Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

2. Patrones de apropiación de la tierra

a) En los Altiplanos

La apropiación de tierras por parte de los conquistadores españoles fue un hecho complejo, resultado final del choque con las sociedades autóctonas. Esta apropiación asumió variantes y su ritmo fue diferente de acuerdo con los contornos mismos de las sociedades indígenas en cuestión. En cuanto a los grupos de conquistadores, si bien de orígenes regionales diferentes, presentaban una homogeneidad indudable en comparación con estos grupos autóctonos.
En algunos casos, cuando se trataba de grupos indígenas de una considerable densidad demográfica (y de un grado de evolución social elevado), el despojo buscó reforzar relaciones dominicales convertir el tributo, derivado del sistema de la encomienda en prestación de servicios personales. En estas regiones se distinguía entre los "aposentos" del encomendero -o reserva señorial que los indios trabajaban por "concierto"- de las tierras de labranza de los propios indios. De estas últimas provenía el tributo que las "tasas" de los visitadores fijaban en especie, cuando no señalaban una extensión determinada de tierra para satisfacerlo.

Vale la pena señalar que los "aposentos" surgieron al margen de la ley puesto que, según esta; los encomenderos españoles debían residir en las ciudades y de ningún modo podían apropiarse de tierras de los indígenas puestos a su cuidado | 4 . Pero la práctica de ocupar una posición de estas con los "aposentos" vino a crear un paisaje rural en el que los labrantíos indígenas circundaban, en forma dispersa, la posesión señorial.

Como se sabe, sin embargo, la encomienda no poseyó nunca un carácter patrimonial. El hecho de que estuviera limitada a dos vidas (aunque, en la práctica, este principio de las Leyes Nuevas fuera violado sistemáticamente) debía reducir a este lapso las explotaciones rurales de tipo señorial. Pero aún si el goce de la encomienda podía prolongarse subrepticiamente por más de dos generaciones, a su término los "aposentos" debían desaparecer o pasar a un nuevo encomendero | 5 . No resulta entonces extraño que algunos encomenderos hayan buscado perpetuar al menos el usufructo sobre la tierra de los "aposentos" amparando posesiones de hecho con títulos emanados de alguna autoridad. En donde las comunidades de encomenderos eran fuertes, el Cabildo, que representaba sus intereses, se prestó muy bien a estas otorgaciones. Subsistía, claro, el problema ulterior de procurarse mano de obra puesto que la posibilidad de "concertar" a los indígenas de la encomienda era un privilegio del encomendero.

La proliferación de propietarios no encomenderos se dió así paralelamente a la decadencia de la encomienda. En la región de los altiplanos de la Nueva Granada la prestación de mano de obra indígena pudo finalmente reglamentarse dentro de un nuevo esquema durante la última década del siglo XVI. A partir de entonces los encomenderos se vieron legalmente privados del trabajo indígena que, en teoría al menos, podía ser reclamado por cualquier empresario agrícola y dispensado por la Audiencia. En México este mismo fenómeno se había operado dos décadas antes, debido también a las presiones de propietarios no encomenderos.

La apropiación de tierras no obedeció en todas partes a un patrón idéntico. En regiones densamente pobladas por indígenas -como los altiplanos de la Nueva Granada- las apropiaciones descomunales encontraron limitaciones no sólo en las parcelas indígenas sino, en mayor medida, en la competencia de los españoles mismos que buscaban acceso a la mano de obra prácticamente gratuita de los indios. La política de "poblamientos" y de la otorgación de resguardos indígenas concentraron este recurso y lo hicieron accesible a más pobladores españoles, a partir sobre todo de las primeras décadas del siglo XVII. Naturalmente, los antiguos encomenderos se veían favorecidos todavía no sólo por la oportunidad que habían tenido de refrendar con un título del Cabildo sus ocupaciones de hecho sino también por nexos familiares con los que ahora gozaban de las encomiendas.

b) La disponibilidad indefinida de tierras en el Valle del Cauca

Qué ocurría entre tanto en regiones bajas, de menor densidad demográfica y en dónde, a primera vista, el hambre de tierras no encontraba un límite? En regiones en las que, como la costa del Caribe, el Valle del Magdalena o el Valle del Cauca, las civilizaciones indígenas habían sufrido un colapso antes de la ocupación definitiva de los españoles, o habían sido duramente castigadas por razzias de los esclavistas de Santo Domingo o, finalmente, habían pasado a ser una verdadera zona de frontera que rechazaba obstinadamente la penetración española.

Ateniéndose al sólo Valle del Cauca, en donde tanto el oro como el tránsito obligado en ambas direcciones de su configuración longitudinal atrajo una ocupación permanente, encontramos rasgos que lo distinguen netamente- en lo que a la apropiación de la tierra se refiere- de las regiones vecinas de Popayán y Pasto. Estas, como el resto de las regiones de los altiplanos, derivaron la apropiación de la tierra de la explotación de la mano de obra indígena, más o menos abundante. En el Valle del Cauca, el grueso de la población indígena estaba concentrado en la banda occidental del río, la parte más estrecha y menos fértil, y en los valles encajonados en la cordillera occidental. La ciudad de Cali se abasteció durante mucho tiempo con la producción agrícola de los indígenas de esta zona y todavía en 1694 las autoridades de la capital requerían en ella la presencia de las indias que solían vender pescado y legumbres y que iban escaseando | 6 .

Por esta razón las propiedades de esta banda nunca alcanzaron las proporciones de la zona oriental. En esta, la ocupación tuvo que ser más lenta pero ya en el siglo XVII existía en ella una clase terrateniente muy caracterizada. Allí se dió un verdadero monopolio sobre la tierra que fue posible en virtud de la escasez de mano de obra. Unas pocas familias, incrustadas en los organismos de poder local, detentaron desde el comienzo vastas posesiones. Puede decirse que la historia agraria más antigua de la región consiste no tanto en el desarrollo de una productividad como en los accidentes que sufrió el patrón original de la posesión de la tierra.

Debe subrayarse que en muchos casos esta posesión tenía un significado social más que económico. Durante los siglos XVI y XVII existió (con respecto al escaso número de la población española) una disponibilidad casi ilimitada de tierras para la explotación, una verdadera "frontera agraria". Allí donde se entablaba una hacienda las tierras cultivadas debieron ser muy pocas. Una posesión podía permanecer inexplorada o explotada al mínimo en el seno de una familia en espera de una coyuntura favorable. Las escasas transacciones sobre tierras señalan la presencia de esta coyuntura en cada caso. Las posesiones se fragmentaban con las herencias o con ventas que iban a engrosar otras posesiones. El panorama de nombres de familia asociados con ciertas regiones va modificándose lentamente. Algunas familias buscan un reacomodo y terminan por instalarse lejos de sus primitivas posesiones. Pero en muchos casos estos desplazamientos se operan en el vacío de una explotación económica.

En 1572 el procurador de Cali, el encomendero Rodrigo de Villalobos, se refería a una de las propiedades de la margen derecha como al "ingenio de la ciudad". La propiedad que se singularizaba de este modo era un latifundio sobre el río Amaime en el que Gregorio Astigarreta (llamado |el viejo) había establecido por primera vez una explotación de caña de azúcar. El hecho resultaba tan singular que muchas escrituras del siglo XVIII todavía lo mencionaban en las demarcaciones de linderos. Y algunos historiadores lo subrayan con términos anacrónicos como el origen de la "floreciente industria cañera de la región". El episodio debe reducirse a sus justas proporciones. Más que en la explotación de vastas posesiones, Astigarreta debía estar interesado en monopolizar recursos de tierra y mano de obra para eliminar la competencia, y en realidad, su explotación debía reducirse a unos pocos almudes de caña.

El ganado, en cambio, podía reproducirse con entera libertad en estas soledades. El hecho de que fuera cimarrón obligaba a un control del suelo que lo sustentaba. Esta situación se ve claramente en un incidente suscitado por el mismo Astigarreta en 1582. En esta fecha Astigarreta alegaba que,
"... habrá trece años poco más o menos que llevando yo la cantidad de ganado que dicha tengo mi petición (se trataba de 740 cabezas) para la villa de Antioquia, se me quedó en el dicho sitio mucha cantidad de las de que proceden las dichas vacas, y por personas que al dicho sitio han ido algunas veces, sin lo yo saber a hacer carne y cebo, han sido vistas y conocidas ser de mi hierro..." | 7 .
En los trece años el ganado se había reproducido considerablemente y ahora suscitaban un pleito. Algunas personas habían negociado con este ganado y se trataba de saber a quién pertenecía. La solución del problema sólo vino a darse treinta años más tarde, cuando se falló en contra de las pretensiones de Astigarreta y en favor de la versión según la cual el ganado se había extraviado cuando el capitán Estupiñán había ido a poblar la ciudad de Buga.

Las tierras sobre las cuales andaba disperso este ganado se encontraban entre Buga y Cartago y en ellas se fundó más adelante la hacienda de la Paila. Pero todavía a finales del siglo XVI aparecen claramente como un |no mans land en el que resultaba casi imposible determinar a quién pertenecía un derecho de bienes mostrencos que había accedido a ellas.

El monopolio de las tierras no podía, sin embargo, ser ilimitado Otros dos encomenderos, Andrés y Lázaro Cobo, fundaron también "ingenios" contiguos al de Astigarreta, sobre la otra ribera del Amaime | 8 . Las explotaciones dependían de la mano de obra disponible y por eso no es un azar que fueran la empresa de los encomenderos de los indios de Amaime, Mulaló y Anapunima | 9 . Si bien la disponibilidad de tierras en la banda occidental era casi ilimitada, no ocurría lo mismo con la mano de obra. Esta era tan escasa que la mujer de Astigarreta se vió obligada, en 1611, a hacer compañía con su hijo para continuar con la explotación del "ingenio". Ella aportaría las tierras y los aperos en tanto que el hijo, Gregorio el mozo, contribuiría con la mano de obra de la encomienda que había heredado | 10 . Diez años más tarde, cuando el hijo ya disponía del "ingenio", la necesidad de mano de obra debía ser más apremiante pues tuvo que asociarse con un pariente politico, el capitán Zapata de la Fuente, quien debía sacar esclavos de sus minas para dedicarlos al "ingenio" | 11 .

El ingenio fundado por Lázaro Cobo quedó en manos de la viuda de su hijo que lo aportócomo dote en un segundo matrimonio, con Andrés Alderete del Castillo. En 1637 el visitador Rodriguez de San Isidro Manrique encontró que los indios de la encomienda de Alderete estaban "poblados" en su hacienda y que lo mismo ocurría en las haciendas vecinas de Lázaro Cobo y de Sebastián Aguirre Astigarreta. Estos indios, observaba el visitador, no gozaban de tierras propias porque los encomenderos anteriores los habían sacado de su "natural" para adscribirlos a las haciendas.

Así, el monopolio de la mano de obra por parte de Cobos y Astigarretas explica el acaparamiento de tierras. La progresiva extinción de los indígenas condujo, como era de esperarse, a la fragmentación de estos dos enormes latifundios que, juntos, representaban la extensión de una provincia entera.

 

4)
The Spanish American Hacienda es una obra editada por Siglo XXI que concluye que el Modo de producción de la época colonial dependerá de los rasgos generales de las instituciones agrarias, particularmente la hacienda.
5)
Recientemente se ha suscitado una discusión que tiende a revisar, o al menos a matizar teniendo en cuenta nuevos datos, la tesis ya tradicional de Silvio Zabala sobre las relaciones entre encomienda y propiedad territorial.
6)
Cf. GUSTAVO ARBOLEDA, "Historia de Cali". Cali, 1956. T. I. p. 335 la frecuente mención de este texto, que es una trascripción cronológica y casi literal de las actas del Cabildo de Cali, obliga a una abreviación, así: ARB. I. 335., en adelante.
7)
AHNB. Rl. Hda. t. 20 f. 70 r.
8)
ARB. I. 78
9)
Cf. JUAN FRIEDJ, Vida y lucha de Don Juan del Valle, primer obispo de Popayán y protector de indios. Popayán, 1961, p. 233 ARB. 1, 170 TULIO ENRIQUE TASCON, historia de la conquista de Buga. Bogotá, p.245
10)
Cf. ARB. I, 115
11)
Ibid. p. 169-70.