Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

La relativa influencia de estos grupos puede medirse por los resultados de las elecciones para alcaldes, procuradores y otros cargos en el curso de todo el siglo. En los cien años (1701-1800), por ejemplo, ocuparon las alcaldías ordinarias (de primer y segundo voto) 129 personas. En el siglo XVI los alcaldes de primer voto habían sido encomenderos en tanto que los de segundo voto habían sido simples soldados o vecinos. La distinción no tenía ya este sentido en el siglo XVIII pero de todas maneras el alcalde de primer voto tenía precedencia sobre el otro. Una misma persona podía alcanzar sucesivamente las dos dignidades pero casi siempre se iniciaba en el |cursus honorum con la alcaldía de segundo voto, la mayordomía o el puesto de hermandario. Los procuradores eran, en muchos casos, alcaldes que acababan de cumplir su período. De esta manera se prolongaba la distinción alcanzada y se aportaba la experiencia adquirida en otro servicio a la "República".

El grado de concentración de poder puede apreciarse en el hecho de que, en total, hubo 70 reelecciones de alcaldes durante el siglo. Y que las mismas personas que en algún momento ocuparon las alcaldías fueron elegidas también como procuradores en 80 años (o sea el 80% de las veces), 25 como mayordomos y 39 como hermandarios. Respecto a estos últimos hay que tener en cuenta que, tratándose de dos hermandarios por año, la incidencia de la elección fue menor que la de los mayordomos. Era en todo caso un puesto cuyo prestigio no se parangonaba con el de los primeros.

La concentración de poder puede medirse también agrupando a los elegidos en clanes familiares, integrados por consanguíneos y allegados a una familia por vínculos matrimoniales directos. Así, entre los propietarios de "la otra banda" tenemos varias estirpes encabezadas por algunos grandes latifundistas: la de Lorenzo Lasso de la Espada, a comienzos del siglo, que integraba a Escobares, Silvas, y Bacas, y la del español Ruiz Calzado e Ignacio Piedrahita Saavedra. Los mineros se agrupaban principalmente en torno a la familia Caicedo y los descendientes de Juan Antonio Garcés de Aguilar se encontraban aliados casi siempre con comerciantes.

Cuadro No. 10

Alcaldes, procuradores de Cali 1701-1800

Familias
 
Caicedos
14
23
 
4
 
8
 
Allegados
18
16
 
13
 
19
 
Totales
32
24.8
39
17
27
Propietarios de la "otra banda"
Lasos y allegados
16
12.4
10
 
13
 
7
 
Ruiz Calzado y allegados
18
14.0
15
 
16
 
8
 
Vivas y allegados
7
5.5
7
 
6
 
7
 
Totales
41
32
 
35
 
22
Garcés y allegados
12
7
10
 
11
Otros
44
22
38
23
Gran Total
129
100
100
100
 
83
Comerciantes
25
19.3
19
24
 
24

El contraste de poder entre estos grupos es significativo: 14 miembros de la familia Caicedo ocuparon la alcaldía de primer voto 23 años de los cien y sus allegados otros 16. Pero los Caicedos, cuya preponderancia era incontrastable en las alcaldías de primer voto, apenas ocuparon las de segundo voto o el puesto honorífico de la procuraduría, contentándose con que accedieran a estos puestos sus parientes (13 y 19 años respectivamente).

Comparativamente, el poder de las viejas familias de propietarios de la otra banda no podía igualarse al de los Caicedo, así fueran más numerosos. Cuarenta y una personas pertenecientes a aquellas familias ni siquiera llegaron a ocupar la alcaldía de primer voto las veces lo que hicieron éstos. En cambio, obtuvieron la de segundo voto 35 años. Con todo, debe anotarse que su acceso a la alcaldía de primer voto fue más frecuente que el de propietarios, mineros o comerciantes que no han podido ubicarse con precisión dentro de algún clan familiar.

El grupo familiar que encabezaban el español Ruiz Calzado, de un lado, y el criollo Ignacio Piedrahita del otro, era el más influyente no sólo por la importancia de sus haciendas sino por haber logrado acaparar más tiempo las dignidades de la "República". Frente a los grupos de los Lassos y de los Vivas, este linaje integraba propietarios más recientes, entre ellos algunos comerciantes y mineros que, como se ha visto, edificaron verdaderas haciendas dentro del marco tradicional del latifundio.

La influencia de los comerciantes era igualmente apreciable y fue creciendo en la segunda mitad del siglo. Aunque integrados por vínculos de parentesco a los clanes anteriormente descritos, su participación se ha medido también por separado. Los 25 comerciantes que fueron alcaldes (ocho de los cuales de origen español) ocuparon 19 años la alcaldía de primer voto, 24 la de segundo voto y 24 también la procuraduría. Es decir, que su participación fue proporcionalmente mayor que la de los mismos propietarios de la otra banda.

Este aparente equilibrio político entre los linajes familiares integrados por terratenientes, mineros y comerciantes, no descartaba las tensiones internas. La preponderancia misma de la familia Caicedo se veía desafiada en ocasiones y la influencia de los comerciantes tendía a sustituir la de los propietarios de la otra banda. En el seno mismo de las familias tradicionales, que acogían a españoles y comerciantes, se daban desgarramientos y conflictos, para no hablar de las contradicciones de los grupos dominantes con el resto de los sectores sociales.

Qué papel jugaban entonces las autoridades españolas, a las que tradicionalmente se ha visto como fuente de opresión? Es cierto que desde Popayán, cabeza de la gobernación, el representante de la Corona nombraba un teniente de gobernador y que, en última, quienes aspiraban a las dignidades vitalicias y al control del Cabildo tenían que pagar su gabela en las Cajas reales de Popayán. Pero, contra lo que pudiera creerse, este nombramiento y con mayor razón la provisión de regimientos obedecían a las condiciones mismas de un equilibrio de fuerzas en el interior de la oligarquía municipal. El gobernador podía favorecer a uno de los bandos en presencia para morigerar la soberbia de las otras fracciones. A partir de 1744, por ejemplo, cuando se agudizaron los conflictos entre patricios y comerciantes españoles, vemos sucederse a estos últimos en la tenencia, como para contrastar la hegemonía del Alférez y de sus allegados.

Desde finales del siglo XVII los caleños habían discutido el privilegio del gobernador de nombrar tenientes ya que en esa época el nombramiento implicaba una intervención todavía mayor en la escogencia de las dignidades de la "República". El teniente podía designar por un año a las personas que debían llenar los regimientos vacantes. En este sentido existían disposiciones contradictorias de la Audiencia de Quito que los caleños interpretaban en su favor.