|
INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
|
|
|
Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
2. El origen de los censos: las capellanías
a) Las almas del purgatorio y los bienes terrenales.
El 15 de abril de 1750 Don Francisco Sanjurjo de Montenegro, un
rico comerciante gallego, hizo las paces con su conciencia y
redactó su testamento. A su muerte, un año más tarde, se abrió el
testamento y se comprobó que el difunto había dejado 60 mil
patacones de caudal,
"... como se verá -rezaba el testamento- por lo que se
hallare en mis petacas, escritorio, papelera, vales, libros de
cuentas, apuntes en él, plata labrada,.etc..."
|
3
.
En total, una enorme suma de dinero para la época, representada en
bienes muebles de liquidez inmediata. Un caso más bien excepcional
si se tiene en cuenta que las fortunas que alcanzaban esa cuantía
estaban representadas casi siempre en minas, tierras, esclavos o
bienes inmuebles. Excepcional pero único, puesto que a veces
ocurría que algún comerciante andariego acabara sus días en alguno
de los puntos de su itinerario.
El camino que había recorrido Don Francisco hasta Cali tenía muchos
vericuetos. Cuando murió dejaba tres hermanas en España, a las que
legó mil patacones, y confesaba tener dos hijos naturales, habidos
en circunstancias probablemente novelescas. Uno, a quien encargaba
a los jesuitas de Madrid buscar en Paris, preguntando por Madame
Bergie, oficial de sastrería, en el barrio San Germán, cerca de la
puerta de la Samaritana. Este hijo tendría cerca de cuarenta años y
debía haberse criado en la casa de los desamparados. Ahora recibía
mil patacones de un padre remoto y andariego, muerto en América.
Otro hijo, que hubo con una payanesa, Inés de Figueroa, debía
recibir el beneficio de una capellanía, pues era cura.
Todavía quedaban 50 mil patacones para ser distribuidos. Don
Francisco se afana y piensa en toda clase de obras benéficas.
Desviar el río Cali que amenaza la Ermita, construir una fuente en
la plaza, sin olvidar a las órdenes religiosas o a los amigos
fieles. Pero aún así quedan intactos más de 40 mil patacones. Qué
hacer? Don Francisco, en ausencia de herederos forzosos, acaba
nombrando como heredera a su propia alma y a las almas del
purgatorio, para el alivio de las cuales sus albaceas fundarían
"memorias de misas" a profusión. Cuarenta mil
patacones rinden dos mil anuales colocados a censo al 5% y dos mil
patacones significan 100 misas si se paga a un capellán
generosamente a 20 pts. cada misa. Dos misas a la semana a
perpetuidad, lo cual podía regocijar a nuestro comerciante y
confortarlo en su lecho de muerte.
Veamos otro caso: Juan Jacinto Palomino, vecino de Toro, hizo
capitulaciones con la Audiencia de Santa Fé y fue uno de los que
reiniciaron las explotaciones del Chocó hacia 1680. Como vecino y
encomendero de Toro era ya bastante adinerado antes de la aventura
chocoana y en 1681 se menciona entre sus posesiones la hacienda de
San Juan de las Palmas, en el actual municipio de la Unión
|
4
. Su conducta en las guerras
de exterminio contra noamaes y chocoes debió de ser notable, pues
murió ostentando el título de Maestre de Campo. En su testamento
declaraba haber descubierto las minas de San Agustín (en las
quebradas de Chiquinquirá y San Cristóbal, cerca de los ríos
Abaribur, Zipi y Garrapatas)
|
5
cuyo producido, junto con el de la hacienda
de la Paila, dedicaba a la fundación de capellanías sucesivas que
debían servir para costear la educación de aspirantes a la
ordenación sacerdotal y, una vez ordenados, para asegurar su
congrua.
La familia Caicedo, desde Don Cristóbal de Caicedo, a comienzos del
siglo XVIII, administró estos bienes y tanto Don Cristóbal como sus
descendientes fundaron con sus rentas numerosas capellanías. Las
fundaciones tenían lugar cada vez que el administrador rendía
cuentas ante un representante del ordinario de Popayán y se le
determinaba el monto de la renta de los bienes administrados en
períodos de cinco a diez años. En este caso la capellanía no
llegaba a afectar el capital, puesto que se constituía apenas con
su producto. Desde el punto de vista canónico se diferenciaba de la
primera en que estaba destinada a asegurar ordenaciones
sacerdotales y no meramente la celebración de misas. Además, en las
primeras no había intervención alguna de la autoridad eclesiástica
y por esto recibían el nombre de
|laicales o profanas. En
éstas intervenía el ordinario (
|colativas) aunque el patrón
hubiera sido designado por el fundador (
|gentilicias).
|
6
Otro caso: Doña Marcela Jiménez de Villacreces, dama ecuatoriana
(de Ambato) y viuda del Alférez Real D. Nicolás de Caicedo
Hinestroza, disponía en su testamento (1748) que la hacienda de
Mulaló se gravara con una capellanía de 10 mil patacones. Esta
hacienda, contigua al "portachuelo" de Vijes,
había pertenecido a la familia por varias generaciones y ya desde
1643 Juan Hinestroza Príncipe había compuesto las tierras por 140
pesos de oro. Su yerno, Cristóbal de Caicedo, la compró en 1684 y
unos veinte años más tarde la heredó su hijo. Ahora, en 1748, la
viuda de este imponía un gravámen que debía mantenerse a
perpetuidad y que,
.. sólo en el caso de conocida disminución en la referida hacienda
se pueda remover..."
|
7
El monto de la capellanía era equivalente al valor total de la
hacienda y ésta se convertía así en un bien de manos muertas. Con
todo, Mulaló quedaba todavía en manos de la familia, pues la
testadora disponía que su hijo mayor podría reconocer el capital
del censo y disfrutar de la hacienda pagando anualmente los 500
patacones de intereses. Con éstos se pagarían 25 misas, dotadas con
20 pts. cada una. El capellán, igualmente, sería un miembro de la
familia. La hacienda pasó así al Dr. Bartolomé de Caicedo y después
a su hija Javiera y a su yerno Don Antonio Cuero. A pesar de la
capellanía éstos la incrementaron pues a la muerte de Cuero la
hacienda fue avaluada en 32.000 pts.
|
8
Afectar íntegramente una hacienda al servicio de una obra pía o de
una capellanía no era un caso frecuente. Doña Marcela podía
permitírselo puesto que había heredado -por vía de gananciales y de
recuperación de su dote- más de setenta mil patacones. Mulaló
apenas representaba una parte del quinto de sus bienes, del cual
podía disponer libremente, sin perjuicio de los herederos
forzosos.
|
|
R. 11 f. 244 r. ss.
|
|
|
Cf. DIOGENES PIEDRAHITA, Los cabildos de Nuestra Señora de la
Consolación de Toro y Santa Ana de los Caballeros de Ansermat.
Cali, 1962. p. 87.
|
|
|
r. 70 f. 121 r. ss.
|
|
|
En este capítulo la preocupación principal ha sido la de
precisar los efectos económicos de las capellanías. Para su
análisis desde el punto de vista jurídico, como para muchas
instituciones coloniales de derecho privado, el Diccionario
razonado de legislación y jurisprudencia de JOAQUIN ESCRICHE sigue
siendo una obra muy útil. Cf. especialmente, p. 403.
|
|
|
r. 28 f. 75 r.
|
|
|
r. 86 f. 35...?
|
|