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INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
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Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
2. EL GANADO
Como puede observarse en el cuadro No. 4, las haciendas más
cuantiosas en ganados fueron el Alisal, Arroyohondo, Trejo, San
José de Amaime y Malibú, que a mediados de la centuria tenían más
de cinco mil patacones en ganado. En el caso del Alisal debe
observarse que aún conservaba los rasgos de un antiguo latifundio.
Sus tierras eran tan extensas que, en 1766, se calculaba que
pastaban en ellas unas 200 reses cimarronas, además del ganado que
podía contarse. Por otra parte, la hacienda Malibú parece haberse
especializado en la cría de ganado caballar, en tanto que en las
haciendas restantes predominaba el ganado vacuno.
Todo parece indicar que el ganado vacuno fue en disminución a lo
largo de la centuria. De dos patacones y medio en los primeros
años, el precio por cabeza había alcanzado, después de 1750, a 5 y
7 pts. (este último, cuando se trataba de reses lecheras). El
abasto de la ciudad de Cali fue siendo cada vez más irregular,
aunque ya desde el siglo anterior se venían presentando crisis
periódicas. Como los ganaderos debían vender a precios de arancel
fijados por el Cabildo, el suministro tuvo que ser asignado de
manera forzosa.
|
1
.
CUADRO Nº 4
Ganados de las haciendas caleñas (valor por unidad)
|
|
|
valor
|
|
|
v/r
|
v/r
|
|
v/r
|
v/r
|
|
v/r. bueyes
|
|
|
Hacienda
|
Arlo
|
reses
|
rr. pt.
|
|
yeguas
|
pts.
|
cabs. pts.
|
mulas
|
pts.
|
potros Pts.
|
burros
|
pts. arado v/r.
|
tiro
|
v.
|
Trejo (1)
|
1719
|
1.000
|
20
|
|
325
|
2
|
60
|
5
|
-
|
|
25
|
3
|
2*
|
40
|
8
|
7
|
10
|
6
|
Loreto
|
1723
|
300
|
20
|
|
350
|
2
|
70
|
4
|
16
|
15
|
-
|
|
|
|
|
|
16
|
6
|
Loreto
|
1726
|
278
|
20
|
|
400
|
2
|
60
|
6
|
|
|
44
|
3.5
|
2
|
24
|
|
|
60
|
6
|
Meléndez - 1
|
1726
|
|
|
|
|
|
95
|
6
|
35
|
25
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Trejo(2)
|
1726
|
375
|
|
4
|
350
|
2
|
108
|
6
|
15
|
2
|
92
|
4
|
3*
|
40
|
5
|
10
|
16
|
6
|
Yegüerizo
|
1734
|
600
|
20
|
|
250
|
2
|
36
|
6
|
|
|
38
|
4
|
1
|
14
|
12
|
10
|
24
|
5
|
Trejo(3)
|
1748
|
655
|
|
4
|
163
|
3
|
19
|
7
|
9
|
12
|
10
|
4
|
1
|
10
|
2
|
10
|
|
|
Amaime
|
1749
|
1.200
|
|
4
|
165
|
4
|
35
|
9
|
10
|
20
|
|
|
5*
|
35
|
|
|
|
|
Magdalena
|
1750
|
200
|
|
7***
|
40
|
5
|
10
|
10
|
5
|
20
|
|
|
1*
|
60
|
|
|
|
|
Malibú
|
1753
|
|
|
|
627
|
2.5
|
117
|
8
|
|
|
113
|
4
|
2*
|
50
|
|
|
|
|
Herradura
|
1754
|
7
|
|
5***
|
98
|
4
|
7
|
12
|
|
|
|
|
4*
|
72
|
|
|
|
|
Cañaveralejo
|
1754
|
|
|
|
10
|
6
|
8
|
6
|
|
|
|
|
|
|
12
|
10
|
|
|
Malibú
|
1755
|
200
|
|
4
|
726
|
4
|
102
|
10
|
|
|
46
|
6
|
2*
|
50
|
|
|
|
|
Abrojal
|
1755
|
500
|
|
5***
|
56
|
5
|
49
|
8
|
7
|
20
|
|
|
2
|
25
|
4
|
12
|
|
|
Guabinas
|
1755
|
20
|
|
6
|
21
|
6
|
7
|
8
|
|
|
|
|
1
|
9
|
3
|
12
|
|
|
Cerrito
|
1758
|
90
|
|
6***
|
100
|
5
|
50
|
12
|
25
|
25
|
16
|
5.5
|
3*
|
50
|
10
|
15
|
|
|
Trejo(2)
|
1759
|
12
|
|
4
|
100
|
4
|
29
|
10.5
|
5
|
17
|
12
|
6
|
|
|
|
|
|
|
Herradura
|
1763
|
40
|
|
6
|
150
|
4
|
23
|
9
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Meléndez
|
1763
|
224
|
|
6
|
|
|
12
|
8
|
11
|
18
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Alisal
|
1766
|
937
|
|
6/5
|
243
|
4.5
|
107
|
10
|
55
|
22
|
|
|
6*
|
30
|
|
|
30
|
6
|
Alisal
|
1769
|
117
|
|
6/5
|
82
|
4
|
60
|
4
|
17
|
15
|
|
|
6
|
8
|
|
|
|
|
Alisal
|
1770
|
421
|
|
5
|
165
|
4
|
50
|
10
|
|
|
28
|
8
|
2*
|
50
|
|
|
|
|
|
* Burros "hechores" ** reses
lecheras *** reses de cría.
|
En el siglo XVII el abasto correspondía a los grandes
latifundistas y parece probable que el latifundio haya sido más
favorable a la expansion ganadera, al menos de ganado cimarrón. Si
bien el arancel era fijado por el Cabildo, este estaba dominado por
los mismos latifundistas que preferían buscar mercados más
halagüeños y hacían grandes "sacas" a Popayan,
Pasto, Ibarra y Antioquia.
Se menciona el hecho, tal vez exagerado, de que estas sacas eran de
millares de cabezas y de que un solo latifundista criaba entre ocho
y diez mil cabezas.
|
2
El origen de las crisis del siglo XVII, a diferencia del XVIII,
radicaba en este hecho y no en la escasez absoluta de ganados. Por
eso en 1679 el gobernador de la provincia tuvo que prohibir que se
vendieran o que se sacrificaban novillas en los distritos de Cali,
Buga y Cartago
|
3
. En
1687 el procurador de la ciudad hacía notar que en otros tiempos
los ganados de estas regiones eran suficientes para abastecer a
toda la provincia de Popayán e inclusive la ciudad de San Miguel de
Ibarra. Como consecuencia de la escasez, al año siguiente, el
gobernador de Popayán volvía a prohibir las
"sacas".
Entre tanto, los precios del ganado al detal comenzaron a subir,
Primero, en 1682, se autorizó un alza de uno y medio a dos reales
por arroba, de tal manera que un novillo gordo podía producir tres
y medio patacones (o 28 reales). Apenas seis años más tarde los
propietarios volvieron a presionar un alza a dos y medio reales
|
4
La estabilidad de los años siguientes puede atribuirse a la
reestructuración de la propiedad agraria en haciendas. Pero al
mismo tiempo estaba surgiendo un nuevo factor perturbador con el
surgimiento de un mercado excepcional en los distritos mineros del
Pacífico. Así, en 1706 y 1709 se prohibió a los abastecedores que
vendieran cebo a comerciantes pues estos lo sacaban al Chocó y
dejaban sin velas a los habitantes de Cali.
|
5
.
En 1718 el procurador de la ciudad volvía a advertir que los
ganados de la región estaban a punto de desaparecer porque se
sacrificaban demasiados para llevar la carne al Chocó
|
6
. En 1729 se reiteraba en el Cabildo
que faltaban ganados y que por esa razón se había dejado de
abastecer la ciudad. Al parecer esta era una manera de hacer
presión los propietarios para lograr una nueva alza de los precios,
la que efectivamente se les acordó en 1734, cuando comenzó a
venderse la arroba a tres reales. En estas condiciones una res
podía producir -vendida por arrobas- cinco patacones, lo cual elevó
el precio por cabeza de dos patacones y medio a cuatro.
En 1739 los vecinos se resistieron a una nueva pretensión de alzar
el precio por arroba a cuatro reales
|
7
, pero al año siguiente se vieron obligados a
procurarse el abasto comprado a vecinos de Caloto
|
8
. En la década del 40 la situación
se agravó hasta el punto de que los propietarios pudieron forzar a
que se doblara el precio de la arroba. En 1758 este descendió
ligeramente (a cinco reales), pero en los años 50 el ganado parece
haber escaseado de manera alarmante.
En 1754 se dió permiso a todo el mundo para sacrificar ganado y
frecuentemente se vendía ganado robado
|
9
. Algunos comerciantes comenzaron a competir
entonces con los hacendados trayendo ganado del Valle del
Magdalena. El español José de Borja Tolesano y Matías Granja (de
Latacunga), quienes poco más tarde se vieron envueltos en un
conflicto abierto con las familias "nobles",
contrataron con un vecino de Neiva para traer más de 700 novillos
de más de cuatro años a 6 y 7 patacones cabeza
|
10
. Este precio subió todavía más
y en 1766 el ganado que se traia de Neiva se cotizaba a nueve
patacones. Es natural que el precio del ganado al por menor fuera
considerablemente más alto. Tanto, que un escrito de 1766 pedía que
no se autorizara en exceso de 12 patacones: en medio siglo el
ganado había cuadruplicado su valor.
A partir de 1769 la situación sufrió un vuelco y los propietarios
se disputaban el abastecimiento de Cali, volviendo al precio de
1748 de cinco reales la arroba. Desde ese año, y casi por dos
decenios, el abastecimiento se remató con la condición de pagar un
"prometido" a las rentas municipales.
Este "prometido" subió de cuatro reales por
cabeza en 1769 y 1770 a 17 en 1771 y a19 en 1773
|
11
, lo cual indica que las pujas
eran reñidas entre los propietarios para obtener el privilegio de
abastecer la ciudad.
Es indudable que para entonces el ciclo del oro chocoano había
entrado en declive y con él la prosperidad de las haciendas. Hacia
1788 los propietarios quisieron forzar una nueva subida del precio
por arroba pero sin éxito. Esta vez el Cabildo admitió que no había
escasez de ganado y que lo que ocurría era que el que pastaba en
Cali era demasiado tierno, sin edad adecuada para su consumo en los
mercados de Cali y el Chocó.
|
12
.
Puede concluirse, con respecto al ganado, que el sistema de la
hacienda y la demanda de los centros mineros lograron hacer subir
el precio de cada cabeza al por mayor de dos patacones y medio a
seis, y el precio por arroba para el abastecimiento de Cali
-controlado por los aranceles del Cabildo- de uno y medio a cinco
reales.
Estas alzas controladas no reflejan, sin embargo, sino un aspecto
muy localizado de la situación. En 1771 se afirmaba, a propósito de
50 reses que el comerciante Ventura de Arizabaleta tenía en sus
minas del Dagua, que "en este paraje su íntimo precio es
el de ocho castellanos de oro", es decir, 16 patacones. Y
en 1788 se calculaba que en las regiones mineras un novillo cebado
podía rendir 25 patacones. Así, los precios reales del mercado que
absorbía la mayor parte del ganado y que no estaban sujetos a
control, podían ser cuatro o cinco veces superiores a los del
mercado caleño.
En el curso del siglo se duplicaron también los precios de las
yeguas (y, en los años de crisis, a mediados del siglo, llegaron a
triplicarse de los caballos y de las mulas. Los precios de este
tipo de ganado eran menos homogéneos que los del vacuno pues
dependían de la edad del animal, de su calidad o de condiciones
especiales: que se tratara de padrones,
"capones", mulas de arria o de tiro, bueyes de
arado o de tiro y, en el caso de los burros, que fueran
"hechores" (es decir, reproductores) o
simplemente "pollinos".
|
|
IRB. 1. 235.
|
|
|
Ibid. 317
|
|
|
Ibid. 279
|
|
|
Ibid. 317 ss.
|
|
|
Ibid. 373
|
|
|
Ibid. II, 12
|
|
|
Ibid. 111
|
|
|
Ibid. 117
|
|
|
Ibid. 255
|
|
|
r.7 f.42 v.r. 8 f. 114r. y 25 Nov. 1755 r. 68 f.167 v. Borja
Tolesano compró a Juan Feijóo el potrero de la Balsa (en Río Claro)
por 1.250 pts. en 1755 para recibir el ganado que compraba en
Neiva.
|
|
|
ARB. II. 347, 365
|
|
|
Ibid. III, 66
|
|