|
INDICE
ABREVIATURAS UTILIZADAS
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA ECONOMÍA
Capítulo I - Orígenes y evolución del latifundio en el Valle del Cauca (ss. XVI y XVII)
Capítulo II - Las haciendas de Cali en el s. XVIII
Capítulo III - Elementos de las haciendas
Capitulo IV - El crédito en una economía agrícola
SEGUNDA PARTE: LA CIUDAD Y SUS HABITANTES
Capitulo V - Las minas y el comercio
Capítulo VI - La Ciudad
Capítulo VII - La Sociedad
Capítulo VIII - La Política
APÉNDICE
Haciendas y propiedades de vecinos de Cali
|
|
|
Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
II
Una observación en cuanto al método: muchos esquemas puramente
teóricos parten de un supuesto erróneo sobre la división del
trabajo historiográfico. Por un lado, se presume que la búsqueda de
datos escuetos y su clasificación más o menos grosera queda
confiada a un cierto tipo de practicantes de la historia, a esos
obreros pacientes que gustan de las comprobaciones minuciosas,
muchas de ellas sin importancia. Por otro, se concibe que el
planteamiento "teóricamente correcto" de los
problemas corresponde de manera exclusiva a quienes manejan
esquemas conceptuales aparatosos.
Así, suelen aparecer de vez en cuando pequeños trabajos de
intención teórica que, con un gran esfuerzo conceptual -a veces un
poco exótico, hay que confesarlo- precisan los "grandes
problemas" en una jerga irreconocible y con una
información perfectamente inadecuada.
La realidad de la investigación histórica no puede ceñirse a este
confortable modelo de la división del trabajo. La construcción del
objeto del saber en el caso de la historia -como de cualquier otra
ciencia social- conlleva no sólo la identificación de un problema
relevante y la construcción de hipótesis y modelos que signifiquen
una primera aproximación teórica, sino también la elección de
fuentes adecuadas para su tratamiento.
Aunque suele pretenderse que el historiador es un esclavo de sus
fuentes y que un acervo documental plantearía nuevos problemas a la
reflexión histórica, la realidad es exactamente la inversa.
Archivos enteros sólo pueden ser explotados en el momento en que
surgen los problemas y las construcciones teóricas -para no hablar
de las técnicas- que permiten manejar la información que contienen.
Existe, claro, la dificultad de que no todo problema que pueda
plantearse teóricamente es susceptible de una comprobación
documental. La conservación de testimonios sobre el pasado -aún el
pasado más reciente- ha obedecido siempre a un proceso selectivo un
poco azaroso. Pero lo cierto es que las búsquedas de la
historiografía tradicional, guiadas por presunciones de
"sentido común" o de sicología académica, han
reducido todavía más el rango de la información de que pueden
disponer los que se dedican a profundas reflexiones teóricas.
Así, mientras que la teoría (me refiero aquí a las teorías de
conjunto de las ciencias sociales) abre camino a la investigación,
las investigaciones de un cierto tipo parecen estrechar los límites
de la teoría. O al menos de las teorías que servirán para explicar
nuestra propia formación económico-social. En esencia, el mismo
tipo de información ha servido para "sustentar"
las tesis más contradictorias. Los exiguos datos que servían para
fines completamente distintos o que eran apenas aptos para crear
una imagen ideológica- se maceran en la retorta de la
"teoría" con la esperanza de exprimir de ellos
algo que no pueden dar. De biografías apologéticas de próceres, por
ejemplo, quiere deducirse al mismo tiempo conclusiones sobre una
ideología dominante, sobre el sentido político de sus actuaciones y
sobre los enfrentamientos de clase que cree adivinarse en algunas
anécdotas.
Muy poco se ha hecho en el terreno de la investigación para
sustituir la información fragmentaria y banal con que se cuenta y
dar cuerpo a la sistematización de un material empírico adecuado a
las reflexiones que deberían orientar su búsqueda. Resulta mucho
más cómodo pretender que se está enrutando la investigación hacia
nuevos horizontes sin tomarse el trabajo de hacerlo. O crear el
espejismo de un nuevo objeto de conocimiento cuando en realidad se
está en presencia de las viejas tesis tradicionales, revestidas con
un nuevo ropaje terminológico.
Frente a la enorme tarea que representan archivos enteros
inexplorados se da lo que Bachelard hubiera identificado gustoso
como un nuevo obstáculo epistemológico: el obstáculo de la pereza.
De la misma manera que los alquimistas torturaban idénticos
elementos en un mortero y daban a sus
"experiencias" mil nombres simbólicos y oscuros,
algunos adeptos a las construcciones teóricas francesas dan vueltas
y más vueltas en torno a los mismos datos de la historiografía
tradicional. Con ello conservan la certidumbre de no alejarse
demasiado de una playa familiar ni de hundirse en las aguas
traicioneras del empirismo. Pero entonces, para qué la construcción
teórica?
III
Algunas palabras sobre el presente trabajo: todos los
testimonios coinciden en que durante el siglo XIX la región del
Valle del Cauca conoció una aguda depresión económica. Su
participación en el panorama general de las guerras civiles era por
entonces bastante notable. Y esta era una consecuencia de la
situación económica.
Para todos los observadores el marasmo económico era tanto más
chocante cuanto que el Valle se ofrecía a sus ojos como un paraíso
en el que sólo parecía faltar el espíritu de empresa. Esta era una
verdad a medias. Los viajeros más perceptivos se daban cuenta de
que el valle estaba incomunicado y que sólo una ruta segura y
permanente hacia el Pacifico podría desembotellar la economía
agraria de la región.
Se describen, sin embargo haciendas que provocaban la imaginación
con proyectos de cultivos cotizados como la vainilla y el tabaco y
en las que los propietarios se limitaban a dormitar su indolencia
criolla. Cómo habían aparecido estas haciendas? Hubo un momento
anterior en el que, efectivamente, el Valle del Cauca tuvo una
etapa de crecimiento gracias a varios factores. Por un lado, la
consolidación de una economía minera en el Chocó, en las
postrimerias del siglo XVII. Por otro, una evolución favorable en
el seno de latifundios inmensos que había conducido a su
apropiación por pedazos razonables entre mineros y comerciantes que
debían abastecer el mercado minero.
Sería inútil, empero, pretender que la racionalidad económica baste
sólo para dar una respuesta convincente a todos los interrogantes
que plantea el proceso de una formación económico-social, en este
caso las haciendas del Valle del Cauca. Allí surgió en el
siglo
XVIII una economía agraria esclavista que no era autónoma sino que
se derivaba del auge de una economía minera. Por sí sola, la
economía agraria -de la que estaba ausente el concepto de
plantación y que por lo tanto no estaba ligada a un mercado
externo-no hubiera bastado para justificar una inversión tan
elevada como la de los esclavos negros. Tampoco la manera como se
desarrolló esta economía da bases para un cálculo riguroso de la
recuperación del capital invertido en mano de obra. A lo más, puede
inferirse una tendencia de largo plazo a través del progresivo
desmantelamiento de las haciendas, recargadas cada vez más con
hipotecas censatarias aunque con una población esclava en aumento.
El colapso posiblemente se produjo al no realizarse la expectativa
implícita de los propietarios, de un flujo inverso de esclavos de
las haciendas hacia las minas, como en los orígenes se había dado
entre las minas y las haciendas.
Muchos esclavos, en efecto, dejaron de emplearse en labores
productivas a fines del siglo XVIII. Los precios de estos esclavos,
la mayoría "criollos", se congelaron e inclusive
se advierte un ligero descenso. Pero sólo una exploración de la
historia social, del estilo de las que ha llevado a cabo en
Colombia Jaime J. Uribe o en los E.U. Eugenio D. Genovese, y un
"modelo" que tenga en cuenta factores tanto
ideológicos como cuantitativos, podrían dar cuenta a cabalidad del
fenómeno. Alguien preocupado con precisiones
"cliométricas" podría argüir que esta combinación
invalida los datos rigurosamente cuantitativos. Pero es
precisamente lo que suele ocurrir en la historia.
Así, entre este momento brillante del siglo XVIII y la decadencia
pronunciada del siglo XIX se suscita una gran variedad de
interrogantes, tanto sobre el proceso mismo de la formación de
unidades económicas (haciendas con mano de obra esclava) como sobre
su estancamiento. La liquidación del sistema esclavista, a mediados
del siglo XIX, suele darse como la respuesta más obvia de este
último. Pero la decadencia venía de más atrás y seguramente no se
localiza en el sistema agrario sino en la explotación minera.
Aún más, la liquidación del sistema político colonial debió afectar
mucho más a regiones periféricas como la provincia de Popayán, con
todo su complejo de relaciones con otras provincias que no estaban
confinadas por unos límites nacionales (i.e. la audiencia de de
Quito). Un cierto equilibrio regional, mal explorado hasta ahora,
daba una entidad a zonas como la del Valle del Cauca en el siglo
XVIII, y este equilibrio debía ceder frente a un intento de
integración política y social diferente.
IV
Es infortunado que no pueda dedicar sino muy pocas palabras a
las "críticas" que se han formulado en Colombia a
trabajos anteriores, especialmente a la primera edición de la
Historia económica y social de Colombia. La razón no estriba en un
exceso de soberbia sino en el hecho de que tales
"criticas" eran demasiado personales, y casi
siempre anónimas, como suelen serlo en Colombia. Por el contrario
he aceptado gustoso algunas sugerencias formuladas por
historiadores profesionales en la Hispanic American Historical
Review, en la American Historical Review, en la Rivista Stórica
Italiana y en Caravelle, lo mismo que de algunos compañeros de la
Universidad del Valle.
Este trabajo quiere llamar la atención sobre las posibilidades de
un tipo de fuentes poco exploradas hasta ahora. Los archivos
notariales (o protocolos de escribanos, en la colonia) reproducen,
día por día, la actividad económica y social a la manera de una
filmación en la que las imágenes aisladas pueden ser dotadas de
movimiento. Documento por documento, los registros notariales
pueden parecer descorazonadores. Su manejo descarta por anticipado
toda posición empírica debido, precisamente, a su riqueza factual y
a sus posibilidades de construcción. Por sí sola una operación
escogida al azar no sugiere sino un marco posible de relaciones
pero que, como la imagen aislada de una cinta cinematográfica,
carece de movimiento. Para que la imagen sea significativa se
requiere manejar masivamente la documentación y construirla de
acuerdo con una teoría plausible. Esta tarea presenta obstáculos en
el mero acceso a la documentación, para no hablar de sus lagunas.
Pocas ciudades conservan en Colombia series más o menos completas
en las notarías. La de Cali, aunque muy incompleta, ha sido
microfilmada y al menos es fácilmente accesible.
Sea esta la ocasión de rendir homenaje a mis colegas del
Departamento de Historia de la Universidad del Valle que, a pesar
de todos los obstáculos y a menudo la incomprensión, llevaron a
cabo esta labor de microfilmación. Lo mismo que agradecer a la
misma Universidad del Valle y a los funcionarios que en ella han
creído en las bondades del ocio académico. A Doña Teresita Villegas
y a Doña Stella de Arturo, funcionarias cuya permanente
colaboración ha facilitado un uso razonable de mi propio ocio
académico. A Luis Valdivia, que tomó tanto interés en la
elaboración de los mapas que acompañan el texto.
Cali. Universidad del Valle, Septiembre de 1975.
|