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INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
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Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
2. La Banda Occidental
Gran parte de las tierras situadas en la margen izquierda del
río Cali pertenecieron, en la primera mitad del siglo XVIII, a
Domingo Ramírez Florian y sus descendientes. Ramírez poseía también
tierras en Llanogrande y Cañaveralejo. Sin embargo, parece haberse
obstinado en conservarlas intactas, a pesar de no tener con qué
explotarlas. Cuando testó, en 1733, afirmaba tener más de 110 años.
Durante sus últimos años vendió algunos pedazos de tierra y en el
testamento autorizó a su mujer a hacer lo mismo, pero sólo para
atender al apremio de sus necesidades. Sin embargo, sus hijos
Salvador y José se deshicieron de una buena parte de ellas. El
pedazo más grande fue adquirido por un minero, Pedro Salinas y
Becerra, por 1.100 pts. en 1747.
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MAPA DEL RIO CAUCA Y SUS AFLUENTES
DESDE CALOTO A BUGA. (dibujo de Luis Valdivia), este mapa es la
versión moderna de un original del AHNB (Mapoteca 6. No. 98) sin
fecha, pero que data seguramente de las últimas décadas del siglo
XVIII. El dibujo original mide 197 x 71 cms. y es prácticamente una
pintura en la que se detallan de manera naturalista los accidentes
del paisaje. La versión moderna, en la cual se ha ajustado la
escala, reproduce los detalles mas notables del dibujo original, a
saber: 1) la figuración de las extensas zonas del bosque tropical
que bordean el rio Cauca y sus afluentes. Este fenómeno, que se
conoce a través de las descripciones de viajeros del siglo XIX y de
los gravados de Riou, aparece descrito con exactitud en el original
del siglo XVIII. La zona boscosa era entonces tan amplia que
estrechaba las franjas de tierra disponibles entre los numerosos
afluentes del Cauca; 2) la descripción minuciosa de los sitios
poblados. A fines del siglo XVIII muchas haciendas habían dado
lugar a verdaderos poblados, que se consagraban como parroquias y
viceparroquias. El dibujo de AHNB no sólo señala la presencia de la
casa principal de las haciendas que se distribuían entre los
afluentes del Cauca sino también las construcciones menores que
iban dando lugar a un poblado. Los números corresponden a:
1)
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R. Pance
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21)
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R. de la Quesera
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41)
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Todossantos
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2)
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R. de las Piedras
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22)
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R. Coronado
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42)
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R. Chambimbal
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3)
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R. Meléndez
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23)
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Riofrio
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43)
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R. Buga
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4)
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R. Cañaveralejo
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24)
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R. Gusano
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44)
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Quebradaseca
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5)
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R. Cali
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25)
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R.. Caceres
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45)
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Sonsito
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6)
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R. Arroyohondo
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26)
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R. Percado
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46)
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R. Sonso
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7)
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Q de Guabinas
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27)
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Roldanillo
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47)
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R. Gua bitas
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8)
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R. de Yumbo
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28)
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El Rey
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48)
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R. Guabas
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9)
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Q de Bermejal
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29)
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Quebradahonda
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49)
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Zabaletas
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10)
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R. Mulaló
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30)
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Q. Lajas
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50)
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Cerrito
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11)
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R San Marcos
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31)
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q Limones
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51)
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R. Amaimito
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12)
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R Vijes
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32)
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R Cañas
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52)
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R. Trejo
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13)
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R. S. Pablo
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33)
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R Paila
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53)
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Amaime
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14)
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R. Hatoviejo
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34)
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Q Murillo
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54)
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Bolo
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15)
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R Yotoco
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35)
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Q. Ovejo
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55)
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Parraga
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16) R. Mediacanoa
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36)
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R. Bugalagrande
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56)
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Fraile
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17)
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R. Chimbilaco
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37)
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R. Zabaletas
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57)
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El Muerto
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18)
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R. La Negra
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38)
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R, Morales
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58)
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Desbaratado
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19)
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R. la Loma
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39)
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R Tulin
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59)
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Las Cañas
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20)
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R. de las Piedras
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40)
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R S. Pedro
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Nota: Composicion y armada Arnul
Bonilla Vidal.
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Las estribaciones de la cordillera inmediatas a la ciudad habían
pertenecido, en el siglo XVII, al contador Palacios Alvarado. Como
se le comprobaron fraudes contra las Cajas reales, sus bienes se
remataron en 1654. Pedro Ordoñez de Lara compró estas tierras,
denominadas San Antonio, Potrero de las Nieves, los Aguacatales y
Petendé, por 150 pesos oro. En el curso del siglo XVII y primeras
décadas del XVIII estas propiedades se dispersaron. Así, las
tierras que heredó Antonio Ordoñez (estancia de las Guacas) las
vendió su viuda al capitán Pedro de Silva y la viuda de éste a José
Pretel y Llanos en 1726. Pretel, que poseía también tierras en
Párraga y en 1737 compró la hacienda de Meléndez, siguió comprando
tierras en el mismo sitio. En 1733 agregó 50 pts. de tierra sobre
la quebrada del Aguacatal, en 1748 otros 30 pts. en las Petacas y,
en 1749 200 pts. entre las quebradas de Guacas y el Contador,
tierras que habían sido de los Ordoñez de Lara y del contador
Palacios Alvarado. Después de su muerte la viuda vendió la mitad de
estas tierras llamadas Loma de Santa Rosa, a un minero, Don Vicente
Cortés de Palacios por 200 pts.
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En la otra vertiente de estas montañas, por el camino hacia Dagua y
el Reposo, entonces una rica región minera, la familia Caicedo
había monopolizado gran parte de las tierras. Así, Nicolás de
Caicedo Hinestroza declaraba en su testamento
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las tierras de Tocota, que
abarcaban más de una legua, a las que se habían ido agregando las
posesiones de Ambichintes, Bitaco, Papagayeros y la Burrera. Estas
tierras pasaron a manos de su yerno, José Antonio de la Llera, y a
su hijo, Manuel Caicedo Jiménez, quienes vendieron una parte que
quedó finalmente en manos de otro minero, Guillermo de Collazos y
Ayala.
Uno de los desarrollos más notables en la banda occidental, al
norte de Cali, fue el de la hacienda de Arroyohondo. Esta hacienda
fue comprada en enero de 1725 por el comerciante en esclavos
español Clemente Jimeno de la Hoz. Pagó 1.812 pts., entre los
cuales estaba incluido el valor de mil pts. de tierras que habían
sido de Francisca Núñez de Rojas y de Melchor de Saa, miembros de
familias terratenientes poderosas en el siglo anterior. Por el
parentesco con Doña Francisca Núñez, las tierras habían pertenecido
primitivamente a la familia de la esposa de Jimeno. Doña María
Rosalía Peláez. Jimeno de la Hoz parece haberse propuesto hacer de
estas tierras una gran hacienda, dotándolas de esclavos y de un
trapiche. En 1738, cinco años después de la muerte de su marido, la
viuda compró todavía más tierras por 500 pts. La proximidad de la
hacienda debe haberlas valorizado, pues diez años antes se habían
comprado apenas en 300
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En 1743 la hacienda había crecido tanto que la señora pudo venderla
al comerciante y minero Bernardino Núñez de la Peña nada menos que
por 29.025 pts., de los cuales el comprador pagó 20 mil de contado.
En 1747 y 1749 Núñez compró todavía más tierras a una familia de
terratenientes tradicionales, en el potrero de el Embarcadero por
140 pts. y en la cañada de Juan Muñoz por 400 pts. A su muerte, la
hacienda quedó en poder de uno de sus yernos, Dionisio Quintero
Ruiz, otro comerciante y minero, quien se comprometió a pagar las
legítimas de sus cuñados menores de edad y se hizo cargo de 18 mil
pts. de censos con los que sus suegros habían gravado la propiedad.
Todavía a finales del siglo la hacienda no había salido de manos de
esta familia y aún había adquirido mayor valor. Así, en 1794 la
viuda de Manuel Luis Quintero la cedió a otro Núñez, hijo de
Bernardino, por 31.911 pts. Por entonces las tierras de la hacienda
valían 5.900 pts., una cantidad apreciable en la época.
Las tierras contiguas a Arroyohondo sufrieron un proceso de
concentración similar. En febrero de 1759 el comeiciante Juan
Agustín López Ramírez compró por 1.137 pts. tierras en Dapa al
Maestro Manuel de Caicedo. Este las había adquirido por 400 pts. de
Mateo Vivas, en cuya familia se habían conservado hasta ese
momento, en 1744. En 1760 el comerciante compró un pedazo
colindante de Rosa Vieja por 80 pts. y al año siguiente adquirió
parte de la estancia de las Guabinas del Maestro Pedro de Albo
Palacio, que había sido igualmente heredada de los Vivas Sedano,
por 1.175 pts.
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Como la ciudad se apiñaba en unas pocas cuadras próximas al río
Cali, es fácil imaginar que gran parte de lo que hoy es territorio
urbano hacía parte, en el siglo XVIII, de los predios de alguna
hacienda. Esto ocurría con las tierras descritas de Ramírez
Floriano y las de San Antonio, San Fernando y Loma de Santa Rosa
que fueron del contador Palacios Alvarado. Nicolás de Caicedo
Hinestroza se había hecho adjudicar por el Cabildo la estancia
llamada Barrio Nuevo, prácticamente territorio urbano, por donde la
ciudad tenía que extenderse forzosamente.
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MUV r. 8 f. 327. r. f. 340 r. f. 429 v. f. 446 v. r. 16 f. 154
r. r. 14 f. 241 s. r. 32 f. 234 v. r. 31 f. 141 r. r. 28 f. 115 r.
r. 44 f. 195 r.
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En 1736. r. 37 f. 1 r. ss.
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r. 49 f.59 v.f. 59, v.r. 32f. 272r.
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r. 7 f. 138 r. r. 80 Nov. 1755 r. 29 f. 320 r.
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