Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

2. EL GANADO

Como puede observarse en el cuadro No. 4, las haciendas más cuantiosas en ganados fueron el Alisal, Arroyohondo, Trejo, San José de Amaime y Malibú, que a mediados de la centuria tenían más de cinco mil patacones en ganado. En el caso del Alisal debe observarse que aún conservaba los rasgos de un antiguo latifundio. Sus tierras eran tan extensas que, en 1766, se calculaba que pastaban en ellas unas 200 reses cimarronas, además del ganado que podía contarse. Por otra parte, la hacienda Malibú parece haberse especializado en la cría de ganado caballar, en tanto que en las haciendas restantes predominaba el ganado vacuno.

Todo parece indicar que el ganado vacuno fue en disminución a lo largo de la centuria. De dos patacones y medio en los primeros años, el precio por cabeza había alcanzado, después de 1750, a 5 y 7 pts. (este último, cuando se trataba de reses lecheras). El abasto de la ciudad de Cali fue siendo cada vez más irregular, aunque ya desde el siglo anterior se venían presentando crisis periódicas. Como los ganaderos debían vender a precios de arancel fijados por el Cabildo, el suministro tuvo que ser asignado de manera forzosa. | 1 .

CUADRO Nº 4

Ganados de las haciendas caleñas (valor por unidad)

 
 
 
valor
 
 
v/r
v/r
 
v/r
v/r
 
v/r.           bueyes
 
 
Hacienda
Arlo
reses
rr. pt.
 
yeguas
pts.
cabs. pts.
mulas
pts.
potros Pts.
burros
pts.           arado                v/r.
tiro
v.
Trejo (1)
1719
1.000
20
 
325
2
60
5
-
 
25
3
2*
40
8
7
10
6
Loreto
1723
300
20
 
350
2
70
4
16
15
-
 
 
 
 
 
16
6
Loreto
1726
278
20
 
400
2
60
6
 
 
44
3.5
2
24
 
 
60
6
Meléndez - 1
1726
 
 
 
 
 
95
6
35
25
 
 
 
 
 
 
 
 
Trejo(2)
1726
375
 
4
350
2
108
6
15
2
92
4
3*
40
5
10
16
6
Yegüerizo
1734
600
20
 
250
2
36
6
 
 
38
4
1
14
12
10
24
5
Trejo(3)
1748
655
 
4
163
3
19
7
9
12
10
4
1
10
2
10
 
 
Amaime
1749
1.200
 
4
165
4
35
9
10
20
 
 
5*
35
 
 
 
 
Magdalena
1750
200
 
7***
40
5
10
10
5
20
 
 
1*
60
 
 
 
 
Malibú
1753
 
 
 
627
2.5
117
8
 
 
113
4
2*
50
 
 
 
 
Herradura
1754
7
 
5***
98
4
7
12
 
 
 
 
4*
72
 
 
 
 
Cañaveralejo
1754
 
 
 
10
6
8
6
 
 
 
 
 
 
12
10
 
 
Malibú
1755
200
 
4
726
4
102
10
 
 
46
6
2*
50
 
 
 
 
Abrojal
1755
500
 
5***
56
5
49
8
7
20
 
 
2
25
4
12
 
 
Guabinas
1755
20
 
6
21
6
7
8
 
 
 
 
1
9
3
12
 
 
Cerrito
1758
90
 
6***
100
5
50
12
25
25
16
5.5
3*
50
10
15
 
 
Trejo(2)
1759
12
 
4
100
4
29
10.5
5
17
12
6
 
 
 
 
 
 
Herradura
1763
40
 
6
150
4
23
9
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Meléndez
1763
224
 
6
 
 
12
8
11
18
 
 
 
 
 
 
 
 
Alisal
1766
937
 
6/5
243
4.5
107
10
55
22
 
 
6*
30
 
 
30
6
Alisal
1769
117
 
6/5
82
4
60
4
17
15
 
 
6
8
 
 
 
 
Alisal
1770
421
 
5
165
4
50
10
 
 
28
8
2*
50
 
 
 
 
* Burros "hechores"                 ** reses lecheras                    *** reses de cría.

En el siglo XVII el abasto correspondía a los grandes latifundistas y parece probable que el latifundio haya sido más favorable a la expansion ganadera, al menos de ganado cimarrón. Si bien el arancel era fijado por el Cabildo, este estaba dominado por los mismos latifundistas que preferían buscar mercados más halagüeños y hacían grandes "sacas" a Popayan, Pasto, Ibarra y Antioquia.

Se menciona el hecho, tal vez exagerado, de que estas sacas eran de millares de cabezas y de que un solo latifundista criaba entre ocho y diez mil cabezas. | 2

El origen de las crisis del siglo XVII, a diferencia del XVIII, radicaba en este hecho y no en la escasez absoluta de ganados. Por eso en 1679 el gobernador de la provincia tuvo que prohibir que se vendieran o que se sacrificaban novillas en los distritos de Cali, Buga y Cartago | 3 . En 1687 el procurador de la ciudad hacía notar que en otros tiempos los ganados de estas regiones eran suficientes para abastecer a toda la provincia de Popayán e inclusive la ciudad de San Miguel de Ibarra. Como consecuencia de la escasez, al año siguiente, el gobernador de Popayán volvía a prohibir las "sacas".

Entre tanto, los precios del ganado al detal comenzaron a subir, Primero, en 1682, se autorizó un alza de uno y medio a dos reales por arroba, de tal manera que un novillo gordo podía producir tres y medio patacones (o 28 reales). Apenas seis años más tarde los propietarios volvieron a presionar un alza a dos y medio reales | 4

La estabilidad de los años siguientes puede atribuirse a la reestructuración de la propiedad agraria en haciendas. Pero al mismo tiempo estaba surgiendo un nuevo factor perturbador con el surgimiento de un mercado excepcional en los distritos mineros del Pacífico. Así, en 1706 y 1709 se prohibió a los abastecedores que vendieran cebo a comerciantes pues estos lo sacaban al Chocó y dejaban sin velas a los habitantes de Cali. | 5 .

En 1718 el procurador de la ciudad volvía a advertir que los ganados de la región estaban a punto de desaparecer porque se sacrificaban demasiados para llevar la carne al Chocó | 6 . En 1729 se reiteraba en el Cabildo que faltaban ganados y que por esa razón se había dejado de abastecer la ciudad. Al parecer esta era una manera de hacer presión los propietarios para lograr una nueva alza de los precios, la que efectivamente se les acordó en 1734, cuando comenzó a venderse la arroba a tres reales. En estas condiciones una res podía producir -vendida por arrobas- cinco patacones, lo cual elevó el precio por cabeza de dos patacones y medio a cuatro.

En 1739 los vecinos se resistieron a una nueva pretensión de alzar el precio por arroba a cuatro reales | 7 , pero al año siguiente se vieron obligados a procurarse el abasto comprado a vecinos de Caloto | 8 . En la década del 40 la situación se agravó hasta el punto de que los propietarios pudieron forzar a que se doblara el precio de la arroba. En 1758 este descendió ligeramente (a cinco reales), pero en los años 50 el ganado parece haber escaseado de manera alarmante.

En 1754 se dió permiso a todo el mundo para sacrificar ganado y frecuentemente se vendía ganado robado | 9 . Algunos comerciantes comenzaron a competir entonces con los hacendados trayendo ganado del Valle del Magdalena. El español José de Borja Tolesano y Matías Granja (de Latacunga), quienes poco más tarde se vieron envueltos en un conflicto abierto con las familias "nobles", contrataron con un vecino de Neiva para traer más de 700 novillos de más de cuatro años a 6 y 7 patacones cabeza | 10 . Este precio subió todavía más y en 1766 el ganado que se traia de Neiva se cotizaba a nueve patacones. Es natural que el precio del ganado al por menor fuera considerablemente más alto. Tanto, que un escrito de 1766 pedía que no se autorizara en exceso de 12 patacones: en medio siglo el ganado había cuadruplicado su valor.

A partir de 1769 la situación sufrió un vuelco y los propietarios se disputaban el abastecimiento de Cali, volviendo al precio de 1748 de cinco reales la arroba. Desde ese año, y casi por dos decenios, el abastecimiento se remató con la condición de pagar un "prometido" a las rentas municipales.

Este "prometido" subió de cuatro reales por cabeza en 1769 y 1770 a 17 en 1771 y a19 en 1773 | 11 , lo cual indica que las pujas eran reñidas entre los propietarios para obtener el privilegio de abastecer la ciudad.

Es indudable que para entonces el ciclo del oro chocoano había entrado en declive y con él la prosperidad de las haciendas. Hacia 1788 los propietarios quisieron forzar una nueva subida del precio por arroba pero sin éxito. Esta vez el Cabildo admitió que no había escasez de ganado y que lo que ocurría era que el que pastaba en Cali era demasiado tierno, sin edad adecuada para su consumo en los mercados de Cali y el Chocó. | 12 .

Puede concluirse, con respecto al ganado, que el sistema de la hacienda y la demanda de los centros mineros lograron hacer subir el precio de cada cabeza al por mayor de dos patacones y medio a seis, y el precio por arroba para el abastecimiento de Cali -controlado por los aranceles del Cabildo- de uno y medio a cinco reales.

Estas alzas controladas no reflejan, sin embargo, sino un aspecto muy localizado de la situación. En 1771 se afirmaba, a propósito de 50 reses que el comerciante Ventura de Arizabaleta tenía en sus minas del Dagua, que "en este paraje su íntimo precio es el de ocho castellanos de oro", es decir, 16 patacones. Y en 1788 se calculaba que en las regiones mineras un novillo cebado podía rendir 25 patacones. Así, los precios reales del mercado que absorbía la mayor parte del ganado y que no estaban sujetos a control, podían ser cuatro o cinco veces superiores a los del mercado caleño.

En el curso del siglo se duplicaron también los precios de las yeguas (y, en los años de crisis, a mediados del siglo, llegaron a triplicarse de los caballos y de las mulas. Los precios de este tipo de ganado eran menos homogéneos que los del vacuno pues dependían de la edad del animal, de su calidad o de condiciones especiales: que se tratara de padrones, "capones", mulas de arria o de tiro, bueyes de arado o de tiro y, en el caso de los burros, que fueran "hechores" (es decir, reproductores) o simplemente "pollinos".

 

1)
IRB. 1. 235.
2)
Ibid. 317
3)
Ibid. 279
4)
Ibid. 317 ss.
5)
Ibid. 373
6)
Ibid. II, 12
7)
Ibid. 111
8)
Ibid. 117
9)
Ibid. 255
10)
r.7 f.42 v.r. 8 f. 114r. y 25 Nov. 1755 r. 68 f.167 v. Borja Tolesano compró a Juan Feijóo el potrero de la Balsa (en Río Claro) por 1.250 pts. en 1755 para recibir el ganado que compraba en Neiva.
11)
ARB. II. 347, 365
12)
Ibid. III, 66