Ficha bibliográfica
Titulo: Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII
Autores: Germán Colmenares
Edición original: Cali, 1975
Edición en la biblioteca virtual: Noviembre, 2005
Notas: Estudio económico y social escrito por el historiador Germán Colmenares
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| Cali: terratenientes, mineros y comerciantes - Siglo XVIII

II

Una observación en cuanto al método: muchos esquemas puramente teóricos parten de un supuesto erróneo sobre la división del trabajo historiográfico. Por un lado, se presume que la búsqueda de datos escuetos y su clasificación más o menos grosera queda confiada a un cierto tipo de practicantes de la historia, a esos obreros pacientes que gustan de las comprobaciones minuciosas, muchas de ellas sin importancia. Por otro, se concibe que el planteamiento "teóricamente correcto" de los problemas corresponde de manera exclusiva a quienes manejan esquemas conceptuales aparatosos.

Así, suelen aparecer de vez en cuando pequeños trabajos de intención teórica que, con un gran esfuerzo conceptual -a veces un poco exótico, hay que confesarlo- precisan los "grandes problemas" en una jerga irreconocible y con una información perfectamente inadecuada.

La realidad de la investigación histórica no puede ceñirse a este confortable modelo de la división del trabajo. La construcción del objeto del saber en el caso de la historia -como de cualquier otra ciencia social- conlleva no sólo la identificación de un problema relevante y la construcción de hipótesis y modelos que signifiquen una primera aproximación teórica, sino también la elección de fuentes adecuadas para su tratamiento.

Aunque suele pretenderse que el historiador es un esclavo de sus fuentes y que un acervo documental plantearía nuevos problemas a la reflexión histórica, la realidad es exactamente la inversa. Archivos enteros sólo pueden ser explotados en el momento en que surgen los problemas y las construcciones teóricas -para no hablar de las técnicas- que permiten manejar la información que contienen. Existe, claro, la dificultad de que no todo problema que pueda plantearse teóricamente es susceptible de una comprobación documental. La conservación de testimonios sobre el pasado -aún el pasado más reciente- ha obedecido siempre a un proceso selectivo un poco azaroso. Pero lo cierto es que las búsquedas de la historiografía tradicional, guiadas por presunciones de "sentido común" o de sicología académica, han reducido todavía más el rango de la información de que pueden disponer los que se dedican a profundas reflexiones teóricas.

Así, mientras que la teoría (me refiero aquí a las teorías de conjunto de las ciencias sociales) abre camino a la investigación, las investigaciones de un cierto tipo parecen estrechar los límites de la teoría. O al menos de las teorías que servirán para explicar nuestra propia formación económico-social. En esencia, el mismo tipo de información ha servido para "sustentar" las tesis más contradictorias. Los exiguos datos que servían para fines completamente distintos o que eran apenas aptos para crear una imagen ideológica- se maceran en la retorta de la "teoría" con la esperanza de exprimir de ellos algo que no pueden dar. De biografías apologéticas de próceres, por ejemplo, quiere deducirse al mismo tiempo conclusiones sobre una ideología dominante, sobre el sentido político de sus actuaciones y sobre los enfrentamientos de clase que cree adivinarse en algunas anécdotas.

Muy poco se ha hecho en el terreno de la investigación para sustituir la información fragmentaria y banal con que se cuenta y dar cuerpo a la sistematización de un material empírico adecuado a las reflexiones que deberían orientar su búsqueda. Resulta mucho más cómodo pretender que se está enrutando la investigación hacia nuevos horizontes sin tomarse el trabajo de hacerlo. O crear el espejismo de un nuevo objeto de conocimiento cuando en realidad se está en presencia de las viejas tesis tradicionales, revestidas con un nuevo ropaje terminológico.

Frente a la enorme tarea que representan archivos enteros inexplorados se da lo que Bachelard hubiera identificado gustoso como un nuevo obstáculo epistemológico: el obstáculo de la pereza. De la misma manera que los alquimistas torturaban idénticos elementos en un mortero y daban a sus "experiencias" mil nombres simbólicos y oscuros, algunos adeptos a las construcciones teóricas francesas dan vueltas y más vueltas en torno a los mismos datos de la historiografía tradicional. Con ello conservan la certidumbre de no alejarse demasiado de una playa familiar ni de hundirse en las aguas traicioneras del empirismo. Pero entonces, para qué la construcción teórica?
 

III

Algunas palabras sobre el presente trabajo: todos los testimonios coinciden en que durante el siglo XIX la región del Valle del Cauca conoció una aguda depresión económica. Su participación en el panorama general de las guerras civiles era por entonces bastante notable. Y esta era una consecuencia de la situación económica.

Para todos los observadores el marasmo económico era tanto más chocante cuanto que el Valle se ofrecía a sus ojos como un paraíso en el que sólo parecía faltar el espíritu de empresa. Esta era una verdad a medias. Los viajeros más perceptivos se daban cuenta de que el valle estaba incomunicado y que sólo una ruta segura y permanente hacia el Pacifico podría desembotellar la economía agraria de la región.

Se describen, sin embargo haciendas que provocaban la imaginación con proyectos de cultivos cotizados como la vainilla y el tabaco y en las que los propietarios se limitaban a dormitar su indolencia criolla. Cómo habían aparecido estas haciendas? Hubo un momento anterior en el que, efectivamente, el Valle del Cauca tuvo una etapa de crecimiento gracias a varios factores. Por un lado, la consolidación de una economía minera en el Chocó, en las postrimerias del siglo XVII. Por otro, una evolución favorable en el seno de latifundios inmensos que había conducido a su apropiación por pedazos razonables entre mineros y comerciantes que debían abastecer el mercado minero.

Sería inútil, empero, pretender que la racionalidad económica baste sólo para dar una respuesta convincente a todos los interrogantes que plantea el proceso de una formación económico-social, en este caso las haciendas del Valle del Cauca. Allí surgió en el siglo

XVIII una economía agraria esclavista que no era autónoma sino que se derivaba del auge de una economía minera. Por sí sola, la economía agraria -de la que estaba ausente el concepto de plantación y que por lo tanto no estaba ligada a un mercado externo-no hubiera bastado para justificar una inversión tan elevada como la de los esclavos negros. Tampoco la manera como se desarrolló esta economía da bases para un cálculo riguroso de la recuperación del capital invertido en mano de obra. A lo más, puede inferirse una tendencia de largo plazo a través del progresivo desmantelamiento de las haciendas, recargadas cada vez más con hipotecas censatarias aunque con una población esclava en aumento. El colapso posiblemente se produjo al no realizarse la expectativa implícita de los propietarios, de un flujo inverso de esclavos de las haciendas hacia las minas, como en los orígenes se había dado entre las minas y las haciendas.

Muchos esclavos, en efecto, dejaron de emplearse en labores productivas a fines del siglo XVIII. Los precios de estos esclavos, la mayoría "criollos", se congelaron e inclusive se advierte un ligero descenso. Pero sólo una exploración de la historia social, del estilo de las que ha llevado a cabo en Colombia Jaime J. Uribe o en los E.U. Eugenio D. Genovese, y un "modelo" que tenga en cuenta factores tanto ideológicos como cuantitativos, podrían dar cuenta a cabalidad del fenómeno. Alguien preocupado con precisiones "cliométricas" podría argüir que esta combinación invalida los datos rigurosamente cuantitativos. Pero es precisamente lo que suele ocurrir en la historia.

Así, entre este momento brillante del siglo XVIII y la decadencia pronunciada del siglo XIX se suscita una gran variedad de interrogantes, tanto sobre el proceso mismo de la formación de unidades económicas (haciendas con mano de obra esclava) como sobre su estancamiento. La liquidación del sistema esclavista, a mediados del siglo XIX, suele darse como la respuesta más obvia de este último. Pero la decadencia venía de más atrás y seguramente no se localiza en el sistema agrario sino en la explotación minera.

Aún más, la liquidación del sistema político colonial debió afectar mucho más a regiones periféricas como la provincia de Popayán, con todo su complejo de relaciones con otras provincias que no estaban confinadas por unos límites nacionales (i.e. la audiencia de de Quito). Un cierto equilibrio regional, mal explorado hasta ahora, daba una entidad a zonas como la del Valle del Cauca en el siglo XVIII, y este equilibrio debía ceder frente a un intento de integración política y social diferente.


IV

Es infortunado que no pueda dedicar sino muy pocas palabras a las "críticas" que se han formulado en Colombia a trabajos anteriores, especialmente a la primera edición de la Historia económica y social de Colombia. La razón no estriba en un exceso de soberbia sino en el hecho de que tales "criticas" eran demasiado personales, y casi siempre anónimas, como suelen serlo en Colombia. Por el contrario he aceptado gustoso algunas sugerencias formuladas por historiadores profesionales en la Hispanic American Historical Review, en la American Historical Review, en la Rivista Stórica Italiana y en Caravelle, lo mismo que de algunos compañeros de la Universidad del Valle.

Este trabajo quiere llamar la atención sobre las posibilidades de un tipo de fuentes poco exploradas hasta ahora. Los archivos notariales (o protocolos de escribanos, en la colonia) reproducen, día por día, la actividad económica y social a la manera de una filmación en la que las imágenes aisladas pueden ser dotadas de movimiento. Documento por documento, los registros notariales pueden parecer descorazonadores. Su manejo descarta por anticipado toda posición empírica debido, precisamente, a su riqueza factual y a sus posibilidades de construcción. Por sí sola una operación escogida al azar no sugiere sino un marco posible de relaciones pero que, como la imagen aislada de una cinta cinematográfica, carece de movimiento. Para que la imagen sea significativa se requiere manejar masivamente la documentación y construirla de acuerdo con una teoría plausible. Esta tarea presenta obstáculos en el mero acceso a la documentación, para no hablar de sus lagunas. Pocas ciudades conservan en Colombia series más o menos completas en las notarías. La de Cali, aunque muy incompleta, ha sido microfilmada y al menos es fácilmente accesible.

Sea esta la ocasión de rendir homenaje a mis colegas del Departamento de Historia de la Universidad del Valle que, a pesar de todos los obstáculos y a menudo la incomprensión, llevaron a cabo esta labor de microfilmación. Lo mismo que agradecer a la misma Universidad del Valle y a los funcionarios que en ella han creído en las bondades del ocio académico. A Doña Teresita Villegas y a Doña Stella de Arturo, funcionarias cuya permanente colaboración ha facilitado un uso razonable de mi propio ocio académico. A Luis Valdivia, que tomó tanto interés en la elaboración de los mapas que acompañan el texto.

Cali. Universidad del Valle, Septiembre de 1975.