Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

CAPITULO III

ELEMENTOS DE LAS HACIENDAS

 
1. GENERALIDADES

Las haciendas que se formaron en el siglo XVIII favorecía menos rigideces sociales que el latifundio del siglo anterior. Aun cuando este último sufrió un proceso de paulatina dispersión en el curso del siglo XVIII, era frecuente que se transmitiera a varios herederos en forma de derechos proindiviso, los cuales podían mantenerse así durante muchos años. El sistema favorecía el carácter cerrado de los linajes de propietarios entre los cuales iban recayendo estos legados. Como consecuencia, eran más frecuentes las enajenaciones por vía de sucesión que por compraventa. Esto, naturalmente, no favorecía la valorización de las tierras cuyos precios experimentaron muy pocas variaciones en el curso del siglo XVII.

En el siglo siguiente el proceso de desintegración del viejo latifundio se aceleró, dando lugar a la formación de nuevas unidades productivas, como se acaba de ver. La frecuencia de las transacciones hizo subir sensiblemente el precio de la tierra y hacia fines del siglo aparecieron formas de renta desconocidas en el siglo anterior. De otro lado, la hacienda no era susceptible de repartirse entre varios herederos sin que se desintegrara y perdiera su valor. Sólo en el caso excepcional de personajes muy poderosos, propietarios de varias haciendas, los herederos podían continuar en el goce de ellas y mantenerlas en su ser original, atribuyéndoselas separadamente. Si se trataba de una sola hacienda, sobre la que concurrían varios derechos sucesorales, tenía forzosamente que ser rematada para pagar las hijuelas. En este punto podían intervenir mineros y comerciantes enriquecidos, capaces de pagar la hacienda en dinero efectivo, sustituyéndose así a los terratenientes tradicionales.

A menudo la hacienda podía permanecer intacta por algún tiempo en manos de la viuda a quien podía tocarle en razón de la masa, comparativamente más grande que las hijuelas, de sus gananciales. También podía conservarse en manos del primogénito, con el gravamen de pagar las hijuelas de los otros herederos. A veces éstos eran religiosos y finalmente el gravámen se convertía en una fundación de capellanía o en un censo y de este modo un heredero privilegiado podía continuar a su antecesor. Podía ocurrir también que, en el remate, uno de los herederos o la viuda comprara la hacienda. Pero era mucho más frecuente que esta pasara a manos de terceros.

También favorecia las enajenaciones a terceros el hecho de que las haciendas fueran gravándose cada vez más con censos y capellanías que, como se verá más adelante, eran las formas institucionales del crédito de la época. Este fenómeno fue finalmente adverso al sistema productivo de la hacienda puesto que la acumulación de gravámenes, sobre los cuales tenía que pagarse una renta, iba disminuyendo el margen de las ganancias.

Por estas razones encontramos, en algún momento del siglo XVIII y en ocasiones con más frecuencia que en otras la enajenación de las grandes haciendas que se habían formado en las primeras décadas del siglo. No se trataba de todas las haciendas puesto que algunas solo aparecen mencionadas en testamentos o con motivo de la constitución de algún gravámen. En estos casos se carece de un inventario para diferenciar sus elementos. Resumiendo en un cuadro los inventarios de las haciendas que fueron vendidas entre 1719 y 1770, de las cuales puede saberse, en algún momento, la proporción en que entraban estos elementos, se obtiene el resultado siguiente: (Ver cuadro No. 3).

Cuadro No. 3

Año      Hacienda
Tierras
%
Ganados
%
Esclavos
%
Otros
%
Total
Banda occidental
pts.
 
pts.
 
pts.
 
pts.
 
pts.
1726 Meléndez - 1
550
4.7
2.422
20.8
5.855
50.1
2.902
24.4
11.679
1762 Meléndez - 2
2.400
19.8
1.834
15.2
6.345
52.4
1.512
12.6
12.091
1743 Arroyohondo
1.600
5.5
7.535
26.0
17.614
60.7
2.276
7.8
29.025
1755 Guabinas
1.000
27.0
350
9.5
1.400
38.0
941
25.5
3.691
1762 Ciruelos
-
 
 
 
 
 
 
 
16.152
1754 Cañaveralejo
1.500
33.7
338
7.6
2.000
45.0
618
13.7
4.456
Banda oriental
 
 
 
 
 
 
 
 
 
1719 Trejo (1)
274
3.3
3.881
46.7
2.604
31.3
1.538
18.7
8.298
1726 Trejo (2)
500
3.1
7.357
45.7
3.950
24.6
4.294
26.6
16.101
1759 Trejo (2)
450
5.0
956
10.7
4.575
51.3
2.921
32.0
8.902
1748 Trejo (3) S. I.
560
7.2
3.857
49.7
2.105
27.1
1.240
16.0
7.762
1727 Pantanillo
600
16.1
1.731
46.5
1.000
26.8
389
10.6
3.720
1758 Cerrito
2.570
12.8
3.317
16.5
10.925
54.5
3.248
16.2
20.061
1766 Alisal
4.300
16.9
7.900
31.0
10.500
41.2
2.773
10.9
25.473
1769 Alisal
4.955
28.2
4.087
23.2
6.425
36.6
2.114
12.0
17.581
1770 Alisal
4.800
23.5
4.434
21.7
9.300
45.6
1.889
9.2
20.423
1749 Amaime
3.300
21.3
6.252
40.3
4.020
25.9
1.964
12.5
15.536
1759 Magdalena
540
10.0
1.942
35.8
1.270
23.4
1.672
30.8
5.424
1753 Malibú
900
7.4
3.082
25.2
5.135
42.0
3.105
25.4
12.222
1755 Malibú
800
6.4
5.448
43.2
3.690
29.2
2.677
14.0
12.615
1755 Abrojal
-
 
3.388
45.5
 
 
1.200
16.3
7.338
1754 Herradura (1)
1.200
48.0
801
32.0
500
20.0
 
 
2.501
1763 Herradura (2)
865
27.3
1.119
35.3
150
4.7
1.039
32.7
3.173
1723 Loreto (Buga)
900
11.7
2.066
26.9
3.540
46.1
1.178
15.3
7.678
1726 Loreto
925
12.1
2.535
33.3
2.225
29.1
1.954
25.5
7.639
1734 Yeguerizo (Buga)
855
8.3
2.598
25.2
4.400
42.6
2.469
23.9
10.322
Estas magnitudes sólo son comparables en un cierto sentido, si presumimos que todas estas haciendas tienen un origen similar, es decir, que se trata de formaciones tardías favorecidas por el auge minero que tuvo lugar a partir de 1680. Hay que tener en cuenta que el número de esclavos y de ganados podía oscilar fuertemente en períodos muy cortos. El fenómeno obedece a las numerosas transacciones sobre estos dos elementos y, adicionalmente en el caso de los esclavos, a traslados a las residencias urbanas. Así, la comparación sólo tiene un valor muy relativo y sirve únicamente para señalar las características generales de ciertos tipos de hacienda.

En primer lugar, salta a la vista lo bajo del porcentaje que representaba el valor de la tierra en comparación con el valor total de cada hacienda. Este porcentaje iba en disminución a medida que aumentaba la importancia de la propiedad. Sólo en el caso de que la hacienda se hubiera fundado en un latifundio considerable (Cerrito. Amaime, Alisal), el valor de la tierra alcanzaba a significar cerca del 20%. Este porcentaje podía ser aún mayor en el caso de los remanentes de los grandes latifundios que permanecían inexplotados (La Herradura). Pero, como se ha visto, el viejo latifundio iba desapareciendo y el valor de las haciendas derivaba más bien d e sus in-versiones. Estas inversiones podían consistir en esclavos, ganados, acequias, trapiches y cultivos, principalmente de caña, además de las casas de vivienda y, en ocasiones, capillas, oratorios con ornamentos.
El desequilibrio entre una población escasa y tierras abundantes no sólo confería rasgos típicos a una sociedad sino que tenia como resultado la conservación, en gran medida, de un paisaje original. Una hacienda del siglo XVIII solía tener límites muy imprecisos, generalmente señalados por la presencia de "zanjones" naturales o de algún otro accidente del terreno. Aún a comienzos del siglo XIX la mensura era desconocida y se daba una idea de la extensión refiriéndose a la capacidad de una propiedad para alimentar un cierto número de cabezas de ganado. Las tierras roturadas con el trabajo esclavo sólo representaban una parte de las haciendas y aquellas que se explotaban efectivamente eran muy pocas. Esto explica que prácticamente las tierras no constituyeran un bien que circulara en el mercado. El número de transacciones sobre porciones de tierra era casi nulo en el curso de! siglo XVII y todavía escaso en el XVIII. En este último siglo se aceleraron e inclusive como se ha visto, las tierras aumentaron de valor. Con todo, en cada año apenas se efectuaban de tres a diez compraventas. En las décadas de 1560 y 1570 el movimiento anual llegó a cinco y seis mil patacones. Sólo cuando se vendía una hacienda, cuyos derechos de tierras eran cuantiosos, se sobrepasaba el límite de los diez mil patacones.

Como se ha observado, muchas de las transacciones tendían a redondear una propiedad ya constituida. Podía darse el caso también de que un terrateniente accediera a vender un pedazo de sus tierras a un pequeño cultivador. Pero la escala en que se daba este fenómeno no era suficiente para alterar la estructura de la gran propiedad.