris, tolerada, pudiera destruir el concepto
común de sangre en que estaban dichas familias..."
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El "insulto", en efecto, comprometía a más de 30
personas, entre otros a los comerciantes españoles, rivales en
ocasiones de los Caicedos pero emparentados con ellos, como Zoto
Zorrilla, Juan de Argumedo o Custodio Jerez y los más próximos,
Antonio de la Llera y el francés Sudrot de la Garda.
Aquí la causa de la confrontación tocaba más profundamente a los
interesados que las simples rencillas en las familias o la simple
rivalidad económica. Se trataba de una acusación de mestizaje, la
cual atentaba directamente contra el prestigio que fundaba toda
preeminencia social: la "limpieza de sangre", o
sea la indiscutible ascendencia española de los criollos.
El complejo del criollo, que ha visto certeramente P. Chaunu, podía
chocar en ocasiones con el español (al que secretamente reconocía
poseedor de una calidad superior), pero jamás repudiarlo. Esto
explica también la frecuencia de matrimonios de criollas ricas con
españoles recien llegados: frente a la sospecha de mestizaje, más
valía llenarse de certidumbres con respecto a las alianzas.
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Ibid. 70
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r. 43f. 251 r.
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ARB, II, 270
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|
Ibid.
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