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INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
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Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
La relativa influencia de estos grupos puede medirse por los
resultados de las elecciones para alcaldes, procuradores y otros
cargos en el curso de todo el siglo. En los cien años (1701-1800),
por ejemplo, ocuparon las alcaldías ordinarias (de primer y segundo
voto) 129 personas. En el siglo XVI los alcaldes de primer voto
habían sido encomenderos en tanto que los de segundo voto habían
sido simples soldados o vecinos. La distinción no tenía ya este
sentido en el siglo XVIII pero de todas maneras el alcalde de
primer voto tenía precedencia sobre el otro. Una misma persona
podía alcanzar sucesivamente las dos dignidades pero casi siempre
se iniciaba en el
|cursus honorum con la alcaldía de segundo
voto, la mayordomía o el puesto de hermandario. Los procuradores
eran, en muchos casos, alcaldes que acababan de cumplir su período.
De esta manera se prolongaba la distinción alcanzada y se aportaba
la experiencia adquirida en otro servicio a la
"República".
El grado de concentración de poder puede apreciarse en el hecho de
que, en total, hubo 70 reelecciones de alcaldes durante el siglo. Y
que las mismas personas que en algún momento ocuparon las alcaldías
fueron elegidas también como procuradores en 80 años (o sea el 80%
de las veces), 25 como mayordomos y 39 como hermandarios. Respecto
a estos últimos hay que tener en cuenta que, tratándose de dos
hermandarios por año, la incidencia de la elección fue menor que la
de los mayordomos. Era en todo caso un puesto cuyo prestigio no se
parangonaba con el de los primeros.
La concentración de poder puede medirse también agrupando a los
elegidos en clanes familiares, integrados por consanguíneos y
allegados a una familia por vínculos matrimoniales directos. Así,
entre los propietarios de "la otra banda" tenemos
varias estirpes encabezadas por algunos grandes latifundistas: la
de Lorenzo Lasso de la Espada, a comienzos del siglo, que integraba
a Escobares, Silvas, y Bacas, y la del español Ruiz Calzado e
Ignacio Piedrahita Saavedra. Los mineros se agrupaban
principalmente en torno a la familia Caicedo y los descendientes de
Juan Antonio Garcés de Aguilar se encontraban aliados casi siempre
con comerciantes.
Cuadro No. 10
Alcaldes, procuradores de Cali 1701-1800
Familias
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Caicedos
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14
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23
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4
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8
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Allegados
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18
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16
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13
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19
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Totales
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32
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24.8
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39
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17
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27
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Propietarios de la "otra banda"
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Lasos y allegados
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16
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12.4
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10
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13
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7
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Ruiz Calzado y allegados
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18
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14.0
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15
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16
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8
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Vivas y allegados
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7
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5.5
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7
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6
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7
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Totales
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41
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32
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35
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22
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Garcés y allegados
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12
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7
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10
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11
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Otros
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44
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22
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38
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23
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Gran Total
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129
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100
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100
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100
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83
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Comerciantes
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25
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19.3
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19
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24
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24
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El contraste de poder entre estos grupos es significativo: 14
miembros de la familia Caicedo ocuparon la alcaldía de primer voto
23 años de los cien y sus allegados otros 16. Pero los Caicedos,
cuya preponderancia era incontrastable en las alcaldías de primer
voto, apenas ocuparon las de segundo voto o el puesto honorífico de
la procuraduría, contentándose con que accedieran a estos puestos
sus parientes (13 y 19 años respectivamente).
Comparativamente, el poder de las viejas familias de propietarios
de la otra banda no podía igualarse al de los Caicedo, así fueran
más numerosos. Cuarenta y una personas pertenecientes a aquellas
familias ni siquiera llegaron a ocupar la alcaldía de primer voto
las veces lo que hicieron éstos. En cambio, obtuvieron la de
segundo voto 35 años. Con todo, debe anotarse que su acceso a la
alcaldía de primer voto fue más frecuente que el de propietarios,
mineros o comerciantes que no han podido ubicarse con precisión
dentro de algún clan familiar.
El grupo familiar que encabezaban el español Ruiz Calzado, de un
lado, y el criollo Ignacio Piedrahita del otro, era el más
influyente no sólo por la importancia de sus haciendas sino por
haber logrado acaparar más tiempo las dignidades de la
"República". Frente a los grupos de los Lassos y
de los Vivas, este linaje integraba propietarios más recientes,
entre ellos algunos comerciantes y mineros que, como se ha visto,
edificaron verdaderas haciendas dentro del marco tradicional del
latifundio.
La influencia de los comerciantes era igualmente apreciable y fue
creciendo en la segunda mitad del siglo. Aunque integrados por
vínculos de parentesco a los clanes anteriormente descritos, su
participación se ha medido también por separado. Los 25
comerciantes que fueron alcaldes (ocho de los cuales de origen
español) ocuparon 19 años la alcaldía de primer voto, 24 la de
segundo voto y 24 también la procuraduría. Es decir, que su
participación fue proporcionalmente mayor que la de los mismos
propietarios de la otra banda.
Este aparente equilibrio político entre los linajes familiares
integrados por terratenientes, mineros y comerciantes, no
descartaba las tensiones internas. La preponderancia misma de la
familia Caicedo se veía desafiada en ocasiones y la influencia de
los comerciantes tendía a sustituir la de los propietarios de la
otra banda. En el seno mismo de las familias tradicionales, que
acogían a españoles y comerciantes, se daban desgarramientos y
conflictos, para no hablar de las contradicciones de los grupos
dominantes con el resto de los sectores sociales.
Qué papel jugaban entonces las autoridades españolas, a las que
tradicionalmente se ha visto como fuente de opresión? Es cierto que
desde Popayán, cabeza de la gobernación, el representante de la
Corona nombraba un teniente de gobernador y que, en última, quienes
aspiraban a las dignidades vitalicias y al control del Cabildo
tenían que pagar su gabela en las Cajas reales de Popayán. Pero,
contra lo que pudiera creerse, este nombramiento y con mayor razón
la provisión de regimientos obedecían a las condiciones mismas de
un equilibrio de fuerzas en el interior de la oligarquía municipal.
El gobernador podía favorecer a uno de los bandos en presencia para
morigerar la soberbia de las otras fracciones. A partir de 1744,
por ejemplo, cuando se agudizaron los conflictos entre patricios y
comerciantes españoles, vemos sucederse a estos últimos en la
tenencia, como para contrastar la hegemonía del Alférez y de sus
allegados.
Desde finales del siglo XVII los caleños habían discutido el
privilegio del gobernador de nombrar tenientes ya que en esa época
el nombramiento implicaba una intervención todavía mayor en la
escogencia de las dignidades de la "República".
El teniente podía designar por un año a las personas que debían
llenar los regimientos vacantes. En este sentido existían
disposiciones contradictorias de la Audiencia de Quito que los
caleños interpretaban en su favor.
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