Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

En los incidentes de 1743 la oposición de los patricios criollos, y particularmente del sector de mineros, al ascenso social y político de españoles y comerciantes recién llegados, parece haber estado mezclada a viejas rencillas familiares con los terratenientes. Ignacio de Piedrahita, por ejemplo, un terrateniente que, como se ha visto, había objetado en 1731 el nepotismo de los Caicedo y que en 1742 había impugnado una elección manipulada por estos, en 1745 figuraba entre sus partidarios contra la facción de los comerciantes. Otro de los principales actores, el Maestro Juan de Ceballos, era no sólo comerciante e hijo de otro comerciante español sino también primo hermano de Diego de Peláez Sotelo y Antonio Agustín de los Reyes, terratenientes a quienes hemos visto rivalizar con los Caicedo a comienzos del siglo.

La calidad de español o de comerciante, por sí solas, no podía señalarse como la ocasión única de estas querellas locales. Tanto en el siglo XVIII como en el anterior, los españoles eran aceptados en el seno del patriciado, que inclusive propiciaba gustoso el enlace de sus hijas con los recién llegados. De otro lado, muchos patricios tuvieron tienda abierta en alguna ocasión sin que esto los descalificara para ostentar las dignidades de la "República". Pero parece cierto que el ejercicio del comercio a gran escala, unido a la calidad de forastero, podía dar lugar a roces que degeneraban fácilmente en rivalidades inextinguibles.

Qué otro significante tiene, por ejemplo, el parecer del cabildo con respecto a un rico comerciante en esclavos y propietario reciente, Don Clemente Jimeno de la Hoz? Este español estaba casado con una hija de Diego Peláez, el rival de Cristóbal Caicedo, parentesco que lo vinculaba a una de las viejas facciones que se disputaban el poder de la ciudad. En 1730 el Cabildo lo calificaba de

"... ardiente en su naturaleza y enemigo declarado no sólo de la paz y quietud sino también de muchos vecinos de esta ciudad..." | 8 .

Uno podría sospechar que los "enemigos" de Jimeno eran deudores morosos.

Francisco de la Flor Laguno, otro español casado con criolla que se quejaba del nepotismo de los Caicedos, era también comerciante en esclavos. En cuanto a Gaspar de Soto Zorrilla, el español de quien Salvador de Caicedo, tío de su mujer, se refería como "el pícaro de Zorrilla" y contra quien se había dirigido el motín popular de 1743 era uno de los comerciantes más acaudalados de Cali. De su tienda salían abundanres mercancías a crédito que se vendían en el Chocó y a su muerte, en 1758, le tocaron a su viuda 72.383 pts. y a cada uno de sus hijos (eran 6) cerca de 10 mil.

Así, la insolencia imperdonable de los recién llegados consistía en que fueran capaces de rivalizar económicamente con el patriciado. En 1753, por ejemplo, varios comerciantes: Leonardo Sudrot, Soto Zorrilla, José de Borja Tolesano, Juan Valois y el capitán Dionisio Quintero Ruiz ejecutaron por una deuda de 2.500 castellanos (5 mil pts.) al Doctor Bartolomé de Caicedo | 9 . Los mismos personajes se vieron envueltos en un incidente que tocaba el "puntillo de la honra" de las principales familias de Cali tres años más tarde. Este incidente revela las tensiones que podían surgir entre los nobles y otros sectores sociales que pugnaban por ocupar un puesto a su lado.

El 27 de enero de 1756 Juan Núñez Rodríguez, hijo de un rico minero mestizo, fue puesto en la cárcel por orden del alcalde Don Ignacio Vergara,

"... sobre palabras que el dicho Núñez tuvo con su merced, el señor alcalde ordinario..."

Núñez recibió el apoyo de sus cuñados, José de Borja Tolesano y Dionisio Quintero Ruiz, dos de los comerciantes que tres años antes habían ejecutado a un Caicedo, pero el asunto se agravó por otra imprudencia de Núñez. Según el Alférez real,

"... sólo Núñez, un mestizo de los más ínfimos de esta ciudad, sin otro adminículo que le aliente que algún caudalillo... se atrevió a atropellar los respetos y circunstancias que en mí, por la piedad de Dios, concurren..." | 10 .

La soberbia incomparable del Alférez, que reducía a su más mínima expresión al pobre comerciante, había sido exacerbada por la afirmación maliciosa del mestizo y de sus cuñados de que una Silva Lersundi, tronco de las "mejores familias de Cali" no había sido otra cosa que la cacica de Roldanillo.

"...cuya injuris, tolerada, pudiera destruir el concepto común de sangre en que estaban dichas familias..." | 11 .

El "insulto", en efecto, comprometía a más de 30 personas, entre otros a los comerciantes españoles, rivales en ocasiones de los Caicedos pero emparentados con ellos, como Zoto Zorrilla, Juan de Argumedo o Custodio Jerez y los más próximos, Antonio de la Llera y el francés Sudrot de la Garda.

Aquí la causa de la confrontación tocaba más profundamente a los interesados que las simples rencillas en las familias o la simple rivalidad económica. Se trataba de una acusación de mestizaje, la cual atentaba directamente contra el prestigio que fundaba toda preeminencia social: la "limpieza de sangre", o sea la indiscutible ascendencia española de los criollos.

El complejo del criollo, que ha visto certeramente P. Chaunu, podía chocar en ocasiones con el español (al que secretamente reconocía poseedor de una calidad superior), pero jamás repudiarlo. Esto explica también la frecuencia de matrimonios de criollas ricas con españoles recien llegados: frente a la sospecha de mestizaje, más valía llenarse de certidumbres con respecto a las alianzas.
 

8)
Ibid. 70
9)
r. 43f. 251 r.
10)
ARB, II, 270
11)
 Ibid.