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INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
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Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
CAPITULO III
ELEMENTOS DE LAS HACIENDAS
1. GENERALIDADES
Las haciendas que se formaron en el siglo XVIII favorecía menos
rigideces sociales que el latifundio del siglo anterior. Aun cuando
este último sufrió un proceso de paulatina dispersión en el curso
del siglo XVIII, era frecuente que se transmitiera a varios
herederos en forma de derechos proindiviso, los cuales podían
mantenerse así durante muchos años. El sistema favorecía el
carácter cerrado de los linajes de propietarios entre los cuales
iban recayendo estos legados. Como consecuencia, eran más
frecuentes las enajenaciones por vía de sucesión que por
compraventa. Esto, naturalmente, no favorecía la valorización de
las tierras cuyos precios experimentaron muy pocas variaciones en
el curso del siglo XVII.
En el siglo siguiente el proceso de desintegración del viejo
latifundio se aceleró, dando lugar a la formación de nuevas
unidades productivas, como se acaba de ver. La frecuencia de las
transacciones hizo subir sensiblemente el precio de la tierra y
hacia fines del siglo aparecieron formas de renta desconocidas en
el siglo anterior. De otro lado, la hacienda no era susceptible de
repartirse entre varios herederos sin que se desintegrara y
perdiera su valor. Sólo en el caso excepcional de personajes muy
poderosos, propietarios de varias haciendas, los herederos podían
continuar en el goce de ellas y mantenerlas en su ser original,
atribuyéndoselas separadamente. Si se trataba de una sola hacienda,
sobre la que concurrían varios derechos sucesorales, tenía
forzosamente que ser rematada para pagar las hijuelas. En este
punto podían intervenir mineros y comerciantes enriquecidos,
capaces de pagar la hacienda en dinero efectivo, sustituyéndose así
a los terratenientes tradicionales.
A menudo la hacienda podía permanecer intacta por algún tiempo en
manos de la viuda a quien podía tocarle en razón de la masa,
comparativamente más grande que las hijuelas, de sus gananciales.
También podía conservarse en manos del primogénito, con el gravamen
de pagar las hijuelas de los otros herederos. A veces éstos eran
religiosos y finalmente el gravámen se convertía en una fundación
de capellanía o en un censo y de este modo un heredero privilegiado
podía continuar a su antecesor. Podía ocurrir también que, en el
remate, uno de los herederos o la viuda comprara la hacienda. Pero
era mucho más frecuente que esta pasara a manos de terceros.
También favorecia las enajenaciones a terceros el hecho de que las
haciendas fueran gravándose cada vez más con censos y capellanías
que, como se verá más adelante, eran las formas institucionales del
crédito de la época. Este fenómeno fue finalmente adverso al
sistema productivo de la hacienda puesto que la acumulación de
gravámenes, sobre los cuales tenía que pagarse una renta, iba
disminuyendo el margen de las ganancias.
Por estas razones encontramos, en algún momento del siglo XVIII y
en ocasiones con más frecuencia que en otras la enajenación de las
grandes haciendas que se habían formado en las primeras décadas del
siglo. No se trataba de todas las haciendas puesto que algunas solo
aparecen mencionadas en testamentos o con motivo de la constitución
de algún gravámen. En estos casos se carece de un inventario para
diferenciar sus elementos. Resumiendo en un cuadro los inventarios
de las haciendas que fueron vendidas entre 1719 y 1770, de las
cuales puede saberse, en algún momento, la proporción en que
entraban estos elementos, se obtiene el resultado siguiente: (Ver
cuadro No. 3).
Cuadro No. 3
Año Hacienda
|
Tierras
|
%
|
Ganados
|
%
|
Esclavos
|
%
|
Otros
|
%
|
Total
|
Banda occidental
|
pts.
|
|
pts.
|
|
pts.
|
|
pts.
|
|
pts.
|
1726 Meléndez - 1
|
550
|
4.7
|
2.422
|
20.8
|
5.855
|
50.1
|
2.902
|
24.4
|
11.679
|
1762 Meléndez - 2
|
2.400
|
19.8
|
1.834
|
15.2
|
6.345
|
52.4
|
1.512
|
12.6
|
12.091
|
1743 Arroyohondo
|
1.600
|
5.5
|
7.535
|
26.0
|
17.614
|
60.7
|
2.276
|
7.8
|
29.025
|
1755 Guabinas
|
1.000
|
27.0
|
350
|
9.5
|
1.400
|
38.0
|
941
|
25.5
|
3.691
|
1762 Ciruelos
|
-
|
|
|
|
|
|
|
|
16.152
|
1754 Cañaveralejo
|
1.500
|
33.7
|
338
|
7.6
|
2.000
|
45.0
|
618
|
13.7
|
4.456
|
Banda oriental
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1719 Trejo (1)
|
274
|
3.3
|
3.881
|
46.7
|
2.604
|
31.3
|
1.538
|
18.7
|
8.298
|
1726 Trejo (2)
|
500
|
3.1
|
7.357
|
45.7
|
3.950
|
24.6
|
4.294
|
26.6
|
16.101
|
1759 Trejo (2)
|
450
|
5.0
|
956
|
10.7
|
4.575
|
51.3
|
2.921
|
32.0
|
8.902
|
1748 Trejo (3) S. I.
|
560
|
7.2
|
3.857
|
49.7
|
2.105
|
27.1
|
1.240
|
16.0
|
7.762
|
1727 Pantanillo
|
600
|
16.1
|
1.731
|
46.5
|
1.000
|
26.8
|
389
|
10.6
|
3.720
|
1758 Cerrito
|
2.570
|
12.8
|
3.317
|
16.5
|
10.925
|
54.5
|
3.248
|
16.2
|
20.061
|
1766 Alisal
|
4.300
|
16.9
|
7.900
|
31.0
|
10.500
|
41.2
|
2.773
|
10.9
|
25.473
|
1769 Alisal
|
4.955
|
28.2
|
4.087
|
23.2
|
6.425
|
36.6
|
2.114
|
12.0
|
17.581
|
1770 Alisal
|
4.800
|
23.5
|
4.434
|
21.7
|
9.300
|
45.6
|
1.889
|
9.2
|
20.423
|
1749 Amaime
|
3.300
|
21.3
|
6.252
|
40.3
|
4.020
|
25.9
|
1.964
|
12.5
|
15.536
|
1759 Magdalena
|
540
|
10.0
|
1.942
|
35.8
|
1.270
|
23.4
|
1.672
|
30.8
|
5.424
|
1753 Malibú
|
900
|
7.4
|
3.082
|
25.2
|
5.135
|
42.0
|
3.105
|
25.4
|
12.222
|
1755 Malibú
|
800
|
6.4
|
5.448
|
43.2
|
3.690
|
29.2
|
2.677
|
14.0
|
12.615
|
1755 Abrojal
|
-
|
|
3.388
|
45.5
|
|
|
1.200
|
16.3
|
7.338
|
1754 Herradura (1)
|
1.200
|
48.0
|
801
|
32.0
|
500
|
20.0
|
|
|
2.501
|
1763 Herradura (2)
|
865
|
27.3
|
1.119
|
35.3
|
150
|
4.7
|
1.039
|
32.7
|
3.173
|
1723 Loreto (Buga)
|
900
|
11.7
|
2.066
|
26.9
|
3.540
|
46.1
|
1.178
|
15.3
|
7.678
|
1726 Loreto
|
925
|
12.1
|
2.535
|
33.3
|
2.225
|
29.1
|
1.954
|
25.5
|
7.639
|
1734 Yeguerizo (Buga)
|
855
|
8.3
|
2.598
|
25.2
|
4.400
|
42.6
|
2.469
|
23.9
|
10.322
|
|
Estas magnitudes sólo son comparables en un cierto sentido, si
presumimos que todas estas haciendas tienen un origen similar, es
decir, que se trata de formaciones tardías favorecidas por el auge
minero que tuvo lugar a partir de 1680. Hay que tener en cuenta que
el número de esclavos y de ganados podía oscilar fuertemente en
períodos muy cortos. El fenómeno obedece a las numerosas
transacciones sobre estos dos elementos y, adicionalmente en el
caso de los esclavos, a traslados a las residencias urbanas. Así,
la comparación sólo tiene un valor muy relativo y sirve únicamente
para señalar las características generales de ciertos tipos de
hacienda.
|
En primer lugar, salta a la vista lo bajo del porcentaje que
representaba el valor de la tierra en comparación con el valor
total de cada hacienda. Este porcentaje iba en disminución a medida
que aumentaba la importancia de la propiedad. Sólo en el caso de
que la hacienda se hubiera fundado en un latifundio considerable
(Cerrito. Amaime, Alisal), el valor de la tierra alcanzaba a
significar cerca del 20%. Este porcentaje podía ser aún mayor en el
caso de los remanentes de los grandes latifundios que permanecían
inexplotados (La Herradura). Pero, como se ha visto, el viejo
latifundio iba desapareciendo y el valor de las haciendas derivaba
más bien d e sus in-versiones. Estas inversiones podían consistir
en esclavos, ganados, acequias, trapiches y cultivos,
principalmente de caña, además de las casas de vivienda y, en
ocasiones, capillas, oratorios con ornamentos.
El desequilibrio entre una población escasa y tierras abundantes no
sólo confería rasgos típicos a una sociedad sino que tenia como
resultado la conservación, en gran medida, de un paisaje original.
Una hacienda del siglo XVIII solía tener límites muy imprecisos,
generalmente señalados por la presencia de
"zanjones" naturales o de algún otro accidente
del terreno. Aún a comienzos del siglo XIX la mensura era
desconocida y se daba una idea de la extensión refiriéndose a la
capacidad de una propiedad para alimentar un cierto número de
cabezas de ganado. Las tierras roturadas con el trabajo esclavo
sólo representaban una parte de las haciendas y aquellas que se
explotaban efectivamente eran muy pocas. Esto explica que
prácticamente las tierras no constituyeran un bien que circulara en
el mercado. El número de transacciones sobre porciones de tierra
era casi nulo en el curso de! siglo XVII y todavía escaso en el
XVIII. En este último siglo se aceleraron e inclusive como se ha
visto, las tierras aumentaron de valor. Con todo, en cada año
apenas se efectuaban de tres a diez compraventas. En las décadas de
1560 y 1570 el movimiento anual llegó a cinco y seis mil patacones.
Sólo cuando se vendía una hacienda, cuyos derechos de tierras eran
cuantiosos, se sobrepasaba el límite de los diez mil
patacones.
Como se ha observado, muchas de las transacciones tendían a
redondear una propiedad ya constituida. Podía darse el caso también
de que un terrateniente accediera a vender un pedazo de sus tierras
a un pequeño cultivador. Pero la escala en que se daba este
fenómeno no era suficiente para alterar la estructura de la gran
propiedad.
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