Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

Cuadro No. 7

Inversiones en las haciendas (en patacones)

Haciendas
Año
No.
trapiche
casas
herrams.
caña
plátano
acequias
chambas
cercas
otros
Trejo(zanj.)
1719
 
 
800
100
 
250**
 
360***
50
300****
Loreto
1723
8
512
300*
 
250
 
 
 
30
30
Meléndez-1
1726
16
903
 
 
1330
100
 
400
50
 
Trejo-2
1726
 
934
830*
283
900
50
700
 
 
 
Trejo-3
1748
 
552
120
60
90
 
 
 
 
 
Amaime
1749
15
897
220
51
600
50
 
 
15
 
Magdalena
1750
 
380
18
48
750
200
 
 
200
 
"
1751
 
640
 
 
750
200
 
 
 
 
Malibú
1753
35
1214
187
35
590
 
 
 
 
 
Abrojal
1755
 
324
 
 
350
30
 
 
 
 
Guabinas
1755
 
55
310*
91
270
50
 
 
 
 
Cerrito
1758
29
757
503*
 
1200
37
 
 
50
 
Trejo-2
1759
 
767
332
111
720
16
600
 
 
40
Deléndez
1763
 
 
146
 
 
 
 
 
 
 
Alisal
1766
36
903
680
 
600
100
400
 
30
 
Yegüerizo
1734
 
686
250
48
420
 
20
 
16
 
*se incluye el valor de la construcción.
**1.300 pies.
***18 cuadras.
****se incluyen varios items: maíz, arroz, principalmente.

Los elementos más costosos eran aquellos que requerían el empleo de metales. Un "fondo", por ejemplo, podía pesar varias arrobas. Como el precio de la libra de hierro fluctuaba entre 12 reales y 2 patacones, éste sólo elemento tenía un costo muy elevado, lo mismo que las "hornillas" y las "pailas". Por eso también en los testamentos de la época aparecen mencionados los más humildes objetos de cocina si eran de hierro o de cobre, aún si estaban rotos, al lado de la plata labrada y de otros |items valiosos.

El trapiche conllevaba, naturalmente, la existencia de sembrados de caña. Los datos con respecto a la extensión de los sembrados son escasos pero puede llegarse a establecer una idea aproximada pues, en algunos inventarios, no sólo se menciona el valor global del sembrado sino también el tipo de unidades que se empleaban: "fanega" o "hanega", "almudes" y "botijas".

La "fanega", tal como se la emplea aún hoy en muchas regiones de Colombia. es una medida agraria equivalente a 6.400 m2, es decir, un área de 100 varas españolas de lado. En la época colonial, sin embargo, era una unidad mucho mayor, Por eso podría sorprender que en una hacienda como el Limonar, de Don Pedro Rodríguez Guerao, que contaba con 18 esclavos, se consideraba que dos hanegas de caña fueran suficientes para abastecer el trapiche todo el año | 23 . En la época colonial, en efecto, se contaban 12 almudes por cada fanega en tanto que hoy se cuentan tan sólo dos. Si consideramos que un almud tiene 3.200 m2, la "hanega" (o "fanega de sembradura) colonial equivaldría a 38.400 m2 (3,84 has.). Este resultado, por lo demás coincide con mediciones de la época colonial efectuadas en la región de Tunja.

La "botija" servía usualmente para el arqueo de las embarcaciones. Era, obviamente, una medida de capacidad y en este caso se aplicaba como medida para el producto de la cosecha o, más específicamente, para la miel que se extraía de la caña. Asi, según la calidad de la siembra se calculaban las "botijas" y por eso era una medida variable: se mencionan almudes de 50 botijas, pero más a menudo de 30. El avalúo de los sembrados se hacía sobre las botijas y en 1726 (Loreto) 1750 (Magdalena) y 1755 (Guabinas) el precio de cada botija era de 12 reales. A partir de 1758 el precio de la botija disminuyó debido a que se prohibió la venta de aguardiente en los reales de minas por considerar que éste era el mejor medio "para que se pierdan minas y negros" | 24 . Además, en 1763 se quiso hacer efectivo en Cali el estanco que se había establecido en la primera mitad del siglo. La botija descendió así a 10 reales en 1758, a 8 en 1759 y a 6 en 1766. Los vecinos de Cali, por su parte, afirmaban en un memorial en 1765 que antes del estanco una carga de miel valía de seis a diez patacones y que luego había bajado a tres y dos y medio. | 25

La extensión del área sembrada variaba, según la importancia de la hacienda, principalmente en cuanto al número de sus esclavos. En 1758, por ejemplo, el Cerrito tenía sembrados 30 almudes (dos y media fanegas o 9,6 has.) que valían 1.200 pts. Si se tiene en cuenta que se trataba de una hacienda cuya extensión debía exceder las 200 has. (si se asigna a cada hectárea un valor de dos o tres patacones), los sembrados de caña apenas ocupaban una fracción mínima de las tierras disponibles. Otro tanto ocurría con el resto de las haciendas para las cuales se posee algunos datos. En 1726 Trejo tenía sembrados 12 almudes de 50 botijas (una fanega, o 3,84 has.) y en 1759 la misma hacienda había aumentado el área de siembras al doble pero con menos rendimiento: el almud sólo tenía 30 botijas y el precio de cada una de éstas era más bajo, como se ha visto.

Existían otros tipos de cultivos, de plátanos por ejemplo, que debían servir, con la carne, de base para la dieta de los esclavos. El cultivo de plátano, se media por pies (0.3 m. aprox.). Sabemos que en el zanjón de Trejo había sembrados 1.300 pies en 1719 que se avaluaron en 250 pts. y, en 1766, 800 pies en el Alisal que valían 100 pts., es decir, que parece haberse experimentado un alza en el precio. La mención de platanares es también frecuente en los inventarios de las minas. Así, en 1768 Doña Bárbara de Saa tenía sembrados en las vegas del río Mallorquin 2.400 pies de plátano que se avaluaron apenas en 200 pts. por tratarse de platanares viejos. En el río Dagua tenía en cambio platanares avaluados en 1.550 pts., mucho más que en cualquier hacienda del Valle. La explicación: en Dagua mantenía 111 esclavos y en Mallorquin otros 40. | 26

La extensión sembrada con maíz era mucho más grande. En 1719 Trejo tenía sembradas 100 fanegas aunque su valor era apenas de uno o dos pts. por fanega en tanto que un solo almud de caña podía valer de 40 a 75 pts. En 1765 se mencionaban también cultivos de arroz y de fríjoles, que se llevaban a los yacimientos mineros junto con el aguardiente, pero en los inventarios de haciendas sólo figura una mención del arroz. Esto hace pensar que sólo las propiedades menores se dedicaban a este tipo de cultivos. Es probable también que los esclavos mantuvieran pequeñas rozas para completar su dieta básica de carne y de plátanos.

 

24)
ARB. II, 326 y ACC Sign. 4694
25)
ACC Sign. 4888
26)
AJ 1o. CCC. r. 5